En el artículo anterior (Zvezdá n.º 34) hablamos del papel de los electores obreros en la campaña electoral[9]. La conclusión de nuestras reflexiones fue que la tarea principal de la democracia obrera es doble: la cohesión de la clase de los trabajadores asalariados y el desarrollo de su conciencia, de la comprensión de sus grandes objetivos históricos, y, a continuación, la organización de la democracia.

Pasemos al análisis de la cuestión de la democracia no proletaria, es decir, burguesa. ¿Cuál es su principal base de clase en Rusia? ¿Cuáles son sus peculiaridades? ¿Sus tareas inmediatas? ¿Cuál es su papel en las elecciones?

La principal base de clase de la democracia burguesa en Rusia es el campesinado. La situación de su enorme masa es tan penosa, la opresión del latifundismo terrateniente sobre él es tan fuerte, las condiciones económicas son tan desesperadamente malas, la falta de derechos es tan inusitadamente grande, que los ánimos y aspiraciones democráticas surgen en este medio con una inevitabilidad imperceptible y espontánea. La salida de esta situación que se perfila para la burguesía liberal (con el partido kadete a la cabeza), a saber: el reparto del poder con los Purishkévich, el dominio conjunto de los Purishkévich y los Guchkov (o los Miliukov) sobre las masas, esta salida no puede existir para los millones de campesinos. He aquí precisamente por qué la situación de clase del campesinado, por un lado, y de la gran burguesía, por el otro, engendra inevitablemente una profunda diferencia entre el democratismo y el liberalismo.

Por lo general, no existe una plena definición de una y otra tendencia política, ni una plena conciencia de ellas, pero la inclinación del campesinado hacia el democratismo, y de la burguesía hacia el liberalismo monárquico es un hecho demostrado de manera definitiva por la primera década del siglo XX en Rusia, tan rica en acontecimientos. No solo en el movimiento de liberación de 1905, no solo en aquellas primeras Dumas, la masa campesina se mostró democrática, sino que incluso en la Duma señorial, la III Duma, cuarenta y tres diputados campesinos, entre ellos los derechistas y los sin partido, presentaron un proyecto agrario más democrático que el kadete.

En general, la cuestión agraria es la cuestión principal del campesinado ruso contemporáneo. En la Rusia europea, menos de 30.000 terratenientes poseen 70 millones de desiatinas de tierra, y casi la misma cantidad se concentra en 10 millones de los hogares campesinos más pobres. Por un lado, un promedio de 2.300 desiatinas por explotación; por el otro, siete. El resultado económico, en el nivel dado de desarrollo histórico de Rusia, no podía ser otro que la más amplia difusión de todo tipo de formas de explotación «por prestación personal», es decir, de supervivencias de la antigua barshchina. La servidumbre por deudas del campesino, la miseria, como hace tiempo no se ve en ningún lugar de Europa, y las hambrunas medievales: he aquí las consecuencias de ello.

La burguesía kadete quiere resolver la cuestión agraria por la vía liberal, conservando la propiedad terrateniente, rescatando una parte de las tierras según una «valoración justa», otorgando la preponderancia a los terratenientes sobre los campesinos en las instituciones que implementen la «reforma». Los campesinos no pueden dejar de inclinarse hacia una solución democrática de la cuestión agraria. Esta solución democrática no afecta en lo más mínimo, y no puede afectar —incluso con el traspaso total de toda la tierra al campesinado sin rescate—, a las bases de la sociedad capitalista, al poder del dinero, a la producción mercantil, al dominio del mercado. A los campesinos la cuestión se les presenta, en su mayor parte, de manera bastante confusa, y los populistas han creado toda una ideología, toda una doctrina, que presenta esta confusión como algo «socialista», cuando en realidad no hay nada de socialista ni siquiera en la más radical de las revoluciones agrarias.

Pero cuanto más amplio y fuerte se vuelve el movimiento campesino, menor es en la práctica la importancia de esta confusión, y más resalta el contenido real, democrático, de las aspiraciones y reivindicaciones campesinas en materia de tierras. En esta esfera, y aún más en la esfera de las cuestiones políticas, es de suma importancia el papel de la democracia obrera, su lucha contra la subordinación de los campesinos a la dirección liberal. No será una exageración decir que todos los éxitos de la democracia rusa en general —tanto en el pasado como en el futuro— están indisolublemente ligados al traspaso de la dirección política del campesinado de los liberales a la democracia obrera. Sin dicho traspaso, no es posible ningún éxito medianamente serio de la democracia en Rusia.

