En el pleno del Comité Central de enero de 1910{23}, nosotros, como representantes de la fracción bolchevique, disolvimos nuestra fracción y entregamos las sumas de dinero y otros bienes pertenecientes a ella a tres conocidos dirigentes de la socialdemocracia internacional. Tanto esta entrega como la disolución de la fracción fueron pasos condicionales. Las condiciones en que dimos estos pasos se conocen por nuestra declaración en el mismo Pleno, declaración que fue aprobada por el Pleno y publicada en el primer número del Órgano Central que apareció después del Pleno.

En pocas palabras, estas condiciones se reducían a que las demás fracciones (y en primer lugar la fracción de los golosovistas, es decir, de los mencheviques que editan y apoyan «Golos Sotsial-Demokrata») cumplieran lealmente, es decir, con honestidad y hasta el final, con su deber, a saber: (1) la lucha contra el liquidacionismo y el otzovismo{24}, reconocidos en la resolución unánimemente aprobada por el Pleno como manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado, y (2) la disolución de sus fracciones.

En la actualidad, tras un año de experiencia, de un año de espera, estamos plena y definitivamente convencidos de que ni una ni otra condición han sido cumplidas, ni por los golosovistas ni por los vperiodistas{25}.

Como resultado de esta convicción, por nuestra parte, ha sido, en primer lugar, la publicación de «Rabóchaya Gazeta»{26}, y en segundo lugar, la declaración sobre la devolución del dinero y los bienes, declaración presentada por nosotros al Comité Central hace unos días, el 5 de diciembre de 1910.

Tras esta reclamación, el asunto se presenta formalmente y en esencia de la siguiente manera. Nosotros entregamos condicionalmente todos los bienes y todas nuestras fuerzas en apoyo del trabajo antiliquidacionista y antiotzovista por la restauración del partido y su completa unidad. La violación por parte de los golosovistas y los vperiodistas de las condiciones aceptadas por ellos destruye nuestro acuerdo. Al rescindir este acuerdo violado por los liquidacionistas y los otzovistas, trabajaremos como antes por la restauración del partido y su completa unidad, por la aplicación de la línea antiliquidacionista y antiotzovista, pero este trabajo deberemos realizarlo no con aquellos aliados que fueron admitidos en el Pleno (en virtud de la confianza en sus promesas) a participar en los centros del partido. Dado que, según el reconocimiento general y las reiteradas declaraciones de los delegados de las organizaciones nacionales, tanto en el Pleno como en otras reuniones, conferencias, etc., del partido, fue precisamente nuestra fracción, la bolchevique, la que siempre se consideró como la más responsable de la situación del partido, consideramos nuestro deber exponer abiertamente nuestros puntos de vista sobre la situación del partido y sobre el significado de los pasos que hemos dado.

El Pleno de enero de 1910 tuvo una importancia muy grande en la historia de nuestro partido. Definió definitivamente la línea táctica del partido para la época de la contrarrevolución, al acordar, en desarrollo de las resoluciones de diciembre de 1908{27}, que tanto el liquidacionismo como el otzovismo son manifestaciones de la influencia de la burguesía sobre el proletariado. El Pleno planteó además la cuestión de la supresión de las fracciones en nuestro partido —es decir, la necesidad de crear una unidad real del partido obrero socialdemócrata—, vinculándola con la definición de las tareas ideológico-políticas del partido en el período histórico dado.

Estas dos tareas realizadas por el Pleno de enero de 1910 tienen, a nuestro juicio, una importancia histórica, y sus resultados son mucho más importantes, mucho más vitales, mucho más sólidos de lo que parece a un observador superficial.

Pero estos resultados se han visto terriblemente estropeados por la fraseología que se ha enredado en torno a ellos. No hay nada tan hostil al espíritu de la socialdemocracia y tan perjudicial como la fraseología. Y la fraseología «conciliadora» no es menos perjudicial ni despista menos a la gente que la fraseología otzovista y liquidacionista. Esta fraseología «conciliadora» obscurece la esencia del asunto, coloca suspiros y buenos deseos en lugar del balance de las tendencias reales y de la correlación real de fuerzas en el partido, perjudica el acercamiento de quienes pueden y deben ser acercados, con sus intentos de jugar a la unificación con quienes no quieren ni pueden unificarse ahora.

