Escrito después del 11 (24) de septiembre de 1910.

Publicado por primera vez en 1932 en la Recopilación Leninista XIX. Firmado: V. Ilín.

Se publica según el manuscrito.

Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «El régimen capitalista de la agricultura moderna». – 1910. (Reducido)

Artículo primero

La estadística social en general, y la estadística económica en particular, han realizado enormes progresos en el curso de los dos o tres últimos decenios. Toda una serie de problemas, y precisamente los problemas más fundamentales relativos al régimen económico de los Estados modernos y a su desarrollo, que antes se resolvían basándose en consideraciones generales y datos aproximados, no pueden ser estudiados hoy con cierta seriedad sin tener en cuenta los datos masivos recogidos en todo el territorio de un país determinado según un programa único y reunidos por especialistas en estadística. En especial los problemas de la economía agraria, que suscitan un número singularmente elevado de discusiones, exigen una respuesta basada en datos exactos y masivos, tanto más cuanto que en los Estados europeos y en América va entrando cada vez más en la costumbre la realización de censos periódicos que abarcan todas las empresas agropecuarias del país.

Así, por ejemplo, en Alemania se realizaron esos censos en 1882, en 1895, y el último en 1907. La importancia de estos censos ha sido señalada muchas veces en nuestra literatura, y difícilmente podría hallarse un libro o un artículo consagrado a la economía de la agricultura moderna que no contenga referencias a los datos de la estadística agropecuaria alemana. A propósito del último censo, se ha armado ya un ruido considerable, tanto en la literatura alemana como en la nuestra. El señor Valentínov, si mal no recuerdo, tocó el bombo el año pasado en “Kíevskaia Mysl”{120} afirmando que ese censo habría refutado la doctrina del marxismo y las opiniones de Kautsky, demostrando la vitalidad de la pequeña producción y su victoria sobre la grande. No ha mucho, en “Ekonomist Rossii”{121}, el señor profesor Vobli, en un artículo titulado “Tendencias en la evolución agraria de Alemania” (núm. 36 del 11 de septiembre de 1910), refutaba, basándose en los datos del censo de 1907, la posibilidad de aplicar a la agricultura “el esquema formulado por Marx respecto al desarrollo de la industria”, y demostraba que “las pequeñas empresas no sólo no perecen en la lucha con las grandes en el terreno de la agricultura, sino que, por el contrario, cada nuevo censo constata su éxito”.

Estimamos, por tanto, que sería oportuno analizar detenidamente los datos del censo de 1907. Es verdad que la publicación de los materiales de ese censo aún no ha terminado: han aparecido tres tomos que contienen todos los datos del censo[54] y el cuarto tomo, consagrado a la “exposición de los resultados del censo en conjunto”, aún no ha aparecido, y no se sabe si aparecerá pronto. Pero no hay fundamento para aplazar el estudio de los resultados del censo hasta la publicación de ese tomo conclusivo, pues ya está disponible todo el material y su agrupación, y la literatura los utiliza ampliamente.

Sólo haremos notar que plantear el problema como se lo plantea habitualmente, limitándose casi de un modo exclusivo a comparar el número de explotaciones de diferentes dimensiones (según la superficie) y la cantidad de tierra que poseen en distintos años, es abordar la cuestión de un modo completamente erróneo. Las verdaderas divergencias entre los marxistas y los adversarios del marxismo en el problema agrario tienen raíces mucho más profundas. Si se quiere esclarecer plenamente las fuentes de las divergencias, es preciso prestar atención ante todo y más que nada al problema de cuáles son los rasgos fundamentales del régimen capitalista de la agricultura moderna. Precisamente respecto a este problema son particularmente valiosos los datos del censo alemán del 12 de junio de 1907. Es menos detallado que los censos anteriores de 1882 y 1895 en lo tocante a ciertos problemas, pero en cambio proporciona por primera vez datos, de una riqueza nunca vista, sobre el trabajo asalariado en la agricultura. Y el empleo del trabajo asalariado es el principal rasgo distintivo de toda agricultura capitalista.

Por eso procuraremos, ante todo, dar un cuadro general del régimen capitalista de la agricultura moderna, apoyándonos sobre todo en los datos del censo alemán de 1907 y complementándolos con datos de los mejores censos agropecuarios de otros países, a saber: los daneses, suizos, norteamericanos y el último censo húngaro. En cuanto al hecho que más salta a la vista en el primer contacto con los resultados del censo y del que más se habla, es decir, la disminución en Alemania del número de las grandes explotaciones (por la superficie agropecuaria) y de la cantidad de tierra de las mismas, pasaremos a examinarlo sólo al final de nuestro trabajo. Pues se trata de uno de los hechos complejos, que es función de toda una serie de otros, y no hay ninguna posibilidad de comprender su significado sin esclarecer antes varios problemas mucho más importantes y fundamentales.

