En el n.º 8 de *Zhivoye Delo*, Mártov responde a mi artículo del n.º 11 de *Zvezdá*: «Órgano de política obrera liberal»[22]. La cuestión se refiere a la línea fundamental de los obreros en la campaña electoral y, por tanto, merece especial atención.

He llamado a *Zhivoye Delo* órgano de política obrera liberal, fundándome en lo siguiente: 1) La consigna de Mártov y Dan de desalojar a la reacción de sus posiciones en la Duma, de arrancar la Duma de las manos de la reacción, no es una consigna democrática, sino liberal. La lucha contra la «reacción» en Rusia no solo no se limita a arrancar la Duma de manos de la reacción, sino que ni siquiera se concentra en ello. 2) Al hablar de la factibilidad del objetivo que se ha planteado, Mártov empezó por embellecer nuestra ley electoral. Mártov declaró que «en una parte considerable de las asambleas provinciales está asegurada la mayoría de electores de los terratenientes y de la primera curia urbana». Yo recordé los hechos: esa mayoría está asegurada en *todas* las asambleas provinciales; en 28 provincias de 53, la mayoría (en las asambleas provinciales) la tienen por sí solos los terratenientes, y esas provincias envían a la Duma 255 diputados de un total de 440. 3) Al hablar de desalojar a la reacción de sus posiciones en la Duma, Mártov olvidó que más allá de la oposición liberal de los terratenientes no se puede desplazar a la Duma. La consigna de Mártov y Dan es la consigna de arrancar al terrateniente de las manos de la reacción. 4) Diciendo que los obreros están interesados en el traspaso del poder al «burgués culto», Mártov «olvidó» mencionar una cosa. A saber: ¡que los liberales están interesados en un reparto del poder con los Purishkévich tal que no quede «ni una sola arma» en manos de la democracia! 5) Al decir que los kadetes, reforzándose en la Duma, «se facilitan el camino hacia el poder», Mártov olvidó la experiencia de 1905-1906 en Rusia, de 1789 y los años siguientes en Francia, de 1911 en China. Esa experiencia dice: el poder pasa a los liberales (o más a la izquierda) solo cuando vence la democracia a despecho de los liberales. 6) Mártov reconoce el marxismo, por consiguiente, solo en la medida en que es aceptable para cualquier liberal instruido.

¿Qué responde Mártov a estos seis puntos? Absolutamente nada. Silencio absoluto. ¿Para qué comenzar una polémica si ha decidido guardar silencio?

Pasando en silencio por alto todos mis argumentos, Mártov intenta «atraparme» con la siguiente frase mía:

«La tarea práctica en las elecciones no es, en absoluto, "desalojar a la reacción de sus posiciones en la Duma", sino reforzar a la democracia en general, y a la obrera en particular. Esta tarea a veces chocará con la "tarea" de aumentar el número de liberales: para nosotros es más importante –y más útil para el proletariado– cinco demócratas suplementarios[23] que cincuenta liberales suplementarios».

Después de citar esta frase, Mártov, contento (¡ha cazado a un «partidario de la reacción»!), exclama: «Invito a los lectores a reflexionar sobre esta frase». Apoyo de todo corazón esa invitación a reflexionar.

Mártov comienza a reflexionar, y reflexiona hasta llegar al siguiente silogismo: la segunda vuelta existe ahora en la ley en todas partes. Por tanto, «solo puede haber un caso» en que nosotros, apartando a 50 liberales, hagamos pasar a 5 demócratas. Es el «caso» de venta de votos de los demócratas a los de las Centurias Negras a cambio de escaños en la Duma.

Y Mártov se regocija y salta a lo largo de medio centenar de líneas: he aquí que ha fulminado al cómplice de las Centurias Negras, y encima, al fulminar a F. L-ko, ha «herido» también a V. Frey, quien «apunta en la misma dirección».

¡Mártov considera muy ingenuos a sus lectores! Y cuán imprudente fue invitar a los lectores a reflexionar, viniendo de un autor que escribe sin pensar.

