Escrito a fines de septiembre – noviembre de 1910.

Publicado en diciembre de 1910 y en enero de 1911 en la revista «Mysl», núms. 1 y 2. Firmado: V. Iliin.

Se publica según el texto de la revista.

I

Las conocidas publicaciones del Ministerio de Comercio e Industria «Estadística de las huelgas obreras en fábricas y plantas» correspondientes al decenio 1895-1904 y a los años 1905-1908 han sido ya reiteradamente señaladas por nuestra literatura. El material recopilado en estas publicaciones es tan rico y tan valioso que su estudio completo y su elaboración exhaustiva requerirán aún mucho tiempo. La elaboración realizada en dicha publicación es solo un primer paso, muy pero muy insuficiente. En el presente artículo nos proponemos dar a conocer a los lectores los resultados preliminares de un intento de elaboración más detallada, postergando una exposición completa para otro lugar.

Ante todo, está plenamente establecido el hecho de que las huelgas en Rusia en 1905-1907 representan un fenómeno sin precedentes en el mundo. He aquí los datos sobre el número de huelguistas, en miles, por años y países:

El trienio 1905-1907 sobresale de manera excepcional. El mínimo del número de huelguistas en Rusia durante este trienio supera el máximo jamás alcanzado en los países más capitalistas del mundo. Esto no significa, por supuesto, que los obreros rusos sean más desarrollados o más fuertes que en Occidente. Pero sí significa que la humanidad ignoraba hasta ahora qué energía es capaz de desarrollar en este terreno el proletariado industrial. La singularidad de la marcha histórica de los acontecimientos se expresó en que las dimensiones aproximadas de esta capacidad se manifestaron por primera vez en un país atrasado, que aún vivía una revolución burguesa.

Para comprender cómo en Rusia, con un número de obreros fabriles pequeño en comparación con Europa Occidental, pudo ser tan grande el número de huelguistas, es necesario tener en cuenta las huelgas repetidas. He aquí los datos sobre el número de huelgas repetidas por años, en relación con la proporción del número de huelguistas respecto al número de obreros:

Vemos de aquí que el trienio 1905-1907, que sobresale de manera excepcional por el número total de huelguistas, se destaca también por la frecuencia de las huelgas repetidas y por el alto porcentaje de huelguistas en relación con el número total de obreros.

La estadística nos proporciona también el número real de establecimientos abarcados por las huelgas y de obreros que participaron en ellas; he aquí estos datos por años:

También este cuadro, al igual que el anterior, muestra que la disminución del número de huelguistas de 1906 a 1907 es, en general, mucho más débil que la disminución de 1905 a 1906. Veremos más adelante que en algunas ramas de la producción y en algunas regiones, de 1906 a 1907 no se observa una disminución, sino una intensificación del movimiento huelguístico. Señalemos por ahora que los datos por gobernaciones sobre el número de obreros que participaron realmente en las huelgas muestran el siguiente fenómeno interesante. De 1905 a 1906, el porcentaje de obreros que participaron en huelgas disminuyó en la inmensa mayoría de las gobernaciones con industria desarrollada; pero hay una serie de gobernaciones en las que este porcentaje aumentó de 1905 a 1906. Son las gobernaciones menos industriales, las más remotas, por así decirlo. Pertenecen a ellas, por ejemplo, las gobernaciones del lejano norte: Arjánguelsk (11 mil obreros fabriles; 1905: 0,4% de obreros que participaron en huelgas; 1906: 78,6%), Vólogda (6 mil obreros fabriles; 26,8% y 40,2% en los mismos años), Olónets (1 mil obreros fabriles; 0 y 2,6%); luego la gobernación del Mar Negro (1 mil obreros fabriles; 42,4% y 93,5%); de la región del Volga: Simbirsk (14 mil obreros fabriles; 10,0% y 33,9%); de las gobernaciones agrícolas centrales: Kursk (18 mil obreros fabriles; 14,4% y 16,9%); de la periferia oriental: Oremburgo (3 mil obreros fabriles; 3,4% y 29,4%).

Es evidente el significado del aumento del porcentaje de participantes en huelgas en estas gobernaciones de 1905 a 1906: la ola no había alcanzado a llegar a ellas en 1905, y comenzaron a incorporarse al movimiento solo después de un año de lucha, sin precedentes en el mundo, de los obreros más avanzados. Nos encontraremos reiteradamente con este fenómeno, muy importante para la comprensión de la marcha histórica de los acontecimientos, en la exposición ulterior.

A la inversa, de 1906 a 1907 el porcentaje de participantes en huelgas aumenta en algunas gobernaciones muy industriales, por ejemplo, en la de Petersburgo (68,0% en 1906; 85,7% en 1907, casi lo mismo que en 1905, 85,9%), en la de Vladímir (37,1% – 49,6%), en la de Bakú (32,9% – 85,5%), en la de Kíev (10,9% – 11,4%) y en varias otras. Así, si en el aumento del porcentaje de huelguistas en varias gobernaciones de 1905 a 1906 observamos a la retaguardia de la clase obrera, que llegó tarde al momento de mayor desarrollo de la lucha, el aumento de este porcentaje en varias otras gobernaciones de 1906 a 1907 nos muestra a la vanguardia en su empeño de reanudar la lucha, de detener la retirada iniciada.

Para hacer más precisa esta conclusión acertada, aduzcamos las cifras absolutas del número de obreros y del número de participantes reales en huelgas por gobernaciones del primer y del segundo tipo:

En promedio por gobernación hay 6 mil obreros fabriles. El aumento del número de obreros que participan realmente en huelgas es de solo 15 mil.

En promedio por gobernación hay 30 mil obreros fabriles. El aumento del número de obreros que participaron realmente en huelgas asciende a 100 mil, y si se descuenta a los petroleros de la gobernación de Bakú, no contabilizados en 1906 (probablemente no más de 20-30 mil), alrededor de 70 mil.

