El Departamento Industrial-Económico de la Sociedad Técnica Imperial Rusa realizó una encuesta sobre "las organizaciones sociales de la clase comercial e industrial en Rusia", o, más exactamente, sobre las organizaciones del gran capital. Los resultados de esta encuesta se exponen ahora en el libro del Sr. Gushka: *Las organizaciones representativas de la clase comercial e industrial en Rusia* (San Petersburgo, 1912). Tanto el material que contiene como las conclusiones que el autor esboza de manera bastante definida merecen gran atención.

I

La encuesta de la Sociedad Técnica estuvo dedicada, en realidad, a las organizaciones "representativas" de los capitalistas, las cuales constituyen alrededor del 80% de todas las organizaciones. Alrededor del 15% corresponde a cárteles, trusts, sindicatos; cerca del 5%, a los sindicatos de empleadores; el resto, a los comités de bolsa, consejos de congresos, etc. Estas últimas organizaciones prefieren calificarse a sí mismas como "representativas". Su tarea es influir sobre los órganos del poder.

Los sindicatos de empleadores libran, en opinión del Sr. Gushka, una lucha de clases "directa" con los obreros asalariados, mientras que las organizaciones representativas libran una lucha de clases "indirecta", una "lucha con otras clases mediante la presión sobre el poder estatal y la opinión pública".

Esta terminología, por supuesto, es incorrecta. Nos muestra de inmediato una de las deficiencias fundamentales que el Sr. Gushka comparte con la mayoría de los representantes de la economía política "profesoral", burguesa. Es como si se aceptara el concepto de lucha de clases, como si se lo colocara en la base de la investigación. Pero en realidad, este concepto se restringe y se tergiversa. En efecto, según el Sr. Gushka, la lucha de los capitalistas contra los obreros asalariados dentro del marco de un régimen político dado es una lucha de clases "directa", ¡mientras que la lucha por el propio régimen político es una lucha de clases "indirecta"! ¿En qué lugar queda entonces la lucha por el propio "poder estatal"?

Pero sobre este pecado fundamental de la "cosmovisión" del Sr. Gushka tendremos que hablar a su debido tiempo. El valor de su trabajo no reside en la teoría, sino en la recopilación de hechos. Los datos, que abarcan las organizaciones del tipo predominante, presentan en cualquier caso un interés considerable.

El número total de organizaciones "representativas" del gran capital en Rusia en 1910 se determina en 143. De ellas, 71 son sociedades de bolsa con sus comités. Luego, 14 comités de comercio y manufacturas, 3 administraciones mercantiles, 51 organizaciones del grupo "combinado" (congresos, sus consejos, oficinas consultivas, etc.) y 4 organizaciones de grupo indefinido. A la encuesta respondieron en total 62 organizaciones, es decir, menos de la mitad. De las 51 organizaciones del grupo más interesante (el "combinado"), respondieron 22.

Son característicos los datos sobre el momento de surgimiento de las organizaciones. De los 32 comités de bolsa que respondieron a la encuesta, 9 surgieron en los cien años que van de 1800 a 1900;

5, en los cuatro años de 1901 a 1904; 9, en los dos años de la revolución (1905-1906); y 9, de 1907 a 1910.

"Aquí se manifiesta con total claridad —escribe el Sr. Gushka— el impulso que el movimiento social del turbulento año 1905 dio al proceso de autoorganización de los representantes del capital".

De las 22 organizaciones del grupo combinado, solo 7 surgieron entre 1870 y 1900; 2, de 1901 a 1904; 8, en los dos años de la revolución (1905-1906); y 5, de 1907 a 1910. Todos estos "consejos de congresos" de representantes de la industria en general, de los industriales mineros, de los petroleros, etc., etc., son producto, principalmente, de la época revolucionaria y contrarrevolucionaria.

Por ramas industriales, las organizaciones se diferencian de la siguiente manera. En los grupos de comités de bolsa predominan las ramas mixtas; estos comités agrupan, por lo general, todas las ramas de la industria y el comercio de una localidad determinada. En el grupo de comités de comercio y manufacturas, la industria textil ocupa el primer plano. En el grupo principal (el combinado), casi la mitad de las organizaciones corresponden a la industria, y no al comercio, en concreto a la minería y la metalurgia.

"Este grupo de ramas (la industria minera y metalúrgica) constituye la base económica de las organizaciones de la moderna 'guardia' industrial de Rusia", escribe el Sr. Gushka, que tiene la pequeña pasión de hablar del objeto de su investigación en "estilo elevado".

