Este excelente artículo lo reproducimos del número 7 de «Rabócheie Znamia» –órgano del distrito industrial central– y constituye una respuesta al artículo de un otzovista aparecido en el número 5 del mismo periódico. El artículo del otzovista fue insertado como artículo de discusión, con una observación de la redacción de «Rabócheie Znamia» manifestando su desacuerdo con el autor. En este artículo del número 7, la redacción no hace tal observación, por lo cual expresa la opinión de la propia redacción.

Nosotros, en «Proletari», hace ya tiempo que nos hemos pronunciado resueltamente contra el otzovismo y hemos mostrado de manera precisa que, en la medida en que el otzovismo se convierte de simple estado de ánimo en tendencia, en sistema político, abandona el camino del marxismo revolucionario y rompe en principio con el bolchevismo. Pero, después de este artículo del órgano moscovita de los bolcheviques, debemos reconocer que, hasta ahora, planteábamos la cuestión del otzovismo de manera aún no lo suficientemente tajante, que subestimábamos el peligro que amenaza la firmeza de principios de nuestra fracción bolchevique por parte de quienes pretenden combinar semejante otzovismo con el bolchevismo. Constatamos que el camarada Moskvich, autor del artículo arriba reproducido, planteó la cuestión de forma tan tajante, tan precisa, tan de principio como la planteábamos nosotros en discusiones privadas con los otzovistas: encontrándose a diario con representantes vivos del otzovismo, viendo in situ su agitación práctica otzovista, que cada día amenaza con desviarse más del camino de la socialdemocracia revolucionaria, nuestro órgano moscovita se ha visto obligado a plantear la cuestión con esa actitud tajante y de principio intransigente con la que, fundándose en toda la razón, ha sido planteada. O marxismo revolucionario, es decir, en Rusia, bolchevismo, u otzovismo, es decir, renuncia al bolchevismo: así ha planteado el camarada moscovita la cuestión. Con ello se ha adherido por entero al planteamiento que nosotros dábamos en nuestras discusiones previas con los camaradas otzovistas antes de la conferencia de todo el partido.

Sabemos que hay obreros bolcheviques que en el momento actual simpatizan con el otzovismo, pero, en la mayoría de los casos, en ellos el «otzovismo» no es más que un estado de ánimo pasajero, alimentado por los graves errores de nuestra fracción en la Duma. Y no a ellos, por supuesto, se refiere todo lo dicho más arriba por el autor del artículo y por nosotros. Pero, en la medida en que el otzovismo se eleva a teoría, en que se reduce a todo un sistema político –cosa que hace un pequeño grupo que se imagina representante de la «verdadera» revolucionariedad–, ¡en esa medida, guerra ideológica intransigente! El autor del artículo reproducido tiene toda la razón cuando dice que los razonamientos del otzovista en el número 5 de «Rabócheie Znamia» (artículo que reprodujimos en el número 39 de «Proletari») y, en general, el otzovismo como tendencia, equivalen a un menchevismo al revés, con su prédica del «congreso obrero», etc. Y aún tiene más razón cuando afirma que los fundamentos de principio que algunos otzovistas esgrimen en favor de su tendencia –independientemente de su propia conciencia política– amenazan objetivamente con aproximarlos a los anarcosindicalistas o, sencillamente, a los anarquistas.

El planteamiento de la cuestión en Moscú ha mostrado con evidencia cuán políticamente miopes son –con todas sus buenas intenciones– aquellos bolcheviques que no quieren reconocer en el otzovismo un peligro de principio, que ven aquí tan solo «divergencias prácticas», que ven en el otzovismo un «núcleo sano» y no un germen de liquidacionismo ideológico de izquierda. El artículo del camarada moscovita debe hacerles ver que, al encubrir ideológicamente a los otzovistas o incluso al mantener respecto a ellos una neutralidad ideológica amistosa, llevan agua al molino de los otzovistas, se convierten en prisioneros de guerra suyos, perjudican al bolchevismo.

El otzovismo no es bolchevismo, sino la peor caricatura política que de él pudiera imaginar su más encarnizado adversario político. Aquí se impone una claridad total. Consideramos necesario que todos los bolcheviques, hasta el último círculo, se den cuenta clara del verdadero significado del otzovismo, se percaten por completo y se planteen la cuestión: ¿no se estará llevando a cabo, bajo la bandera de la «revolucionariedad» y del «izquierdismo», una renuncia palmaria a las gloriosas tradiciones del viejo bolchevismo, tal como se formó en la época prerrevolucionaria y en el fragor de la revolución?

Con este fin hemos abierto en «Proletari» una discusión sobre estos problemas. Hemos insertado cuanto se nos ha enviado y reproducido todo lo que sobre el particular escribían los bolcheviques en Rusia. Hasta ahora no hemos rechazado ningún artículo de discusión y seguiremos procediendo de igual modo en lo sucesivo. Por desgracia, los camaradas otzovistas y los camaradas que simpatizan con ellos nos han enviado hasta ahora poco material para nuestro periódico y, en general, han eludido la exposición abierta y completa de su credo de principio en las páginas de la prensa, prefiriendo las conversaciones «entre ellos». Invitamos a todos los camaradas, tanto otzovistas como bolcheviques ortodoxos, a exponer sus puntos de vista en las páginas de «Proletari». Si fuera necesario, publicaremos los materiales que se envíen también en un folleto especial. Claridad y firmeza ideológicas: he aquí lo que necesitamos, sobre todo en el presente y difícil momento.

Dejemos a los señores eseristas el emborronar sus divergencias y el felicitarse por su «unanimidad» en el momento en que, con razón, se dice de ellos que entre ellos hay cuanto se quiera pedir, desde el liberalismo enesista hasta el liberalismo con bomba.

Dejemos a los mencheviques convivir ideológicamente con Cherevanin y Cía. Que practiquen el sistema de la doble contabilidad (rechazaron a Cherevanin ante los alemanes y lo besuquean en la prensa rusa), que convivan con los liquidadores ideológicos de las bases del marxismo revolucionario, que emborronen sus divergencias, llegando al virtuosismo de la simple pegatina de las divergencias (véase «Golos Sotsial-Demokrata» núms. 10-11), donde la divergencia de los mencheviques con Plejánov fue «eliminada» mediante una simple pegatina{141}.

Nuestra fracción no debe temer la lucha ideológica interna cuando esta es necesaria. En ella se fortalecerá todavía más. Tanto más obligados estamos a esclarecer nuestras divergencias cuanto que, de hecho, nuestra corriente tiende cada vez más a equivaler a todo nuestro partido. A la claridad ideológica llamamos a los camaradas bolcheviques y a barrer todos los chismes subterráneos, vengan de donde vengan. Hay un montón de aficionados a sustituir la lucha ideológica en torno a las cuestiones más serias, más cardinales, por pequeñas rencillas al estilo de los mencheviques después del II Congreso. En el medio bolchevique no debe haber lugar para ellos. Los obreros bolcheviques deben dar a tales intentos una réplica resuelta y exigir una sola cosa: claridad ideológica, puntos de vista definidos, línea de principio. Y justamente con esa plena nitidez ideológica, todos los bolcheviques podrán presentarse en el terreno organizativo de manera tan unitaria, tan cohesionada como lo ha hecho siempre hasta ahora nuestra fracción.

«Proletari» núm. 42, 12 (25) de febrero de 1909.

Se publica según el texto del periódico «Proletari».