En el pleno del Comité Central de enero de 1910, los representantes de la fracción bolchevique (reconocidos unánimemente como representantes de dicha fracción por todos los miembros del pleno) concertaron, como es sabido, un acuerdo con todas las demás fracciones de nuestro partido. Dicho acuerdo fue publicado en el núm. 11 del Órgano Central y se reduce a que los bolcheviques disolvían su fracción y entregaban sus bienes al Comité Central bajo la condición de la disolución de todas las demás fracciones y de que éstas siguiesen una línea partidaria, es decir, antiliquidadora y antiotzovista. En caso de infracción de estas condiciones, el acuerdo adoptado por el Comité Central preveía directamente la devolución del dinero a los bolcheviques (véase la resolución publicada en el núm. 11 del Órgano Central).

Los hechos, de todos conocidos, de infracción de este acuerdo por las demás fracciones obligaron a los bolcheviques a presentar, hace un año, el 5 de diciembre de 1910, una demanda, es decir, una declaración de rescisión del acuerdo, y a exigir que se les devolviera el dinero.

El examen de esta exigencia correspondía al tribunal de arbitraje de los «depositarios»: Kautsky, Mehring y Zetkin. El tribunal de arbitraje dispuso: provisionalmente, hasta el 1 de noviembre de 1911, entregar parte del dinero para gastos bajo control de la Comisión Técnica y de la Comisión Organizadora en el Extranjero, integradas por representantes de los bolcheviques, los conciliadores y los polacos.

En el transcurso de octubre de 1911, dos de los jueces de arbitraje, Mehring y Kautsky, renunciaron a su cargo. El tercer juez no tenía derecho después de esto a seguir siendo juez por sí solo y, tras ciertas vacilaciones, renunció también a su cargo.

La fracción bolchevique, que el 5 de diciembre de 1910 rescindió el acuerdo con las demás fracciones, se encontró de este modo, a partir del 2 de noviembre de 1911, fuera de las relaciones contractuales con los antiguos depositarios. Por consiguiente, entró en posesión de su imprenta y entra en posesión de los demás bienes de la fracción.

Es de suyo comprensible que, liberada de la «atadura» con los grupos liquidacionistas, otzovistas y simplemente intrigantes del extranjero, la fracción bolchevique dedicará todas sus fuerzas —como lo ha demostrado ya la labor de sus miembros en la creación de la Comisión Organizadora Rusa— a la cohesión de todos los elementos partidarios en torno a la Comisión Organizadora Rusa y a la conferencia general del partido convocada por ésta.

Los representantes de la fracción bolchevique que concertaron el acuerdo en el pleno de enero de 1910{45}

P. D. La presente declaración había sido ya entregada a la redacción del Órgano Central cuando leímos la hoja del llamado CC del Bund en el Extranjero con la carta de dos antiguos jueces de arbitraje del 18 de noviembre de 1911. ¿A quién quieren engañar Ígorev y Líber haciéndose pasar por el CC del Bund en el Extranjero, cuando los letones e incluso Tyszka lo han abandonado? ¿Por qué callan este abandono? ¿Por qué callan que desde el 18 de noviembre han pasado ya 2 semanas y media después de que el tribunal dejara de existir? ¿Que, por lo tanto, la carta del 18 de noviembre de 1911 no tiene ni puede tener significado alguno? ¿O acaso los señores Ígorev y Mártov no reconocían el tribunal de arbitraje antes del 1 de noviembre de 1911? ¡Díganlo y demuéstrenlo, señores! ¿O acaso reconocen ustedes el tribunal de arbitraje después del 1 de noviembre de 1911? Hasta el 1 de noviembre de 1911, el tribunal de arbitraje, reconocido por todos, los condenó a ustedes, pues no se dio ni un céntimo ni a ustedes ni a Trotski, en contra de sus ruegos, exigencias y «protestas». Los señores condenados por un tribunal de arbitraje legal, reconocido por todos, intentan ahora escudarse en la opinión privada de antiguos jueces de arbitraje, que a nadie obliga. Después del 1 de noviembre de 1911, el tribunal de arbitraje no existe, y todos hemos vuelto, en este sentido, a la situación anterior al pleno. La retención del dinero bolchevique por el antiguo depositario sería una retención ilegal.

Pero el quid de la cuestión está en que los señores Ígorev y Líber persiguen la «sensación», mientras que exponer la historia del tribunal basándose en documentos precisos es algo que temen. Quien no engaña no vende, tal es su divisa.

*«Sotsial-Demokrat»*, núm. 25, 8 (21) de diciembre de 1911.

Se edita según el texto del periódico *«Sotsial-Demokrat»*.