Los periódicos informan que la cuestión del plazo para la convocatoria de la IV Duma de Estado y del momento de las elecciones a la misma ha suscitado una serie de dudas en los círculos gobernantes. Unos estaban a favor de posponer la convocatoria de la Duma de Estado hasta enero, otros hasta octubre. Ahora, según dicen, la cuestión se ha resuelto a favor de la segunda opinión.

Esto significa que las elecciones están ya muy cerca: apenas unas 7-9 semanas nos separan de ellas. Hay que pensar en multiplicar por diez la energía en toda la labor electoral.

En el presente artículo quisiera detenerme en una cuestión especial que, sin embargo, ha adquirido una importancia extraordinariamente grande y general para la democracia obrera. Se trata de la cuestión del papel de las elecciones de Petersburgo.

Las elecciones por la 2.ª curia urbana en Petersburgo son el punto central de toda la campaña electoral para la IV Duma de Estado.

Sólo en Petersburgo existe una prensa obrera organizada de manera medianamente tolerable, la cual, a pesar de todas las persecuciones desesperadas contra ella, de las multas y arrestos de redactores, a pesar de toda la precariedad de su posición, a pesar de todo el yugo censurador que soporta, está en condiciones de dar un débil reflejo de las opiniones de la democracia obrera.

Sin prensa diaria, las elecciones siguen siendo un asunto oscuro, y su importancia en el sentido de la ilustración política de las masas se reduce a la mitad, si no más.

En virtud de ello, las elecciones de Petersburgo adquieren la importancia de modelo de aquella campaña electoral que, en las increíblemente duras condiciones rusas, ha recaído sobre los hombros de la democracia obrera. En ninguna otra parte están los obreros en condiciones de llevar a cabo otra campaña electoral visible para todos. En la curia obrera, las elecciones tienen, por supuesto, una importancia sumamente grande, pero los obreros no pueden aquí chocar con otras clases de la población, no pueden, por consiguiente, desplegar con suficiente amplitud aquellas reivindicaciones de todo el pueblo, aquellas opiniones sobre las tareas de la política general, que han sido elaboradas por la democracia proletaria avanzada para ser la guía de toda la democracia en general.

En Petersburgo las elecciones son directas. Por eso aquí la lucha preelectoral puede desplegarse de manera mucho más definida, clara, más partidista que en otros lugares. Las demás grandes ciudades tendrían una importancia tan grande como Petersburgo, pero la presión administrativa en provincias es aún mucho más fuerte que en la capital, de modo que a la democracia obrera le es difícil abrirse camino, hacerse escuchar.

En Petersburgo, finalmente, la lucha debe desplegarse en la 2.ª curia entre los liberales y la democracia. Los kadetes consideran la 2.ª curia como propiedad suya. A Petersburgo la representan Miliukov, Rodichev y Kutler.

Ni que decir tiene que esta representación de una masa bastante amplia de electores democráticos por los liberales no puede reconocerse en modo alguno como normal. Las elecciones a la II Duma mostraron que el «dominio» de los kadetes entre los electores urbanos democráticos está muy lejos de ser sólido. En la misma Petersburgo, el «bloque de izquierdas» en las elecciones a la II Duma, es decir, el bloque de la democracia obrera y la burguesa (narodnikis), no sólo habría podido vencer, sino que seguramente habría vencido, si entonces mencheviques como Dan y Cía no hubieran escindido la campaña electoral de los obreros y no hubieran provocado con ello, entre los narodnikis, vacilaciones y titubeos sumamente perjudiciales para el éxito de la causa. Baste recordar que incluso los «socialistas-revolucionarios», en las elecciones a la II Duma, siguieron hasta el último momento a los mencheviques, ¡defendiendo el bloque con los kadetes!

Según la ley electoral actual, es posible una segunda votación, de modo que no son necesarios ni admisibles bloques en la primera etapa.

La lucha en Petersburgo se presenta entre la democracia obrera y los liberales. Los narodnikis difícilmente tendrán fuerzas suficientes para actuar de manera independiente: demasiado celosamente se han «liquidado» a sí mismos, siguiendo la línea de nuestros liquidadores. Por eso, el apoyo de la democracia burguesa (trudoviques y narodnikis) está asegurado a los demócratas obreros casi con certeza, si no en la primera etapa de las elecciones, en todo caso en la segunda votación.

Los liberales tienen en Petersburgo a su líder, el Sr. Miliukov. La mayoría que han tenido hasta ahora era grande. Tanto los medios monetarios que les proporciona la burguesía liberal-monárquica, como los instrumentos de agitación en forma de dos periódicos diarios, y una organización de hecho tolerada, casi legalizada de facto, todo ello otorga enormes ventajas a los kadetes.