En el año transcurrido desde el Pleno de enero, esta fraseología se ha agotado y ha mostrado sus frutos. Si el partido aprende ahora, con la amarga experiencia de los héroes de la fraseología «conciliadora», cómo no se debe abordar la tarea de la «conciliación» y la supresión de las fracciones, el año pasado después del Pleno no habrá sido en vano.

La fraseología se reducía a que bastaba con recoger «promesas» sobre la supresión de las fracciones, con componer las instituciones centrales con los elementos más dispares, con «equilibrar» los elementos contrapuestos, y se daría un paso serio hacia la supresión de las fracciones.

La experiencia de un año ha demostrado, y no podía dejar de demostrar, que el método de los partidarios de la fraseología sufrió un completo fracaso. Sobre «promesas» no se puede construir nada; basar algo en la unión de elementos heterogéneos e inunificables es ridículo. Todo lo que se construyó en torno a la fraseología en las decisiones y medidas del Pleno resultó, al día siguiente, ser una pompa de jabón. Las decisiones, las resoluciones y las instituciones artificialmente compuestas resultaron ser, en la práctica, letra muerta, instituciones muertas. En cambio, lo que fue real en los trabajos del Pleno se desarrolló, se fortaleció, se manifestó en el trabajo, encontró nuevas formas de existencia fuera de las resoluciones, al margen de ellas.

Es difícil imaginar una lección más gráfica y más instructiva que esta lección de los acontecimientos sucedidos en el año posterior al Pleno, lección impartida a las personas que se dejaban llevar por la fraseología, los vanos buenos deseos, el juego al reparto de puestecillos en las instituciones, etc.

¿Qué hubo entonces de real en los trabajos del Pleno? Fue real la indicación del vínculo entre el contenido ideológico-político del trabajo del partido y la supresión de las fracciones. Fue real el acercamiento de aquellas fracciones o corrientes que coincidían no en la barata fraseología conciliadora, no en las promesas y ofrecimientos, no en el juego del reparto de puestecillos en los centros, sino en el trabajo, coincidían en la comprensión de las tareas ideológico-políticas del momento, coincidían de hecho en el planteamiento de estas tareas, en su solución.

Mientras sobre la supresión de las fracciones se proferían frases altisonantes y baratas por personas que no comprendían ni el origen objetivo de las divergencias ni la situación de hecho que aseguraba en la práctica la independencia respecto del partido a determinados grupos de literatos (como el grupo del Sr. Potrésov y Cía. o el grupo de los literatos machistas y otzovistas{28}), las frases seguían siendo frases vacías e impotentes. Pero desde el momento en que en las dos fracciones principales y básicas, que dejaron su impronta en toda la historia del movimiento obrero durante la revolución y aun más: en toda la historia de la revolución en Rusia, comenzó a crecer, en virtud del cambio de las condiciones objetivas, un acercamiento en el trabajo, un acercamiento en la comprensión de estas condiciones objetivas, ningún esfuerzo de los intrigantes que deseen socavar este acercamiento o provocar desconfianza hacia él podrá detener el proceso iniciado.

La situación real del partido que se creó tras el Pleno quedó plenamente clara en el año transcurrido. Es un hecho que los golosovistas y los vperiodistas firmaron las resoluciones sobre la lucha contra el liquidacionismo y el otzovismo, pero en la práctica han llevado y llevan toda su propaganda y agitación, todo su trabajo práctico, precisamente en el sentido de apoyar y defender el liquidacionismo y el otzovismo.

Este hecho muestra a quienes tienen ojos para ver cuán insostenible es la política que se conforma con resoluciones de papel, cuán perjudicial es la fraseología que diverge de la acción.

Todo socialdemócrata de partido no puede dejar de ver a qué conduce semejante estado de cosas.

En el terreno de la literatura, la experiencia de un año ha demostrado que el Órgano Central es llevado de hecho por los bolcheviques más los plejánovistas{31}, contra los golosovistas que ocupan puestos en la redacción. La vida ha desbordado los marcos creados por la fraseología conciliadora: los «conciliadores» por promesa, los «conciliadores» por cargo, los «conciliadores» por encargo de los centros liquidacionistas resultaron ser un obstáculo total para el trabajo. En cambio, Plejánov y sus partidarios, que no dieron ninguna promesa en el Pleno ni aceptaron ningún cargo, resultaron ser en la práctica los portadores de la línea del partido.