El papel de la retaguardia en 1906 y de la vanguardia en 1907 resalta nítidamente en estos datos.

Para un juicio más preciso sobre estas magnitudes, es necesario tomar los datos por regiones de Rusia y comparar el número de huelguistas con el número de obreros fabriles. He aquí el resumen de estos datos:

*Estas cifras no son totalmente comparables con los datos de los años anteriores, pues en 1907 se incluyó por primera vez a los obreros de los yacimientos petrolíferos. La exageración, seguramente, no es mayor de 20-30 mil.

Los obreros de las distintas regiones participaron de manera desigual en el movimiento. En total, 1.660 mil obreros presentaron 2.863 mil huelguistas, es decir, 164 huelguistas por cada cien obreros o, dicho en otras palabras, algo más de la mitad de los obreros estuvieron en huelga en 1905 un promedio de dos veces. Pero estos promedios ocultan la diferencia radical entre las circunscripciones de Petersburgo y Varsovia, por un lado, y todas las demás, por el otro. En las circunscripciones de Petersburgo y Varsovia, juntas, se concentra 1/3 del total de obreros fabriles (550 mil de 1.660), y ellas presentaron 2/3 del total de huelguistas (1.920 mil de 2.863). En estas circunscripciones, cada obrero estuvo en huelga en promedio casi 4 veces en 1905. En las restantes circunscripciones, a 1.110 mil obreros corresponden 943 mil huelguistas, es decir, proporcionalmente cuatro veces menos que en las dos antes mencionadas. Ya de aquí se ve cuán falsas son las afirmaciones de los liberales, repetidas por nuestros liquidadores, de que los obreros sobrestimaron sus fuerzas. Por el contrario, los hechos demuestran que subestimaron sus fuerzas, pues no las utilizaron plenamente. Si la energía y la tenacidad de la lucha huelguística (hablamos aquí solo de esta forma de lucha) en toda Rusia hubieran sido las mismas que en las circunscripciones de Petersburgo y Varsovia, el número total de huelguistas habría sido el doble. En otras palabras, esta conclusión puede expresarse así: los obreros pudieron evaluar solo la mitad de sus fuerzas en este terreno del movimiento, pues la otra mitad aún no la habían utilizado. Dicho geográficamente: el oeste y el noroeste ya habían despertado, pero el centro, el este y el sur estaban medio dormidos. El desarrollo del capitalismo hace algo cada día para despertar a los rezagados.

La siguiente conclusión importante de los datos por regiones consiste en que de 1905 a 1906 la disminución del movimiento fue general, aunque desigual; pero de 1906 a 1907, con una enorme disminución en la circunscripción de Varsovia, con una reducción muy pequeña en las circunscripciones de Moscú, Kíev y el Volga, vemos un aumento en las circunscripciones de Petersburgo y Járkov. Esto significa que, dado el nivel de conciencia y preparación de la población, la forma de movimiento considerada se agotó en el transcurso de 1905; debía, en la medida en que no desaparecieran las contradicciones objetivas de la vida sociopolítica, pasar a una forma superior de movimiento. Pero después de un año de, si se puede decir así, descanso o período de acumulación de fuerzas, durante 1906, se perfiló e inició un nuevo ascenso en una parte del país. Si los liberales, y tras ellos los liquidadores, al evaluar este período, hablan con desprecio de las «expectativas de los románticos», el marxista debe decir que, al apartarse del apoyo a este ascenso parcial, los liberales socavaban la última posibilidad de defender las conquistas democráticas.

En cuanto a la distribución territorial de los huelguistas, cabe señalar además que la inmensa mayoría de ellos corresponden a seis gobernaciones con industria altamente desarrollada y con grandes ciudades en cinco de ellas. He aquí estas seis gobernaciones: Petersburgo, Moscú, Livonia, Vladímir, Varsovia y Petrokov. En estas gobernaciones había en 1905 827 mil obreros fabriles de un total de 1.661 mil, es decir, casi la mitad del total. En cuanto a los huelguistas, en ellas hubo durante el decenio 1895-1904 un total de 246 mil de 431 mil, es decir, alrededor del 60% del total de huelguistas; en 1905, 2.072 mil de 2.863 mil, es decir, alrededor del 70%; en 1906, 852 mil de 1.108 mil, es decir, alrededor del 75%; en 1907, 517 mil de 740 mil, es decir, alrededor del 70%; en 1908, 85 mil de 176 mil, es decir, menos de la mitad[63].

Así pues, el papel de estas seis gobernaciones en el trienio 1905-1907 fue mayor que en el período anterior y en el posterior. Está claro, por lo tanto, que los grandes centros urbanos, y entre ellos los capitalinos, desarrollaron durante este trienio una energía mucho más alta que todas las demás localidades. Los obreros dispersos por las aldeas y por centros urbanos e industriales relativamente pequeños, constituyendo la mitad del número total de obreros, presentaron en 1895-1904 el 40% del total de huelguistas, y en 1905-1907 solo el 25-30%. Complementando la conclusión anterior, podemos decir que las grandes ciudades despertaron, mientras que los pequeños centros y las aldeas aún estaban, en medida considerable, dormidos.

