(Sobre el Sr. Potrésov y V. Bazárov)

Hay intervenciones literarias cuyo significado íntegro consiste en su carácter herostratiano. La obra literaria más mediocre, como, por ejemplo, las conocidas "Premisas" de Ed. Bernstein, adquiere una relevancia política excepcional, se convierte en un manifiesto de una corriente intramarxista que se aparta del marxismo en toda la línea. Una significación igualmente excepcional, por su carácter herostratiano, tiene sin duda el artículo del Sr. Potrésov sobre trivialidades en el número de febrero de "Nuestra Zariá" del año pasado, y la réplica de V. Bazárov en el número de abril de "Nuestra Zariá". Por supuesto, las cuestiones abordadas en estos artículos no son ni de lejos tan profundas, tan amplias, no tienen la trascendencia internacional de las cuestiones planteadas (más exactamente: puestas en primer plano a remolque de la burguesía) por Bernstein, pero para nosotros, los rusos, en el período de 1908-1909-1910... ¿? años, son cuestiones de una importancia colosal, cardinal. Por eso los artículos del Sr. Potrésov y V. Bazárov no han envejecido, y es necesario, obligatorio hablar de ellos.

## I

El amante de palabras artificiales, rebuscadas y forzadas que es el Sr. Potrésov dedica su artículo al "drama contemporáneo de nuestras corrientes sociopolíticas". En realidad, no señaló ni podía señalar absolutamente nada dramático en aquella evolución postrevolucionaria del liberalismo, el populismo y el marxismo de la que se propuso hablar. En cambio, lo cómico abunda en las disertaciones del Sr. Potrésov.

"Precisamente el liberalismo —escribe el Sr. Potrésov—, como corriente ideológica, ofrece un cuadro de grandísima descomposición y grandísima impotencia. Tomemos, por ejemplo, esa grieta que se profundiza entre el liberalismo práctico y el liberalismo teorizante", entre el "empirismo" de "Rech" de Miliukov y las teorías de los vejistas.

—¡Basta ya, apreciadísimo señor! La grieta que se profundiza ha surgido entre lo que usted y semejantes semiliberales decían y pensaban sobre los kadetes en 1905-1906-1907 y lo que se ven obligados a reconocer, enredándose y contradiciéndose, en 1909-1910. La contradicción entre el "empirismo" de los prácticos liberales y las teorías de los señores à la Struve se manifestó con toda claridad incluso antes de 1905: recuerde usted cómo fracasaba literalmente en cada uno de sus intentos de "teorizar" el entonces "Osvobozhdenie". Si ahora usted empieza a cavilar que el liberalismo "resultó" supuestamente "desgarrado" (esto es otra y otra vez un circunloquio verbal, una frase hueca, pues los vejistas precisamente no rompieron con "Rech", y viceversa, sino que convivieron, conviven y convivirán perfectamente), "estéril", "suspendido en el aire", que es tan sólo la "parte menos estable" (¡sic!) "de la democracia burguesa", "un buen elector" y demás, sus gritos sobre el "drama" del liberalismo no significan sino la tragicomedia del fracaso de sus ilusiones. El liberalismo "resultó" ser la parte menos estable de la democracia burguesa justamente no en el presente, no en el trienio 1908-1910, sino precisamente en el trienio anterior. "Menos estables" son esos cuasisocialistas que le ofrecen al público la mostaza después de la cena. El rasgo distintivo del trienio precedente, en la cuestión que analiza el Sr. Potrésov, es el liberalismo "suspendido en el aire", el "estéril" "elector", etc. Entonces, el reconocimiento de tal carácter del liberalismo era una tarea política del día, la advertencia a las masas era una obligación perentoria no sólo de los socialistas, sino también de los demócratas consecuentes. En marzo de 1906, y no en febrero de 1910, era importante la advertencia de que el liberalismo kadete está suspendido en el aire, de que es estéril, de que las condiciones objetivas reducen a la nulidad, a la comedia, a los "buenos electores", de que las victorias kadetes son un zigzag inestable entre el constitucionalismo "serio" (léase: supuestamente constitucionalismo) de los Shípov o los Guchkov y la lucha por la democracia de aquellos elementos que no están suspendidos en el aire y no se limitan a la enamorada contemplación de las papeletas electorales. Recuerde usted, apreciadísimo, ¿quién dijo esta verdad sobre los liberales a tiempo, en marzo de 1906?

El rasgo distintivo, la peculiaridad de nuestro trienio (1908-1910) no es en absoluto la "esterilidad" del liberalismo "suspendido en el aire", etc. Al contrario. En la impotencia de clase del liberalismo, en su miedo a la democracia, en su miseria política nada ha cambiado, pero esta impotencia alcanzó su apogeo precisamente cuando existían posibilidades de mostrar fuerza, cuando estaban presentes las condiciones que daban a los liberales un predominio total en una determinada arena de acción, al menos. He aquí, cuando los kadetes tenían la mayoría en la I Duma, por ejemplo, entonces podían utilizar esa mayoría para servir a la democracia y para frenar la causa de la democracia, para contribuir a la democracia (aunque fuera en una pequeña causa, digamos, en la organización de los comités locales de tierras) y para asestar golpes por la espalda a la democracia. He aquí que para este período es característico que los kadetes "estuvieran suspendidos en el aire", que el "buen elector" resultara ser un redactor de instrucciones para la futura Duma octubrista, y nada más.