I. Cuadro general del régimen económico de la agricultura moderna

Los censos agropecuarios alemanes, como todos los censos europeos de este tipo (a diferencia de los rusos), se basan en los datos recogidos sobre cada empresa agropecuaria por separado. Además, la cantidad de datos recogidos aumenta habitualmente con cada censo. Por ejemplo, en Alemania se suprimieron en 1907 datos muy importantes sobre la cantidad de ganado empleado en las labores del campo (datos que se recogieron en 1882 y 1895), pero, en cambio, por primera vez se recogieron datos sobre la cantidad de tierra cultivada con los distintos cereales, sobre el número de obreros familiares y asalariados. Los datos que se obtienen así sobre cada explotación son plenamente suficientes para la caracterización económico-política de la misma. Todo el problema, toda la dificultad de la tarea, consiste en cómo agrupar estos datos de manera que se obtenga una caracterización económico-política exacta de los distintos grupos o tipos de explotaciones en conjunto. Si la agrupación no es satisfactoria, si la agrupación es incorrecta o insuficiente, se puede llegar –y así sucede constantemente en la elaboración de los censos modernos– al resultado de que datos extraordinariamente detallados y magníficos de que se dispone sobre cada empresa por separado, desaparezcan, se pierdan, se malogren en conjunto cuando se trata de millones de explotaciones de todo el país. El régimen capitalista de la agricultura se caracteriza por las relaciones existentes entre los patronos y los obreros, entre las explotaciones de diferentes tipos, y si los indicios de estos tipos han sido tomados incorrectamente, no han sido elegidos de un modo completo, el mejor de los censos puede no ofrecer un cuadro económico-político de la realidad.

De aquí se desprende la enorme y excepcional importancia del problema de los procedimientos de agrupación de los datos de los censos modernos. En nuestra exposición posterior examinaremos todos los procedimientos, bastante variados, empleados en los mejores censos antes enumerados. Por ahora señalemos que el censo alemán, como la inmensa mayoría de los demás, ofrece una agrupación completa que divide las explotaciones exclusivamente según un solo indicio: las dimensiones de la superficie agropecuaria de cada explotación. Según este indicio, el censo divide todas las explotaciones en 18 grupos, comenzando por las explotaciones que tienen menos de una décima de hectárea[55] y terminando por las que tienen más de 1.000 hectáreas de superficie agropecuaria. Que esta detallada clasificación es un lujo estadístico no justificado por consideraciones económico-políticas, lo sienten los mismos autores de la estadística alemana, que agrupan todos los datos en seis grandes grupos según las dimensiones de la superficie agropecuaria – y siete si se destaca un subgrupo. Estos grupos son los siguientes: explotaciones de hasta 1/2 hectárea, de 1/2 a 2, de 2 a 5, de 5 a 20, de 20 a 100 y más de 100, destacándose en este último el subgrupo de las explotaciones de más de 200 hectáreas de superficie agropecuaria.

Preguntamos: ¿cuál es el significado económico-político de semejante agrupación? La tierra es, indiscutiblemente, el principal medio de producción en la agricultura; por la cantidad de tierra se puede juzgar, por tanto, con la mayor certeza sobre las dimensiones de la explotación y, en consecuencia, sobre su tipo, es decir, por ejemplo, si se trata de una explotación pequeña, media, grande, capitalista o que no emplea trabajo asalariado. Habitualmente, las explotaciones de hasta 2 hectáreas se clasifican como pequeñas (a veces llamadas parcelarias o enanas), las de 2 a 20 (a veces de 2 a 100) como campesinas, y las de más de 100 como grandes, es decir, como capitalistas.

Y así, los datos sobre el trabajo asalariado reunidos por primera vez por el censo de 1907 nos brindan ante todo la posibilidad de verificar por primera vez, a partir de datos masivos, esta suposición «habitual». Por primera vez se introduce en la rutina estadística un elemento –aunque insuficiente, como veremos más adelante– de racionalidad, es decir, un elemento de registro de aquellos datos que poseen la más directa e inmediata significación político-económica.

En efecto, todos hablan de la pequeña producción. ¿Y qué es la pequeña producción? La respuesta más usual a esta pregunta consiste en afirmar que pequeña producción es aquella que no emplea trabajo asalariado. Así lo ven no solo los marxistas. Por ejemplo, Ed. David, cuyo libro «Socialismo y agricultura» podría considerarse uno de los más recientes compendios de las teorías burguesas sobre la cuestión agraria, escribe en la pág. 29 de la traducción rusa: «En todos aquellos casos en los que hablamos de pequeña producción, entendemos una categoría económica que funciona sin ayuda ajena constante y sin oficio secundario».

