El año próximo se celebrarán las elecciones a la IV Duma de Estado. La socialdemocracia debe iniciar de inmediato la campaña electoral. Ya se nota la "animación" entre todos los partidos en vista de las próximas elecciones. La primera fase del período de la contrarrevolución ha terminado claramente: las manifestaciones del año pasado, el movimiento estudiantil, el hambre en el campo y —¡lo último en el orden, pero no en importancia!— la ola de huelgas, todo esto indica de manera precisa el comienzo de un viraje, el comienzo de una nueva fase del período de la contrarrevolución. La propaganda intensificada, la agitación y la organización están a la orden del día, y el "gancho" natural, inevitable y candente en este trabajo son las próximas elecciones. (Observemos entre paréntesis que quienes, como el grupito de los "vperiodistas" entre los socialdemócratas, vacilan hasta ahora respecto a estas verdades elementales, plenamente confirmadas por la vida, la experiencia y el partido, y consideran que el "otzovismo" es un "matiz legítimo" ("Vperiod" Nº 3, mayo de 1911, pág. 78), simplemente se borran a sí mismos de las filas de las corrientes o tendencias de la socialdemocracia que tengan alguna seriedad.)

Primero, algunas observaciones sobre la organización, el planteamiento y la conducción de la campaña electoral. Para comenzarla inmediatamente, es necesaria la actividad inmediata e iniciadora de las células ilegales del partido del POSDR en todos los confines del país, en todas y cada una de las organizaciones legales y semilegales, en todas las grandes fábricas y plantas, entre todas las capas y grupos de la población. Hay que mirar de frente a la desagradable realidad. En la mayoría de los lugares no existen en absoluto organizaciones partidarias plenamente estructuradas. Existe una vanguardia obrera entregada a la socialdemocracia. Existen individuos aislados, existen pequeños grupos. Por eso, la formación iniciadora de células (– palabra que expresa bien la idea de que las condiciones externas imponen grupos, círculos y organizaciones pequeñas y muy flexibles) debe ser la primera tarea de todos los socialdemócratas, aunque sean dos o tres, que de alguna manera puedan "engancharse", reunir uno u otro contacto, comenzar un trabajo, aunque sea el más modesto, pero sistemático.

En la situación actual de nuestro partido, no hay nada más peligroso que la táctica de "esperar" el momento en que se constituya un centro ruso influyente. Todos los socialdemócratas saben que se está trabajando en su creación, que aquello sobre quienes recae ante todo ese deber han hecho todo lo posible para ello, pero todos los socialdemócratas deben saber también que las dificultades policiales son increíbles —¡no hay que desanimarse ante el primer, segundo y tercer fracaso!—, todos deben saber que, cuando se forme tal centro, tardará mucho en organizar una red sólida de enlaces con todas las localidades, y durante un tiempo considerable tendrá que limitarse únicamente a la dirección política general. Aplazar la formación de células locales iniciadoras del POSDR, estrictamente partidarias, ilegales, que comiencen de inmediato el trabajo preparatorio para las elecciones, que den inmediatamente todos los pasos posibles para el desarrollo de la propaganda y la agitación (imprentas ilegales, hojas volantes, órganos legales, grupitos de miembros "legales" del partido socialdemócrata, enlaces de transporte, etc., etc.), aplazar esta tarea significaría arruinar el trabajo.

Para la socialdemocracia, que valora las elecciones sobre todo como una labor de educación política del pueblo, la cuestión fundamental es, por supuesto, la del contenido ideológico y político de toda la propaganda y agitación vinculadas a las elecciones. Ésta es precisamente la cuestión de la plataforma electoral. Para cualquier partido que merezca mínimamente este nombre, la plataforma, mucho antes del momento de las elecciones, es ya algo dado, no algo inventado adrede "para las elecciones", sino que fluye inevitablemente de todos los asuntos del partido, de todo el planteamiento de su trabajo, de toda su orientación en el período histórico dado. Y para el POSDR la plataforma ya está dada, la plataforma ya existe, está determinada de manera natural e inevitable por los principios del partido y por la táctica que el partido ya ha establecido, ya ha aplicado y aplica en toda la época de la vida política del pueblo, a la cual las elecciones siempre hacen "balance" en cierto sentido. La plataforma del POSDR es el balance del trabajo que el marxismo revolucionario y las capas de obreros avanzados que le han permanecido fieles han realizado en la época de 1908-1911, en la época del desenfreno de la contrarrevolución, en la época del régimen del "3 de junio", del régimen "stolypiniano".

