En la presente segunda parte del memorándum explicativo nos proponemos detenernos en la cuestión del tipo de proyecto de ley socialdemócrata sobre la jornada laboral de 8 horas para la III Duma y en los motivos que explican los rasgos fundamentales del presente proyecto de ley.

El proyecto inicial con que contaba la fracción socialdemócrata en la Duma y que fue remitido a nuestra subcomisión podía ser tomado como base, pero requería una serie de modificaciones.

El objetivo fundamental de los proyectos de ley presentados por los socialdemócratas en la III Duma debe consistir en la propaganda y la agitación del programa y la táctica socialdemócratas. Cualesquiera esperanzas en la «capacidad reformista» de la III Duma no solo serían ridículas, sino que además amenazarían con tergiversar por completo el carácter de la táctica revolucionaria socialdemócrata, convirtiéndola en una táctica de reformismo social oportunista y liberal. De más está decir que semejante tergiversación de la táctica socialdemócrata en la Duma contradiría directa y resueltamente las decisiones de obligatorio cumplimiento de nuestro partido, a saber: las resoluciones del Congreso de Londres del POSDR y las resoluciones, aprobadas por el Comité Central, de las conferencias de todo el partido de noviembre de 1907 y diciembre de 1908.

Para que los proyectos de ley presentados por la fracción socialdemócrata en la Duma satisfagan su cometido, son necesarias las siguientes condiciones:

(1) los proyectos de ley deben exponer, de la manera más clara y precisa, las distintas reivindicaciones de la socialdemocracia que han entrado en nuestro programa mínimo del partido o que se derivan necesariamente de dicho programa;

(2) los proyectos de ley no deben, en ningún caso, verse recargados por una abundancia de sutilezas jurídicas; deben proporcionar las bases fundamentales de las leyes propuestas, y no textos de leyes minuciosamente elaborados con todos los detalles;

(3) los proyectos de ley no deben aislar en exceso las diversas esferas de la reforma social y de las transformaciones democráticas, como podría parecer necesario desde un punto de vista jurídico-administrativo estrecho o «puramente parlamentario»; por el contrario, persiguiendo los objetivos de la propaganda y la agitación socialdemócratas, los proyectos de ley deben dar a la clase obrera una idea lo más definida posible sobre la necesaria vinculación de las reformas fabriles (y sociales en general) con las transformaciones políticas democráticas, sin las cuales todas y cada una de las «reformas» de la autocracia de Stolypin están inevitablemente condenadas a su tergiversación «zubátovschina» y a su completa reducción a letra muerta. De suyo se entiende que esta indicación de la vinculación de las reformas económicas con la política debe lograrse no incluyendo en todos los proyectos de ley las reivindicaciones de la democracia consecuente en su conjunto, sino poniendo de relieve las instituciones democráticas, y específicamente proletario-democráticas, correspondientes a cada reforma por separado, cuya irrealizabilidad sin transformaciones políticas radicales debe ser subrayada en el memorándum explicativo del proyecto de ley;

(4) en vista de la extrema dificultad, en las condiciones actuales, de la propaganda y agitación socialdemócrata legales entre las masas, los proyectos de ley deben redactarse de modo que, tanto el proyecto de ley tomado por separado como el memorándum explicativo que lo acompaña, puedan alcanzar su objetivo al llegar a las masas (sea mediante su reimpresión en periódicos no socialdemócratas, sea mediante la difusión de hojas sueltas con el texto del proyecto de ley, etc.), es decir, que puedan ser leídos por obreros de la calle, por obreros poco desarrollados, con provecho para la causa del desarrollo de su autoconciencia de clase; con estos fines, los proyectos de ley deben estar imbuidos en toda su estructura del espíritu de desconfianza proletaria hacia los empresarios y hacia el Estado como órgano que sirve a los empresarios: en otras palabras, el espíritu de la lucha de clases debe impregnar toda la estructura del proyecto de ley, debe desprenderse de la suma de sus disposiciones particulares;

por último, (5) los proyectos de ley, en las actuales condiciones rusas, es decir, en ausencia de prensa socialdemócrata y de reuniones socialdemócratas, deben dar una idea suficientemente concreta de la transformación exigida por los socialdemócratas, sin limitarse a la simple proclamación del principio; el obrero de la calle, el obrero gris, debe interesarse por el proyecto de ley socialdemócrata, sentirse cautivado por el cuadro concreto de la transformación para después pasar, de este cuadro singular, a toda la concepción del mundo de la socialdemocracia en su conjunto.

