El 7 de noviembre del nuevo estilo se celebró en Bruselas la undécima sesión del Buró Socialista Internacional. La sesión del Buró fue precedida, según la costumbre establecida en los últimos años, por una conferencia de periodistas socialistas de distintos países. En la conferencia se discutieron algunas cuestiones prácticas relativas al establecimiento de relaciones más regulares entre los periódicos socialistas cotidianos de los diferentes países.

En cuanto a la sesión del Buró Socialista Internacional, además de los asuntos menores de actualidad, en el orden del día figuraban dos grandes cuestiones: primera, el Congreso Socialista Internacional de 1910 en Copenhague, y segunda, la escisión en el partido holandés.

Sobre la primera cuestión se fijó ante todo la fecha del congreso, a saber: del 28 de agosto al 3 de septiembre del nuevo estilo. En relación con el lugar del congreso se planteó la cuestión de si los socialistas rusos podrían viajar libremente a Copenhague. El representante de los socialistas daneses, Knudsen, respondió que, según sus informaciones y todos los datos que poseían acerca de las intenciones del gobierno danés, la policía no molestaría a los delegados rusos al congreso. Si en vísperas del congreso se aclarara lo contrario, el Buró Socialista Internacional se encargaría, sin duda, de cambiar el lugar del congreso.

El orden del día del Congreso de Copenhague es el siguiente: 1) el movimiento cooperativo; 2) la organización internacional de ayuda a las grandes huelgas; 3) el desempleo; 4) el desarme y el arbitraje de los conflictos internacionales; 5) los resultados de la legislación obrera en los diferentes países y la cuestión de su organización internacional, en particular la cuestión de la jornada laboral de ocho horas; 6) la mejora de las relaciones de los partidos nacionales con el Buró Socialista Internacional; 7) la abolición de la pena de muerte.

En un principio se pensaba incluir en el orden del día la cuestión agraria. Vaillant y Molkenbuhr se manifestaron en contra, por considerar difícil discutir tal cuestión en un congreso internacional sin una preparación previa más minuciosa en los congresos de los partidos nacionales. Se expresó el deseo de que los congresos de los partidos nacionales discutieran esta cuestión de manera especial, para que pudiera ser preparada para el congreso internacional de 1913.

Tras aprobar resoluciones de simpatía a los obreros suecos, que habían organizado una de las más grandes huelgas generales de los últimos tiempos, y a los obreros de España, que lucharon heroicamente contra la aventura militar de su gobierno, así como resoluciones de protesta contra las atrocidades y asesinatos del zarismo en Rusia, de los gobiernos de España, Rumania y México, el Buró Socialista Internacional pasó a la cuestión principal del orden del día: la escisión en Holanda.

En Holanda se libra desde hace tiempo una lucha entre los oportunistas y los marxistas del partido socialista. En la cuestión agraria, los oportunistas defendían un punto del programa que exigía el reparto de tierras a los obreros agrícolas. Los marxistas lucharon enérgicamente contra este punto (defendido por el jefe de los oportunistas, Troelstra) y lograron su derogación en 1905. Luego, los oportunistas, adaptándose a la parte de los obreros holandeses de sentimientos religiosos, llegaron a defender la concesión de fondos estatales para subvencionar la enseñanza de la religión en las escuelas. Los marxistas combatieron esto acaloradamente. Los oportunistas, con Troelstra al frente, contraponían la fracción parlamentaria socialdemócrata al partido y se oponían a las decisiones del Comité Central. Los oportunistas practicaban una política de acercamiento a los liberales y de apoyo de los socialistas a estos (aduciendo, por supuesto, el objetivo de lograr reformas sociales que los liberales prometían y... no realizaban). Los oportunistas emprendieron la revisión del antiguo programa marxista del partido socialdemócrata holandés y presentaron, entre otras, tesis de revisión tales como la renuncia a la «teoría del derrumbe» (idea bien conocida de Bernstein) o el deseo de que el reconocimiento del programa obligara a los miembros del partido a reconocer las concepciones político-económicas, «pero no las filosóficas de Marx». La lucha de los marxistas contra esta línea se fue agudizando. Desplazados del órgano central del partido, los marxistas (entre ellos la conocida escritora Roland Holst, además de Gorter, Pannekoek y otros) fundaron su propio periódico «De Tribune». Troelstra, sin reparar en los medios, perseguía a este periódico, acusando a los marxistas de querer «desplazarlo» a él personalmente, incitando a la parte de los obreros holandeses de mentalidad pequeñoburguesa contra los «pendencieros», amantes de la polémica, perturbadores de la paz: los marxistas. La cosa terminó en que el congreso extraordinario del partido en Deventer (13-14 de febrero de 1909), que dio la mayoría a los partidarios de Troelstra, decidió cerrar «De Tribune» y fundar en su lugar un «suplemento» al lado del órgano central oportunista del partido. Es comprensible que los redactores de «De Tribune» no aceptaran esto (excepto Roland Holst, que adoptó, por desgracia, una posición conciliadora sin esperanzas) y fueran expulsados del partido.

