La consigna de boicot a la Duma de Bulyguin y a la I Duma de Estado, lanzada por el ala revolucionaria de nuestro partido, desempeñó en aquel tiempo un gran papel revolucionario y arrastró tras de sí a todas las capas más activas y revolucionarias de la clase obrera.

La lucha revolucionaria directa de las amplias masas fue reemplazada a continuación por un duro período de contrarrevolución; para la socialdemocracia se hizo necesario aplicar su táctica revolucionaria a esta nueva situación política, y, en relación con ello, una de las tareas de suma importancia fue la utilización de la tribuna abierta de la Duma con fines de ayuda a la agitación y organización socialdemócratas.

Entre tanto, una parte de los obreros que habían participado en la lucha revolucionaria directa no pudo, ante este rápido viraje de los acontecimientos, pasar de inmediato a aplicar la táctica revolucionaria socialdemócrata en las nuevas condiciones de la contrarrevolución y se detuvo en la mera repetición de consignas que habían sido revolucionarias en la época de la guerra civil abierta, y que ahora, al ser simplemente repetidas, podían frenar el proceso de cohesión del proletariado en las nuevas condiciones de lucha.

Por otra parte, sobre la base de este duro viraje, en la atmósfera de decadencia de la lucha revolucionaria, de apatía y desconcierto incluso entre una parte de los obreros, en el período de destrucción de las organizaciones obreras y de su insuficiente fuerza para resistir las influencias disgregadoras, se creó en el seno de una parte de la clase obrera un indiferentismo hacia la lucha política en general y una indiferencia particularmente fuerte hacia el trabajo de la socialdemocracia en la Duma.

Entre estas capas del proletariado, en tales condiciones, pueden hallar un éxito temporal el denominado otzovismo y el ultimatismo.

La labor de la III Duma, que se burla abiertamente de las necesidades de los obreros, refuerza el estado de ánimo otzovista entre aquellos sectores de obreros que aún no son capaces, debido a su insuficiente educación socialdemócrata, de comprender la circunstancia de que esa misma actividad de la III Duma brinda a los socialdemócratas la posibilidad de utilizar revolucionariamente esta representación de las clases explotadoras para explicar a las amplias capas del pueblo el verdadero carácter de la autocracia y de todas las fuerzas contrarrevolucionarias, así como la necesidad de la lucha revolucionaria.

El estado de ánimo otzovista entre esta parte de los obreros se alimentaba, además, de los gravísimos errores cometidos por la fracción socialdemócrata en la Duma, en especial durante el primer año de su actividad.

Reconociendo que este estado de ánimo otzovista tiene una importancia negativa en la labor de educación socialista y revolucionaria de la clase obrera, la fracción bolchevique considera necesario:

a) con respecto a estas capas de obreros, una labor prolongada de educación y organización socialdemócrata, la explicación sistemática y perseverante de toda la esterilidad política del otzovismo y del ultimatismo, del verdadero significado del parlamentarismo socialdemócrata y del papel de la tribuna de la Duma para la socialdemocracia en el período de la contrarrevolución;

b) con respecto a la fracción socialdemócrata en la Duma y al trabajo en ésta en general, el establecimiento de una estrecha vinculación entre la fracción en la Duma y los obreros de vanguardia, la ayuda integral a la misma y el control y presión organizados de todo el partido sobre ella, entre otras cosas, mediante la explicación abierta de sus errores, el ejercicio efectivo de la dirección del partido sobre la actividad de la fracción como órgano del partido, y, en general, la aplicación por los bolcheviques de las resoluciones de la última conferencia general del partido al respecto, pues únicamente la intensificación de la atención de los círculos obreros a la actividad de la fracción socialdemócrata en la Duma y su participación organizada en la labor parlamentaria socialdemócrata son capaces de enderezar en la práctica la táctica de nuestra fracción en la Duma;

c) con respecto al ala derecha del partido, que arrastra a la fracción en la Duma por un camino antipartido y la separa así de la vanguardia obrera, una lucha sistemática e implacable y la denuncia de esta táctica funesta para el partido.