Partiendo de estas premisas fundamentales, debe reconocerse que el tipo de proyecto de ley elegido por el autor del proyecto inicial sobre la jornada laboral de 8 horas se corresponde mejor con las condiciones rusas que, por ejemplo, aquellos proyectos de ley de reducción de la jornada laboral que fueron presentados por los socialistas franceses y alemanes en sus parlamentos. Por ejemplo, el proyecto de ley de jornada laboral de 8 horas presentado por Jules Guesde a la Cámara de Diputados francesa el 22 de mayo de 1894 contiene dos artículos: el primero prohíbe trabajar más de 8 horas al día y 6 días a la semana; el segundo permite el trabajo en varios turnos siempre que el número de horas de trabajo a la semana no exceda de 48[24]. El proyecto de ley socialdemócrata alemán de 1890 contiene 14 líneas, proponiendo la jornada laboral de 10 horas de inmediato, la de 9 horas a partir del 1 de enero de 1894 y la de 8 horas a partir del 1 de enero de 1898. En la sesión de 1900-1902, los socialdemócratas alemanes presentaron una propuesta aún más breve sobre la limitación inmediata de la jornada laboral a 10 horas diarias, y posteriormente, en un plazo sujeto a determinación especial, a 8 horas diarias[25].

Por supuesto, semejantes proyectos de ley son, en todo caso, diez veces más racionales desde el punto de vista socialdemócrata que los intentos de «adaptarse» a lo realizable para los gobiernos reaccionarios o burgueses. Pero mientras que en Francia y en Alemania, con libertad de prensa y de reunión, basta con que el proyecto de ley sea una proclamación del principio, entre nosotros, en Rusia, en el momento actual, es necesario añadir al propio proyecto de ley material concreto de agitación.

Por ello, consideramos más acertado el tipo adoptado por el autor del proyecto inicial, pero es necesario introducir en este proyecto una serie de enmiendas, pues el autor comete en varios casos un error sumamente importante, a nuestro juicio, y sumamente peligroso, a saber: rebaja las reivindicaciones de nuestro programa mínimo sin necesidad alguna (por ejemplo, estableciendo un descanso semanal de 36 horas y no de 42, o silenciando la necesidad del consentimiento de las organizaciones obreras para permitir el trabajo nocturno). En algunos casos, el autor parece intentar adaptarse a la «realizabilidad» de su proyecto de ley, concediendo, por ejemplo, al ministro la facultad de autorizar peticiones de exención (con remisión del asunto a las instituciones legislativas) y sin mencionar ni una sola vez el papel de las organizaciones profesionales obreras en la implementación de la ley de jornada laboral de 8 horas.

El proyecto de ley propuesto por nuestra subcomisión introduce en el proyecto inicial una serie de enmiendas en la dirección indicada. En particular, detengámonos en la motivación de los siguientes cambios al proyecto inicial.

En cuanto a la cuestión de a qué empresas es aplicable el proyecto de ley, es necesario ampliar la esfera de su aplicabilidad incluyendo todas las ramas de la industria, del comercio, del transporte, de toda clase de establecimientos (incluidos los estatales: correos, etc.) y del trabajo a domicilio. En el memorándum explicativo que se presente a la Duma, los socialdemócratas deben subrayar especialmente la necesidad de tal ampliación y de la supresión de toda frontera y división (en esta cuestión) entre el proletariado fabril, comercial, de los servicios, del transporte, etc.

Puede surgir la cuestión de la agricultura, en vista de la reivindicación de nuestro programa mínimo de la jornada laboral de 8 horas «para todos los obreros asalariados». Pero pensamos que no es en absoluto oportuno que los socialdemócratas rusos tomen la iniciativa de la jornada de 8 horas en la agricultura en el momento actual. Es mejor hacer constar en el memorándum explicativo que el partido se reserva el derecho de presentar un futuro proyecto de ley también relativo a la agricultura, al servicio doméstico, etc.

Además. En todos los casos en que el proyecto de ley habla de la admisibilidad de exenciones a la ley, hemos insertado la exigencia del consentimiento del sindicato obrero para cada exención. Esto es necesario para mostrar claramente a los obreros la irrealizabilidad de una reducción efectiva de la jornada laboral sin la actividad autónoma de las organizaciones obreras.