La suma de facturación o producción en toda la rama comercial e industrial de una organización dada solo se pudo determinar para una parte de las organizaciones. El total resultó ser de 1.570 millones de rublos, de los cuales 1.319 millones corresponden a los miembros de las organizaciones. Por consiguiente, el 84% está organizado. La facturación de 3.134 miembros de las organizaciones ascendió a 1.121 millones de rublos, lo que da un promedio por miembro de 358 mil rublos. El número de obreros en 685 miembros de las organizaciones es de unos 219 mil (el autor cuenta erróneamente 319 mil en la pág. 111), es decir, un promedio de más de 300 obreros por miembro de la organización.

Es evidente que se trata precisamente de organizaciones del gran capital e, incluso, más exactamente, del grandísimo capital. El Sr. Gushka lo reconoce con toda claridad, señalando, por ejemplo, que solo los grandes y los más grandes comerciantes e industriales ingresan como miembros de los comités de bolsa y de los comités de comercio y manufacturas, y que la organización de los congresos de representantes de la industria y el comercio está compuesta por las "mayores" empresas capitalistas.

Por eso, en vano habla el autor en el título de su libro sobre las organizaciones de "la clase comercial e industrial en Rusia". Esto es incorrecto. Es, de nuevo, una restricción del concepto de clase. En realidad, el Sr. Gushka habla de una capa, y no de una clase. Es cierto que la capa de los capitalistas más grandes domina económicamente sobre todos los demás, aplastándolos de manera absoluta con el volumen de sus transacciones; todo esto es indudable. Pero, aun así, es una capa, no una clase. Una distancia de enorme magnitud separa, por ejemplo, el papel político de las organizaciones representativas de esta capa de su dominación política, y su dominación política, de la dominación política de la clase comercial e industrial.

En relación con esto, vale la pena señalar el siguiente razonamiento del Sr. Gushka: "En Rusia —escribe— estamos acostumbrados a aplicar una escala muy grande para definir lo que se llama una empresa grande o no grande, en vista de la inusitada, como se sabe, concentración del capital entre nosotros, la cual supera incluso a la de Alemania...".

La comparación con Alemania es incorrecta. En nuestro país, por ejemplo, en los Urales, no hay o hay muy pocas pequeñas empresas en la industria minera y metalúrgica, por razones de un tipo totalmente particular: debido a la ausencia de una libertad plena de la industria, debido a las supervivencias del medioevo. Y nuestra diferenciación estatal (o, lo que es lo mismo, nuestra diferenciación populista) entre la industria fabril y la "artesanal", ¿acaso no hace que nuestra estadística industrial sea incomparable con la alemana? ¿Acaso no engaña a cada paso al observador acerca de la "inusitada concentración" en Rusia, ocultando la "inusitada" dispersión de una multitud de pequeñas empresas campesinas?

II

Es interesante señalar algunos datos de la encuesta sobre la actividad de las organizaciones representativas del grandísimo capital. El autor ofrece, por ejemplo, un resumen de informaciones sobre sus presupuestos. El presupuesto de 22 organizaciones del grupo combinado arroja 3.950.000 rublos de ingresos, y el total general de ingresos de todas las organizaciones asciende a 7 1/4 millones de rublos. "Este presupuesto anual de 7 1/4 millones de nuestras 56 organizaciones —escribe el Sr. Gushka—, probablemente aumentaría de 1 1/2 a 2 veces si se incluyeran los informes financieros de otras organizaciones que no entraron en nuestra encuesta".

Pero la mayor parte de este presupuesto, en concreto 4 1/2 millones de rublos, se gasta en fines económicos y benéficos. En funciones puramente representativas, las 56 organizaciones gastan 2,7 millones de rublos. "El número predominante de respuestas o informes financieros sitúa en primer plano, entre estos gastos de representación, el mantenimiento de los empleados, y luego el alquiler de locales. Además, la mayor parte de los gastos recae en el mantenimiento de empleados en el 64,4 % de las organizaciones, y en el local, en el 26,7 %".

Estas cifras, con una facturación de 1.319 millones de rublos de los sindicatos de capitalistas encuestados, atestiguan gastos muy modestos, de modo que la grandilocuente conclusión del Sr. Gushka —¡el presupuesto de gastos es "un indicador del *poderío financiero* (cursiva del autor) de las organizaciones representativas de la burguesía comercial e industrial en Rusia"!— nos muestra una vez más el excesivo amor de este autor por las "grandes palabras".

