Los camaradas Maximov y Nikolaev han lanzado una hoja especial titulada «Informe a los camaradas bolcheviques de los miembros eliminados de la redacción ampliada de *Proletari*». Amarga, muy amargamente se quejan ante el público nuestros eliminados de las ofensas que les infligió la redacción y de cómo los eliminó.

Para mostrar al partido de la clase obrera qué clase de público es este de los quejosos y amargados eliminados, examinemos ante todo el contenido de principio de la hoja. Por el número 46 de *Proletari* y el anexo a ese número, los lectores saben que la Conferencia de la redacción ampliada de *Proletari* reconoció al camarada Maximov como uno de los organizadores de una nueva fracción en nuestro partido, una fracción con la que el bolchevismo no tiene nada en común, y declinó «toda responsabilidad por todos los pasos políticos del camarada Maximov». De las resoluciones de la Conferencia se desprende que la base de la divergencia con la nueva fracción escindida de los bolcheviques (o más exactamente: con los Maximov y sus amigotes escindidos) es, en primer lugar, el otzovismo y el ultimatismo; en segundo lugar, la construcción de dios. En tres detalladas resoluciones se expone el punto de vista de la fracción bolchevique sobre una y otra corriente.

¿Qué responden, pues, los amargamente quejosos eliminados?

**I**

Empecemos por el otzovismo. Los eliminados hacen balance de la experiencia parlamentaria o dumista de los años transcurridos, justifican el boicot a la Duma de Bulyguin y a la de Witte, así como la participación en la II Duma, y continúan:

«...Con una reacción aguda y en aumento, todo esto vuelve a cambiar. El partido no puede entonces llevar a cabo una campaña electoral amplia y brillante, no puede obtener una representación parlamentaria digna de él...».

La primera frase de un razonamiento independiente, no copiado de viejas publicaciones bolcheviques, y ya tenemos ante nosotros todo el abismo insondable de la ineptitud política otzovista. ¡Vamos, piensen, amabilísimos: puede el partido, con una reacción aguda y en aumento, llevar a cabo una organización «amplia y brillante» de «grupos y escuelas de instructores» para los combatientes, de la que ustedes hablan en la misma página, en la misma columna de su obra? ¡Piensen, amabilísimos, puede el partido obtener una «representación digna de él» en semejantes escuelas? Si ustedes supieran pensar y fueran mínimamente capaces de razonar políticamente, oh, injustamente eliminados, se habrían dado cuenta de que resulta de ello un disparate mayúsculo. En lugar de pensar políticamente, se aferran a un letrero «brillante» y por eso resultan ser unos ivanuchkas del partido. Parlotean sobre «escuelas de instructores» y sobre «¡el reforzamiento (!) de la propaganda en las tropas» (ibídem), porque ustedes, como todos los menores de edad políticos del campo de los otzovistas y ultimatistas, consideran este tipo de actividad como particularmente «brillante», pero no saben reflexionar sobre las condiciones de la aplicación real (y no verbal) de estas formas de actividad. Han aprendido de memoria fragmentos de frases y consignas bolcheviques, pero no han entendido absolutamente nada de ellas. «Con una reacción aguda y en aumento», cualquier trabajo es difícil para el partido, pero por grandes que sean las dificultades, lograr una representación parlamentaria digna es, aun así, posible. Esto lo demuestra, por ejemplo, la experiencia de la socialdemocracia alemana en la época de «reacción aguda y en aumento», al menos en los tiempos de la introducción de la ley de excepción{43}. Al negar esta posibilidad, Maximov y Cía. no hacen sino poner de manifiesto su más completa ignorancia política. Recomendar «escuelas de instructores» y «reforzar la propaganda en las tropas» «con una reacción aguda y en aumento», y al mismo tiempo negar la posibilidad de que el partido tenga una representación parlamentaria digna, es decir disparates manifiestos, dignos de figurar en una antología de absurdos lógicos para alumnos de los primeros cursos de gimnasia. Tanto las escuelas de instructores como el reforzamiento de la propaganda en las tropas presuponen la obligatoria violación de las viejas leyes, su ruptura, mientras que la actividad parlamentaria no presupone en absoluto obligatoriamente, y en todo caso la presupone incomparablemente menos veces, la ruptura de las viejas leyes por la nueva fuerza social. Ahora piensen, amables: ¿cuándo es más fácil romper las viejas leyes, con una reacción aguda y en aumento o con el auge del movimiento? Piensen, oh, injustamente eliminados, y avergüéncense del desatino que profieren defendiendo a los otzovistas tan queridos para su corazón.

Además. ¿Qué tipo de actividad presupone un mayor alcance de la energía de las masas, una mayor influencia de las masas en la vida política directa: la actividad parlamentaria según la ley creada por el viejo poder, o la propaganda militar, que mina de inmediato y directamente los instrumentos de la fuerza material de ese poder? Piensen, amables, y verán que la actividad parlamentaria, en el sentido indicado, está por detrás. ¿Y qué se deduce de esto? De esto se deduce que cuanto más fuerte sea el movimiento directo de las masas, cuanto mayor sea el alcance de su energía, en otras palabras: cuanto más se pueda hablar de una «aguda y creciente» embestida revolucionaria del pueblo, y no de una «reacción aguda y en aumento», tanto más posible, tanto más inevitable, tanto más exitosa será también la propaganda en las tropas y las acciones combativas realmente vinculadas al movimiento de masas, y no reducidas al aventurerismo de combatientes desenfrenados. Precisamente por eso, oh, injustamente eliminados, el bolchevismo supo poner en primer plano la actividad combativa y la propaganda en las tropas de manera particularmente fuerte en el período de auge revolucionario «agudo y creciente»; precisamente por eso el bolchevismo supo llevar a cabo (a partir de 1907) y llevó definitivamente a cabo hacia 1909 la separación de su fracción respecto de aquel combatismo que «con una reacción aguda y en aumento» se redujo, inevitablemente se redujo, al aventurerismo.

En nuestros héroes, que han aprendido de memoria fragmentos de palabras bolcheviques, todo resulta al revés: ¡las formas superiores de lucha, que nunca ni en ninguna parte del mundo han tenido éxito sin la embestida directa de las masas, son recomendadas en primer plano como «posibles» en una época de reacción aguda, mientras que las formas inferiores de lucha, que presuponen no tanto la ruptura directa de la ley por la lucha de masas, sino la utilización de la ley para la propaganda y la agitación que preparan la conciencia de las masas para la lucha, son declaradas «imposibles»!!

Los otzovistas y sus «eliminados» corifeos oyeron y aprendieron de memoria que el bolchevismo considera la lucha directa de las masas, que incorpora al movimiento incluso a las tropas (es decir, a la parte más endurecida de la población, la menos móvil, la más protegida de la propaganda, etc.) y convierte las acciones combativas en un verdadero inicio de la insurrección, como una forma de movimiento superior, y la actividad parlamentaria sin movimiento directo de las masas como una forma de movimiento inferior. Los otzovistas y sus corifeos, como Maximov, esto lo oyeron y lo aprendieron de memoria, pero no lo entendieron, y por eso hicieron el ridículo. Lo superior significa «brillante», piensa el otzovista y el camarada Maximov: ¡vamos, gritaré «más brillantemente»: seguro que resultaré el más revolucionario de todos, y eso de discernir qué es cada cosa, eso es del maligno!

Escuchen ahora el razonamiento de Maximov (continuamos la cita donde la interrumpimos):

«...La fuerza mecánica de la reacción rompe el vínculo de la fracción del partido ya creada con las masas y dificulta terriblemente la influencia del partido sobre ella, y esto conduce a la incapacidad de tal representación para llevar a cabo un trabajo organizativo-propagandístico suficientemente amplio y profundo en interés del partido. Al debilitarse el propio partido, no se excluye incluso el peligro de degeneración de la fracción, de su desviación del camino fundamental de la socialdemocracia...».

¿No es verdad que esto es incomparablemente gracioso? Cuando se trata de las formas inferiores, legales, de lucha, entonces empiezan a asustarnos: «la fuerza mecánica de la reacción», «la incapacidad para llevar a cabo un trabajo suficientemente amplio», «el peligro de degeneración». ¡Y cuando se trata de las formas superiores de lucha de clases, que rompen las viejas leyes, entonces «la fuerza mecánica de la reacción» desaparece, no resulta haber «incapacidad» alguna para llevar a cabo un trabajo «suficientemente amplio» en las tropas, y de ningún «peligro de degeneración» de los grupos y escuelas de instructores puede, como es de ver, ni hablarse!

He aquí la mejor justificación de la redacción de *Proletari* de por qué debió eliminar a los militantes políticos que llevan tales ideas a las masas.