La ley electoral del 3 de junio de 1907, como se sabe, fue la que más «arruinó» los derechos electorales precisamente de los campesinos. Basta recordar que esta ley aumentó el número de electores de los terratenientes de 1.952 a 2.594, es decir, en un 32,9%, y redujo el número de electores de los campesinos y cosacos en más de la mitad: de 2.659 a 1.168, es decir, en un 56,1%. Además, según la ley del 3 de junio, los diputados a la Duma por la curia campesina (denominación oficial: «de los congresos de delegados de los vólosts») no son elegidos únicamente por los electores campesinos, como antes, sino por todo el conjunto de las asambleas electorales provinciales, es decir, por la mayoría de terratenientes y grandes capitalistas.

En este orden de cosas, los demócratas campesinos (trudoviques) pueden asegurarse escaños en la Duma solo con la condición de que todos los electores campesinos, sin excepción, sean trudoviques. Entonces los terratenientes derechistas se verán obligados a hacer pasar a los trudoviques por la curia campesina, de manera similar a cómo se vieron obligados a hacer pasar a los socialdemócratas por la curia obrera. Pero, desde luego, la cohesión, la organización, la conciencia de los campesinos son mucho menores que las de los obreros. En este ámbito queda aún un rincón apenas desbrozado de una labor seria y gratificante de educación política. Precisamente a este ámbito debe dirigirse la atención principal de todos los demócratas y de todos los marxistas que «van a otras clases de la población»[10], y no al ámbito de los guiños y los coqueteos con los liberales contrarrevolucionarios (kadetes), ámbito predilecto de los liquidadores de Náshaya Zariá y similares.

Ya señalamos la vez pasada que la curia campesina en las elecciones a la III Duma resultó ser la más democrática de las curias no proletarias. Por la curia campesina pasaron a la III Duma 26 diputados de la oposición de un total de 53, es decir, el 49%, mientras que por la curia urbana de segunda categoría (por el «2º congreso de electores urbanos») solo pasaron 12 de 28, es decir, el 43%. De demócratas pasaron a la III Duma por la curia campesina 5 de 53, es decir, el 10%, y por la curia urbana de segunda categoría, 2 de 28, es decir, el 7%.

Es interesante examinar de cuántas provincias y con qué composición de diputados en toda la provincia pasaron a la III Duma los representantes de la oposición por la curia campesina. De las 53 provincias que envían a la Duma un diputado obligatorio por la curia campesina, 23 enviaron por ella a derechistas (incluidos octubristas); a continuación, 17 provincias dieron liberales (k.-d., progresistas y musulmanes) y solo cinco provincias dieron demócratas (trudoviques). De 8 provincias pasaron campesinos sin partido.

Examinando el asunto más de cerca, vemos que ninguna provincia con predominio de diputados derechistas dejó pasar a la III Duma ni un solo demócrata por la curia campesina. Los demócratas (trudoviques) pasaron exclusivamente por provincias en las que no hay ni un solo diputado derechista. Estas cinco provincias —Arjánguelsk, Viatka, Perm, Stávropol y Tomsk— dieron en total a la III Duma 15 liberales, 8 trudoviques y 3 socialdemócratas. Difícilmente se puede dudar de que, con una mayor conciencia y organización de los campesinos y los obreros en estas provincias, se habría logrado aumentar el número de demócratas a costa de los liberales.

Aquí será oportuno, tal vez, señalar que en total contamos 24 provincias con predominio de diputados de la oposición en la III Duma sobre los derechistas; en 18 provincias de estas 24 pasaron a la Duma exclusivamente diputados de la oposición. Estas 24 provincias enviaron a la Duma 9 diputados derechistas, 2 sin partido, 55 liberales, 14 trudoviques y 8 socialdemócratas. El campo, como ve el lector, es bastante amplio para aumentar el número de diputados democráticos a costa de los liberales y, en general, para arrancar a la pequeña burguesía y al campesinado de la influencia de los liberales.

No carece de interés señalar, además, que de las 17 provincias que dieron a la Duma liberales por la curia campesina, en diez provincias los diputados derechistas predominan sobre los de la oposición. Cabe suponer que entre los electores campesinos de estas provincias, por regla general, no había en absoluto derechistas, pues de lo contrario los habría elegido la mayoría derechista de las asambleas electorales provinciales...

Las tareas de la democracia obrera con respecto al campesinado en las elecciones son claras. Hay que llevar una prédica puramente de clase al seno del campesinado que se proletariza. Hay que ayudar a la cohesión de los campesinos en las elecciones, para que, incluso sobre la base de la ley electoral del 3 de junio, puedan crear su propia representación —lo más sólida posible— en la IV Duma, a despecho de los obstáculos tanto por parte de los partidarios del viejo régimen como por parte de los liberales. Hay que aspirar a consolidar la hegemonía de la democracia obrera y explicar todo el daño de las vacilaciones de la democracia campesina hacia el liberalismo.