En el núm. 2 de *Nasha Zariá*, el señor B. Bogdánov, en su artículo «Balance del congreso artesanal», formula sus conclusiones del siguiente modo:

«La tendencia a romper con la vieja clandestinidad y a entrar en una fase de actividad social y política realmente abierta: he aquí lo nuevo que caracteriza también la novísima etapa de nuestro movimiento obrero» (pág. 73). «En este momento de agudización de la vida social, en vísperas de las elecciones complementarias en Moscú y de las elecciones generales para la IV Duma de Estado, se siente de un modo particularmente agudo la falta de influencia de la parte políticamente organizada del proletariado. Toda la labor realizada en los últimos años por los obreros organizados sigue la senda del renacimiento de esta fuerza política independiente. Y, consciente o inconscientemente, todos los participantes en este movimiento se convierten en agentes del partido renaciente del proletariado. Y la tarea de su parte organizada no es tanto forzar este movimiento, cuanto darle forma y fijarlo prematuramente, sino actuar en el sentido de desarrollar este movimiento, darle la mayor envergadura posible, incorporando a él a las masas más amplias posibles y rompiendo enérgicamente con la inactividad de la clandestinidad, con su ambiente embrutecedor» (págs. 74–75).

Hasta ahora, semejantes lamentos sobre el ambiente «embrutecedor», semejantes gritos histéricos y llamamientos a «romper» con él, solo los habíamos encontrado en periódicos del tipo de *Nóvoie Vremia* y, quizá, en los escritos de renegados del liberalismo furibundos, como el señor Struve y Cía. Hasta ahora, la prensa política más o menos decente y honesta consideraba una regla: no atacar desde determinadas tribunas lo que no se puede defender desde esas mismas tribunas. La camarilla de liquidadores, a la que pertenecen los señores B. Bogdánov, Levitski, Potrésov, etc., ya lleva dos años «superando» con éxito este anticuado prejuicio democrático, escogiendo sistemáticamente para sus llamamientos a «romper enérgicamente», etc., precisamente aquellas tribunas, y solo aquellas, en las que a los liquidadores se les asegura el monopolio sobre esta cuestión. A nosotros solo nos queda registrar esta guerra «blindada» contra el «ambiente embrutecedor» y poner a estos paladines en la picota.

Los señores B. Bogdánov, Levitski, Potrésov cometen una falsificación al señalar la tendencia de los obreros a actuar abiertamente y sacar de ello la conclusión de que los obreros aspiran a romper con el «ambiente embrutecedor». La falsificación está calculada sobre el hecho de que nosotros, los adversarios del liquidacionismo, no podemos relatar los hechos conocidos por estos señores B. Bogdánov y que atestiguan la indignación que, contra los intelectuales que proponen «romper», manifiestan los obreros que actúan abiertamente en los distintos congresos. Los obreros, a principios de 1911 —y esto hay que decirlo en honor suyo— aspiran tan enérgicamente a una actividad política abierta como a ella aspiraban, por ejemplo, a principios de 1905; pero ni entonces ni ahora los obreros se han alzado contra el «ambiente embrutecedor», ni han querido ni quieren «romper» con él. De la tendencia a «romper enérgicamente» será justo hablar tan solo como de una tendencia de los intelectuales que reniegan.

En efecto, que el lector reflexione bien sobre el siguiente hecho. Un grupo de publicistas habla con insistencia —sobre todo desde enero de 1910— de la «tendencia a romper con lo viejo» y a «entrar en una fase de actividad política realmente abierta». Este grupo ha publicado, solo en el período mencionado, más de 20 números de sus revistas (*Nasha Zariá*, *Vozrozhdénie*, *Zhizn*, *Delo Zhizni*), sin contar libros, folletos y artículos sueltos en revistas y periódicos que no tienen un carácter específicamente liquidador. Cabe preguntar: ¿cómo ha podido suceder que estos publicistas, que tan enérgicamente han trabajado en la palestra periodística y tan convencidos hablan de la necesidad de «romper enérgicamente con lo viejo» y «entrar en una fase de actividad política realmente abierta», no se hayan decidido hasta ahora, ni hayan tenido el valor de «romper enérgicamente» con lo «viejo» y «entrar en una fase de actividad política realmente abierta» con un programa, una plataforma, una táctica que «rompan enérgicamente» con el «ambiente embrutecedor»?