Grábenselo bien, oh, injustamente eliminados: cuando existen realmente condiciones de reacción aguda y en aumento, cuando la fuerza mecánica de esta reacción rompe realmente el vínculo con las masas, dificulta un trabajo suficientemente amplio y debilita al partido, justamente entonces la tarea específica del partido pasa a ser el dominio del arma parlamentaria de lucha; y esto no porque, oh, injustamente eliminados, la lucha parlamentaria sea superior a otras formas de lucha; no, es precisamente porque es inferior a ellas, inferior, por ejemplo, a una lucha que arrastra al movimiento de masas incluso al ejército, que crea huelgas de masas, insurrecciones, etc. ¿De qué manera el dominio de una forma inferior de lucha puede convertirse en la tarea específica (es decir, que distingue el momento dado de otros momentos) del partido? Pues de tal manera que, cuanto más fuerte es la fuerza mecánica de la reacción y más debilitado está el vínculo con las masas, tanto más se coloca a la orden del día la tarea de preparar la conciencia de las masas (y no la tarea de la acción directa), tanto más se coloca a la orden del día la utilización de las vías de propaganda y agitación creadas por el viejo poder (y no la embestida directa de las masas contra ese mismo viejo poder).

**II**

Para todo marxista que haya reflexionado por poco que sea sobre la cosmovisión de Marx y Engels, para todo socialdemócrata que esté por poco que sea familiarizado con la historia del movimiento socialista internacional, esta conversión de una de las formas inferiores de lucha en el arma específica de lucha de un momento histórico particular no representa absolutamente nada de sorprendente. Los anarquistas nunca, jamás, han estado en condiciones de comprender esta cosa no compleja. Ahora nuestros otzovistas y sus eliminados corifeos intentan trasladar al medio socialdemócrata ruso los métodos de pensamiento del anarquismo, gritando (al igual que Maximov y Cía.) que en *Proletari* domina la teoría del «parlamentarismo a toda costa».

Para explicar hasta qué punto son poco inteligentes y poco socialdemócratas estos gritos de Maximov y Cía., hay que empezar otra vez por el abecé. Piensen, oh, injustamente eliminados: ¿qué constituye la diferencia específica de la política y la táctica de la socialdemocracia alemana en comparación con los partidos obreros socialistas de otros países? La utilización del parlamentarismo; la conversión del parlamentarismo burgués-junker (en ruso, aproximadamente: octubrista-centenarista) en un arma de educación socialista y de organización de las masas obreras. ¿Significa esto que el parlamentarismo sea la forma superior de lucha del proletariado socialista? Los anarquistas de todo el mundo piensan que sí. ¿Significa esto que los socialdemócratas alemanes sostengan el punto de vista del parlamentarismo a toda costa? Los anarquistas de todo el mundo piensan que sí, y por eso no hay para ellos enemigo más odioso que la socialdemocracia alemana, no hay para ellos blanco más predilecto que los socialdemócratas alemanes. Y en Rusia, cuando nuestros socialrevolucionarios empiezan a coquetear con los anarquistas y a hacer publicidad de su «revolucionarismo», obligatoriamente intentan sacar a relucir unos u otros errores, reales o imaginarios, de los socialdemócratas alemanes y sacar de ahí conclusiones contra la socialdemocracia.

Ahora avancemos. ¿En qué consiste el error del razonamiento de los anarquistas? En que, debido a ideas radicalmente incorrectas sobre el curso del desarrollo social, no saben tener en cuenta las particularidades de la situación política (y económica) concreta en los distintos países, que condicionan la importancia específica, para un período de tiempo determinado, ora de un medio de lucha, ora de otro. En realidad, la socialdemocracia alemana no solo no sostiene el punto de vista del parlamentarismo a toda costa, no solo no subordina todo y a todos al parlamentarismo, sino que, al contrario: justamente ella es la que mejor ha desplegado, en el ejército internacional del proletariado, armas de lucha extrap arlamentarias tales como la prensa socialista, los sindicatos, la utilización sistemática de las asambleas populares, la educación de la juventud en el espíritu socialista, etc., etc.

¿Cuál es, pues, la esencia aquí? Que la conjunción de toda una serie de condiciones históricas hizo del parlamentarismo, para Alemania en un período determinado, el arma específica de lucha, no la principal, no la superior, no la más importante, no la esencial en comparación con otras, sino precisamente la específica, la más característica en comparación con otros países. El saber utilizar el parlamentarismo resultó ser, por tanto, un síntoma (no una condición, sino un síntoma) de la organización modélica de toda la causa socialista, en todas sus ramificaciones arriba enumeradas.

Pasemos de Alemania a Rusia. Quienes pretendieran equiparar por completo las condiciones de uno u otro país, caerían en toda una serie de gravísimos errores. Pero intenten plantear la cuestión como obligatoriamente debe plantearla un marxista: ¿en qué consiste la particularidad específica de la política y la táctica de los socialdemócratas rusos del momento actual? Debemos conservar y fortalecer el partido ilegal, como antes de la revolución. Debemos preparar inflexiblemente a las masas para una nueva crisis revolucionaria, como en 1897-1903. Debemos fortalecer por todos los medios el vínculo del partido con la masa, desarrollar y utilizar con fines socialistas todas las organizaciones obreras posibles, como siempre y en todas partes lo hacen todos los partidos socialdemócratas. La particularidad específica del momento es precisamente el intento (y el intento fallido) de la vieja autocracia de resolver las nuevas tareas históricas con ayuda de la Duma octubrista-centenarista. Por eso, la tarea específica de la táctica para los socialdemócratas es la utilización de esta Duma para sus fines, para los fines de la difusión de las ideas de la revolución y de las ideas del socialismo. La cuestión no estriba en que esta tarea específica sea particularmente elevada, en que abra amplias perspectivas, en que iguale o siquiera se aproxime por su importancia a las tareas que surgieron ante el proletariado, por ejemplo, en 1905-1906. No. La cuestión está en que es la particularidad de la táctica del momento actual, su diferencia respecto del período pasado y del período venidero (pues este período venidero, seguramente, nos traerá tareas específicas más complejas, más elevadas, más interesantes que la tarea de utilizar la III Duma). No se puede dominar el momento actual, no se puede resolver todo el conjunto de tareas que él plantea al partido socialdemócrata, sin resolver esta tarea específica del momento, sin convertir la Duma centenarista-octubrista en un arma de agitación socialdemócrata.

Los charlatanes otzovistas parlotean, por ejemplo, siguiendo a los bolcheviques, sobre el balance de la experiencia de la revolución. Pero no entienden lo que dicen. No entienden que en el balance de la experiencia de la revolución entra la defensa de los ideales, las tareas y los métodos de la revolución desde dentro de la Duma. No saber defender, desde dentro de la Duma, a través de nuestros obreros del partido que pueden pasar y que han pasado a esta Duma, esos ideales, tareas y métodos, significa no saber dar el primer paso en la tarea de hacer el balance político de la experiencia de la revolución (pues aquí no se trata, naturalmente, de un balance de la experiencia teórico, en libros e investigaciones). Con este primer paso, nuestra tarea no se agota en absoluto y de ninguna manera. Incomparablemente más importantes que el primer paso serán el segundo y el tercer paso, es decir, la conversión de la experiencia ya asimilada por las masas en bagaje ideológico para una nueva acción histórica. Pero si esos mismos charlatanes otzovistas hablan de la época «interrevolucionaria», deberían comprender (si supieran pensar, supieran razonar a la manera socialdemócrata) que «interrevolucionario» significa precisamente que coloca a la orden del día tareas elementales, preliminares. «Interrevolucionario» es la característica de una situación inestable, indefinida, en la que el viejo poder, habiéndose convencido de la imposibilidad de gobernar con ayuda únicamente de los viejos instrumentos, intenta utilizar un nuevo instrumento en el marco general de los viejos órdenes. Esta es una tentativa internamente contradictoria, imposible, en la que la autocracia marcha de nuevo, marcha inevitablemente hacia la bancarrota, nos conduce de nuevo a la repetición de la gloriosa época y de las gloriosas batallas de 1905. Pero marcha no de la misma manera que marchaba en 1897-1903, conduce al pueblo a la revolución no de la misma manera que lo conducía antes de 1905. Este «no de la misma manera» hay que saber comprenderlo; hay que saber modificar la propia táctica, agregando a todas las tareas fundamentales, universales, primordiales e importantísimas de la socialdemocracia revolucionaria una tarea más, no demasiado grande, pero específica del momento actual, del nuevo momento: la tarea de la utilización socialdemócrata revolucionaria de la Duma centenarista.

