A continuación, los lectores encontrarán el texto de las resoluciones adoptadas en la última reunión de la redacción ampliada de «Proletari». La composición de la reunión fue la siguiente: 4 miembros de la redacción de «Proletari», 3 representantes de los bolcheviques que trabajan en las organizaciones locales —de Petersburgo y de la región de Moscú (Rusia central) y de los Urales— y 5 miembros del Comité Central bolcheviques.

Los debates desarrollados en la reunión tienen, sin duda, una gran importancia para todo el partido. Han conferido una mayor precisión y, en cierta medida, un carácter acabado a la línea política que viene aplicando sistemáticamente en el último período el órgano dirigente de la fracción bolchevique y que, entre cierta parte de los camaradas que se consideran bolcheviques, ha suscitado últimamente no pocos ataques. La necesaria explicación tuvo lugar en la reunión, en la cual la oposición estuvo representada por dos camaradas.

En vista de todo ello, la redacción de «Proletari» hará todo lo posible por preparar y publicar las actas más completas posibles de la reunión. En la presente notificación, queremos referirnos únicamente a aquellos puntos que, bajo cierta interpretación, pueden provocar —y ya están provocando entre los camaradas en el extranjero— malentendidos. Las resoluciones de la reunión, amplias y suficientemente precisas, hablan, en esencia, por sí mismas; las actas de la reunión proporcionarán material suficiente para una comprensión exhaustiva de las resoluciones en su conjunto. La tarea de esta notificación es dar indicaciones referentes, sobre todo, al significado dentro de la fracción de las disposiciones y resoluciones adoptadas.

Comencemos por la resolución «Sobre el otzovismo y el ultimatismo».

En lo que respecta a la parte de la resolución dirigida directamente contra el otzovismo, ésta, en esencia, no encontró objeciones importantes por parte de los representantes de la oposición en la reunión. Ambos representantes de esta última reconocían que el otzovismo, en la medida en que se configura como una corriente definida, se aleja cada vez más de la socialdemocracia, que algunos representantes del otzovismo, en particular su líder reconocido, el camarada St., han logrado adquirir incluso «un cierto barniz de anarquismo». La lucha tenaz y sistemática contra el otzovismo como corriente fue reconocida unánimemente en la reunión como necesaria. Cosa distinta es el ultimatismo.

Ambos representantes de la oposición en la reunión se autodenominaban ultimatistas. Y ambos, en una declaración escrita presentada durante la votación de la resolución, manifestaban que ellos eran ultimatistas, que la resolución proponía deslindarse del ultimatismo, que para ellos eso significaría deslindarse de sí mismos, algo que no podían suscribir. Posteriormente, cuando se adoptaron algunas otras resoluciones contra los votos de la oposición, los dos representantes de esta última declararon por escrito que consideraban ilegales las resoluciones de la reunión, que, al adoptarlas, la reunión proclamaba la escisión de la fracción, y que no se someterían a ellas ni las llevarían a la práctica. Nos detendremos en este incidente más detalladamente en la exposición posterior, porque cerró formalmente la separación de uno de los representantes de la oposición, el camarada Máximov, de la redacción ampliada de «Proletari». Aquí queremos abordarlo desde otro ángulo.

Al valorar el ultimatismo, como, por lo demás, al valorar ese ultimatismo consecuente que se llama otzovismo, tenemos que vérnoslas, por desgracia, no tanto con lo escrito como con la tradición oral. Ni el ultimatismo ni el otzovismo han recibido hasta ahora expresión en una «plataforma» medianamente íntegra. Y hay que tomar el ultimatismo en su única expresión concreta: en la exigencia de presentar a la fracción socialdemócrata de la Duma un ultimátum para que sea estrictamente partidaria y se subordine a todas las directivas de los centros del partido o renuncie a sus poderes de diputados. Pero resulta que no se puede afirmar que tal caracterización del ultimatismo sea del todo correcta y precisa. Y he aquí por qué. El camarada Marat, uno de los dos ultimatistas que participaron en la reunión, declaró que esta caracterización no se le aplica a él. Él, el camarada Marat, reconoce que la actividad de la fracción socialdemócrata de la Duma ha mejorado significativamente en el último tiempo y que ni siquiera piensa en presentarle un ultimátum ahora mismo, de inmediato. Sólo considera que el partido debe presionar a la fracción de la Duma por todos los medios, incluida la presentación del mencionado ultimátum.