El censo de 1907 establece plenamente, ante todo, que el número de tales explotaciones es muy pequeño, que en la agricultura moderna los propietarios que no contratan obreros, o que no se emplean a sueldo para otros, constituyen una minoría insignificante. Del total de 5.736.082 explotaciones agrícolas en Alemania registradas por el censo de 1907, solo 1.872.616, es decir, menos de un tercio, pertenecen a propietarios cuya ocupación principal es la gestión independiente de la agricultura y que no tienen oficios secundarios. ¿Cuántos de ellos contratan obreros? No hay datos al respecto, es decir, figuraban de la forma más detallada en las fichas originales y ¡se perdieron al elaborar el resumen! Los compiladores no quisieron calcular (aunque hicieron una masa de cálculos minuciosísimos e inútiles) cuántas explotaciones en cada grupo emplean obreros asalariados permanentes o temporeros.

Para determinar aproximadamente el número de explotaciones sin obreros asalariados, aislemos aquellos grupos en los que el número de explotaciones es menor que el número de obreros asalariados. Estos serán los grupos con una extensión de tierra de hasta 10 hectáreas por explotación. En estos grupos hay 1.283.631 propietarios que consideran la agricultura su ocupación principal y no tienen oficio secundario. Este número de propietarios cuenta en total con 1.400.162 obreros asalariados (si suponemos que solo tienen obreros asalariados aquellos propietarios que consideran la agricultura su ocupación principal y no tienen oficios secundarios). Solo en los grupos de explotaciones que poseen de 2 a 5 hectáreas, el número de agricultores independientes sin oficio secundario supera al de obreros asalariados, a saber: 495.439 explotaciones y 411.311 obreros asalariados.

Por supuesto, también hay obreros asalariados entre los agricultores que tienen oficios secundarios; por supuesto, hay «pequeños» propietarios que contratan no uno, sino varios obreros asalariados. Pero, de todas formas, no cabe duda de que los propietarios que no contratan obreros y no se emplean a sueldo constituyen una minoría insignificante.

Según los datos sobre el número de obreros asalariados, se destacan de inmediato tres grupos principales de explotaciones en la agricultura alemana:

I. Explotaciones proletarias. Aquí deben incluirse los grupos en los que una minoría de propietarios considera que su ocupación principal es la gestión independiente de la agricultura, y en los que la mayoría son obreros asalariados, etc. Por ejemplo, hay 2.084.060 explotaciones con una extensión de tierra de hasta ½ hectárea. De ellas, solo 97.153 son agricultores independientes, mientras que 1.287.312 son obreros asalariados (en todas las ramas de la economía nacional) según su ocupación principal. Hay 1.294.449 explotaciones con una extensión de tierra de ½ a 2 hectáreas. De ellas, solo 377.762 son agricultores independientes, 535.480 son obreros asalariados, 277.735 son pequeños industriales, artesanos, comerciantes, y 103.472 son empleados y representantes de ocupaciones «diversas e indefinidas». Está claro que ambos grupos constituyen explotaciones, en su masa, proletarias.

II. Explotaciones campesinas. Incluimos aquí aquellas en las que la masa principal son agricultores independientes, y donde el número de trabajadores familiares supera al de asalariados. Serán los grupos que poseen de 2 a 20 hectáreas de tierra.

III. Explotaciones capitalistas. Incluimos aquí aquellas en las que el número de obreros asalariados supera al de trabajadores familiares.

He aquí los datos generales sobre estos tres grupos: [Véase la tabla de la pág. 330. Ed.]

Esta tabla nos ofrece un cuadro de la estructura económica de la agricultura alemana moderna. En la base de la pirámide, una masa enorme, casi 3/5 del número total, de explotaciones proletarias; en la cúspide, una minoría insignificante (1/20) de explotaciones capitalistas. Adelantándonos, señalemos que esta minoría insignificante posee más de la mitad de toda la tierra y de toda la tierra cultivable. Tiene en sus manos una quinta parte del número total de trabajadores empleados en la agricultura, y más de la mitad del número total de obreros asalariados.

II. Lo que son en realidad la mayoría de las «explotaciones» agrícolas modernas (explotaciones «proletarias»)

De los «propietarios» que poseen hasta 2 hectáreas de tierra, la mayoría son obreros asalariados según su ocupación principal. La agricultura es para ellos un oficio auxiliar. De las 3.378.509 explotaciones de este grupo, 2.920.119 representan un oficio secundario (Nebenbetriebe). Los agricultores independientes, incluyendo también en este número a aquellos que tienen además un oficio secundario en forma de ocupaciones no agrícolas, constituyen una minoría totalmente pequeña, solo el 14 %: 475 mil de 3,4 millones.

*…señalar que el número de obreros asalariados[56]… tal grupo supera al número de agricultores independientes.

Esta circunstancia indica que la estadística mezcla aquí con la masa de proletarios a unos pocos agricultores capitalistas que gestionan una gran explotación en una pequeña parcela de tierra. Con este tipo nos encontraremos reiteradamente en la exposición ulterior.

