A Al. Max—chu

11\. IV. 10.

¡Querido A. M.! Sólo hoy he podido recibir su carta y la de M. F., enviada a través de M. S. Botkina. Para no olvidarlo: puede escribirme a mi dirección personal (Oulianoff. 4. Rue Marie Rose. 4. Paris. XIV) o a la dirección del partido; en este segundo caso es más seguro hacerlo en dos sobres, y en el interior: personal para Lenin (110. Avenue d'Orleans. Mr. Kotliarenko. Paris. XIV).

Las publicaciones que me pide trataré de enviárselas mañana mismo.

¿La he reñido a usted, y dónde? Seguramente, en la “Hoja de Discusión”<sup>237</sup> nº 1 (se edita junto al Órgano Central)\*. Se la envío. Si los que se lo comunicaron no se referían a esto, ahora mismo no recuerdo otro caso. En todo este tiempo no he escrito nada más.

Ahora, acerca de la unificación. ¿Hecho o anécdota?, pregunta usted. Tendré que contarlo empezando desde lejos, pues en este hecho hay algo de “anecdótico” (más bien, de pequeño) y, según mi convicción, algo serio.

A la unificación partidista conducían y conducen factores serios y profundos: en el terreno ideológico, la necesidad de depurar la socialdemocracia del liquidacionismo y del otzovismo; en el terreno práctico, la situación terriblemente difícil del partido y de todo el trabajo socialdemócrata, y la maduración de un nuevo tipo de obrero socialdemócrata.

En el Pleno del Comité Central (el “largo pleno”; tres semanas de puro fastidio, me destrozaron todos los nervios, ¡cien mil demonios!) a estos factores serios y profundos, que distan mucho de ser comprendidos por todos, se sumaron otros pequeños, mezquinos; se sumó un estado de ánimo de “conciliacionismo en general” (sin una idea clara: ¿con quién, hacia qué, cómo?), se sumó el odio al Centro Bolchevique por su despiadada lucha ideológica, se sumaron las riñas y el deseo de armar escándalo entre los mencheviques; y nació un niño con abscesos.

Y ahora estamos padeciendo. O bien —en el mejor de los casos— abrimos los abscesos, extraemos el pus, curamos al niño y lo criamos.

O bien —en el peor de los casos— el niño muere. Entonces viviremos algún tiempo sin hijos (es decir, restauraremos otra vez la fracción bolchevique), y después engendraremos un niño más sano.

Entre los mencheviques, hacia una unificación seria avanzan (no con plena conciencia, lentamente, con vacilaciones, pero avanzan y, sobre todo, no pueden no avanzar) los plejanovistas, avanzan los partidistas, avanzan los obreros. En cambio, los golosistas[^1] hacen quiebros, embrollan, ensucian. Entre ellos se está constituyendo en Rusia un centro oportunista, fuerte y legal (Potrésov y Cía. en la literatura: véase la revista “Nuestra Zariá”<sup>238</sup> nº 2 —¡menudo canalla es ese Potrésov!—; y Mijaíl, Román, Yuri + los 16 autores de la “Carta abierta” en el nº 19/20 de “Golos”, en el trabajo práctico y organizativo).

El Pleno del Comité Central deseaba unificar a todos. Ahora los golosistas se desgajan. Este absceso hay que extirparlo. Sin riñas, escándalos, fastidios, suciedad y “escoria” no podrá hacerse.

Ahora mismo estamos metidos en lo más espeso de estas riñas. O bien el Comité Central ruso poda a los golosistas, apartándolos de las instituciones importantes (como el Órgano Central, etc.), o habrá que restaurar la fracción.

Plejánov, en el nº 11 de su “Diario”, ha hecho una evaluación del Pleno que muestra claramente que en él predomina ahora un deseo sincero y serio de luchar contra el oportunismo por encima del deseo pequeño y mezquino de utilizar a los oportunistas golosistas contra los bolcheviques. También aquí se está desarrollando una compleja tramoya, pero el centro legalista y liquidacionista de los mencheviques, ya constituido en Rusia, conduce inevitablemente a que los socialdemócratas serios se aparten de ellos.