Al "tercer elemento", es decir, a la intelectualidad al servicio de los sindicatos capitalistas, el autor dedica el capítulo 9 de su librito. Resultó que 29 comités de bolsa indicaron 77 representantes del tercer elemento empleados en esos comités; luego, 22 organizaciones del grupo combinado indicaron 180 de esos empleados. Predominan los datos de 2 a 4 representantes del tercer elemento por organización. En vista de la frecuente subestimación de este tipo de datos por parte de los sindicatos capitalistas, el autor considera probable la conclusión "de que al servicio de las organizaciones representativas del capital, en puestos de responsabilidad, se encuentra un *ejército* (!!) de intelectuales de no menos de mil personas": secretarios, tenedores de libros, estadísticos, asesores jurídicos, etc.

Se necesita bien poco para que el Sr. Gushka hable de un "ejército".

Nueve organizaciones publican revistas periódicas: *Asuntos Minero-Fabriles*, *Asuntos Petroleros*, *Industria y Comercio*, *Noticias de la Sociedad Rusa de Fabricantes de Aguardiente*, etc. El autor cifra el número total de números publicados de estas ediciones en 2.624 "volúmenes", agregando a ellos 452 volúmenes de "trabajos", informes anuales, etc., así como 333 volúmenes de ediciones no periódicas. El Sr. Gushka calcula el total en 3.409 "volúmenes" y lo califica de "sólido". El número total de ediciones probablemente asciende a 4-5 mil volúmenes.

"En esta biblioteca —exclama el Sr. Gushka—, sin exageración, se encierra todo un tesoro, un riquísimo material para estudiar, si se permite la expresión, la anatomía y fisiología de la gran burguesía en Rusia... Sin estudiar este valioso material, no se puede forjar una idea correcta del balance de las fuerzas sociales dominantes en Rusia, en particular sobre la naturaleza social y el papel del poder estatal ruso tanto antes de 1905 como después".

El Sr. Gushka realiza muy a menudo incursiones semejantes en el terreno de la cuestión sobre la naturaleza social y el papel del poder estatal ruso. Vale la pena examinarlas por separado, en vista de la importancia de esta cuestión y de la tergiversación que hace de ella el autor, que exagera sin medida y, precisamente por eso, jura de pasada que habla "sin exageración".

III

"El centro de gravedad de la actividad de las organizaciones examinadas —escribe el Sr. Gushka—, en tanto que representativas, es decir, dedicadas a la representación de los intereses de la clase industrial-comercial, reside naturalmente en el terreno de la formulación de la posición de los representantes de esta clase sobre diversas cuestiones que afectan sus intereses, y en la defensa de dicha posición por distintos medios".

Es indudable que el "centro de gravedad" reside precisamente aquí. En los formularios de la encuesta se dedica mucha atención a qué cuestiones discutieron las organizaciones de capitalistas y qué peticiones plantearon. Resumiendo las informaciones recibidas, el autor destaca una larga lista de "cuestiones de carácter general", según su opinión. Los grupos de cuestiones más importantes resultan ser: a) seguro obrero, descanso festivo, etc.; b) impuesto sobre la renta, tributación industrial, etc.; c) política aduanera; d) vías de comunicación; e) sociedades anónimas, crédito, etc.; f) consulados en el extranjero, estadística, organización del departamento de minería; g) participación de los comerciantes en las instituciones de los zemstvos, en el Consejo de Estado, en el examen previo de los proyectos de ley gubernamentales, etc.

El Sr. Gushka concluye al respecto: "En cualquier caso, como se ve por los grupos de cuestiones y peticiones enumerados, la esfera de actividad de nuestras organizaciones es muy amplia...". Al leer semejante conclusión, uno se detiene involuntariamente y mira si no se ha omitido casualmente la palabra *no*. Porque es obvio que la esfera de actividad presentada por el autor es muy *no* amplia. Pero aquí no se trata en absoluto de un lapsus, sino del "talante mental" fundamental del autor. "Es difícil nombrar —estima él— una esfera más o menos sustancial de la vida socio-política del país que no esté abarcada por la esfera de actividad de las organizaciones representativas del capital".

Es inverosímil, pero es un hecho: ¡el Sr. Gushka, con toda seriedad, presenta una falsedad tan flagrante y la repite de decenas de maneras!

"Es difícil nombrar"... Bien, ¿y la ley electoral? ¿Y la cuestión agraria? ¿Acaso no son "esferas sustanciales de la vida socio-política del país"?

