¡Estimado colega! He recibido su respuesta y tomo la pluma para continuar la conversación. Usted desea trasladar la cuestión lo más posible al terreno teórico (y no táctico). De acuerdo. Le recordaré solamente que su punto de partida inicial era táctico: usted rechazaba, en efecto, el «planteamiento clásico» de la tesis táctica fundamental. Usted esbozaba esta decisión táctica (sin extraer de ella conclusiones tácticas) en relación con la negación de la «posibilidad de la vía americana». Por eso no considero correcta la exposición que usted hace de nuestras discrepancias con estas palabras: «Usted (es decir, yo) subraya el hecho del movimiento del campesinado. Yo reconozco el hecho del movimiento del campesinado que se proletariza». No es esa la discrepancia. En realidad, no niego yo que el campesinado se proletarice. La discrepancia consiste en si en Rusia se ha consolidado hasta tal punto el régimen agrario burgués como para hacer objetivamente imposible el tránsito brusco del desarrollo «prusiano» del capitalismo agrario al desarrollo «americano» del capitalismo agrario. Si es así, entonces el planteamiento «clásico» de la cuestión fundamental de la táctica se derrumba. Si no es así, se mantiene. Y bien, yo sostengo que este planteamiento debe mantenerse. No niego la posibilidad de la vía «prusiana»; reconozco que un marxista no debe «garantizar» una de estas vías ni ligarse exclusivamente a una sola; reconozco que la política de Stolypin da un paso más por la vía «prusiana» y que, en un determinado peldaño de esa vía, puede producirse un viraje dialéctico que elimine del orden del día todas las esperanzas y perspectivas de la vía «americana».

Pero afirmo que, en la actualidad, ese viraje seguramente no se ha producido todavía y que por eso es absolutamente inadmisible para un marxista, absolutamente erróneo desde el punto de vista teórico, renunciar al planteamiento «clásico» de la cuestión. Esta es nuestra discrepancia.

Teóricamente, se reducen, si no me equivoco, a dos puntos principales: 1) Mi «aliado», V. Ilich, debe ser aniquilado por mí para justificar mi posición. Dicho de otro modo, esta posición contradice los resultados del análisis marxista de la economía rusa en el período prerrevolucionario. 2) El planteamiento «clásico» puede y debe compararse con el oportunismo agrario de los revisionistas (David y Cía.), porque no existe ninguna diferencia sustancial, de principio, radical entre el modo de plantear la cuestión de la actitud del obrero hacia el «mujik» en Rusia y en Alemania.

Considero ambas tesis profundamente erróneas.

Ad 1) (Para no rozar la «táctica», dejaré de lado la incursión de Martýnov contra Ilich 217 y pasaré únicamente a su modo de plantear la cuestión teórica.)
¿Qué demostró y probó Ilich? Que el desarrollo de las relaciones agrarias en Rusia avanza por la vía capitalista tanto en la hacienda terrateniente como en la campesina, fuera y dentro de la «comuna». Esto es lo primero. Que ese desarrollo ya ha determinado de manera irrevocable no otro camino de desarrollo que el capitalista, no otra agrupación de clases que la capitalista. Esto es lo segundo.

Hubo una polémica con los populistas a causa de esto. Era necesario demostrarlo. Se demostró. Sigue demostrado. Ahora se plantea (y el movimiento de 1905-1907 lo ha planteado) una cuestión distinta, ulterior, que presupone la solución del problema resuelto por Ilich (y no sólo por él, naturalmente), pero que presupone no únicamente eso, sino algo más, algo más complejo, algo nuevo. Además del problema resuelto de manera definitiva y correcta en 1883-1885, en 1895-1899, la historia de Rusia en el siglo XX nos ha planteado un problema ulterior, y nada es más erróneo teóricamente que retroceder ante él, despacharlo, quitárnoslo de encima con una referencia a lo resuelto antes. Eso significaría reducir los problemas de segunda clase, por así decirlo, es decir, de clase superior, a problemas de clase inferior, de primera clase. No se puede permanecer en la solución general del problema del capitalismo cuando los nuevos acontecimientos (y acontecimientos de importancia histórico-mundial, como son los de 1905-1907) han planteado un problema más concreto, más detallado, el problema de la lucha entre dos vías o métodos del desarrollo capitalista agrario. Cuando combatíamos contra los populistas para demostrar que esa vía es inevitable e irrevocablemente capitalista, teníamos toda la razón y no podíamos dejar de concentrar todas las fuerzas, toda la atención, en la cuestión: capitalismo o «producción popular». Esto era natural, inevitable y legítimo. Pero ahora este problema está resuelto tanto por la teoría como por la vida (pues el carácter pequeñoburgués del trudovik en masse* ha sido demostrado por la historia rusa más reciente), y en el orden del día se ha colocado otro problema, de clase superior: ¿capitalismo de tipo α o capitalismo de tipo β? Y, en mi más profundo entender, Ilich tenía razón cuando señaló, en el prefacio a la segunda edición del libro, que de él se desprende la posibilidad de dos tipos de desarrollo capitalista agrario y que la lucha histórica entre esos tipos no ha terminado aún**.

La peculiaridad del oportunismo ruso en el marxismo, es decir, del menchevismo en nuestra época, consiste en que está vinculado a una simplificación doctrinaria, a una vulgarización, a una tergiversación de la letra del marxismo, a una traición a su espíritu (lo mismo ocurrió con el rabochedelstvo y con el struvismo). Combatiendo al populismo como una doctrina socialista falsa, los mencheviques, de manera doctrinaria, no vieron, dejaron escapar el contenido históricamente real y progresista de la