Ahora, sobre los “vperiodistas”*. En algún momento me pareció que también dentro de este grupo existían dos corrientes: una, hacia el partido, hacia el marxismo, hacia el abandono del machismo y del otzovismo; y la contraria. Para la primera, la unificación partidista abriría el camino para un cómodo y no embarazoso tránsito partidario hacia la corrección de los evidentes desatinos del otzovismo, etc. Pero la segunda corriente, por lo visto, está tomando la delantera entre ellos. Alexinski (un auténtico niñito en política, pero encolerizado y cometiendo estupidez tras estupidez) ha salido con escándalo del consejo de redacción de la “Hoja de Discusión” y de la comisión escolar del partido<sup>239</sup>. Seguramente, acabarán montando su propia escuela, otra vez fraccional, otra vez al margen. Si es así, volveremos a combatir y les arrebataremos a los obreros.

Resulta, pues, que lo “anecdótico” predomina ahora en la unificación, pasa al primer plano, da motivo a risitas, mofas, etc. Dicen que el eserista Chernov ha escrito incluso un vodevil a propósito de la unificación entre los socialdemócratas, titulado “Tormenta en un vaso de agua”, y que dicho vodevil será representado aquí, en estos días, por uno de los grupos (ávidos de sensaciones) de la colonia de emigrados.

Estar metido en lo más espeso de esto “anecdótico”, de estas riñas y escándalos, fastidios y “escoria”, produce náuseas; observarlo todo, también produce náuseas. Pero es inadmisible entregarse al poder del estado de ánimo. La vida de emigración es ahora cien veces más pesada que antes de la revolución. Emigración y riñas son inseparables.

Pero las riñas caerán; en sus 9/10 partes las riñas se quedan en el extranjero; las riñas son un accesorio. En cambio, el desarrollo del partido, el desarrollo del movimiento socialdemócrata avanza y sigue adelante a través de todas las endiabladas dificultades de la situación actual. La depuración del partido socialdemócrata de sus peligrosas “desviaciones”, del liquidacionismo y del otzovismo, avanza sin vacilación; en el marco de la unificación ha avanzado considerablemente más lejos que antes. Con el otzovismo, en esencia, ya habíamos terminado ideológicamente antes del Pleno. Con el liquidacionismo no terminamos entonces; los mencheviques consiguieron ocultar por un tiempo a la serpiente, pero ahora la han sacado a la luz de Dios, ahora todos la ven, ¡ahora la exterminaremos y la exterminaremos!

Y esa depuración no es, en absoluto, sólo una tarea “ideológica”, no es sólo mera “literatura”, como piensa el imbécil (o fullero) de Potrésov, que defiende a los machistas exactamente igual que los mencheviques defendieron en el Pleno a los “vperiodistas”. No, esta depuración está indisolublemente ligada a lo más profundo del movimiento obrero, que está aprendiendo a plantear el trabajo socialdemócrata en estos tiempos difíciles, precisamente aprendiendo mediante la negación, mediante la negación del liquidacionismo y del otzovismo, y así encuentra el camino. Sólo el charlatán de Trotski se imagina que esta negación puede eludirse, que es algo superfluo, que a los obreros no les concierne, que los problemas del liquidacionismo y el otzovismo no los plantea la vida, sino la prensa de los malvados polemistas.

Puedo imaginarme cuán penoso es observar este penoso crecimiento del nuevo movimiento socialdemócrata para aquellos que no vieron ni vivieron el penoso crecimiento de finales de los años 80 y comienzos de los 90. Entonces, los socialdemócratas de ese tipo eran decenas, si no unidades. Ahora, son centenares y millares. De ahí la crisis y las crisis. Y la socialdemocracia en su conjunto las supera abiertamente y las superará honradamente.

Le estrecho fuertemente la mano. Suyo, Lenin

Enviada desde París a la isla de Capri (Italia)

Publicado por primera vez en 1924 en el Recopilador Leninista I

Se imprime según el manuscrito


[^1]: Se refiere a los partidarios del periódico menchevique *Golos* (La Voz).