En el número 4 de *Zvezdá*{56}, en la reseña de prensa, se señaló justamente que el liquidacionismo y, vinculada a él, la valoración de la cuestión de la hegemonía, interesan en la actualidad a los círculos marxistas, y que la polémica sobre esta importante cuestión, en aras de la fecundidad, debe ser de principios, «y no la polémica personal y malintencionada de *Nasha Zariá*».

Compartiendo plenamente esta opinión, pasaré por alto en completo silencio las salidas de dicha revista acerca de que, al parecer, solo se puede entender de quién, y no de qué, se está hablando (*Nasha Zariá*, núms. 11-12, pág. 47). Tomaré directamente la revista *Nasha Zariá* correspondiente a todo un año —lo que viene muy a propósito con motivo del primer aniversario de este órgano— e intentaré examinar de qué se habla en ella.

El primer número de *Nasha Zariá* apareció en enero de 1910. Ya en el segundo, el de febrero, el señor Potrésov proclamó que entre las «nimiedades» figuraban tanto la disputa de los machistas con los marxistas como la cuestión del liquidacionismo. «Pues, ¿puede existir —preguntaré al lector—, escribía el señor Potrésov, en el verano de 1909, no como un fantasma en una imaginación enferma, sino como auténtica realidad, una corriente liquidacionista, una corriente que liquida lo que ya no es susceptible de liquidación, lo que de hecho ya no existe como un todo organizado?» (pág. 61).

Con este intento fallido de eludir la cuestión, el señor Potrésov dio la mejor, inesperada y, por su audacia herostrática, confirmación del punto de vista que se proponía refutar. Precisamente en enero y febrero de 1910, el señor Potrésov no podía ignorar que sus adversarios no estarían de acuerdo con su valoración de la situación de hecho. Por consiguiente, es imposible intentar despachar el asunto con el pretexto de que «no existe» y «a lo que no existe, no se le juzga». La cuestión no es si equivale en la práctica a cero un décimo, un veinteavo, un centésimo o cualquier otra fracción. La cuestión es si existe una corriente que considere esa fracción una superfluidad. La cuestión es si existe una divergencia de principios sobre el significado de la fracción, sobre la actitud hacia ella, sobre su aumento, etc. Al responder en esencia precisamente a esta cuestión con aquello de que «no», «cero», «cero es igual a cero», el señor Potrésov expresó plenamente la corriente liquidacionista que él negaba. En su salida había solo una redoblada «malintencionalidad» (según la acertada expresión de la reseña de prensa del número 4 de *Zvezdá*), había solo una falta de franqueza y de claridad publicística. Pero precisamente porque la cuestión no versa sobre personas, sino sobre una corriente, acudió Moscú en ayuda de Petersburgo. La revista moscovita *Vozrozhdénie*, en el número 5 del 30 de marzo de 1910, citando con simpatía al señor Potrésov, escribía: «No hay nada que liquidar, y añadimos por nuestra cuenta: el sueño de restaurar esta jerarquía en su vieja forma (...) es simplemente una utopía nociva, reaccionaria» (pág. 51).

Es del todo evidente que se trata precisamente no de la vieja forma, sino de la vieja esencia. Es también del todo evidente que la cuestión de la «liquidación» está inseparablemente ligada a la cuestión de la «restauración». *Vozrozhdénie* dio un pequeño paso adelante respecto al señor Potrésov: expresó la misma idea algo más clara, más directamente, con más honestidad. Aquí no hay personas, aquí hay una corriente. Las personas pueden distinguirse no por la franqueza, sino por su carácter escurridizo; pero las corrientes se manifiestan a través de los más diversos casos, formas y modalidades.

