El artículo de fondo de este número ya había sido enviado a la imprenta cuando recibimos el número 1 del liquidacionista “Névski Gólos”. El conocido liquidador V. Yezhov, de “Nasha Zariá”, obsequió de inmediato al nuevo órgano con una perla tal que solo cabe llevarse las manos a la cabeza. He aquí, si no, vean:

«Gracias a esto» (es decir, gracias a la diversidad de las huelgas, que a veces se reducían a una mera protesta contra la multa por la manifestación del Primero de Mayo, y otras añadían a esta protesta reivindicaciones económicas, etc.) «en un número considerable de casos, el carácter de principio de la protesta (pues no se iba a la huelga por un cuarto de kopek) se difuminó (!??!), se vio complicado por las reivindicaciones económicas…

La propia experiencia debería haber sugerido a los obreros que no es conveniente (!!) complicar su protesta con reivindicaciones económicas, del mismo modo que no lo es complicar (?! ) una huelga ordinaria con reivindicaciones de principio.

Es necesario consolidar organizativamente el estado de ánimo de las masas obreras. Es necesario intensificar la agitación en favor de los sindicatos, reclutar para ellos nuevos miembros. Esto es tanto más necesario cuanto que entre los obreros se encuentran ahora no pocas cabezas calientes, arrastradas por el movimiento de masas y que en los mítines se pronuncian contra los sindicatos, tachándolos de inútiles e innecesarios.

Tenemos ante nosotros una etapa de huelgas económicas» (¿solo?). «Sería un error irreparable que estas se entrelazaran con las acciones políticas de los obreros (!!!). Tal mezcla repercutiría de manera perjudicial (!!??) tanto en la lucha económica como en la política».

¡He aquí al señor liberal Severianin íntegramente calcado por el liquidador! Incomprensión total de que la huelga revolucionaria de masas combina necesariamente en sí lo económico y lo político; estrechez de miras, monstruosa tergiversación del carácter revolucionario del ascenso e intentos de aplicarle el rasero de las “huelgas ordinarias”; consejo reaccionario de “no complicar” la política con la economía y de no “entrelazarlas”; ¡un ataque en la prensa legal, digno de Struve y Maklákov, contra los obreros socialdemócratas revolucionarios: “cabezas calientes”, “contrarias a los sindicatos”!

El liberal no puede concebir al socialdemócrata revolucionario más que como alguien que está “en contra de los sindicatos”. Pero en los mítines los obreros, naturalmente, no se manifestaban “contra los sindicatos”, sino contra la sustitución de las consignas revolucionarias por consignas liberales, que es a lo que se dedican el señor Yezhov y Cía. No es la libertad de coalición nuestra consigna –decían los obreros–, no solo con los “sindicatos” ni principalmente por medio de ellos se puede “consolidar organizativamente” nuestro movimiento. Nuestra consigna es la república (véase la proclama de los obreros de Petersburgo), estamos construyendo un partido ilegal, capaz de dirigir el empuje revolucionario de las masas contra la monarquía zarista. Esto es lo que decían los obreros en los mítines.

¡Y los señores Líberes y Trotskis aseguran a los obreros que es posible la “unificación” del proletariado socialdemócrata y su partido con los liberales a lo Yezhov, Potrésov y Cía.!

“Sotsial-Demokrat” núm. 27, 17 (4) de junio de 1912.

Se publica según el texto del periódico “Sotsial-Demokrat”.