En la sesión «histórica» de la Duma del 27 de abril, el señor Teslenko replicó al señor Stolypin, entre otras cosas, de la siguiente manera:

«El Presidente del Consejo de Ministros dijo a la Duma Estatal: sí, señores, vendré a ayudarles en un plazo muy breve. He aquí que ustedes, seguramente, harán de tal modo con la ley sobre los viejos creyentes que antes del receso habrá que rechazarla, y entonces, durante el receso, será aprobada. Incluso me pareció percibir en esto un cierto tono familiar, un tono como si aquí nos dijeran: pero si nosotros, junto con ustedes, hicimos esto. Y, señores, discúlpenme si involuntariamente recordé aquella escena de «El inspector» donde el gobernador dice: «¡Ah! ¿Usted se queja de mí? Pues recuerde cómo nosotros, junto con usted, hicimos tal y tal cosa». Y, señores, creo que, tal vez, aquellos que antes contaban con esa ayuda, que tal vez aún cuentan con ella, pienso, debieron sentirse incómodos y, tal vez, pensaron, y es bueno que pensaran: líbranos Dios de tales amigos, que con los enemigos ya nos las arreglamos».

El señor Teslenko, según señalaba el acta taquigráfica, se granjeó con estas tiradas «aplausos de la izquierda», evidentemente de las filas de la fracción de la Libertad Popular. Los cadetes vieron en ello una acertada ironía contra los octubristas. Pero en este caso, como en muchos otros, aplaudieron sin haber profundizado en el hondo sentido de las palabras que se le escaparon a su orador. Aplaudieron creyendo que esas palabras herían solo a los octubristas, que comprometían solo a ese competidor por ellos especialmente odiado. No comprendieron que la acertada frase del señor Teslenko, si se analiza seriamente su significado, es una verdad que hiere los ojos tanto de los octubristas como de los cadetes. Vale la pena detenerse en esta verdad, porque atañe a uno de los problemas más importantes de la historia política de Rusia en los últimos cinco o seis años – ¡y qué años!

«Nosotros, junto con usted, hicimos esto» – bien dicho, señor Teslenko. Pero tal vez fuera más exacto decir: bien repetido lo que muchas veces se dijo en los «mítines» de la «izquierda», hacia los cuales suelen ser tan despectivos los señores cadetes. «Nosotros, junto con usted, hicimos esto» – estas palabras no se refieren en absoluto solo a los proyectos de ley de la tercera Duma, ni mucho menos solo a la famosa «fideílla». Se refieren a todo lo que «hicieron» «juntos» desde finales de 1905 los señores Stolypin y toda la burguesía liberal o liberalizante rusa. El «tono familiar» en el señor Stolypin no solo le «pareció percibir» al orador cadete: ese tono es, en efecto, propio de todos los discursos de Stolypin, de toda la política de los Stolypin con respecto a la burguesía (que, dicho sea de paso, en la persona de los diputados octubristas y cadetes, constituye la mayoría de los diputados de la tercera Duma).

El tono familiar – que ante todo giro serio de los acontecimientos se transforma en un tratamiento grosero e incluso en violencia – lo provoca el hecho de que no solo los octubristas, sino también los cadetes, solo por decir una frase ingeniosa, únicamente para ganar un aplauso (cosa que saben perfectamente los Stolypin), lanzan frases como: «líbranos Dios de tales amigos» (es decir, de los Stolypin), «y con los enemigos» (es decir, ha de entenderse, tanto con la reacción de derecha como con la… ¿cómo decirlo más suavemente?… «exigencia» de izquierda) «nos las arreglaremos nosotros mismos».

Si esas frases no fueran solo frases, Rusia estaría ya total e irrevocablemente librada «de tales amigos». Pero la sal está precisamente en que los cadetes lanzan semejantes frases solo en el apogeo de sus intervenciones «opositoras» – no se puede actuar opositoriamente desde la tribuna nacional sin una cierta, aunque sea la más ligera, pátina de democratismo. De ahí que se escapen declaraciones democráticas que tan útil es comparar con los hechos de esos mismos cadetes. El papel histórico de la burguesía que juega al democratismo (o que amenaza con el democratismo a su enemigo de derecha) consiste precisamente en que, para algunos de entre las capas populares, este «juego» verbal presta a veces un serio servicio, despierta un pensamiento democrático sincero y profundo. «Cuando arriba tocan el violín, abajo nacen ganas de bailar». Dice el proverbio latino: littera scripta manet – lo escrito no se pierde. Y lo dicho no siempre se pierde, incluso si fue dicho solo por la frase y el efecto.

De aquí no se deduce, por supuesto, que sea lícito tomar la frase hipócrita de los cadetes por moneda contante y sonante, que sea lícito proclamarla o considerarla democratismo. Pero de aquí se deduce que toda frase hipócrita de los cadetes con espíritu de democratismo debe ser aprovechada, en primer lugar, para mostrar la divergencia entre la palabra y el hecho del que habla, y, en segundo lugar, para mostrar el verdadero, vital, directo significado del democratismo para aquellos «de abajo» a los que llegan las frases efectistas de los oradores del Palacio Táuride.