En el trienio siguiente, sin embargo, los kadetes, siendo lo que son, lo que siempre han sido, están menos "suspendidos en el aire" que antes. Usted se parece, Sr. Potrésov, exactamente a aquel héroe de la épica popular que proclama sus deseos y sus opiniones no del todo a tiempo. Los vejistas de 1909 están menos "suspendidos en el aire" que Múromtsev en 1906, porque los vejistas prestan un serio servicio, un servicio práctico a una clase que tiene una gran fuerza en la economía nacional de Rusia, precisamente a los terratenientes y capitalistas. Los vejistas ayudan a estos honorables señores a reunir un arsenal de armas para la lucha ideológico-política contra la democracia y el socialismo: esta es una labor que no puede ser destruida por ninguna disolución de la Duma, por ninguna agitación política en general sobre un terreno socioeconómico dado. Mientras exista la clase de los terratenientes-latifundistas y capitalistas, existirán también sus dependientes publicistas: Izgóiev, Struve, Frank y Cía. En cambio, la "causa" de los Múromtsev y de los kadetes de la primera Duma en general pudo ser "destruida" (pues no tenían causa alguna, sino palabras que corrompían al pueblo, en vez de servirle) por la disolución de la Duma.

Los kadetes en la tercera Duma son el mismo partido, con la misma ideología, con la misma política, en grado significativo con la misma composición personal que en la primera Duma. Y precisamente por eso los kadetes en la tercera Duma están mucho menos "suspendidos en el aire" que en la primera. ¿Usted no comprende esto, estimado Sr. Potrésov? ¡En vano se ha puesto usted a disertar sobre "el drama contemporáneo de nuestras corrientes sociopolíticas"! Incluso le diré en secreto que en adelante, durante un tiempo probablemente bastante considerable, la actividad política de los kadetes no será "estéril", no sólo gracias a la reaccionaria "alta fecundidad" de los vejistas, sino también gracias a que, mientras haya carpas en la democracia política, habrá de qué vivir para los lucios del liberalismo. Mientras exista tal inestabilidad en el socialismo, tal flojera en la democracia como la que ilustran muy gráficamente figuras à la Potrésov, el arte de los "empíricos" del liberalismo siempre bastará para pescar a estos carpas. ¡No se apenen, kadetes: tienen de qué vivir mientras vivan los Potrésov!

## II

Al hablar del populismo, el Sr. Potrésov ata aún menos los cabos. A los kadetes los llama "ex demócratas" e incluso "ex liberales". Del campesinado dice: "el campesinado que ha entrado en la vida política (según la opinión del Sr. Potrésov, aún no ha entrado en esa vida) comenzaría un capítulo completamente nuevo de historia: la historia de la democracia campesina, y con ello pondría una cruz sobre la vieja democracia, la intelectual, la populista".

Así pues, los kadetes son ex demócratas, y el campesinado, futuros demócratas. ¿Y los presentes? ¿Acaso no hubo democracia, democracia de masas en la Rusia de 1905-1907? ¿no la hay en la Rusia de 1908-1910? El presente está escondido por Potrésov mediante diversas frases "tangenciales" que soslayan la esencia del problema, pues el reconocimiento directo y simple del presente indudable golpea en pleno rostro a toda la filosofía liquidadora de los Sres. Potrésov. Este reconocimiento simple y directo del hecho histórico ahora plenamente indiscutible consiste en que los kadetes nunca representaron en Rusia a una democracia de masas en alguna medida, nunca llevaron a cabo una política democrática, mientras que el campesinado —ese mismo "campesinado multimillonario" del que también habla el Sr. Potrésov— representó y representa a esa democracia burguesa (con todas las limitaciones de la democracia burguesa). El Sr. Potrésov escabulle el bulto en esta cuestión fundamental para salvar precisamente la filosofía liquidadora. ¡No la salvará!

Al intentar sortear el pasado y el presente de la democracia campesina, el Sr. Potrésov vuelve a meter la pata al hablar confiadamente del futuro. ¡Otra vez ha llegado tarde, apreciadísimo! Usted mismo habla de las "posibles consecuencias de la ley del 9 de noviembre"; por lo tanto, usted mismo reconoce la posibilidad (por supuesto, puramente abstracta) de su éxito. Pero, en caso de tal éxito, el "nuevo capítulo de la historia" puede ser un capítulo no sólo de la historia de la democracia campesina, sino también de la historia de los agrarios campesinos.

El desarrollo de la economía campesina en Rusia, y por consiguiente, de la propiedad campesina de la tierra y de la política campesina, no puede marchar sino de manera capitalista. El programa agrario populista, en su esencia, en la forma, por ejemplo, de la conocida plataforma de los 104 (I y II Duma), no sólo no contradice este desarrollo capitalista, sino que, al contrario, significa la creación de condiciones para el desarrollo capitalista más amplio y más rápido. El programa agrario actual significa, por el contrario, el desarrollo capitalista más lento, más estrecho, más cargado de vestigios feudales. Las condiciones objetivas, histórico-económicas, no han decidido aún cuál de estos programas determinará en última instancia la forma de las relaciones agrarias burguesas de la nueva Rusia.

Tales son los simples hechos que los representantes del liquidacionismo se ven obligados a embrollar.