He aquí, por ejemplo, al señor Bazárov, quien antaño fue bolchevique y, quizás, sigue considerándose tal; en nuestro tiempo abundan las extravagancias. Y en el número de abril de *Nasha Zariá*, refutaba al señor Potrésov con tan buen tino, tan felizmente (para Potrésov), que declaró literalmente «uno de los más grandes y nimios malentendidos» la «consabida cuestión de la hegemonía» (pág. 87). Obsérvese: ¡el señor Bazárov llama a esta cuestión «consabida», es decir, ya planteada, ya conocida en abril de 1910! Tomamos nota de este hecho, que es sumamente importante. Tomamos nota de que la declaración del señor Bazárov, según la cual «no habrá ni rastro de hegemonía» (pág. 88), a condición de que la pequeña burguesía de las ciudades y del campo «esté suficientemente radicalizada contra los privilegios políticos», etc., «pero impregnada de un acusado espíritu nacionalista», es de hecho una total incomprensión de la idea de hegemonía y una renuncia a ella. Precisamente la lucha contra el «nacionalismo», precisamente la purificación del mismo en los «estados de ánimo» supuestos por Bazárov, es la tarea del «hegemón». El éxito de esta tarea no se mide por los resultados inmediatos, directos, del día. Hay épocas en que los resultados del rechazo al nacionalismo, del rechazo al espíritu pantanoso, del rechazo al liquidacionismo —que, dicho sea de paso, es una manifestación de la influencia de la burguesía sobre el proletariado igual que el nacionalismo que a veces contagia a una parte de los obreros—, hay épocas en que esos resultados solo se manifiestan al cabo de años, al cabo de largos años, a veces. Ocurre que, durante años, apenas arde una pequeña chispa que la pequeña burguesía considera, declara, proclama inexistente, liquidada, muerta, etc., y que en realidad vive, opone resistencia al espíritu de desaliento y de renuncia, y se manifiesta después de un largo período. El oportunismo, siempre y en todas partes del mundo, se aferra al minuto, al momento, a lo de hoy, sin saber comprender el nexo entre el «ayer» y el «mañana». El marxismo exige una clara conciencia de este nexo, conciencia no de palabra, sino de hecho. El marxismo se halla, por tanto, en contradicción irreconciliable con la corriente liquidacionista en general y con la negación de la hegemonía en particular.

Tras Petersburgo viene Moscú. Tras el menchevique señor Potrésov, el ex bolchevique señor Bazárov. Tras Bazárov, el señor V. Levitski, adversario más directo, más honesto que el señor Potrésov. En el número de julio de *Nasha Zariá*, el señor V. Levitski escribe: «Si la anterior [forma de cohesión de los obreros conscientes] fue el hegemón en la lucha nacional por la libertad política, la futura será un partido de clase (subrayado del señor Levitski) de las masas que entran en su movimiento histórico» (pág. 103).

En esta sola frase queda admirablemente expresado, concentrado y fijado el espíritu de todos los escritos de los señores Levitski, Potrésov, Bazárov, de todo *Vozrozhdénie*, de toda *Nasha Zariá* y de todo *Delo Zhizni*. Con cientos de citas se podría complementar, sustituir, desarrollar y explicar la cita aducida de V. Levitski. Es una frase tan «clásica» como la célebre de Bernstein: «El movimiento lo es todo, el fin último no es nada»{57}, o como la de Prokopóvich (de su *Credo* de 1899): a los obreros, la lucha económica; a los liberales, la lucha política{58}.

El señor Levitski carece de razón, teóricamente, cuando contrapone hegemonía a partido de clase. Basta por sí sola esta contraposición para afirmar: no es el marxismo, sino el liberalismo, el partido que de hecho sigue *Nasha Zariá*. Únicamente los teóricos del liberalismo en todo el mundo (recuérdese al menos a Sombart y a Brentano) entienden el partido obrero de clase tal como lo «entiende» Levitski. Desde el punto de vista del marxismo, una clase que niega la idea de hegemonía o no la comprende no es una clase, o no es aún una clase, sino un gremio o la suma de diversos gremios.