Con tales ultimatistas, es posible, por supuesto, la convivencia dentro de una misma fracción. Tal ultimatista debe reducir su ultimatismo a cero a medida que mejora la actividad de la fracción de la Duma. Semejante ultimatismo no excluye, sino que, por el contrario, presupone un trabajo prolongado del partido con la fracción de la Duma y sobre la fracción, un trabajo largo y tenaz del partido en el sentido de la hábil utilización de la actividad de la Duma para las necesidades de la agitación y la organización. Puesto que en la actividad de la fracción se ha perfilado claramente una tendencia a mejorar, es necesario, en consecuencia, seguir trabajando tenaz y persistentemente en la misma dirección. Así, el ultimatismo perderá gradualmente su sentido objetivo. Respecto a tales ultimatistas bolcheviques, no puede hablarse de escisión. Respecto a ellos, difícilmente es pertinente siquiera el deslinde del que se habla en la resolución «Sobre el otzovismo y el ultimatismo» y en la resolución «Tareas de los bolcheviques en el partido». Tal ultimatismo es, simple y llanamente, un matiz en el planteamiento y la solución de una cuestión práctica determinada; no hay aquí ninguna discrepancia de principio medianamente notable.

El ultimatismo del que la resolución considera necesario deslindar al bolchevismo como corriente ideológica en el partido es un fenómeno de otro género. Este ultimatismo —y existe indudablemente— excluye el trabajo prolongado del partido y de sus centros sobre la fracción de la Duma, excluye el trabajo largo y paciente del partido entre los obreros en el sentido de la hábil utilización del rico material de agitación que proporciona la III Duma. Este ultimatismo excluye el trabajo positivo y creador del partido sobre la fracción de la Duma. El único instrumento de tal ultimatismo es su ultimátum, que el partido debe mantener suspendido sobre la cabeza de su fracción de la Duma cual espada de Damocles, y que debe sustituir para el POSDR toda aquella experiencia de utilización verdaderamente revolucionaria del parlamentarismo que la socialdemocracia de Europa occidental ha acumulado a costa de un tenaz y prolongado aprendizaje. Es imposible deslindar tal ultimatismo del otzovismo. Ambos están unidos indisolublemente por su común espíritu de aventurerismo. Y tanto de uno como de otro debe deslindarse por igual el bolchevismo como corriente revolucionaria en la socialdemocracia rusa.

Pero, ¿qué entendemos nosotros, qué entendió la reunión por este «deslinde»? ¿Existen acaso algunos datos para afirmar que la reunión proclamó la escisión de la fracción bolchevique, como quieren hacernos creer algunos representantes de la oposición? No hay tales datos. La reunión declaró mediante sus resoluciones: en la fracción bolchevique se perfilan corrientes que contradicen al bolchevismo con su fisonomía táctica definida. El bolchevismo está representado en nuestro país por la fracción bolchevique del partido. Pero la fracción no es el partido. El partido puede contener toda una gama de matices, entre los cuales los extremos pueden incluso contradecirse agudamente. En el partido alemán, junto al ala netamente revolucionaria de Kautsky, vemos el ala archirrevisionista de Bernstein. No ocurre lo mismo con la fracción. En el partido, la fracción es un grupo de correligionarios constituido con el fin de influir, ante todo, sobre el partido en una dirección determinada, con el fin de aplicar en el partido sus principios en la forma más pura posible. Para ello es necesaria una verdadera comunidad de ideas. Cualquiera que quiera hacerse una idea clara de la verdadera situación de la cuestión de las fricciones internas en la fracción bolchevique debe comprender esta diferencia de las exigencias que planteamos a la unidad del partido y a la unidad de la fracción. La reunión no proclamó la escisión de la fracción. Caerían en un profundo error aquellos militantes locales que interpretaran las resoluciones de la reunión como un llamamiento a expulsar de las organizaciones a los obreros de ánimo otzovista o, más aún, a dividir inmediatamente las organizaciones allí donde existan elementos otzovistas. De la manera más categórica prevenimos a los militantes locales contra semejantes pasos. El otzovismo como corriente formada e independiente no existe entre la masa obrera. Los intentos de los otzovistas por autodenifirse, por llegar hasta el fin, conducen fatalmente al sindicalismo, al anarquismo. Los partidarios consecuentes de estas últimas corrientes, por poco consecuentes que sean, se excluyen a sí mismos tanto de la fracción como del partido. Sería absurdo incluir aquí a aquellos grupos de obreros, quizás incluso numerosos, que tienen un ánimo otzovista. Este otzovismo de este tipo es, principalmente, producto de la falta de información sobre la actividad de la fracción de la Duma. El medio más adecuado de lucha contra tal otzovismo es la amplia y completa información de los obreros sobre la actividad de la fracción, por un lado, y la concesión a los obreros de medios para comunicarse con la fracción e influir en ella, por otro. Para minar en grado considerable el ánimo otzovista en Petersburgo, bastó, por ejemplo, una serie de entrevistas de los camaradas diputados de la Duma con los obreros de Petersburgo. Todos los esfuerzos, por consiguiente, deben dirigirse a evitar la escisión organizativa con los otzovistas. Una lucha ideológica medianamente tenaz y consecuente contra el otzovismo y el sindicalismo afín a él hará pronto completamente superfluas todas las habladurías sobre la escisión organizativa y, en el peor de los casos, conducirá a separaciones individuales o de grupo de otzovistas de la fracción bolchevique y del partido.