"Inalterable en medio de todos los cambios —escribe el Sr. Potrésov sobre los cambios en la democracia intelectual y populista— ha quedado una cosa: el campesinado concreto no ha aportado hasta ahora (!) su correctivo a la ideología intelectual sobre un forro campesino".

Esta es una frase puramente vejista y completamente mendaz. En 1905, en la abierta escena histórica estuvo el más "concreto" y más común, masivo campesinado, que aportó toda una serie de "correctivos" a la "ideología intelectual" de los populistas y de los partidos populistas. No todos estos correctivos fueron comprendidos por los populistas, pero el campesinado los aportó. En 1906 y 1907, el más "concreto" campesinado creó los grupos laboristas y el proyecto de los 104, aportando con ello una serie de correctivos, en parte señalados incluso por los populistas. Es universalmente reconocido, por ejemplo, que el campesinado "concreto" reveló sus aspiraciones de propietario y, en lugar de la "comuna", aprobó la propiedad de la tierra personal y en asociación.

Los vejistas, al depurar al liberalismo de la democracia y convertirlo sistemáticamente en servidor del saco de dinero, cumplen correctamente su misión histórica cuando declaran que el movimiento de 1905-1907 es un movimiento intelectual y aseguran que el campesinado concreto no aportó su correctivo a la ideología intelectual. La tragicomedia del liquidacionismo consiste precisamente en que no se da cuenta de cómo sus afirmaciones se han convertido en un simple refrito de las ideas de los vejistas.

## III

Esta conversión se hace aún más evidente cuando el Sr. Potrésov pasa a las disertaciones sobre el marxismo. La intelectualidad —escribe— "eclipsaba... con su construcción partidario-circular al proletariado". Usted no podrá negar el hecho de que, en la más amplia circulación, tanto a través de "Vejí" como a través de toda la prensa liberal, esta idea ha sido lanzada por la burguesía, utilizada por ella contra el proletariado. Axelrod escribía en el mismo folletín en el que planteaba esta idea sobre la "historia traviesa" que podría deparar a la democracia burguesa un jefe salido de la escuela del marxismo. ¡La historia traviesa se aprovechó del hoyo que Axelrod amenazaba amablemente con cavar para los bolcheviques, para colocar en ese hoyo al propio Axelrod!

Si se recurre a los hechos históricos objetivos, todos ellos, toda la época de 1905-1907, incluso, por ejemplo, las elecciones a la II Duma (si tomamos como ejemplo un hecho no de los más grandes, pero sí de los más simples), demostraron de manera irrevocable que la "construcción partidario-circular" no "eclipsaba" al proletario, sino que se transformó directamente en construcción partidaria y sindical de las amplias masas del proletariado.

Pero pasemos a lo principal, al "meollo" de la intervención herostratiana del Sr. Potrésov. Él afirma que el pensamiento marxista "se embriaga con el hachís de las trivialidades" —la lucha contra el machismo y la lucha contra el liquidacionismo—, "debatendo sobre todo, sobre lo que sea, menos sobre lo que es el nervio de una corriente sociopolítica como la marxista, menos sobre las cuestiones de economía y las cuestiones de política". ¡Cuántas son estas cuestiones!, exclama el Sr. Potrésov. "¿Cómo marcha el desarrollo económico de Rusia, qué desplazamientos de fuerzas produce bajo la sordina de la reacción, qué ocurre en el campo y en la ciudad, qué cambios aporta este desarrollo en la composición social de la clase obrera de Rusia, etc., etc.? ¿Dónde están las respuestas o el inicio de una respuesta a estas cuestiones, dónde está la escuela económica del marxismo ruso?"

La respuesta, y en todo caso el inicio de una respuesta, la ha dado precisamente la "jerarquía" cuya existencia niega maliciosa e hipócritamente el Sr. Potrésov. El desarrollo del régimen estatal ruso en los últimos tres siglos nos muestra que éste ha ido cambiando su carácter de clase en una determinada dirección. La monarquía del siglo XVII con la Duma de boyardos no se parece a la monarquía burocrático-nobiliaria del siglo XVIII. La monarquía de la primera mitad del siglo XIX no es lo mismo que la monarquía de 1861-1904. En 1908-1910 se ha perfilado nítidamente una nueva fase que señala un paso más en la misma dirección, que puede calificarse como la dirección hacia la monarquía burguesa. En estrecha vinculación con este paso están tanto la III Duma como nuestra actual política agraria. La nueva fase, por lo tanto, no es una casualidad, sino una etapa peculiar en la evolución capitalista del país. Sin resolver los viejos problemas, sin poder resolverlos, y por consiguiente, sin eliminarlos, esta nueva fase exige la aplicación de nuevos métodos de preparación para la vieja solución de los viejos problemas. En esto reside la peculiaridad de esta fase nada alegre, gris, penosa, pero que ha resultado inevitable. De esta peculiaridad de sus rasgos económicos y políticos se deriva la peculiaridad de las agrupaciones ideológicas dentro del marxismo. Quienes reconocen los nuevos métodos de preparación para la vieja solución de los viejos problemas se aproximan en un terreno práctico común, en la tarea común del período dado, aunque los siga dividiendo la cuestión de cómo, durante el período anterior, debió aplicarse en tal o cual momento o impulsarse la vieja solución. Quienes niegan (o no comprenden) los nuevos métodos de preparación, o el hecho de que tenemos ante nosotros los viejos problemas, que marchamos hacia su vieja solución, esos abandonan de hecho el terreno del marxismo, esos resultan de hecho prisioneros de los liberales (como Potrésov, Levitski, etc.) o de los idealistas y sindicalistas (como V. Bazárov y otros).