Con respecto a las aldeas en general, es decir, a los obreros fabriles que viven en aldeas, la estadística ofrece además datos sobre el número de huelgas (no sobre el número de huelguistas) en las ciudades y fuera de ellas. He aquí estos datos:

Los compiladores de la estadística oficial, al presentar estos datos, señalan que, según las conocidas investigaciones del Sr. Pogózhev, del total de fábricas y plantas de Rusia, el 40% se encuentra en las ciudades y el 60% fuera de ellas{137}. Por consiguiente, si en tiempos normales (1895-1904) el número de huelgas en las ciudades triplica el número de ellas en las aldeas, la relación porcentual del número de huelgas respecto al número de establecimientos es 4,5 veces mayor en las ciudades que en las aldeas. En 1905 esta relación era aproximadamente de 8:1; en 1906, de 9:1; en 1907, de 15:1; en 1908[64], de 6:1. En otras palabras: el papel de los obreros fabriles urbanos en el movimiento huelguístico fue mucho más fuerte en 1905 que en los años anteriores, en comparación con el papel de los obreros fabriles que viven en aldeas, y en 1906 y 1907 este papel se hizo cada vez mayor, es decir, la participación proporcional de los obreros rurales en el movimiento se redujo cada vez más. Los obreros fabriles que viven en aldeas, los menos preparados para la lucha por el decenio 1895-1904, mostraron la menor firmeza, pasando con la mayor rapidez a la retirada después de 1905. La vanguardia, es decir, los obreros fabriles urbanos, en 1906 hizo esfuerzos especiales, y en 1907 mayores aún que en 1906, para detener esta retirada.

Examinemos a continuación la distribución de los huelguistas por ramas de producción. Para ello distinguiremos cuatro grupos principales de producciones: A) metalúrgicos; B) obreros textiles; C) tipógrafos, trabajadores de la madera, curtidores y obreros de las producciones químicas; D) obreros de la elaboración de sustancias minerales y de la producción de productos alimenticios. He aquí los datos por años{138}:

Los metalúrgicos fueron los mejor preparados por el decenio anterior a 1905. Durante ese decenio, estuvo en huelga casi la mitad de ellos (117 de 252). Por ser los mejor preparados, están a la cabeza de todos también en 1905. El número de huelguistas entre ellos supera en más de tres veces el número de obreros (811 contra 252). Aún más nítidamente resalta el papel de esta vanguardia al examinar los datos mensuales de 1905 (el examen detallado de estos datos no es posible en un artículo breve, y lo postergamos para otro lugar). De todos los meses de 1905, el máximo de huelguistas metalúrgicos no corresponde a octubre, como en todos los demás grupos de producciones, sino a enero. La vanguardia inició el movimiento con máxima energía, «sacudiendo» a la masa restante. Solo en el mes de enero de 1905, entre los metalúrgicos estuvieron en huelga 155 mil personas, es decir, dos tercios del número total de metalúrgicos (252 mil); en un solo mes, el número de huelguistas es considerablemente mayor que en diez años anteriores (155 contra 117). Pero esta energía, casi sobrehumana, agota las fuerzas de la vanguardia hacia fines de 1905: los metalúrgicos ocupan el primer lugar en cuanto a la magnitud de la disminución del movimiento en 1906. La reducción del número de huelguistas entre ellos es máxima: de 811 a 213, es decir, casi cuatro veces menor. Hacia 1907, la vanguardia vuelve a reunir fuerzas: el número de huelguistas disminuye de manera muy insignificante en general (de 213 a 193), y en las tres producciones principales del grupo de elaboración de metales, a saber, la construcción de maquinaria, la construcción naval y la fundición de hierro, el número de huelguistas aumenta de 104 mil en 1906 a 125 mil en 1907.

Los textiles constituyen la masa principal de los obreros fabriles rusos, algo menos de la mitad del total (708 de 1.691). Por su preparación durante los 10 años anteriores a 1905, ocupan el segundo lugar: estuvo en huelga 1/3 del total (237 de 708). Por la fuerza del movimiento en 1905, también en segundo lugar: alrededor de 180 huelguistas por cada 100 obreros. Se incorporan a la lucha más tarde que los metalúrgicos: en enero tuvieron apenas algo más de huelguistas que los metalúrgicos (164 mil contra 155), en octubre más del doble (256 mil contra 117). Incorporada más tarde al movimiento, esta masa principal es la que se mantiene más firmemente en 1906: la disminución en este año es general, pero entre los textiles es la menor de todas, en ellos la reducción es a la mitad (640 frente a 1.296), entre los metalúrgicos casi a la cuarta parte (213 y 811), entre los demás de 2,5 a 3,5 veces. Solo hacia 1907 las fuerzas de la masa principal resultan también agotadas: de 1906 a 1907, precisamente en este grupo la disminución es la mayor, más de la mitad (302 frente a 640).

Sin detenernos en el examen detallado de los datos de las demás producciones, señalemos únicamente que a la zaga de todos está el grupo D, el más débilmente preparado y el que participó más débilmente en el movimiento. Si se toma como norma a los metalúrgicos, se puede decir que el grupo D «quedó en deuda» por más de un millón de huelguistas solo en el año 1905.

La relación entre metalúrgicos y textiles es característica como relación entre la capa avanzada y la masa amplia. A falta de organizaciones libres, de prensa libre, de tribuna parlamentaria, etc., en 1895-1904, las masas no podían cohesionarse en 1905 más que de manera espontánea, en el curso de la lucha misma. El mecanismo de esta cohesión consistía en que se alzaba una ola tras otra de huelguistas, y para «sacudir» a la masa amplia, la vanguardia tenía que invertir una energía tan enorme al comienzo del movimiento, que resultaba comparativamente debilitada en el momento del apogeo del movimiento. En enero de 1905 hubo 444 mil huelguistas, de los cuales 155 mil eran metalúrgicos, es decir, el 34%, y en octubre el número total de huelguistas fue de 519 mil, de los cuales 117 mil eran metalúrgicos, es decir, el 22%. Es comprensible que tal desigualdad en el movimiento equivalga a un conocido despilfarro de fuerzas debido a su dispersión, a su insuficiente concentración. Esto significa, en primer lugar, que el efecto podría haberse incrementado con una mejor concentración de fuerzas, y en segundo lugar, que por las condiciones objetivas de la época estudiada, al comienzo de cada ola era inevitable, y necesario para alcanzar el éxito, una serie de acciones a tientas, por así decirlo, de exploraciones, movimientos de prueba, etc. Por eso, cuando los liberales, y tras ellos liquidadores como Mártov, desde el punto de vista de su teoría sobre la «sobrestimación de sus fuerzas por el proletariado», nos acusan de que «íbamos a remolque de la lucha espontánea de clase», estos señores dictan sentencia contra sí mismos y nos brindan, contra su voluntad, el mayor de los cumplidos.