Así fue exactamente la situación, en particular, también en la reunión de la redacción ampliada de «Proletari». El ultimatismo del camarada Máximov resultó completamente irreconciliable con la posición del bolchevismo, formulada una vez más por la reunión. Después de que se adoptaran las resoluciones de principio fundamentales, declaró que las consideraba ilegales, a pesar de que habían sido adoptadas por diez votos contra dos, y algunas contra uno (Máximov) con una abstención (por ejemplo, la resolución «Sobre el otzovismo y el ultimatismo» en su conjunto). Entonces, la reunión adoptó la resolución de que se desentendía de toda responsabilidad por todos los pasos políticos del camarada Máximov. La cosa está clara: puesto que el camarada Máximov rechaza decididamente todas las resoluciones de principio adoptadas por una mayoría tan aplastante de la reunión, debe comprender que entre él y la reunión no existe aquella comunidad de ideas que es la condición elemental de la existencia de la fracción dentro del partido. Pero el camarada Máximov no se detuvo aquí: declaró categóricamente que no sólo no pensaba llevar estas resoluciones a la práctica, sino que tampoco se sometería a ellas. La reunión tenía la obligación de desentenderse de toda responsabilidad por la actividad política del camarada Máximov, pero al mismo tiempo declaró (véase la declaración del delegado de San Petersburgo, M. T., y otros) «que no se trata aquí de una escisión de la fracción, sino de la separación del camarada Máximov de la redacción ampliada de “Proletari”»[1].

Consideramos también necesario atraer toda la atención de los camaradas hacia las resoluciones de la reunión: «Tareas de los bolcheviques en el partido» y «Sobre la actitud hacia la actividad de la Duma entre otras ramas del trabajo del partido». Aquí es importante comprender correctamente el planteamiento de la cuestión sobre la «línea del partido» de los bolcheviques y sobre la actitud hacia las posibilidades legales en general, y hacia la tribuna de la Duma en particular.

Nuestra tarea inmediata es la conservación y el fortalecimiento del POSDR. En la propia realización de esta gran tarea hay un momento de suma importancia: la lucha contra el liquidacionismo de ambos matices: contra el liquidacionismo de derecha y contra el liquidacionismo de izquierda. Los liquidacionistas de derecha dicen que el POSDR ilegal no hace falta, que el centro de gravedad de la actividad socialdemócrata deben ser exclusiva o casi exclusivamente las posibilidades legales. Los liquidacionistas de izquierda ponen la cosa del revés: para ellos, las posibilidades legales no existen en la actividad del partido, la ilegalidad a toda costa lo es todo para ellos. Unos y otros son liquidacionistas del POSDR, aproximadamente en igual medida, pues sin una combinación planificada y racional del trabajo legal e ilegal, en la situación actual que nos ha sido impuesta por la historia, no es concebible «conservación y fortalecimiento del POSDR» alguno. El liquidacionismo de derecha hace estragos, como se sabe, con especial fuerza en la fracción menchevique y en parte en el Bund.[2] Pero en el último tiempo se observa entre los mencheviques un fenómeno significativo de retorno al partidismo, que no podemos dejar de saludar: «la minoría de la fracción» (menchevique),[3] —como dice la resolución de la reunión— «habiendo experimentado hasta el fin el camino del liquidacionismo, ya alza su voz de protesta contra este camino y busca de nuevo terreno partidario para su actividad»[2].

