El 21 de septiembre están fijadas las elecciones en San Petersburgo. En condiciones sumamente difíciles tiene el partido obrero que realizar estas elecciones. Pero su importancia es en extremo grande, y todos los socialdemócratas deben concentrar todas sus fuerzas en la próxima campaña electoral – en parte ya iniciada.

Las elecciones se desarrollan en medio de la reacción más furiosa, en pleno desenfreno del furor contrarrevolucionario de la banda gubernamental zarista – por eso es tanto más importante que a esta reacción se le contraponga la candidatura presentada por el partido socialdemócrata, el único partido que ha sabido, incluso desde la tribuna de la III Duma de las Centurias Negras, alzar su voz, declarar sus inquebrantables convicciones socialistas, repetir las consignas de la gloriosa lucha revolucionaria, desplegar la bandera republicana ante los héroes octubristas-centuriones negros de la contrarrevolución y los ideólogos liberales (kadetes) y defensores de la contrarrevolución.

Las elecciones se desarrollan en condiciones que excluyen por completo la participación de las amplias masas de la clase obrera: los obreros están excluidos del número de electores, las filas de electores están segadas por la triunfante banda nobiliaria que llevó a cabo el golpe de Estado del 3 de junio de 1907 – por eso es tanto más importante que ante este auditorio, el menos capaz en general de simpatizar con las ideas de la socialdemocracia, se presente el partido que combina la lucha por el socialismo con la lucha por una revolución democrática consecuente y decidida en un país burgués. Por muy estrecha, por muy limitada que haya sido la labor del partido socialdemócrata entre las masas obreras en los últimos tiempos, esta labor se ha llevado y se lleva a cabo ininterrumpidamente. Cientos de grupos y círculos obreros mantienen las tradiciones del partido socialdemócrata, continúan su obra, educan a nuevos luchadores proletarios. Los obreros socialdemócratas, a través de sus diputados, sus agitadores, sus representantes, comparecerán ahora ante la masa de electores pequeñoburgueses y les recordarán aquellas tareas del verdadero democratismo que han olvidado los partidos y grupitos de la democracia burguesa.

Las elecciones se desarrollan con la expulsión absoluta del partido socialdemócrata y de todas las organizaciones, cualesquiera que sean, de la clase obrera de los límites de la legalidad – con la completa imposibilidad de asambleas obreras, con la total prohibición de la prensa obrera, con la plena garantía (mediante medidas policiales) del monopolio de la «oposición» para el partido kadete, que se ha prostituido con una serie de salidas lacayescas inauditas en la Duma Negra y ha ayudado a la autocracia a recaudar dinero en Europa para cárceles y horcas, ha ayudado a representar ante los capitalistas europeos la comedia de la autocracia constitucional. Tanto más importante es que este monopolio kadete, protegido por un bosque de horcas y «ganado» con un ilimitado servilismo liberal ante el zarismo, sea quebrado, quebrado a toda costa, quebrado ante la amplia masa que ve las elecciones, oye hablar de las elecciones, sigue la suerte de los candidatos y los resultados electorales. Si para los politicastros burgueses de todos los países, desde los kadetes rusos hasta los «librepensadores» de Alemania o los «radicales» de la democracia burguesa en Francia{39}, lo más importante es el éxito inmediato, lo más importante es conseguir un escaño de diputado, para el partido socialista lo más importante es la propaganda y la agitación entre las masas, lo más importante es la prédica de las ideas del socialismo y de la lucha consecuente y abnegada por la democracia plena. Y esta propaganda se mide ni mucho menos solo por el número de votos, especialmente seleccionados según la ley del 3 de junio, aprobada por los señores nobles.

Miremos nuestra prensa kadete: con qué asombrosa insolencia utiliza ella su monopolio, ganado con el servilismo miliukoviano y protegido por Stolypin. «Del resultado de las elecciones en San Petersburgo – escribe «Rech»{40} en su editorial del 1 de agosto – nadie duda... Si la candidatura de Kutler, uno de los diputados más autorizados de la II Duma, se fija, entonces la victoria electoral será aún más imponente.» ¡Y cómo no! ¿Qué puede ser más «imponente» que la victoria sobre las «izquierdas», que han sido «apartadas» por el golpe de Estado de las Centurias Negras? ¿Qué puede ser más imponente que la victoria sobre el socialismo, que predica sus viejos ideales en la prensa ilegal y en organizaciones obreras ilegales, victoria de parte de los «demócratas» que acomodan libremente su democratismo en los marcos de la constitución estolipiana? ¿Qué puede ser más «autorizado» a los ojos del pequeñoburgués, a los ojos del filisteo, a los ojos del atemorizado ciudadano ruso, que el exministro Sr. Kutler? Para el partido de la «libertad del pueblo», la autoridad de un diputado en la Duma se mide por su autoridad a los ojos de Románov, Stolypin y Cía.

«Hay que suponer – continúa majestuosamente «Rech» – que esta vez no se permitirá una división inútil de los votos entre los candidatos progresistas. En este sentido se ha pronunciado uno de los representantes del «bloque de izquierdas», V. V. Vodovózov.»

