Es sabido que a Plejánov le han ocurrido ya más de una vez lamentables incidentes en cuestiones de táctica y organización. En estos últimos 11 años (desde el otoño de 1903, cuando se pasó de los bolcheviques a los mencheviques) se ha enredado en ellas repetidas veces de manera cómica.

Ahora comienza a enredarse de nuevo, y nos vemos obligados a presentar a los lectores este triste cuadro. Recordemos primero el gran mérito de Plejánov durante los años difíciles (1909–1911). Él enaltecía el trabajo clandestino y apoyaba resueltamente las decisiones del partido sobre la lucha contra el liquidacionismo. Él mostraba el oportunismo de los liquidacionistas y la resurrección por ellos del “economismo” (corriente burguesa dentro del marxismo en los años 1894–1902). Demostraba que los liquidacionistas, al negar el trabajo clandestino, traicionaban al partido. Explicaba con razón que “el señor Potrésov” equivalía a Judas y que sin Judas los apóstoles eran más fuertes que con él.

Eran pensamientos claros, precisos, íntegros, que plasmaban plenamente las resoluciones de 1908 y 1910.

Observemos ahora el nuevo “viraje” de Plejánov. En el periódico “Yedinstvo” (Unidad) {81} ahora maldice a los pravdistas por su “fraccionalismo” y “usurpación” (apoderamiento ilegal, intrusismo), asegurando que entre nosotros no hay una sola prensa obrera, sino nada menos que dos.

Esto no es muy correcto, pero aún así es comprensible. ¡El periódico liquidacionista ha sido declarado obrero! ¡Vaya! Y sin embargo, el mismo Plejánov defendía la justeza de la resolución que había declarado el liquidacionismo como influencia burguesa sobre el proletariado.

En vano Plejánov quiere olvidar esto. Los obreros se burlarán de semejante olvido.

La prensa liquidacionista no es prensa obrera, sino una prensa que transmite la influencia burguesa sobre el proletariado. Esto está dicho de forma precisa y clara en la resolución del “conjunto” {82}. Así lo confirman palpablemente para todos hasta hoy día los liquidacionistas (véanse, por ejemplo, los discursos concordantes de Bulkin y Mártov contra la organización clandestina en “Nasha Zariá”, 1914, n.º 3).

¿Qué sentido tiene entonces el llamamiento de Plejánov a la unidad con los liquidacionistas? ¿Unidad con ese grupo de literatos que, al estilo típico de Potrésov, niega el trabajo clandestino? ¡Para defender semejante unidad hay que defender la renuncia a la organización clandestina!

Plejánov se ha enredado hasta tal punto que no sabe a qué carta quedarse.

Pues los liquidacionistas dijeron más claro que el agua, tanto en “Nasha Zariá” como en “Nóvaya Rabóchaya Gazeta” (F. D. y L. M., sus dirigentes) y por boca de Jcheidze y Cía., que se mantienen en sus trece, es decir, defienden a Potrésov y permiten zaherir la organización clandestina. Defienden la idea del partido obrero abierto.

Y Plejánov, al mismo tiempo, condena el liquidacionismo como un crimen contra el partido y defiende la “unidad” con los liquidacionistas.

Ante esto solo cabe sonreír.

A todos los obreros que quieran reconocer de hecho la “forma” rechazada por Potrésov, los pravdistas los reciben con los brazos abiertos, mientras que las frases huecas sobre la “unidad” con los adversarios de la organización clandestina las consideran frases vacías de personas que no saben ellas mismas lo que quieren.

A la acusación de “usurpación”, los pravdistas responden con calma: ¿no se parece acaso a un usurpador e intruso aquel que ama la declamación, las frases y teme los hechos? Plejánov vive en el extranjero; ¿por qué entonces guarda modesto silencio sobre el hecho de que desde agosto de 1912 hasta mayo de 1914 los liquidacionistas no tuvieron ni un solo número de periódico en el extranjero? ¿Ni una sola indicación fáctica de semejantes “organizaciones” que defendía también Plejánov?

