En el número 7 del periódico liquidacionista *Zhivoe Delo* se ha insertado un artículo de fondo titulado «Por la unificación, contra la escisión». Dicho artículo aborda una cuestión indudablemente interesantísima e importante, sobre la cual reflexionan todos y cada uno de los obreros conscientes. Consideramos nuestro deber, aunque sea de manera incompleta, aunque sea sucintamente, pronunciarnos acerca de aquellos puntos sobre los que *Zhivoe Delo* informa a sus lectores de un modo manifiesto y evidentemente incorrecto.

*Zhivoe Delo*, basándose en las informaciones de los periódicos *Golosá Zemlí*, *Rússkoe Slovo* y *Kíevskaya Mysl*{73} –informaciones que «no discrepan de los datos que posee *Zhivoe Delo*»–, establece el hecho de que en el extranjero tuvo lugar una conferencia de todo el partido, la cual –según dice– «impuso a todos los marxistas de Rusia una táctica determinada en la campaña electoral» y, entre otras cosas, declaró fuera del partido (la cursiva es de *Zhivoe Delo*) al grupo de *Nasha Zariá* y *Delo Zhizni*. A propósito de esto, *Zhivoe Delo* (aderezando su artículo con las calumnias e insinuaciones habituales contra los antiliquidacionistas) se esfuerza con todas sus fuerzas, en primer lugar, en desacreditar la conferencia y, en segundo lugar, en defender a *Nasha Zariá* y Cía., diciendo que no pueden ser colocados «fuera», que los «literatos» de esta tendencia «responden a semejante resolución con un encogimiento de hombros despectivo», etc.

Observemos ante todo que todo el contenido del artículo de *Zhivoe Delo*, todo su tono histérico, todos sus gritos «por la unificación» atestiguan a las claras cuán vivamente han sido tocados los liquidacionistas y con cuán poco éxito intentan echar tierra sobre la esencia del asunto. Y es a esta esencia del asunto a la que pasamos.

Naturalmente, no podemos ni defender la conferencia, ni complementar o rectificar las informaciones aparecidas en los periódicos mencionados (a los cuales hay que añadir ahora *Golos Moskvy*). Y no es esa nuestra tarea. Además, basta con reproducir literalmente aunque sea una frase de *Zhivoe Delo*: «Nosotros preguntamos –exclaman los liquidacionistas–: ¿quién los eligió (a los delegados de la conferencia)? ¿quién los autorizó a hablar y decidir en nombre de los marxistas de Moscú, Petersburgo, etc.?». Sería del todo natural que preguntaran abiertamente sobre esto, por ejemplo, el señor Purishkévich o el señor Zamyslovski. Pero si los liquidacionistas preguntan esto al público desde las páginas de *Zhivoe Delo*, con esa sola pregunta dejan al descubierto de manera tan magnífica su naturaleza liquidacionista, se desenmascaran a sí mismos tan espléndidamente, que a nosotros no nos queda más que señalar con el dedo los procedimientos de los liquidacionistas y poner punto final.

Abordamos las cuestiones aquí tocadas, repetimos, exclusivamente en la medida en que es nuestro deber responder a todas las voces de la prensa y señalar lo concerniente a la campaña electoral obrera. Es necesario que los lectores conozcan la verdad. Si los liquidacionistas dicen: «por la unificación, contra la escisión», nuestro deber es desenmascarar la falsedad que ello encierra. Primero: no hay que jugar al escondite y hablar de la «unificación» en general, cuando de lo que se trata, en esencia, es únicamente de la unificación con los liquidacionistas. ¿Por qué se oculta *Zhivoe Delo*? ¿Por qué no dice directamente si está de acuerdo o no con el punto de vista de *Nasha Zariá* y *Delo Zhizni*? Segundo: es prematuro hablar de escisión mientras no existan a la vista dos colectivos políticos organizados e íntegros que actúen en un mismo medio.

De esta esencia del asunto debería hablar *Zhivoe Delo*, pero gritar e injuriar es una ocupación vana.

La unificación con los liquidacionistas no es una cuestión nueva, sino muy vieja. Hace más de dos años, en enero de 1910, se hizo el intento más decidido y formalizado de tal unificación, sancionado tanto por un acuerdo como por una decisión unánime. El intento fracasó: esto lo reconocen todos, incluidos los liquidacionistas (véase *Nasha Zariá*, 1911, núm. 11, pág. 130). ¿Por qué fracasó? En esta cuestión, las personas que se interesan seriamente por el asunto deben orientarse por sí mismas a base de los documentos. Citaremos sólo unos pocos, pero decisivos, documentos.

