Hace dos años, en la prensa socialdemócrata se podían encontrar discursos sobre la «crisis de unificación» del partido[1]. La disgregación y descomposición de la época contrarrevolucionaria provocaron nuevos reagrupamientos y escisiones, un nuevo recrudecimiento de la lucha en el extranjero, y no pocos hombres de poca fe o de nervios débiles se desanimaban ante la difícil situación interna del partido obrero socialdemócrata. Ahora, con la formación de la Comisión Organizativa Rusa (COR){1}, se inicia, de manera evidente, si no el fin de la crisis, en todo caso un viraje nuevo y decisivo hacia mejor en el desarrollo del partido. Por eso será oportuno intentar echar una mirada de conjunto sobre la etapa recorrida de la evolución interna del partido y sobre las perspectivas del futuro inmediato.

La revolución dejó tras de sí al POSDR en forma de tres organizaciones socialdemócratas nacionales separadas y autónomas, y dos fracciones rusas en sentido estricto. Las profundas raíces de estas fracciones en las tendencias del desarrollo del proletariado, en las condiciones de su vida en la época dada de la revolución burguesa, han sido demostradas por la experiencia de los años 1905, 1906 y 1907, los más ricos en acontecimientos. La contrarrevolución nos arrojó de nuevo de la montaña, a la que ya habíamos subido muy alto, al valle. El proletariado tuvo que reorganizar sus filas y reunir fuerzas de nuevo en el ambiente de las horcas de Stolypin y de las jeremiadas de los vejistas.

La nueva situación provocó un nuevo agrupamiento de tendencias dentro del partido socialdemócrata. De ambas nuevas fracciones comenzaron a separarse – bajo el pesado yugo de la época de reacción – los elementos socialdemócratas menos firmes, toda clase de compañeros de viaje burgueses del proletariado. Dos corrientes expresaron con mayor relieve este alejamiento de la socialdemocracia: el liquidacionismo y el otzovismo{2}. Ellos mismos engendraron inevitablemente la tendencia a la aproximación de los núcleos básicos de ambas fracciones que permanecían fieles al marxismo. Tal era la situación de la que nació el pleno de enero de 1910, punto de partida de los aciertos y errores, de los pasos adelante y los vaivenes hacia atrás en el desarrollo ulterior del partido socialdemócrata{3}.

Muchos no han comprendido hasta ahora bien el mérito ideológico inalienable de la obra realizada por el pleno y el enorme error «conciliador» que cometió. Y sin comprender esto, no se puede entender absolutamente nada de la situación actual del partido. Por eso debemos detenernos una y otra vez en la aclaración del punto de partida de la crisis actual.

«Por muy perjudiciales que hayan sido para el partido el otzovismo y el liquidacionismo de por sí, su influencia benéfica sobre las fracciones parece estar fuera de duda. La patología conoce dos tipos de abscesos: malignos y benignos. El absceso benigno se considera una enfermedad útil para el organismo. Durante el proceso de supuración atrae hacia sí todos los elementos nocivos de todo el organismo y de este modo contribuye a su saneamiento. Pienso que el mismo papel desempeñó el liquidacionismo con respecto al menchevismo y el otzovismo-ultimatismo con respecto al bolchevismo».

He aquí la valoración de la obra dada por un «conciliador» durante el pleno, que describe con exactitud la psicología y las ideas del conciliacionismo que triunfó en el pleno. En la cita citada, la idea fundamental es acertada, mil veces acertada, y precisamente porque es acertada, los bolcheviques (que ya antes del pleno habían desplegado plenamente la lucha tanto contra el liquidacionismo como contra el otzovismo) no pudieron discrepar con los conciliadores en el pleno. No pudieron porque había acuerdo en la idea fundamental; la divergencia concernía a la forma de llevarla a la práctica; la forma se subordinaría al contenido – pensaban los bolcheviques, y tuvieron razón, aunque esta «adaptación de la forma al contenido» le costó al partido, por el error de los conciliadores, dos años de vida casi «en balde».