Las reflexiones del señor Teslenko arriba citadas son hipócritas no porque el señor Teslenko personalmente fuera hipócrita: pudo simplemente dejarse arrebatar por la corriente de su elocuencia opositora. La hipocresía está aquí en que las palabras del representante del partido k.-d. están en desacuerdo con los hechos de ese partido en todos los momentos serios de la historia rusa moderna.

Recordemos los acontecimientos de agosto de 1905. ¿Qué hacía por entonces el predecesor del señor Stolypin? Preparaba la Duma de Bulyguin{117} y las elecciones a la misma. ¿Qué hacía el señor Teslenko y sus correligionarios? Preparaban, dentro de sus fuerzas y conforme a su «especialidad» de trabajo social, esas mismas elecciones. «Nosotros, junto con usted, hicimos esto», tiene derecho a decir el señor Bulyguin (y el señor Stolypin) al señor Teslenko. Y el señor Teslenko «lo hizo junto» precisamente porque temía quedarse sin aquellos de sus «amigos» de los que ahora habla tan majestuosamente, tan caballerosamente valiente: «líbranos Dios de tales amigos»…

Recordemos los acontecimientos un cuarto de año después de promulgada la ley sobre la Duma de Bulyguin. ¿Qué hacía entonces el predecesor del señor Stolypin? Por ejemplo, se oponía al movimiento de correos y telégrafos y a las numerosas ramificaciones de movimientos análogos. El señor Teslenko o, al menos, su partido en la persona de los señores Struve, Karáulov y otros, se oponía a ese mismo movimiento a su manera. «Nosotros, junto con usted, hicimos esto», tiene derecho a decir el señor Witte (y el señor Stolypin) a los señores Teslenko. Lo mismo ocurrió el 1º de mayo de 1906 con respecto a la fiesta obrera, un poco más tarde con respecto a los «comités agrarios locales», en 1907 sistemática e incesantemente con respecto a los diputados obreros y campesinos de la segunda Duma, etc., etc.

El conocido escritor cadete, señor Izgóiev, en «Veji», hizo un balance correcto de esta política de largos años de su partido, al escribir: «Hay que tener, por fin, la valentía de confesar que en nuestras Dumas Estatales la inmensa mayoría de los diputados, a excepción de tres o cuatro decenas de cadetes y octubristas, no han mostrado los conocimientos con los que se podría proceder a la administración y reorganización de Rusia».

La «confesión valiente» del señor Izgóiev es valiente porque, echando por la borda todas las apariencias y toda diplomacia, el autor dejó escapar aquí la verdad. En efecto, los cadetes se guiaron «en nuestras Dumas Estatales» por ese «conocimiento» terrateniente, burgués, liberal-monárquico, con el cual no se podía satisfacer a «la inmensa mayoría de los diputados», sobre todo a los de izquierda. Y, por supuesto, se sobreentiende que Stolypin luchaba contra estos últimos diputados apoyándose precisamente en los «conocimientos» (mejor dicho, en los intereses y el punto de vista) de «las tres o cuatro decenas de cadetes y octubristas». «Nosotros, junto con usted, hicimos esto», luchamos contra la torpeza, la inexperiencia, la ignorancia de los campesinos y obreros, tiene derecho a decir el señor Stolypin a todo el partido cadete.

El principal balance de la sesión de la Duma de este año consiste en que la excesiva «familiaridad» de Stolypin con la mayoría de la III Duma – y sobre todo precisamente con su mayoría burguesa, octubrista-cadete – se le hizo insoportable incluso a esta mayoría tan paciente. El viejo poder trata con familiaridad a la burguesía, la cual siente muy bien su importancia en las nuevas, en las modernas condiciones económicas, y suspira por la independencia, incluso por el poder. El episodio con el artículo 87 puso de manifiesto esta familiaridad de modo tan brusco y rozó al hacerlo a algunos de los poderosos de este mundo con tan poca cortesía, que las personas más pacientes comenzaron a refunfuñar. Pero de refunfuños no son capaces de pasar. Están atados de pies y manos, y por eso no pueden ir más lejos. Están atados por el hecho de que a lo largo de todos estos últimos años, en los momentos más importantes de la historia de Rusia, dieron la espalda con temor al amplio movimiento popular, se apartaron con hostilidad de la democracia – de la democracia verdadera, viva, actuante, de masas – y la atacaron por la espalda, tal como la atacaba Stolypin. Y, atados por esto, los octubristas y los cadetes sufren ahora un castigo merecido; en el fondo, nada tienen que objetar cuando Stolypin, tratándolos con familiaridad, les dice: si yo soy enemigo de la democracia, también vosotros, queridos míos, os asustasteis de ella, «nosotros, junto con usted, hicimos esto».

«Zvezdá» nº 24, 28 de mayo de 1911. Firma: V. Ilín