La correspondencia del camarada K.[130] merece la mayor atención de todos aquellos que estiman nuestro partido. Sería difícil imaginar una mejor desenmascaración de la política golosista (y de la diplomacia golosista), una mejor refutación de las opiniones y esperanzas de nuestros «conciliadores y contemporizadores».

¿Es un caso excepcional el descrito por el camarada K.? No, es un caso típico de los militantes del partido obrero stolypiniano, pues sabemos perfectamente que una serie de publicistas de «Nasha Zariá», «Delo Zhizni», etc., vienen difundiendo sistemáticamente, desde hace ya varios años, precisamente estas ideas liquidacionistas. No siempre estos liquidacionistas se topan con obreros del partido, y muy raramente el partido recibe informes tan exactos sobre sus bochornosas intervenciones, por los que debemos agradecer al camarada K., pero siempre y en todas partes la prédica del grupo de los independientes-legalistas se lleva a cabo exactamente con ese espíritu. Es imposible dudar de este hecho cuando existen revistas del tipo de «Nasha Zariá» y «Delo Zhizni». Silenciar este hecho solo beneficia a los defensores particularmente cobardes y particularmente viles de los liquidacionistas.

Compárese con este hecho los procedimientos que emplean personas como Trotski, que vociferan sobre el «acuerdo» y sobre su hostilidad al liquidacionismo. Estos procedimientos son sobradamente conocidos: gritar a voz en cuello que no somos «ni bolcheviques ni mencheviques, sino socialdemócratas revolucionarios», jurar y perjurar celosamente que somos enemigos del liquidacionismo y defendemos a ultranza el POSDR ilegal, denostar con todas las fuerzas a quienes desenmascaran a los liquidacionistas, a los señores Potrésov y Cía., calificar a los antiliquidacionistas de que «abultan» la cuestión, y no decir ni una palabra contra liquidacionistas concretos como los señores Potrésov, Mártov, Levitski, Dan, Larin, etc.

La significación real de semejantes procedimientos es evidente. Con frases se encubre a los liquidacionistas reales y se intenta por todos los medios obstaculizar la labor de los antiliquidacionistas. Una política exactamente igual fue la que practicó el «Rabócheie Delo»[131], conocido en la historia del POSDR por su falta de principios: juraba y perjuraba que no era en absoluto «economista», que estaba plenamente a favor de la lucha política, mientras que en realidad encubría a «Rabóchaya Mysl»[132] y a los «economistas», dirigiendo toda la lucha contra quienes desenmascaraban a los «economistas» y los refutaban.

De aquí se desprende claramente que Trotski y los «trotskistas y contemporizadores» como él son más nocivos que cualquier liquidacionista, pues los liquidacionistas convencidos exponen francamente sus puntos de vista y a los obreros les resulta fácil discernir su carácter erróneo, mientras que los señores Trotski engañan a los obreros, encubren el mal, imposibilitan desenmascararlo y curarse de él. Todo el que apoye al grupito de Trotski apoya la política de mentira y engaño a los obreros, la política de encubrimiento del liquidacionismo. Dar plena libertad de acción al señor Potrésov y Cía. en Rusia, encubriendo sus actos con frases «revolucionarias» en el extranjero: tal es la esencia de la política del «trotskismo».

De aquí se desprende además claramente que todo «acuerdo» con los golosistas que soslaye la cuestión del centro liquidacionista en Rusia, es decir, de los militantes de «Nasha Zariá» y «Delo Zhizni», no sería sino la continuación del mismo engaño a los obreros, del mismo encubrimiento del mal. Los golosistas han demostrado plenamente desde el Pleno de enero de 1910 que son capaces de «firmar» cualquier resolución sin que ninguna de ellas «limite en lo más mínimo la libertad» de su actividad liquidacionista. En el extranjero firman resoluciones sobre que todo menosprecio de la importancia del partido ilegal es una manifestación de influencia burguesa sobre el proletariado, mientras que en Rusia ayudan a los señores Potrésov, Larin y Levitski, quienes no solo no participan en el trabajo ilegal, sino que se burlan de él y destruyen el partido ilegal.

En la actualidad, Trotski, junto con bundistas del tipo del señor Liber (– liquidacionista extremo que defendió públicamente al señor Potrésov en conferencias y que ahora, para hacer olvidar este hecho, atiza querellas y rencillas), junto con letones del tipo de Schwarz, etc., están urdiendo precisamente semejante «acuerdo» con los golosistas. Que nadie se llame a engaño al respecto: su acuerdo será un acuerdo para encubrir a los liquidacionistas.

P. S. Estas líneas ya estaban compuestas cuando apareció en la prensa la noticia del «acuerdo» de los golosistas con Trotski, el bundista y el letón liquidacionista. Nuestras palabras se han visto plenamente confirmadas: se trata de un acuerdo para encubrir a los liquidacionistas en Rusia, un acuerdo de los servidores del señor Potrésov y Cía.

«Sotsial-Demokrat» n.º 23, 14 (1) de septiembre de 1911.

Se publica según el texto del periódico «Sotsial-Demokrat».