Como toda tarea nueva, esta tarea parece más difícil que otras, pues exige de la gente no la simple repetición de consignas aprendidas de memoria (a los otzovistas y a Maximov no les alcanza la inteligencia más que para esta repetición), sino cierta iniciativa, flexibilidad mental, inventiva, trabajo independiente sobre una tarea histórica original. Pero en realidad, esta tarea puede parecer particularmente difícil solo a la gente incapaz de pensar independientemente y de trabajar independientemente: de hecho, esta tarea, como toda tarea específica del momento, es más fácil que otras, pues su realizabilidad reside precisamente en las condiciones del momento dado. En la época de «reacción aguda y en aumento», resolver la tarea de una organización verdaderamente seria de «escuelas y grupos de instructores», es decir, de una organización tal que estuviera realmente vinculada con el movimiento de masas, realmente subordinada a él, es del todo imposible, porque la tarea está planteada de manera estúpida, planteada por gente que ha copiado la formulación de esta tarea de un buen folleto que analiza las condiciones de otro momento. En cambio, resolver la tarea de subordinar al partido de masas y a los intereses de la masa los discursos, las intervenciones, la política de los socialdemócratas en la III Duma, es posible. No es fácil, si se considera «fácil» la repetición de lo aprendido de memoria, pero es realizable. Por más que tensemos ahora todas las fuerzas del partido, no podemos resolver la tarea de la organización socialdemócrata (y no anarquista) de las «escuelas de instructores» en el actual momento «interrevolucionario», pues para la realizabilidad de esta tarea se necesitan condiciones históricas completamente distintas. Por el contrario, tensando todas las fuerzas, resolveremos (y ya estamos empezando a resolver) la tarea de la utilización socialdemócrata revolucionaria de la III Duma, ¡y la resolveremos no para, oh, ofendidos por la eliminación y ofendidos por dios otzovistas y ultimatistas!, elevar el parlamentarismo a un altísimo pedestal, para proclamar el «parlamentarismo a toda costa», sino para que, después de resolver la tarea «interrevolucionaria», correspondiente al actual momento «interrevolucionario», pasar a resolver tareas revolucionarias más elevadas, que corresponderán al momento de mañana, más elevado, es decir, más revolucionario.

**III**

Particularmente curiosos resultan estos gritos estúpidos de Maximov y Cía. sobre el «parlamentarismo a toda costa» en los bolcheviques, desde el punto de vista de la historia real del otzovismo. Es curioso que griten sobre la exageración del parlamentarismo justamente aquellos que crearon y crean una corriente especial exclusivamente sobre la cuestión de su actitud hacia el parlamento. ¿Cómo se llaman ustedes mismos, amabilísimos Maximov y Cía.? Ustedes se llaman a sí mismos «otzovistas», «ultimatistas», «boicotistas». Maximov hasta ahora no se cansa de admirarse a sí mismo como boicotista de la III Duma, y sus raras intervenciones partidarias las acompaña obligatoriamente con la firma: «ponente de los boicotistas en la conferencia de julio de 1907»{44}. Antiguamente, un escritor firmaba: «consejero de Estado actual y caballero». Maximov firma: «ponente de los boicotistas». ¡También todo un caballero!

Con aquella situación política de junio de 1907, cuando Maximov defendió el boicot, el error era aún muy, muy pequeño. Pero cuando en julio de 1909, lanzando una especie de manifiesto, Maximov sigue admirando su «boicotismo» respecto a la III Duma, eso ya es completamente estúpido. Tanto el boicotismo, como el otzovismo, como el ultimatismo – ya estas mismas expresiones significan la creación de una corriente a partir de la cuestión de la actitud hacia el parlamentarismo, ¡y solo a partir de esta cuestión! Y destacarse en esta cuestión, ¡seguir destacándose en esta cuestión (dos años después de que la cuestión fuera resuelta en principio por el partido!), eso es un indicio de una estrechez de miras sin límites. Precisamente quienes actúan así, es decir, los «boicotistas» (de 1909), los otzovistas y los ultimatistas, demuestran con ello que no piensan a la manera socialdemócrata, que elevan el parlamentarismo a un pedestal especial, que, de manera completamente análoga a los anarquistas, crean una corriente a partir de recetas sueltas: boicotear tal o cual Duma, retirarse de tal o cual Duma, lanzar un ultimátum a tal o cual fracción en la Duma. Actuar así significa ser un bolchevique caricaturesco. Entre los bolcheviques, la corriente se define por su visión general de la revolución rusa, y mil veces han subrayado los bolcheviques (como previniendo de antemano a los menores de edad políticos) que identificar bolchevismo con boicotismo o con combatismo es una deformación absurda y una vulgarización de los puntos de vista de la socialdemocracia revolucionaria. Nuestro punto de vista sobre la obligatoriedad de la participación de los socialdemócratas en la III Duma, por ejemplo, se deriva con inevitabilidad de nuestro punto de vista sobre el momento actual, sobre los intentos de la autocracia de dar un paso adelante por la vía de la creación de una monarquía burguesa, sobre la importancia de la Duma como organización de las clases contrarrevolucionarias en una institución representativa a escala nacional. Así como los anarquistas ponen de manifiesto el cretinismo parlamentario al revés cuando singularizan la cuestión del parlamento del conjunto de la cuestión de la sociedad burguesa en general e intentan crear una corriente a partir de gritos dirigidos contra el parlamentarismo burgués (aunque la crítica del parlamentarismo burgués es en principio homogénea con la crítica de la prensa burguesa, del sindicalismo burgués, etc.), así nuestros otzovistas-ultimatistas-boicotistas ponen de manifiesto un menchevismo completamente análogo al revés cuando se singularizan como corriente en la cuestión de la actitud hacia la Duma, en la cuestión de los medios de lucha contra las desviaciones de la fracción socialdemócrata en la Duma (¡y no contra las desviaciones de los literatos burgueses que se meten de paso en la socialdemocracia, etc.!).

Hasta las columnas de Hércules llegó este cretinismo parlamentario al revés en el famoso razonamiento del jefe de los otzovistas de Moscú, encubierto por Maximov: ¡la retirada de la fracción debe subrayar que la revolución no ha sido enterrada!{45}. Y Maximov, con la frente serena, no tiene empacho en declarar públicamente: «Los otzovistas nunca (¡oh, por supuesto, nunca!) se han pronunciado en el sentido del antiparlamentarismo en general».

Este encubrimiento de los otzovistas por Maximov y Cía. es uno de los rasgos más característicos de la fisonomía de la nueva fracción, y debemos detenernos en este rasgo con tanto mayor detalle por cuanto el público desinformado pica a menudo en este anzuelo de los amargamente quejosos eliminados. El encubrimiento consiste, en primer lugar, en que Maximov y Cía. declaran sin cesar, golpeándose el pecho: ¡nosotros no somos otzovistas, nosotros no compartimos en absoluto las opiniones de los otzovistas! En segundo lugar, Maximov y Cía. acusan a los bolcheviques de exagerar la lucha contra los otzovistas. Se repite punto por punto la historia de la actitud de los «rabochedeltsi» (de 1897-1901) hacia los «rabochemislentsi»{46}. Nosotros no somos «economistas», exclamaban golpeándose el pecho los rabochedeltsi, no compartimos los puntos de vista de «Rabóchaya Mysl», discutimos con ella (¡exactamente igual que Maximov «discutía» con los otzovistas!), ¡son los malvados iskristas los que nos han calumniado, nos han difamado, han «hinchado» el «economismo», etc., etc., etc.! Por eso, entre los rabochemislentsi – economistas abiertos y honestos – había no poca gente que erraba sinceramente, sin miedo a defender su opinión, y a los que no se les podía negar respeto; en cambio, en la compañía de la emigración de «Rabócheie Dielo» predominaba la intriga específica, el borrado de huellas, el juego del escondite, el engaño al público. Exactamente igual es la actitud de los otzovistas consecuentes y abiertos (como los conocidos en los círculos del partido Vsévolod y Stanislav) hacia la compañía emigrada de Maximov.

No somos otzovistas, grita esta compañía. Pero obliguen a cualquiera de ellos a decir un par de palabras sobre la situación política actual y las tareas del partido, y oirán íntegramente todos los razonamientos otzovistas, ligeramente aguados (como hemos visto en Maximov) con el agüilla de las salvedades jesuíticas, añadidos, silencios, suavizaciones, embrollos, etc. Este jesuitismo no los libera a ustedes, oh, injustamente eliminados, de la acusación de ineptitud otzovista, sino que decuplica su culpa, pues la confusión ideológica encubierta corrompe cien veces más al proletariado, perjudica cien veces más al partido[10].

No somos otzovistas, grita Maximov y Cía. Y sin embargo, desde junio de 1908, al salir de la redacción restringida de *Proletari*, Maximov formó una oposición oficial dentro del colegio, exigió y obtuvo la libertad de discusión para esta oposición, exigió y obtuvo una representación especial para la oposición en los órganos ejecutivos más importantes vinculados a la difusión del periódico y a la organización. Se sobreentiende que, desde ese mismo momento, es decir, durante más de un año, todos los otzovistas han militado siempre en las filas de esta oposición, que organizó conjuntamente la agencia en Rusia, que montó conjuntamente, con fines de agencia, la escuela en el extranjero (de ella hablaremos más abajo), etc., etc.

No somos otzovistas, grita Maximov y Cía. Y sin embargo, en la Conferencia Panrusa del Partido de diciembre de 1908, cuando los otzovistas más honestos de esta oposición se singularizaron ante todo el partido como un grupo especial, como una corriente ideológica especial, y obtuvieron en calidad de tal el derecho a presentar a su propio orador (la conferencia acordó que solo las corrientes ideológicas especiales u organizaciones especiales podían presentar – dada la brevedad del plazo – un orador especial), el orador de la fracción otzovista resultó ser – ¡por razones puramente casuales! ¡por razones completamente casuales! – el camarada Maximov...