¿En qué consistió este error? En que en lugar de legalizar aquellas y solo aquellas corrientes que se depuran (y solo en la medida en que se depuran) de los «abscesos», los conciliadores legalizaron a todos y cada uno sobre la base de la mera promesa de depurarse. Tanto los vperiodistas{5} como los golosistas y Trotsky «firmaron» la resolución contra el otzovismo y el liquidacionismo, – es decir, prometieron «depurarse», – y basta. Los conciliadores «creyeron» en la promesa y enredaron al partido con grupitos no partidarios, «abscesados», según su propia confesión. Esto fue un infantilismo desde el punto de vista de la política práctica, y falta de ideas, de principios, intrigantismo desde un punto de vista más profundo: en efecto, quien estuviera seriamente convencido de que el liquidacionismo y el otzovismo-ultimatismo son abscesos, no podría dejar de comprender que los abscesos, al madurar, deben atraer hacia sí los elementos nocivos del organismo, deben expulsarlos fuera del organismo. No podría ayudar a envenenar el organismo con tentativas de introducir dentro los venenos «abscesivos».

El primer año transcurrido después del pleno puso al descubierto de hecho la falta de ideas de los conciliadores. De hecho, el trabajo del partido (– la depuración, el saneamiento de los abscesos) lo llevaron a cabo los bolcheviques y los plejánovistas durante todo ese año. Tanto «Sotsial-Demokrat»{6} como «Rabóchaya Gazeta»{7} (después de la expulsión por Trotsky del representante del CC) prueban este hecho. Algunas publicaciones legales de 1910, bien conocidas de todos{8}, también prueban este hecho. Aquí no son palabras, sino precisamente hechos: trabajo conjunto en los órganos dirigentes del partido.

Y los golosistas, y los «vperiodistas», y Trotsky, de hecho, durante ese año (1910) se apartaron del partido precisamente hacia el liquidacionismo y el otzovismo-ultimatismo. Los «abscesos benignos» siguieron siendo abscesos que se comportaban de manera no benigna en la medida en que los «elementos nocivos» no eran eliminados por ellos del organismo del partido, sino que seguían infectando este organismo, manteniéndolo en estado enfermizo, haciéndolo incapaz para el trabajo del partido. Este trabajo del partido (en la literatura abierta para todos) lo llevaban a cabo los bolcheviques y los plejánovistas en contra de las resoluciones y colegios «conciliadores» creados por el pleno, contra los golosistas y vperiodistas, y no junto con ellos (pues no se podía trabajar junto con los liquidadores y los otzovistas-ultimatistas).

¿Y el trabajo en Rusia? ¡En un año ni una sola reunión del CC! ¿Por qué? Porque los miembros del CC en Rusia (conciliadores, que merecidamente recibieron los besos de «Golos de los liquidadores») no hacían más que «invitar» a los liquidadores, ¡y así durante un año, durante año y cuarto, no pudieron «invitarlos» ni una sola vez! La institución de la «comparecencia forzosa» ante el CC no fue, por desgracia, prevista en el pleno por nuestros buenos conciliadores. Resultó precisamente la situación absurda y vergonzosa para el partido que los bolcheviques habían predicho en el pleno, luchando contra la credulidad e ingenuidad de los conciliadores: ¡el trabajo en Rusia está paralizado, el partido está atado, y desde las páginas de «Nasha Zariá»{9} y «Vperiod» se vierte una repugnante corriente de ataques liberales y anarquistas contra el partido! Por un lado, Mijaíl, Román y Yuri, por otro, los otzovistas y los constructores de dios{10}, se dedican con todas sus fuerzas a desbaratar el trabajo socialdemócrata, ¡y los miembros del CC conciliadores «invitan» a los liquidadores y los «esperan»!

Con la «Declaración» del 5 de diciembre de 1910, los bolcheviques declararon abierta y formalmente que rescindían el acuerdo con todas las demás fracciones. La ruptura de la «paz» concertada en el pleno, su ruptura por «Golos»{11}, «Vperiod» y Trotsky se convirtió en un hecho definitivamente reconocido.

Alrededor de medio año (hasta junio de 1911) transcurrió en intentos de convocar un pleno en el extranjero, obligatorio según el acuerdo, en un plazo no mayor de tres meses. Los liquidadores (golosistas – bundistas – Schwarz) hicieron fracasar también el pleno en el extranjero. Entonces el bloque de tres grupos, bolcheviques, polacos y «conciliadores», hace un último intento de salvar la causa: convocar una conferencia, crear una Comisión Organizativa Rusa. Los bolcheviques siguen estando en minoría: de enero de 1910 a junio de 1911, el predominio está en manos de los liquidadores (en el Buró en el Extranjero del CC{12}, golosistas – un bundista – Schwarz; en Rusia, los «conciliadores» que «invitan» a los liquidadores); de junio de 1911 al 1 de noviembre de 1911 (plazo fijado por el tribunal de arbitraje de los depositarios){13}, el predominio está en manos de los conciliadores, a los que se pasaron los polacos.

