Como ya hemos dicho, ni los liquidadores, ni toda una serie de grupos en el extranjero (Plejánov, Aleksinski, Trotski y otros), ni los llamados socialdemócratas «nacionales» (es decir, no gran-rusos) reconocieron nuestra Conferencia de Enero de 1912. De las innumerables injurias con que nos colmaron, la acusación más repetida fue la de «usurpación» y «escisionismo». Nuestra respuesta consistió en presentar cifras exactas y comprobables objetivamente, que demostraban que nuestro partido agrupaba a las cuatro quintas partes de los obreros conscientes de Rusia. No es poco, dadas todas las dificultades del trabajo ilegal en la época contrarrevolucionaria.

Si la «unidad» hubiera sido posible en Rusia sobre la base de la táctica socialdemócrata, sin excluir al grupo de «Nasha Zariá», ¿por qué no la llevaron a cabo ni siquiera entre ellos mismos nuestros numerosos adversarios? Desde enero de 1912 han transcurrido tres años y medio, y en todo este tiempo nuestros adversarios, con todo su deseo, no han podido crear un partido socialdemócrata contra nosotros. Este hecho es la mejor defensa de nuestro partido.

Toda la historia de los grupos socialdemócratas que luchan contra nuestro partido es una historia de descomposición y desintegración. En marzo de 1912 todos sin excepción se «unieron» en la injuria contra nosotros. Pero ya en agosto de 1912, cuando se formó el llamado «bloque de agosto» contra nosotros, comenzó su desintegración{233}. Una parte de los grupos se separa de ellos. No consiguen crear un partido ni un Comité Central; solo crean un CO «para restablecer la unidad». Pero en la práctica este CO resultó ser una cobertura impotente del grupo liquidador en Rusia. Durante todo el período del enorme auge del movimiento obrero en Rusia y de las huelgas de masas de 1912-1914, el único grupo de todo el «bloque de agosto» que realizó trabajo entre las masas siguió siendo el grupo de «Nasha Zariá», cuya fuerza radica en sus vínculos liberales. Y a principios de 1914 salen formalmente del «bloque de agosto» los socialdemócratas letones (los socialdemócratas polacos no estaban en él), y Trotski, uno de los dirigentes del bloque, salió de él de manera informal, creando de nuevo su propio grupo particular. En julio de 1914, en la conferencia de Bruselas, con la participación del Comité Ejecutivo del Buró Socialista Internacional, de Kautsky y de Vandervelde, se formó contra nosotros el llamado «bloque de Bruselas», en el que no entraron los letones y del que en seguida se separaron los socialdemócratas polacos de la oposición. Después de la guerra este bloque se desintegra. «Nasha Zariá», Plejánov, Aleksinski, el dirigente de los socialdemócratas caucasianos An se convierten en socialchovinistas abiertos, predicando la conveniencia de la derrota de Alemania. El CO y el Bund defienden a los socialchovinistas y las bases del socialchovinismo. La fracción de Chjeidze, aunque votó contra los créditos de guerra (en Rusia incluso los demócratas burgueses, los trudoviques, votaron contra ellos), sigue siendo aliada fiel de «Nasha Zariá». Nuestros socialchovinistas extremos, Plejánov con Aleksinski y Cía., están completamente satisfechos con la fracción de Chjeidze. En París se funda el periódico «Nashe Slovo» (antes «Golos») con la participación principal de Mártox y Trotski, que desean conciliar la defensa platónica del internacionalismo con la exigencia incondicional de unidad con «Nasha Zariá», el CO o la fracción de Chjeidze. Después de 250 números de este periódico, él mismo se ve obligado a reconocer su desintegración: una parte de la redacción se inclina hacia nuestro partido, Mártox permanece fiel al CO, que públicamente reprocha a «Nashe Slovo» su «anarquismo» (como los oportunistas en Alemania, David y Cía., «Internationale Korrespondenz»{234}, Legien y Cía. acusan de anarquismo al camarada Liebknecht); Trotski anuncia su ruptura con el CO, pero quiere marchar junto con la fracción de Chjeidze. He aquí el programa y la táctica de la fracción de Chjeidze, expuestos por uno de sus líderes. En el número 5 de «Sovremenny Mir»{235}, de 1915, revista de orientación plejanovista y aleksinskiana, Chjenkeli escribe:

«Decir que la socialdemocracia alemana estaba en condiciones de impedir la intervención militar de su país y no lo hizo, significaría o bien desear secretamente que ella encontrara en las barricadas no sólo su último aliento, sino también el de su patria, o bien mirar los objetos contiguos a través de un telescopio anarquista»[47].

En estas pocas líneas se expresa toda la esencia del socialchovinismo: tanto la justificación de principio de la idea de la «defensa de la patria» en la guerra actual, como las burlas —con permiso de los censores militares— de la prédica y la preparación de la revolución. La cuestión no es en absoluto si la socialdemocracia alemana estaba en condiciones de impedir la guerra, como tampoco si en general los revolucionarios pueden garantizar el éxito de la revolución. La cuestión es si hay que comportarse como socialistas o verdaderamente «exhalar el último aliento» en los brazos de la burguesía imperialista.