Tres componentes principales entran en este balance: 1) El programa del partido; 2) Su táctica; 3) Su valoración de las corrientes ideológico-políticas dominantes, más difundidas o más nocivas para la democracia y para el socialismo en el momento actual. Sin programa, es imposible un partido como organismo político mínimamente integral, capaz de mantener siempre la línea en todos y cada uno de los virajes de los acontecimientos. Sin una línea táctica, basada en la evaluación del momento político que se vive y que dé respuestas precisas a las "malditas preguntas" de la actualidad, es posible un círculo de teóricos, pero no una entidad política actuante. Sin la evaluación de las corrientes ideológico-políticas "activas", candentes o "de moda", el programa y la táctica pueden degenerar en "puntos" muertos, cuya aplicación en la vida, a los miles de cuestiones detalladas, concretas y concretísimas de la práctica, es impensable con comprensión de la esencia del asunto, con comprensión de "qué es qué".

En lo que concierne a las corrientes ideológico-políticas características del período 1908-1911 y particularmente importantes para comprender las tareas de la socialdemocracia, en primer plano se destaca aquí el "vejismo", como ideología de la burguesía liberal contrarrevolucionaria (ideología que corresponde plenamente a la política del partido kadete, digan lo que digan sus diplomáticos) y el liquidacionismo, como manifestación de esas mismas influencias decadentes y burguesas en los medios vinculados al movimiento obrero. Atrás de la democracia, lejos del movimiento de masas, lejos de la revolución: tal es el leitmotiv de las corrientes de pensamiento político que imperan en la "sociedad". Lejos del partido ilegal, de las tareas de la hegemonía del proletariado en la lucha de liberación, de la tarea de defender la revolución: tal es el leitmotiv del "vejismo" entre los marxistas, que ha hecho su nido en los órganos "Nasha Zariá" y "Delo Zhizni". Digan lo que digan los practicistas estrechos o las personas que, cansadas, se apartan de la dura lucha por el marxismo revolucionario en nuestra difícil época, no hay ni una sola cuestión de la "práctica", ni una sola cuestión del trabajo ilegal y legal de la socialdemocracia en cualquiera de las esferas de su labor, a la que se pudiera dar una respuesta precisa y completa al propagandista y al agitador sin comprender toda la profundidad y todo el significado de las indicadas "orientaciones de pensamiento" del período stolypiniano.

La plataforma electoral de la socialdemocracia a menudo es útil, y a veces necesario, rematarla con la proclamación de una breve consigna general, un santo y seña de las elecciones, que plantee las cuestiones más fundamentales de la práctica política inmediata, que ofrezca el motivo y material más conveniente y más cercano para desplegar una prédica socialista integral. Para nuestra época, tal santo y seña, tal consigna general, sólo podrían ser los tres puntos siguientes: 1) república, 2) confiscación de toda la tierra de los terratenientes, 3) jornada laboral de 8 horas.

El primer punto contiene la quintaesencia de las reivindicaciones de libertad política. Limitarnos a este último término para expresar nuestra posición partidaria sobre cuestiones de este tipo, o a algún otro, como "democratizaciones", etc., sería incorrecto por la razón de que debemos tomar en cuenta en la propaganda y la agitación la experiencia de la Revolución. La disolución de dos Dumas, la organización de pogromos, el apoyo a las bandas de los centurias negras y el indulto de sus héroes, las "hazañas liajovianas" en Persia{137}, el golpe de Estado del 3 de junio, una serie de subsiguientes "pequeños coups d'état" sobre este terreno (el artículo 87, etc.): tal es una lista nada completa de las acciones de nuestra monarquía de Románov - Purishkévich - Stolypin y Cía. Puede haber y ha habido condiciones históricas en que la monarquía resultó capaz de cohabitar con serias reformas democráticas como, por ejemplo, el sufragio universal. La monarquía no es, en general, una institución uniforme e invariable, sino muy flexible y capaz de adaptarse a las diferentes relaciones de clase de dominación. Pero sacar de estas consideraciones abstractas indiscutibles conclusiones sobre la monarquía rusa concreta del siglo XX significa burlarse de las exigencias de la crítica histórica y traicionar la causa de la democracia.