Cabe preguntarse qué significado tienen en la estructura general de la agricultura estas masas de «propietarios» proletarios. En primer lugar, en su persona se encarna el vínculo entre el sistema de servidumbre de la economía social y el sistema capitalista, su proximidad histórica y su parentesco, la directa pervivencia de la servidumbre en el capitalismo. Si vemos, por ejemplo, en Alemania y especialmente en Prusia, que en el número de explotaciones agrícolas se incluyen pedazos de tierra (el llamado Deputatland) que el terrateniente cede al peón a cuenta del salario, ¿acaso no es esto una directa pervivencia de la servidumbre? Como sistema económico, la servidumbre se distingue precisamente del capitalismo en que el primero dota de tierra al trabajador, mientras que el segundo separa al trabajador de la tierra; el primero entrega al trabajador en especie (o le obliga a producirlos por sí mismo en su «parcela») los medios de subsistencia, mientras que el segundo entrega al obrero un salario monetario con el que éste compra los medios de subsistencia. Ciertamente, esta pervivencia de la servidumbre en Alemania es totalmente insignificante en comparación con lo que vemos en Rusia con su famoso sistema de «trabajo por prestación» en la economía terrateniente, pero aun así es una pervivencia de la servidumbre. El censo de 1907 contabilizó en Alemania 579.500 «explotaciones agrícolas» pertenecientes a obreros rurales y jornaleros, y de este número, 540.751 corresponden al grupo de «propietarios» que poseen hasta 2 hectáreas de tierra.

En segundo lugar, la masa de «propietarios» rurales que poseen parcelas de tierra tan insignificantes que no pueden subsistir de ellas, que representan sólo una «actividad auxiliar», constituye, en el régimen general del capitalismo, una parte del ejército de reserva de desempleados. Esta es, según la expresión de Marx, una forma latente de dicho ejército{122}. Sería erróneo imaginarse el ejército de reserva de desempleados como si estuviera compuesto únicamente por obreros sin trabajo. A él pertenecen también los «campesinos» o «pequeños propietarios» que no pueden subsistir con lo que les proporciona su exigua explotación, que deben obtener sus medios de vida principalmente mediante el trabajo asalariado. Un huerto o una parcela de tierra para patatas les sirve a este ejército de indigentes como medio para completar su salario o como medio de subsistencia en las épocas en que no hay trabajo. El capitalismo necesita a estos «enanos», «parcelarios» pseudo-propietarios para disponer siempre, sin gasto alguno, de una masa de brazos baratos. Según el censo de 1907, de los 2 millones de «propietarios» que tienen hasta 1/2 hectárea de tierra, 624 mil poseen exclusivamente tierra de huerta, 361 mil exclusivamente campos de patatas. Toda la tierra de labor de estos 2 millones suma 247 mil hectáreas, de las cuales más de la mitad, concretamente 166 mil ha, están dedicadas a patatas. Toda la tierra de labor del millón y cuarto de «propietarios» que tienen de 1/2 a 2 hectáreas asciende a 976 mil ha, de las que más de un tercio —334 mil ha— están bajo patatas. El empeoramiento de la alimentación popular (sustitución del pan por patatas), el abaratamiento de la fuerza de trabajo para los empresarios: he aquí lo que significa la «explotación» de tres millones de «propietarios» rurales de Alemania de un total de cinco.

Para terminar de caracterizar estas explotaciones proletarias, añadamos que casi un tercio de ellas (1 millón de 3,4) no poseen ningún ganado, dos tercios (2,5 millones de 3,4) no tienen ganado mayor, más de 9/10 (3,3 millones de 3,4) no poseen caballo. La participación de estas explotaciones proletarias en la producción agrícola total es insignificante: 3/5 del número total de explotaciones poseen menos de 1/10 de todo el ganado (2,7 millones de 29,4 millones de cabezas, calculando todo el ganado en ganado mayor), alrededor de 1/20 de toda la tierra de labor (1,2 millones de 24,4 millones de hectáreas).

Se puede imaginar cuánta confusión y falsedad introduce en la cuestión una estadística que mezcla en este grupo de explotaciones de hasta 2 hectáreas de tierra a millones de proletarios sin caballo, sin ganado mayor, con un solo huerto o una parcela de patatas, y a miles de grandes propietarios, capitalistas, que llevan en 1-2 desiatinas una gran empresa ganadera o de huerta, etc. Que en este grupo existen tales propietarios se deduce, entre otras cosas, del hecho de que de 3,4 millones (hasta 2 ha de tierra) 15.428 propietarios tienen cada uno 6 o más obreros (familiares y asalariados juntos), y todos esos 15 mil cuentan con 123.941 obreros, es decir, una media de 8 obreros por explotación. Un número tal de obreros indica indudablemente, si se tienen en cuenta las peculiaridades técnicas de la agricultura, una gran producción capitalista. Ya he tenido ocasión de señalar, basándome en los datos del censo anterior de 1895, que entre la masa proletaria de «propietarios» con hasta 2 ha de tierra existen grandes explotaciones ganaderas (véase mi libro: «La cuestión agraria», San Petersburgo, 1908, pág. 239[57]). Era perfectamente posible aislar estas grandes explotaciones tanto por los datos del número de cabezas de ganado como por el número de obreros, pero los estadísticos alemanes prefieren llenar cientos de páginas con datos sobre cinco subdivisiones del grupo de propietarios de hasta 1/2 hectárea en grupos aún más pequeños por la cantidad de tierra.