Un conocido participante en el intento de unificación con los liquidacionistas, el «unificador» o «conciliador» señor Iónov, escribía precisamente en el curso de ese intento:

«Por nocivos que sean en sí mismos el otzovismo y el liquidacionismo para el partido, su influencia benéfica sobre las fracciones (se trata de las fracciones menchevique y bolchevique) parece estar fuera de duda. La patología conoce dos tipos de abscesos: los malignos y los benignos. El absceso benigno se considera una enfermedad útil para el organismo. Durante el proceso de supuración, atrae hacia sí todos los elementos nocivos de todo el organismo y contribuye así a su saneamiento. Pienso que el liquidacionismo ha desempeñado ese mismo papel respecto al menchevismo, y el otzovismo-ultimatismo respecto al bolchevismo».

He aquí una de las confirmaciones documentales de que como condición para la unificación con los liquidacionistas se exigió su renuncia total al liquidacionismo. Esto fue en enero de 1910. En febrero de 1910, en el núm. 2 de *Nasha Zariá*, el señor Potrésov escribía literalmente lo siguiente:

«¿Puede existir, en el verano de 1909, no como un fantasma en una imaginación enfermiza, sino como una realidad auténtica, una corriente liquidacionista que liquide aquello que ya no está sujeto a liquidación, aquello que en realidad ya no existe como un todo organizado?» (*Nasha Zariá*, 1910, núm. 2, pág. 61).

Todos los militantes prácticos saben que los liquidacionistas actuaban en los hechos exactamente como los orientaba el señor Potrésov. Otro conocido órgano de los liquidacionistas, *Vozrozhdenie*{74}, en el que colaboraban los mismos señores Mártov, Larin, Levitski y Cía., escribía el 30 de marzo de 1910 en nombre de la redacción, citando con simpatía las palabras citadas del señor Potrésov: «No hay nada que liquidar –y, agregamos nosotros (es decir, la redacción de *Vozrozhdenie*) por nuestra cuenta, el sueño de restaurar esta jerarquía en su vieja forma clandestina es simplemente una utopía nociva y reaccionaria»… (*Vozrozhdenie*, 1910, núm. 5, pág. 51).

¿Fueron valoradas estas declaraciones por otras personas y tendencias, aparte de la nuestra, como una ruptura de los liquidacionistas con el viejo, con el anterior colectivo político? Indudablemente, sí. He aquí las pruebas: 1) El artículo del señor Izgóev en *Rússkaya Mysl*{75}, 1910, núm. 8: «Un vejista entre los marxistas». El señor Izgóev valora siempre los acontecimientos entre los marxistas desde un punto de vista consecuentemente «vejista». «La respuesta (del señor Potrésov a las cuestiones del movimiento obrero) concuerda completamente –escribía el señor Izgóev– con lo que se escribía en las *Vejí* que él denigra, con lo que dicen los publicistas de *Rússkaya Mysl*» (*Rússkaya Mysl*, 1910, núm. 8, pág. 67). 2) El menchevique Plejánov escribía en mayo de 1910 a propósito de las palabras citadas del señor Potrésov: «Sin embargo, es indudable que un hombre para quien no existe nuestro partido, él mismo no existe para nuestro partido (la cursiva es de Plejánov). Ahora todos los miembros de éste deberán decir que el señor Potrésov no es su camarada, y algunos de ellos, tal vez, dejarán de acusarme de que yo ya hace tiempo no lo consideraba como tal».

El hecho está a la vista. Aquí no sirven evasivas ni subterfugios. Los liquidacionistas rompieron ya en 1910 con el anterior colectivo político. Ningún historiador de la vida política rusa podrá soslayar este hecho si no quiere apartarse de la verdad. Y en 1911 los señores Levitski, Mártov, Dan, Larin, Chatski y Cía. repitieron no pocas veces declaraciones de contenido plenamente «potresoviano». Recordemos, por ejemplo, cómo en *Delo Zhizni* (año 1911, núm. 6, pág. 15) Larin aleccionaba a los obreros diciendo que «formar en cada ciudad círculos… de un par de cientos de personas» no es una empresa difícil, pero sí «una mascarada».

