Traducción del alemán.
Ejemplar nº 1 para el camarada K. Kautsky.

¡Estimado camarada!

Lamento mucho que nos veamos obligados a interrumpir su trabajo científico y a dirigirnos a usted, así como a los camaradas Mehring y Clara Zetkin, con la solicitud de que resuelvan sin demora nuestra cuestión en disputa. La crisis en nuestro partido dura ya desde hace año y medio, y desde hace siete meses, desde el 5 de diciembre de 1910, exigimos [la devolución de] los bienes de nuestra fracción, que entregamos al Comité Central únicamente bajo [determinadas] condiciones. Hemos realizado todos los esfuerzos, hemos esperado mes tras mes, no hemos rechazado ningún intento de mediación en nuestra organización, únicamente para ahorrarles a usted, a Mehring y a Zetkin la desagradable y engorrosa tarea de ser jueces de la crisis en nuestro partido.

Pero todos los intentos han fracasado y, bajo ninguna circunstancia, podemos seguir esperando. Nos vemos obligados a pedirles que emitan urgentemente un laudo arbitral. Todo se ha paralizado, es imposible concluir ningún asunto del partido, el Órgano Central ha dejado de publicarse, la escuela del partido se ha visto forzada a suspender su actividad, los funcionarios del partido carecen de medios de subsistencia, y todo ello porque no dispongo ya ni de un kopek. El asunto debe resolverse inexcusablemente en el plazo de una o dos semanas.

Y ahora, sobre el asunto en sí.

El primer documento en nuestra disputa es la resolución de la reunión plenaria del Comité Central de enero de 1910. Esta resolución fue publicada en el nº 11 del Órgano Central en febrero de 1910. Se adjunta su traducción literal (véanse los anexos 1a y 1b).

A primera vista, es, por supuesto, una resolución muy extraña. Es un acuerdo entre el Comité Central y la fracción, un acuerdo entre el todo y la parte. Naturalmente, algo así es imposible en ningún partido serio.

Pero precisamente el hecho de que en nuestro partido fuera posible y necesario concluir semejante acuerdo y publicarlo en el Órgano Central demuestra que nos encontramos en una situación excepcional y que sería un error supremo examinar la situación en nuestro partido desde un punto de vista «europeo».

En nuestro partido, ya desde 1903, reina el fraccionalismo a causa de una escisión que, de facto, ha ocupado el lugar de la unidad nominal.

El acuerdo, que parece tan extraño, es formalmente un acuerdo entre el Comité Central del partido, es decir, la representación general de todas las fracciones, y una fracción; pero el contenido, el sentido de este acuerdo, es: la disolución de todas las fracciones.

Nuestra fracción bolchevique concluyó con el Comité Central un acuerdo según el cual disolvemos nuestra fracción y entregamos los bienes de nuestra fracción al Comité Central a condición de que todas las fracciones hagan lo mismo.

Si se llega a comprender este contenido, este sentido de nuestro extraño acuerdo, se podrán explicar fácilmente todas las complicaciones de nuestra lucha partidaria.

Al incluir en su propia [decisión] nuestra «Declaración» de que exigiremos la devolución de los bienes de nuestra fracción si los mencheviques continúan publicando su órgano fraccional y no disuelven su fracción, y al publicarla en el Órgano Central del partido, el Comité Central reconoció que tenemos derecho a la devolución de los bienes de nuestra fracción si todas las demás fracciones no son disueltas. Es decir: no la «condena» del fraccionalismo –que ya se había condenado de la manera más solemne innumerables veces sin resultado visible–, sino la disolución fáctica de todas las fracciones era la condición bajo la cual nosotros disolveríamos nuestra fracción. Tal disolución de todas las fracciones era posible bajo la condición de que los bolcheviques rechacen a los «otzovistas» (es decir, a aquellos que quieren retirar a los diputados obreros de la Duma y, en general, boicotear la III Duma), y los mencheviques, por su parte, renuncien a los «liquidadores» (es decir, a aquellos miembros del partido que quieren liquidar, suprimir el actual, viejo y revolucionario partido, y sustituirlo por un partido obrero nuevo, legal, informe, «abierto» –nosotros decimos «stolypiniano»).

De esto se desprende: debemos probar tres hechos para fundamentar nuestras pretensiones de devolución de los bienes de la fracción:

1.  que las otras fracciones no se disolvieron,
2.  que nosotros no actuamos con ligereza, sino que colaboramos seriamente con aquellos mencheviques que luchan contra el liquidacionismo, que realmente disolvimos nuestra organización fraccional y suprimimos nuestro órgano fraccional («Proletari»),
3.  que el Comité Central se mostró impotente para erradicar el fraccionalismo y crear en su lugar órganos capaces de asumir el trabajo organizativo, y ello a pesar de todos los esfuerzos, a pesar de nuestra activa ayuda bolchevique.

Así pues, pasamos ahora a aportar estas pruebas. Aunque en esta lucha interna, por supuesto, no hemos podido evitar una increíble cantidad de insultos y vituperios, queremos, y hay que decirlo de antemano, aducir únicamente hechos comprobables, y no acusaciones vacías.