Pero, siendo infiel al marxismo, el señor Levitski es enteramente fiel a *Nasha Zariá*, es decir, a la corriente liquidacionista. Ha dicho la pura verdad sobre la esencia de esta corriente. En el pasado (para los partidarios de esta corriente) hubo «hegemonía»; en el futuro no la habrá, no debe haberla; ¿y en el presente? En el presente existe el aglomerado informe que constituye el círculo de escritores y amigos-lectores de *Nasha Zariá*, *Vozrozhdénie*, *Delo Zhizni*, el cual justamente ahora, en el verano de 1911, está ocupado en predicar la necesidad, la obligatoriedad, la utilidad y la legitimidad del tránsito de la pasada hegemonía a un futuro partido de clase à la Brentano (o, con igual derecho, podría decirse: à la Struve o à la Izgóiev){59}. Que la falta de forma es uno de los principios del liquidacionismo, lo dijeron abiertamente sus adversarios ya en 1908, un año antes de que surgiera *Nasha Zariá*. Si el señor Máievski, en diciembre de 1910, pregunta qué es el liquidacionismo, que se remita a la respuesta dada oficialmente exactamente dos años atrás{60}. En esa respuesta verá una caracterización, exactísima y completísima, de *Nasha Zariá*, surgida un año después de dicha apreciación. ¿Cómo es esto posible? Fue posible porque se trataba, y se trata, no de personas, sino de una corriente que se esbozó en 1907 (véase, aunque solo sea al final del folleto del propio señor Cherevánin sobre los acontecimientos de la primavera de 1907{61}), se expresó de manera patente en 1908, fue valorada a finales de 1908 por sus adversarios y en 1910 se creó un órgano impreso abierto, y otros órganos.

Decir que en el pasado hubo hegemonía, y que en el futuro debe haber un «partido de clase», significa mostrar con claridad la vinculación del liquidacionismo con la renuncia a la hegemonía y la ruptura de esta corriente con el marxismo. El marxismo afirma: puesto que en el pasado existió la «hegemonía», ello significa que, de la suma de profesiones, especialidades y gremios, surgió una clase, ya que precisamente la conciencia de la idea de hegemonía, precisamente su encarnación en la vida mediante su propia actividad, transforma la suma de gremios en clase. Y una vez que han madurado hasta constituir una «clase», ninguna condición externa, ninguna carga, ninguna reducción del todo a la fracción, ninguna exaltación de los vejistas, ninguna pusilanimidad de los oportunistas es capaz de sofocar ese brote. Aunque no sea «visible» en la superficie (los señores Potrésov no lo ven o fingen no verlo porque no quieren verlo), está vivo, persiste, conserva en el presente «lo pasado» y lo traslada al futuro. Puesto que la hegemonía existió en el pasado, por ello los marxistas están obligados, a pesar de todos y cada uno de los renegados, a defender su idea en el presente y en el futuro; tal tarea ideológica corresponde plenamente a las condiciones materiales que crearon la clase a partir de los gremios, que continúan creándola, ampliándola y fortaleciéndola, y que fortalecen su resistencia a todas las «manifestaciones de la influencia de la burguesía».

Precisamente la revista *Nasha Zariá* ha concentrado en sí, durante todo un año, la manifestación de la influencia de la burguesía sobre el proletariado. El liquidacionismo no solo existe como corriente entre personas que desean ser partidarias de una clase determinada. Representa únicamente uno de los arroyuelos de ese amplio flujo «regresivo», común a varias clases, que caracteriza todo el trienio 1908-1910 y que, posiblemente, caracterizará aún algunos años más. En el presente artículo he debido limitarme a caracterizar este arroyuelo mediante citas de los números 2-7 de *Nasha Zariá*. En próximos artículos espero detenerme en los números 10, 11 y 12 de esta revista, así como en una demostración más detallada de la idea de que el arroyuelo del liquidacionismo es solo una parte de la corriente del vejovismo.

Escrito después del 22 de enero (4 de febrero) de 1911.

Publicado el 22 de abril de 1911 en el n.º 3 de la revista *Sovreménnaia Zhizn* (Bakú). Firmado: V. Ilín

Se imprime según el texto de la revista