La flagrante contradicción entre la forma y el contenido, entre la fraseología y la acción, entre la existencia claramente hipócrita de un presunto colegio del partido (la redacción del Órgano Central) y el trabajo real en el Órgano Central al margen de este colegio, introduce la mayor descomposición en la vida del partido. Para detener esta descomposición, este rebajar las instituciones formalmente partidarias a un papel que provoca las merecidas burlas y el júbilo de los enemigos del partido, hay que romper con la hipocresía y decir abiertamente lo que hay, reconocer abiertamente el hecho de que el trabajo del partido es llevado por dos fracciones.

En el terreno de la unificación en el extranjero no se ha hecho absolutamente nada en todo el año. Los grupos permanecen escindidos en todos los lugares donde ya antes estaban escindidos. Los grupos de mencheviques liquidacionistas se han convertido abiertamente en grupos de apoyo a «Golos». El acercamiento se ha esbozado y ha comenzado en la práctica exclusivamente entre los bolcheviques y los plejánovistas. La Oficina en el Extranjero del Comité Central{32}, como unificadora del trabajo de los socialdemócratas en el extranjero, se ha convertido en motivo de burla, del que se ríen con razón tanto los vperiodistas como los golosovistas, que observan con satisfacción cómo el centro del partido desempeña el papel de un colegio para asuntos de provocación y para el papeleo burocrático que a nadie hace falta.

En la esfera más importante, es decir, en la labor de organización sobre el terreno en Rusia, no se ha hecho absolutamente nada durante el año en favor del partido. El Comité Central, que debía «invitar» a los Mijaílov, Románov y Yúriev sobre la base de las «promesas» hechas al Pleno, se ha ocupado celosamente de esta gratificante y digna de un revolucionario labor de invitación al partido de quienes se ríen de él y continúan perjudicándolo, pero en un año no ha logrado «invitar» a nadie. Mientras tanto, las fracciones antipartidistas reforzaron sus organizaciones contra el partido: se fortaleció la red de agentes y se desarrolló la fracción de los vperiodistas, se fortaleció el grupo del Sr. Potrésov y otras empresas liquidacionistas, que continuaban predicando contra el partido en numerosos clubes, cooperativas, etc., y continuaban intrigando contra el partido cerca de la fracción socialdemócrata de la Duma. El papel del Comité Central, ocupado durante todo este tiempo en «invitar» a los liquidacionistas o en trámites formales respecto a los litigios conciliatorios de golosovistas y vperiodistas, es un papel sencillamente humillante, y no debemos permitir que los enemigos del partido rebajen al Comité Central a ese papel.

Sólo personas absolutamente incapaces de pensar o que quieren dedicarse a la pequeña intriga pueden no ver aún que la continuación de semejante estado de los centros del partido prepara inevitablemente el triunfo de los liquidacionistas y los otzovistas, quienes observan con satisfacción cómo el Comité Central se ha enredado y sigue enredándose en la fraseología conciliadora, en el juego de la conciliación con quienes no quieren conciliarse con el partido.

La fraseología conciliadora ha sido magníficamente comprendida por los liquidacionistas y los otzovistas y magníficamente utilizada por ellos contra el partido. El héroe de esta fraseología, Trotski, se ha convertido de manera muy natural en héroe y abogado jurado de los liquidacionistas y los otzovistas, con los que no está de acuerdo en nada en teoría y en todo en la práctica.

Tanto los liquidacionistas como los vperiodistas han asimilado perfectamente, con la benévola ayuda de este abogado, la táctica de jurar y perjurar cuanto se quiera que son militantes del partido. Esto lo repiten «Golos» y la plataforma del grupo «Vperiod», mientras de hecho continúan descomponiendo el partido y llevando todo el trabajo en un espíritu antipartidista. El «conciliacionismo» formal y verbal se ha convertido en un arma de los liquidacionistas de «Golos» y de los vperiodistas.

