La respuesta que *Rech* ha dado al órgano oficioso ministerial sobre la cuestión del «lema» para las elecciones a la IV Duma y sobre la actual agrupación política, constituye un fenómeno interesante y significativo.

*Rech* coincide con *Ruskiye Vedomosti* en que «las elecciones a la IV Duma se disputarán sólo entre dos campos: los progresistas y los derechistas». «Habrá que votar no por partidos, no por candidatos individuales, sino a favor o en contra del afianzamiento del régimen constitucional en Rusia». (¡Notablemente simpática esa palabra: «afianzamiento»!) «El sentido político de este lema… es el reconocimiento objetivo del hecho indiscutible de que el curso del gobierno ha vuelto a unir a toda la oposición, a la derecha y a la izquierda de los kadetes». Los kadetes serán «el centro de este grupo políticamente heterogéneo», y, al integrarse en él, «renuncian tan poco a su anterior programa y táctica como renunciaban los socialdemócratas a los suyos al integrarse en las alianzas de antes de Octubre» (editorial del 21 de enero).

«Señores —podemos responder a todos los oficiosos y oficiales—, nadie sino vosotros mismos nos habéis unido… Ahora en Rusia, cuanto más se avanza, tanto más las corrientes políticas se funden en dos grandes campos: a favor y en contra de la constitución… Nuestra tarea ahora es una, una vez más, como antes del 17 de octubre…» (Ibíd.).

Al valorar estos razonamientos, hay que distinguir la cuestión de las condiciones de las elecciones a la IV Duma, de la cuestión del significado sociopolítico de los cambios que se discuten (el «lema» y las agrupaciones). Las condiciones de las elecciones en general, y en provincias en particular, obligarán seguramente a la «oposición» a utilizar el término apartidista indefinido de «progresistas» en proporciones aún más amplias que antes. La negativa a legalizar incluso a partidos como los kadetes conducirá inevitablemente a ello, y las perplejidades del oficioso ministerial a este respecto, por supuesto, no son más que pura hipocresía. En las grandes ciudades, como reconocen los propios kadetes en el mismo editorial, se presentarán candidatos independientes de los grupos «más a la izquierda», según la expresión de *Ruskiye Vedomosti*. Ya de aquí se desprende que no cabe hablar de dos campos.

Además, *Rech* ha preferido olvidar por completo la existencia de la curia obrera, segregada por las actuales leyes electorales. Por último, en lo que respecta a las elecciones en el campo (campesinas), habrá que decir que incluso la palabra «progresistas» será aquí, sin duda, evitada, pero el «centro» real de los grupos «políticamente heterogéneos» o políticamente indefinidos no serán, seguramente, los kadetes.

¿A qué se reduce, entonces, la conversación sobre los dos campos? A que a los kadetes place, al hablar de la situación política actual, limitar su horizonte sólo a aquellos elementos de los que se compone la mayoría de la tercera Duma. Sólo a esa ínfima porción de la población que está representada por esos elementos, tienen a bien los señores kadetes reconocer como «campos» políticos. Hasta ahora, la división fundamental en este pequeño rincón del 3 de junio era: derechistas, octubristas, kadetes. (Es sabido que la fisonomía de la III Duma estaba determinada, en última instancia, por dos mayorías: la de derechistas y octubristas, y la de octubristas y kadetes.) Ahora (según el pronóstico de *Ruskiye Vedomosti*, con el que *Rech* está de acuerdo), la división de estos tres elementos será en dos «campos»: derechistas y progresistas.

Reconocemos plenamente que en la base de estos pronósticos liberales no yacen sólo deseos liberales, sino también hechos objetivos: cambios en la situación política y en el estado de ánimo político de la burguesía rusa. Sólo que sería inadmisible olvidar que se puede hablar de dos campos únicamente limitando el campo de observación a la mayoría de la tercera Duma. Es inadmisible olvidar que el significado real de todas estas conversaciones se limita a la tendencia al acercamiento, a la fusión, a la unión de los «campos» octubrista y kadete en un campo «progresista» (por supuesto, sobrentendiéndose tácitamente el desprendimiento de una parte mayor o menor del campo octubrista hacia el campo derechista). Cuando los kadetes dicen: «nos» han unido, «nuestra» tarea es de nuevo una, etc., estas palabras: «nosotros», «nos», «nuestra» significan realmente a los octubristas y a los kadetes, nada más.