1.  El hecho de la no-disolución de las fracciones de los (mencheviques-) «liquidadores» y de los (bolcheviques-) «otzovistas» (el grupo «Vperiod») no está sujeto a duda alguna. El órgano fraccional de los liquidadores (mencheviques) «Golos Sotsial-Demokrata» («La Voz») no fue clausurado.

Para demostrar que no solo los bolcheviques, sino también aquellos mencheviques que luchaban contra el liquidacionismo, consideraban que la continuación de la publicación de «Golos» significa la persistencia de la fracción, citaremos:

1.  Las palabras de Plejánov, uno de los dirigentes mencheviques que se manifestó contra el liquidacionismo. Inmediatamente después de la reunión plenaria del Comité Central en enero de 1910, escribió en su «Dnevnik Sotsial-Demokrata» literalmente lo siguiente: «Golos» es «su centro fraccional de facto, y además irresponsable».

Es decir, es evidente que «Golos» fue y sigue siendo el centro fraccional de los mencheviques.

Plejánov señaló en 1910 en repetidas ocasiones, y abiertamente en el Órgano Central del partido, que «Golos», también después de la reunión plenaria, no combate en absoluto el liquidacionismo, e incluso lo defiende y lo fomenta.

El 4 de abril de 1910, los antiliquidadores de entre los mencheviques (entre ellos Rappoport, colaborador de «Die Neue Zeit», a quien el camarada Kautsky conoce personalmente) publicaron una resolución. En ella se dice literalmente que «Golos», si no formalmente, sí en esencia, es el centro fraccional de facto de los mencheviques (punto 3 de la resolución), que el mantenimiento de «Golos» conlleva inevitablemente «la conservación de otros órganos fraccionales» (punto 4), que «Golos» después de la reunión plenaria representa y defiende el liquidacionismo aún más que antes (puntos 5 y 6), y que los bolcheviques, por el contrario, cumplieron la decisión del pleno «cerrando su "Proletari" fraccional» (punto 8).

Consideramos que estas declaraciones oficiales de Plejánov, de Rappoport y de los camaradas mencheviques –a quienes no se puede sospechar de simpatizar con los bolcheviques como tales– demuestran suficientemente que los liquidadores-mencheviques tienen en «Golos» su centro fraccional.

Además. La unificación de los grupos del extranjero de los socialdemócratas rusos, que el pleno del Comité Central exigió con toda energía y de manera completamente oficial, no se produjo. Los partidarios de «Golos», tanto después de la reunión plenaria como antes, forman grupos fraccionales independientes que no apoyan al partido, sino al liquidacionista «Golos». Los grupos fraccionales de «Golos» están incluso unidos en una organización central fraccional. Es decir, el fraccionalismo continúa existiendo sin cambios.

Tras la reunión plenaria de enero de 1910, se hicieron en Rusia repetidos intentos de revivir el Comité Central. Cuatro miembros bolcheviques del Comité Central trabajaron durante año y medio después de dicha reunión plenaria para que el Comité Central volviera a ocupar una posición digna. Los cuatro miembros bolcheviques del Comité Central han sido detenidos: Meshkovski, Innokenti, Makar, Lindov.

Consideramos que no hay otra prueba "mejor" –sit venia verbo (si se me permite la expresión)– de que los bolcheviques trabajaron realmente.

Ningún miembro del Comité Central de la fracción menchevique fue detenido durante el trabajo; siguen en libertad, porque no hicieron nada, es decir, absolutamente nada, por la reactivación del Comité Central.

Si alguien quisiera impugnar este hecho, le rogaremos cortésmente: no palabras, sino pruebas. Nosotros tenemos cartas que Innokenti, Makar y otros escribieron desde Rusia, y con ayuda de estas cartas podemos demostrar documentalmente que estos camaradas trabajaron realmente por la reactivación del Comité Central.

Afirmamos que los mencheviques no pueden presentar cartas similares de sus miembros del Comité Central (Piotr y Kostrov). ¡Afirmamos que Piotr ni una sola vez –a lo largo de año y medio– intervino en las sesiones del Buró del Comité Central! Además, afirmamos que Kostrov solo en 1911 –es decir, ¡después de un año de absoluta inactividad!– se presentó dos veces en el Buró, sin ocuparse de nada práctico. Recientemente, aquí en París, en una reunión del Comité Central, el letón Martín preguntó muy abiertamente al liquidador y partidario de «Golos», Igorev, si podía presentar cartas y otras pruebas de que Kostrov hubiera realizado realmente algún trabajo en interés del Comité Central. E Igorev se vio obligado a responder negativamente a estas preguntas (véanse los protocolos).

Pero no es suficiente. Los mencheviques-liquidadores tienen en Rusia un grupo legal que actúa en la prensa y en algunas organizaciones obreras legales de manera completamente independiente del partido. La reunión plenaria del Comité Central de enero de 1910 puso como condición previa para la disolución de las fracciones (como «pacte d'unité» – «acuerdo de unidad») la exigencia de que los bolcheviques rechazaran completamente a los «otzovistas» (de paso cabe señalar: nosotros, los bolcheviques, ya en el verano de 1909, es decir, antes de la reunión plenaria, habíamos excluido formalmente a los otzovistas de nuestra fracción) y desarrollaran, por su parte, una actividad legal, para que no quedara espacio en nuestro partido para la negación anarquista del trabajo legal, pero por otra parte, declaró que toda negación, e incluso la subestimación de la organización ilegal, solo refuerza la influencia de la burguesía sobre el proletariado y es incompatible con los intereses del partido. Para formar de manera más solemne y oficial el acuerdo de unidad (pacte d'unité) el pleno decidió nombrar al señor Potrésov, jefe del grupo legalista, redactor de la revista legal del partido, naturalmente bajo la condición de que este señor se desmarcara de los liquidadores y cumpliera lealmente las decisiones del partido.