Sobrevinó la escisión. El viejo partido oportunista, encabezado por Troelstra y Van Kol (célebre desde sus intervenciones oportunistas en la cuestión colonial en Stuttgart), conservó el nombre de «Partido Obrero Socialdemócrata» (S.D.A.P.). El nuevo partido marxista —mucho menos numeroso— adoptó el nombre de «Partido Socialdemócrata» (S.D.P.).

El Comité Ejecutivo del Buró Socialista Internacional intentó asumir la mediación para restablecer la unidad en Holanda, pero lo hizo de un modo sumamente desacertado: adoptó una posición formal y, manifestando claramente su simpatía por los oportunistas, acusó de la escisión a los marxistas. Por eso, su solicitud de incluir al nuevo partido en la Internacional fue rechazada por el Comité Ejecutivo del Buró Socialista Internacional.

En la sesión del propio Buró Socialista Internacional del 7 de noviembre de 1909 se trataba la cuestión de la admisión de los marxistas holandeses en la Internacional. Todos deseaban evitar un debate sobre el fondo y limitarse a indicar el procedimiento, es decir, encauzar el asunto de uno u otro modo, señalar la forma de resolver el conflicto, aunque, naturalmente, la esencia del asunto, la esencia de la lucha de las dos tendencias en Holanda, no podía dejar de estar clara para la mayoría de los miembros del Buró.

Al final, las dos tendencias presentaron dos resoluciones: Singer en favor de los marxistas, Adler en contra. El texto de la resolución de Singer decía:

«El Buró Socialista Internacional resuelve: El partido fundado en Holanda bajo el nombre de nuevo partido socialdemócrata (error en la denominación: debe ser «Partido Socialdemócrata») debe ser admitido a los congresos socialistas internacionales, ya que satisface las condiciones establecidas por los estatutos de la Internacional. En cuanto a la participación de su delegado en el Buró y al número de sus votos en el congreso, esta cuestión queda sujeta a la decisión del Congreso de Copenhague, si los camaradas holandeses no llegan por sí mismos a un arreglo de esta disputa».

De este texto se desprende que Singer no se apartaba de la posición formal, dejando la decisión definitiva de la cuestión a la sección holandesa del congreso internacional, pero al mismo tiempo subrayaba claramente el reconocimiento del partido marxista holandés por la Internacional. Adler no se decidió a decir lo contrario, no se decidió a declarar que no reconocía a los marxistas holandeses como miembros de la Internacional, que compartía la posición del Comité Ejecutivo, que había rechazado directamente a los marxistas. Adler propuso la resolución: «La solicitud del SDP se transmite a la sección holandesa. Si no se logra un acuerdo dentro de esta sección, se concede entonces la apelación al Buró». La posición formal es la misma que la de Singer, pero del texto se desprende claramente que las simpatías de esta resolución están del lado de los oportunistas, pues no se dice nada del reconocimiento de los marxistas como miembros de la Internacional. Y la votación de las resoluciones mostró en el acto que el espíritu de una y otra había sido perfectamente captado por los miembros del Buró. A favor de Singer se emitieron 11 votos: 2 votos de Francia, 2 de Alemania, 1 de Inglaterra (socialdemócrata), 2 de Argentina, 1 de Bulgaria, 1 de Rusia (socialdemócrata), 1 de Polonia (socialdemócrata), 1 de América (Partido Obrero Socialista). A favor de Adler se emitieron 16 votos: 1 de Inglaterra (Partido Laborista Independiente), 2 de Dinamarca, 2 de Bélgica, 2 de Austria, 2 de Hungría, 1 de Polonia (PPS), 1 de Rusia (socialrevolucionarios), 1 de América (Partido Socialista), 2 de Holanda (¡Van Kol y Troelstra!), 2 de Suecia.

El órgano de los socialdemócratas revolucionarios alemanes, «Leipziger Volkszeitung» (núm. 259), calificó con razón esta decisión del Buró Socialista Internacional de lamentable. «En Copenhague, la Internacional proletaria deberá revisar esta decisión», concluía con pleno fundamento. «El camarada Adler —escribía otro periódico de la misma tendencia, «Bremer Bürgerzeitung», del 11 de noviembre de 1909— actúa como abogado del oportunismo internacional, que brilla con todos los colores». Su resolución fue aprobada «gracias al apoyo de la mezcolanza oportunista» (Sammelsurium).

A estas justas palabras, nosotros, los socialdemócratas rusos, solo podemos añadir que nuestros socialrevolucionarios, por supuesto, se apresuraron a ocupar, junto con el PPS, un lugar en la compañía oportunista.

Al terminar la sesión del Buró Socialista Internacional, el 8 de noviembre de 1909 se celebró en Bruselas la cuarta reunión de la comisión socialista interparlamentaria, es decir, de los miembros de las fracciones parlamentarias socialistas de los distintos países. Las fracciones estuvieron representadas en general débilmente (la fracción socialdemócrata rusa en la Duma no estuvo representada en absoluto). Los delegados intercambiaron informes sobre el seguro de los obreros en caso de vejez, sobre el estado de la legislación en diversos países, sobre los proyectos de los diputados obreros. El mejor informe fue presentado por Molkenbuhr a partir de un artículo publicado por él en «Neue Zeit».

«El Socialdemócrata» núm. 10, 24 de diciembre de 1909 (6 de enero de 1910)

Se publica según el texto del periódico «El Socialdemócrata».