El Sr. Gushka mira la "vida socio-política" desde la estrecha ventana de las posiciones mercantiles. Él no puede comprender de ningún modo que precisamente de la estrechez, y no de la amplitud, da testimonio su exposición objetiva. Las cuestiones planteadas por los comerciantes se distinguen por su estrechez, pues conciernen solo a los comerciantes. Los capitalistas no se elevan hasta las cuestiones políticas generales. "La admisión de representantes de la industria y el comercio" en una u otra institución local o central: ese es el límite de la "audacia" de sus peticiones. Sobre cómo deben estar organizadas en general esas instituciones, no saben pensar. Toman las instituciones formadas según órdenes ajenas y mendigan en ellas un lugarcito. Se colocan servilmente en el terreno estatal, no creado por su clase, y sobre ese terreno "peticionan" sobre los intereses de su estamento, de su grupo, de su capa, sin elevarse siquiera aquí hasta una comprensión amplia de los intereses de toda la clase.

El Sr. Gushka, tergiversando flagrantemente el asunto, cae directamente en un tono laudatorio. "Presión enérgica e insistente sobre los órganos del poder", escribe. "Nuestras organizaciones" "lo comprenden perfectamente (!!) a sí mismas"... "Las organizaciones del gran capital se han convertido en un verdadero ante-Duma, que de hecho influye, acaso, más en la legislación que la Duma de Estado, tanto más —intenta bromear el autor— cuanto que al parlamento capitalista no se le aplica el art. 87, y las organizaciones del capital jamás han sido adrede disueltas por 3 días...".

Esta broma testimonia gráficamente la ilimitada estrechez de miras engreída de los señores magnates industriales y de su panegirista Gushka. Se ha perdido de vista una nimiedad, una completa nimiedad: la Duma plantea cuestiones sobre toda la administración estatal y sobre todas las clases, al entrar en las instituciones estatales generales, mientras que las organizaciones de los magnates mercantiles consideran valentía el planteamiento de cuestiones solo mercantiles, solo sobre los derechos de los comerciantes.

El Sr. Gushka llega al extremo de citar las palabras del comité de bolsa de Ufá, de su informe de los años 1905-1906: "el propio gobierno, con una serie de reformas radicales de las instituciones de bolsa, señala... a dignos colaboradores suyos", y califica estas palabras de "correctas", las escribe en cursiva, habla de una "viva y activa colaboración con el gobierno".

Al leer tales cosas, uno recuerda involuntariamente la palabra alemana: *Lobhudelei* —adulación rastrera o lisonja servil—. ¡En los años 1905-1906 hablar con aire engreído de la "reforma radical" de las "instituciones de bolsa"! Pero si ese es el punto de vista de un lacayo, a quien el señor permite "deliberar" con el cocinero sobre la preparación de la comida y cosas por el estilo, llamándolos "dignos colaboradores suyos".

Hasta qué punto se aproxima el Sr. Gushka a este punto de vista se ve por el subcapítulo del capítulo XV sobre los resultados de las peticiones de las organizaciones, que él tituló: "Posiciones perdedoras". "No se puede negar —leemos aquí— que hay varias esferas en las que las peticiones y demandas de los representantes del capital encuentran, efectivamente, la oposición del gobierno". Siguen los ejemplos en este orden: 1) la esfera de los bosques estatales; el fisco es él mismo un industrial maderero; 2) la esfera de las tarifas ferroviarias; el fisco es él mismo un empresario; 3) la cuestión de la representación en los zemstvos y 4) la cuestión de la representación en la Duma de Estado y en el Consejo de Estado. "En ambos casos —dice el autor refiriéndose a las dos últimas— se manifiesta, por supuesto, la íntima proximidad de la burocracia a otra clase dominante: la de los terratenientes".

"Pero si dejamos de lado las pocas cuestiones señaladas —continúa el satisfecho Sr. Gushka—, hay que decir que en todas las demás esferas... los datos de nuestra encuesta pintan la posición de la clase comercial e industrial como una posición ganadora..."

¿Verdad que es una perla? Posición perdedora: bosques, ferrocarriles, zemstvos y parlamento. "Pero si dejamos de lado las pocas cuestiones señaladas", ¡la posición es ganadora!

Y en la "conclusión" de su libro, batallando contra el "prejuicio tradicional" sobre la humillación y la falta de derechos de la clase comercial e industrial, el Sr. Gushka se eleva, podría decirse, hasta una patética *Lobhudelei*:

"No es una clase privada de derechos y humillada como la burguesía comercial e industrial ocupa un lugar en la mesa de la estatalidad rusa, sino que actúa como un invitado deseado y colaborador, 'digno colaborador' del poder estatal, ocupando un lugar destacado tanto por la costumbre establecida como por la ley, por el derecho escrito, y no de ayer".