¡Y entonces ocurrió algo increíble!

La reunión plenaria tuvo lugar en París en enero de 1910. En ese mismo mes salió en Petersburgo el primer número de la revista de los liquidadores «Nasha Zariá». En febrero, es decir, inmediatamente después de la reunión plenaria, salió el segundo número de esta revista, y el señor Potrésov anunció en él, de manera breve y clara, que el centro de los liquidadores es un «fantasma», puesto que –sí, puesto que– ¡no se puede liquidar lo que en general no existe!!! Literalmente («Nasha Zariá», nº 2, p. 71).

¡Al día siguiente del pleno, el jefe de los liquidadores se burlaba de las resoluciones precisamente de ese pleno, negaba la existencia del partido, defendiendo a Stolypin, que no nos permite hablar legalmente de socialdemocracia revolucionaria! Declaró la total y absoluta independencia del grupo de legalistas respecto del partido.

Es imaginable la tormenta de indignación que esta intervención del señor Potrésov provocó en las filas del partido. Nosotros, los bolcheviques, a partir de entonces llamamos a este señor y a su grupo únicamente «legalistas independientes» –independientes del socialismo, por supuesto– o héroes del partido obrero stolypiniano.

Pero no solo los bolcheviques consideraron la intervención del señor Potrésov como una traición al partido. El menchevique Plejánov, que fue lo bastante sincero como para manifestarse abiertamente contra el liquidacionismo, escribió en el Órgano Central del partido literalmente que ¡el señor Potrésov «no existe para nuestro partido»!

Nosotros compartimos igualmente este punto de vista y declaramos resueltamente que este grupo de legalistas no es para nosotros una organización socialdemócrata, sino solo un «partido obrero stolypiniano».

Los partidarios de «Golos» no solo no rompieron con Potrésov y su campaña, sino que declararon (como Mártov en agosto de 1910) que «los liquidadores salvaron el honor del partido».

Además. Al grupo de Potrésov y Cía. pertenecen los mencheviques –miembros del Comité Central– M[ijaíl], Y[uri] y R[omán]. Son personas enérgicas, bien conocidas por todos los socialdemócratas, que han desarrollado una celosa actividad legalista. Se podía afirmar sin vacilar: si los mencheviques quisieran seguir lealmente las resoluciones del pleno, entonces precisamente estas personas (por ser los dirigentes de facto del grupo de legalistas en la esfera práctica) ayudarían al Comité Central –y viceversa; si estas personas niegan su ayuda al Comité Central, se obtendrá la prueba de que los legalistas se separan definitivamente del partido. Precisamente por eso, los miembros del Comité Central en Rusia –los bolcheviques– se dirigieron a estos señores inmediatamente después de la reunión plenaria y les pidieron que participaran en la constitución del Comité Central. ¿Y cuál fue el resultado?

M[ijaíl], Y[uri] y R[omán] se negaron y declararon que nunca participarían en una reunión del Comité Central para la cooptación de nuevos miembros y que, en general, consideran perjudicial la existencia del Comité Central.

Esto fue una traición absoluta al partido. El Órgano Central del partido publicó en la primavera de 1910 esta respuesta de los señores M[ijaíl], Y[uri] y R[omán] y los declaró enemigos del partido.

Los señores M[ijaíl], Y[uri] y R[omán] guardaron silencio durante todo un año. Solo después publicaron una «refutación» en «Golos», en la que, sin embargo, ¡se confirma el hecho mismo de que no participaron en la reunión del Comité Central! Más aún. Los autores de la «refutación» confirmaron que se les acercó un bolchevique con la propuesta de participar en las reuniones del Comité Central, y que este bolchevique no solo no era un partidario ciego de Lenin (léase: un enemigo jurado, bête noire (bestia negra), enemigo personal de los liquidadores), ¡sino que incluso negaba el «matiz leninista» [en el partido] y representaba un punto de vista muy «conciliador»!

Con esto queda definitivamente constatado que los miembros bolcheviques del Comité Central en Rusia abordaron las negociaciones con los legalistas con la mayor prudencia y espíritu de paz, para inducirlos a cumplir las resoluciones de la reunión plenaria. Y a pesar de ello, los jefes de los legalistas rechazaron la propuesta del partido y, con ello, al partido. Así fundamentó definitivamente el grupo legalista su independencia del partido. Continuando la lucha contra el partido, los señores M[ijaíl], Y[uri], R[omán] y Cía. intervinieron en reuniones legales en las que participaban obreros, y en el Congreso de Artesanos. ¡Un bundista se vio incluso obligado a reconocer en una reunión privada de delegados obreros del Congreso de Artesanos que M[ijaíl], Y[uri] y R[omán] mantienen una posición antipartido!

