¡Estimado camarada Wijnkoop!

La iniciativa en la que estamos ahora ocupados, el plan de una declaración internacional de principios de la izquierda marxista, es tan importante que no tenemos derecho a demorarnos y debemos llevarla a buen término con éxito, y además lo más rápidamente posible. ¡El hecho de que nos estemos retrasando representa un gran peligro!

El artículo de A. P. en la «Berner Tagwacht» (24 de julio) sobre el congreso del SDAP de Holanda es muy importante para nuestro entendimiento mutuo. Saludo con la mayor alegría su posición, la de Gorter y la de Ravesteijn sobre el problema de la milicia popular (esto figura también en nuestro programa). La clase explotada que no aspire a poseer armas, a saber manejarlas y a conocer el arte militar, sería una clase lacayuna. Los partidarios del desarme, en contraposición a la milicia popular (tales «izquierdistas» los hay también en Escandinavia: discutí sobre esto con Höglund en 1910), adoptan las posiciones de los pequeños burgueses, de los pacifistas, de los oportunistas en los Estados pequeños. Para nosotros, en cambio, debe ser decisivo el punto de vista de los grandes Estados y de la lucha revolucionaria (es decir, también de la guerra civil). Los anarquistas pueden estar, desde el punto de vista de la revolución social (considerada al margen del tiempo y del espacio), en contra de la milicia popular. Pero nuestra tarea más importante consiste precisamente ahora en trazar una nítida línea divisoria entre la izquierda marxista, por un lado, y los oportunistas (y kautskianos) y los anarquistas, por otro.

Hay un pasaje en el artículo de A. P. que me ha indignado francamente, a saber, aquel en que dice que la declaración de principios de la señora Roland Holst «¡¡corresponde plenamente al punto de vista del SDAP!!»

De esta declaración de principios, tal como ha sido publicada en la «Berner Tagwacht» y en la «Internationale Korrespondenz», deduzco que no podemos en modo alguno solidarizarnos con la señora Roland Holst. La señora Roland Holst es, en mi opinión, una Kautsky holandesa o un Trotski holandés. ¡¡Esa gente «está decididamente en desacuerdo» con los oportunistas en principio, pero en la práctica están de acuerdo en todas las cuestiones importantes!!

La señora Roland Holst rechaza el principio de la defensa de la patria, es decir, rechaza el socialchovinismo. Esto está bien. ¡¡Pero no rechaza el oportunismo!! ¡En una larguísima declaración, ni una palabra contra el oportunismo! ¡Ni una sola palabra clara e inequívoca sobre los medios revolucionarios de lucha (en cambio, abundan las frases sobre el «idealismo», la abnegación, etc., que cualquier canalla, incluidos Troelstra y Kautsky, puede suscribir muy gustosamente)! ¡Ni una palabra sobre la ruptura con los oportunistas! ¡La consigna de la «paz», enteramente a la Kautsky! En lugar de ello (y de manera muy consecuente desde el punto de vista de la carente de principios «declaración de principios» de la señora Roland Holst), ¡¡el consejo de colaborar con el SDAP y con el SDAP!! Esto significa: unidad con los oportunistas.

Exactamente como nuestro señor Trotski: «en principio, decididamente en contra de la defensa de la patria» y, en la práctica, por la unidad con la fracción de Chjeidze en la Duma rusa (es decir, con los adversarios de nuestra fracción, deportada a Siberia, con los mejores amigos de los socialchovinistas rusos).

No. No. Jamás y de ninguna manera estaremos de acuerdo en principio con la declaración de la señora Roland Holst. Es un internacionalismo enteramente irreflexivo, puramente platónico e hipócrita. Una manifiesta ambigüedad. Esto (políticamente hablando) solo sirve para formar un «ala izquierda» (es decir, una «minoría inofensiva», un «adorno marxista decorativo») en los viejos, podridos y viles partidos lacayunos (en los partidos obreros liberales).

Nosotros no exigimos, por supuesto, la escisión inmediata de uno u otro partido, por ejemplo, en Suecia, Alemania, Francia. Es muy posible que algo más tarde el momento para ello sea (por ejemplo, en Alemania) más favorable. Pero, en principio, debemos exigir incondicionalmente la ruptura completa con el oportunismo. Toda la lucha de nuestro partido (y del movimiento obrero en Europa en general) debe estar dirigida contra el oportunismo.

Esto no es una corriente, no es una tendencia; esto (el oportunismo) se ha convertido ahora en un instrumento organizado de la burguesía dentro del movimiento obrero. Y además: las cuestiones de la lucha revolucionaria (táctica, medios, propaganda en el ejército, confraternización en las trincheras, etc.) deben ser incondicionalmente analizadas, discutidas, pensadas, verificadas y explicadas a las masas en la prensa ilegal. Sin esto, todo «reconocimiento» de la revolución no pasará de ser una frase. Con los radicales fraseológicos (en holandés: «pasivos») no compartimos el camino.

Espero, querido camarada Wijnkoop, que no se sienta ofendido por estas observaciones. Tenemos que ponernos bien de acuerdo para librar juntos una lucha dura.

Le ruego que muestre esta carta al camarada Pannekoek y a los demás amigos holandeses.

Suyo, N. Lenin

P. D. Pronto le enviaré la resolución oficial de nuestro partido (de 1913) sobre el derecho de todas las naciones a la autodeterminación*. Nosotros estamos por este derecho. Ahora, en la lucha contra los socialchovinistas, debemos estarlo más que nunca.

en Zwolle (Holanda)