Esto es totalmente apto para un discurso oficial de algún Krestóvnikov, Avdakov, Tizengauzen y demás cofrades en un banquete ofrecido a un ministro. Precisamente tales discursos, escritos exactamente en ese lenguaje, son familiares a todo ciudadano ruso. La única pregunta es: ¿cómo llamar a un "científico" que pretende una elaboración "científica" de una encuesta seria, y que traslada a la literatura los discursos de sobremesa de los comerciantes serviles en calidad de "conclusión de la encuesta"?

"De los buenos viejos tiempos —continúa el Sr. Gushka— hemos heredado una opinión, convertida en prejuicio arraigado, según la cual en la Rusia capitalista se observa la contradicción de que la gran burguesía, dominando económicamente, continúa permaneciendo políticamente esclavizada. Todo el material de nuestra encuesta abre una sensible brecha en esta concepción tradicional".

Se necesita la más ilimitada vulgarización del marxismo, con cuyos términos coquetea el Sr. Gushka, para considerar que una encuesta sobre las organizaciones de los capitalistas puede suministrar "material" sobre la cuestión de la esclavización política de la burguesía por el absolutismo y los terratenientes. El autor casi no ha tocado, y no podía tocar, manteniéndose dentro de los límites de la encuesta dada, el material que da una verdadera respuesta a esta cuestión.

La encuesta, al tocar un aspecto de la vida de nuestra burguesía, confirma, por el contrario, su esclavización política. La encuesta muestra que la burguesía avanza económicamente; que ciertos derechos particulares de la burguesía se amplían; que crece su organización como clase; que aumenta su papel en la vida política. Pero precisamente porque estos cambios se producen, se vuelve aún más profunda la contradicción entre el mantenimiento del 99/100 del poder político en manos del absolutismo y los terratenientes, por un lado, y el fortalecimiento económico de la burguesía, por el otro.

El Sr. Gushka, coqueteando con los términos marxistas, comparte de hecho el punto de vista del social-liberalismo vulgar. El maquillaje de este liberalismo con fraseología marxista es una de las características específicas —o, si se quiere, enfermedades— de Rusia. Al situarse en el punto de vista del liberalismo, el Sr. Gushka tropezó con la cuestión de la naturaleza social del poder estatal ruso, sin comprender ni siquiera aproximadamente toda la amplitud y todo el significado de esta cuestión.

La naturaleza de clase del poder estatal ruso sufrió un serio cambio después de 1905. Este cambio fue en dirección burguesa. La Tercera Duma, el liberalismo "vejista", una serie de otros indicios dan testimonio de un nuevo "paso hacia la transformación en monarquía burguesa" de nuestro viejo poder. Pero, dando un paso más por este nuevo camino, sigue siendo viejo, y la suma de las contradicciones políticas aumenta con ello. El Sr. Gushka, que tropezó con una cuestión seria, puso de manifiesto su incapacidad para desentrañarla.

IV

Al elaborar los materiales de una encuesta bastante especializada, el Sr. Gushka tocó otra cuestión de principio de enorme importancia, en la que vale la pena detenerse especialmente. Es la cuestión del "papel de 1905", como reza el título de uno de los subcapítulos del capítulo XIII del libro del Sr. Gushka.

La pregunta 41 del formulario de la encuesta, sobre el número de sesiones del órgano ejecutivo de la organización en cada uno de los últimos 5 años, tenía en vista aclarar el grado de intensificación de la actividad de las organizaciones en 1905. El material obtenido por la encuesta "no reveló —según palabras del Sr. Gushka— en la vida de nuestras organizaciones tal fenómeno", es decir, un fortalecimiento notable de la actividad.

"Y es comprensible", señala el Sr. Gushka.

¿Con qué explica él este fenómeno?

Los sindicatos de "empleadores" —razona él— debieron intensificar su actividad en 1905 en vista del recrudecimiento de la lucha huelguística.

"Las organizaciones de tipo puramente representativo —continúa el Sr. Gushka— se encontraban en una situación, hasta cierto grado, opuesta: su principal contraparte, el poder gubernamental, precisamente durante el año 1905 se hallaba en posición de fuerza defensiva, que menos creía en sí misma e inspiraba confianza a los demás. En aquel año 'loco', 'cuando la autoridad se fue', a todos, incluidos los industriales, les parecía (especialmente a finales de año) que la vieja 'autoridad' ya no regresaría más.