Este engaño al partido mediante el encubrimiento del otzovismo es practicado sistemáticamente por el grupo emigrado de Maximov. En mayo de 1908, el otzovismo sufrió una derrota en la lucha abierta: lo hundió la conferencia de toda la ciudad de Moscú por 18 votos contra 14 (en esta región, en julio de 1907, casi todos los socialdemócratas sin excepción eran boicotistas, pero supieron, a diferencia de Maximov, ya para junio de 1908, comprender que empeñarse en el «boicot» a la III Duma sería una estupidez imperdonable). Después de esto, el camarada Maximov organiza en el extranjero una oposición formal a *Proletari* y comienza una discusión, nunca antes practicada, en las páginas del órgano periódico bolchevique. Y he aquí que cuando, en otoño de 1908, en las elecciones a la Conferencia Panrusa, toda la organización de Petersburgo se divide en otzovistas y no otzovistas (expresión de los obreros), cuando en todos los distritos y subdistritos de Petersburgo se llevan a cabo discusiones sobre la plataforma, no de bolcheviques y mencheviques, sino de otzovistas y no otzovistas, la plataforma de los otzovistas se esconde de los ojos del público. No se envía a *Proletari*. No se deja pasar a la prensa. En la Conferencia Panrusa de diciembre de 1908, no se comunica al partido. Solo después de la conferencia, ante las insistentes exigencias de la redacción, esta plataforma nos fue entregada e impresa por nosotros en el número 44 de *Proletari* («Resolución de los otzovistas de Petersburgo»).

En la región de Moscú, el conocido jefe de los otzovistas «editó» el artículo de un obrero otzovista publicado en el número 5 de «Rabócheie Znamia»{47}, pero la plataforma propia del jefe no la hemos recibido hasta ahora. Sabemos perfectamente que todavía en la primavera de 1909, cuando se hacían los preparativos para la conferencia regional de la región industrial central, la plataforma del jefe de los otzovistas se leía y circulaba de mano en mano. Sabemos por comunicaciones de los bolcheviques que en esta plataforma había perlas de razonamiento no socialdemócrata en cantidad aún incomparablemente mayor que en la de Petersburgo. Pero el texto de la plataforma no nos fue entregado; probablemente, también por razones tan casuales, completamente casuales, como aquellas por las que Maximov habló en la conferencia como plenipotenciario de la fracción de los otzovistas.

La cuestión de la utilización de las posibilidades legales, Maximov y Cía. también la encubrieron con una frase «lisa» de que eso «se sobreentiende». Sería interesante saber si esto «se sobreentiende» ahora también para los jefes prácticos de la fracción de Maximov, los camaradas Liadov y Stanislav, quienes hace todavía tres meses hicieron aprobar en la Oficina Regional de la Región Industrial Central, que entonces estaba en sus manos (la misma composición de la Oficina Regional que aprobó la famosa «escuela»; la composición de la Oficina Regional ha cambiado ahora), una resolución contra la participación de los socialdemócratas en el congreso de médicos de fábricas y talleres. Como es sabido, este fue el primer congreso en el que los socialdemócratas revolucionarios eran mayoría. Y contra la participación en este congreso hicieron agitación todos los más destacados otzovistas y ultimatistas, declarando «traición a la causa del proletariado» la participación en él. Y Maximov borra las huellas: «se sobreentiende». «Se sobreentiende» que los otzovistas y ultimatistas más francos socavan abiertamente en Rusia el trabajo práctico, y Maximov y Cía., a quienes las glorias de Krichevski y Martínov no les dejan dormir, encubren la esencia del asunto: no hay divergencias de ningún tipo, no hay adversarios de la utilización de las posibilidades legales.

La restauración de los órganos del partido en el extranjero, de los grupos en el extranjero para la organización de las comunicaciones, etc., conduce inevitablemente también a la repetición de los viejos abusos, contra los cuales es necesario luchar del modo más implacable. Se repite enteramente la historia con los «economistas», que en Rusia hacían agitación contra la lucha política, y en el extranjero se encubrían con «Rabócheie Dielo». Se repite enteramente la historia con el «credo» democrático-burgués (credo = símbolo de fe), que en Rusia era propagado por Prokopóvich y Cía. y que, contra la voluntad de los autores, fue hecho público en la prensa por los socialdemócratas revolucionarios{48}. No hay nada más corrosivo para el partido que este juego del escondite, que esta utilización de las difíciles condiciones del trabajo ilegal contra la publicidad partidaria, que este jesuitismo, cuando Maximov y Cía., actuando íntegramente y en todo codo a codo con los otzovistas, se golpean el pecho en letra impresa, asegurando que todo este otzovismo es hinchado adrede por *Proletari*.

No somos leguleyos ni formalistas, sino hombres de trabajo revolucionario. Para nosotros no son importantes las diferencias verbales que se pueden establecer entre otzovismo, ultimatismo, «boicotismo» (a la III Duma). Para nosotros es importante el contenido real de la propaganda y la agitación socialdemócrata. Y si, bajo el pabellón del bolchevismo, en los círculos ilegales rusos se predican puntos de vista que no tienen nada en común ni con el bolchevismo, ni con la socialdemocracia en general, entonces la gente que impide el desenmascaramiento completo de esos puntos de vista, la explicación completa de su carácter erróneo ante todo el partido, esa gente actúa como enemiga del proletariado.

**IV**

En la cuestión de la construcción de dios, estas gentes también se mostraron tal cual son. La redacción ampliada de *Proletari* adoptó y publicó dos resoluciones sobre esta cuestión: una sobre el fondo del asunto, la otra especialmente sobre la protesta de Maximov. Cabe preguntar: ¿qué dice ahora ese Maximov en su «Informe»? Escribe el «Informe» para borrar las huellas, totalmente en el espíritu de aquel diplomático que decía que la lengua le fue dada al hombre para ocultar sus pensamientos{49}. Se difunden unas «informaciones inexactas» sobre la orientación «supuestamente constructora de dios» de la compañía de Maximov, y nada más.

«Informaciones inexactas», ¿dice usted? ¡Oh, no, amabilísimo! Usted ha borrado aquí las huellas precisamente porque conoce perfectamente la exactitud completa de las «informaciones» referentes a la construcción de dios que posee *Proletari*. Usted sabe perfectamente que esas «informaciones», tal como se expone en la resolución hecha pública, se refieren en primer lugar a las obras literarias que emanan de su compañía de literatos. Esas obras literarias han sido indicadas con absoluta exactitud en nuestra resolución; en ella solo no se ha agregado – no podía agregarse en una resolución – que desde hace alrededor de un año y medio el más fuerte descontento con la «construcción de dios» de sus correligionarios se expresa entre los círculos dirigentes de los bolcheviques, y que precisamente sobre este terreno (además del terreno indicado más arriba) la nueva fracción de bolcheviques caricaturescos nos envenenaba toda posibilidad de trabajo con evasivas, astucias, quisquillosidades, pretensiones, querellas. Una de las más notables de estas querellas es particularmente bien conocida por Maximov, pues se trata de la protesta, escrita y presentada formalmente a la redacción de *Proletari*, contra la inserción del artículo «No por el camino» (número 42 de *Proletari*). ¿Tal vez también esto son «informaciones inexactas», oh, injustamente eliminado? ¿Tal vez también esto fue una «supuesta protesta»?

No, mire usted, la política de borrar las huellas no siempre tiene éxito, y en nuestro partido no le resultará nunca a usted. No hay que jugar al escondite ni tratar de hacer melindrosamente un secreto de lo que es conocido por todo aquel que se interese por la literatura rusa y la socialdemocracia rusa. Hay una compañía de literatos que inunda nuestra literatura legal, con la ayuda de varias editoriales burguesas, con una prédica sistemática de la construcción de dios. A esta compañía pertenece también Maximov. Esta prédica se ha vuelto sistemática precisamente en el último año y medio, cuando la burguesía rusa, para sus fines contrarrevolucionarios, ha necesitado reanimar la religión, elevar la demanda de religión, inventar la religión, injertar en el pueblo o reforzar de nuevo en el pueblo la religión. La prédica de la construcción de dios ha adquirido, por tanto, un carácter social, político. Así como en el período de la revolución la prensa burguesa besuqueó a los mencheviques más celosos por su amor a los kadetes, en el período de la contrarrevolución la prensa burguesa besuquea a los constructores de dios provenientes de – ¡vaya broma! – de entre los marxistas e incluso de entre los «también bolcheviques». Y cuando el órgano oficial del bolchevismo declaró en un artículo editorial que el bolchevismo no va por el camino de semejante prédica (esta declaración en la prensa fue hecha después del fracaso de innumerables intentos, por medio de cartas y conversaciones personales, de inducir a poner fin a la vergonzosa prédica), entonces el camarada Maximov presentó una protesta formal por escrito a la redacción de *Proletari*. Él, Maximov, fue elegido por el Congreso de Londres{50}, y por eso su «derecho adquirido» ha sido violado por quienes se han atrevido a renegar oficialmente de la vergonzosa prédica de la construcción de dios. «¡Pero qué, ¿acaso nuestra fracción está en servidumbre de los literatos constructores de dios?!». Esta observación se escapó durante una escena tormentosa en la redacción, en boca del camarada Marat; sí, sí, de ese mismo camarada Marat que es tan modesto, benévolo, conciliador, bondadoso, que hasta ahora no puede decidir bien si ir con los bolcheviques o con los divinos otzovistas.