Para terminar el examen de los datos anuales sobre las huelgas, detengámonos aún en las cifras que caracterizan la magnitud y la duración de las huelgas y el monto de las pérdidas ocasionadas por ellas.

El número medio de participantes por huelga fue:

La disminución del tamaño de las huelgas (por el número de participantes) en 1905 se explica por la incorporación a la lucha de una masa de pequeños establecimientos, que redujeron las cifras medias de participantes. La disminución ulterior en 1906 refleja, al parecer, la caída de la energía de la lucha. 1907 también aquí da un cierto paso adelante.

Si tomamos el número medio de participantes en las huelgas puramente políticas, obtenemos las siguientes cifras por años: 1905 – 180; 1906 – 174; 1907 – 203; 1908 – 197. Estas cifras indican aún más nítidamente la caída de la energía de la lucha en 1906 y un nuevo aumento en 1907, o (o tal vez al mismo tiempo) la participación predominante en el movimiento de 1907 de los establecimientos más grandes.

El número de días de huelga por 1 obrero huelguista fue:

La tenacidad de la lucha, caracterizada por estas cifras, fue la más alta en 1905, luego disminuyó rápidamente hasta 1907 y aumentó solo en 1908. Hay que señalar que, en cuanto a la tenacidad de la lucha, las huelgas de Europa Occidental se sitúan incomparablemente más alto. El número de días de huelga por 1 obrero huelguista fue, para el quinquenio 1894-1898, de 10,3 en Italia, 12,1 en Austria, 14,3 en Francia y 34,2 en Inglaterra.

Si se distinguen las huelgas puramente políticas, se obtienen las siguientes cifras: 1905 – 7,0 días por 1 huelguista; 1906 – 1,5; 1907 – 1,0 día. Las huelgas por causas económicas se distinguen siempre por una mayor duración de la lucha.

Teniendo en cuenta la diferente tenacidad de la lucha huelguística en los distintos años, llegamos a la conclusión de que los datos sobre el número de huelguistas no son aún suficientes para determinar las magnitudes comparativas del movimiento en los diferentes años. Un determinante preciso es el número de jornadas de huelga, que por años fue el siguiente:

Así pues, las dimensiones exactamente determinadas del movimiento solo en el año 1905 son más de 11 veces superiores al movimiento de todos los 10 años anteriores juntos. Dicho de otro modo: las dimensiones del movimiento en 1905 superan 115 veces las dimensiones medias anuales del movimiento en el decenio anterior.

Esta correlación nos muestra cuán cortos de vista son aquellos, que se encuentran con demasiada frecuencia entre los científicos oficiales (y no solo entre ellos), que toman el ritmo de desarrollo sociopolítico observado en las llamadas épocas «pacíficas», «orgánicas», «evolutivas», como norma para todos los casos, como indicador de la velocidad de desarrollo posible para la humanidad contemporánea. En realidad, el ritmo de «desarrollo» en las llamadas épocas «orgánicas» es indicador del máximo estancamiento, de los máximos obstáculos al desarrollo.

A partir de los datos sobre el número de jornadas de huelga, el compilador de la estadística oficial determina las pérdidas sufridas por la industria. Estas pérdidas (falta de elaboración de producto) sumaron en los 10 años, 1895-1904, un total de 10,4 millones de rublos; en 1905, 127,3 millones; en 1906, 31,2 millones; en 1907, 15,0 millones, y en 1908, 5,8 millones de rublos. En los tres años, 1905-1907, la falta de elaboración de producto ascendió, por consiguiente, a 173,5 millones de rublos.

Las pérdidas de los obreros por salarios no percibidos durante los días de huelga (determinadas según el salario medio diario en las distintas producciones) sumaron en los años considerados, en miles de rublos:

*Véase el presente tomo, pág. 387. Ed.

En los tres años, 1905-1907, las pérdidas de los obreros sumaron 23,2 millones de rublos, es decir, más de 14 veces más que en todos los diez años anteriores juntos[65]. El compilador de la estadística oficial calcula que estas pérdidas equivalían, en promedio por obrero ocupado en la industria fabril (y no por huelguista), a unos 10 kopeks al año en el primer decenio, a unos 10 rublos en 1905, a unos 2 rublos en 1906 y a alrededor de 1 rublo en 1907. Pero este cálculo deja de lado las enormes diferencias en la relación considerada entre los obreros de las distintas producciones. He aquí un cálculo más detallado, realizado sobre la base de las cifras del cuadro que antecede:

De aquí se ve que, para un metalúrgico (grupo A), el monto de las pérdidas por huelgas en 1905 fue de casi 30 rublos, tres veces más que el promedio, más de diez veces más que el promedio de pérdidas de un obrero de la elaboración de sustancias minerales y productos alimenticios (grupo D). La conclusión que hicimos más arriba de que los metalúrgicos agotaron sus fuerzas en la forma de movimiento considerada hacia fines de 1905, se confirma aún más nítidamente con este cuadro: en el grupo A, el monto de las pérdidas de 1905 a 1906 disminuyó más de 8 veces; en los demás grupos, de 3 a 4 veces.

Concluyendo con esto el examen de los datos anuales de la estadística de huelgas, pasaremos en el siguiente artículo al estudio de los datos mensuales.