¿Qué comedia es esta? ¿Qué hipocresía? ¡Hablar del «renacimiento de la fuerza política», fustigar al mismo tiempo el «ambiente embrutecedor», exigir la ruptura con lo viejo, predicar la «actividad política realmente abierta»... y, al mismo tiempo, no sustituir eso viejo por ningún programa, ninguna plataforma, ninguna táctica, ninguna organización! ¿Por qué nuestros legalistas, que pretenden ser marxistas, carecen siquiera de la honestidad política que tienen los señores Peshejónov y otros publicistas de *Rússkoie Bogatstvo*{92}, quienes ya mucho antes (desde 1905–1906) empezaron a hablar del ambiente embrutecedor y de la necesidad de «entrar en una fase de actividad política realmente abierta», y que actuaban como hablaban, «rompiendo enérgicamente» de verdad con lo viejo y presentándose realmente con un programa, una plataforma, una táctica y una organización «abiertas»?

La honestidad en política es resultado de la fuerza; la hipocresía, resultado de la debilidad. Los señores Peshejónov y Cía. son fuertes entre los populistas y por eso actúan realmente «abiertamente». Los señores B. Bogdánov, Levitski, Potrésov y Cía. son débiles entre los marxistas, tropiezan a cada paso con la resistencia de los obreros conscientes, y por eso son hipócritas, se esconden y no se atreven a presentarse abiertamente con el programa y la táctica de una «actividad política realmente abierta».

Los señores Peshejónov y Cía. son tan fuertes entre los populistas que transportan su mercancía bajo su propia bandera. Los señores B. Bogdánov, Levitski, Potrésov, Mártox son tan débiles entre los marxistas que se ven obligados a pasar su mercancía de contrabando bajo bandera ajena. En su revistilla intelectualoide (*Nasha Zariá*), se envalentonan y gritan: que no hay «jerarquía», que hay que «romper enérgicamente con lo viejo», «entrar en una fase de actividad política realmente abierta». En cambio, ante los obreros, nuestro liquidador se comporta según el refrán: «en público, valiente; en privado, cobarde».

Ante los obreros, nuestros héroes, que con tanto entusiasmo rinden culto a la «actividad política abierta», actúan precisamente de un modo no abierto, sin proponer ningún programa, táctica u organización abiertos. De ahí la sabia diplomacia del señor B. Bogdánov, que «saca el balance» del congreso artesanal y aconseja «no forzar» el movimiento hacia una actividad política realmente abierta, no «darle forma prematuramente». Parece que el señor B. Bogdánov intentó dar forma a sus planes liquidadores ante los obreros, pero salió escaldado. El intelectual renegado tropezó con la resistencia de unos obreros que, incluso en sus errores, actúan de un modo más directo y exigen una respuesta directa («¿Romper con lo viejo? ¡Pues preséntense abierta y honestamente con su novedad!»). Y el señor B. Bogdánov, como la zorra en la fábula de Krylov, se consuela: ¡están verdes las uvas!, no hay que dar forma prematuramente; romper con lo viejo, pero hacerlo de tal modo que entre los obreros se agite la bandera de ese viejo, y no precipitarse con lo nuevo.

Dirán ustedes: esto es estar nadando entre dos aguas. Pero en eso consiste precisamente la esencia de todo oportunismo. En eso se manifiesta precisamente la naturaleza del intelectual burgués contemporáneo que juega al marxismo. El señor Struve jugó al marxismo en 1894–1898. Los señores B. Bogdánov, Levitski, Potrésov juegan al marxismo en 1908–1911. Los «economistas» de aquella época y los liquidadores de nuestros días son los portadores de una misma influencia burguesa sobre el proletariado.

*Mysl*, núm. 4, marzo de 1911.

Se publica según el texto de la revista *Mysl*.