He aquí por qué las organizaciones representativas del capital no tenían motivos, en aquella época, para intensificar la actividad de su representación ante los órganos del poder gubernamental".

Esta explicación no sirve para nada. Si realmente "la autoridad se fue", la partida de la vieja autoridad política debía fortalecer inevitablemente la actividad de la nueva autoridad económica, transformarla en una nueva autoridad política. Si el poder estaba predominantemente a la defensiva, entonces, ¿cómo es que el "colaborador y digno colaborador" de ese poder (como el Sr. Gushka califica a la burguesía comercial e industrial) pudo no intensificar su actividad, defendiendo a ese poder y a sí mismo? Nuestro autor no ha reflexionado en absoluto sobre lo que dice, limitándose a un simple conjunto de palabras, las más en boga, las más habituales. Él, quizás, sentía que se trataba de una cuestión sumamente importante, de cuya solución depende la respuesta, o con cuya solución está estrechamente vinculada la respuesta a una cuestión más general sobre el papel político de la burguesía, y como que temió un abordaje serio de la cuestión importante, como que huyó de ella.

Reflexiónese sobre el siguiente razonamiento del autor acerca del mismo punto, el papel de 1905:

"... Las organizaciones del capital tampoco sentían inclinación a reunirse a menudo para formular su actitud ante las cuestiones socio-políticas que agitaban entonces a todo el país: relegadas a un segundo plano por la amplia ola del movimiento popular, preferían, por el momento, esperar los resultados de la lucha que hervía a su alrededor; y al final, cuando la 'autoridad' mostró de manera inequívoca su inclinación a 'regresar' de nuevo a su lugar, las organizaciones de la clase comercial e industrial comenzaron gradualmente a volver a la forma y al grado de intensidad habituales de su actividad representativa".

"Las organizaciones del capital fueron relegadas a un segundo plano por la amplia ola del movimiento popular"... ¡Muy bien! Solo que el Sr. Gushka vuelve a no pensar en lo que dice. ¿Contra quién estaba dirigida la amplia ola del movimiento popular? Contra el viejo poder. ¿Cómo, entonces, el "colaborador y digno colaborador" de ese poder pudo ser relegado a un segundo plano? Debería haber —si realmente hubiera sido un digno colaborador y ayudante— pasado al primer plano con tanta más energía cuanto mayor era su fuerza económica, independiente de la vieja organización del poder político.

¿Cómo pudo el "colaborador y digno colaborador" del viejo poder caer en una situación tal que "prefiriera esperar"?

El Sr. Gushka se dispuso a combatir contra la teoría de la esclavización política de la burguesía económicamente dominante, ¡pero se enredó desde el primer abordaje del asunto! Por el contrario, la "teoría" que él prometió destruir se ve reforzada por el curso de los acontecimientos de 1905.

Tanto el gran capital comercial e industrial como el liberalismo burgués ruso no solo "esperaban" en 1905, sino que ocupaban una posición contrarrevolucionaria muy definida. Los hechos que lo atestiguan son demasiado conocidos. Pero no cabe duda de que, en comparación con las fuerzas del absolutismo y la clase terrateniente, el capital más grande fue, hasta cierto grado, "relegado a un segundo plano".

¿Cómo pudo suceder que, en la revolución burguesa, el máximo ascenso de "la ola del movimiento popular" relegara sobre todo a un segundo plano a la burguesía?

Esto pudo suceder porque solo una tergiversación total del concepto de "revolución burguesa" conduce a la opinión de que esta última se debilita cuando la burguesía se echa atrás. Esto debía suceder porque la principal fuerza motriz de la revolución burguesa en Rusia son el proletariado y el campesinado, con una posición vacilante de la burguesía. Estando políticamente esclavizada por los terratenientes y el absolutismo, la burguesía, por otro lado, ocupa una posición contrarrevolucionaria cuando se intensifica el movimiento obrero. De ahí sus vacilaciones, su retirada a un "segundo plano". Ella está contra el viejo orden y a la vez por él. Está dispuesta a ayudarle contra los obreros, pero es perfectamente capaz de "establecerse" e incluso fortalecer y ampliar su dominación sin ningún terrateniente y sin ningún resto del viejo régimen político: sobre esto habla claramente la experiencia de países como América y otros.