II

Para el estudio del carácter ondulatorio del movimiento huelguístico, el período anual es demasiado grande. Ahora tenemos el derecho estadístico a decir que en el trienio 1905-1907 cada mes valía por un año. El movimiento obrero en estos tres años vivió 30 años. En 1905, el número de huelguistas no descendió en ningún mes por debajo del mínimo anual de huelguistas en el decenio 1895-1904, y en 1906 y 1907 solo hubo dos meses así en cada año.

Lamentablemente, la elaboración de los datos mensuales, al igual que los datos por gobernaciones, es muy insatisfactoria en la estadística oficial. Muchos resúmenes hay que hacerlos de nuevo. Por esta razón, y también por consideraciones de espacio, nos limitaremos por ahora a los datos por trimestres del año. Señalemos, en relación con la separación de huelgas económicas y políticas, que la estadística oficial no proporciona datos plenamente comparables para 1905 y para 1906-1907. Las huelgas mixtas –según la nomenclatura oficial, los grupos 12 con reivindicaciones económicas y 12 b con reivindicaciones económicas– fueron consideradas políticas en 1905, y después económicas. Nosotros también las clasificamos como económicas para 1905.

Número de huelguistas en miles{139}.

Con un trazo se destacan los períodos que muestran el mayor ascenso de la ola. Ya a primera vista salta a la atención que estos períodos coinciden con acontecimientos políticos de importancia cardinal que caracterizan todo el trienio. 1905 I – el nueve de enero y sus consecuencias; 1905 IV – los acontecimientos de octubre y diciembre; 1906 II – la primera Duma; 1907 II – la segunda Duma; en el último trimestre de 1907, el ascenso es mínimo, explicable por la huelga política de noviembre (134 mil huelguistas) con motivo del proceso contra los diputados obreros de la segunda Duma. Así pues, este período, que concluye el trienio y es de transición hacia una etapa distinta de la historia rusa, es precisamente una excepción que confirma la regla: si el ascenso de la ola huelguística no significa aquí un ascenso sociopolítico general, un examen más detenido revela que tampoco hubo ola huelguística, sino una huelga-manifestación aislada.

La regla para el trienio estudiado es que el ascenso de la ola huelguística significa puntos críticos, de viraje, de toda la evolución sociopolítica del país. La estadística de huelgas nos muestra de manera palpable la principal fuerza motriz de esta evolución. Esto no significa, por supuesto, que la forma de movimiento considerada fuera la única o la forma superior –sabemos que no es así–, no significa que se pueda sacar conclusiones directas de esta forma de movimiento a las cuestiones particulares de la evolución sociopolítica. Pero sí significa que tenemos ante nosotros un cuadro estadístico (por supuesto, un cuadro lejos de ser completo) del movimiento de una clase que fue el resorte principal de la orientación general de los acontecimientos. El movimiento de las demás clases se agrupa alrededor de este centro, lo sigue, es orientado o determinado por él (en sentido positivo o negativo), depende de él.

Diagrama del número de obreros en huelga por trimestres del año. – 1910. La parte rayada – participantes en huelgas políticas; la no rayada – en económicas. (Del cuaderno de V. I. Lenin «Estadística de las huelgas en Rusia», Recopilación Leninista XXV)

Basta recordar los principales momentos de la historia política de Rusia en el trienio considerado para convencerse de la justeza de esta conclusión. Tomemos el primer trimestre de 1905. ¿Qué muestra su víspera? La conocida campaña de los banquetes de los zemstvos. ¿Era correcto evaluar las intervenciones de los obreros en esta campaña como el «tipo superior de manifestación»? ¿Eran correctos los discursos sobre no provocar «pánico» entre los liberales? Planteen estas cuestiones en el marco de la estadística de huelgas (1903: 87 mil; 1904: 25 mil; enero de 1905: 444 mil, de ellos 123 mil políticos), y la respuesta será clara. La mencionada polémica sobre la táctica en la campaña de los zemstvos solo refleja el antagonismo, arraigado en condiciones objetivas, entre el movimiento liberal y el movimiento obrero.

¿Qué vemos después del ascenso de enero[66]? Los conocidos decretos de febrero{140}, que inician una cierta transformación del régimen estatal.

Tomen el tercer trimestre de 1905. En primer plano de la historia política está la ley del 6 de agosto (la llamada Duma de Bulyguin). ¿Está destinada esta ley a plasmarse en la vida? Los liberales piensan que sí, y deciden conducir su línea de conducta de acuerdo con tal opinión. En el campo de los marxistas, la opinión opuesta, no compartida por quienes, objetivamente, sostienen las ideas del liberalismo. Los acontecimientos del último trimestre de 1905 resuelven la polémica.

Por las cifras referentes a trimestres enteros del año, parece que a fines de 1905 hubo un solo ascenso. En realidad hubo dos, separados por una pequeña atenuación del movimiento. En octubre hubo 519 mil huelguistas, de ellos 328 mil puramente políticos; en noviembre, 325 mil (de ellos 147 mil políticos), y en diciembre, 433 mil (de ellos 372 mil políticos). En la literatura histórica se ha expresado la opinión de los liberales y de nuestros liquidadores (Cherevanin y compañía), según la cual en el ascenso de diciembre hay un elemento de «artificialidad». La estadística refuta esta opinión, mostrando precisamente en este mes el máximo del número de huelguistas puramente políticos: 372 mil. Son comprensibles las tendencias que llevaron a los liberales a una determinada evaluación, pero desde un punto de vista puramente científico es absurdo considerar en modo alguno «artificial» un movimiento de tal magnitud que en un solo mes el número de huelguistas puramente políticos constituyó casi 9/10 del número total de huelguistas de todo un decenio.