Es comprensible que nosotros, como representantes de la corriente bolchevique, no podamos desempeñar ese papel de engañados. Después de esperar un año entero, después de hacer todo lo posible para explicar el carácter antipartidista de los vperiodistas, los golosovistas y Trotski desde las páginas del Órgano Central, no podemos asumir ante el partido la responsabilidad por unas instituciones que están ocupadas en la «invitación» de liquidacionistas y en los trámites «de los asuntos» de los vperiodistas. No queremos riñas conciliatorias, sino trabajo.

Queremos un trabajo conjunto con quienes quieren trabajar y han demostrado de hecho su capacidad para trabajar en un espíritu de partido, es decir, en primer lugar, con los mencheviques del partido y con los socialdemócratas realmente no fraccionistas. No queremos responder por las riñas de conciliación con quienes no quieren trabajar conjuntamente con el partido, sino que quieren trabajar con el Sr. Potrésov y con los otzovistas.

La situación en Rusia es tal que se exige imperiosamente de las organizaciones del partido en el extranjero un trabajo intenso y unido. El período de tres años de los días dorados de la contrarrevolución (1908-1910) llega visiblemente a su fin y es sustituido por un período de incipiente auge. Así lo indican claramente tanto las huelgas de verano del presente año como las manifestaciones con motivo de la muerte de Tolstói. La labor de organización del partido en Rusia está debilitada hasta el máximo extremo, y esta debilidad es aprovechada de la manera más descarada por los vperiodistas y los golosovistas, que desarrollan su trabajo antipartidista con la ayuda de los centros fraccionales rusos y del extranjero.

En tales condiciones, prolongar el juego de la conciliación con estos centros fraccionales, cerrar hipócritamente los ojos ante su independencia, «invitar» a sus representantes para luchar conjuntamente contra su propia política, encubrirlos ante el partido admitiendo a sus miembros en los centros, significa condenarse a una riña conciliatoria sin salida. Significa frenar el trabajo de los centros del extranjero, ya de por sí tan frenado que en todo un año no ha habido ni una sola reunión del Comité Central en Rusia, no se ha logrado organizar no ya una conferencia, sino ni siquiera una reunión privada de militantes locales del partido (mientras que la «escuela» de los otzovistas y los órganos legales de los liquidacionistas lograron repetidamente organizar contra el partido todo tipo de reuniones, encuentros de agentes, corresponsales de la revista, etc.).

Estamos obligados a desembarazarnos de la responsabilidad por este completo estancamiento del trabajo de los centros que se han enredado en el juego de la conciliación con los golosovistas, y a iniciar sin demora un trabajo independiente y enérgico para cohesionar a los bolcheviques ortodoxos, a los mencheviques del partido y a los socialdemócratas no fraccionistas, con el fin de organizar reuniones, conferencias, oficinas regionales, grupos de enlace con la literatura del partido, etc. A este trabajo, único capaz de sacar de hecho al partido del callejón sin salida y de liberar a los centros del «cortejo» a los golosovistas, es al que llamamos a todos los militantes socialdemócratas.

Ya en nombre de la fracción bolchevique, antes del Pleno, en la primavera de 1909, proclamamos la política de acercamiento a los mencheviques del partido, y desde entonces esta política ha dado enormes frutos, a pesar del intento fallido de confiar en las «promesas» de los golosovistas y considerarlos como militantes del partido. Todo lo que se ha hecho desde entonces para el verdadero fortalecimiento no de la prédica vperiodista ni de la defensa golosovista del liquidacionismo, sino de la línea del partido, para el verdadero acercamiento del núcleo fundamental de ambas fracciones principales, todo esto lo hemos hecho al margen de esos intentos fracasados de conciliación con los golosovistas. Y, al desligarnos de la responsabilidad por la continuación de esos intentos, estamos seguros de que lograremos un acercamiento aún mayor en el trabajo, tanto a través de «Rabóchaya Gazeta», como a través de la literatura legal y de las actividades en el extranjero de los grupos de partidarios de «Rabóchaya Gazeta» y de los partidarios de Plejánov.

