¿Cómo debemos considerar esta entrada del clero en la arena política?

La democracia nunca puede adoptar el punto de vista de que el clero no debe participar en la vida política. Este es un punto de vista archirreaccionario. Solo conduce a la hipocresía oficial y a nada más. En la vida, son absolutamente imposibles, irrealizables, cualesquiera medidas que aparten de la política y de la lucha de clases a uno u otro grupo o sector de la población.

Recordemos que Bebel y los socialdemócratas alemanes estaban a favor de la libertad de agitación de los jesuitas en Alemania. Estamos en contra de las frases liberales sobre la «prohibición» de la agitación de los jesuitas –decían los socialdemócratas–. No tememos a los jesuitas. Que los jesuitas tengan plena libertad de agitación, pero que también a nosotros, los socialdemócratas, se nos garantice plena libertad de agitación. Así razonaban Bebel y los socialdemócratas alemanes.

Los demócratas obreros en Rusia luchan contra la falsificación del derecho electoral (y de cualquier otro) en favor de los terratenientes o del clero, etc., y no en absoluto contra la libertad de participación del clero en la vida política. Nosotros nos situamos en el punto de vista de la lucha de clases y exigimos plena libertad de participación en la política de cualquier clase, estamento, sexo, pueblo, capa o grupo de la población.

Los liberales razonan sobre esta cuestión de manera incorrecta, no democrática. Por ejemplo, el príncipe Trubetskói, entre los aplausos de *Rech*, escribía recientemente:

«La transformación de la iglesia en un instrumento político se logra al precio de su destrucción interna». Calificaba el proyecto de inundar la Duma con el clero de «anticristiano y antieclesial».

Esto no es verdad. Esto es hipocresía. Esto es un punto de vista profundamente reaccionario.

Trubetskói y otros liberales se sitúan en un punto de vista no democrático en su lucha contra el clericalismo. Bajo la bandera de la no participación del clero en la lucha política, promueven su participación de forma más encubierta (y por ello mucho más perjudicial).

La democracia obrera está a favor de la libertad de lucha política para todos, incluido el clero. No estamos contra la participación del clero en la lucha electoral, en la Duma, etc., sino exclusivamente contra los privilegios medievales para el clero. No tememos al clericalismo, con gusto polemizaremos con él en una tribuna libre e igual para todos. El clero siempre ha participado en política de forma encubierta; nada, salvo beneficio para el pueblo, y un gran beneficio, resultará si el clero empieza a participar en política de forma abierta.

*Pravda* nº 74, 25 de julio de 1912. Firmado: Lego