Estando prisioneros de gente ajena e ideas ajenas, tanto Potrésov como Bazárov, junto con sus correligionarios, inevitablemente se enredan y caen en la situación más cómica, más falsa. El Sr. Potrésov, golpeándose el pecho, grita: "¡¿dónde está ese inicio y cuál es esa respuesta?!". Mártov, conociendo igualmente bien esta respuesta, intenta convencer al público de que esta respuesta reconoce "a la burguesía en el poder": ¡recurso habitual de los liberales para aprovechar el silencio temporal forzado del adversario! Y, con aire ofendido, se nos pregunta a este respecto: ¿qué es el liquidacionismo? Pues bien, justamente este recurso, respetabilísimos señores, cuando personas que pretenden pertenecer al "todo", aprovechando su debilitamiento, aseguran al público que "no hay respuesta" (mientras que la "respuesta" ha sido dada precisamente por el "todo"), es ya uno de los recursos del liquidacionismo (si no del renegadismo).

El liquidacionismo es "un fantasma en una imaginación enferma", escribe el Sr. Potrésov, porque no se puede liquidar lo "que ya no es susceptible de liquidación, lo que en realidad ya no existe como un todo organizado".

Me veo privado de la posibilidad de transmitir plenamente al lector mi punto de vista sobre estas líneas; para transmitirlo aproximadamente, preguntaré al lector: ¿cómo se llama a un hombre cuyos correligionarios y colegas más cercanos aceptan propuestas del "todo" (precisamente como "todo") que les son ventajosas, y que al día siguiente declara en la prensa: el "todo" no existe?

Sobre este punto, punto final.

Surge una cuestión de principio: ¿puede el punto de vista sobre la necesidad de la vieja solución de los viejos problemas cambiar en función del grado de descomposición —incluso, si se quiere, de la desaparición— del "todo"? Todo el mundo comprende que no. Si las condiciones objetivas, si los rasgos económicos y políticos cardinales de la época moderna exigen la vieja solución, entonces, cuanto más fuerte sea la descomposición, cuanto menos quede del "todo", tanto más hay que preocuparse, tanto más ardientemente debe el publicista hablar de la necesidad del "todo". Hay que reconocer los nuevos métodos de preparación, como ya hemos señalado, pero ¿quién debe aplicarlos? Está claro que el "todo". Está claro que las tareas del publicista, para quienes han comprendido el significado del período que vivimos, sus rasgos políticos fundamentales, son diametralmente opuestas a toda la línea de los señores Potrésov. No puede ni hablarse de que alguien se atreva a negar seriamente la conexión de la "respuesta" por mí expuesta más arriba (a la cuestión de la economía y la política del momento actual) con el antiliquidacionismo.

Del planteamiento de principio general de la cuestión pasemos al histórico-concreto. En el período de 1908-1910 se perfiló plenamente la corriente en el marxismo que predica la necesidad de la vieja solución, que mantiene la línea correspondiente. También se perfiló otra corriente que, durante estos tres años, se opuso al reconocimiento de la "vieja solución" y a la creación de las viejas formas fundamentales del todo. Negar este hecho es ridículo. Y también se perfiló una tercera corriente, que durante estos tres años no comprendió las nuevas formas de preparación, la importancia de la actividad dentro de la III Duma, etc. Tales personas convirtieron el reconocimiento de la vieja solución en una frase, aprendida de memoria pero no comprendida, repetida por costumbre, pero no aplicada de manera consciente y meditada a la situación cambiada (cambiada aunque sea en la esfera del trabajo en la Duma, pero, por supuesto, no sólo en esta esfera).

La conexión del liquidacionismo con el estado de ánimo filisteo general de "cansancio" es evidente. Los "cansados" (especialmente los cansados de no hacer nada) no se preocupan de elaborar una respuesta precisa a la cuestión de la valoración económica y política del momento actual; todos ellos están en desacuerdo con la valoración dada más arriba y formalmente reconocida como común, como valoración en nombre del todo, pero todos temen siquiera pensar en contraponer su valoración precisa, aunque sea la valoración de los colaboradores de la liquidacionista "Nuestra Zariá", "Zhizn", etc. Los "cansados" repiten: no existe lo viejo, lo viejo es inviable, se ha muerto, etc., etc., pero no se proponen tomarse la molestia de dar una respuesta puramente política, una respuesta formulada con precisión, a la pregunta obligatoria (obligatoria para todo publicista honesto): ¿qué es precisamente lo que hay que hacer en lugar de lo viejo? ¿Hay que restaurar lo "no susceptible (supuestamente) de liquidación como ya liquidado" (según Potrésov)? Durante tres años han estado insultando lo viejo, denigrándolo, especialmente desde tablados a los que se prohíbe el acceso a los defensores de lo viejo, y, abrazándose tiernamente con los Izgóiev, exclaman: ¡qué trivialidades, qué fantasma esos discursos sobre el liquidacionismo!

De tales "cansados", del Sr. Potrésov y Cía., no se puede repetir el conocido verso: "ellos no traicionaron, se cansaron de llevar su cruz; el espíritu de ira y de aflicción los abandonó a mitad de camino".