Después del Pleno, que planteó con toda claridad la cuestión de las fracciones y su supresión, planteando esta cuestión por primera vez en conexión con la línea ideológico-política de esas mismas fracciones, es decir, por primera vez sobre el terreno real del balance del acercamiento efectivo en el trabajo, y no de vanas promesas, promesas formales y demás fraseología; después del Pleno y de haber puesto a prueba sus resultados durante un año, ya no se puede continuar el viejo juego hipócrita del escondite.

Hay que actuar abiertamente. Hay que tener el valor de decir lo que hay. Si el Comité Central quiere decir directa y abiertamente al partido lo que hay, esta simple declaración será en sus manos un arma de enorme fuerza, cien veces más contundente que cualesquiera resoluciones, deseos, condenas, exclusiones, etc.

Decir lo que hay significa reconocer que el intento de supresión de todas las fracciones ha sido, desgraciadamente, frustrado por los golosovistas y los vperiodistas, pero que el acercamiento del núcleo fundamental, el acercamiento de los elementos realmente partidistas de las dos fracciones principales, su acercamiento a los elementos partidistas de las organizaciones nacionales y de los socialdemócratas no fraccionistas, ha dado un paso adelante. Si Trotski y los abogados a él semejantes de los liquidacionistas y los otzovistas declaran que este acercamiento es «políticamente vacío de contenido», semejantes discursos no hacen más que atestiguar toda la falta de principios de Trotski, toda la hostilidad real de su política hacia la política de supresión real (y no limitada únicamente a las promesas) de las fracciones. Prometer esta supresión después de haber puesto a prueba durante un año los resultados del Pleno significa simplemente hacer charlatanería. Pero si la supresión de las fracciones es fraseología, el acercamiento de las corrientes fundamentales dentro de las dos fracciones principales es un hecho. De este hecho no se derivan en absoluto «bloques», ni compromisos altisonantes, ni promesas de desaparición de las divergencias, pero se deriva una posibilidad real de construir el partido en la práctica, apoyándose en la colaboración de una parte de los mencheviques y una parte de los bolcheviques.

Si el Comité Central quiere emprender con toda consecuencia el camino de este reconocimiento y de este trabajo, quiere hacer de todas las instituciones centrales el órgano de semejante acercamiento, liberarlas por completo del indigno y perjudicial «cortejo» a los golosovistas o de la «invitación» a los golosovistas, dar la posibilidad de un trabajo sin riñas conciliatorias, apoyaremos con toda el alma y con todas las fuerzas esta política, que nosotros hemos llevado a la práctica desde la primavera de 1909, es decir, ya casi durante dos años enteros.

Si el Comité Central no quiere sacar esta conclusión inevitable de las lecciones del Pleno y de sus resultados, que entregue entonces la dirección del trabajo del partido[2] y del trabajo por el restablecimiento de la unidad a la alianza de los golosovistas, los vperiodistas y Trotski. Esto será más directo y más honesto, y nosotros nos apartamos de esta alianza que ha demostrado en la práctica su carácter antipartidista.

Por supuesto, no nos hacemos en absoluto ilusiones acerca de que, con motivo de nuestro paso, algunas personas (y entre ellas, seguro, habrá probados abogados de los liquidacionistas y los otzovistas) levantarán gritos sobre una «escisión». Por muy absurdos, por muy hipócritas que sean semejantes gritos, es necesario detenerse en estas probables objeciones para prevenir a las personas poco informadas.

Desde el punto de vista formal, nuestro paso —la reclamación de la devolución del dinero, de la rescisión del acuerdo concertado por nosotros en condiciones estrictamente determinadas— es absolutamente legal. Las condiciones de nuestro acuerdo con el Comité Central fueron declaradas abiertamente, impresas en el Órgano Central, aceptadas por unanimidad por el Comité Central en el Pleno. Al aceptar estas condiciones en nombre de todo el partido, al publicarlas en el Órgano Central del partido, el Comité Central reconoció con la mayor precisión que sólo en caso de cumplirse de hecho estas condiciones podía exigirnos una determinada línea de conducta. Nadie podrá negar que los golosovistas y los vperiodistas, pese a la resolución que firmaron, no han cumplido estas condiciones. Nuestro derecho formal a rescindir el acuerdo es, por tanto, indiscutible. Al rescindir el acuerdo, salimos a la palestra para la lucha independiente por el espíritu de partido, para el trabajo independiente de construcción del partido, sin aquellos que con la experiencia de un año han demostrado su falta de voluntad para trabajar en ello, con aquellos mencheviques y no fraccionistas que han demostrado lo contrario. Si el acuerdo, condicionado directa y precisamente al paso al espíritu de partido de los golosovistas y los vperiodistas, ha sido violado por ellos, tenemos pleno derecho y el deber de rescindir el acuerdo con personas que se han burlado del partido y de buscar todas las formas posibles de acercamiento con las personas que apoyan al partido.