La estadística socioeconómica —uno de los más poderosos instrumentos de conocimiento social— se convierte así en una monstruosidad, en estadística por la estadística, en un juego. — —

La pertenencia de la mayoría o de la masa de las empresas agrícolas a la categoría de explotaciones enanas, parcelarias, proletarias es un fenómeno común a muchos, si no a la mayoría, de los países capitalistas europeos, pero no a todos los países capitalistas. En América, por ejemplo, según los datos del censo de 1900, el tamaño medio de la granja es de 146,6 acres (60 hectáreas), es decir, 7 veces y media mayor que en Alemania. El número de las explotaciones más pequeñas, si consideramos como tales las de hasta 20 acres (hasta 8 ha), constituye poco más de 1/10 (11,8%). Incluso el número de todas las explotaciones de hasta 50 acres (es decir, hasta 20 ha) es solo un tercio del número total. Para comparar estos datos con los alemanes, hay que tener en cuenta que las explotaciones de hasta 3 acres (= 1,2 hectáreas) se contabilizan en América sólo cuando su ingreso bruto asciende a 500 dólares, es decir, una enorme masa de explotaciones de hasta 3 acres no se registra en absoluto. Por ello, hay que excluir también de los datos alemanes las explotaciones más pequeñas. Descartemos todas las explotaciones incluso de hasta 2 ha: de las restantes 2.357.572 explotaciones, 1.006.277 serán de 2-5 ha, es decir, más del 40% del número total de explotaciones son explotaciones pequeñísimas. En América la situación es completamente distinta.

Es evidente que, en ausencia de tradiciones de servidumbre (o con una eliminación más decidida de todas sus huellas), en ausencia (o atenuación) de la opresión de la renta del suelo sobre la producción agrícola, el capitalismo en la agricultura puede existir e incluso desarrollarse con especial rapidez sin crear un cuadro millonario de braceros y jornaleros con parcela.

III. Las explotaciones campesinas bajo el capitalismo

Hemos clasificado como explotaciones campesinas aquellos grupos en los que, por un lado, la mayoría de los agricultores son propietarios independientes y, por otro lado, el número de obreros familiares supera al de asalariados. El número absoluto de obreros asalariados en estas explotaciones resultó ser muy elevado: 1,6 millones, más de un tercio del total de obreros asalariados. Es evidente que entre toda la masa (2,1 millones) de explotaciones «campesinas» hay no pocas empresas capitalistas. Más adelante veremos cuál es aproximadamente su número y su importancia, pero ahora nos detendremos con más detalle en la relación entre el trabajo familiar y el asalariado. Veamos cuál es la media de obreros por explotación:

Grupos de explotaciones   Media de obreros por explotación   familiares   asalariados   Total
Explotaciones con tierra de hasta 2 ha       1,4           0,2         1,6
       de 2 a 5 ha      2,1           0,3         2,4
       de 5 a 10 ha     2,7           0,6         3,3
       de 10 a 20 ha    2,8           1,7         4,5
       de 20 a 100 ha   3,2           5,1         8,3
       de más de 100 ha 2,0           37,3        39,3
Total, media para todas las explotaciones    2,5           1,2         3,7

Vemos con esto cuán reducidos son en general en la agricultura los tamaños de las empresas por el número de obreros, en comparación con la industria. Sólo los propietarios de más de 100 ha tienen más de 50 obreros asalariados por explotación: su número es de 23.566, es decir, menos del 1/2% del total de explotaciones. El número de obreros asalariados que emplean es de 1.463.974, es decir, poco menos que el de los 2 millones de explotaciones campesinas.

De las explotaciones campesinas se destaca enseguida el grupo de 10-20 ha: aquí la media de obreros asalariados por explotación es de 1,7. Si aislamos sólo los obreros asalariados permanentes, veremos que su número asciende para las 412.741 explotaciones de este grupo (411.940 distribuidas por número de obreros) a 412.702. Esto significa que ninguna empresa prescinde del empleo permanente de trabajo asalariado. He aquí por qué aislamos este grupo como «grossbauern», como explotaciones campesinas acomodadas o burguesía campesina. Habitualmente se incluía aquí a los propietarios de 20 y más hectáreas, pero el censo de 1907 demostró que el empleo de trabajo asalariado en la agricultura está más extendido de lo que se suele pensar, que el límite a partir del cual comienza el empleo permanente de trabajo asalariado debe ser desplazado considerablemente hacia abajo.