Nuestra situación y la historia de nuestro poder estatal —especialmente en el último decenio— nos muestran de manera patente que precisamente la monarquía zarista es el centro de la banda de terratenientes de las centurias negras (el primero de ellos, Románov), que ha hecho de Rusia un espantajo no sólo para Europa, sino ahora también para Asia; una banda que ha llevado hoy la arbitrariedad, los latrocinios y la malversación de los funcionarios, la violencia sistemática contra la "plebe", las torturas y los tormentos respecto a los adversarios políticos, etc., a proporciones completamente excepcionales. Dada la fisonomía concreta, la base económica concreta y la fisonomía política de nuestra monarquía, colocar en el centro de la lucha por la libertad política la reivindicación, por ejemplo, del sufragio universal, sería no tanto oportunismo como, en general, un despropósito. Si se trata de elegir un punto central de las reivindicaciones como consigna general de la campaña electoral, hay que disponer las diferentes reivindicaciones democráticas en una perspectiva y proporcionalidad mínimamente verosímiles; es que realmente no se puede, sin provocar la risa de las personas instruidas y generar confusión en la mente de las no instruidas, reclamar el reconocimiento de un trato decoroso hacia las mujeres y la inconveniencia de usar expresiones "inmorales" de Purishkévich, tolerancia de Iliodor, desinterés y honradez de Gurko y Reinbot, legalidad y régimen de derecho de Tolmachov y Dumbadze, ¡reformas democráticas de Nikolái Románov!

Planteemos la cuestión desde el punto de vista, por así decirlo, histórico-general. Es indiscutible (para todos, excepto para Larin y un puñado de liquidacionistas) que la revolución burguesa en Rusia no ha terminado. Rusia marcha hacia una crisis revolucionaria. Debemos demostrar la necesidad de la revolución, predicar su legitimidad y su "utilidad". Si es así, se debe llevar la agitación por la libertad política de tal manera que se plantee la cuestión en toda su amplitud, que se señale la meta a un movimiento victorioso, no a uno que se detenga a mitad de camino (como en 1905), que se dé una consigna capaz de suscitar entusiasmo en la masa que ha sufrido atrozmente por la vida rusa, enferma por la vergüenza de ser rusos, que aspira a una Rusia verdaderamente libre, verdaderamente renovada. Planteemos la cuestión desde el punto de vista práctico-propagandístico. Es que no se puede dejar de explicar hasta al campesino más oscuro que el Estado debe ser gobernado por una "Duma" elegida de modo más libre y popular que la primera. ¿Y cómo hacer para que a la "Duma" no la puedan disolver? No se puede hacer esto sin destruir la monarquía zarista.

Objetarán, tal vez: proclamar la consigna de la república como santo y seña de toda la campaña electoral significa excluir la posibilidad de realizarla legalmente, significa adoptar una actitud no seria ante el reconocimiento de la importancia y necesidad del trabajo legal. Semejante objeción sería un sofisma digno de los liquidacionistas. No se puede hablar legalmente de la república (con excepción de la tribuna de la Duma, desde la que se puede y se debe, manteniéndose plenamente en el terreno de la legalidad, hacer propaganda republicana), pero se puede escribir y hablar en defensa de la democracia de manera que no se haga la más mínima concesión a las ideas de la compatibilidad de la democracia con la monarquía, de manera que se refute y ponga en ridículo a los monárquicos liberales y populistas, de manera que el lector y el oyente se aclaren la conexión precisamente de la monarquía, como monarquía, con la falta de derechos y la arbitrariedad en Rusia. Oh, el hombre ruso ha pasado por una escuela de esclavitud de siglos: sabe leer entre líneas y completar lo no dicho por el orador. "No digas: no puedo, sino di: no quiero": así es como hay que responder a los militantes legales de la socialdemocracia que empezaran a aducir la "imposibilidad" de plantear la reivindicación de la república en el centro de nuestra propaganda y agitación.

Sobre la importancia de la reivindicación de la confiscación de toda la tierra de los terratenientes difícilmente haga falta extenderse en particular. En un momento en que en las aldeas rusas se oye un gemido incesante por la "reforma" stolypiniana, se desarrolla una lucha en las formas más encarnizadas entre los "nuevos terratenientes", los guardias rurales y la masa de la población, crece —según el testimonio de las personas más conservadoras y hostiles a la revolución— un rencor nunca antes visto, en tal momento, dicha reivindicación debe estar en el centro de toda la plataforma electoral democrática. Observemos tan sólo que precisamente esta reivindicación separará netamente a la democracia proletaria consecuente no sólo del liberalismo terrateniente de los kadetes, sino también de esas charlas intelectualoides y burocráticas sobre "normas", "normas de consumo", "normas productivas", sobre "reparto igualitario" y demás disparates que aman los populistas y de los que se ríen todos los campesinos sensatos. No tenemos por qué decir "cuánta tierra necesita el mujik": el pueblo ruso necesita confiscar toda la tierra de los terratenientes para sacudirse el yugo de la opresión feudal en toda la vida económica y política del país. Sin tal medida, Rusia jamás será libre, el campesino ruso jamás estará mínimamente saciado y alfabetizado.