Tales "cansados", que suben a la tribuna del publicista y desde ella justifican su "cansancio" de lo viejo, su falta de deseo de trabajar en lo viejo, son precisamente personas que no sólo se han "cansado", sino que también han traicionado.

## IV

Entre las "trivialidades", el Sr. Potrésov también ha incluido la lucha filosófica de los materialistas, de los marxistas, contra los machistas, es decir, contra los idealistas. El Sr. Potrésov está profundamente indignado por la "bacanal ('amigo mío, Arkadi Nikoláevich, ¡no hable usted en bonito!') de este filosofar" y, nombrando a este respecto al materialista Plejánov y a mí, nos caracteriza como "políticos de ayer". Me he reído largo tiempo de esta expresión. En verdad, la jactancia es aquí tan evidente y tan divertida que a nuestra liebre habría que darle un pedacito de oreja de oso. ¡Plejánov y otros son "políticos de ayer"! El político de hoy, evidentemente, es Potrésov y sus "gallardos". Bonito y franco.

Cuando Arkadi Nikoláevich logra, como excepción, decir una palabra sin rodeos ni remilgos, él mismo se derrota a sí mismo de manera magnífica. Esfuércese un poco, Arkadi Nikoláevich, intente pensar: usted niega el liquidacionismo como una tendencia política que distingue al menchevismo tardío del bolchevismo, y a Potrésov y Cía. de Plejánov y los bolcheviques juntos. Y al lado de esta negación, usted llama a Plejánov y al susodicho "políticos de ayer". Vea usted qué torpe es: pues nosotros, junto con Plejánov, podemos ser llamados políticos de ayer precisamente en el sentido de que para nosotros la organización de ayer, como forma del movimiento de ayer (en sus bases de ayer), es obligatoria también hoy. A Plejánov y a mí nos han dividido marcadamente, y nos siguen dividiendo, cuestiones sobre qué pasos debía dar en tal o cual momento esta organización de ayer sobre la base de este movimiento de ayer, pero nos une la lucha contra personas que hoy niegan justamente las bases del movimiento de ayer (a lo que se refiere también la cuestión de la hegemonía, que abordaré ahora), justamente las bases de la organización de ayer.

Bueno, Arkadi Nikoláevich, ¿tampoco ahora entiende qué es el liquidacionismo? ¿Sigue pensando que a Plejánov y a mí nos unió algún plan maquiavélico o el rencoroso deseo de sustituir la "superación" del liquidacionismo por la "lucha en dos frentes"?

Pero volvamos a la "bacanal del filosofar".

"Sabemos —escribe el Sr. Potrésov— qué profundo surco abrió en su tiempo en la conciencia de la socialdemocracia alemana la lucha de Engels contra Dühring, y cómo las tesis más abstractas en apariencia tenían en realidad una viva significación concreta para el movimiento de la clase obrera alemana..." ¡Las tesis más abstractas tenían una viva significación concreta! Otra vez una frase y nada más que una frase. ¡Intente explicar, si "usted sabe", qué "viva significación concreta" tuvo la tesis de Engels de que las disquisiciones filosóficas de Dühring sobre el tiempo y el espacio son erróneas! Ese es precisamente su mal: ha aprendido de memoria, como un escolar: "la polémica de Engels con Dühring tuvo una gran importancia", pero no ha meditado lo que esto significa, y por eso repite lo aprendido de memoria en una forma incorrecta, monstruosamente incorrecta. No se puede decir que "las tesis más abstractas (de Engels contra Dühring) tuvieron en realidad una viva significación concreta para el movimiento de la clase obrera alemana". Las tesis más abstractas de Engels tenían la significación de explicar a los ideólogos de la clase obrera en qué consiste el error de las desviaciones del materialismo hacia el positivismo y el idealismo. Ahora bien, si usted hubiera dado una exposición tal, es decir, filosóficamente algo definida, de las ideas de Engels, en lugar de frases sonoras pero huecas sobre el "profundo surco", la "viva significación concreta de las tesis más abstractas", vería de inmediato que la referencia a la polémica de Engels con Dühring habla contra usted.

"...Sabemos —continúa el Sr. Potrésov— el papel que jugó en la historia de la formación del marxismo ruso la lucha contra la sociología subjetiva..."

¿Y no acaso el papel de las doctrinas positivistas e idealistas de Lavrov y Mijáilovski en los errores de la sociología subjetiva? Usted, Arkadi Nikoláevich, cualquier disparo que hace, erra el blanco. Si se quiere establecer un paralelo histórico, hay que destacar e indicar con precisión lo que es semejante en los diferentes acontecimientos, porque de lo contrario, en lugar de una comparación histórica, resultarán palabras arrojadas al viento. Si tomamos el paralelo histórico aducido por usted, hay que preguntar: ¿acaso fue posible la "formación" del marxismo ruso sin el esclarecimiento por Belatov de las bases del materialismo filosófico y de su significado para refutar a Lavrov y Mijáilovski? La respuesta a esta pregunta sólo puede ser una, y esta respuesta —si se saca la conclusión del paralelo histórico aplicándola a la polémica con los machistas— habla contra el Sr. Potrésov.