¿O tal vez todo esto también son «informaciones inexactas», oh, injustamente eliminado Maximov? ¿No hay ninguna compañía de literatos constructores de dios, no hubo ninguna defensa de ellos por parte de Usted, no hubo su protesta contra el artículo «No por el camino»? ¿Eh?

De las «informaciones inexactas» acerca de la orientación constructora de dios habla el camarada Maximov en su «Informe» a propósito de la escuela en el extranjero que está organizando la nueva fracción. El camarada Maximov subraya tan enfáticamente esta «organización de la primera (cursiva de Maximov) escuela del partido en el extranjero», lleva al público tan enfáticamente por las narices en esta cuestión, que habrá que hablar de la famosa «escuela» más detenidamente.

El camarada Maximov se queja amargamente:

«Ni una sola tentativa, no ya de prestar asistencia a la escuela, sino siquiera de tomar en sus manos el control sobre ella, se hizo por parte de la redacción (de *Proletari*); difundiendo informaciones falsas, conseguidas no se sabe de dónde, sobre la escuela, la redacción no hizo a los organizadores de la escuela ni una sola pregunta con el fin de verificar esas informaciones. Tal fue la actitud de la redacción hacia todo este asunto».

Así. Así. «Ni una sola tentativa siquiera de tomar en sus manos el control sobre la escuela...». El jesuitismo de Maximov en esta frase ha llegado a tal punto que se delata a sí mismo.

Recuerde, lector, la residencia de Yeroguin en la época de la primera Duma. El exjefe territorial (o algún caballero burócrata por el estilo) Yeroguin organizó en Petersburgo una residencia para los diputados campesinos que llegaban, deseando prestar asistencia a las «miras del gobierno». Los inexpertos mujiks aldeanos, al llegar a la capital, eran interceptados por los agentes de Yeroguin y dirigidos a la residencia de Yeroguin, donde, naturalmente, encontraban una escuela en la que se refutaban las doctrinas torcidas de los «izquierdistas», se cubrían de basura a los trudoviques, etc., y en la que los novicios miembros de la Duma aprendían la sabiduría estatal «auténticamente rusa». Por suerte, la ubicación de la Duma de Estado en Petersburgo obligó a Yeroguin a instalar su residencia también en Petersburgo, y como Petersburgo es un centro suficientemente amplio y libre de vida ideológica y política, naturalmente, los diputados de Yeroguin muy pronto empezaron a abandonar la residencia de Yeroguin y a emigrar al campo de los trudoviques o al campo de los diputados independientes. De la empresa de Yeroguin solo resultó vergüenza, tanto para él como para el gobierno.

Ahora imagínese, lector, que una residencia similar a la de Yeroguin se instala no en un Petersburgo del extranjero, sino en un Tsariovokokshaisk del extranjero. Si usted se imagina esto, deberá estar de acuerdo en que los Yeroguin otzovistas-constructores de dios utilizaron su conocimiento de Europa para resultar más astutos que el Yeroguin auténticamente ruso. Gentes que se autodenominan bolcheviques reunieron su propia caja, independiente de aquella única caja bolchevique general, que nosotros sepamos, de la cual se cubren los gastos de edición y difusión de *Proletari*, organizaron su propia agencia, llevaron a varios de «sus» agitadores a Tsariovokokshaisk, trajeron allí a varios obreros socialdemócratas del partido y proclamaron esta residencia de Yeroguin (escondida del partido en Tsariovokokshaisk) como la «primera escuela del partido» (del partido, porque está escondida del partido) «en el extranjero».

Nos apresuramos a hacer la salvedad – en vista de que el eliminado camarada Maximov ha planteado con especial celo la cuestión de si su eliminación es legal o antilegal (sobre esta cuestión, más abajo) –, nos apresuramos a hacer la salvedad de que en el modo de actuar de los yeroguinistas otzovistas-constructores de dios no hay absolutamente nada «antilegal». Absolutamente nada. Todo es aquí plenamente legal. Es legal que los correligionarios del partido se agrupen juntos. Es legal que los correligionarios reúnan una caja y emprendan una empresa común de propaganda y agitación. Es legal que como forma de esta empresa deseen elegir en el momento actual, pongamos por ejemplo, no un periódico, sino una «escuela». Es legal que la consideren oficialmente del partido, desde el momento en que la organizan miembros del partido y hay al menos una organización cualquiera del partido que asume la responsabilidad política e ideológica por la empresa. Todo aquí es plenamente legal y todo sería muy bueno, si... si no hubiera jesuitismo, si no hubiera hipocresía, si no hubiera engaño a su propio partido.

¿Acaso no es un engaño al partido si ustedes subrayan públicamente el carácter partidario de la escuela, es decir, se limitan a la cuestión de su legalidad formal y no mencionan los nombres de los iniciadores y organizadores de la escuela, es decir, silencian la orientación ideológico-política de la escuela como empresa de una nueva fracción en nuestro partido? En la redacción de *Proletari* había dos «papelitos» sobre esta escuela (las comunicaciones de la redacción con Maximov ya desde hace más de un año no se realizan sino mediante «papelitos» y notas diplomáticas). El primer papelito no estaba firmado en absoluto, absolutamente por nadie: era simplemente una disquisición sobre la utilidad de la instrucción y sobre el valor instructivo de las instituciones llamadas escuelas. El segundo papelito estaba firmado por testaferros. Ahora, interviniendo en letra impresa ante el público con el elogio de la «primera escuela del partido en el extranjero», el camarada Maximov continúa silenciando el carácter fraccional de la escuela.

Esta política de jesuitismo perjudica al partido. Esta «política» la desenmascararemos. Los iniciadores y organizadores de la escuela son de hecho los camaradas «Ye» (llamemos así al conocido en todo el partido jefe de los otzovistas moscovitas, que leyó ponencias sobre la escuela, organizó la escuela de alumnos y fue elegido por varios círculos obreros como lector), Maximov, Lunacharski, Liadov, Aleksinski, etc. No sabemos, ni nos interesa saber, qué papel en particular han desempeñado unos u otros de estos camaradas, cómo se distribuyen en las diferentes instituciones oficiales de la escuela, en su «Consejo», en su «comisión ejecutiva», en su colegio de lectores, etc. No sabemos qué camaradas «no fraccionales» pueden en tal o cual caso aislado complementar esta compañía. Todo esto no tiene ninguna importancia. Nosotros afirmamos que la orientación ideológico-política real de esta escuela, como nuevo centro fraccional, está determinada precisamente por los nombres mencionados, y que, al ocultar esto al partido, Maximov lleva una política de jesuitismo. No es malo que en el partido haya surgido un nuevo centro fraccional; nosotros no pertenecemos en absoluto a la gente que no es reacia a hacerse un capitalito político con gritos barato-populares contra el fraccionalismo; al contrario, es bueno que un matiz particular haya tenido la posibilidad de expresarse particularmente en el partido, si tal existe. Lo malo es que se engaña al partido, y se engaña a los obreros que simpatizan – como es natural – con toda escuela, como con toda empresa instructiva.

¿Acaso no es hipocresía cuando el camarada Maximov se queja ante el público de que la redacción de *Proletari* no ha querido «siquiera» («¡siquiera!») «tomar en sus manos el control sobre la escuela»? ¡Piensen nomás!: en junio de 1908, el camarada Maximov salió de la redacción restringida de *Proletari*; desde entonces, la lucha interna en la fracción bolchevique prosigue casi ininterrumpidamente de mil formas; Aleksinski, en el extranjero, «Ye» y Cía., en el extranjero y en Rusia, repiten de mil maneras, siguiendo a Maximov, todas las benditas tonterías otzovistas-constructoras de dios contra *Proletari*. Maximov presenta protestas escritas y formales contra el artículo «No por el camino»; todos los que, aunque sea de oídas, conocen los asuntos del partido hablan de la inminente e inevitable escisión entre los bolcheviques (¡basta señalar que el menchevique Dan, en la Conferencia Panrusa de diciembre de 1908, declaró públicamente en una reunión oficial: «¿Quién no sabe que los bolcheviques acusan ahora a Lenin de traicionar al bolchevismo!»?), ¡y el camarada Maximov, haciéndose el inocente, pero de verdad que el inocente, como un bebé, pregunta al respetable público: ¿por qué la redacción de *Proletari* no ha querido «siquiera» tomar en sus manos el control sobre la escuela del partido en el Tsariovokokshaisk constructor de dios? ¡«Control» sobre la escuela! ¡Partidarios de *Proletari* en calidad de «inspectores» que asisten a las lecciones de Maximov, Lunacharski, Aleksinski y Cía.! Bueno, ¿a qué jugar esta comedia indigna, vergonzosa? ¿A qué? ¿A qué hacer comulgar al público con ruedas de molino enviando «programas» e «informes» de la «escuela» que no dicen nada, en lugar de reconocer directa y abiertamente a los dirigentes ideológicos e inspiradores del nuevo centro fraccional?