De ahí se comprende por qué el máximo ascenso de la "amplia ola del movimiento popular" y el máximo debilitamiento del viejo poder es capaz de provocar una retirada intensificada "a un segundo plano" de la burguesía comercial e industrial. Esta es precisamente la clase que puede ser neutralizada en la lucha de lo nuevo contra lo viejo, de la democracia contra el medioevo, pues, sintiéndose más habituada, más tranquila, más cómoda al lado de lo viejo, esta clase puede dominar también bajo la victoria más completa de lo nuevo.

V

Al hablar de la encuesta de la S.T.I.R., no se puede pasar en silencio el artículo del Sr. A. Ermanski en los números 1-2 y 3 de la revista liquidacionista *Nuestra Zariá*. El Sr. Ermanski expone el trabajo del Sr. Gushka con extraordinario detalle, pero sin señalar ni una sola vez su desacuerdo con él. ¡Como si una persona que se incluye entre los marxistas pudiera solidarizarse con el aguado liberalismo del panegirista de los magnates comerciales e industriales!

El Sr. Ermanski va incluso más lejos que el Sr. Gushka en la misma dirección del social-liberalismo ligeramente maquillado de color marxista *à la* Brentano y Sombart.

"Las organizaciones de tipo representativo —escribe el Sr. Ermanski— son organizaciones de la lucha de clases en todo su volumen y a escala nacional general (en parte, incluso internacional). Los datos de la encuesta pintan un cuadro de la esfera casi ilimitada de cuestiones discutidas por las organizaciones. La actividad de nuestras organizaciones se extiende casi a todas las tareas de importancia estatal general, como justamente lo formula el comité de bolsa de Ekaterinoslav". ¡Así razona el Sr. Ermanski en una revista que aspira al marxismo! Estos razonamientos son una total y flagrante falsedad. El concepto de lucha de clases en el sentido de Marx se sustituye aquí por el concepto liberal de la lucha de clases. Se declara precisamente como nacional general y estatal general aquello en lo que está ausente el rasgo fundamental de lo nacional general y estatal general: la organización del poder estatal y toda la esfera de la administración "estatal general", la política estatal general, etc.

Véase a qué columnas de Hércules llega en su celo desmesurado el Sr. Ermanski. Refutando la opinión sobre "la burguesía capitalista en Rusia" (él quiere decir la gran burguesía comercial e industrial) como fláccida, subdesarrollada, etc., busca una "fórmula moderna" que exprese la "situación de hecho de la gran burguesía en Rusia".

¿Y qué resulta? El Sr. Ermanski toma por tal fórmula las palabras de Avdakov, pronunciadas en el consejo de asuntos minero-industriales durante los debates (¡escuchad!) sobre el paso a una nueva organización de los congresos minero-industriales con presidente electo. La práctica (rusa) es tal —dijo Avdakov— "que hasta ahora nadie nunca en nada nos ha coartado".

"He aquí una fórmula —escribe el Sr. Ermanski— que cuadra como ninguna a la actualidad".

¡Pues claro! ¡No coartaban a los comerciantes obtusos y que soportaban sumisamente el yugo de los privilegios estatales del terrateniente en la organización de los congresos minero-industriales! En vez de burlarse del grandilocuente Kit Kítych Avdakov, el Sr. Ermanski se desloma de celo, asegurándonos que Avdakov no es un Kit Kítych, ¡que dio una "fórmula moderna" que expresa la "situación de hecho de la gran burguesía en Rusia"! Y el Kit Kítych Avdakov se parece enteramente a un ayuda de cámara obeso que, sin atreverse siquiera a pensar en convertirse en amo pleno en lugar del señor, se enternece de cómo el señor le permite, en la antecámara, deliberar con la doncella, el cocinero, etc.

La siguiente tirada del artículo del Sr. Ermanski muestra que él precisamente no quiere comprender esa diferencia entre la situación del ayuda de cámara y la del señor:

"Tampoco estará de más hacer aquí una comparación —escribe él—: todos recuerdan cuán decididamente y, por así decir, de modo nacional, las aspiraciones de los miembros de los zemstvos a la 'participación en los asuntos de la administración interior' fueron calificadas de 'sueños insensatos'; por otro lado, el comité de bolsa de Petersburgo, ya en la época pre-constitucional, al declarar la necesidad de 'la difusión más amplia posible del derecho de participación de las sociedades de bolsa (¡obsérvese esto!) en los asuntos de la administración', añadía con pleno fundamento: 'Este derecho de las sociedades de bolsa no constituirá novedad alguna, ya que las sociedades de bolsa en parte ya gozan de él'. Lo que era un 'sueño insensato' para otros, para los representantes del gran capital no era un sueño, sino una realidad, un elemento de constitución real".

