Hace exactamente un año, el Órgano Central de nuestro partido publicó la siguiente carta de importancia cardinal del Buró Ruso del Comité Central al Buró en el Extranjero del Comité Central

«…Nosotros (es decir, el Buró Ruso del CC) nos dirigimos a los camaradas Mijaíl, Román y Yuri con la propuesta de incorporarse al trabajo, pero recibimos de ellos una respuesta en que declaran que consideran no sólo nocivas las decisiones del Pleno, sino que consideran nociva la existencia misma del CC. En virtud de ello, se niegan incluso a asistir a una sola sesión para la cooptación»[18].

La cuestión estaba más clara que el agua. En la persona de Mijaíl, Román y Yuri nos enfrentamos a renegados declarados que consideran superflua la «diplomacia» y las evasivas al estilo de *Golos*, y que manifiestan abiertamente su ruptura con nuestro partido. Chocaron dos «tácticas»: una, la de Mártov, Dan y Cía., consistente en descomponer desde dentro al «viejo» partido, mantener al viejo partido en un estado enfermizo hasta que se consoliden los «socialdemócratas» liquidadores del estilo de Stolypin; otra, la de Potrésov, Levitski, Mijaíl, Román, Yuri y Cía., que parte de la posición de que el juego de minar al viejo partido desde dentro no vale la pena y de que hay que lanzarse de inmediato a una ruptura abierta con el POSDR.

La publicación de la declaración de los señores Mijaíl, Román y Yuri estropeaba terriblemente el juego a sus amigos y protectores del *Golos Sotsial-Demokrata*. Pero no había nada que hacer: Dan, Mártov y Cía. tuvieron que seguir borrando las huellas, «por un lado», solidarizándose con los tres renegados mencionados, y «por otro lado», «deslindándose» ligeramente de ellos. Mártov tuvo incluso la valentía de, a los 10 meses de la publicación de la renuncia de sus tres amigos al partido (en el penúltimo, el número 23 de *Golos*), reprochar a los tres señores su «ligereza»…

Pero he aquí que la rueda de la «historia» (la historia del liquidacionismo) ha dado una vuelta más. Una serie de circunstancias – principalmente, la resistencia al liquidacionismo por parte de algunos grupos socialdemócratas que actúan en la arena abierta – indujo a los señores Potrésov, Levitski, Mijaíl, Román y Cía. a moderar sus ímpetus y a aproximarse a la «sabia» y más prudente «táctica» de borrar huellas *à la* Dan y Mártov. Esto hizo posible la aparición – ¡un año después! – de un «desmentido» del documento antes citado.

No hay ni que decir que el «desmentido» aparecido en *Golos* (bajo el altisonante título «Una leyenda destruida») es falso de arriba abajo. Resulta que los tres mencionados renegados «oficialmente» se negaron a ingresar en el CC o a participar siquiera en una reunión para la cooptación únicamente «por motivos personales». Y sólo «después, en una conversación privada (bueno, completamente “privada”) compartieron con él (es decir, con el representante del CC{81}) una serie de consideraciones (ya de carácter político) que nos (es decir, a Román, Mijaíl y Yuri) obligan a reaccionar negativamente a la propuesta que se nos hizo».

Así pues, punto 1 del «desmentido»: la declaración a la que se remitía el Órgano Central fue hecha sólo «en una conversación privada», después de haberse quitado el uniforme oficial. ¿Verdad que esta «circunstancia atenuante» cambia radicalmente las cosas?...

Pero ¿qué dijeron los señores Mijaíl, Román y Yuri, según sus propias palabras, en esa «conversación privada»? No dijeron que las decisiones del CC fueran nocivas; ellos, mire usted, sólo se permitieron observar que «la vía dictada por el Pleno no fortalece, sino que debilita la posición del CC», que la utilización de las posibilidades legales que el CC recomendaba al partido «se reducía y se reduce a la destrucción de las organizaciones obreras legales», que ya el primer paso dado por el CC en ese camino (la publicación de la resolución sobre la conferencia del partido) «sirvió de cobertura al gobierno» para destruir organizaciones obreras. ¿Verdad que esto no es en absoluto lo mismo que la afirmación del representante del CC, según el cual los tres liquidadores de entre los candidatos londinenses «consideran la injerencia del CC en el proceso espontáneo de agrupamiento de las fuerzas socialdemócratas en las organizaciones legales semejante a arrancar el feto del vientre materno en el segundo mes de embarazo»? ¡Vaya «desmentido», no hay más que decir!

