Nuestro partido ha llegado, indudablemente, a uno de los puntos críticos de su desarrollo. Todos los bolcheviques deben esforzarse al máximo para esclarecer a fondo su línea de principios, unirse y, de nuevo como antes, encaminar al partido por la senda correcta.

En el extranjero acaban de producirse (en junio y julio de 1911) acontecimientos que significan la crisis de los centros del partido. Estos acontecimientos, relatados y esclarecidos en una serie de hojas por casi todas las fracciones y tendencias, se reducen a que los liquidacionistas (a través de la Oficina del Comité Central en el Extranjero) hicieron fracasar definitivamente la convocatoria del pleno. Los bolcheviques rompieron con esa Oficina del CC en el Extranjero, que se había puesto fuera de la ley, y en bloque con los «conciliadores» y los polacos crearon una «Comisión Técnica» y una «Comisión Organizadora» para convocar una conferencia.

¿Cuál es el significado de principio de estos acontecimientos?

La ruptura con los liquidacionistas, que habían roto con el POSDR pero entorpecían toda su labor desde dentro de los centros (como la Oficina del CC en el Extranjero), significa la eliminación de ese obstáculo y la posibilidad de emprender unidos la restauración del partido socialdemócrata ilegal y verdaderamente revolucionario. Esto es lo primero y principal. Lo segundo: la ruptura con la Oficina del CC en el Extranjero, que infringió todas las leyes del partido (y la consiguiente salida de la redacción del Órgano Central de Mártov y Dan, que desde febrero de 1910 no participaban en absoluto en el OC), significa la corrección de aquel error del pleno (de enero de 1910) en virtud del cual en los centros no estaban los mencheviques del partido, sino los seguidores de *Golos*, es decir, los liquidacionistas. La línea de principios del pleno (la depuración del partido obrero de las tendencias burguesas del liquidacionismo y el otzovismo) está ahora liberada de los centros liquidacionistas que la encubrían.

Afortunadamente, los gritos hipócritas de los seguidores de *Golos* y de Trotski en defensa de la Oficina del CC en el Extranjero encontraron valoración en los árbitros. Tres socialdemócratas alemanes (Mehring, Kautsky y Zetkin) debían decidir sobre el dinero bolchevique, entregado condicionalmente al CC, pero decidieron, de forma preliminar, antes de la conferencia, entregar el dinero no a la Oficina del CC en el Extranjero, sino a la Comisión Técnica. Esta decisión equivale a que el tribunal arbitral reconoce la falta de razón de la Oficina del CC en el Extranjero.

¿Cómo se comportan las demás fracciones en el extranjero? Trotski, por supuesto, defiende a capa y espada a los liquidacionistas, los seguidores de *Vperiod* también (esto aún no lo han dicho en la prensa pero se sabe por sus negociaciones oficiales con la Comisión Organizadora). Plejánov «espera y observa», predicando de momento (véase la resolución de los plejanovistas) un acuerdo con la Oficina del CC en el Extranjero.

La Oficina del CC en el Extranjero intenta emprender por su cuenta la convocatoria de una conferencia con ayuda de Trotski, *Vperiod* y Cía. No se sabe si de semejante «unión» saldrá algo. El fracaso de principios es aquí inevitable. De este bloque no puede salir nada ni remotamente parecido a un trabajo de partido. Excepto una intriga para encubrir la actividad antipartido y antisocialdemócrata del grupo del señor Potrésov, Mijaíl, Yuri, Román y Cía, el «bloque» organizado por la antigua Oficina del CC en el Extranjero no significa nada.

La tarea de los bolcheviques ahora es unirse, rechazar a todos los enemigos de la socialdemocracia, dar ejemplo a todos los vacilantes y ayudar al POSDR ilegal a ponerse en pie.

Dicen: esto es una escisión. La hipocresía de estos gritos de los señores de la Oficina del CC en el Extranjero la han reconocido incluso los alemanes, ajenos a los asuntos rusos. El folleto de Mártov en alemán, entregado a los depositarios, suscitó el comentario de Clara Zetkin: «Una obra inmunda».

En Rusia no hay escisión de las organizaciones ilegales, no hay organizaciones socialdemócratas paralelas. Hay gente del partido y liquidacionistas que se han separado, que se han aislado. Los grupos de los seguidores de *Golos*, de Trotski, del Bund, de *Vperiod* y otros semejantes en el extranjero quieren encubrir la separación de los liquidacionistas, ayudarlos a ocultarse bajo la bandera del POSDR, ayudarlos a hacer fracasar la restauración del POSDR. Nuestra tarea es rechazar a toda costa a los liquidacionistas y, a pesar de su resistencia, reconstruir el POSDR. Llamar «escisión» a la reconstrucción y el fortalecimiento del partido ilegal, a pesar de la resistencia de los legalistas que se han escindido, significa burlarse de la verdad y (consciente o hipócritamente) tender la mano a los liquidacionistas. Dicen que los bolcheviques quieren el espíritu de fracción. En este punto se han separado ahora (en París) los «conciliadores» en una fracción aparte. Sin desear el «fraccionalismo», han creado una nueva fracción (con representación especial en la Comisión Técnica y en la Comisión Organizadora; ése es precisamente el rasgo fundamental de una fracción, la disciplina interna de los «conciliadores» entre sí).