A continuación, examinando la relación entre el trabajo familiar y el asalariado, vemos que en las explotaciones proletarias y campesinas el número medio de obreros familiares aumenta constantemente paralelamente al crecimiento del número de obreros asalariados, mientras que en las explotaciones capitalistas el número de obreros familiares empieza a disminuir al aumentar el número de asalariados. Este fenómeno es completamente natural y confirma la justeza de nuestra conclusión de que las explotaciones de más de 20 hectáreas pertenecen a las capitalistas, en las cuales no sólo el número de obreros asalariados supera al de familiares, sino que también el número medio de obreros familiares por explotación es menor que entre los campesinos.

En la literatura rusa se ha establecido hace ya tiempo, desde el inicio de las polémicas de los marxistas con los narodnikis, según datos de la estadística de los zemstvos, que en la explotación campesina la cooperación familiar es la base para la creación de la cooperación capitalista, es decir, las explotaciones campesinas sólidas, que se distinguen por un número particularmente elevado de trabajadores familiares, se transforman en explotaciones capitalistas, empleando trabajo asalariado en escala cada vez mayor. Ahora vemos que la estadística alemana para toda la agricultura de Alemania confirma esta conclusión.

Tomemos las explotaciones campesinas alemanas. En su conjunto, se diferencian de las explotaciones proletarias como empresas basadas en la cooperación familiar (2,5-3,4 trabajadores familiares por explotación) de las empresas de individuos aislados. Las explotaciones proletarias deben ser calificadas como explotaciones de individuos aislados, ya que en promedio no llegan siquiera a dos trabajadores por explotación. En cambio, entre las explotaciones campesinas, la competencia gira en torno a quién atrae más trabajadores asalariados: cuanto mayor es el tamaño de la explotación campesina, tanto más elevado es el número de trabajadores familiares y tanto más rápidamente aumenta el número de trabajadores asalariados. Las grandes explotaciones campesinas superan en menos de una vez y media a las pequeñas explotaciones campesinas (2-5 ha) en número de trabajadores familiares, pero las superan en más de cuatro veces en número de trabajadores asalariados.

Vemos aquí una confirmación estadística exacta de aquella diferencia radical entre la clase de los pequeños propietarios en general, de los pequeños campesinos en particular, y la clase de los trabajadores asalariados, que siempre señalan los marxistas y que de ninguna manera pueden asimilar los economistas burgueses y los revisionistas. Toda la situación de la producción mercantil conduce a que los pequeños campesinos no puedan existir sin luchar por el fortalecimiento y la ampliación de su empresa, y esta lucha significa la lucha por aumentar el uso de la fuerza de trabajo ajena y por abaratar dicho uso. He aquí por qué toda la masa de los pequeños campesinos en cada país capitalista, de los cuales una minoría insignificante «progresa», es decir, se convierte en verdaderos capitalistas, se imbuye de psicología capitalista y sigue en política a los agrarios. Los economistas burgueses (y tras ellos los revisionistas) apoyan esta psicología; los marxistas explican a los pequeños campesinos que no tienen otra salvación que unirse a los trabajadores asalariados.

Son sumamente instructivos también los datos del censo de 1907 sobre la correlación entre el número de trabajadores permanentes y temporales. En total, el número de estos últimos constituye exactamente un tercio del total: 5.053.726 de 15.169.549. De los trabajadores asalariados, los temporales son el 45 %, de los familiares, el 29 %. Pero en las explotaciones de distinto tipo estas relaciones cambian sustancialmente. He aquí los datos según los grupos adoptados por nosotros: [Ver tabla en la pág. 338. Red.]

Vemos de aquí que entre las explotaciones proletarias de menos de 1/2 hectárea (¡de tales explotaciones hay en total 2,1 millones!), los trabajadores temporales constituyen, tanto entre los familiares como entre los asalariados, más de la mitad. Son, principalmente, explotaciones auxiliares, de las que sus dueños se ocupan solo temporalmente. También entre las explotaciones proletarias de 0,5-2 hectáreas el porcentaje de trabajadores temporales es muy alto. A medida que aumenta el tamaño de la explotación, este porcentaje desciende, con una sola excepción. A saber, entre los trabajadores asalariados de las explotaciones capitalistas más grandes, este porcentaje se eleva ligeramente, y como el número de trabajadores familiares en este grupo es completamente insignificante, el porcentaje de temporales entre todos los trabajadores aumenta considerablemente, del 25 al 32 %.

La diferencia entre las explotaciones campesinas y las capitalistas en cuanto al número total de trabajadores temporales no es muy grande. La diferencia entre los trabajadores familiares y los asalariados en todas las explotaciones es muy significativa, y si se toma en consideración que entre los trabajadores familiares temporales es especialmente alto, como veremos ahora, el porcentaje de mujeres y niños, esta diferencia será aún mayor. Por consiguiente, los trabajadores asalariados son el elemento más móvil...

IV. El trabajo femenino e infantil en la agricultura

...llevan la agricultura. En la explotación campesina, hablando en general, también predomina el trabajo femenino, y solo en las grandes explotaciones campesinas y capitalistas los hombres constituyen la mayoría.

