La lucha contra el otzovismo y el liquidacionismo, que naturalmente ha ocupado el primer lugar entre las tareas de los elementos verdaderamente marxistas y socialdemócratas de nuestro partido, no debe, sin embargo, ocultarnos un mal más profundo, que, en esencia, engendró tanto el otzovismo como el liquidacionismo y que, a todas luces, engendrará todavía no pocas nuevas necedades tácticas. Este mal es la descomposición ideológica y la dispersión, que se ha apoderado por completo del liberalismo y que por todos lados se abre camino hacia nuestro partido.

He aquí una de las numerosas ilustraciones de esta dispersión. Un camarada, que trabaja desde hace tiempo en el partido, viejo iskrista y viejo bolchevique, fue apartado del movimiento durante mucho tiempo por la prisión y la deportación, casi desde principios de 1906. Hace poco regresó al trabajo, conoció el otzovismo-ultimatismo, lo rechazó con indignación y cólera como una monstruosa tergiversación de la táctica socialdemócrata revolucionaria. Al conocer la situación del trabajo en Odesa y Petersburgo, este camarada llegó, entre otras cosas, a la siguiente conclusión o «resultado no formalizado» de sus observaciones: «… me parece que la época más dura ya ha pasado y que queda la tarea de liquidar los residuos de la época de descomposición y desintegración». Pero estos residuos no son pequeños.

«En todo el trabajo de Petersburgo —leemos en la misma carta— se siente la ausencia de un centro único dirigente, la indisciplina, la desorganización, la falta de vínculos entre las distintas partes, la falta de unidad y planificación del trabajo. Cada cual trabaja a su cuenta y riesgo. En la organización ilegal son fuertes las tendencias otzovistas, que arrastran incluso a los antiotzovistas…» (evidentemente, aquí se alude a aquellos bolcheviques que, a pesar de las reiteradas y decididas insistencias de *Proletari*, no rompen con los otzovistas, no libran una lucha despiadada contra ellos, sino que intentan contemporizar, prolongando inútilmente el inevitable desenlace y sin obtener en la práctica ninguna renuncia de los otzovistas-ultimatistas a su táctica absurda). «… Sobre esta base se desarrolla un fenómeno característico, que se manifestó de manera completamente independiente también en Odesa: la holgazanería revolucionaria. Dondequiera que domina el espíritu del otzovismo, salta claramente a la vista que las organizaciones ilegales no hacen nada. Uno o dos círculos de propaganda, la lucha contra las posibilidades legales: he ahí todo el trabajo. Este tiene predominantemente un carácter desorganizador, como se puede observar en los abundantes materiales que le envié desde Odesa…» (utilizados en el artículo:… [21]). «… En cuanto a las posibilidades legales, en su utilización falta una línea socialdemócrata consecuente. En las tinieblas de la reacción, los oportunistas de la socialdemocracia han levantado la cabeza y «osan», sabiendo que ahora no es peligroso, atentar contra los principios fundamentales de la socialdemocracia. Aquí se encuentra una revisión tan amplia de la socialdemocracia revolucionaria, de su programa y de su táctica, que ante ella la revisión de Bernstein parecería un pasatiempo infantil, una chiquillada. El POSDR no comprende a Marx, ha efectuado un análisis incorrecto de las tendencias del desarrollo económico de Rusia, en Rusia nunca existió el régimen feudal, sino un régimen feudal-mercantil, no hubo ni hay contradicciones entre los intereses de la burguesía y los de la nobleza terrateniente, ni tampoco existe alianza entre ellos, porque estas dos clases, inventadas por la socialdemocracia rusa, representan una sola clase burguesa (éste es un rasgo original de Rusia); la autocracia es la organización de esa clase. La debilidad de la burguesía rusa, sobre la que se fundamentaba (?? —los signos de interrogación pertenecen al autor de la carta) la consigna de la “dictadura del proletariado y el campesinado”, es un invento, y esta consigna fue y sigue siendo utópica. Hay que desecharla junto con la república democrática, porque el tren ruso se ha puesto sobre los rieles alemanes…».

Está claro que tenemos ante nosotros una fotografía instantánea de uno de los arroyuelos del ancho caudal de la confusión ideológica, que engendra el otzovismo y el liquidacionismo, mezclando a veces de manera caprichosa e incluso aproximando las premisas de la necedad extrema de derecha y de la extrema «izquierda». La primera mitad de estas premisas (la ausencia de contradicción entre la burguesía y la propiedad feudal de la tierra, etc.) es tan desatinada y absurda que resulta difícil incluso tomarla en serio. No vale la pen… [22]

Escrito a finales de noviembre de 1909.

Publicado por primera vez en 1933 en la Miscelánea Leninista XXV.

Se publica según el manuscrito.