"...Pero precisamente porque sabemos todo esto" (¡pues claro! ahora hemos visto lo que significa cuando el Sr. Potrésov escribe: "sabemos todo esto"), "queremos que se establezca, por fin, una viva conexión real entre el debate filosófico que nos ocupa y la corriente sociopolítica marxista, sus tareas y exigencias. Pero mientras tanto..." —sigue una referencia a la carta de Kautsky, a que el machismo es Privatsache (asunto privado), que la polémica sobre él es una "fata morgana", etc.

La referencia a Kautsky es un modelo de juicio filisteo. La cuestión no es que Kautsky sea "carente de principios", como chistosamente (a lo Izgóiev) dice el Sr. Potrésov, sino que Kautsky no sabe cómo está la cuestión con el machismo ruso y no presume de saberlo. Kautsky, en su carta, reconoce a Plejánov como conocedor del marxismo, expresa su convicción de que el idealismo es irreconciliable con el marxismo, y la opinión de que el machismo no es idealismo (o: no todo machismo es idealismo). Que Kautsky se equivoca en este último punto, y especialmente en lo que concierne al machismo ruso, es indudable. Su error es perfectamente excusable, pues no ha estudiado el machismo en su conjunto, y escribió una carta privada con la clara intención de prevenir contra la exageración de las discrepancias. Que un escritor marxista ruso se refiera a Kautsky en tales condiciones significa poner de manifiesto una pereza de pensamiento puramente filistea y cobardía en la lucha. Kautsky podía abrigar la esperanza, en 1908, cuando escribió su carta, de que el machismo, en cierta interpretación, era "conciliable" con el materialismo, pero en la Rusia de 1909-1910, remitirse a Kautsky en esta cuestión significa emprender la reconciliación de los machistas rusos con los materialistas. ¿Acaso el Sr. Potrésov u otro cualquiera se proponen esto seriamente?

Kautsky no carece de principios, pero Potrésov y Cía., deseando declarar el machismo como "asunto privado", son un modelo de falta de principios en el marxismo ruso contemporáneo. Kautsky fue completamente sincero, y no tuvo ni pizca de falta de principios, cuando en 1908, sin haber leído a los machistas rusos, les aconsejó buscar la paz con Plejánov, como conocedor del marxismo, como materialista, pues Kautsky siempre se ha pronunciado, y se pronunció en esa misma carta, a favor del materialismo y contra el idealismo. En cambio, en los Sres. Potrésov y Cía., que se escudan detrás de Kautsky en 1909-1910, no hay ni un gramo de sinceridad, ni una gota de respeto por los principios.

¿Usted no ve, Sr. Potrésov, la viva conexión real entre el debate filosófico y la corriente marxista? Permítame entonces, a mí, político de ayer, señalarle respetuosamente al menos las siguientes circunstancias y consideraciones: 1) El debate sobre qué es el materialismo filosófico, por qué son erróneas, peligrosas y reaccionarias las desviaciones del mismo, está siempre vinculado por una "viva conexión real" a la "corriente sociopolítica marxista"; de lo contrario, esta última no sería ni marxista, ni sociopolítica, ni corriente. Sólo los limitados "políticos reales" del reformismo o del anarquismo pueden negar la "realidad" de esta conexión. 2) Dada la riqueza y multilateralidad del contenido ideológico del marxismo, nada tiene de sorprendente que en Rusia, como en otros países, diferentes períodos históricos pongan especialmente de relieve ora un aspecto, ora otro del marxismo. En Alemania, antes de 1848, se puso particularmente de relieve la formación filosófica del marxismo; en 1848, las ideas políticas del marxismo; en los años 50 y 60, la doctrina económica de Marx. En Rusia, antes de la revolución, se puso particularmente de relieve la aplicación de la doctrina económica de Marx a nuestra realidad; durante la revolución, la política marxista; después de la revolución, la filosofía marxista. Esto no significa que sea permisible en ningún momento ignorar uno de los aspectos del marxismo; significa tan sólo que el predominio del interés hacia uno u otro aspecto no depende de deseos subjetivos, sino del conjunto de las condiciones históricas. 3) El período de reacción social y política, el período de "digestión" de las ricas lecciones de la revolución, no es casualmente el tiempo en que las cuestiones teóricas fundamentales, incluidas las filosóficas, pasan a ocupar uno de los primeros planos para toda corriente viva. 4) En las corrientes avanzadas del pensamiento ruso no existe una tradición filosófica tan grande como la que tienen los franceses con los enciclopedistas del siglo XVIII, o los alemanes con la época de la filosofía clásica desde Kant hasta Hegel y Feuerbach. Por eso, el "ajuste de cuentas" filosófico era necesario justamente para la clase avanzada de Rusia, y no tiene nada de extraño que este "ajuste de cuentas" tardío haya llegado después de que esta clase avanzada maduró plenamente durante los recientes grandes acontecimientos para su papel histórico independiente. 5) Este "ajuste de cuentas" filosófico se venía preparando desde hacía tiempo también en otros países del mundo, en la medida en que, por ejemplo, la nueva física planteó una serie de nuevas cuestiones con las que debía "habérselas" el materialismo dialéctico. En este sentido, "nuestro" (según expresión de Potrésov) debate filosófico no tiene sólo un significado conocido, es decir, ruso. Europa dio material para un "refresco" del pensamiento filosófico, y la atrasada Rusia, durante la forzosa calma de 1908-1910, se lanzó con particular "avidez" sobre ese material. 6) Beloúsov calificó recientemente a la III Duma de Duma rezadora. Acertó a captar acertadamente la peculiaridad de clase de la III Duma a este respecto y estigmatizó justamente la mojigatería de los kadetes.