Como el sol en una pequeña gota de agua, refleja esta pequeña tirada toda la naturaleza de nuestros kadetes. Dividir los votos es «inútil» (los kadetes ya no dicen: peligroso frente a los centuriones negros, pues la estúpida fábula liberal sobre el peligro de las Centurias Negras ha sido demasiado claramente refutada por los socialdemócratas revolucionarios y refutada por los acontecimientos) – ¿por qué «inútil», señores? Porque no pasará, este es el primer y último argumento de los kadetes. ¡Pero este es un argumento octubrista, queridísimos luchadores contra el octubrismo! Este es un argumento de sumisión a la ley del 3 de junio, de esa misma amorosa sumisión y alegre obediencia de la que ustedes acusan a los octubristas. En esto consiste la esencia de su naturaleza: que ante las elecciones, ante el elector, ante la multitud, ustedes desenmascaran a los octubristas por no saber llevar una línea de principios, por el oportunismo de las frases sobre la «inutilidad», y en las elecciones, ante los jefes, ante el zar y Stolypin, ustedes practican la misma política octubrista. «Inútil» votar contra el presupuesto – votemos a favor del presupuesto. «Inútil» defender los ideales de la revolución y la libertad – denigrémoslos, creemos «Véji», enlodemos la revolución, contratemos más renegados – Izgóyev, Gálich, Struve, etc. – para demostrar nuestra renuncia a la revolución. «Inútil» luchar contra el apoyo a la autocracia con capital extranjero – ayudemos a la autocracia a concertar empréstitos, enviemos a Miliúkov como lacayo en el pescante del coche de Nicolás el Sangriento.

Pero si la frase sobre la «inutilidad» de la lucha ideológica en las elecciones transmite sinceramente la naturaleza «ideológica» de los kadetes, la siguiente frase es un ejemplo de fraude electoral directo. Aprovechando el monopolio de la «oposición de Su Majestad»{41}, «Rech» ha calumniado, en primer lugar, a los socialdemócratas, que nunca ni en ninguna parte se han pronunciado contra la división de los votos (y que – esto es muy importante – llevaron tras de sí a los trudoviques en el famoso bloque de izquierdas{42}, llevados por la firme determinación de presentar un candidato socialdemócrata a toda costa), y en segundo lugar, también al trudovique Vodovózov.

Además del editorial, el número del 1 de agosto contiene una nota en la que se atribuyen a Vodovózov palabras de que los electores ya se han pronunciado por los kadetes, y los trudoviques deben o bien votar por los kadetes o abstenerse. Solo en el número del 6 de agosto el órgano del partido de la «libertad del pueblo» publica en las páginas traseras (después de «Vida de Dacha») una carta del Sr. Vodovózov declarando que las palabras que se le atribuyen «nunca las dijo». Y «Rech» no se siente ni un poco turbada por ello, sino que se pone a polemizar con Vodovózov. El daño está hecho, el lector ha sido engañado, el monopolio de la prensa permitida por los Sres. Stolipin ha sido utilizado, y todo lo demás da igual.

Finalmente, en el número del 9 de agosto aparecen un par de líneas sobre el candidato socialdemócrata Sokólov y sobre que muchos trudoviques piensan darle sus votos. Toda la información del editorial del 1 de agosto sobre las izquierdas resulta ser un puro bulo…

Las dificultades de la tarea ante la que se han encontrado los socialdemócratas de Petersburgo no los amedrentarán, sino que los obligarán a redoblar sus esfuerzos. No solo todas las organizaciones del partido, sino cada círculo de obreros, cada grupo de simpatizantes de la socialdemocracia en cualquier estrato de la sociedad –aunque ese grupo esté compuesto por dos o tres personas y se halle aislado del trabajo político vivo, tan aislado como un ciudadano ruso puede estarlo de la política en la época de la Constitución de Stolypin–, todos y cada uno pueden y deben tomar parte en la campaña electoral socialdemócrata. Unos redactarán y difundirán las proclamas electorales de los socialdemócratas; otros ayudarán a la causa difundiendo los discursos de los socialdemócratas en la Duma; terceros organizarán el recorrido de los electores para predicar las ideas socialdemócratas y explicar las tareas de la campaña electoral socialdemócrata; cuartos tomarán la palabra en las asambleas de electores o en reuniones privadas; quintos extraerán de la literatura y los discursos kadetes un ramillete capaz de quitarle las ganas de votar por los kadetes a cualquier demócrata medianamente honrado; sextos… pero no nos corresponde a nosotros, en un periódico del extranjero, señalar los caminos y métodos de agitación, que serán encontrados cien veces más ricos, vivos y variados en las localidades, en Petersburgo. Los miembros de la fracción socialdemócrata de la Duma pueden, por su posición, prestar servicios especialmente valiosos a la campaña electoral en San Petersburgo; sobre los diputados socialdemócratas recae aquí un papel particularmente útil y particularmente agradecido. Ninguna prohibición de la administración, ninguna artimaña de la policía, ninguna confiscación de la literatura socialdemócrata, ningún arresto de agitadores socialdemócratas impedirá que el partido obrero cumpla con su deber: utilizar plena y exhaustivamente la campaña electoral para predicar en las masas todo el programa, sin recortes, del proletariado socialista, combatiente de vanguardia en la revolución democrática rusa.

P. D. Nuestra nota ya había sido entregada a la imprenta cuando leímos en el número de *Rech* del 13 de agosto la siguiente comunicación de suma importancia: «El 11 de agosto se celebró la primera asamblea de los trudoviques, dedicada a las elecciones a la Duma de Estado… Por unanimidad se resolvió apoyar la candidatura del s. d. Sokolov, acordándose no condicionar ese apoyo con obligación política alguna». Huelga decir que en otras condiciones la socialdemocracia no podría haber aceptado el apoyo.

*Proletari* núm. 4, 5 (18) de septiembre de 1909.

Se publica según el texto del periódico *Proletari*.