Mi frase, que tanto desagradó a Mártov, plantea a las personas que reflexionan dos cuestiones: 1) ¿Es realmente más útil para los obreros cinco demócratas en la Duma que cincuenta liberales? 2) ¿Puede darse en la práctica un caso en que «choquen» estas tareas?

La primera cuestión la soslayó por completo Mártov, el que reflexiona. En vano. Ustedes, señores liquidadores, esquivan la política para acusarnos de afición a la aritmética. Cincuenta liberales en la Duma brindarán al pueblo un cúmulo de discursos falsamente democráticos, corrompiéndolo con ello, y un puñado de «reformas» que, primero, se limitarán a lavabos, y, segundo, se atascarán en el Consejo de Estado y demás. Cinco demócratas darán al pueblo, desde la tribuna de la Duma, una serie de esclarecimientos de las verdades de la democracia (y los obreros, también de las verdades del socialismo). ¿Qué es más útil al proletariado?

Segunda cuestión. ¿Tiene razón Mártov al afirmar que la tarea de hacer elegir a 5 demócratas («suplementarios», es decir, además de los actuales) puede chocar con la tarea de hacer elegir a 50 liberales solo en el caso que él señala? Pues Mártov, después de invitar a reflexionar, declaró directamente: «eso solo puede ser un único caso».

Si Mártov tuviera razón, entonces el lector debería acusarme a mí, F. L-ko, o bien de apuntar un caso imposible, o bien de un deseo secreto de vender a los de las Centurias Negras los votos de los demócratas a cambio de escaños en la Duma (en secreto añadiré: un deseo secreto y estúpido: Purishkévich comprando los votos de los amigos de Petrov 3 y de Voilóshnikov para hacer pasar a Voilóshnikov a la IV Duma: escribe Mártov, «reflexionando», de un modo extremadamente verosímil).

Si puede haber otro caso de colisión de ambas tareas, entonces Mártov no tiene razón.

Así pues: ¿es posible otro caso de semejante colisión? Sin duda alguna: es el caso en que, en la segunda vuelta, los demócratas, sin concertar un acuerdo con los liberales, luchan tanto contra los derechistas como contra los liberales.

Nada más[24].

Mártov, el que reflexiona, como todos los liquidadores, está cautivado por la idea de dos campos y no advierte la lucha del tercer campo, ¡tanto contra el primero como contra el segundo!

Inmediatamente después de mi frase que tanto indignó a Mártov, yo decía:

«De aquí la siguiente conclusión ("¡de aquí", querido Mártov!), que Mártov no desea, aunque reconoce, como si tal cosa, que los kadetes son liberales y no demócratas:

en las 5 grandes ciudades, en las segundas vueltas solo son admisibles los acuerdos con los demócratas contra los liberales;

en todas las vueltas y en todos los acuerdos en la segunda fase, en primer lugar deben concertarse acuerdos con los demócratas contra los liberales, y solo después, con los liberales contra los derechistas».

Mártov mencionó únicamente el segundo punto, declarando que digo una mentira, pues Mártov está de acuerdo con él (¡ya veremos si todos los liquidadores están de acuerdo!), ¡pero sobre el primer punto, Mártov lo silenció!

Una vez más: o callar del todo, o polemizar.

Segunda vuelta en 5 ciudades. Línea general: con los demócratas contra los liberales. Los acuerdos con los liberales están prohibidos (pues la experiencia ha mostrado que aquí, en conjunto, no hay peligro de las Centurias Negras).

¿Está usted a favor o en contra de tal prohibición? Dígalo directamente.

Prosigamos. ¿Cuál puede ser el resultado práctico en estas segundas vueltas? Los votos pueden repartirse casi por igual entre los tres campos. Decide la mayoría relativa. Tomemos el ejemplo más simple: de 100 votos, 33 para los derechistas, 33 para los liberales, 34 para los demócratas. Elegido el demócrata. ¡Si el socialdemócrata tiene un voto menos y el negro uno más, puede salir el negro!