No es casual, sino en virtud de la necesidad, que toda nuestra reacción en general, y la reacción liberal (vejista, kadete) en particular, se hayan "lanzado" sobre la religión. No basta con un palo, con un látigo; el palo, de todos modos, está ya algo roto. Los vejistas ayudan a la burguesía avanzada a procurarse un palo ideológico novísimo, un palo espiritual. El machismo, como variedad del idealismo, es objetivamente un arma de la reacción, un vehículo de la reacción. La lucha contra el machismo "abajo" no es casual, sino inevitable, en un período histórico tal (1908-1910) en que "arriba" vemos no sólo la "Duma rezadora" de los octubristas y los Purishkévich, sino también a los kadetes rezadores, a la burguesía liberal rezadora.

El Sr. Potrésov "hizo la salvedad" de que no toca "por ahora" la "construcción de dios". He aquí lo que distingue al publicista sin principios y filisteo, Potrésov, de Kautsky. Kautsky ni sabía de la construcción de dios de los machistas, ni de los vejistas rezadores, y por eso podía decir que no todo machismo es idealismo. Potrésov lo sabe y, "sin tocar" lo principal (para quien mira de manera estrechamente "publicística", lo principal), hace hipocresía. Al declarar que la lucha contra el machismo es un "asunto privado", el Sr. Potrésov y los suyos se convierten, en sentido "sociopolítico", en cómplices de los vejistas.

## V

Pasando del Sr. Potrésov a Bazárov, debemos señalar ante todo que, al replicar al primero en la cuestión del debate filosófico, hemos respondido con ello también al segundo. Sólo hay que añadir una cosa: la tolerancia de V. Bazárov hacia el Sr. Potrésov, su afán de encontrar en Potrésov una "parte de verdad", es perfectamente comprensible, porque el Sr. Potrésov (como todos los liquidadores), deslindándose verbal y formalmente del machismo, le cede en el fondo lo más esencial. ¡El machismo, como corriente y como grupo con una "plataforma", no se atreve a exigir otra cosa que el reconocimiento de su ruptura con el marxismo como un "asunto privado"! No es casual, por tanto, que Potrésov y Bazárov se guiñen el ojo mutuamente. El grupo de literatos liquidadores y el grupo de literatos machistas son realmente solidarios en defender, en nuestro tiempo de descomposición, la "libertad de descomposición" frente a los partidarios del marxismo, frente a los defensores de las bases teóricas del marxismo. Y esta solidaridad no se limita a las cuestiones filosóficas, como lo demuestra más adelante V. Bazárov con su artículo.

Digo: incluso, porque Bazárov se distinguió siempre precisamente por la actitud más reflexiva hacia los problemas serios de la política. Es necesario mencionarlo para valorar la significación de las increíbles vacilaciones de tal hombre, no sólo para subrayar la utilísima actividad en el pasado de un literato que se ha lanzado por los laureles de Heróstrato.

Es herostratiana, por ejemplo, la declaración de Bazárov: "Uno de los mayores y más triviales malentendidos de nuestros días lo considero la consabida cuestión de la 'hegemonía'". Sobre los machistas de nuestro medio pesa una especie de fatalidad: unos guardan la "libertad de descomposición" declarando que el otzovismo es un matiz legítimo; otros, comprendiendo la estupidez y el perjuicio del otzovismo, tienden directamente la mano a los liquidadores en política. Precisamente los liquidadores, tanto en "Nuestra Zariá", como en "Zhizn", como en "El Movimiento Social", libran una guerra directa e indirecta contra la idea de la hegemonía. Constatamos con pesar que Bazárov ha ido a parar a su campo.

¿Cuáles son sus argumentos en esencia? Hace cinco años la hegemonía era un hecho. "En la actualidad, por razones perfectamente comprensibles, esa hegemonía no sólo ha desaparecido, sino que se ha convertido en su pleno opuesto". Prueba: "en nuestros días, el cocear al marxismo es condición indispensable de popularidad en los círculos democráticos de la sociedad". Ejemplo: Chukovski.

Uno lee y no da crédito a sus ojos: ¡Bazárov, que quería ser marxista, se convierte en un exhombre, capaz de ir del brazo de los Sres. Potrésov!

No tiene usted temor de Dios, V. A. Bazárov. Los Chukovski y otros liberales, así como multitud de demócratas laboristas, "cocearon" al marxismo siempre, redoblándolo desde 1906, ¿y acaso la "hegemonía" no era un "hecho" en 1906? Asómese fuera del cuartucho liberal-literario, eche un vistazo al menos a la actitud de los diputados campesinos de la tercera Duma hacia los diputados obreros. La simple confrontación de hechos indiscutibles sobre su conducta política durante tres años, incluso la simple comparación de sus fórmulas de transición y de las fórmulas kadetes, por no hablar ya de la confrontación de las declaraciones políticas en la Duma con las condiciones de vida de las amplias capas de la población durante este tiempo, demuestra de la manera más irrefutable que la hegemonía es un hecho incluso ahora. La hegemonía de la clase obrera es su influencia política (y la de sus representantes) sobre otros elementos de la población en el sentido de depurar su democratismo (cuando existe democratismo) de las escorias no democráticas, en el sentido de criticar la limitación y la miopía de todo democratismo burgués, en el sentido de luchar contra el "kadetismo" (si llamamos así al contenido ideológicamente corruptor de los discursos y la política de los liberales), etc., etc. Nada hay más característico para nuestro tiempo que el hecho de que Bazárov haya podido escribir cosas tan inverosímiles, ¡y que un grupo de periodistas, que también se consideran amigos de los obreros y partidarios del marxismo, le hayan dado condescendientemente una palmadita en el hombro por ello!