Para terminar con la actividad antipartido de los liquidadores, señalemos aún otro hecho importante. La fracción socialdemócrata en la Duma es, sin duda, uno de los factores más importantes en la vida de nuestro partido. ¿Cuál fue, pues, la posición de esta fracción de la Duma? Sus miembros son en su mayoría mencheviques, por lo tanto, es imposible sospechar que simpaticen con los bolcheviques como tales. Y sin embargo, la fracción de la Duma demostró con hechos, y no con palabras, que actuaba con los bolcheviques contra los liquidadores. La prueba es la aparición del semanario socialdemócrata legal «Zvezdá». Se publica en San Petersburgo, con la participación en la redacción de miembros de la fracción de la Duma (naturalmente, no se puede hablar de esto abiertamente, porque de lo contrario los diputados de la Duma irían a la cárcel). Hasta ahora han salido 24 números. Es decir, casi medio año de existencia: ¡un plazo muy, muy largo para un periódico socialdemócrata legal en Rusia!

¿Qué demuestra este periódico? No contiene ni un solo artículo de los liquidadores, ni un solo artículo de Trotski, que apoya de hecho a los liquidadores, ni un solo artículo de los partidarios de «Golos». Solo artículos de los bolcheviques y de Plejánov con sus amigos –los antiliquidadores.

El dirigente de los liquidadores y redactor de «Golos», Mártov, se vio obligado a reconocer públicamente («Nasha Zariá», número.., página...) que «Zvezdá», al igual que la revista bolchevique «Mysl», pertenece a la corriente antiliquidacionista.

Por consiguiente: el trabajo legal lo realizamos nosotros junto con Plejánov y la fracción de la Duma, sin los liquidadores y contra ellos. La resolución del pleno sobre el trabajo con Potrésov fue anulada por el curso de los acontecimientos, ya que no había ninguna posibilidad de trabajar con los liquidadores. De esto se deduce que precisamente los liquidadores hicieron imposible la unificación y que nuestra actual y definitiva ruptura con los liquidadores no fue arbitraria, ni irreflexiva, ni ligera, sino que es una necesidad condicionada por el estado general de las cosas, por el estado del trabajo, por la participación real en la causa de la socialdemocracia.

En nuestra revista bolchevique legal «Mysl» colaboraron Plejánov y Rappoport. Es decir, está probado que realizamos un acercamiento con los mencheviques antiliquidadores, que cumplimos la resolución del pleno.

Plejánov y Rappoport colaboraron también en nuestra «Rabóchaya Gazeta» («Gaceta Obrera») bolchevique ilegal. Otra prueba más de que nuestra fracción ve ahora su tarea no en la supresión de todas las demás fracciones, sino en la unificación de todos los elementos antiliquidacionistas.

La fundación de la «Rabóchaya Gazeta» es, en general, la circunstancia que arroja una luz clara sobre el fraccionalismo que existe de facto en nuestro partido. El pleno decidió apoyar la «Pravda» de Trotski y enviar un representante del Comité Central al consejo de redacción de «Pravda». ¡En agosto de 1910 se produjo la ruptura entre Trotski y el representante del Comité Central! Trotski apoyó tan celosamente a los liquidadores y a los otzovistas, que solo estos elementos simpatizaban con su periódico, ¡y los mencheviques antiliquidadores no participaban en él! La intervención de Trotski en el «Vorwärts» durante el Congreso de Copenhague indujo a Plejánov, a los camaradas polacos como representantes del Órgano Central, y a mí como representante de los bolcheviques, a presentar enérgicamente una protesta ante la dirección del Partido Socialdemócrata de Alemania contra la posición desleal y antipartido de Trotski.

Hecho: el órgano de Trotski continúa existiendo sin representante del Comité Central como un órgano fraccional, y nosotros, por nuestra parte, dirigimos nuestra «Rabóchaya Gazeta» bolchevique junto con Plejánov y otros. Otra prueba más de que no fue la «intransigencia e inflexibilidad fraccional» –como nos reprochan nuestros adversarios– sino la persistente existencia de las otras fracciones lo que nos obligó a fundar un órgano fraccional bolchevique, que, sin embargo, trabajó en pro del acercamiento con Plejánov.