¡"Eso" no es lo mismo, Sr. Ermanski! Su "comparación" delata su incapacidad o su falta de voluntad para distinguir la aspiración (de la clase terrateniente) de convertirse ella misma en señor pleno, de la aspiración (del administrador enriquecido, de Fedka o de Vanka) de deliberar con otros sirvientes del señor. Son "dos grandes diferencias".

Es perfectamente natural que las conclusiones del Sr. Ermanski resulten enteramente en el espíritu de Larin. Los representantes del gran capital —escribe el Sr. Ermanski— "hace ya tiempo que ocupan en Rusia la posición de clase dominante en el pleno sentido de esta palabra".

Esto es una total falsedad. Aquí se olvida tanto la autocracia como el hecho de que el poder y los ingresos continúan, como antes, en manos de los terratenientes feudales. El Sr. Ermanski piensa en vano que "solo a finales del siglo XIX y principios del XX" nuestra autocracia "dejó de ser exclusivamente feudal". Ese "exclusivismo" ya no existía en la época de Alejandro II en comparación con la época de Nicolás I. Pero confundir el régimen feudal, que pierde sus propiedades de exclusivamente feudal, que da pasos hacia la monarquía burguesa, confundirlo con el "dominio pleno de los representantes del gran capital" es completamente inadmisible.

VI

La redacción de *Nuestra Zariá*, como es habitual, acompañó el artículo del Sr. Ermanski con una "salvedad de rigor": el autor "subestima la importancia que para ella (la gran burguesía) tiene la participación directa en el poder político".

La cuestión no radica solo en que el Sr. Ermanski "subestime" un aspecto determinado del problema. La cuestión radica en su visión totalmente errónea de la lucha de clases. La cuestión radica en su error fundamental al valorar la estructura social de la autocracia. Hace tiempo que hemos señalado, y no nos cansaremos de señalarlo, que esta cuestión no puede ser eludida con sonrisitas a propósito de "respuestas de 1908" (o de 1912), etc. No se puede pasar por alto esta cuestión en una publicística más o menos seria.

La divergencia entre Ermanski y Larin, por un lado, y la redacción de *Nuestra Zariá*, por el otro, es la divergencia entre liquidacionistas francos y, a su modo, honestos, y los diplomáticos del liquidacionismo. Al respecto, no hay que hacerse ilusiones.

Larin escribió: el poder entre nosotros ya se ha vuelto burgués. Por lo tanto, los obreros deben organizarse no a la espera de la revolución (y no "para la revolución", añadió), sino para participar en la renovación constitucional del país. Ermanski, abordando la cuestión desde otro lado, repite en esencia la primera premisa de Larin, mientras que solo insinúa las conclusiones, sin hablar de ellas directamente.

Mártov "corregía" a Larin de la misma manera que la redacción de *Nuestra Zariá* corrige a Ermanski: el poder aún no es burgués, y a los obreros "les basta" con agarrarse a la contradicción entre constitucionalismo y absolutismo.

Así, en las conclusiones, entre Mártov (con la redacción de *Nuestra Zariá*) y Larin-Ermanski se obtiene una coincidencia, perfectamente natural dado su acuerdo en las premisas fundamentales de la concepción liberal de la política obrera.

Nosotros, por el contrario, seguimos pensando que esta concepción es radicalmente errónea. No se trata de que Ermanski "subestime" o Mártov "sobrestime" la "izquierdización" de los Guchkov, los Riabushinski y Cía. No se trata de que Ermanski "subestime" o Mártov "sobrestime" la "importancia para la burguesía de la participación directa en el poder político". La cuestión es que ambos no solo "subestiman", sino que directamente no comprenden la importancia que tiene para la clase obrera y para la democracia burguesa que marcha tras ella, libre de las actuales vacilaciones del liberalismo, ¡la "participación directa en el poder político"! Ambos piensan solo en un "poder político", olvidándose del otro.

Ambos miran a las alturas y no ven los bajos. Pero si diez Riabushinski y cien Miliukov refunfuñan e indignan liberalmente, eso significa que decenas de millones de pequeños burgueses y toda la "gente menuda" se sienten de manera insoportable. Y esos millones son también una fuente posible de "poder político". Solo la cohesión de semejantes elementos democráticos, tanto contra la derecha como independientemente de las vacilaciones de los liberales, es capaz de "resolver" los problemas que la historia ha planteado a Rusia a principios del siglo XX.

*Prosveschenie*, nº 5-7, abril-junio de 1912.

Se publica según el texto de la revista *Prosveschenie*. Firmado: V. Iliin.