¿A qué? – Daremos ahora mismo la respuesta a esta pregunta, pero antes terminemos con la cuestión de la escuela: Tsariovokokshaisk puede alojarse en Petersburgo y trasladarse (al menos en su mayor parte) a Petersburgo, pero Petersburgo no puede ni alojarse en Tsariovokokshaisk, ni trasladarse a Tsariovokokshaisk. Quien de entre los alumnos de la nueva escuela del partido sea más enérgico, más independiente, sabrá encontrar el camino desde la estrecha y nueva fracción hacia el amplio partido, desde la «ciencia» de los otzovistas y constructores de dios hacia la ciencia de la socialdemocracia en general y del bolchevismo en particular. Y quien quiera limitarse a la instrucción de Yeroguin, con ese no hay nada que hacer. La redacción de *Proletari* está dispuesta a prestar, y prestará, toda clase de ayuda a todos los obreros, cualesquiera que sean sus puntos de vista, siempre que quieran trasladarse (o viajar) del Tsariovokokshaisk de la emigración al Petersburgo de la emigración y conocer los puntos de vista del bolchevismo. La política hipócrita de los organizadores e iniciadores de la «primera escuela del partido en el extranjero» la desenmascararemos ante todo el partido.

**V**

«¿A qué toda esta hipocresía de Maximov?», preguntábamos, y aplazamos la respuesta a esta pregunta hasta terminar la conversación sobre la escuela. Pero, hablando con rigor, no es la pregunta «¿a qué?», sino la pregunta «¿por qué?» la que merece aquí ser aclarada. Sería incorrecto pensar que la política hipócrita es llevada a cabo por todos los miembros de la nueva fracción conscientemente, con un fin determinado. No. La cosa es que en la situación misma de esta fracción, en las condiciones de su aparición y de su actividad, hay causas (no conscientes para muchos otzovistas y constructores de dios) que engendran la política hipócrita.

Hace mucho que se ha dicho que la hipocresía es el tributo que el vicio paga a la virtud. Pero este dicho pertenece al ámbito de la moral personal. En relación con las corrientes ideológico-políticas, hay que decir que la hipocresía es el encubrimiento al que se agarran grupos internamente no homogéneos, compuestos de elementos heterogéneos, casualmente reunidos, que se sienten débiles para una intervención abierta, directa.

La composición de la nueva fracción determina que ella se haya agarrado a este encubrimiento. El estado mayor de la fracción de los divinos otzovistas está formado por filósofos no reconocidos, constructores de dios puestos en ridículo, otzovistas convictos de ineptitud anarquista y de frase revolucionaria desenfrenada, ultimatistas enredados y, por último, aquellos (pocos, por suerte, en la fracción bolchevique) combatientes que han considerado por debajo de su dignidad el paso al trabajo socialdemócrata revolucionario, poco visible, modesto, desprovisto de brillo externo y de «esplendor», correspondiente a las condiciones y tareas de la época «interrevolucionaria», y a quienes Maximov satisface con la frase «brillante» sobre las escuelas y grupos de instructores... ¡en 1909! Lo único que suelda firmemente en el momento actual a estos elementos variopintos es el odio ardiente hacia *Proletari*, y un odio más que merecido por él, odio porque ni una sola tentativa de estos elementos de obtener en *Proletari* su expresión, o aunque sea su reconocimiento indirecto, o la más mínima defensa y encubrimiento, ha quedado jamás sin el más decidido rechazo.

«Abandona toda esperanza para siempre»: esto es lo que decía a estos elementos *Proletari* con cada uno de sus números, con cada reunión de redacción, con cada intervención sobre cualquier cuestión de actualidad de la vida del partido.

Y he aquí que, cuando las cuestiones de actualidad resultaron ser (resultaron en virtud de las condiciones objetivas del desarrollo de nuestra revolución y de nuestra contrarrevolución) en el campo de la literatura: la construcción de dios y los fundamentos teóricos del marxismo, y en el campo del trabajo político: la utilización de la III Duma y de la tribuna de la tercera Duma por la socialdemocracia, entonces estos elementos se soldaron y se produjo el estallido natural e inevitable.

Como todo estallido, se produjo de repente, no en el sentido de que las tendencias no se perfilaran antes, de que no hubiera manifestaciones aisladas de estas tendencias, sino en el sentido de que la soldadura política de tendencias variopintas, inclusive de tendencias muy alejadas de la política, resultó casi súbita. El público amplio, por tanto, tiende, como siempre, a sucumbir ante todo a la explicación pequeño-burguesa de la nueva escisión, a explicarla por las malas cualidades de tal o cual dirigente, por la influencia del extranjero y del espíritu de círculo, etc., etc. No hay duda de que el extranjero, al convertirse en el lugar inevitable, dadas las condiciones objetivas, de la base de operaciones de todas las organizaciones revolucionarias centrales, ha impreso su sello sobre la forma de la escisión. No hay duda de que en esta forma han incidido también las particularidades de ese círculo de literatos que con uno de sus costados entraba en la socialdemocracia. Llamamos explicación pequeño-burguesa no a tener en cuenta estas circunstancias, incapaces de explicar nada más que la forma, los motivos, la «historia externa» de la escisión, sino a la falta de voluntad o incapacidad de entender las bases, causas y raíces ideológico-políticas de la divergencia.

La incomprensión de estas bases por la nueva fracción es también la fuente de que se haya agarrado al viejo encubrimiento, borrando las huellas, negando la ligazón indisoluble con el otzovismo, etc. La incomprensión de estas bases provoca, por parte de la nueva fracción, la especulación con la explicación pequeño-burguesa de la escisión y con la simpatía pequeño-burguesa.

En efecto, ¿acaso no es especular con la simpatía pequeño-burguesa que Maximov y Cía. se lamenten ahora públicamente de su «expulsión», de su «eliminación»? Dadnos la limosnita de vuestra simpatía, por el amor de cristo, a los inocentemente expulsados, a los injustamente eliminados... Que este procedimiento está calculado con precisión infalible sobre la simpatía pequeño-burguesa lo demuestra el hecho original de que hasta el camarada Plejánov, enemigo de toda construcción de dios, de toda «nueva» filosofía, de todo otzovismo y ultimatismo, etc., incluso el camarada Plejánov dio la limosnita por el amor de cristo, aprovechando los lloriqueos de Maximov, y llamó a los bolcheviques por este motivo una vez más, y otra más, «duros de cerviz» (ver «Diario de un Socialdemócrata» de Plejánov, agosto de 1909). Si Maximov ha mendigado la limosnita de la simpatía incluso de Plejánov, pueden ustedes imaginarse, lector, cuántas lágrimas de simpatía por Maximov serán derramadas por los elementos pequeño-burgueses dentro de la socialdemocracia y alrededor de la socialdemocracia a propósito de la «expulsión» y «eliminación» de los buenos, bienintencionados y modestos otzovistas y constructores de dios.

La cuestión de la «expulsión» y la «eliminación» es elaborada por el camarada Maximov tanto desde el lado formal como en el fondo del asunto. Veamos esta elaboración.

Desde el lado formal, la eliminación de Maximov es «antilegal», nos dicen los eliminados, y «nosotros no reconocemos esta eliminación», pues Maximov «fue elegido por el congreso bolchevique, es decir, por la parte bolchevique del congreso del partido». Al leer la hoja de Maximov y Nikolaev, el público ve una acusación grave («eliminación antilegal»), sin recibir ni su formulación precisa, ni material para juzgar el asunto. Pero precisamente ese es siempre el procedimiento de la parte conocida en las escisiones de la emigración: oscurecer la divergencia de principio, encubrirla, silenciar las disputas ideológicas, esconder a sus amigos ideológicos y hacer el mayor ruido posible sobre los conflictos organizativos, que el público no está en condiciones de analizar con exactitud ni tiene derecho a analizar en detalle. Así actuaban los rabochedeltsi en 1899, gritando que no había ningún «economismo», sino que Plejánov había robado una imprenta. Así actuaban los mencheviques en 1903, gritando que no había en ellos ningún viraje al rabochedelchestvo, sino que Lenin había «expulsado» o «eliminado» a Potrésov, Axelrod y Zasúlich, etc. Así actúa la gente que especula con los aficionados de la emigración al escandalito, a la sensación. No hay otzovismo, ni hay construcción de dios, sino la «eliminación antilegal» de Maximov por «la mayoría de la redacción», que desea «dejar en su plena disposición» «los bienes de toda la fracción»; vénganse a nuestra tiendecita, señores, les contaremos sobre esto lo más picante que haya...

¡Viejo procedimiento, camaradas Maximov y Nikolaev! No pueden sino romperse el cuello los políticos que recurren a este procedimiento.

De «antilegalidad» hablan nuestros «eliminados» porque consideran que la redacción de *Proletari* no tiene derecho a decidir la cuestión de la suerte de la fracción bolchevique y de su escisión. Muy bien, señores. Si la redacción de *Proletari* y los 15 bolcheviques miembros del CC y candidatos al CC elegidos en el Congreso de Londres no tienen derecho a representar a la fracción bolchevique, entonces ustedes tienen la plena posibilidad de declararlo públicamente y de emprender una campaña por el derrocamiento o la reelección de esa representación indigna. Y ustedes han emprendido esa campaña, y solo después de haber sufrido una cierta serie de ciertos fracasos, han preferido quejarse y lloriquear. Si ustedes han planteado la cuestión del congreso o conferencia de los bolcheviques, camaradas Maximov y Nikolaev, ¿por qué no han contado al público que el camarada «Ye» hace varios meses presentó ya al Comité de Moscú un proyecto de resolución sobre la desconfianza hacia *Proletari* y sobre la conferencia de los bolcheviques para elegir un nuevo centro ideológico de los bolcheviques?

