El proceso de agonía de los grupúsculos en el extranjero que intentaban basar su existencia en el juego diplomático con las corrientes no socialdemócratas del liquidacionismo y el otzovismo se ve claramente ilustrado por el nº 22 del periódico de Trotski, «Pravda», aparecido recientemente, tras una larga interrupción.

El periódico apareció el 29 de noviembre del nuevo estilo —casi un mes después de la publicación del comunicado de la Comisión Organizadora Rusa— ¡y Trotski no dice ni una palabra al respecto!

Para Trotski, la COR no existe. ¡Trotski se autodenomina miembro del partido basándose en que, para él, el centro del partido ruso, creado por la aplastante mayoría de las organizaciones socialdemócratas rusas, es un cero! O quizás, al contrario, camaradas, ¿Trotski con su grupúsculo en el extranjero es un cero para las organizaciones socialdemócratas rusas?

En la más gruesa negrita imprime Trotski su garantía —¡como si jurar no le costara trabajo!— de que su periódico «no es fraccional, sino del partido». Fijaos un poco más atentamente en el contenido del nº 22 y veréis enseguida el sencillo mecanismo del juego con las fracciones no partidarias de los vperiodistas y los liquidacionistas.

He aquí una correspondencia de Petersburgo, firmada por S. V., que hace propaganda del grupo «Vperiod». S. V. reprocha a Trotski que no haya publicado una resolución, enviada hace ya mucho tiempo, de los petersburgueses contra la campaña peticionaria. Trotski, acusado por los vperiodistas de «estrecho fraccionalismo» (¡qué ingratitud más negra!), se retuerce y se escabulle alegando la pobreza de su periódico y su escasa periodicidad. El juego está cosido con hilo blanco: nosotros os ayudamos, vosotros a nosotros; nosotros (Trotski) callaremos sobre la lucha de los miembros del partido contra los otzovistas y, a cambio, nosotros (Trotski) ayudaremos a hacer propaganda de «Vperiod», y vosotros (S. V.) cederéis en lo de la «campaña peticionaria» a los liquidacionistas. La defensa diplomática de ambas fracciones no partidarias, ¿acaso no es eso el verdadero espíritu de partido?

He aquí un editorial grandilocuente bajo el rimbombante título: «¡Adelante!». «¡Obreros conscientes! —leemos allí—, no tenéis ahora un lema más importante (¡vaya!) y más abarcador (el pobre se ha ido de la lengua) que la libertad de coalición, reunión y huelga». «La socialdemocracia —leemos más adelante— llama al proletariado a la lucha por la república. Pero, para que la lucha por la república no sea un lema vacío (¡!) de unos pocos elegidos, es necesario que vosotros, obreros conscientes, enseñéis a las masas, con la experiencia, a comprender la necesidad de la libertad de coalición y a luchar por esta reivindicación de clase vital».

La frase revolucionaria sirve para encubrir y justificar la falsedad del liquidacionismo, embarrando con ello la conciencia de los obreros. ¿Por qué el lema de la república es un lema vacío para unos pocos, cuando la república significa la imposibilidad de disolver la Duma, la libertad de coalición y de prensa, la libertad de los campesinos respecto a las violencias y el saqueo de los Márkov, los Románov, los Purishkévich? ¿No está claro que la cosa es exactamente al revés: que es el lema de la «libertad de coalición», como lema «abarcador» sin relación con el lema de la república, el que resulta «vacío» y sin sentido?

Es absurdo reclamar a la monarquía zarista la «libertad de coalición» si no se explica a las masas la incompatibilidad de esa libertad con el zarismo y la necesidad de la república para esa libertad. La presentación de proyectos de ley en la Duma sobre la libertad de coalición, las interpelaciones y los discursos sobre temas semejantes deben servirnos a nosotros, los socialdemócratas, precisamente como motivo y material para la agitación a favor de la república.

«¡Los obreros conscientes deben enseñar a las masas, con la experiencia, a comprender la necesidad de la libertad de coalición!». ¡La vieja cantinela del viejo oportunismo ruso, desgastada ya por los «economistas»! La experiencia de las masas se da cuando los ministros cierran sus sindicatos, los gobernadores y los oficiales de policía cometen violencias a diario: eso sí que es de verdad experiencia de las masas. Y el ensalzamiento, en contraposición a la república, del lema de la «libertad de coalición» es una frase de un intelectual oportunista, ajeno a las masas. Es la frase de un intelectual que imagina que la «experiencia» con la «petición» (que tiene 1300 firmas){43} o con un proyecto de ley archivado es algo que «educa a las masas». En realidad, las educa otra experiencia, viva y no de papel, las ilustra la agitación de los obreros conscientes precisamente a favor de la república, el único lema abarcador en el sentido del democratismo político.

Trotski sabe perfectamente que los liquidacionistas, en las publicaciones legales, precisamente unen el lema de la «libertad de coalición» con el lema: ¡abajo el partido ilegal, abajo la lucha por la república! La tarea de Trotski consiste precisamente en encubrir el liquidacionismo, echando arena a los ojos de los obreros.