¿Cómo se plantea la cuestión del espíritu de fracción? Los bolcheviques disolvieron en enero de 1910 su fracción con la condición de que también se disolvieran todas las fracciones. Como todos saben, la condición no se ha cumplido. Tanto *Golos* como *Vperiod*, así como Trotski y Cía, han reforzado su aislamiento fraccional. Y nosotros, los bolcheviques, el 5 de diciembre de 1910 declaramos abiertamente que la condición había sido violada, que nuestro acuerdo sobre la disolución de las fracciones quedaba rescindido y exigimos la devolución del dinero de nuestra fracción.

No sólo las tendencias antipartido, sino también los plejanovistas siguieron siendo una fracción; tienen su propio órgano (*Dnevnik*), su propia plataforma, sus propios candidatos fraccionales a los centros, su propia disciplina interna de fracción.

Qué frase más vacía, en semejante estado de cosas, los gritos contra el «espíritu de fracción», y además por parte de personas que acaban de formar su propia fracción. Ya es hora de comprender que los gritos contra el espíritu de fracción son una cortina de humo sobre la cuestión realmente importante, sobre la cuestión del contenido partidista o antipartidista del trabajo de las distintas fracciones. Nosotros, los bolcheviques, formamos la CT y la CO en bloque con las fracciones de los «conciliadores» y los polacos. Los polacos están por los «conciliadores», nosotros somos minoría, no respondemos de los errores conciliadores de la CT y la CO. Toda la historia del «conciliacionismo» (que contaremos en la prensa tan pronto como los conciliadores nos obliguen a hacerlo) clama sobre su carácter erróneo. Los bolcheviques deben comprenderlo para no repetir más estos errores.

Los «conciliadores» no comprendieron las raíces ideológicas de la delimitación con los liquidacionistas, y por eso les dejaron una serie de resquicios y a menudo fueron (involuntariamente) un juguete en manos de los liquidacionistas. Los «conciliadores» hicieron aprobar en el pleno de enero de 1910 (junto con los polacos) un punto idiota de la resolución: «Por primera vez», etc. (véase la *Hoja de Discusión* n.º 2, en Lenin{128}, y el *Dnevnik* de Plejánov, que reconoció que este punto era hinchado, integralista, es decir, absurdo). Los conciliadores confiaron en los seguidores de *Golos*; *Golos*, por ello, cubrió públicamente de vergüenza a los conciliadores con sus gordos besos.

Los conciliadores confiaron en Trotski, quien abierta y completamente viró hacia los liquidacionistas. Los conciliadores en Rusia (teniendo durante más de un año la Oficina del CC, es decir, todo el poder y todo el dinero) regatearon con los liquidacionistas, los invitaron, los «esperaron» y, por eso, no hicieron nada.

Ahora, al entrar en la CT y la CO, los conciliadores han llegado a una encrucijada: por un lado, el hecho de la ruptura con la Oficina del CC en el Extranjero es el reconocimiento y la corrección de los errores conciliadores. Por otro lado, la formación de una fracción aparte contra los bolcheviques y la alianza con los polacos menos estables es un paso hacia la continuación de los viejos errores.

Nuestro deber es prevenir a todos los bolcheviques sobre este peligro y llamarlos a la unión de todas las fuerzas y a la lucha por la conferencia. Todo y todos deben ser movilizados para esta lucha. Los bolcheviques deben vencer para encaminar al partido por la senda correcta.

Los bolcheviques como tendencia han vivido dos errores después de la revolución: 1) el otzovismo-seguidismo de *Vperiod* y 2) el conciliacionismo (oscilación hacia los liquidacionistas). Es hora de librarse de ambos.

Nosotros, los bolcheviques, hemos decidido firmemente: no repetir en ningún caso (y no permitir que se repita) el error conciliador ahora. Eso significaría entorpecer la restauración del POSDR, enredarlo en un nuevo juego con los seguidores de *Golos* (o con sus lacayos como Trotski), los seguidores de *Vperiod* y semejantes. Pero el momento es crítico, no se puede demorar.

Todos los bolcheviques deben unirse, celebrar rápida y a toda costa la conferencia, vencer en ella o pasar a una oposición abierta, clara y de principios. Sólo el bolchevismo, ajeno a las oscilaciones tanto a la izquierda como a la derecha, puede encaminar al partido por la senda correcta.

Escrito en julio de 1911.

Publicado por primera vez en 1956 en la revista *Komunist*, n.º 5.

Se publica según la copia mecanografiada.