"Es completamente impensable predecir cómo estarán las cosas en el momento del futuro auge —asegura Bazárov a los lectores de la revista liquidacionista—. Si la fisonomía espiritual de la democracia urbana y rural es aproximadamente la misma que hace 5 años, entonces la hegemonía del marxismo volverá a ser un hecho... Pero no hay absolutamente nada de imposible en la suposición de que la fisonomía de la democracia cambie sustancialmente. Imaginémonos, por ejemplo, que la pequeña burguesía de los pueblos y ciudades rusas esté de tal modo radicalmente dispuesta contra los privilegios políticos de las clases dominantes, suficientemente cohesionada y activa, pero imbuida de un agudo espíritu nacionalista. Como los marxistas no pueden transigir en nada con el nacionalismo o el antisemitismo, es evidente que, en las condiciones indicadas, de hegemonía no habrá ni mención".

Esto no sólo es incorrecto, sino monstruosamente absurdo. Si la hostilidad a los privilegios está unida en ciertas capas al nacionalismo, ¿acaso el esclarecimiento de que tal unión obstaculiza la eliminación de los privilegios no es tarea del hegemón? ¿Acaso puede estar la lucha contra los privilegios no unida a la lucha de los pequeños burgueses que sufren del nacionalismo contra los pequeños burgueses que sacan provecho del nacionalismo? Toda lucha de toda pequeña burguesía contra cualesquiera privilegios lleva siempre las huellas de la limitación pequeñoburguesa, de la timidez, ¡y la lucha contra estas cualidades es tarea del "hegemón"! Bazárov razona al modo kadete, al modo vejista. Más exactamente: Bazárov ha ido a parar al campo de Potrésov y Cía., que hace ya tiempo razonan así.

Lo que no está en la superficie no existe en absoluto. Lo que no ven los Chukovski y los Potrésov es irreal. Estas son las premisas del razonamiento de Bazárov, que abofetean al marxismo. El marxismo nos enseña que las masas pequeñoburguesas inevitablemente, mientras exista el capitalismo, sufrirán por los privilegios antidemocráticos (tales privilegios no son teóricamente "obligatorios" bajo el capitalismo puro, pero su depuración durará hasta su muerte), sufrirán por la opresión económica. Por eso, mientras exista el capitalismo, es eterna la tarea del "hegemón" de explicar la fuente de estos privilegios y de esta opresión, mostrar sus raíces de clase, dar ejemplo de lucha contra ellos, desenmascarar la falsedad de los métodos liberales de lucha, etc., etc.

Así piensan los marxistas. Así contemplan las tareas del "hegemón" en aquel campo cuyas condiciones de vida no permiten resignarse a los privilegios, en el campo no sólo de los proletarios, sino también de las masas semiproletarias y pequeñoburguesas. Pero los Chukovski piensan que, en cuanto ese campo está desplazado, aplastado, arrinconado en la clandestinidad, significa que "ha desaparecido la hegemonía", significa que "la cuestión de la hegemonía se ha convertido en el más trivial de los malentendidos".

Cuando veo a Bazárov diciendo estas cosas vergonzosas, del brazo con los Potrésov, Levitski y Cía., asegurando a la clase obrera que no necesita hegemonía, sino un partido de clase; cuando veo, por otra parte, a Plejánov, que ha levantado (según la despectiva expresión del magnífico Potrésov) un "escándalo" ante los menores indicios de vacilaciones serias en torno a la cuestión de la hegemonía, me digo: los bolcheviques habrían resultado ser precisamente los fanáticos de la letra de fracción que pintaban sus enemigos si hubieran vacilado en tal situación aunque fuera un minuto, si hubieran dudado siquiera un segundo de que su deber, el deber de todas las tradiciones del bolchevismo, de todo el espíritu de su doctrina y de su política, es tender la mano a Plejánov, expresarle plena simpatía de camarada. Nos han dividido y nos dividen cuestiones sobre cómo debieron entonces y entonces actuar los "hegemones", pero somos camaradas en el tiempo de descomposición, en la lucha contra personas para las cuales la cuestión de la hegemonía es "el más trivial de los malentendidos". Y los Potrésov, Bazárov y demás son para nosotros gente ajena, no menos ajena que los Chukovski.

Que tomen nota de ello esos bonachones que encuentran que la política de acercamiento a Plejánov es una política "de fracción", estrecha; que desean "ampliarla" hasta la reconciliación con los Potrésov, Bazárov y demás; que no quieren comprender en modo alguno por qué nosotros consideramos semejante "conciliacionismo" o bien una estupidez sin remedio, o bien un miserable intriguismo.

"Mysl", Nos. 2 y 3, enero y febrero de 1911. Firmado: V. Ilyín.