Del lado de los obreros están la masa obrera, el democratismo consecuente y honesto, la energía y la abnegación por la causa del socialismo y la democracia obrera. Los obreros pueden vencer apoyándose en estas fuerzas y poseyendo un diario obrero. La lucha de los obreros por los escaños de diputados de Petersburgo adquiere, sin duda alguna, una importancia enorme y para toda Rusia en toda la campaña electoral para la IV Duma.

Los aficionados a las habladurías sobre la «unidad» de toda la oposición —empezando por los progresistas y kadetes y terminando con el cauteloso y escurridizo liquidador Mártof y los toscamente simplones Prokopóvich y Akímov— todos se esfuerzan por eludir o dejar en la sombra la cuestión de las elecciones en Petersburgo. Eluden el centro político y se internan gustosamente en los, por así decirlo, rincones políticos apartados. Hablan mucho, apasionada y bellamente sobre lo que será oportuno en la segunda etapa de las elecciones, es decir, cuando la parte fundamental, principal y decisiva de la campaña electoral ya ha terminado, y «guardan un silencio elocuente» sobre Petersburgo, que ha sido conquistada por los kadetes y que hay que reconquistarles, devolver a la democracia.

Diputados de la democracia por Petersburgo no los hubo ni según la ley del 11 de diciembre de 1905, ni según la ley del 3 de junio de 1907, de modo que la palabra devolver parece inadecuada. Pero Petersburgo pertenece a la democracia por todo el curso de todo el movimiento de liberación en Rusia, y en una conocida etapa de su desarrollo, ni siquiera el monstruosamente alto dique de la ley electoral del tres de junio podrá contener la «inundación democrática».

La mayoría de los electores de la 2.ª curia, indudablemente, pertenece a las capas democráticas de la población. Los kadetes los llevan tras de sí, engañándolos directamente, haciéndose pasar ellos, partido liberal-monárquico burgués, por democracia. Este engaño lo han practicado y lo practican todos los liberales del mundo en las elecciones a todos y cada uno de los parlamentos. Y los partidos obreros de todos los países miden sus éxitos, entre otras cosas, por el grado en que logran arrancar a la pequeña burguesía democrática de la influencia de los liberales.

Esta tarea deben plantearla clara, definida y firmemente también los marxistas rusos. Sobre las grandes ciudades dijeron por eso directamente, en sus conocidas resoluciones de enero, que los bloques son admisibles aquí, en vista de la notoria ausencia del peligro de las centurias negras, sólo con los demócratas contra los liberales[38]. Esta resolución «coge el toro por los cuernos». Da una respuesta directa a una de las cuestiones más importantes de la táctica electoral. Define el espíritu, la orientación, el carácter de toda la campaña electoral.

Un profundo error cometen, por el contrario, aquellos liquidadores a los que les gusta discurrir acerca de los kadetes como «representantes» de la «democracia urbana». Semejantes discursos tergiversan la cuestión: las victorias electorales de los liberales sobre los demócratas, las artimañas electorales de los liberales sobre los electores democráticos se presentan, de esta manera, como pruebas del «democratismo» de los kadetes. ¡Como si Europa no conociera decenas de ejemplos de cómo partidos antidemocráticos llevaron años enteros a la zaga suya a diversas capas democráticas, hasta que los verdaderos demócratas burgueses, y con mayor frecuencia los socialdemócratas, arrancaron a estas capas de la influencia de partidos políticos ajenos a ellas por su espíritu!

La lucha en las elecciones de Petersburgo es una lucha por la hegemonía entre los liberales y la democracia obrera en todo el movimiento de liberación de Rusia.

Este papel excepcionalmente importante de las elecciones de Petersburgo nos lleva, entre otras cosas, a dos conclusiones prácticas. A quien mucho se le da, mucho se le exigirá. Los obreros de Petersburgo tienen que llevar la campaña electoral en Petersburgo en la 2.ª curia urbana en nombre de toda la democracia obrera de toda Rusia. Sobre sus hombros recae una gran y difícil causa. Sirven de modelo. Deben desplegar el máximo de iniciativa, energía y perseverancia. Lo han hecho con el diario obrero. Deben continuar la obra magníficamente iniciada también en las elecciones.

La atención de toda Rusia está fija en la lucha electoral en Petersburgo. Y la ayuda de toda Rusia debe dirigirse hacia aquí. Sin la ayuda más polifacética de todos los confines de Rusia, los obreros de Petersburgo no podrán vencer al «enemigo» en solitario.

«Névskaya Zvezdá» nº 15, 1 de julio de 1912. Firmado: F. F.

Se imprime según el texto del periódico «Névskaya Zvezdá»