La cuestión se planteó así: tanto el dinero como el envío de agentes están en manos de Tyszka y Mark (dirigente de los conciliadores de París); a los bolcheviques solo se les garantiza que también se acepta enviarlos a trabajar. Las divergencias engendradas por el pleno se redujeron al último punto, que era imposible eludir: trabajar a toda marcha, sin «esperar» a nadie, sin «invitar» a nadie (¡el que quiere y puede trabajar de manera socialdemócrata no necesita invitaciones!), o continuar los regateos y nuevos regateos con Trotsky, «Vperiod», etc. Los bolcheviques eligieron el primer camino, lo que declararon directa y claramente ya en la reunión de los miembros del CC en París{14}. Tyszka y Cía. eligieron (e impusieron tanto a la Comisión Técnica como a la Comisión Organizativa en el Extranjero{15}) el segundo camino, que objetivamente se reducía – como se demostró detalladamente en el folletín del núm. 24 de «Sotsial-Demokrat»[2] – a un vacío y lamentable intrigantismo.

El resultado está ahora a la vista de todos. El 1 de noviembre la Comisión Organizativa Rusa quedó formada. De hecho, la crearon los bolcheviques y los mencheviques rusos partidarios del partido{16}. La «unión de dos fracciones fuertes (fuertes por su solidez ideológica, por su trabajo de depuración de los «abscesos»)», contra la cual tantos desvaríos tuvieron los hombres de cabeza débil en el pleno y después del pleno (véase «Golos», «Vperiod», «Otkliki Bunda»{17}, «Pravda»{18}, etc.), resultó ser un hecho. En organizaciones socialdemócratas tan ejemplares y avanzadas para la Rusia de 1910 y 1911, como las de Bakú y Kiev{19}, esta unión, para grandísima alegría de los bolcheviques, se transformaba casi en una fusión completa, en un organismo único e indisoluble de los socialdemócratas del partido.

El gimoteo sobre la disolución de «todas» las fracciones resultó ser, después de la comprobación de dos años de experiencia, una frase lamentable de personas de cabeza hueca, a las que embaucaban los señores Potrésov y los señores otzovistas. La «unión de dos fracciones fuertes» hizo su obra y se acercó – en la persona de los colectivos avanzados señalados – muy de cerca a la fusión completa en un partido único. Las vacilaciones de los mencheviques partidarios del partido en el extranjero ya son impotentes para cambiar este hecho consumado.

Los dos años posteriores al pleno, que a muchos hombres de poca fe o diletantes en la socialdemocracia, que no quieren comprender la diabólica dificultad de la tarea, les parecen años de riñas inútiles, sin salida y sin sentido, de disgregación y descomposición, fueron años de encarrilamiento del partido socialdemócrata para sacarlo del pantano de los vaivenes liquidacionistas y otzovistas. El año 1910 nos dio el trabajo conjunto de los bolcheviques y los mencheviques partidarios del partido en todos los órganos dirigentes (tanto oficiales como no oficiales, legales e ilegales) del partido: este fue el primer paso de la «unión de dos fracciones fuertes», el paso de la preparación ideológica, de la reunión de fuerzas bajo una sola bandera, antiliquidacionista y antiotzovista. El año 1911 dio el segundo paso: la creación de la Comisión Organizativa Rusa. El hecho de que un menchevique partidario del partido presidiera su primera reunión es un hecho significativo: el segundo paso, la creación de un centro ruso prácticamente actuante, está dado ya. La locomotora ha sido levantada y colocada sobre los rieles.

Por primera vez después de cuatro años de disgregación y dispersión se reunió – a pesar de las increíbles persecuciones de la policía y de las inauditas «zancadillas» de los golosistas, vperiodistas, conciliadores, polacos y tutti quanti[3] – el centro socialdemócrata ruso. Por primera vez salió en Rusia una hoja al partido de este centro{20}. Por primera vez el trabajo de restablecimiento de las organizaciones ilegales en las localidades abarcó de manera sistemática y completa (en apenas tres meses, de julio a octubre de 1911) las dos capitales, la región del Volga, los Urales, el Cáucaso, Kiev, Ekaterinoslav, Rostov, Nikoláiev, – porque la COR se reunió después de recorrer todos estos lugares, porque su primera reunión tuvo lugar al mismo tiempo que el restablecimiento del Comité de Petersburgo y la organización por éste de una serie de mítines obreros, con resoluciones de los distritos de Moscú en favor del partido, etc.

