La conocida recopilación «Hitos», compuesta por los más influyentes publicistas kd, que en poco tiempo conoció varias ediciones y fue acogida con entusiasmo por toda la prensa reaccionaria, constituye un verdadero signo de los tiempos. Por mucho que los periódicos kd «corrijan» ciertos pasajes de «Hitos» demasiado llamativos, por mucho que renieguen de ellos algunos kadetes aislados, completamente impotentes para influir en la política de todo el partido kd o que se proponen engañar a las masas sobre el verdadero significado de esta política, queda el hecho indiscutible de que «Hitos» ha expresado la esencia indudable del kadetismo actual. El partido de los kadetes es el partido de «Hitos».

Valorando por encima de todo el desarrollo de la conciencia política y de clase de las masas, la democracia obrera debe saludar «Hitos» como una magnífica revelación, por parte de los líderes ideológicos de los kadetes, de la esencia de su orientación política. «Hitos» está escrito por los señores: Berdiáev, Bulgákov, Guershenzon, Kistiakovski, Struve, Frank e Izgóev. Solo estos nombres de conocidos diputados, conocidos renegados, conocidos kadetes ya dicen bastante por sí mismos. Los autores de «Hitos» se presentan como auténticos líderes ideológicos de toda una corriente social, ofreciendo en un apretado bosquejo toda una enciclopedia sobre cuestiones de filosofía, religión, política, publicística, valoración de todo el movimiento liberador y de toda la historia de la democracia rusa. Al titular «Hitos» como «recopilación de artículos sobre la intelectualidad rusa», los autores han restringido con este subtítulo el tema real de su intervención, pues la «intelectualidad» aparece en ellos, de hecho, como guía espiritual, inspiradora y portavoz de toda la democracia rusa y de todo el movimiento liberador ruso. «Hitos» son los mayores jalones en el camino de la ruptura total del kadetismo ruso y del liberalismo ruso en general, con el movimiento liberador ruso, con todas sus tareas fundamentales, con todas sus tradiciones cardinales.

## I

La enciclopedia del renegadismo liberal abarca tres temas fundamentales: 1) la lucha contra los fundamentos ideológicos de toda la concepción del mundo de la democracia rusa (e internacional); 2) la renuncia al movimiento liberador de los últimos años y su cubrimiento de lodo; 3) la proclamación abierta de sus sentimientos «lacayunos» (y de la correspondiente política «lacayuna») en relación con la burguesía octubrista, en relación con el viejo poder, en relación con toda la vieja Rusia en general.

Los autores de «Hitos» comienzan por los fundamentos filosóficos de la concepción del mundo «intelectualista». Como un hilo rojo recorre todo el libro la lucha decidida contra el materialismo, al que se califica nada menos que de dogmatismo, metafísica, «la forma más elemental e inferior de filosofar» (pág. 4 – las referencias corresponden a la 1ª edición de «Hitos»). Se condena el positivismo porque fue «para nosotros» (es decir, para la «intelectualidad» rusa aniquilada por «Hitos») «idéntico a la metafísica materialista» o se le interpretaba «exclusivamente en el espíritu del materialismo» (15), mientras que – «ni un solo místico, ni un solo creyente puede negar el positivismo científico y la ciencia» (11). ¡No es broma! «La enemistad hacia las tendencias idealistas y religioso-místicas» (6) – he ahí por lo que «Hitos» ataca a la «intelectualidad». «Iúrkevich fue, en cualquier caso, un verdadero filósofo en comparación con Chernyshevski» (4).

El lector ya puede ver de aquí que no es a la «intelectualidad» a quien «Hitos» ataca, esto no es más que una forma artificial de expresión que embrolla el asunto. El ataque se dirige en toda la línea contra la democracia, contra la concepción del mundo democrática. Y como a los líderes ideológicos del partido que se autoproclama «constitucional-democrático» les resulta incómodo llamar a las cosas por su verdadero nombre, han tomado prestada la terminología de «Moskóvskie Védomosti»{74}, renuncian no a la democracia – (¡qué calumnia tan indigna!) –, sino solo a la «intelectualoidería».

La carta de Belinski a Gógol, sentencian «Hitos», es «una expresión ardiente y clásica del estado de ánimo intelectualista» (56). «La historia de nuestra publicística, comenzando después de Belinski, en el sentido de comprensión vital, es una continua pesadilla» (82).