En el curso de la revolución democrático-burguesa se sumaron a nuestro partido una serie de elementos atraídos no por su programa puramente proletario, sino preferentemente por su brillante y enérgica lucha por la democracia, y que adoptaron las consignas democrático-revolucionarias del partido proletario sin su vinculación con toda la lucha del proletariado socialista en su conjunto.

Estos elementos, insuficientemente imbuidos del punto de vista proletario, aparecieron también en las filas de nuestra fracción bolchevique. Sobre la base de la atonía, estos elementos muestran cada vez más su insuficiente firmeza socialdemócrata y, entrando en una contradicción cada vez más aguda con los fundamentos de la táctica revolucionaria socialdemócrata, crean en el último año una corriente que intenta formalizar la teoría del otzovismo y del ultimatismo, pero que en realidad se limita a elevar a principio y a agravar las falsas concepciones sobre el parlamentarismo socialdemócrata y el trabajo socialdemócrata en la Duma.

Estos intentos de hacer del estado de ánimo otzovista todo un sistema de política otzovista conducen a una teoría que, en esencia, expresa la ideología del indiferentismo político, por un lado, y de extravíos anarquistas, por otro. Pese a toda su fraseología revolucionaria, la teoría del otzovismo y del ultimatismo es en la práctica, en gran medida, la otra cara de las ilusiones constitucionales vinculadas a las esperanzas de que la propia Duma de Estado pueda satisfacer una u otra demanda perentoria del pueblo, y en esencia sustituye la ideología proletaria por tendencias pequeñoburguesas.

No menor daño que el otzovismo abierto causa a la labor socialdemócrata el denominado ultimatismo (es decir, esa corriente que renuncia por principio a la utilización de la tribuna de la III Duma o intenta, con consideraciones prácticas, justificar su desviación del cumplimiento de este deber y, aspirando a la revocación de la fracción socialdemócrata en la Duma, sustituye la labor prolongada de educación y enderezamiento de la fracción por la presentación a ésta de un ultimátum inmediato). Políticamente, el ultimatismo no se distingue hoy en nada del otzovismo y sólo introduce aún mayor confusión y dispersión por el carácter encubierto de su otzovismo. Los intentos del ultimatismo de establecer su vinculación directa con el boicotismo practicado por nuestra fracción en un momento determinado de la revolución no hacen sino tergiversar el verdadero sentido y carácter del boicot a la Duma de Bulyguin y a la I Duma de Estado, aplicado de forma absolutamente correcta por la inmensa mayoría de nuestro partido. Con su intento de deducir de aplicaciones aisladas del boicot a las instituciones representativas en uno u otro momento de la revolución la línea del boicot como signo distintivo de la táctica del bolchevismo, incluso en el período de la contrarrevolución, el ultimatismo y el otzovismo ponen de manifiesto que estas corrientes son, en esencia, la otra cara del menchevismo, que predica la participación total en todas las instituciones representativas, con independencia de la etapa dada del desarrollo de la revolución, con independencia de la ausencia o presencia de un ascenso revolucionario.

Todos los intentos realizados hasta ahora por el otzovismo y el ultimatismo de fundamentar teóricamente su doctrina los llevan inevitablemente a la negación de los fundamentos del marxismo revolucionario. La táctica que esbozan conduce inevitablemente a una ruptura completa con la táctica del ala izquierda de la socialdemocracia internacional aplicada a las condiciones actuales de Rusia, llevando a desviaciones anarquistas.

La agitación otzovista-ultimatista ya ha comenzado a causar un daño indudable al movimiento obrero y a la labor socialdemócrata. De proseguir, puede convertirse en una amenaza para la unidad del partido, pues esta agitación ha conducido ya a fenómenos tan monstruosos como la unión de otzovistas y socialrevolucionarios (eseritas) (en San Petersburgo) para llevar a cabo la negativa a prestar ayuda a nuestra representación partidaria en la Duma, así como a algunas manifestaciones públicas ante los obreros conjuntamente con determinados sindicalistas.

En vista de todo ello, la redacción ampliada de «Proletari» declara que el bolchevismo, como corriente definida en el POSDR, no tiene nada en común con el otzovismo y el ultimatismo, y que la fracción bolchevique debe librar la lucha más resuelta contra estas desviaciones del camino del marxismo revolucionario.