Tomemos, finalmente, los dos últimos ascensos de la primavera de 1906 y la primavera de 1907[67]. Su diferencia común respecto al ascenso de enero y al de mayo de 1905 (de los cuales el primero fue también más fuerte que el segundo) es que ellos se producen en la línea de retirada, mientras que los dos primeros iban en la línea de ofensiva. Esta diferencia caracteriza, en general, los dos últimos años del trienio considerado en comparación con el primer año del trienio. Por consiguiente, la evaluación precisa del aumento de las cifras en los períodos señalados de 1906 y 1907 será que estos aumentos señalan una detención de la retirada y un intento de los que se retiran de pasar nuevamente a la ofensiva. Tal es el significado objetivo de estos ascensos, claro para nosotros ahora desde el punto de vista de los resultados finales de todo el «trienio de tormenta y embate». La primera y la segunda Duma no fueron sino negociaciones políticas y manifestaciones políticas en la cúspide con motivo de la detención de la retirada en la base.

De aquí resulta clara toda la miopía de los liberales, que ven en estas negociaciones algo autosuficiente, independiente, no dependiente de cuánto dure y a qué conduzca tal o cual detención de la retirada. De aquí resulta clara la dependencia objetiva respecto de los liberales de aquellos liquidadores que, como Mártov, hablan ahora con desprecio de las «expectativas de los románticos» durante la retirada. La estadística nos muestra que no se trataba de «expectativas de románticos», sino de interrupciones, detenciones de la retirada que tuvieron lugar de hecho. De no haber existido estas detenciones, el acontecimiento del 3 de junio de 1907, históricamente absolutamente inevitable en la medida en que las retiradas seguían siendo retiradas, habría tenido lugar antes, quizás un año entero, o incluso más de un año antes.

Examinada la historia del movimiento huelguístico en relación con los principales momentos de la historia política, pasemos al estudio de la correlación entre huelgas económicas y políticas. La estadística oficial proporciona sobre esta cuestión datos interesantísimos. Tomemos primero los resultados generales por años individuales del trienio considerado:

La primera conclusión de aquí es que las huelgas económicas y políticas se encuentran en la más estrecha relación. Suben juntas y bajan juntas. La fuerza del movimiento en la época de ofensiva (1905) se caracteriza por el hecho de que las huelgas políticas se erigen, por así decirlo, sobre la amplia base de huelgas económicas no menos fuertes, las cuales, incluso tomadas por separado, dejan muy atrás las cifras de todo el decenio 1895-1904.

Al decaer el movimiento, el número de huelguistas económicos cae más rápidamente que el de políticos. La debilidad del movimiento en 1906, y especialmente en 1907, se caracteriza, indudablemente, por la ausencia de una base amplia y sólida de lucha económica. Por otro lado, la caída más lenta del número de huelguistas políticos en general, y especialmente la pequeña caída de este número de 1906 a 1907, indica, al parecer, el fenómeno que ya conocemos: las capas avanzadas se esfuerzan con la máxima energía por detener la retirada y transformarla en ofensiva.

Esta conclusión se confirma plenamente con los datos sobre la correlación entre la huelga económica y la política en los distintos grupos de producciones. Para no recargar el artículo de cifras, nos limitaremos a comparar a los metalúrgicos y a los textiles por trimestres de 1905, tomando esta vez el resumen de la estadística oficial[68], que clasificó para este año las huelgas mixtas como políticas, según se indicó ya más arriba.

La diferencia entre la capa avanzada y la masa amplia resalta nítidamente. Entre los avanzados, desde el comienzo mismo, los huelguistas puramente económicos están en minoría, al igual que durante todo el año. El primer trimestre se caracteriza, sin embargo, también en este grupo por una cifra muy alta (120 mil) de huelguistas puramente económicos: está claro que también entre los metalúrgicos hay no pocas capas a las que había que «sacudir» y que iniciaban el movimiento con la presentación de reivindicaciones puramente económicas. Entre los textiles, vemos al comienzo del movimiento (I trimestre del año) un enorme predominio de los huelguistas puramente económicos, los cuales resultan ser minoría en el II trimestre del año, para volver a obtener la mayoría en el III trimestre. En el último trimestre del año, durante el apogeo del movimiento, entre los metalúrgicos el número de huelguistas puramente económicos equivale al 10% del número total de huelguistas y al 12% del total de metalúrgicos; entre los textiles, los huelguistas puramente económicos en ese mismo período constituyen el 30% del número total de huelguistas y el 25% del total de obreros textiles.

Es completamente evidente ahora cuál es exactamente la interdependencia de la huelga económica y la política: sin su estrecha vinculación es imposible un movimiento verdaderamente amplio, verdaderamente de masas; y la forma concreta de esta vinculación es, por un lado, que al comienzo del movimiento y al incorporarse nuevas capas al movimiento, la huelga puramente económica desempeña un papel predominante, y por otro lado, la huelga política despierta y remueve a los atrasados, generaliza y amplía el movimiento, lo eleva a un peldaño superior.

Sería sumamente interesante seguir detalladamente cómo, exactamente, a lo largo de todo el trienio, se incorporaban al movimiento los novatos. Los datos al respecto existen en el material básico, pues la información se obtenía en fichas sobre cada huelga por separado. Pero la elaboración de estos datos en la estadística oficial es muy insatisfactoria, y una masa de riquísimo material contenido en las fichas se ha perdido al no ser incluida en la elaboración. Una cierta idea aproximada la proporciona el siguiente cuadro sobre el número de casos de huelgas en porcentajes respecto al número de establecimientos de distintos tamaños:

Aquella capa avanzada que hemos observado hasta ahora según los datos de las distintas regiones y los distintos grupos de producciones, resalta ahora según los datos de los distintos grupos de establecimientos. Una regla general para todos los años es el aumento del porcentaje de establecimientos con huelgas a medida que aumenta el tamaño de los establecimientos. A la vez, para 1905 es característico, en primer lugar, que las huelgas repetidas son tanto más cuanto más grande es el establecimiento, y en segundo lugar, que en comparación con el decenio 1895-1904, el aumento del porcentaje en 1905 es tanto más impetuoso cuanto más pequeño es el establecimiento. Esto indica claramente la particular rapidez de incorporación de los novatos, de atracción de capas que nunca antes habían participado en huelgas. Rápidamente incorporados al movimiento en la época de máximo ascenso, estos novatos resultan ser los menos firmes: la caída del porcentaje de establecimientos con huelgas de 1906 a 1907 es más fuerte en los establecimientos pequeños, más débil en los grandes. La vanguardia es la que más tiempo, con mayor persistencia, trabaja por detener la retirada.