Pasemos ahora a las otras fracciones, al grupo «Vperiod». Como se ha dicho más arriba, nosotros, los representantes oficiales de la fracción bolchevique, los excluimos ya antes de la reunión plenaria [de 1910], en el verano de 1909, a causa del «otzovismo». Consideramos que durante el auge revolucionario, cuando se elevaron las olas de las huelgas revolucionarias de masas en Rusia, el boicot a la primera Duma en aquellas condiciones era una obligación de la socialdemocracia revolucionaria. Pero ahora, durante la contrarrevolución, el boicot se ha convertido en una frase vacía. Desde junio de 1907 hicimos todo lo posible dentro de nuestra fracción para demostrar lo erróneo de la idea del boicot. En el verano de 1909 fueron excluidos los otzovistas. El pleno de enero de 1910 condenó resueltamente el otzovismo y exigió la disolución de todas las fracciones. Pero, en contraposición a ello, el grupo «Vperiod» proclamó el otzovismo como un «matiz legítimo», continuó actuando como una fracción independiente y, precisamente después de la reunión plenaria, hizo todo lo posible para apuntalar la retaguardia de los otzovistas. Así, el grupo «Vperiod» organizó en Bolonia, en la primavera de 1910, una «escuela» fraccional, una escuela de propagandistas, que en nuestras condiciones actuales, dada la ausencia de organizaciones locales formalizadas en la mayor parte de Rusia, se parece de hecho mucho a una conferencia, a un congreso de la fracción. El órgano correspondiente del partido, el Comité Escolar creado por el pleno, condenó enérgicamente este aislamiento y tomó la decisión de que ningún miembro verdadero del partido podía participar en esta escuela fraccional o, si llamamos a las cosas por su nombre, en este centro de una fracción antipartido. El éxito de esta condena, como siempre en nuestro fraccionalismo, fue completamente negativo. La fracción despreció la decisión del partido. Los mencheviques partidarios de «Golos» y Trotski actuaron en contra de la decisión del partido. La fracción «Vperiod» sigue existiendo con su propia agencia y su propia caja; la escuela en Bolonia costó más de 10 000 francos, esto está establecido. La literatura fraccional del grupo «Vperiod» se burla abiertamente de todos los órganos del partido. En cuanto a la táctica, carecemos hasta ahora de una declaración clara e inequívoca por parte de este grupo a favor de la participación en las elecciones a la IV Duma.

La situación es la siguiente: se avecinan las elecciones a la IV Duma. Los legalistas, los fundadores del «partido obrero stolypiniano», llevan a cabo una lucha electoral independiente, y no cabe ninguna duda de que se presentarán con candidatos propios, sin preocuparse por el partido «inexistente» –por supuesto, inexistente solo para ellos. La fracción «Vperiod» no participa en absoluto en las elecciones.

¿Qué puede hacer el partido, si los centros oficiales del partido no han podido ser convocados ni una sola vez en año y medio? ¿Debe continuar el juego de intrigas con esta ridícula «convocatoria» [del pleno] por parte de los liquidadores?

Nosotros no podemos hacer eso. Nuestra primera decisión es: queremos actuar de manera independiente en defensa de las elecciones, en defensa del viejo partido y contra el «partido obrero stolypiniano». Tras año y medio de intentos fallidos por inducir a las fracciones de los legalistas y de «Vperiod» a una actividad partidaria, debemos actuar; no podemos conformarnos con una simple «condena». Y puesto que el viejo fraccionalismo ha sido nuevamente llamado a la vida por otros, consideramos nuestro derecho indiscutible a exigir de vuelta los bienes de nuestra fracción.

Permítannos aquí apartarnos del tema para responder a nuestros enemigos. Se nos reprocha una polémica demasiado dura. Reconocemos de buen grado la dureza de nuestra polémica, pero al mismo tiempo declaramos que siempre nos manifestaremos con la mayor energía contra las fracciones que pisotean las resoluciones del pleno y llevan a cabo una política liberal o anarquista. Nuestro acuerdo presuponía precisamente que todas las fracciones debían ser disueltas y el liquidacionismo debía ser superado.

Los liquidadores nos reprochan nuestra implicación en las expropiaciones. Constatamos que ya la reunión plenaria del Comité Central verificó esta acusación y aprobó por unanimidad una resolución en la que todas las acusaciones se declaran definitivamente zanjadas. Desde el momento de la reunión plenaria, acatamos estrictamente sus resoluciones y quisiéramos ver quién se atrevería a acusarnos de violar dichas resoluciones del pleno. Nos pronunciamos a favor de la expropiación de medios del gobierno zarista en 1906 y 1907, cuando todavía se desarrollaba la guerra civil. Hemos adquirido la firme convicción de que ahora tales medios de lucha son inoportunos, y desde la reunión plenaria actuamos en consecuencia. Constatamos: quien ahora todavía resucita estas viejas acusaciones, actúa de manera deshonesta y malintencionada, para enredar las viejas cuestiones y echar tierra a los ojos de los camaradas.

De manera especialmente deshonesta actúa el jefe de los liquidadores, Mártov, quien ahora presenta de nuevo semejantes acusaciones ante la opinión pública y con ello hace, directamente, el juego a la policía. Los periódicos rusos de las Centurias Negras, que, como se sabe, mantienen las relaciones más estrechas con la policía, subrayan con satisfacción que Mártov colma a la socialdemocracia con todo tipo de sucias acusaciones. (Véanse «Zémshchina», la conocida hoja de progromos, «Rossía», órgano de Stolypin, etc.)

No estaría mal que los camaradas alemanes verificaran estas acusaciones y quisieran dirigirse a los partidarios de principio de «Golos», a saber, a los miembros del Bund y a otros, para escuchar si realmente el asunto fue declarado definitivamente zanjado por el pleno.