¿Por qué han silenciado esto, oh, injustamente eliminados?

¿Por qué han silenciado que la resolución de «Ye» fue rechazada por todos los votos contra el suyo solo?

¿Por qué han silenciado que en otoño de 1908, en toda la organización de Petersburgo, hasta las bases, se desarrolló una lucha en torno a las plataformas de dos corrientes en el bolchevismo, otzovistas y adversarios del otzovismo, y los otzovistas sufrieron una derrota?

Maximov y Nikolaev quieren lloriquear ante el público porque ellos han sufrido una derrota repetidas veces en Rusia. Tanto «Ye» como los otzovistas de Petersburgo tenían derecho, sin esperar conferencia alguna y sin publicar sus plataformas ante todo el partido, a luchar contra el bolchevismo hasta las bases.

Pero la redacción de *Proletari*, que desde junio de 1908 declaró la guerra abierta al otzovismo, ¿no tenía derecho, después de un año de lucha, de discusiones, de roces, conflictos, etc., después de convocar a tres delegados de las regiones de Rusia y a varios miembros rusos de la redacción ampliada, que no habían participado en ningún choque en el extranjero, no tenía derecho a declarar lo que es, a declarar que Maximov se ha escindido de ella, a declarar que el bolchevismo no tiene nada en común con el otzovismo, el ultimatismo y la construcción de dios?

¡Dejen de ser hipócritas, señores! Ustedes han combatido allí donde se consideraban particularmente fuertes, y han sufrido una derrota. Han llevado el otzovismo a las masas en contra de la decisión del centro oficial de los bolcheviques y sin esperar ninguna conferencia especial. ¡Y ahora se ponen a lloriquear y a quejarse porque han resultado ser una minoría ridículamente insignificante en la redacción ampliada, en la Conferencia con participación de delegados de las regiones!

Estamos de nuevo ante un procedimiento puramente rabochedelista de los emigrados: jugar a la «democracia» cuando no existen las condiciones para una democracia plena, especular con atizar todo descontento contra el «extranjero» y al mismo tiempo dirigir desde ese mismo extranjero (mediante la «escuela») su propaganda otzovista-constructora de dios, iniciar la escisión entre los bolcheviques y quejarse luego de la escisión, organizar su propia fracción (bajo el encubrimiento de la «escuela») y derramar hipócritamente lágrimas por la política «escisionista» de *Proletari*.

¡No, basta ya de esta querella! La fracción es una unión libre de correligionarios dentro del partido, y después de una lucha de más de un año, de lucha tanto en Rusia como en el extranjero, teníamos el pleno derecho, estábamos obligados a sacar una conclusión terminante. Y la hemos sacado. Ustedes tienen el pleno derecho a luchar contra ella, a exponer su plataforma, a conquistar con ella la mayoría. Si no hacen esto, si en lugar de una unión abierta con los otzovistas y de la exposición de una plataforma común siguen jugando al escondite y especulando con el baratito «democratismo» de la emigración, entonces recibirán como respuesta únicamente el desprecio merecido.

Ustedes juegan un doble juego. Por un lado, declaran que *Proletari* desde hace ya un año lleva «íntegramente» una línea no bolchevique (y sus partidarios en Rusia han intentado más de una vez hacer pasar estos puntos de vista en resoluciones del CP y del CM). Por otro lado, se lamentan de la escisión y rehúsan reconocer la «eliminación». Por un lado, marchan de hecho en todo codo a codo con los otzovistas y los constructores de dios; por otro, reniegan de ellos y se hacen los conciliadores que desean conciliar a los bolcheviques con los otzovistas y los constructores de dios.

«¡Abandonad toda esperanza para siempre!». Pueden ustedes conquistar la mayoría. Pueden obtener entre la parte inmadura de los bolcheviques las victorias que quieran. A ninguna conciliación iremos nosotros. Construyan su fracción, o más exactamente: sigan construyéndola, como ya han empezado a hacerlo, pero no engañen al partido, no engañen a los bolcheviques. Ninguna conferencia, ningún congreso en el mundo reconciliarán ahora a los bolcheviques con los otzovistas, ultimatistas y constructores de dios. Lo hemos dicho, y lo repetimos una vez más: cada socialdemócrata bolchevique y cada obrero consciente debe hacer una elección decidida y definitiva.

**VI**

Encubriendo a sus parientes ideológicos, temiendo desplegar su verdadera plataforma, la nueva fracción intenta suplir la carencia en su bagaje ideológico mediante el préstamo de palabras del bagaje de viejas escisiones. «El nuevo *Proletari*», «la línea novo-proletáriense», gritan Maximov y Nikolaev, imitando la vieja lucha contra la nueva «Iskra».

Procedimiento capaz de encantar a algunos infantes políticos.

Pero ni siquiera las viejas palabras saben ustedes repetirlas, señores. La «sal» de la consigna «contra la nueva «Iskra»» consistía en que los mencheviques, al recibir «Iskra», debieron empezar ellos mismos una nueva línea, mientras que el congreso (II Congreso del POSDR en 1903) había aprobado justamente la línea de la vieja «Iskra»{51}. La «sal» estaba en que los mencheviques se vieron obligados (por boca de Trotski en 1903-1904) a proclamar: entre la vieja y la nueva «Iskra» hay un abismo. Y hasta ahora Potrésov y Cía. se esfuerzan por borrar de sí las «huellas» de la época en que los conducía la vieja «Iskra».

*Proletari* sale ahora con el número 47. Exactamente hace tres años, en agosto de 1906, salió el primer número. En ese primer número de *Proletari*, fechado el 21 de agosto de 1906, encontramos el artículo editorial «Sobre el boicot», y en este artículo, negro sobre blanco: «Ahora ha llegado justamente el momento en que los socialdemócratas revolucionarios deben dejar de ser boicotistas»[11]. Ni un solo número de *Proletari* ha habido desde entonces en el que se haya admitido una sola línea en favor del «boicotismo» (después de 1906), del otzovismo y del ultimatismo, sin la refutación de esta caricatura del bolchevismo. ¡Y ahora los bolcheviques caricaturescos se suben a los zancos, intentando compararse con la gente que primero llevó a cabo una campaña de tres años de la vieja «Iskra» y consolidó su línea con el II Congreso del partido, y luego mostró el viraje de la nueva «Iskra»!

«Ex redactor del popular periódico obrero *Vperiod*», firma ahora el camarada Maximov, queriendo recordar al lector que «los gansos salvaron a Roma». Su actitud hacia la línea del periódico *Vperiod*{52}, respondemos a Maximov a este recordatorio, es exactamente la misma que la actitud de Potrésov hacia la vieja *Iskra*. Potrésov fue su redactor, pero no fue él quien condujo a la vieja *Iskra*, sino la vieja *Iskra* lo condujo a él. En cuanto él quiso cambiar la línea, los viejos iskristas le dieron la espalda. Y ahora, hasta el mismo Potrésov se sale de la piel para limpiarse del «pecado de juventud», de su participación en la redacción de la vieja *Iskra*.

No fue Maximov quien condujo al periódico *Vperiod*, sino el periódico *Vperiod* condujo a Maximov. Prueba: el boicotismo a la III Duma, en favor del cual ni una sola palabra dijo ni pudo decir el periódico *Vperiod*. Maximov obraba muy razonablemente y bien cuando se dejaba conducir por el periódico *Vperiod*. Maximov se puso a inventar ahora (o, lo que es igual, a ayudar a los otzovistas a inventar) una línea tal que inevitablemente lo lleva al pantano, como a Potrésov.

Recuérdelo, camarada Maximov: como base de la comparación hay que tomar la integridad de la corriente ideológico-política, y no las «palabras», no las «consignas» que algunos aprenden de memoria sin entender su sentido. El bolchevismo llevó a cabo durante tres años, 1900-1903, la vieja «Iskra» y salió a luchar contra el menchevismo como una corriente integral. Los mencheviques estuvieron liados durante mucho tiempo con una alianza nueva para ellos, con los antiiskristas, con los rabochedeltsi, hasta que entregaron a Prokopóvich a Potrésov (¿y acaso solo a Potrésov?). El bolchevismo llevó a cabo en el espíritu de lucha decidida contra el «boicotismo», etc., al viejo *Proletari* (1906-1909) y salió, como corriente integral, a la lucha contra la gente que inventa ahora el «otzovismo», el «ultimatismo», la «construcción de dios», etc. Los mencheviques quisieron corregir la vieja «Iskra» en el espíritu de Martínov y los «economistas», y se rompieron el cuello en ello. Ustedes quieren corregir el viejo *Proletari* en el espíritu de «Ye», los otzovistas y los constructores de dios, y en ello se romperán el cuello.