Entre los trabajadores asalariados, las mujeres constituyen, en general, una proporción menor que entre los familiares. Es evidente que los agricultores capitalistas en todos los grupos pertenecen al número de patrones que se aseguran las mejores fuerzas de trabajo. Si se admite que el predominio de las mujeres sobre los hombres es uno de los indicadores de la situación precaria del patrono y del estado insatisfactorio de la explotación, privada de la posibilidad de emplear las mejores fuerzas de trabajo (y tal suposición se desprende inevitablemente de todos los datos sobre el trabajo fem...

V. La dilapidación del trabajo en la pequeña producción

...

VI. El carácter capitalista del empleo de máquinas en la agricultura moderna

...

VII. La baja productividad del trabajo en la pequeña producción y el trabajo excesivo

La importancia de los datos sobre el empleo de máquinas en la agricultura no suele ser valorada suficientemente en la literatura económica. En primer lugar, se ignora a menudo (siempre, si se trata de un economista burgués) el carácter capitalista del empleo de máquinas, no se investiga la cuestión correspondiente, no se sabe o no se quiere siquiera plantearla. En segundo lugar, el empleo de máquinas se examina de forma aislada y no como un indicador de diferentes tipos de explotación, de diferentes métodos de cultivo, de diferentes condiciones económicas de la explotación.

Si vemos, por ejemplo, como regla general, un empleo incomparablemente mayor de máquinas en la gran producción comparada con la pequeña y una enorme concentración de máquinas en las explotaciones capitalistas, y a veces incluso casi una monopolización de las herramientas perfeccionadas por las explotaciones capitalistas, esto indica la diferencia en el cuidado de la tierra en explotaciones de distinto tipo. Entre las máquinas registradas por el censo alemán figuran tales como los arados de vapor, sembradoras en línea, máquinas para plantar patatas. Su empleo preferentemente en la agricultura capitalista significa que aquí el cuidado de la tierra es mejor, la técnica de cultivo es más alta, la productividad del trabajo es mayor. El autor de una conocida monografía sobre las máquinas agrícolas, Bensing{123}, calculó, apoyándose en datos de especialistas sobre la experiencia de aplicación de diferentes máquinas, que incluso sin cambiar los sistemas de cultivo, el empleo de máquinas, tomado por separado, eleva decenas de veces la rentabilidad neta de la explotación. Estos cálculos no han sido refutados por nadie y no pueden ser, en esencia, refutados.

El pequeño productor, que no tiene la posibilidad de emplear herramientas perfeccionadas, está forzado a rezagarse en el cuidado de la tierra, y «alcanzar» al gran propietario mediante una mayor inversión de trabajo en la tierra conservando las viejas herramientas, mediante el aumento de la «diligencia» y la prolongación de la jornada laboral, solo pueden hacerlo unidades y decenas de centenares y miles. La estadística del empleo de máquinas indica, por consiguiente, precisamente aquel hecho del trabajo excesivo en la pequeña producción que (hecho) siempre subrayan los marxistas. Ninguna estadística podrá registrar directamente este hecho, pero si se observan los datos de la estadística en su significado económico, quedará claro qué tipos de explotación deben formarse, no pueden no formarse, en la sociedad moderna con el empleo de máquinas y ante la imposibilidad de emplearlas.

Una ilustración de lo dicho nos la ofrece la estadística húngara. Similarmente al censo alemán de 1907 (así como a los de 1882 y 1895), similarmente a la estadística danesa del empleo de máquinas de 1907, similarmente a la encuesta francesa de 1909, el censo húngaro de 1895, que por primera vez recopiló datos precisos en todo el país, muestra la superioridad de la agricultura capitalista, el aumento del porcentaje de explotaciones con máquinas a medida que crece el tamaño de la explotación. Desde este punto de vista, no hay aquí nada nuevo, sino solo una confirmación de los datos alemanes. Pero la particularidad de la estadística húngara es que se han recopilado informaciones no solo sobre unas pocas herramientas y máquinas perfeccionadas, sino sobre todo, o casi todo, el inventario muerto, sobre el número de las herramientas más simples y necesarias: arados, gradas, carros, etc.

Gracias a estos datos excepcionalmente detallados, resulta posible establecer con precisión la significación indicativa, por así decirlo, que caracteriza todo el régimen económico, de los datos sobre el uso de unas pocas máquinas agrícolas y "rarezas" técnicas (como los arados de vapor). Tomemos los datos de la estadística húngara[58] sobre el uso de arados, excluyendo los de vapor (de los cuales había en 1895 solo 179 en toda Hungría, de ellos 120 en 3977 explotaciones de las más grandes).

He aquí los datos sobre el número total de arados y sobre el número de los más simples, los más primitivos, los menos duraderos entre todos los aperos de este tipo (se clasificaron como los más simples los arados monosurco con timón de madera; los demás: los mismos con timón de hierro, luego los de 2 y 3 surcos, los cultivadores, las aporcadoras, los arados de labranza profunda).