La deslealtad de Mártov queda demostrada, por último, del modo más convincente por el hecho de que toma bajo su protección y apoya al grupo «Vperiod», aunque dentro del partido no es un secreto –un secreto inexistente– que este grupo ha recibido dinero incluso después de la reunión plenaria [de 1910] gracias a expropiaciones. ¡Solo imagínese: Mártov, al igual que Trotski, arremete contra nosotros por expropiaciones llevadas a cabo antes de la reunión, y encubre las expropiaciones del grupo «Vperiod», efectuadas precisamente después de dicha reunión! Este modo de actuar es reconocido por todos, por supuesto, como un modelo de chantaje político en estado puro; pero estamos dispuestos con gusto, sin hacerlo ante la opinión pública, a presentar pruebas de la veracidad de nuestras acusaciones contra el grupo «Vperiod». Tenemos en nuestras manos pruebas escritas.

En general, nuestros adversarios sostienen contra nosotros, como contra Plejánov, una enconada polémica personal y nos presentan como bandidos y monstruos. Pero al mismo tiempo, esta buena gente quiere que los liquidadores tengan en las instancias centrales del partido tantos puestos como nosotros. ¡Por supuesto, rechazamos esto con desprecio! A la polémica personal recurre siempre quien no entiende las cuestiones de principio en disputa, o está interesado en enredarlas. Acusamos a nuestros adversarios de liberalismo (especialmente a los liquidadores y al partido obrero stolypiniano) y de anarquismo (especialmente a los otzovistas y a quienes declaran el otzovismo un «matiz legítimo»), y eso es todo. Después de la revolución burguesa (1905) es completamente inevitable que los compañeros de viaje burgueses del partido obrero –tales compañeros de viaje son los liquidadores y los otzovistas– lo abandonen de nuevo: precisamente mediante esta «depuración» surge el partido proletario, y este duro, a menudo muy duro y cruel proceso de «depuración» no puede suavizarse con palabras bondadosas ni con piadosos deseos. Las circunstancias objetivas condicionan una lucha encarnizada contra los compañeros de viaje burgueses, contra gentes del tipo del señor Struve. (El señor Struve redactó en 1898 el manifiesto del partido socialdemócrata, en 1902 se hizo liberal, en 1905 contrarrevolucionario y publicó en 1908 escritos injuriosos contra la revolución). Las condiciones de desarrollo de nuestro muy joven movimiento obrero son tales que semejantes compañeros de viaje burgueses («héroes de una hora») están en condiciones de formar fracciones y someter a su influencia a pequeños, secretos y dispersos círculos obreros. ¿De qué sirve predicar la «conciliación» en estas condiciones? ¿De qué sirve aducir el «ejemplo» de un gran partido obrero, ya maduro, como el alemán?

Dos palabras sobre la «conciliación». Para mostrar cuán ridículos serían ahora todavía los intentos de conciliación, cabe citar el ejemplo de la lucha no entre bolcheviques y mencheviques, sino entre dos mencheviques. Hace unas semanas, el partidario de Plejánov, Olguin, publicó una hoja volante en la que afirmaba que el liquidador Dan supuestamente dijo: «Queremos trasladar el Comité Central a Rusia precisamente para que lo detengan». Piénsese: allí donde se ha llegado a tal punto que semejantes conflictos no pueden ser resueltos por ningún tribunal, ya que las distintas fracciones nunca podrán ponerse de acuerdo sobre un tribunal de arbitraje, ¿de qué sirve hablar de «conciliación»?

Posiblemente se nos objetará: la devolución del dinero, la restauración de la fracción, significa una escisión que tendrá consecuencias aún peores. Esta objeción sería hipocresía o un grave error.

El fraccionalismo es un hecho, y no surgirá ninguna nueva escisión, ningún desarrollo ulterior de la misma, si nuestra fracción, que soporta no obstante todo el peso del trabajo del partido, apela directamente al partido. Los liquidadores y los otzovistas también apelan directamente al partido, tienen su propia agencia, fundan sus propios grupos, de modo que el movimiento para las elecciones a la IV Duma ha perdido todo suelo firme. Debemos salvar la causa, sacudir al partido. Qué fracciones pueden y querrán marchar juntas, eso lo aclarará el partido muy rápida y fácilmente en su conferencia, o en el peor de los casos en las conferencias locales. Nuestro paso no conducirá a una escisión definitiva, sino a la unificación de las fracciones antiliberales y antianarquistas, al fortalecimiento del núcleo fundamental del partido, y todos los que queden fuera de esta unificación de las fracciones antiliberales y antianarquistas no tienen más que palabras, frases vacías y piadosos deseos, inducen al partido a error y lo engañan. Esto, y nada más, ha demostrado toda la historia del partido en los últimos año y medio.

Para completar nuestras pruebas, debemos discutir aún dos circunstancias.

Nuestros enemigos dicen que el dinero que exigimos que nos sea devuelto pertenecía originariamente no a la fracción bolchevique, sino al partido. Esta afirmación queda ya suficientemente refutada por las palabras de la resolución de la reunión plenaria; del mismo modo, es completamente imposible imaginar que pleno alguno pudiera reconocer nuestro derecho a la devolución del dinero si existiera la menor duda de que el dinero pertenecía realmente a la fracción bolchevique.

Sin embargo, si los camaradas alemanes desearan estudiar a fondo también esta cuestión no solo formal, sino también en el fondo, estamos gustosamente dispuestos a demostrar con ayuda de testigos (la hermana del difunto bolchevique que legó el dinero a la fracción) y de documentos escritos, que el dinero nos pertenece.