A continuación, conviene detenerse en la cuestión de la implantación gradual de la jornada laboral de 8 horas. El autor del proyecto inicial no menciona una palabra al respecto, limitándose a la simple reivindicación de la jornada de 8 horas, de manera similar al proyecto de J. Guesde. Por el contrario, nuestro proyecto se adhiere al modelo de Parvus[26] y del proyecto de la fracción socialdemócrata alemana en el Reichstag, estableciendo la gradualidad en la implantación de la jornada de 8 horas (jornada inmediata, es decir, a los 3 meses de la entrada en vigor de la ley, de 10 horas, y reducción de una hora por año). Ciertamente, la diferencia entre uno y otro proyecto no es tan sustancial. Pero dado el máximo atraso técnico de la industria rusa, la extrema debilidad organizativa del proletariado ruso, la enormidad de las masas de población obrera (artesanos, etc.) que aún no han participado en ninguna campaña importante a favor de la reducción de la jornada laboral, en todas estas condiciones será más conveniente responder aquí mismo, en el propio proyecto de ley, a la inevitable objeción de que la transición brusca es imposible, de que el salario de los obreros disminuirá con dicha transición, etc.[27] El establecimiento de la gradualidad en la implantación de la jornada de 8 horas (los alemanes extendían la implantación a 8 años; Parvus, a 4 años; nosotros proponemos 2 años) da inmediatamente respuesta a esta objeción: el trabajo por encima de 10 horas diarias es absolutamente irracional desde el punto de vista económico e inadmisible por consideraciones higiénicas y culturales. En cuanto al plazo de un año para la reducción de la jornada laboral en una hora, es totalmente suficiente para que las empresas técnicamente atrasadas se pongan al día y se transformen, para que los obreros pasen al nuevo orden sin una diferencia apreciable en la productividad del trabajo.

La gradualidad en la implantación de la jornada de 8 horas debe establecerse no para «adaptar» el proyecto a la medida de los capitalistas o del gobierno (de esto no puede ni hablarse, y si surgieran semejantes ideas, por supuesto, preferiríamos eliminar toda mención a la gradualidad), sino para mostrar de manera gráfica a todos y a cada uno la factibilidad técnica, cultural y económica del programa de la socialdemocracia en uno de los países incluso más atrasados.

Una objeción seria contra la gradualidad en la implantación de la jornada de 8 horas en el proyecto de ley socialdemócrata ruso sería que de este modo se desautoriza, aunque sea indirectamente, a los Soviets revolucionarios de diputados obreros de 1905, que llevaron a cabo la implantación inmediata de la jornada laboral de 8 horas. Consideramos seria esta objeción, ya que la más mínima desautorización de los Soviets de diputados obreros en este sentido sería un acto de renegado directo o, en todo caso, un apoyo a los renegados y a los liberales contrarrevolucionarios que se han distinguido por tal desautorización.

Por ello pensamos que, en todo caso, independientemente de que la gradualidad se incluya o no en el proyecto de ley de la fracción socialdemócrata en la Duma, en todo caso es absolutamente necesario que tanto en el memorándum explicativo presentado a la Duma como en el discurso del representante socialdemócrata en la Duma se exprese de manera totalmente definida la idea que excluye incondicionalmente la más mínima desautorización y que incluye incondicionalmente nuestro reconocimiento de que las acciones de los Soviets de diputados obreros fueron correctas de principio, plenamente legales y necesarias.

«La socialdemocracia —así, aproximadamente, debería rezar la declaración de los representantes de la socialdemocracia o su memorándum explicativo— no renuncia en ningún caso a la implantación inmediata de la jornada laboral de 8 horas; por el contrario, en determinadas condiciones históricas, cuando la lucha se agudiza, cuando la energía y la iniciativa del movimiento de masas son elevadas, cuando el choque entre la vieja sociedad y la nueva adopta formas tajantes, cuando para el éxito de la lucha de la clase obrera, por ejemplo, contra el medioevo, es necesario no detenerse ante nada; en una palabra, en condiciones similares a las que existían en noviembre de 1905, la socialdemocracia considera la implantación inmediata de la jornada de 8 horas no solo legal, sino también necesaria. Al introducir en su proyecto de ley, en el momento actual, la gradualidad en la implantación de la jornada de 8 horas, la socialdemocracia solo desea mostrar con ello la plena posibilidad de llevar a la práctica las reivindicaciones programáticas del POSDR incluso en las peores condiciones históricas, incluso al ritmo menos rápido del desarrollo económico, social y cultural».

Repetimos: consideramos que semejante declaración por parte de los socialdemócratas en la Duma y en su memorándum explicativo al proyecto de ley sobre la jornada de 8 horas es incondicional y, en todo caso, necesaria, mientras que la cuestión de si incluir o no en el propio proyecto de ley la gradualidad en el establecimiento de la jornada de 8 horas es comparativamente menos importante.

Las demás modificaciones introducidas por nosotros en el proyecto de ley inicial afectan a detalles particulares y no requieren comentarios especiales.

Escrito en otoño de 1909.

Publicado por primera vez en 1924 en la revista «Proletárskaia Revoliútsia» n.º 4.

Se imprime según el manuscrito.

# Anuncio de la conferencia de V. I. Lenin «La ideología del liberalismo contrarrevolucionario». 13 (26) de noviembre de 1909. (Reducido)