Por supuesto, sería una imperdonable ingenuidad entregarse a un optimismo crédulo; las dificultades que quedan por delante son aún gigantescas; la persecución policíaca se ha decuplicado después de la publicación de la primera hoja rusa del centro socialdemócrata; es posible prever largos y difíciles meses, nuevos fracasos, nuevas interrupciones en el trabajo. Pero lo principal está hecho. La bandera está izada; los círculos obreros de toda Rusia han acudido a ella, ¡y ya no la derribará ningún ataque contrarrevolucionario!

¿Con qué respondieron los «conciliadores» del extranjero y Tyszka con Leder a este gigantesco paso adelante del trabajo ruso? Con el último estallido de un intrigantismo miserable: el «proceso de supuración», tan proféticamente predicho en vísperas del pleno por Iónov, es desagradable, qué duda cabe. ¡Pero quien no comprende que este proceso poco grato sana a la socialdemocracia, no tiene nada que hacer en el trabajo revolucionario! La CT y la COE se niegan a someterse a la COR. – Los bolcheviques, por supuesto, se apartan con desprecio de los intrigantes del extranjero. – Entonces comienzan las vacilaciones: a principios de noviembre se entrega a los restos de la COE (dos polacos más un conciliador) un informe sobre la convocatoria de la COR. El informe describe todo el trabajo con tanta minuciosidad que los adversarios de los bolcheviques, los conciliadores tan elogiados por «Golos», se ven obligados a reconocer a la COR. – Se aprueba la resolución de la COE del 13 de noviembre de 1911: «guiarse por las decisiones de la COR». De los fondos disponibles en la COE, 4/5 se transfieren a la caja de la COR – es decir, los propios polacos, los propios conciliadores, no pueden poner en duda la seriedad de la organización de toda la obra.

Y sin embargo – unos días más tarde, ¡¡tanto la CT como la COE vuelven a negarse a someterse a la COR!! ¿Dónde está la clave de este juego?

En manos de la redacción del Órgano Central hay un documento{21} que se presentará a la conferencia y del cual se desprende que Tyszka hace agitación por la no participación en la COR, por la no participación en la conferencia.

¿Se puede imaginar un intrigantismo más vil? Se comprometieron en la CT y la COE a ayudar a convocar la conferencia y a crear la COR, – fanfarronearon de que invitarían a «todos», y no invitaron a nadie (aunque tenían derecho a invitar, siendo mayoría, y a poner cualesquiera condiciones), – no encontraron ningún trabajador, excepto los bolcheviques y los mencheviques del partido, – sufrieron una derrota completa en la palestra que ellos mismos eligieron, – ¡y descendieron a dar «zancadillas» a esa misma COR a la que, por su propia voluntad, habían entregado, como centro plenipotenciario, 4/5 de los fondos para la conferencia!

Sí, el absceso es una cosa desagradable, sobre todo «en el proceso de supuración». Por qué a los teóricos de la unión de todos y cada uno de los grupitos del extranjero no les ha quedado nada más que el intrigantismo, esto ya se ha demostrado en el núm. 24 del Órgano Central. Y ahora los obreros socialdemócratas rusos, sin dificultad, harán su elección: defender su COR y su conferencia o permitir que Tyszka, Leder y Cía., con sus intrigas, obstaculicen su conferencia. Los intrigantes se han hundido a sí mismos, esto es un hecho, – Tyszka y Leder ya han entrado con ases de diamantes en la historia del POSDR, – pero no podrán obstaculizar la conferencia, no podrán socavar la COR.