Además, ellos en absoluto dijeron que la existencia del CC fuera nociva, ¡Dios nos libre! Sólo – de manera absolutamente «privada», por supuesto – expresaron la opinión de que sería mucho mejor si en lugar del CC existiera un «grupo de iniciativa» al que «nadie le pidiera el pasaporte» (es decir, el pasaporte del partido), como en su día nadie se lo pidió (es decir, el «pasaporte») al grupo de *Iskra* y *Zariá*[19] {82}.

La acusación principal ha sido «desmentida» por Mijaíl, Román y Yuri casi con tanto éxito como hace poco «desmintió» su colega Ígorev las acusaciones de conspiración contra el CC y el partido que le fueron formuladas por los camaradas mencheviques del partido, Plejánov y A. Moskovski… Hace falta, mire usted, no el CC, sino un «grupo de iniciativa» como el «grupo de *Iskra* y *Zariá*». Pues bien, naturalmente, el grupo de *Iskra* y *Zariá* era un grupo revolucionario socialdemócrata, mientras que los señores Mijaíl, Román y Yuri necesitan un grupo de iniciativa liquidacionista. Pero ahora no se trata de eso. Se trata de que los tres aliados de Mártov y Dan – según sus propias palabras – proponían sustituir el CC por un grupo de iniciativa privado, al que nadie pudiera pedirle el despreciable «pasaporte» y que en materia de «liquidación» fuera completamente dueño de sus actos. ¡«Lo han desmentido»!...

Uno de los «clavos» del «desmentido» de Román, Mijaíl y Yuri es también el relato de que el representante del CC, al invitarlos a asistir «por lo menos a una reunión» del colegio, los tentaba diciendo que él (es decir, el representante del CC) y otros «bolcheviques rusos» estaban llenos del deseo de «emanciparse de la influencia dirigente del círculo leninista». Esta declaración del bolchevique ruso, transcrita por los tres liquidadores, es saboreada especialmente por la redacción de *Golos*, esperando con ello justificar a alguien o algo. No obstante, los señores «golosistas» se han enredado de manera evidente y hablan contra sí mismos. ¡Pero, por favor, honorables redactores de *Golos*! Supongamos que el bolchevique que se presentó ante sus amigos en nombre del CC era un adversario de lo que ustedes llaman el «círculo leninista». Tanto peor para ustedes. Pues, justamente, ese mismo bolchevique fue el que escribió la carta sobre la renuncia al partido de sus tres amigos, carta que publicamos en el nº 12 del Órgano Central. Si ese bolchevique no es partidario de lo que ustedes denominan «círculo leninista», tanto más imparcial debe ser a sus ojos su testimonio. Supongamos que los miembros del CC que los invitaban eran adversarios del «círculo leninista»[20]; tanto mayor debería ser, desde su propio punto de vista, la culpa de los tres liquidadores que no quisieron entrar en el CC incluso en condiciones tan favorables para ellos. ¿Qué les ha pasado a los señores «golosistas»? Generalmente borran las huellas… con más destreza. ¡Les ha salido completamente redondo, señores! Más tonto aún que los «desmentidos» de la «Oficina de Información» stolipiniana.

No han tenido suerte con su «desmentido», señores «golosistas», al igual que no la tuvieron con sus últimas hojitas «conciliadoras». Han querido «demostrar demasiado»: demostrar que todos los socialdemócratas son partidarios del partido, y por eso no han demostrado nada. Reflexionen sólo un poquito: ayer sacaban una hojita de los 58 (¿cuántos de esos 58 son hipócritas y cuántos tontos engañados?), en la que presentan a sus adversarios (el «círculo leninista») como monstruos de monstruos, una «banda», etc., etc. Y al día siguiente, ustedes mismos (la redacción de *Golos*) sacan una hojita con un «programa de reformas» en la que declaran: todo irá estupendamente si a nosotros (es decir, a los golosistas) nos dan igualdad, en todas las instituciones centrales del partido, con esos monstruos, con personas que han cometido una serie de «crímenes», etc., etc. ¿Cuándo actúan ustedes «por el bien del partido» y cuándo se esfuerzan en beneficio propio, señores? ¿En el primer caso o en el segundo? De estas… perfumadas hojitas de *Golos*, así como de sus suplementos, en los que «todo vale», incluso los otzovistas ginebrinos que se llaman a sí mismos «círculo ideológico de bolcheviques», no valdría la pena hacer mención si no arrojaran una luz tan brillante sobre toda la política de los golosistas…

¡Esfuércense, señores «destructores de leyendas», esfuércense! Una leyenda nos ayudan ustedes realmente a destruir: la leyenda de que les queda a ustedes todavía algo en común con la socialdemocracia revolucionaria.

*Sotsial-Demokrat* nº 21–22, 19 de marzo (1 de abril) de 1911.

Se imprime según el texto del periódico *Sotsial-Demokrat*.