¡Querido Alexéi Maxímovich! Estuve todo el tiempo absolutamente convencido de que usted y el camarada Mijaíl eran los fraccionalistas más firmes de la nueva fracción, con los cuales habría sido absurdo por mi parte intentar hablar amistosamente. Hoy he visto por primera vez al camarada Mijaíl, he charlado con él a corazón abierto, tanto sobre los asuntos como sobre usted, y he visto que me equivocaba cruelmente. Tenía razón el filósofo Hegel, ¡vive Dios!: la vida avanza mediante contradicciones, y las contradicciones vivas son mucho más ricas, más multilaterales, más sustanciales de lo que a la mente humana le parece en un principio. Yo consideraba la escuela solo como un centro de la nueva fracción. Resultó que esto no es correcto, no en el sentido de que no fuera un centro de la nueva fracción (la escuela fue ese centro y lo sigue siendo ahora), sino en el sentido de que eso es incompleto, de que no es toda la verdad. Subjetivamente, ciertas personas hacían de la escuela ese centro, objetivamente, lo era, pero además la escuela absorbió de la verdadera vida obrera a auténticos obreros de vanguardia. Resultó que, además de la contradicción entre la vieja y la nueva fracción, en Capri se desplegó una contradicción entre una parte de la intelectualidad socialdemócrata y los obreros rusos, que sacarán a la socialdemocracia por el camino justo a toda costa y pase lo que pase, la sacarán a pesar de todas las rencillas y trifulcas, "historias", etc., en el extranjero. Personas como Mijaíl son la garantía de ello. Y además

resultó que en la escuela se desplegó una contradicción entre elementos de la intelectualidad socialdemócrata de Capri.

Por las palabras de Mijaíl veo, querido A. M., que ahora le es a usted muy duro. Le ha tocado ver de golpe el movimiento obrero y la socialdemocracia desde un lado, en unas manifestaciones, en unas formas que, más de una vez en la historia de Rusia y de Europa Occidental, han llevado a los intelectuales de poca fe a la desesperación respecto al movimiento obrero y a la socialdemocracia. Estoy seguro de que con usted eso no ocurrirá, y después de la conversación con Mijaíl, me entran ganas de estrechar fuertemente su mano. Con su talento de artista, usted le ha aportado al movimiento obrero de Rusia —y no solo de Rusia— un beneficio tan enorme, y aportará aún tanto beneficio, que de ningún modo le está permitido entregarse al poder de estados de ánimo pesados, provocados por episodios de la lucha en el extranjero. Hay condiciones en que la vida del movimiento obrero engendra inevitablemente esta lucha en el extranjero, y las escisiones, y la trifulca, y las peleas de círculos; no porque el movimiento obrero sea internamente débil o la socialdemocracia internamente errónea, sino porque son demasiado heterogéneos y de diverso calibre los elementos de los que la clase obrera tiene que forjar su partido. Se forjará, en todo caso, se forjará una excelente socialdemocracia revolucionaria en Rusia, se forjará más deprisa de lo que a veces parece desde el punto de vista de la maldita situación de emigrante, se forjará con más seguridad de lo que aparenta si se juzga por algunas manifestaciones externas y episodios aislados. Personas como Mijaíl son la garantía de ello.

Estrecho fuertemente la mano tanto a usted como a María Fiódorovna, pues ahora tengo la esperanza de que aún habremos de encontrarnos usted y yo no como enemigos.

Suyo, Lenin

Wl. Oulianoff.
4. Rue Marie-Rose. 4.

París. XIV.

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Enviado a la isla de Capri (Italia)

Publicado por primera vez el 15 de octubre
de 1924 en el n.º 236 de "Krásnaya Gazeta"

Impreso según el manuscrito