Con Trotski no se puede discutir a fondo, porque no tiene ningún punto de vista. Se puede y se debe discutir con los liquidacionistas y otzovistas convencidos, pero con alguien que juega a encubrir los errores de unos y otros no se discute: se le desenmascara como... a un diplomático de la más baja estofa.

Hay que discutir con los autores de las tesis de la plataforma, aparecidas en el nº 22 de «Pravda». Su error proviene o bien de que no conocen las resoluciones de diciembre (1908) del POSDR, o bien de que no se han liberado por completo de ciertas vacilaciones de pensamiento propias del liquidacionismo y del «vperiodismo».

La tesis 1ª dice que el régimen del 3 de junio es «el dominio ilimitado de hecho de los nobles terratenientes de tipo feudal», y a continuación se señala que «encubren el carácter autocrático-burocrático de su dominio con la careta seudoconstitucional de una Duma de Estado de hecho sin derechos».

Si la Duma de los terratenientes es «de hecho sin derechos» —y esto es cierto—, ¿cómo puede ser «ilimitado» el dominio de los terratenientes?

Los autores olvidan que el carácter de clase de la monarquía zarista no elimina en absoluto la enorme independencia y autonomía del poder zarista y de la «burocracia», desde Nicolás II hasta el más modesto oficial de policía. Este error —el olvido de la autocracia y la monarquía, reduciéndola directamente al dominio «puro» de las clases altas— lo cometieron los otzovistas en 1908-1909 (ver «Proletari», suplemento al nº 44){44}, lo cometió Larin en 1910, lo cometen algunos publicistas aislados (por ejemplo, M. Aleksándrov), lo comete N. R—kov, que se pasó a los liquidacionistas.

En las resoluciones de diciembre (1908) se da justamente un análisis del dominio de los feudales con el apoyo de la burguesía que corta las raíces de este error.

La tesis 2ª consiste en remitirse al programa mínimo del POSDR, asignando «un lugar particularmente destacado» a muchas reivindicaciones tales como la libertad de coalición y la confiscación de las tierras de los terratenientes, pero sin mencionar la república. Estimamos que esto es incorrecto. Reconociendo plenamente la absoluta necesidad de la agitación por la libertad de coalición, creemos que el lema de la república debe ser colocado en el lugar más destacado.

Tesis 3ª: «Necesidad de nuevas acciones revolucionarias de las amplias masas populares», sin lo cual es imposible la realización de nuestras reivindicaciones.

Esto último es de lo más cierto, pero es sólo la mitad de la verdad. Los marxistas no pueden limitarse a hacer referencia a la «necesidad» de nuevas acciones de las masas, sino que deben primero mostrar qué causas provocan (si es que provocan) la llegada de una nueva crisis revolucionaria. Sin esa crisis, las «acciones» —¡que siempre, si se quiere, son «necesarias»!— son imposibles.

Los autores tienen las mejores intenciones revolucionarias, pero en su modo de pensar hay cierta laguna. Las resoluciones de diciembre (1908) deducen la «necesidad» de nuevas acciones no de una manera tan simple, pero en cambio más correctamente.

Tesis 4ª: «Posibilidad de que se produzca tal nueva acción revolucionaria de las masas en un futuro más o menos próximo y crítica despiadada... del papel contrarrevolucionario de la burguesía», etc.

La crítica es necesaria siempre, con independencia de la «posibilidad de las acciones», incluso en una época en la que las acciones de las masas son a todas luces imposibles. Vincular la posibilidad de acciones y la crítica significa confundir la línea siempre obligatoria del marxismo con una de las formas de lucha (particularmente elevada). Éste es el primer error. El segundo consiste en que «no hay que alabarse al ir a la guerra, sino al volver de la guerra»: de la posibilidad de las acciones no hay que hablar, sino demostrarla con hechos. En la plataforma basta señalar el inicio del ascenso y subrayar la importancia de la agitación y la preparación de la acción de las masas. En un futuro próximo o no tan próximo las acciones de las masas se producirán, eso lo mostrarán los acontecimientos.

La tesis 5ª es excelente, porque subraya la enorme importancia de la Duma de Estado como tribuna de agitación.

No sabemos quiénes son los autores de la hoja. Pero si son vperiodistas rusos (como cabe suponer por algunos indicios), hay que felicitarles calurosamente por haberse librado de un error del grupúsculo «Vperiod». Tales vperiodistas tienen conciencia de miembros del partido, pues dan una respuesta directa y clara a una de las cuestiones «candentes». En cambio, el grupo «Vperiod» engaña al partido de la forma más desvergonzada, defendiendo y encubriendo el otzovismo y no dando, hasta ahora, hasta diciembre de 1911, una respuesta directa a la cuestión de la participación en la IV Duma. Reconocer a tal grupo como socialdemócrata significa burlarse del socialdemocratismo.

«Sotsial-Demokrat» nº 25, 8 (21) de diciembre de 1911.

Se imprime según el texto del periódico «Sotsial-Demokrat».