Así, así. El estado de ánimo de los campesinos siervos contra la servidumbre es, evidentemente, un estado de ánimo «intelectualista». La historia de la protesta y de la lucha de las más amplias masas de la población desde 1861 hasta 1905 contra los residuos del feudalismo en todo el régimen de la vida rusa es, evidentemente, «una continua pesadilla». O, tal vez, en opinión de nuestros inteligentes y cultos autores, ¿el estado de ánimo de Belinski en su carta a Gógol no dependía del estado de ánimo de los campesinos siervos? ¿La historia de nuestra publicística no dependía de la indignación de las masas populares contra los residuos de la opresión feudal?

«Moskóvskie Védomosti» siempre demostró que la democracia rusa, comenzando al menos por Belinski, no expresa en modo alguno los intereses de las más amplias masas de la población en la lucha por los derechos más elementales del pueblo, violados por las instituciones feudales, sino que expresa solo el «estado de ánimo intelectualista».

El programa de «Hitos» y de «Moskóvskie Védomosti» es idéntico tanto en filosofía como en publicística. Pero en filosofía los renegados liberales se han decidido a decir toda la verdad, a desplegar todo su programa (guerra al materialismo y al positivismo interpretado materialistamente; restauración de la mística y de la concepción mística del mundo), y en publicística zigzaguean, giran, jesuitean. Han roto con las ideas más básicas de la democracia, con las tendencias democráticas más elementales, pero fingen que rompen solo con la «intelectualoidería». La burguesía liberal se ha apartado decididamente de la defensa de los derechos del pueblo hacia la defensa de las instituciones dirigidas contra el pueblo. Pero los políticos liberales desean conservar el nombre de «demócratas».

El mismo truco que se ha realizado con la carta de Belinski a Gógol y con la historia de la publicística rusa, se realiza con la historia del movimiento reciente.

## II

En realidad, el ataque en «Hitos» se lleva a cabo solo contra aquella intelectualidad que fue portavoz del movimiento democrático, y solo por aquello en lo que ella se manifestó como auténtica participante de este movimiento. «Hitos» ataca con furia a la intelectualidad precisamente porque esta «pequeña secta clandestina salió a la luz de Dios, adquirió una multitud de seguidores y por un tiempo se volvió ideológicamente influyente e incluso realmente poderosa» (176). Los liberales simpatizaban con la «intelectualidad» y a veces la apoyaban a escondidas, mientras esta permanecía solo como una pequeña secta clandestina, mientras no adquiría una multitud de seguidores, mientras no se volvía realmente poderosa; esto significa: el liberal simpatizaba con la democracia mientras la democracia no ponía en movimiento a las masas reales, pues sin la implicación de las masas, ella solo servía a los intereses egoístas del liberalismo, ella solo ayudaba a las cúpulas de la burguesía liberal a acercarse al poder. El liberal se apartó de la democracia cuando esta arrastró a las masas que comenzaron a realizar sus tareas, a defender sus intereses. Bajo la cobertura de gritos contra la «intelectualidad» democrática, la guerra de los kadetes se libra de hecho contra el movimiento democrático de las masas. Una de las innumerables y patentes revelaciones de esto en «Hitos» es que al gran movimiento social de finales del siglo XVIII en Francia lo declaran «ejemplo de una revolución intelectualista suficientemente prolongada, con la manifestación de todas sus potencias espirituales» (57).

¿Verdad que está bien? ¡El movimiento francés de finales del siglo XVIII resulta, véase por favor, no un modelo del más profundo y amplio movimiento democrático de masas, sino un modelo de revolución «intelectualista»! Dado que nunca y en ninguna parte del mundo se han realizado las tareas democráticas sin un movimiento de tipo homogéneo, es absolutamente evidente que los líderes ideológicos del liberalismo rompen precisamente con la democracia.

En la intelectualidad rusa, "Vei" censura precisamente lo que es acompañante y expresión necesarios de todo movimiento democrático. "La inoculación del radicalismo político de las ideas intelectuales al radicalismo social de los instintos populares[28] se realizó con una rapidez asombrosa" (141) – y en esto residía "no simplemente un error político, no simplemente un pecado de táctica. Era un error moral". Donde no hay masas populares atormentadas, no puede haber tampoco movimiento democrático. Y el movimiento democrático se distingue del simple "motín" justamente por el hecho de que marcha bajo la bandera de ciertas ideas políticas radicales. El movimiento democrático y las ideas democráticas no sólo son políticamente erróneos, no sólo son tácticamente inoportunos, sino que también son moralmente pecaminosos: he aquí a qué se reduce el verdadero pensamiento de "Vei", que en nada se diferencia de los verdaderos pensamientos de Pobedonóstsev. Sólo que Pobedonóstsev decía con más honradez y franqueza lo que dicen Struve, Izgóiev, Frank y Cía.

