Para la socialdemocracia de Rusia, e incluso algo más que para la socialdemocracia del mundo entero, el modelo durante los últimos decenios fue la socialdemocracia alemana. Es comprensible, por tanto, que no se pueda adoptar una actitud consciente, es decir, crítica, ante el socialpatriotismo o chovinismo «socialista» hoy imperante, sin definir con la mayor precisión la propia actitud hacia ella. ¿Qué fue? ¿Qué es? ¿Qué será?

A la primera pregunta puede responder el folleto de K. Kautsky «El camino hacia el poder», publicado en 1909 y traducido a muchos idiomas europeos, la exposición más integral, la más favorable a los socialdemócratas alemanes (en el sentido de las esperanzas que estos infundían) de las concepciones sobre las tareas de nuestra época, perteneciente a la pluma del escritor más autorizado de la II Internacional. Recordemos con más detalle este folleto; tanto más útil será cuanto más a menudo se arrojan vergonzosamente hoy las «palabras olvidadas».

Así es como escribía Kautsky en tiempos ya muy, muy pasados, hace enteros cinco años. Esto es lo que fue, o mejor dicho, lo que prometía ser la socialdemocracia alemana. Esta es la socialdemocracia a la que se podía y se debía respetar.

Ved lo que escribe ahora este Kautsky. He aquí las declaraciones más importantes de su artículo «La socialdemocracia durante la guerra» («Neue Zeit» núm. 1, 2/X. 1914): «Nuestro partido ha discutido con mucha menor frecuencia la cuestión de cómo comportarse durante la guerra que la de cómo impedir la guerra»… «Nunca es el gobierno tan fuerte, nunca los partidos tan débiles como al comienzo de la guerra». «El tiempo de guerra es el menos propicio para una discusión serena». «La cuestión práctica ahora es: victoria o derrota del propio país». ¿Un acuerdo entre los partidos de los países beligerantes para actuar contra la guerra? «En la práctica, nunca se ha ensayado nada semejante. Siempre hemos puesto en duda su posibilidad»… La divergencia entre los socialistas franceses y alemanes «no es de principio» (unos y otros defienden la patria)… «Los socialdemócratas de todos los países tienen igual derecho o igual obligación de participar en la defensa de la patria: ninguna nación debe hacer reproches a otra por esto»… ¿«La Internacional ha quebrado»? ¿«El partido ha renunciado a la defensa directa de sus principios de partido durante la guerra»? (Palabras de Mehring del mismo número{108}.) Opinión errónea… No hay ningún fundamento para tal pesimismo… La divergencia no es de principio… La unidad de principios se mantiene… La desobediencia a las leyes del tiempo de guerra llevaría «simplemente a la prohibición de nuestra prensa». La obediencia a esas leyes «significa tan poco una renuncia a la defensa de los principios del partido como el trabajo análogo de nuestra prensa de partido bajo la espada de Damocles de la ley de excepción contra los socialistas».

Hemos citado deliberadamente las citas textuales, pues cuesta creer que cosas semejantes hayan podido escribirse. No es fácil encontrar en la literatura (fuera quizá de la «literatura» de los renegados declarados) tal vulgaridad petulante, tan vergonzosa… evasión de la verdad, tan feas argucias para encubrir la más evidente renuncia al socialismo en general, ¡y a las precisas resoluciones internacionales adoptadas por unanimidad (por ejemplo, en Stuttgart y especialmente en Basilea) precisamente ante una guerra europea del carácter presente! Sería una falta de respeto al lector que nos pusiéramos a tomar «en serio» los argumentos de Kautsky y a intentar «analizarlos»: pues si la guerra europea en mucho no se parece a un simple y «pequeño» pogromo judío, los argumentos «socialistas» en defensa de la participación en esta guerra se parecen por completo a los argumentos «democráticos» en defensa de la participación en el pogromo judío. Los argumentos en defensa del pogromo no se analizan: simplemente se señalan para exponer a sus autores a la picota ante todos los obreros conscientes.

