Recientemente, la revista francesa *La Revue Scientifique* {154} publicó datos sobre la producción de margarina en diferentes países. Estos datos nos recuerdan una y otra vez un hecho observado desde hace mucho tiempo: el empeoramiento de la alimentación popular a medida que se desarrolla el capitalismo.

Como es sabido, se llama margarina a la grasa tratada de una manera especial (se extrae la estearina de la grasa). De esta margarina se elabora una mantequilla artificial, la mantequilla de margarina.

La producción de margarina en los principales países europeos ha alcanzado dimensiones muy elevadas. Alemania produce 12,5 millones de puds de margarina al año, Inglaterra, 7,5 millones de puds, etc.

La margarina es más barata que la mantequilla auténtica. La inmensa mayoría de la población en los países capitalistas no puede permitirse la mantequilla auténtica. Los obreros ganan tan poco que se ven obligados a comprar productos baratos, de baja calidad y falsificados. Y el principal consumidor son los obreros. Los obreros son millones, los capitalistas son cientos. Y así, la producción de un producto barato y falsificado crece no por días, sino por horas, junto con el crecimiento de un lujo inaudito por parte de un puñado de millonarios.

Crece la riqueza de la burguesía. Crece la miseria y la necesidad del proletariado y de la masa de pequeños propietarios arruinados, campesinos, artesanos, pequeños comerciantes.

Es notable que el consumo de margarina es más alto precisamente en aquellos países que son especialmente famosos por la producción de gran cantidad y de la mejor calidad de mantequilla de vaca. Para saber cuán grande es el consumo de margarina, hay que dividir la cantidad total de margarina producida en el país (sumando la importación y restando la exportación) por el número de habitantes.

Resulta que en primer lugar por el alto consumo de margarina está Dinamarca: 16,4 kilogramos de margarina al año (alrededor de un pud) por cada habitante. Le sigue Noruega: 15 libras; Alemania: 7,5 libras, etc.

Dinamarca es el país más rico en producción de mantequilla. La mantequilla danesa, mantequilla de vaca auténtica, es considerada una de las mejores. La ciudad más grande y más rica del mundo, Londres (con sus alrededores, cerca de 6 millones de habitantes), prefiere la mantequilla danesa y paga por ella el precio más alto.

Los campesinos daneses acomodados, y sobre todo los capitalistas daneses, obtienen buenos beneficios del comercio de mantequilla. Y, al mismo tiempo, ¡Dinamarca es el primer país del mundo en consumo de mantequilla falsificada, de margarina!

¿Cómo explicarlo? Muy sencillo. La inmensa mayoría de la población danesa, como la de cualquier país capitalista, son obreros y campesinos desposeídos. Para ellos, la mantequilla auténtica es inasequible. Incluso los campesinos medios en Dinamarca, necesitados de dinero, venden en el extranjero la mantequilla de vaca producida en sus haciendas, y compran para sí mismos margarina barata. Crece la riqueza de los capitalistas daneses; crece la miseria y la necesidad de los obreros y campesinos daneses.

Aquí, en Rusia, sucede lo mismo. Hace mucho tiempo, unos cuarenta años, cuando se puso de moda la instalación de fábricas de queso y cooperativas en las aldeas, el escritor demócrata Engelgardt observó que los campesinos, necesitados de dinero, venden la leche y la mantequilla, mientras que los niños pasan hambre y mueren.

Desde entonces, este fenómeno se ha observado muchas veces. Crece la producción de queso, crece la producción de leche para la venta, se enriquecen unos pocos campesinos acomodados y comerciantes, y los pobres se empobrecen aún más. Los hijos de los campesinos pobres, al quedarse sin leche, mueren en cantidades enormes. La mortalidad infantil en Rusia es increíblemente alta.

Con frecuencia, la leche se entrega a las fábricas de queso y los campesinos reciben de vuelta leche desnatada, que es la que consumen.

Para los ricos, ingresos del crecimiento de la producción y del comercio, y para los obreros y campesinos, margarina y leche desnatada. Tal es la realidad capitalista, que tan diligentemente adornan los científicos liberales y oficiales.

*Pravda* nº 70, 20 de julio de 1912. Firmado: B. B.

Se imprime según el texto del periódico *Pravda*