Pero volvamos a los datos sobre la correlación de la huelga económica y la política. Los datos por trimestres del año para todo el trienio, presentados más arriba (pág. 19)[69], muestran ante todo que todos los grandes ascensos están vinculados con el ascenso del número no solo de huelguistas políticos, sino también de económicos. Cierta excepción es solo el ascenso de la primavera de 1907, cuando el máximo de huelguistas económicos no corresponde al II, sino al III trimestre del año.

Al comienzo del movimiento (I trimestre de 1905) vemos un enorme predominio del número de huelguistas económicos sobre los políticos (604 y 206 mil). El apogeo del movimiento (IV trimestre de 1905) da una nueva ola de huelgas económicas, más débil que la de enero, con un fuerte predominio de la huelga política. El tercer ascenso, en la primavera de 1906, muestra otra vez un aumento muy grande del número tanto de huelguistas económicos como políticos. Ya estos solos datos bastan para refutar la opinión de que la combinación de la huelga económica y la política fue «el lado débil del movimiento». Tal opinión la expresaron reiteradamente los liberales; la repitió con respecto a noviembre de 1905 el liquidador Cherevanin; recientemente la repitió con respecto a la misma época también Mártov. Con especial frecuencia, en confirmación de tal opinión, se alude al fracaso de la lucha por la jornada laboral de 8 horas{141}.

El hecho de este fracaso es indiscutible, también es indiscutible que todo fracaso significa debilidad del movimiento, pero el punto de vista liberal se manifiesta en considerar «el lado débil del movimiento» precisamente la combinación de la lucha económica con la política; el punto de vista marxista ve la debilidad en la insuficiencia de esta combinación, en el número insuficientemente grande de huelguistas económicos. La estadística confirma gráficamente la justeza del punto de vista marxista, revelando la «ley general» del trienio: intensificación del movimiento al intensificarse la lucha económica. Y esta «ley general» se vincula lógicamente con los rasgos fundamentales de toda sociedad capitalista: en ella siempre habrá capas tan atrasadas que solo pueden ser despertadas por la más extraordinaria agudización del movimiento, y de otro modo que no sea con reivindicaciones económicas, las capas atrasadas no pueden incorporarse a la lucha.

Comparando el ascenso del último trimestre de 1905 con el ascenso anterior y el posterior, es decir, con el primer trimestre de 1905 y con el segundo trimestre de 1906, vemos claramente que el ascenso de octubre-diciembre es más débil que el anterior y el posterior en cuanto a la amplitud de la base económica, es decir, en cuanto al porcentaje de huelguistas económicos en el número total de huelguistas. Indudablemente, la reivindicación de la jornada laboral de 8 horas repelía a muchos elementos de la burguesía que podían simpatizar con otras aspiraciones de los obreros. Pero es igualmente indudable que esta reivindicación atraía a muchos elementos no provenientes de la burguesía, que aún no habían sido incorporados al movimiento, los cuales, habiendo presentado 430 mil huelguistas económicos en el último trimestre de 1905, redujeron esta cifra a 73 mil en el I trimestre de 1906 y la elevaron de nuevo a 222 mil en el II trimestre de 1906. La debilidad consistía, pues, no en la falta de simpatía de la burguesía, sino en el apoyo insuficiente o no suficientemente oportuno de elementos no provenientes de la burguesía.

Es propio del liberal temer que el movimiento del tipo considerado repele siempre a ciertos elementos de la burguesía. Es propio del marxista señalar que el movimiento del tipo considerado atrae siempre a amplios elementos no provenientes de la burguesía. Suum cuique – a cada cual lo suyo.

Sobre la cuestión de las peripecias de la lucha de obreros y patronos, son sumamente instructivos los datos de la estadística oficial sobre los resultados de las huelgas. Los resultados generales de esta estadística son los siguientes:

La conclusión general de aquí es, ante todo, que la máxima fuerza del movimiento significa también el máximo éxito de los obreros. El año más favorable para ellos es 1905, cuando la presión de la lucha huelguística fue mayor. Este año se destaca también por la extraordinaria frecuencia de los compromisos: las partes aún no se habían adaptado a las nuevas e inusitadas condiciones, los patronos estaban desconcertados bajo la influencia de la frecuencia de las huelgas, y el asunto terminaba en compromiso con más frecuencia que nunca. En 1906 la lucha se vuelve más tenaz: los casos de compromiso son incomparablemente más raros; pero los obreros en general aún vencen: el porcentaje de huelguistas que ganan es mayor que el de los que pierden. A partir de 1907, las derrotas de los obreros se intensifican ininterrumpidamente, al disminuir los casos de compromiso.

Si se toman las cifras absolutas, veremos que en total, en 10 años, 1895-1904, ganaron las huelgas 117 mil obreros, y en un solo año, 1905, más del triple: 369 mil; en 1906, una vez y media más: 163 mil.