Pero ¿cómo ha podido suceder —preguntará el lector— que la máxima autoridad de la II Internacional, que el escritor que defendía las concepciones citadas al comienzo del artículo, haya descendido a una situación «peor que la del renegado»? Esto es incomprensible —responderemos— solo para quien —quizá de manera inconsciente— se sitúe en el punto de vista de que en esencia no ha ocurrido nada especial, de que no es difícil «reconciliarse y olvidar», etc., es decir, precisamente en el punto de vista renegado. Mas quien haya profesado seria y sinceramente convicciones socialistas y compartido las concepciones expuestas al comienzo del artículo, no se sorprenderá de que «ha muerto el "Vorwärts"» (expresión de L. Martov en "Golos" de París) y «ha muerto» Kautsky. El derrumbe de individuos no es rareza en épocas de grandes giros históricos mundiales. Kautsky, a pesar de sus inmensos méritos, nunca perteneció a aquellos que en tiempos de grandes crisis ocupaban de inmediato una combativa posición marxista (recordemos sus vacilaciones sobre la cuestión del millerandismo{109}).

Y precisamente atravesamos una época así. «¡Disparad los primeros, señores burgueses!» —escribía en 1891 Engels, defendiendo (y con toda razón) la utilización por nosotros, los revolucionarios, de la legalidad burguesa en la época del llamado desarrollo constitucional pacífico. La idea de Engels era más clara que el agua: nosotros, los obreros conscientes, dispararemos los segundos; nos conviene ahora utilizar, para el paso de la papeleta electoral al «disparo» (es decir, a la guerra civil), el momento en que la propia burguesía infrinja la base legal por ella creada. Y Kautsky expresaba en 1909 las indiscutibles opiniones de todos los revolucionarios socialdemócratas cuando decía que la revolución no puede ser prematura ahora en Europa y que la guerra significa la revolución.

Pero los decenios de la época «pacífica» no transcurrieron sin dejar huella: crearon inevitablemente el oportunismo en todos los países, asegurando su predominio entre los «jefes» parlamentarios, sindicales, periodísticos, etc. No hay un solo país en Europa en el que no se esté librando una larga y tenaz lucha, de una u otra forma, contra el oportunismo, que toda la burguesía apoyó con millones de vías para corromper y debilitar al proletario revolucionario. El propio Kautsky escribía hace 15 años, al comienzo de la bernsteiniana, que si el oportunismo de estado de ánimo se convertía en tendencia, la escisión pasaría al orden del día. Y en nuestro país, en Rusia, la vieja «Iskra»{110}, que creó el partido socialdemócrata de la clase obrera, escribía en el núm. 2, a comienzos de 1901, en el artículo «En el umbral del siglo XX», que la clase revolucionaria del siglo XX tiene (al igual que la clase revolucionaria del siglo XVIII, la burguesía) su Gironda y su Montaña{111}.

La guerra europea significa la mayor crisis histórica, el comienzo de una nueva época. Como toda crisis, la guerra ha agudizado contradicciones profundamente ocultas y las ha sacado a la luz, desgarrando todos los velos hipócritas, desechando todas las convenciones, destruyendo autoridades podridas o que empezaban a pudrirse. (En esto, dicho sea de paso, consiste la acción benéfica y progresiva de todas las crisis, que solo resulta incomprensible para los torpes adoradores de la «evolución pacífica».) La II Internacional, que en 25-45 años (según se cuente desde 1870 o desde 1889) logró realizar un trabajo sumamente importante y útil de difusión del socialismo en amplitud y de organización preparatoria, inicial, elemental de sus fuerzas, ha cumplido su papel histórico y ha muerto, derrotada no tanto por los von Kluck, sino por el oportunismo. Dejad ahora que los muertos entierren a sus muertos. Que los vanos ajetreadores (si no son lacayos intrigantes de los chovinistas y oportunistas) se «afanen» ahora en reconciliar a los Vandervelde y Sembat con Kautsky y Haase, como si se tratara de un Iván Ivánich que le hubiera dicho «gansarón» a Iván Nikíforich y necesitara un «empujoncito» amistoso hacia el contrario{112}. La Internacional no consiste en que se sienten a la misma mesa y escriban una resolución hipócrita y leguleya personas que consideran verdadero internacionalismo que los socialistas alemanes justifiquen el llamamiento de la burguesía alemana a disparar contra los obreros franceses, ¡y los franceses el de la burguesía francesa a disparar contra los alemanes «en nombre de la defensa de la patria»!!! La Internacional consiste en que se aproximen entre sí (primero ideológicamente, y luego, a su tiempo, también organizativamente) personas capaces en estos días difíciles de defender el internacionalismo socialista en la práctica, es decir, de reunir sus fuerzas y «disparar los segundos» contra los gobiernos y las clases dominantes de su propia «patria». Esta es una tarea nada fácil, que exigirá no poca preparación, grandes sacrificios y no se verá libre de derrotas. Pero precisamente porque es una tarea nada fácil, hay que acometerla solo con quienes quieren hacerla, sin temer la ruptura completa con los chovinistas y los defensores del socialchovinismo.

