He recibido sus dos cartas y me han asombrado mucho. ¿Qué cosa más sencilla, al parecer, que escribirnos simple y claramente de qué se trata? Hasta ahora no podemos sacar nada en claro. No es difícil encontrar a alguien que al menos una vez por semana escriba con claridad, con precisión, directamente.

Su intento de separar a los liquidadores del liquidacionismo es un fracaso total. Nunca hemos aprobado esa distinción. Sólo los sofistas la sostienen.

Le rogamos encarecidamente que no crea a los sofistas y no haga esa distinción. Con todo lo demás se puede transigir, pero con los liquidadores es imposible, y si no quiere arruinar la causa, no los admita.

Con gran dificultad hemos conseguido de un editor de aquí otros mil rublos y se los enviamos mañana. Si ese editor vuelve a importunarle con preguntas, consejos, condiciones, etc., no le responda en absoluto o responda como le aconsejamos una vez.

En cuanto a la revistita, no hemos recibido nada de nadie.

Así pues, reiteramos una vez más nuestro encarecido ruego: nosotros le hemos conseguido lo necesario, no nos falle usted, no admita a los liquidadores (no hay liquidacionismo sin liquidadores ni puede haberlo. ¿Y quién le ha gastado tan mala broma, asegurándole que hay diferencia entre el liquidacionismo y los liquidadores?) y después consiga que nos escriban semanalmente con claridad, precisión, directamente y con detalle. En verdad, estos dos ruegos no son gravosos ni grandes; sin esto no podemos seguir. Suyo...

Copia (perlustración)

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Escrito el 7 de diciembre de 1910.

Enviado de París a Petersburgo.

Publicado por primera vez en 1933 en la Recopilación Leninista XXV.

Se reproduce según la copia mecanografiada.