Según nuestra profunda convicción, de aquí, de la experiencia de más de dos años, se desprende inevitablemente la conclusión de que ninguna unificación con los liquidacionistas es posible. Tampoco es posible aquí ningún acuerdo. Los acuerdos son inconcebibles aquí, pues se trata de la existencia o no existencia de aquello que los liquidacionistas han bautizado desdeñosamente como «jerarquía». Y ninguna injuria de *Zhivoe Delo* –órgano de esos mismos liquidacionistas, de la misma tendencia– puede cambiar nada. Los liquidacionistas están fuera… Es un hecho definitivo.

Este hecho significa la escisión, nos objetarán quizás. No. Escisión se llama a la formación de dos colectivos políticos en lugar de uno. Pero en el momento actual, en marzo de 1912, un observador de nuestra vida política, armado con el mejor telescopio y que mire desde Petersburgo, Moscú, Kiev, Nueva York o desde donde sea, está en condiciones de ver sólo un colectivo político organizado e íntegro, que, ante las injurias de los liquidacionistas, no hace sino fortalecerse entre los obreros.

Esa es precisamente la desgracia de los liquidacionistas: con lo viejo realmente liquidaron sus relaciones, pero no han creado nada nuevo. Cuando lo creen, entonces veremos y, en cumplimiento de nuestro deber de observadores políticos, informaremos a los lectores. Pero mientras tanto, el hecho sigue siendo un hecho: no hay otro colectivo político íntegro, lo cual significa que no hay escisión.

Los liquidacionistas prometen desde hace mucho crear una sociedad política «abierta». Pero las promesas no son hechos. Y «el mismísimo» señor Levitski, correligionario más próximo de Potrésov y Mártov, escribía en el artículo de fondo del núm. 11 de *Nasha Zariá* (1911), con pesar, que «no vemos ni un solo intento medianamente significativo de organizar una sociedad política legal (la cursiva es del señor Levitski)». El señor Levitski echa la culpa de ello tanto a «las masas» como a los «dirigentes». Pero ahora no se trata de culpas, sino de constatar un hecho. Si el señor Levitski y sus amigos crean una sociedad política legal, si ésta lleva a la práctica una política obrera marxista (y no liberal), entonces… entonces veremos. Sólo que dense prisa, señores: queda poco tiempo hasta las elecciones, y se necesitan esfuerzos hercúleos para recuperar en meses (o rehacer directamente en sentido contrario a lo que se hacía antes) lo que se ha descuidado durante años.

Quien se ha quitado la cabeza, no llora por los cabellos.

El observador de la vida política rusa sólo puede encontrar un colectivo político en la esfera que nos interesa. A su alrededor hay personas aisladas y grupitos no organizados, que ni siquiera tienen respuestas íntegras a las cuestiones políticas más candentes. En otras palabras, todo alrededor es descomposición. Como en toda descomposición, también aquí hay vacilantes y personas que esperan (¡ay, en vano!) impulsar a los liquidacionistas a romper de hecho con el liquidacionismo. Pero pretender alimentarse de esperanzas a apenas medio año de las elecciones es propio de políticos sin esperanza.

Tomemos, por ejemplo, la cuestión de las consignas de la campaña electoral, de la táctica, de los acuerdos. Sólo hay una respuesta, formalizada, clara, precisa, completa, que ya conocen hoy todos los obreros dirigentes en todos los confines de Rusia. No hay otra respuesta. Una vez más, señores liquidacionistas: quien se ha quitado la cabeza, no llora por los cabellos.

P. D. Entre los que «tienen esperanzas» de que los liquidacionistas se corrijan se cuenta, sin duda, también Trotski, quien en *Zhivoe Delo* expone de manera popular el comienzo de las resoluciones de diciembre de 1908 sobre la esencia del régimen del Tres de Junio. Estaremos muy contentos si Trotski logra convencer, aunque sea sólo a Larin y Mártov, por ejemplo, de modo que todos ellos coincidan en una respuesta determinada, precisa y clara a la cuestión de la esencia de nuestra «constitución» actual. ¡La gente grita sobre la utilidad de la «unificación», sobre el perjuicio del «círculismo», y no pueden elaborar una opinión unificada ni siquiera dentro de «su propio» círculo, ni en las cuestiones de principio, ni en las cuestiones prácticas de todo nuestro trabajo! En cambio, hay libertad para la frase: «la socialdemocracia –escribe Trotski– sabe no sólo inscribir sus grandes tareas a modo de fórmula en la superficie interior de la caja craneana…». ¡Bello escribe Trotski, no peor que Potrésov y Nevedomski!

*Prosveschenie*, núm. 3-4, febrero-marzo de 1912. Firmado: M. B.

Se publica según el texto de la revista *Prosveschenie*.