Cuando "Vei" pasa a una definición más precisa del contenido de las odiosas ideas "intelectuales", habla, naturalmente, de las ideas de "izquierda" en general, de las populistas y marxistas, en particular. Se acusa a los populistas de "falso amor al campesinado", a los marxistas – "al proletariado" (9). Unos y otros son aniquilados sin piedad por su "idolatría popular" (59, 59-60). Para el odioso "intelectual", "dios es el pueblo, el único objetivo es la felicidad de la mayoría" (159). "Los discursos tempestuosos del bloque izquierdista ateo" (29), he aquí lo que más recordó el kadete Bulgákov de la II Duma, he aquí lo que particularmente le indignó. Y no hay la menor duda de que Bulgákov expresó aquí, de manera algo más acentuada que otros, la psicología general kadete, expresó los pensamientos íntimos de todo el partido kadete.

El que para el liberal se borre la diferencia entre el populismo y el marxismo no es casual, sino inevitable; no es un "ardid" del literato (que conoce perfectamente estas diferencias), sino una expresión, conforme a la ley, de la esencia contemporánea del liberalismo. Pues en el momento actual, a la burguesía liberal en Rusia le asusta y le es odioso no tanto el movimiento socialista de la clase obrera en Rusia como el movimiento democrático tanto de los obreros como de los campesinos; es decir, le asusta y le es odioso lo que hay de común en el populismo y en el marxismo, su defensa de la democracia mediante la apelación a las masas. Para la época contemporánea es característico que el liberalismo en Rusia haya girado decididamente contra la democracia; es absolutamente natural que no le interesen ni las diferencias dentro de la democracia, ni los objetivos ulteriores, tipos y perspectivas que se abren sobre la base de una democracia realizada.

Palabrejas como "idolatría popular" pululan en "Vei". Esto no es sorprendente, pues a la burguesía liberal, asustada por el pueblo, no le queda más que gritar contra la "idolatría popular" de los demócratas. La retirada no puede dejar de encubrirse con un redoble de tambor particularmente ruidoso. No se puede, en efecto, negar directamente que las dos primeras Dumas expresaban, precisamente en la persona de los diputados obreros y campesinos, los verdaderos intereses, reivindicaciones y puntos de vista de las masas obreras y campesinas. Y, sin embargo, fueron precisamente estos diputados "intelectuales"[29] quienes inspiraron a los kadetes un odio sin fondo hacia la "izquierda" por haber desenmascarado las eternas retiradas kadetes del democratismo. No se puede, en efecto, negar directamente siquiera el "sufragio de cuatro colas"{75}; y, sin embargo, ni un solo político medianamente honrado ha dudado de que las elecciones según el "sufragio de cuatro colas", las elecciones verdaderamente democráticas, darían en la Rusia contemporánea una mayoría aplastante a los diputados trudoviques junto con los diputados del partido obrero.

No le queda a la burguesía liberal, que ha retrocedido, más remedio que encubrir su ruptura con la democracia con palabrejas del diccionario de "Moskovskie Védomosti" y "Nóvoe Vremia"; estas palabrejas salpican literalmente toda la recopilación "Vei".

"Vei" es un torrente continuo de aguas sucias reaccionarias, vertidas sobre la democracia. Se comprende que los publicistas de "Nóvoe Vremia", Rózanov, Ménshikov y A. Stolypin, se lanzaran a besar "Vei". Se comprende que Antoni Volynski se entusiasmara con esta obra de los líderes del liberalismo.

"Cuando el intelectual – escribe 'Vei' – reflexionaba sobre su deber ante el pueblo, nunca llegaba a pensar que la idea de responsabilidad personal que se expresa en el principio de la obligación debe dirigirse no sólo a él, al intelectual, sino también al pueblo" (139). El demócrata reflexionaba sobre la ampliación de los derechos y la libertad del pueblo, revistiendo este pensamiento con palabras sobre el "deber" de las clases superiores ante el pueblo. El demócrata nunca pudo llegar a pensar y nunca llegará a pensar que en un país anterior a las reformas o en un país con la "constitución" del 3 de junio pueda hablarse de la "responsabilidad" del pueblo ante las clases gobernantes. Para "llegar a pensar" en esto, el demócrata, o el presunto demócrata, debe transformarse definitivamente en un liberal contrarrevolucionario.