Dos líneas de política obrera: liberal: ¡lo más importante es temer el paso del negro y, por tanto, entregar la hegemonía sin lucha al liberal! Marxista: no te dejes amedrentar por los gritos liberales sobre el peligro de las Centurias Negras, y entra audazmente en la lucha «triangular» (según la expresión inglesa). Por regla general, no existe el peligro negro, y si, por excepción, pasa un negro, ¡en cambio, en algunos lugares pasará un demócrata!...

Para aprender a nadar, hay que meterse en el agua. Una lucha en la que de antemano se conocieran todas las probabilidades no existe en el mundo. Si uno se deja amedrentar por los gritos liberales sobre el peligro de las Centurias Negras, los obreros jamás aprenderán a librar la lucha «triangular». En todo el mundo, el campo de la reacción y el campo de los liberales se cohesionaron y organizaron antes (por supuesto, con ayuda de leyes reaccionarias) y mejor que los obreros. En todo el mundo, los liberales repiten a los obreros precisamente los discursos que repite Mártov.

Nos queda dar un último paso para mostrar a Mártov, «el que reflexiona», qué significa la palabra: pensar.

En las segundas vueltas en las 5 ciudades, los acuerdos con los liberales están prohibidos. En las demás segundas vueltas no están prohibidos. ¿Significa esto que siempre se concertarán? Parece que no, ¿verdad?

Si no hay acuerdo, ¿no pueden en toda segunda vuelta repartirse los votos casi por igual entre los tres campos?

¡Parece que sí pueden, si verdaderamente «se reflexiona»!

De aquí la conclusión. Dos líneas de política obrera.

Política obrera liberal: el país se inclina a la izquierda; «por consiguiente»... témanle sobre todo al peligro de las Centurias Negras; la consigna es desalojar a la reacción de sus posiciones en la Duma; y de las posiciones en la Duma solo pueden desalojarla los liberales; por tanto, no hay que «amenazar» a los liberales, ni «extorsionarles» escaños –¿es acaso decente que un obrero «culto» extorsione a personas tan buenas como los liberales?–; es decir, hay que hacer todas las concesiones en los acuerdos con los liberales, rehuyendo la lucha «triangular».

Política obrera marxista: el país se inclina a la izquierda; por consiguiente, no crean en los embustes liberales sobre el peligro de las Centurias Negras; en los acuerdos con los liberales, aménacenlos con todas sus fuerzas y extorsiónenles escaños en la Duma; y para que sus amenazas sean serias, camaradas obreros, no teman la lucha «triangular»; entren audazmente en esa lucha, desenmascarando ante el pueblo el carácter contrarrevolucionario de los liberales; por supuesto, no hay lucha sin posibilidad de derrota: en algunos lugares pasará un negro, pero en otros pasará un demócrata; mejor es añadir a la Duma cinco demócratas que cincuenta liberales; por regla general, los negros no pasarán, pues los Purishkévich son demasiado conocidos, y los liberales asustan deliberadamente al pueblo con el peligro de las Centurias Negras para asegurarse la hegemonía (aunque los Maklákov son casi igual de negros) y apartar de sí el peligro «izquierdista».

Resumen. Ni a uno solo de los seis puntos planteados por mí acerca de la política obrera liberal respondió nada. La cuestión de la prohibición de los bloques con los liberales en las 5 ciudades la «ocultó». Sobre las elecciones triangulares en las segundas vueltas –aunque prometió reflexionar– no pensó. En cambio, hizo dos cosas: 1) defendió a los liberales de las «amenazas» y 2) ¡puso al descubierto a los amigos de Voilóshnikov en una conspiración con Purishkévich para vender los votos a Purishkévich a cambio de que Purishkévich hiciera pasar a Voilóshnikov a la IV Duma!

*Zvezdá* nº 24 (60), 1 de abril de 1912. Firmado: F. L-ko

Se imprime según el texto del periódico *Zvezdá*.