Menos necesarios aún son los comentarios al tercer punto: la jornada laboral de 8 horas. La contrarrevolución arrebata con furia a los obreros las conquistas del año Quinto, y con tanta más fuerza se intensifica en el medio obrero la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo y de vida; a la cabeza de estas mejoras está la jornada laboral de 8 horas.

Resumiendo, se puede expresar en dos palabras la esencia y el nervio vital de la plataforma electoral socialdemócrata: ¡por la revolución! Lev Tolstói dijo poco antes de su muerte, y lo dijo con un lamento característico de los peores aspectos del "tolstoísmo", que el pueblo ruso "había aprendido a hacer la revolución" con una rapidez extraordinaria. Nosotros lamentamos sólo que el pueblo ruso no haya terminado de aprender esta ciencia, sin la cual puede permanecer siglos enteros siendo esclavo de los Purishkévich. Pero es cierto que el proletariado ruso, en su afán por la transformación socialista completa de la sociedad, ha dado al pueblo ruso en general y a los campesinos rusos en particular lecciones insustituibles en esta ciencia. Ni las horcas de Stolypin, ni los afanes de los "vejistas" harán olvidar estas lecciones. La lección está dada. La lección se asimila. La lección se repetirá.

El programa del POSDR, nuestro viejo programa de la socialdemocracia revolucionaria, es la base de nuestra plataforma electoral. Nuestro programa da una formulación precisa de nuestras tareas socialistas, del objetivo final del socialismo, y además una formulación aguzada en particular contra el oportunismo y el reformismo. En una época en que el reformismo en muchos países, incluido el nuestro, levanta cabeza, y en que, por otra parte, se multiplican los indicios que señalan que en los países más avanzados está llegando a su fin el período del llamado "parlamentarismo pacífico", comienza un período de fermentación revolucionaria de las masas, en tal época, nuestro viejo programa adquiere una importancia aún mayor (si es que aquí cabe el grado comparativo). En relación con Rusia, el programa del POSDR plantea al partido el objetivo inmediato: "el derrocamiento de la autocracia zarista y su sustitución por una república democrática". Las secciones especiales del programa, dedicadas a las cuestiones de la administración estatal, las finanzas, la legislación obrera y la cuestión agraria, proporcionan un material orientador preciso y definido para todo el trabajo multifacético de cualquier propagandista y agitador, para la concreción de nuestra plataforma electoral en las intervenciones ante tal o cual auditorio, sobre tal o cual motivo, con tal o cual tema. La táctica del POSDR de la época 1908-1911 está definida por las resoluciones de diciembre de 1908. Confirmadas por el Pleno de enero de 1910, verificadas por la experiencia de todo el período "stolypiniano", estas resoluciones ofrecen una evaluación precisa del momento y de las tareas que se derivan de él. La vieja autocracia sigue siendo el principal enemigo, sigue repitiéndose la inevitabilidad de la crisis revolucionaria hacia la cual Rusia marcha nuevamente. Pero la coyuntura ya no es la vieja, la autocracia ha dado "un paso por el camino de su transformación en monarquía burguesa", intenta consolidar la propiedad territorial de los señores feudales con una nueva política agraria burguesa; organiza las alianzas de los señores feudales y la burguesía en la Duma negriamarilla; utiliza el amplio estado de ánimo contrarrevolucionario (= "vejista") en la burguesía liberal. El capitalismo ha dado algunos pasos adelante, las contradicciones de clase se han agudizado, la escisión entre los elementos democráticos y el liberalismo "vejista" de los kadetes se ha hecho más clara, la actividad de la socialdemocracia abarca nuevas esferas (la Duma y las "posibilidades legales"), dando la posibilidad, a despecho de la contrarrevolución, de ampliar la esfera de acción de la propaganda y la agitación incluso en medio de una fuerte "destrucción" de las organizaciones ilegales. Las viejas tareas revolucionarias, los viejos y probados métodos de lucha revolucionaria de masas: esto es lo que defiende nuestro partido en la época de descomposición y desmoronamiento, cuando a menudo hay que "empezar desde el principio", hay que, no sólo a la vieja manera, sino también de una nueva, con nuevos procedimientos, en una coyuntura modificada, llevar el trabajo preparatorio, reuniendo fuerzas para la época de nuevas batallas.

"Social-Demócrata" Nº 24, 18 (31) de octubre de 1911.

Se publica según el texto del periódico "Social-Demócrata"