En los periódicos se sostienen discusiones en torno al nuevo libro del ex ministro de Agricultura Yermólov sobre «la moderna epidemia de incendios en Rusia». La prensa liberal ha señalado que los incendios en el campo, después de la revolución, no han disminuido, sino que han aumentado. Los periódicos reaccionarios se han hecho eco de los gritos y lamentos de Yermólov acerca de «la impunidad de los incendiarios», del «terror en el campo», etc. El número de incendios en el campo ha crecido en proporciones extraordinarias: por ejemplo, en la provincia de Tambov, de 1904 a 1907, se ha duplicado; en la de Oriol, se ha multiplicado por 2,5; en la de Vorónezh, por 3. «Los campesinos más o menos acomodados —escribe el periódico *Nóvoye Vremia*, lacayo del gobierno— desean trasladarse a las granjas, intentan introducir nuevos cultivos, pero, exactamente como en país enemigo, sufren un asedio de guerrillas por parte de la salvaje chusma aldeana. Les queman y les acosan, les acosan y les queman, tanto que “ganas dan de dejarlo todo y huir a donde los ojos nos lleven”».

¡Una confesión desagradable se ven obligados a hacer los partidarios del gobierno zarista! Para nosotros, los socialdemócratas, estos nuevos datos no carecen de interés, ya que constituyen una confirmación más de la mentira del gobierno y de la lamentable impotencia de la política liberal.

La revolución de 1905 demostró plenamente que el viejo orden de cosas en el campo ruso está condenado irrevocablemente por la historia. Ninguna fuerza en el mundo podrá ya consolidar ese orden. ¿Cómo transformarlo? Las masas campesinas respondieron a ello con sus insurrecciones de 1905, respondieron por medio de sus diputados en la I y II Dumas. Las tierras de los terratenientes deben ser confiscadas a los terratenientes sin indemnización. Cuando 30.000 terratenientes (con Nicolás Románov a la cabeza) poseen 70 millones de desiatinas de tierra, y 10 millones de hogares campesinos poseen casi la misma extensión, no puede resultar otra cosa que la servidumbre, la miseria sin salida, la ruina y el estancamiento de toda la economía nacional. Y el Partido Obrero Socialdemócrata llamó a los campesinos a la lucha revolucionaria. Los obreros de toda Rusia, con sus huelgas masivas de 1905, unificaron y orientaron la lucha campesina. El plan de los liberales de «reconciliar» a los campesinos con los terratenientes sobre la base del «rescate mediante una valoración justa» era una maniobra vacía, lamentable y traidora.

¿Cómo quiere transformar el viejo orden campesino el gobierno de Stolypin? Quiere acelerar la ruina completa de los campesinos, conservar las tierras de los terratenientes, ayudar a un puñado insignificante de campesinos ricos a «salir a las granjas» y apropiarse de la mayor cantidad posible de tierras comunales. El gobierno ha comprendido que toda la masa de campesinos está contra él, y se esfuerza por encontrar aliados entre los kulaks del campo.

Para llevar a cabo la «reforma» gubernamental, «se necesitan 20 años de tranquilidad», dijo en cierta ocasión el propio Stolypin. Por «tranquilidad» entiende la sumisión de los campesinos, la ausencia de lucha contra la violencia. Pero sin la violencia de los jefes de zemstvo y demás autoridades, sin la violencia a cada paso, sin la violencia sobre decenas de millones, sin reprimir las más mínimas manifestaciones de su independencia, no se puede aplicar la «reforma» de Stolypin. Stolypin no ha creado ni puede crear «tranquilidad» no ya para 20 años, sino ni siquiera para tres: he aquí la ingrata verdad que el libro del ex ministro sobre los incendios en el campo ha recordado a los servidores del zar.

Los campesinos no tienen ni pueden tener otra salida a la situación de extrema indigencia, miseria, muerte por hambre, en que los coloca el gobierno, más que la lucha masiva, junto con el proletariado, por el derrocamiento del poder zarista. La preparación de las fuerzas del proletariado para esa lucha, la creación, el desarrollo y el fortalecimiento de las organizaciones proletarias: tal es la tarea inmediata del POSDR.

«Rabóchaya Gazeta» № 2, 18 (31) de diciembre de 1910.  
Se publica según el texto de «Rabóchaya Gazeta».