En cambio los adversarios del liquidacionismo tienen una serie de indicaciones fácticas, en toda una serie de números, sobre todas las localidades de Rusia.

Plejánov calla los hechos, porque los hechos golpean sus frases.

Tomemos los datos publicados en Rusia y que permiten una verificación abierta. Durante dos años completos, 1912 y 1913, los pravdistas agruparon (y lo demostraron con las colectas por grupos) a 2801 grupos obreros, los liquidacionistas, a 750. Añadiendo el año 1914, del 1 de febrero al 6 de mayo (cálculo preliminar), tenemos 5302 contra 1382.

¡Los pravdistas tienen una mayoría de cerca de cuatro quintos!

Se comprende que a quienes temen los hechos solo les queden frases y más frases.

En torno a resoluciones precisas y claras, completadas y verificadas tres veces por representantes de los obreros (en enero de 1912, en febrero y en el verano de 1913), los pravdistas han agrupado a 4/5 de los obreros conscientes de Rusia. Estas resoluciones han sido desarrolladas en cientos de artículos y llevadas a la práctica.

Esto no son frases, ni fábulas, ni anécdotas sobre paperas y salvajes (¡Plejánov sigue rumiando viejas anécdotas!), sino hechos. He aquí la unidad de hecho, la unidad de los obreros que han comprobado con la experiencia su táctica.

Si a esta táctica, aprobada por miles de obreros, se la llama despectivamente “leninista”, eso no será más que un elogio a Lenin, pero los 5000 grupos obreros no desaparecerán por ello, no desaparecerá su unidad, su partido.

Las palabrejas sobre “fraccionalismo”, “dispersión”, “descomposición”, etc., recaen precisamente sobre Plejánov y sus actuales amigos. Fíjense en la lista de colaboradores del periodicucho intelectual populista “Sovreménnik”, impresa en la primera página de “Yedinstvo”, de Plejánov. Ante nosotros aparecen el Sr. Guimmer y Cía., que predican ideas antimarxistas; Plejánov tenía razón cuando calificó estas ideas de ideas de “socialistas reaccionarios”. Ante nosotros están los buscadores de Dios y los machistas: Bogdánov, Bazárov, Lunacharski. Ante nosotros los liquidacionistas: Dan, Mártov, Cherevanin (por alguna razón ha desaparecido Potrésov, mencionado en el n.º 66 de “Sévernaia Rabóchaya Gazeta”). Aquí mismo está el liberal Bogucharski, etc.

Y en este “Sovreménnik”, donde ni huele a obreros, el Sr. Guimmer se jacta abiertamente de que Plejánov está por la unidad con él. Y Plejánov calla.

¿No es hora ya de quitarse la careta, o los obreros, tal vez, se la arrancarán de manera poco cortés! Círculillos intelectuales antimarxistas, restos de la democracia burguesa: he ahí dónde ha ido a parar, sin querer, el pobre Plejánov; he ahí dónde reinan el caos, la dispersión y las fraccioncillas opuestas a la unidad de los miles de grupos obreros de orientación pravdistica, forjada en dos años.

Compadezcamos a Plejánov: ha merecido algo mejor por su lucha contra los oportunistas, populistas, machistas y liquidacionistas. Sigamos construyendo la unidad, ya realizada en 4/5, de los grupos obreros que tienen una táctica precisa, comprobada por la experiencia.

Recibamos a todos y cada uno de los que renuncien al liquidacionismo; las puertas no están cerradas.

Y con el ejemplo de “Borba” de Trotski y de “Yedinstvo” de Plejánov, mostremos las tristes y ridículas vacilaciones de los grupúsculos intelectuales desprendidos del movimiento obrero, que vacilan y vacilan sin cesar, hoy hacia un lado, mañana hacia el otro, del intelectualucho Potrésov al intelectualucho Guimmer.

Espectáculo triste, pero inevitable en un país pequeñoburgués en la época de las transformaciones democrático-burguesas.

“Rabochi” n.º 4, 25 de mayo de 1914.

Se imprime según el texto del periódico “Rabochi”.