Mas ¿en qué se les «ha unido»?, ¿cuál es «su» tarea?, ¿cuál es «su» lema para las elecciones a la IV Duma? «Afianzamiento de la constitución», responden *Ruskiye Vedomosti* y *Rech*. Esta respuesta sólo aparenta ser definida, pero en realidad no define absolutamente nada, reduciéndose a lo mismo, a una indicación completamente vacía de contenido sobre una especie de «término medio» indefinido entre octubristas y kadetes. Pues tanto Miliukov como Guchkov están de acuerdo en que «nosotros, gracias a Dios, tenemos una constitución», pero ellos sueñan con coincidir en el «afianzamiento» no de lo que «nosotros» tenemos, sino de lo que no tenemos. Es también un sueño, y no muy sensato además, el que Miliukov y Guchkov, los kadetes y los octubristas hoy, los «progresistas» mañana, pudieran coincidir en la definición del contenido de la constitución deseada. No coincidirían ni en las fórmulas jurídicas que expresen la constitución, ni en la definición de qué intereses reales de qué clases reales debe satisfacer y proteger esa constitución. Por eso el verdadero significado de este lema común se reduce a que, siendo aproximados por la «tarea negativa: la tarea de luchar contra el enemigo común» (expresión de *Rech* en el mismo editorial), los octubristas y los kadetes no pueden definir sus tareas positivas, no pueden encontrar en el seno de sus campos aquellas fuerzas que tendrían la capacidad de moverse del punto muerto.

Este reconocimiento de que el punto es efectivamente muerto, de que es necesario moverse de él, necesario tanto para los octubristas como para los kadetes, de que, empujados a hacerlo, unos y otros son completamente impotentes, tomados por sí mismos, se ha expresado con particular relieve en el razonamiento de *Rech*, con un motivo particular, sobre el «compromiso razonable».

«Y si en el curso de las disputas en la Duma sobre la canalización de Petersburgo —leemos en el editorial de *Rech* del 20 de enero—, el subsuelo malsano de la disputa se difuminó un poco, si resultó posible incluso para el centro (es decir, para los octubristas) adherirse al compromiso razonable que fue propuesto por la fracción de la Libertad Popular y aceptado por el autogobierno municipal, la intervención de P. A. Stolypin arrancó groseramente el velo (¿y vosotros queríais, señores kadetes, que las cuestiones enfermizas permanecieran bajo el velo?) y puso al desnudo ese mismo viejo trasfondo, que desde hace tiempo a todos hastía, de la lucha política del Estado contra el autogobierno».

¡La burguesía liberal en figura de una persona completamente, completamente inocente, que sueña con «compromisos razonables» sobre un terreno práctico, no político, y los representantes de los viejos principios «no constitucionales» en el papel de educadores políticos, que arrancan los velos, que ponen al desnudo el subsuelo de clase! El compromiso razonable consiste —suspira el liberal— en que se satisfaga aquello en lo que han coincidido los kadetes, los octubristas y los magnates sin partido del capital (el autogobierno municipal de Petersburgo). No hay nada razonable en que nosotros os hagamos concesiones, responde el gobierno; razonable es sólo que vosotros nos las hagáis a nosotros.

La pequeña cuestión sobre el saneamiento de Petersburgo, sobre la distribución de papeles y derechos entre el autogobierno y la autocracia, ha dado pie a la aclaración de verdades que no tienen poca importancia. ¿Qué es «más razonable», en efecto, los deseos, los sueños, las reivindicaciones de toda la burguesía o el poder, digamos, del Consejo de la nobleza unida{72}?

Para *Rech*, como para todo el partido kadete, el criterio de lo «razonable» de un compromiso consiste en que lo hayan aprobado las gentes prácticas, los negociantes, los magnates, los propios octubristas, los propios dirigentes del autogobierno municipal de Petersburgo. Mas la realidad efectiva —por mucho que se la acicale con velos como la frase: «nosotros, gracias a Dios, tenemos una constitución»— arranca estos compromisos y estos velos de un modo bastante grosero.

Resumen: vosotros nos habéis unido, dice *Rech* al oficioso ministerial. — ¿Unido a quiénes, a «nosotros»? — Resulta que a los octubristas y a los kadetes. — ¿Unido en qué? — En la tarea común: el afianzamiento de la constitución. — ¿Y qué se debe entender por constitución y su afianzamiento? — El compromiso razonable entre octubristas y kadetes. — ¿Cuál es el criterio de lo razonable de semejantes compromisos? — La aprobación de los mismos por los peores representantes del capitalismo ruso «kolupáevskiano»{73}, como los concejales petersburgueses. — ¿Y cuál es el resultado práctico de estos compromisos razonables? — Que P. A. Stolypin, o el Consejo de Estado, o Tolmachov, etc., etc., «arrancan groseramente» estos compromisos… ¡Oh, políticos prácticos!…

…Y, a todo esto, ¿no habrá en las elecciones a la IV Duma un tercer campo, caracterizado por la conciencia de cuán irrazonable, ridícula e ingenua es la política kadete del «compromiso razonable»? ¿Qué opináis de esto, señores de *Rech* y de *Ruskiye Vedomosti*?

*Zvezdá* N.º 8, 5 de febrero de 1911. Firma: V. Iliin

Se publica según el texto del periódico *Zvezdá*.