Quienes más hacen por el restablecimiento sincero, y no hipócrita, de la Internacional socialista, y no chovinista, son personas como Pannekoek, que escribió en el artículo «El derrumbe de la Internacional»: «Si los jefes se reúnen e intentan emparchar las divergencias, eso no tendrá ninguna importancia»{113}.

Digamos abiertamente lo que hay: la guerra obligará de todos modos, si no mañana, pasado mañana, a hacerlo. Existen tres corrientes en el socialismo internacional: 1) los chovinistas, que aplican consecuentemente la política del oportunismo; 2) los enemigos consecuentes del oportunismo, que ya empiezan a manifestarse en todos los países (el oportunismo los ha derrotado en su mayor parte por completo, pero «los ejércitos derrotados aprenden bien») y que son capaces de llevar a cabo una labor revolucionaria en dirección a la guerra civil; 3) personas desconcertadas y vacilantes, que ahora marchan a remolque de los oportunistas y causan al proletariado el mayor daño con sus hipócritas intentos de justificar de manera casi científica y marxista (¡no es broma!) el oportunismo. Una parte de quienes están pereciendo en esta tercera corriente puede ser salvada y devuelta al socialismo, pero no de otro modo que mediante la política de la ruptura y la escisión más decidida con la primera corriente, con todos los que son capaces de justificar la votación de los créditos, la «defensa de la patria», la «sumisión a las leyes del tiempo de guerra», la satisfacción con la legalidad, la renuncia a la guerra civil. Solo quienes lleven a cabo esta política construirán en los hechos la Internacional socialista. Nosotros, por nuestra parte, habiendo establecido contacto con el buró ruso del Comité Central y con los elementos dirigentes del movimiento obrero de Petersburgo, intercambiado ideas con ellos y convencidos de que existe solidaridad en lo fundamental, podemos, como redacción del Órgano Central, declarar en nombre de nuestro partido que solo el trabajo llevado en tal dirección es trabajo de partido y trabajo socialdemócrata.

La escisión de la socialdemocracia alemana parece una idea que asusta demasiado a muchos por su «carácter insólito». Mas la situación objetiva garantiza que o bien se producirá ese hecho insólito (pues ya Adler y Kautsky declararon en la última sesión del Buró Socialista Internacional{114}, en julio de 1914, que no creían en milagros y por eso no creían en la guerra europea), o bien seremos testigos de la penosa putrefacción de lo que fue en otro tiempo la socialdemocracia alemana. A quienes están demasiado habituados a «creer» en la (antigua) socialdemocracia alemana, les recordamos por último cómo personas que durante muchos años fueron adversarios nuestros en toda una serie de cuestiones se aproximan a la idea de dicha escisión: cómo L. Martov escribió en «Golos»: «ha muerto el "Vorwärts"»; «la socialdemocracia que proclama la renuncia a la lucha de clases haría mejor si reconociera abiertamente lo que hay, disolviera temporalmente su organización y cerrara sus órganos»; cómo Plejánov, según la crónica de «Golos», dijo en una conferencia: «soy un gran adversario de la escisión, pero si por la integridad de la organización se sacrifican los principios, entonces es mejor la escisión que la falsa unidad». Plejánov dijo esto sobre los radicales alemanes: ve la paja en el ojo ajeno y no ve la viga en el propio. Esa es su particularidad individual, a la que todos nos hemos acostumbrado demasiado durante los últimos 10 años de radicalismo plejanovista en la teoría y oportunismo en la práctica. Pero si incluso personas con tales… extravagancias individuales hablan de la escisión entre los alemanes, ello es un signo de los tiempos.

«Sotsial-Demokrat» núm. 35, 12 de diciembre de 1914

Se publica según el texto del periódico «Sotsial-Demokrat».