Tomas los periódicos en las manos y al instante te envuelve de todos lados la atmósfera de la «vieja» Rusia. El caso del pogromo de Armavir. Paliza con conocimiento y consentimiento de las autoridades, una trampa tendida por la jefatura, «una paliza a la intelectualidad rusa en el sentido amplio de la palabra» «inspirada y dictada por alguien» (palabras del demandante civil). La vieja, pero eternamente nueva realidad de la vida rusa: una amarga burla de las ilusiones «constitucionales».

¡Amarga, pero útil burla! Porque está claro —y a la joven generación de Rusia le resulta cada vez más claro— que aquí de nada sirven condenas ni resoluciones. Aquí se trata de todo el sistema político en su conjunto, aquí la verdad histórica se abre camino a través de la niebla del ilusorio engaño de que es posible echar vino nuevo en odres viejos.

Hambre... Venta de ganado, venta de muchachas, multitudes de mendigos, tifus, muerte por hambre. «La población tiene un solo privilegio: morir en silencio y sin ser notada», escribe un corresponsal.

«Los hombres del zemstvo, hablando llanamente, se asustaron de verse con sus propiedades en medio de gente hambrienta, enfurecida, que ha perdido toda fe en cualquier rayo de luz» (de la provincia de Kazán).

Por muy fiable que parezca el zemstvo actual, entre él y el gobierno se discute sobre la cuantía de los préstamos. Piden 6 millones de rublos (provincia de Kazán); el erario concede 1 millón. Pedían 600 mil (Samara); se transfirieron 25 mil rublos.

¡Al estilo viejo!

En el distrito de Jolm, provincia de Pskov, en la asamblea del zemstvo se manifestaron incluso los jefes del zemstvo contra la agronomía del zemstvo, ¡solo para los granjeros! En Kubán se celebró un congreso de atamanes de stanitsas: todos se pronunciaron unánimemente contra el plan, aprobado por la III Duma, de consolidar las parcelas en propiedad personal.

En Tsaritsyn, el congreso de distrito decidió no llevar a juicio al starosta que torturó a una mujer («con el fin de buscar al delincuente»). La presencia provincial anuló la decisión.

Cerca de Petersburgo, los obreros pusieron un saco en la cabeza al gerente de la fábrica, el señor Yákovlev, y lo arrastraron hacia el Nevá. «Los guardias dispersaron a los obreros. Fueron detenidos 18.»

Difícil sorprenderse de que incluso al periódico «Rech» le toque constatar, ante tales cuadros de la vida, «una gran postración social». Y el señor Kondurushkin se lamenta en sus cartas desde Samara sobre el hambre[43]: «esta sociedad rusa se me aparece blanda, como la goma, como la masa. Se la puede estrujar y apretujar de palabra y obra. Pero uno se aleja, y todo vuelve a cerrarse al estilo viejo».

«Él, este hombre común e intelectual ruso, rico y pobre, está tranquilo. Pero cuando empecemos a 'hincharnos' de hambre, él se alegrará, se regocijará entre lágrimas. Él necesita forzosamente acudir al socorro entre lágrimas, con sentimientos 'nobles'. Se le presenta entonces una hermosa ocasión de preocuparse por su alma. Y sin sentimientos, sin lágrimas, el trabajo no es trabajo, y la ayuda no es ayuda. Sin sus lágrimas no considerará la cosa significativa y no se moverá de su sitio. No, primero tienes que conmoverlo, hacerlo llorar y sonarse en un pañuelo limpio. En cambio, el cálculo severo, la conciencia sana y sobria de la necesidad estatal son aburridos, no hay en esto un estado de ánimo blando».

Sí, sí, la prédica de la «severidad» no es nada inútil en un mundo de «masa» y «goma». Solo que nuestro liberal no advierte desde qué lado hace tal prédica, «la conciencia sana y sobria de la necesidad estatal»: ¿no lo ha copiado usted, señor Kondurushkin, de Ménshikov? Pues precisamente sobre el terreno de la «masa» y la «goma», precisamente sobre el terreno del estado de ánimo blando y lacrimoso, solo son posibles semejantes discursos sobre la estatalidad. Precisamente porque hay personas pastosas, se sienten seguros los heraldos de la «sana y sobria estatalidad».

«La sociedad rusa es blanda como la goma», dice el señor Kondurushkin al estilo viejo. Hay sociedad y sociedad. Hubo un tiempo en que la palabra «sociedad» lo abarcaba todo, lo cubría todo, expresaba a los elementos diversos de la población que despertaban a la conciencia, o simplemente a los llamados «educados».

Pero precisamente en este aspecto las cosas ya no están en Rusia al estilo viejo. Cuando se podía hablar solo de la sociedad, las mejores personas de ella predicaban la lucha severa, y no «la conciencia sana y sobria de la necesidad estatal».

Ahora ya no se puede hablar de la «sociedad» en general. En la vieja Rusia se han revelado las diferencias de las nuevas fuerzas. Las viejas calamidades, al estilo viejo, como el hambre, etc., que se abalanzan sobre Rusia y agudizan las viejas cuestiones, exigen que se tenga en cuenta cómo se han manifestado esas nuevas fuerzas en el primer decenio del siglo XX.

La «sociedad» es blanda y lacrimosa gracias a la impotencia y la irresolución de la clase hacia la que gravita y a la que pertenece en sus 9/10 partes. La prédica del «cálculo severo, la conciencia sobria y sana de la necesidad estatal» no es más que una justificación del dominio de la «jefatura» sobre esta sociedad fofa.

Y el decenio transcurrido ha mostrado elementos de la población que no pertenecen a la «sociedad», que no se distinguen por su blandura ni por ser lacrimosos…

En Rusia todo es «al estilo viejo» arriba, pero hay algo nuevo abajo. A quien «la angustia del desasosiego panguso» le ayude a ver, palpar, encontrar eso nuevo firme, no lacrimoso, no pastoso, sabrá encontrar el camino que conduce a la liberación de lo viejo.

Y aquel cuyas lamentaciones por esta angustia se mezclen con discursos sobre «la conciencia sana y sobria de la necesidad estatal», difícilmente dejará de ser para siempre parte integrante de la «masa» que se deja «estrujar y apretujar». A esa gente, precisamente en nombre de la estatalidad «sana y sobria», la «estrujan y apretujan», y con razón.

Si de cien personas sometidas a tal operación, una de la «sociedad» se endurece, el resultado será útil. Sin deslinde no habrá bien.

*Zvezdá* nº 28, 5 de noviembre de 1911. Firmado: V. F.

Se publica según el texto del periódico *Zvezdá*.