Sin hablar ya de las explotaciones enanas, vemos que de las pequeñas explotaciones campesinas (5-10 yochs, es decir, 2,8-5,7 ha), 233 mil de 569 mil no tienen arados en absoluto; de las explotaciones campesinas medias, 69 mil de 467 mil. Solo los grupos superiores, es decir, las explotaciones de campesinos grandes y las capitalistas, están dotadas de arados, y solo en las explotaciones de más de 100 yochs (¡hay solo 25 mil de estas explotaciones, el 0,9% del total!) predominan aperos más perfeccionados. En las explotaciones campesinas predominan (y cuanto más pequeña es la explotación, más significativo es este predominio) los aperos más simples, los menos duraderos, los que realizan el peor trabajo.

Dejando de lado las explotaciones enanas, que constituyen la mayoría (52%) de todas las explotaciones, pero ocupan una proporción insignificante de la superficie (7%), obtenemos la siguiente conclusión:

Más de un millón de pequeñas y medianas explotaciones campesinas (5-20 yochs) están insuficientemente dotadas incluso de los aperos más simples para la labranza de la tierra.

Un cuarto de millón de explotaciones de campesinos grandes (20-100 yochs) están dotadas de manera pasable con aperos del tipo más simple. Y solo 25 mil explotaciones capitalistas (que poseen, ciertamente, el 55% de toda la superficie de tierra) están plenamente dotadas de aperos perfeccionados.

Por otro lado, la estadística húngara calcula cuántos yochs de tierra arable corresponden a un apero agrícola y obtiene las siguientes cifras (presentamos datos solo sobre arados, rastras y carros, advirtiendo que el cuadro de su distribución entre las explotaciones es completamente homogéneo al que vimos respecto a los arados).

Esto significa que, estando completamente insatisfactoriamente dotadas de todos los aperos agrícolas, las explotaciones proletarias y campesinas los tienen en una cantidad desmesurada en comparación con la cantidad total de tierra arable en sus explotaciones. La misera dotación de aperos y el insoportable alto costo de su mantenimiento: tal es la suerte de la pequeña producción bajo el capitalismo. Exactamente de la misma manera, la estadística de viviendas en cada gran ciudad nos mostrará que las clases bajas de la población, los obreros, los pequeños comerciantes, los pequeños empleados, etc., son los que peor viven, tienen las viviendas más estrechas y peores y pagan más caro por cada pie cúbico. Calculado por unidad de espacio, la vivienda de una cuadra fabril o cualquier cuchitril de pobres es más cara que los pisos lujosos en alguna parte de la Avenida Nevski.

De aquí se desprende, tanto respecto a Alemania como respecto a todos los países capitalistas, la siguiente conclusión. Si los datos sobre el uso de unos pocos aperos perfeccionados y máquinas agrícolas nos muestran que su uso crece con el tamaño de las explotaciones, esto significa que la pequeña producción en la agricultura está mal dotada de todos los aperos necesarios. Esto significa que en la pequeña producción se combinan el despilfarro de trabajo en el mantenimiento de una masa inmensa de aperos malos y anticuados, útiles solo para una explotación minúscula, y una dura necesidad que obliga al campesino a deslomarse para subsistir a duras penas con estos aperos anticuados y bárbaros en su pequeña parcela de tierra.

He aquí de lo que hablan los datos, tan simples y tan familiares para todos, sobre el uso de máquinas agrícolas, si se reflexiona sobre la significación socioeconómica de estos datos.

El capitalismo eleva la técnica de la agricultura y la hace avanzar, pero no puede hacerlo de otra manera que arruinando, humillando y aplastando a la masa de pequeños productores.

Para ilustrar gráficamente la significación social y el ritmo de este proceso, comparemos para concluir los datos de tres censos alemanes, 1882, 1895 y 1907. Para tal comparación habrá que tomar los datos sobre el número de casos de uso de aquellas cinco máquinas agrícolas que se registraron durante todo este período (estas máquinas son: arados de vapor, sembradoras, segadoras y agavilladoras, trilladoras de vapor y de otro tipo). Obtenemos el siguiente cuadro:

El progreso parece significativo: en un cuarto de siglo, el número de casos de uso de las máquinas principales creció, en total, casi cuatro veces. Pero, mirando con más atención, deberemos decir: se necesitó un cuarto de siglo entero para hacer que el uso de aunque sea una de las cinco máquinas principales fuera un fenómeno habitual en una pequeña minoría de explotaciones que no prescinden del uso constante de trabajo asalariado. Pues habitual se puede llamar solo a aquel uso cuando el número de casos del mismo supera el número de explotaciones, y esto lo vemos solo en lo que respecta a las explotaciones capitalistas y de campesinos grandes. Tomadas en conjunto, constituyen el 12% del número total de explotaciones.

La masa de pequeños y medianos campesinos, después de un cuarto de siglo de progreso capitalista, ha permanecido en tal situación que solo un tercio de los primeros y dos tercios de los segundos pueden utilizar a lo largo del año alguna de estas cinco máquinas.

(Fin del primer artículo.)