¿Y los liquidadores? ¡Durante todo un año y medio, de enero de 1910 a junio de 1911, cuando tenían la mayoría en el Buró en el Extranjero del CC y fieles «amigos» en la persona de los conciliadores del Buró Ruso del CC{22}, no hicieron absolutamente nada, absolutamente nada por el trabajo en Rusia! Cuando ellos tenían la mayoría, el trabajo estaba paralizado. En cambio, cuando los bolcheviques destruyeron el Buró en el Extranjero del CC liquidacionista y emprendieron la convocatoria de la conferencia, entonces los liquidadores se movieron. Y es muy característico observar en qué se expresó este «movimiento». Los bundistas, que todo el tiempo prestan el más fiel servicio a los liquidadores, – quisieron hace poco aprovechar el actual «período confuso» (entre los letones, por ejemplo, el desenlace de la lucha de las dos corrientes, la liquidacionista y la del partido, aún no se ha definido), consiguieron, no se sabe de dónde, a un caucasiano, y toda la compañía se fue a la ciudad Ζ para arrancar una firma para las resoluciones redactadas por Trotsky y Dan en el Café Bubenberg (ciudad de Berna, agosto de 1911){23}. Pero no encontraron a la organización dirigente letona, no consiguieron la firma, y no fabricaron ningún documento con la sonora firma: «CO de las tres organizaciones más fuertes». Tales son los hechos[4].

¡Que los obreros rusos se enteren de cómo los bundistas intentan llevar a cabo la obra de hacer fracasar a la COR en Rusia! Piénsese: ¡en el momento en que los trabajadores por la conferencia recorren los Urales, la región del Volga, Petersburgo, Moscú, Kiev, Ekaterinoslav, Rostov, Tiflis, Bakú, los bundistas «consiguen» a un «caucasiano» (¡probablemente de entre esos asesores que poseen el «sello» del Comité Regional Caucásico{24} y que enviaron como representantes a la conferencia del POSDR de diciembre de 1908{25} a Dan y Axelrod!) y van a «arrancar una firma» a los letones. ¡Poco faltó para que esta banda de intrigantes, que sirven a los liquidadores y son absolutamente ajenos a todo trabajo en Rusia, se presentara efectivamente como el «CO» de «tres organizaciones», entre ellas los dos «más fuertes» poseedores de un sello! ¿O acaso los señores bundistas y el caucasiano contarán al partido qué organizaciones rusas, cuándo exactamente las han recorrido, dónde han restablecido el trabajo, dónde han presentado informes? ¡Inténtenlo, amables, cuenten!

Y los maestros de los asuntos diplomáticos en el extranjero juzgan y disertan con aires de entendidos: «no se puede aislarse», «hay que parlamentar con el Bund y con el Comité Regional Caucásico».

¡Oh, comédiantes! —

¡Que aprendan, reflexionando sobre el significado de la historia del partido en estos dos años, aquellos que ahora vacilan, lamentando el «aislamiento» de los bolcheviques! ¡Oh, nosotros nos sentimos mejor que nunca de tal aislamiento, cuando hemos cortado las colecciones de ceros intrigantes del extranjero y cuando hemos ayudado a la cohesión de los obreros socialdemócratas rusos de Petersburgo, Moscú, los Urales, la región del Volga, el Cáucaso y el Sur!

Quien se queja del aislamiento, no ha comprendido absolutamente nada ni en la gran obra ideológica del pleno, ni en su error conciliador. Durante un año y medio después del pleno hubo una apariencia de unidad en el extranjero y un estancamiento completo del trabajo socialdemócrata en Rusia. Medio año o un tercio de año en 1911 hizo que el máximo aislamiento aparente de los bolcheviques por primera vez pusiera en movimiento el trabajo socialdemócrata ruso, por primera vez restableciera el centro socialdemócrata ruso.

Quien todavía no ha discernido la podredumbre ideológica y la mortandad de tales «abscesos» como el liquidacionismo y el otzovismo, será ahora enseñado hasta el fin por la historia de la riña impotente y del lamentable intrigantismo a que han descendido los grupitos de «Golos» y «Vperiod», arrastrando tras de sí – en su caída – a todo aquel y a todo el que intentaba defenderlos.

¡Manos a la obra, camaradas socialdemócratas del partido! Sacudíos los últimos restos de vínculos con las corrientes no socialdemócratas y con los grupitos que, en contra de las decisiones del partido, las alimentan. Agrupaos en torno a la COR, ayudadla a convocar la conferencia y a consolidar el trabajo en las localidades. El POSDR ha padecido una grave enfermedad: la crisis está concluyendo.

¡Viva el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia unido, ilegal y revolucionario!

«Sotsial-Demokrat» núm. 25, 8 (21) de diciembre de 1911