¿Cuáles son, pues, las tareas de los bolcheviques respecto a esta parte, aún pequeña por ahora, de los mencheviques que libra la lucha contra el liquidacionismo de derecha? Los bolcheviques deben, indudablemente, esforzarse por un acercamiento con esta parte de los partidarios —la parte marxista y partidaria. De ningún modo se trata aquí de liquidar nuestras discrepancias tácticas con los mencheviques. Contra las desviaciones mencheviques de la línea de la socialdemocracia revolucionaria, hemos librado y seguiremos librando en adelante la lucha más decidida. De ningún modo se trata, por supuesto, de una disolución de la fracción bolchevique en el partido. En el sentido de la conquista de posiciones en el partido, los bolcheviques han hecho ya mucho, pero aún queda mucho trabajo en esta dirección. La fracción bolchevique, como corriente ideológica definida en el partido, debe seguir existiendo como antes. Pero hay que recordar firmemente una cosa: la responsabilidad «por la conservación y el fortalecimiento» del POSDR de que habla la resolución de la reunión recae ahora principalmente, si no exclusivamente, sobre la fracción bolchevique. Todo o casi todo el trabajo real del partido —especialmente en las localidades— lo llevan a cabo ahora los bolcheviques. Y sobre ellos, firmes y consecuentes defensores del partidismo, recae ahora la tarea de gran importancia de atraer a la labor de construcción del partido a todos los elementos útiles para ello. Y en el difícil momento actual, sería verdaderamente un crimen por nuestra parte no tender la mano a los partidarios de otras fracciones que se alzan en defensa del marxismo y del partidismo contra el liquidacionismo.

Esta posición fue reconocida por la inmensa mayoría de la reunión, incluidos todos los representantes de los bolcheviques de las organizaciones locales. La oposición vacilaba, sin decidirse a adoptar una posición definida ni a favor ni en contra de nosotros. Pero, no obstante, precisamente por esta línea, el camarada Máximov acusaba a la reunión de «traición al bolchevismo», de pasarse al punto de vista menchevique, etc. A esto respondimos nosotros una sola cosa: díganlo ustedes cuanto antes abiertamente en la prensa, ante la faz de todo el partido y de toda la fracción bolchevique, y entonces tendremos la posibilidad de desenmascarar una vez más el verdadero sentido de su «revolucionarismo», el verdadero carácter de su «defensa» del bolchevismo.

Proponemos a los camaradas que presten atención a la resolución de la reunión «Sobre la actitud hacia la actividad de la Duma, etc.». Hemos señalado más arriba la estrecha relación de la cuestión de las «posibilidades legales» con el liquidacionismo de diversos matices. La lucha contra el liquidacionismo de izquierda es tan obligatoria ahora como contra el liquidacionismo de derecha. El cretinismo parlamentario, para el cual toda la organización del partido debe reducirse a la agrupación de los obreros en torno a las «posibilidades legales», en particular en torno a la actividad de la Duma, es tan profundamente contrario a la socialdemocracia revolucionaria como el otzovismo con su incomprensión de la importancia de las posibilidades legales para el partido, en interés del partido. En las resoluciones de la reunión, la utilización de las posibilidades legales para el partido es reconocida como un asunto de enorme importancia. Pero en ninguna parte de estas resoluciones se consideran las posibilidades legales y su utilización como un fin con valor propio. En todas partes están puestas en estrecha relación con las tareas y los métodos de la actividad ilegal. Y esta relación merece en el momento actual especial atención. Algunas indicaciones prácticas al respecto se dan en la propia resolución. Pero éstas son sólo indicaciones. En términos generales, ahora debe tratarse no tanto de cuál es exactamente el lugar de las «posibilidades legales» entre otras ramas del trabajo del partido, sino de cómo utilizar las «posibilidades legales» existentes con el mayor provecho para el partido. Durante largos años de trabajo en la clandestinidad, el partido ha acumulado una enorme experiencia en materia de trabajo ilegal. No puede decirse lo mismo de la otra esfera: la utilización de las posibilidades legales. Aquí el partido, y en particular los bolcheviques, ha hecho menos. Es preciso prestar más atención, iniciativa y esfuerzos a la utilización de esta esfera que lo hecho hasta ahora. La utilización de las posibilidades legales hay que aprenderla y hay que aprenderla con la misma tenacidad con que aprendimos y aprendemos los métodos de la actividad ilegal. A este trabajo tenaz sobre la utilización de las posibilidades legales en provecho del partido es al que la reunión llama a todos aquellos a quienes son queridos los intereses del POSDR.

Nuestra actitud hacia el trabajo ilegal del partido permanece invariable, como antes, y debe permanecer, por supuesto. La conservación y el fortalecimiento del POSDR es la tarea fundamental a la que todo debe subordinarse. Sólo alcanzando este fortalecimiento podremos utilizar en interés del partido también esas mismas posibilidades legales. Hay que prestar la más enérgica atención a los grupos obreros que se están formando en los centros industriales y a cuyas manos debe pasar —y gradualmente está pasando— la dirección general del trabajo del partido. Todos nuestros esfuerzos en todas las esferas de nuestra actividad deben dirigirse a que de estos grupos se formen cuadros socialdemócratas verdaderamente partidarios. Sólo sobre esta base se convertirá en realmente posible la conservación y el fortalecimiento del POSDR.