Luego nuestros enemigos afirman que nosotros, los tres abajo firmantes, no representamos a la fracción bolchevique. Pero también esta cuestión se resuelve fácilmente. Nosotros celebramos un acuerdo por escrito con el Comité Central, fuimos reconocidos por escrito como contratantes. De los cinco, ahora –tras las detenciones– tres nos encontramos en el extranjero, y del cuarto tenemos un poder escrito otorgado.

De facto, sería completamente infundado y ridículo poner en duda que Lenin, Zinóviev y Kámenev representan a la fracción bolchevique: toda la historia de la fracción desde 1903 lo demuestra.

De acuerdo con la resolución del pleno, antes de que los camaradas alemanes tome una decisión sobre a quién pertenece el dinero, debe ser convocado o bien el pleno o bien una comisión especial.

¿Cuál es la situación al respecto en las condiciones actuales?

La traducción adjunta (la recibirán mañana) del «Aviso de la reunión de los miembros del Comité Central», publicado el 17.6.11, da una respuesta inequívoca a esta pregunta, que solo debemos explicar ligeramente.

Desde el 5.12.10, el Buró del Comité Central en el Extranjero –en el que últimamente los liquidadores tienen mayoría– lucha, en contra de los Estatutos [del CC], contra la convocatoria del Comité Central. Ahora esta conducta del buró, contraria a los estatutos, ha llevado a que una parte del partido, y precisamente la parte dirigente, haya roto con él.

La reunión de los miembros del Comité Central reconoce de manera positiva y concluyente que el Buró en el Extranjero es culpable de una política de facción antipartido. En lugar del Buró en el Extranjero se crea un nuevo órgano. Así pues, ahora tenemos dos órganos ejecutivos.

En lo que respecta a la convocatoria del pleno, la «Reunión» de los miembros del Comité Central constata que el Buró en el Extranjero ya no goza de la confianza del partido, y se crea una nueva comisión para la convocatoria del Comité Central. A este respecto –para hacer todo por la unificación– los camaradas polacos, que están por encima de toda sospecha de apoyar a los bolcheviques como fracción, presentan una propuesta de compromiso. En este compromiso se propone al Buró en el Extranjero –más exactamente, al antiguo Buró en el Extranjero– que coopere en la convocatoria del pleno.

El camarada Tyszka, socialdemócrata polaco y miembro del antiguo Buró en el Extranjero, defendió personalmente en el buró el compromiso al día siguiente de la Reunión de los miembros del Comité Central. El Buró en el Extranjero rechazó el compromiso. Más aún: los dirigentes de los liquidadores, M[ijaíl], Y[uri] y R[omán], no fueron reconocidos por la Reunión (es decir, por los bolcheviques, los polacos y una parte de los letones, en suma, por la abrumadora mayoría del partido) como miembros del Comité Central, mientras que el Buró en el Extranjero (es decir, los liquidadores) los reconoce [como miembros del CC].

Así, tras la ruptura con el Buró en el Extranjero –ruptura sobre la cuestión de la convocatoria del pleno– dos órganos distintos –el Buró en el Extranjero y la Comisión Técnica– convocan plenos distintos. En uno deben estar representados los dirigentes de los legalistas, en el otro no.

En estas circunstancias es fácil ver que durante meses –como mínimo durante meses– no podremos convocar el pleno, porque la simple notificación a los miembros que se encuentran deportados en Siberia requiere un tiempo enorme, por no hablar de la propia reunión.

El trabajo práctico del partido y, en particular, la campaña electoral, es imposible posponerlo hasta la convocatoria del Comité Central.

La «Reunión» reconoce la inviabilidad práctica, por no decir la imposibilidad, de una pronta convocatoria del Comité Central, al crear un nuevo órgano que debe convocar la conferencia del partido. Este nuevo órgano es la Comisión Organizadora.

Así pues: nuevo trabajo para reconstruir el partido. Además de los partidarios de «Golos», a la Reunión fueron invitados todos los grupos, es decir, las fracciones del partido. ¿Qué prueba más clara podría darse de que el fraccionalismo ha vuelto a alcanzar su apogeo en ausencia del Comité Central?

Hablando de manera puramente formal, ahora se podría exigir la convocatoria de una comisión especial. Pero de facto esto es imposible. Ahora no hay ni un solo órgano que fuera reconocido por ambas partes. Ni el Buró en el Extranjero ni la Reunión de los miembros del Comité Central podían seguir existiendo sin una ruptura mutua. De este modo, los acontecimientos han hecho de antemano imposible una comisión conjunta.

El Buró en el Extranjero ha caído. Los liquidadores han abandonado la Reunión de los miembros del Comité Central. Tales son los hechos. Y estos hechos atestiguan que ahora ya no es posible comisión alguna.

Y para ustedes tampoco es ya necesaria tal comisión, porque en el antiguo Buró en el Extranjero encontrarán constituida a la otra parte. Si se deja de obligar al partido a cumplir tareas imposibles, si no se pierde el tiempo inútilmente, lo mejor será que ustedes creen ahora mismo un colegio de jueces arbitrales, formulen preguntas precisas –y especialmente questiones facti (cuestiones de hecho)–, remitan estas preguntas a todos los grupos u órganos participantes (en suma, al antiguo Buró en el Extranjero, etc.) y, tras recibir las respuestas o, si fuera necesario, tras el interrogatorio personal de los representantes de las distintas fracciones, emitan un laudo arbitral.