"El egoísmo, la autoafirmación es una gran fuerza – leemos en 'Vei' –, es precisamente ella la que hace de la burguesía occidental un poderoso instrumento inconsciente de la obra de Dios en la tierra" (95). Esto no es otra cosa que una paráfrasis, aderezada con aceite de lamparilla, del célebre "¡Enrichissez-vous! – ¡enriqueceos!" o de nuestro ruso: "apostamos por los fuertes"{76}. Cuando la burguesía ayudaba al pueblo a luchar por la libertad, declaraba que esta lucha era la obra de Dios. Cuando se asustó del pueblo y giró hacia el apoyo de toda suerte de medievalismos contra el pueblo, declaró obra de Dios el "egoísmo", el enriquecimiento, la política exterior chovinista, etcétera. Esto ocurrió en todas partes de Europa. Se repite también en Rusia.

"Con el acta del 17 de octubre, la revolución, en esencia y formalmente, debería haberse completado" (136). Éste es el alfa y el omega del octubrismo, es decir, del programa de la burguesía contrarrevolucionaria. Los octubristas siempre lo dijeron y, en consonancia con ello, actuaron abiertamente. Los kadetes actuaron a escondidas de la misma manera (empezando por el 17 de octubre), pero deseaban al mismo tiempo hacerse pasar por demócratas. Para el éxito de la causa de la democracia, una delimitación plena, clara y abierta entre demócratas y renegados es lo más útil, lo más necesario. Hay que aprovechar "Vei" para esta tarea necesaria. "Hay que tener, por fin, el valor de confesar – escribe el renegado Izgóiev – que en nuestras Dumas de Estado, la enorme mayoría de los diputados, con excepción de tres o cuatro decenas de k.-d. y octubristas, no demostró conocimientos con los que se pudiese proceder a la administración y reorganización de Rusia" (208). Bueno, naturalmente, ¿cómo van a emprender tal tarea los diputados mujiks trudoviques o unos obreros cualesquiera? Para eso se necesita la mayoría de los k.-d. y octubristas, y para tal mayoría se necesita la III Duma...

Y para que el pueblo y los idólatras del pueblo comprendan su "responsabilidad" ante los artífices de los asuntos en la III Duma y en la Rusia de la tercera Duma, es necesario predicar al pueblo – junto con Antoni Volynski – "arrepentimiento" ("Vei", 26), "humildad" (49), la lucha contra la "soberbia del intelectual" (52), "obediencia" (55), "el simple y tosco alimento del viejo decálogo mosaico" (51), la lucha contra "la legión de demonios que han entrado en el cuerpo gigantesco de Rusia" (68). Si los campesinos eligen a los trudoviques y los obreros a los socialdemócratas, esto es, naturalmente, precisamente tal obnubilación demoníaca, pues, propiamente hablando, por su naturaleza, como hace tiempo descubrieron Katkov y Pobedonóstsev, el pueblo alberga "odio hacia la intelectualidad" (87; léase: hacia la democracia).

Los ciudadanos rusos deben por tanto – nos enseñan los "Vei" – "bendecir a este poder, el único que con sus bayonetas y cárceles aún nos protege ('a los intelectuales') de la furia popular" (88).

Esta tirada es buena por su franqueza, útil porque descubre la verdad sobre la esencia real de la política de todo el partido k.-d. durante todo el período de 1905-1909. Esta tirada es buena porque pone al descubierto, en forma breve y plástica, todo el espíritu de «Vejí». Y «Vejí» es bueno porque revela todo el espíritu de la política real de los liberales rusos y, entre ellos, de los cadetes rusos. He aquí por qué la polémica de los cadetes con «Vejí», la renuncia de los cadetes a «Vejí», es pura y continua hipocresía, charlatanería irremediable. Pues, de hecho, los cadetes, como colectividad, como partido, como fuerza social, han aplicado y aplican precisamente la política de «Vejí». Los llamamientos a participar en la Duma de Bulýguin en agosto y septiembre de 1905, la traición a la causa de la democracia a fines del mismo año, el miedo sistemático al pueblo y al movimiento popular y la lucha sistemática contra los diputados obreros y campesinos en las dos primeras Dumas, la votación del presupuesto, los discursos de Karáulov sobre religión y de Berezovski sobre el problema agrario en la III Duma, el viaje a Londres..., todo esto son innumerables jalones de esa misma política, precisamente de esa política proclamada ideológicamente en «Vejí».

La democracia rusa no podrá dar un paso adelante mientras no comprenda la esencia de esta política, mientras no comprenda sus raíces de clase.

«Nuevo Día» n.° 15, 13 de diciembre de 1909. Firma: V. Ilín

Se imprime según el texto del periódico «Nuevo Día».