Y el «viraje hacia Plejánov», triunfa Maximov. ¿Y la creación de la «nueva fracción del centro»? ¡Y nuestro «también bolchevique» declara «diplomacia» la «negación» de que «se tenga en vista la realización de la idea del centro»!

Estos gritos de Maximov contra la «diplomacia» y contra la «unificación con Plejánov» merecen que nos riamos de ellos. Los bolcheviques caricaturescos también en esto son fieles a sí mismos: han aprendido firmemente que Plejánov llevó en 1906-1907 una política archioportunista. Y piensan que si repiten esto a menudo, sin analizar los cambios que ocurren, eso significará el mayor «revolucionarismo».

En realidad, los «diplomáticos» de *Proletari*, a partir del Congreso de Londres, han llevado abiertamente todo el tiempo, y aplicado, la política de partidismo contra las exageraciones caricaturescas del fraccionalismo, la política de defensa del marxismo contra la crítica de este. Y la fuente actual de los gritos de Maximov es doble: por un lado, a partir del Congreso de Londres, ha habido siempre bolcheviques aislados (ejemplo: Aleksinski) que han repetido la sustitución de la línea del bolchevismo por la línea del «conciliacionismo», la línea «polaco-letona», etc. En serio, los bolcheviques raramente han tomado estos discursos completamente estúpidos, que solo testimonian la petrificación del pensamiento. Por otro lado, esa compañía literaria a la que pertenece Maximov y que siempre se ha acercado a la socialdemocracia solo con uno de sus costados, ha visto durante largo tiempo al principal enemigo de sus tendencias constructoras de dios, etc., en Plejánov. No hay nada más terrible que Plejánov para esta compañía. No hay nada que destruya más sus esperanzas de injertar sus ideas en el partido obrero que la «unificación con Plejánov».

Y he aquí que estos dos tipos de elementos: el fraccionalismo petrificado, que no comprende las tareas de la fracción bolchevique en la creación del partido, y los elementos literato-circulistas de los constructores de dios y de los encubridores de la construcción de dios, se han unido ahora en la «plataforma»: contra la «unificación con Plejánov», contra la línea «conciliadora», «polaco-letona» de *Proletari*, etc.

El número 9 del «Diario» de Plejánov, que acaba de salir, nos dispensa de la necesidad de explicar al lector con particular detalle todo lo caricaturesco de esta «plataforma» de los bolcheviques caricaturescos. Plejánov ha desenmascarado el liquidacionismo en «Golos Sotsial-Democrata», la diplomacia de sus redactores, y ha declarado que «no va por el camino» con Potrésov, quien ha dejado de ser un revolucionario. Para todo socialdemócrata está claro ahora que los obreros mencheviques irán con Plejánov contra Potrésov. Para todos está claro que la escisión entre los mencheviques confirma la línea de los bolcheviques. Para todos está claro que la proclamación por Plejánov de la línea del partido contra el fraccionalismo de los liquidadores significa una victoria enorme del bolchevismo, que ocupa ahora la posición predominante en el partido.

Esta enorme victoria la ha obtenido el bolchevismo porque ha llevado su política de partido en contra de los gritos de los menores de edad «izquierdistas» y de los literatos constructores de dios. Solo esta gente es capaz de temer el acercamiento con el Plejánov que desenmascara y expulsa del partido obrero a los Potrésov. Solo en el pantano estancado del círculo constructor de dios o de los héroes de la frase aprendida de memoria puede tener éxito la «plataforma»: «contra la unificación con Plejánov», es decir, contra el acercamiento con los mencheviques del partido para la lucha contra el liquidacionismo, contra el acercamiento con los marxistas ortodoxos (esto no es ventajoso para la compañía yeroguinense de literatos), contra la conquista ulterior del partido para la política y la táctica socialdemócratas revolucionarias.

Nosotros, los bolcheviques, podemos señalar los grandes éxitos en la tarea de tal conquista. Rosa Luxemburgo y Karl Kautsky, socialdemócratas que escriben con frecuencia para los rusos y en esa medida forman parte de nuestro partido, han sido conquistados por nosotros ideológicamente, a pesar de que al comienzo de la escisión (1903) todas sus simpatías estaban del lado de los mencheviques. Fueron conquistados porque los bolcheviques no hicieron concesiones a la «crítica» del marxismo, porque los bolcheviques defendían no la letra de su propia, forzosamente propia, teoría fraccional, sino el espíritu general y el sentido de la táctica socialdemócrata revolucionaria. También en adelante seguiremos el mismo camino, llevaremos una guerra aún más implacable contra la ineptitud literalista y el juego desenfrenado con frases aprendidas de memoria, contra el revisionismo teórico del círculo constructor de dios de literatos.

Dos corrientes liquidacionistas han quedado perfiladas ahora con toda claridad en la socialdemocracia rusa: la de Potrésov y la de Maximov. Potrésov está forzado a temer al partido socialdemócrata, pues en él es ya desesperada la realización de su línea. Maximov está forzado a temer al partido socialdemócrata, pues en él es ya desesperada la realización de su línea. Uno y otro sostendrán y encubrirán con todas las veras y las burlas las artimañas de círculos particulares de literatos con sus peculiares formas de revisionismo en el marxismo. Uno y otro se aferrarán, como a la última sombra de esperanza, a la conservación del espíritu de círculo contra el partidismo, pues Potrésov puede aún a veces vencer en la compañía selecta de mencheviques petrificados, a Maximov pueden aún a veces coronarlo de laureles los círculos selectamente petrificados de bolcheviques, pero ni a uno ni a otro les será dado jamás ocupar un lugar firme ni entre los marxistas, ni en un partido obrero realmente socialdemócrata. Uno y otro representan dos tendencias pequeñoburguesas, opuestas pero mutuamente complementarias, igualmente limitadas, en la socialdemocracia.

**VII**

Hemos mostrado cómo es el estado mayor de la nueva fracción. ¿De dónde puede reclutarse su ejército? De los elementos democrático-burgueses que se adhirieron al partido obrero durante la revolución. El proletariado, en todas partes y siempre, se recluta de la pequeña burguesía, en todas partes y siempre está vinculado a ella por miles de peldaños de transición, linderos, matices. Cuando el partido obrero crece con particular rapidez (como sucedió entre nosotros en 1905-1906), la penetración en él de una masa de elementos imbuidos del espíritu pequeñoburgués es inevitable. Y en esto no hay nada malo. La tarea histórica del proletariado es digerir, reeducar, reenseñar a todos los elementos de la vieja sociedad que esta le deja en herencia en forma de advenedizos de la pequeña burguesía. Pero para eso es necesario que el proletariado reeduque a los advenedizos, que influya sobre ellos, y no ellos sobre él. Muchísimos «socialdemócratas de los días de libertad», que se hicieron socialdemócratas por primera vez en los días de entusiasmo, de fiesta, en los días de consignas brillantes, en los días de victorias del proletariado que hacían girar la cabeza incluso a la intelectualidad puramente burguesa, se pusieron a estudiar seriamente, a estudiar el marxismo, a estudiar el trabajo proletario perseverante; ellos seguirán siendo siempre socialdemócratas y marxistas. Otros no alcanzaron o no supieron tomar del partido proletario nada, excepto algunas palabras aprendidas de memoria, consignas «brillantes» machacadas, un par de frases sobre el «boicotismo», el «combatismo», etc. Cuando semejantes elementos pretendieron imponer sus «teorías», su cosmovisión, es decir, su limitación, al partido obrero, la escisión con ellos se hizo inevitable.

La suerte de los boicotistas de la III Duma muestra magníficamente, con un ejemplo palpable, la diferencia entre unos y otros elementos.

La mayoría de los bolcheviques, sinceramente arrastrada por el deseo de la lucha directa e inmediata contra los héroes del 3 de junio, se inclinó al boicot de la III Duma, pero muy pronto supo arreglárselas con la nueva situación. No machacaban palabras aprendidas de memoria, sino que observaban atentamente las nuevas condiciones históricas, meditaban sobre por qué la vida había tomado ese rumbo y no otro, trabajaban con la cabeza, y no solo con la lengua, llevaban un trabajo proletario serio y perseverante, y comprendieron rápidamente toda la estupidez, toda la miseria del «otzovismo». Otros se aferraron a la palabra, se pusieron a componer con palabras no digeridas «su propia línea», empezaron a gritar sobre «el boicotismo, el otzovismo, el ultimatismo», empezaron a sustituir con estos gritos el trabajo proletario-revolucionario prescrito por las condiciones históricas dadas, empezaron a reclutar una nueva fracción de todos y cada uno de los elementos inmaduros del bolchevismo. ¡Buen viaje, amabilísimos! Hemos hecho todo lo que hemos podido para enseñarles el marxismo y el trabajo socialdemócrata. Declaramos ahora la guerra más decidida e implacable tanto a los liquidadores de derecha como a los liquidadores de izquierda, que corrompen al partido obrero con el revisionismo teórico y los métodos pequeño-burgueses de política y táctica.

Anexo a los números 47-48 del periódico *Proletari*

Publicado según el texto del 11 (24) de septiembre de 1909.