Pero aún mucho más importante que el aspecto formal del asunto es la situación de hecho. Desde este punto de vista se pone especialmente de relieve la hipocresía de los golosovistas y los vperiodistas, que siguen declarando en la prensa, tanto en el Pleno como después del Pleno, su espíritu de partido. La hipocresía de semejantes declaraciones, la escandalosa falsedad de los gritos sobre la escisión por parte de esas personas, son hasta tal punto evidentes que no vale la pena gastar muchas palabras. Precisamente los golosovistas y los vperiodistas crearon inmediatamente después del Pleno —o mejor dicho: no cesaron de crear, pese a sus promesas en el Pleno— una escisión de hecho; precisamente ellos, durante todo el año, continuaron esta escisión, la reforzaron, apoyaron la independencia respecto del partido del grupo de Potrésov y Cía., del grupo de literatos organizadores de la escuela «machista», etc., etc. Seguir tolerando la presencia de esos escisionistas en los centros del partido significa arruinar definitivamente la causa del partido. Dejar la situación anterior, en la que esos escisionistas se aprovechaban de su presencia en los centros del partido para frenar todo trabajo, para descomponer al partido desde dentro en provecho del Sr. Potrésov o de los líderes de la escuela «machista», significa infligir el mayor e irreparable perjuicio a la causa de la unificación del partido.

Hace tiempo que se dijo: no todo el que dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos. Y nosotros, tras la experiencia del Pleno, debemos repetir: no todo el que pronuncia frases baratas sobre el espíritu de partido es un militante del partido en la práctica. Los golosovistas y los vperiodistas escindieron al partido después del Pleno. Es un hecho. Trotski fue su abogado en esta causa. También es un hecho.

Para detener la escisión, para impedir su propagación, no hay otro medio que fortalecer, consolidar, afirmar formalmente el acercamiento de quienes de hecho llevaron el trabajo del partido después del Pleno, es decir, de los mencheviques del partido y de los bolcheviques.

Al comunicar nuestra opinión sobre la situación del partido a todos los mencheviques del partido, a los militantes socialdemócratas no fraccionistas y a los bolcheviques, así como a todas las organizaciones socialdemócratas nacionales, invitamos a los grupos de bolcheviques en Rusia a comenzar de inmediato a cohesionarse en torno a «Rabóchaya Gazeta» y a proceder a la preparación de las reuniones y conferencias necesarias para la restauración del partido, las cuales inevitablemente, en virtud de la situación dada, deberán comenzar con los intentos más modestos, no oficiales e informales. No es oportuno hablar con más detalle en la prensa sobre el carácter de estos intentos.

Invitamos a los grupos bolcheviques en el extranjero a reorganizarse de manera que rompan todo vínculo con los vperiodistas, que han demostrado plenamente su carácter antipartidista, y a iniciar, sin el estorbo de esos defensores del otzovismo, un trabajo sistemático por el fortalecimiento del partido, el acercamiento a los militantes de otras fracciones, la creación de clubes comunes, conferencias, informes, etc., a dar los pasos preparatorios hacia una unificación real en el extranjero de todos aquellos que no siguen a «Vperiod» ni a «Golos». Si allí donde hay golosovistas es inevitable la existencia de dos grupos paralelos, a los bolcheviques no les es decoroso tolerar por más tiempo en sus grupos a los antipartidistas vperiodistas. Ellos pueden encontrar cobijo entre los golosovistas.

La Redacción de «Rabóchaya Gazeta»

Escrito en noviembre, con posterioridad al 22 (5 de diciembre) de 1910.

Publicado por primera vez el 21 de enero de 1932 en el diario «Pravda», núm. 21.

Se publica según el manuscrito.