Pero el año es un período demasiado grande para estudiar el movimiento ondulatorio de la lucha huelguística en el trienio 1905-1907. Sin presentar datos mensuales, que ocuparían demasiado espacio, demos los datos por trimestres del año para 1905 y 1906. Se puede omitir 1907, ya que en los resultados de las huelgas no observamos en este año interrupciones, caídas y ascensos, sino una retirada continua de los obreros y una ofensiva de los capitalistas, plenamente expresada en los datos ya presentados por años.

*En la estadística oficial no hay resúmenes mensuales sobre esta cuestión; hubo que sumarlos a partir de los datos por producciones.

De estos datos se desprenden conclusiones muy interesantes, que requieren un examen detallado. En general, hemos visto que la lucha es tanto más exitosa para los obreros cuanto más fuerte es su presión. ¿Se confirma esto con los datos presentados? El I trimestre de 1905 es menos ventajoso para los obreros que el II, aunque el movimiento en este período se debilitó. Esta deducción resulta, sin embargo, errónea, pues los datos trimestrales reúnen juntos el ascenso de enero (321 mil huelguistas económicos) y la caída en febrero (228 mil) y en marzo (56 mil). Si aislamos el mes de ascenso, enero, vemos que en este mes los obreros vencieron: 87 mil huelguistas ganaron las huelgas, 81 mil perdieron, 152 mil terminaron con compromiso. Los dos meses de caída de este período (febrero y marzo) dan la derrota de los obreros.

El segundo período (II trimestre de 1905) es un período de ascenso, que alcanza su apogeo en mayo. El ascenso de la lucha significa la victoria de los obreros: 71 mil huelguistas ganaron las huelgas, 59 perdieron, 109 mil terminaron con compromiso.

El tercer período (III trimestre de 1905) es un período de caída: el número de huelguistas es mucho menor que en el II trimestre. La caída de la presión significa la victoria de los patronos: 59 mil obreros perdieron las huelgas, solo 45 ganaron. El porcentaje de obreros que perdieron las huelgas es igual al 35,6%, es decir, más alto que en 1906. Esto significa que aquella «atmósfera general de simpatía» hacia los obreros en 1905, de la que tanto hablan los liberales como de la causa principal de las victorias obreras –(hace poco también Mártov habló de la «causa principal», la simpatía de la burguesía)–, no impidió en absoluto la derrota de los obreros cuando su presión se debilitaba. Vosotros sois fuertes cuando la sociedad os simpatiza, dicen los liberales a los obreros. La sociedad os simpatiza cuando vosotros sois fuertes, dicen los marxistas a los obreros.

El último trimestre de 1905 parece una excepción: con el mayor ascenso, la derrota de los obreros. Pero esta excepción es aparente, pues se juntan el mes de ascenso –octubre, cuando los obreros vencieron también en el terreno económico (+57, –22: miles de obreros que ganaron y perdieron las huelgas), y los meses: noviembre (+25, –47) y diciembre (+12, –31), cuando la lucha económica decaía y cuando los obreros fueron derrotados. A la vez, el mes de noviembre, mes de viraje, mes de las mayores oscilaciones, del mayor equilibrio de fuerzas contrapuestas, de la mayor incertidumbre sobre los resultados generales y la orientación general de la historia de Rusia en general, de la historia de las relaciones entre patronos y obreros en particular, este mes da el mayor, de todos los meses de 1905, porcentaje de casos de compromiso: de 179 mil huelguistas económicos en este mes, 106 mil, es decir, el 59,2% de los huelguistas, terminaron la lucha con compromiso[70].

El primer trimestre de 1906 vuelve a dar una aparente excepción: la mayor caída de la lucha económica y la mayor ganancia de los obreros (+34, –11). También aquí se juntan el mes de derrotas obreras, enero (+4, –6), y los meses de victorias obreras, febrero (+14, –2) y marzo (+16, –2,5). El número de huelguistas económicos cae durante todo este período (enero – 26,6 mil; febrero – 23,3 mil; marzo – 23,2 mil), pero el ascenso del movimiento general ya se perfila claramente (el número total de huelguistas en enero: 190 mil; en febrero: 27 mil; en marzo: 52 mil).

El segundo trimestre de 1906: gran ascenso del movimiento y ganancia de los obreros (+86, –78); esta ganancia es particularmente fuerte en mayo y junio –en junio el número de huelguistas económicos alcanza el máximo de 1906, 90 mil–, mientras que abril da una excepción: derrota de los obreros a pesar del crecimiento del movimiento en comparación con marzo.

A partir del III trimestre de 1906 vemos una caída continua, en general, de la lucha económica, hasta fin de año y, en correspondencia con esto, las derrotas de los obreros (insignificante excepción en agosto de 1906, cuando los obreros vencieron por última vez en la lucha económica: +11,3, –10,3).

Para resumir brevemente las peripecias de la lucha económica en 1905 y 1906, se puede emplear el siguiente método. En 1905 se destacan claramente tres ascensos principales de la lucha huelguística en general y de la económica en particular: enero, mayo y octubre. En estos tres meses juntos, el número de huelguistas económicos fue de 667 mil de un total de 1.439 mil en el año, es decir, no una cuarta parte, sino cerca de la mitad. Y todos estos tres meses fueron meses de victorias obreras en el terreno económico, es decir, de predominio del número de obreros que ganaron las huelgas sobre el número de obreros que perdieron las huelgas.

En 1906 se dividen nítidamente, en general y en conjunto, la primera y la segunda mitad del año: en la primera, detención de la retirada y un gran ascenso; en la segunda, una gran caída. A la primera mitad del año corresponden 295 mil huelguistas económicos; a la segunda, 162. La primera mitad dio a los obreros la victoria en la lucha económica; la segunda, la derrota.

Estos resultados generales confirman plenamente la conclusión de que no la «atmósfera de simpatía», no las simpatías de la burguesía, sino la fuerza de la presión desempeñó el papel decisivo también en la lucha económica.