Les rogamos, queridos camaradas, que lo hagan lo más rápidamente posible, para poner fin a una situación imposible, intolerable.

Repetimos, pensando al mismo tiempo en las múltiples calumnias del antiguo Buró en el Extranjero, que pagaremos sin demora el dinero a quien ustedes nos indiquen en su laudo arbitral.

Para nosotros es más importante la faceta política de la cuestión. Tenemos derecho a exigir la devolución de nuestros bienes fraccionales. Pero nuestra actividad, en cualquier circunstancia –esto lo hemos decidido definitivamente– estará dirigida contra la fracción de los legalistas («el partido obrero stolypiniano») y la fracción «Vperiod». Periculum in mora (hay peligro en la demora), debemos situarnos al frente del partido para mostrarle el camino correcto entre el liquidacionismo y el otzovismo. Fuimos reconocidos por el pleno de enero de 1910 como la fracción dirigente, y hemos trabajado durante año y medio en ese papel. No asumimos por más tiempo la responsabilidad por los centros del partido destruidos, por la unidad ficticia y la lucha fraccional de hecho en el seno de todos los órganos. Apelaremos directamente a los obreros rusos y a sus pequeñas y dispersas asociaciones, les infundiremos fuerzas y los llamaremos a una actividad independiente.

Con saludos del partido,
N. Lenin.

Mi dirección: Sr. Vl. Uliánov. 140, Grande Rue, Longjumeau (Seine-et-Oise). Francia.

Anexo.

Para resumir mis reflexiones y presentar de manera más gráfica el curso de mis pruebas, me permitiré utilizar el siguiente método, cuya objetividad –¡lo más difícil para mí como luchador es precisamente conservar la objetividad!– ciertamente no podrá ser impugnada.

Simplemente enumeraré todos los órganos periódicos de nuestro partido que aún se publican después de la reunión plenaria de enero de 1910, es decir, después del acuerdo sobre la disolución de todas las fracciones, e indicaré brevemente quiénes, es decir, qué fracción, participan en ese órgano.

Estos datos son especialmente fáciles de verificar, y la fuerza de su prueba me parece particularmente decisiva e irrefutable.

Ilegalmente se publican en el extranjero:

1) «Sotsial-Demokrat» («El Socialdemócrata»), Órgano Central, dirigido por nosotros, los bolcheviques. Lo apoya el menchevique antiliquidador Plejánov, y luchan contra él los mencheviques liquidadores, «Vperiod» y Trotski.
2) «Dnevnik Sotsial-Demokrata» («Diario de un Socialdemócrata») de Plejánov, en el que colaboran solo mencheviques antiliquidadores.
3) «Golos» («La Voz»), en el que participan solo mencheviques liquidadores.
4) «Vperiod» («Adelante»), que representa únicamente a la fracción «Vperiod».
5) «Pravda» («La Verdad») de Trotski, detrás de la cual está solo la fracción de Trotski (Basok, uno de los fundadores de la organización en el sur de Rusia, abandonó la redacción).
6) «Rabóchaya Gazeta» («Gaceta Obrera»), órgano de la fracción bolchevique, fundado después de la ruptura de Trotski con el representante del Comité Central en agosto de 1910, y que cuenta también entre sus colaboradores a los mencheviques antiliquidadores Plejánov y Rappoport.

¿Acaso esta simple enumeración no demuestra suficientemente que solo los bolcheviques cumplieron las resoluciones del pleno, y que todas las demás fracciones (a saber, las fracciones antisocialdemócratas) se aislaron? Pero prosigamos.

Revistas legales de importancia no local que se publican en Rusia:

7) «Zvezdá» («La Estrella»), semanario dirigido por la fracción socialdemócrata de la Duma, los bolcheviques y Plejánov. En 24 números no hay ni un solo artículo de los liquidadores, de Trotski o de algún representante del periódico «Vperiod».
8) «Nasha Zariá» («Nuestra Aurora»), que se publica mensualmente y en la que colaboran solo los liquidadores, raramente partidarios del periódico «Vperiod».
9) «Delo Zhizni» («La Causa de la Vida»), que se publica quincenalmente y es puramente liquidacionista.
10) «Mysl» («El Pensamiento»), se publica mensualmente, es puramente bolchevique y está apoyado por Plejánov y Rappoport, es decir, por los mencheviques antiliquidadores.

A continuación, añadido manuscrito de Lenin: «Cita del último número (el 24) de "Zvezdá". Un menchevique –y no un "malvado" bolchevique–, partidario de Plejánov, escribe: "Bajo ciertas condiciones, como ocurrió, por cierto, en Inglaterra o en Italia, en parte en Francia, la clase obrera puede encontrarse enteramente bajo la influencia de la burguesía y dedicarse a la política burguesa. Esto, observemos de paso, es lo que intentan imponer a la clase obrera rusa los señores Izgóev, Miliukov, Struve, así como Kúskova, Prokopóvich, Potrésov." Es decir, no solo nosotros poníamos a Potrésov al mismo nivel que el señor Struve.»