¡Querido amigo! Recibí su carta del 20. IX. 09 y me alegró muchísimo tener noticias suyas. Lástima que antes no haya habido noticias suyas — aquí estamos terriblemente aislados ahora, intentamos ponernos en contacto con usted y con V. V., pero no lo logramos. Los años son realmente endiabladamente difíciles, y la posibilidad de tener relaciones con los viejos amigos es por ello diez veces más valiosa. Le responderé por orden. Usted vio el periódico hasta el XII. 08. Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente.

Con los así llamados «izquierdistas» tenemos una escisión total, consolidada en la primavera de 1909. Si llega a ver mi libro sobre filosofía (se lo envié a usted inmediatamente después de su publicación, es decir, a principios del verano de 1909) y el periódico de 1909, difícilmente dirá usted que hacemos concesiones a los izquierdo-tontistas. Con Maksímov y los maksimovistas hay una escisión plena y formal.

La pelea está en pleno apogeo. Es posible que ellos creen su propio órgano, — es posible que no. Están creando confusión en San Petersburgo y en Odesa, pero no pueden convertirse en una fuerza: es la agonía del «otzovismo-ultimatismo», en mi opinión. La escisión con Maksímov y Cía. nos ha quitado no pocas fuerzas y tiempo, pero creo que era inevitable y será útil a fin de cuentas. Conociendo sus puntos de vista, pienso, incluso estoy seguro, de que en esto estamos de acuerdo.

Pero en cuanto a que ha llegado el momento de «liquidar la fe en la segunda venida del embate democrático general», estoy resueltamente en desacuerdo con usted. Con eso usted sólo haría el juego a los otzovistas (muy propensos a tal «maximalismo»: la revolución burguesa ha quedado atrás, — por delante — la «revolución puramente proletaria») y a los mencheviques liquidadores de extrema derecha. (A propósito: ¿sabe usted de la escisión entre los mencheviques? Plejánov ha salido de la redacción de su periódico «Golos Sotsial-Demokrata» y de la redacción de su obra colectiva: «El movimiento social en la Rusia del siglo XX». En agosto de 1909 publicó el «Dnevnik» № 9, donde calificó a los mencheviques de cómplices de los liquidadores, y a Potrésov le recetó que, dizque, él no es su camarada, que Potrésov ha dejado de ser revolucionario, etc. Entre nosotros avanza el asunto hacia un acercamiento con los mencheviques-plejanovistas con el objetivo de

fortalecer el partido.) Pero lo principal, en mi opinión, es que tal punto de vista es teóricamente incorrecto. Las «vías alemanas» son posibles — no hay palabras. Y nosotros lo reconocimos directamente ya a principios de 1908. Pero esta posibilidad se convertirá en realidad no de otro modo que a través de una serie

de embates (o ascensos, o crisis, etc.) «democráticos generales» — de manera similar a cómo Francia llegó al fin de los embates «democráticos generales» no después de 1789-1793, sino después de 1871 (es decir, después de 1830, 1848 y 1871), — y Alemania no en 1849-1850, sino también después de 1871, es decir, después del Verfassungsstreit* de los años 60. Struve, Guchkov y Stolypin se desviven por «unirse» y engendrar una Rusia bismarckiana, — pero no resulta.

No resulta. Son impotentes. Por todo se ve, y ellos mismos lo reconocen, que no resulta. La política agraria de Stolypin es correcta desde el punto de vista del bismarckismo. Pero el propio Stolypin

«pide» 20 años para llevarla a cabo de modo que «resulte». Y veinte años, e incluso un plazo menor, es imposible en Rusia sin los años 30-48-71 (si es a la francesa) y 63-65 (si es a la alemana). Imposible. Y todas estas fechas (tanto 30-48-71 como 63-65) son precisamente
el «embate democrático general».

No, no podemos «liquidar» la idea del «embate democrático general»: esto sería un error fundamental. Debemos reconocer la posibilidad de las «vías alemanas», pero no olvidar que por ahora no existen. No existen y no existen. No debemos vincular el destino del partido proletario con el éxito o el fracaso de la revolución burguesa, — esto es indiscutible. Debemos organizar el trabajo de tal modo que, cualquiera que sea el curso de los acontecimientos, sea una adquisición sólida e inalienable, — esto es correcto. Pero estamos obligados a cumplir con nuestro deber de dirigentes del movimiento democrático, «democrático general», hasta el final, hasta el 1871 ruso, hasta el giro completo del campesinado hacia el lado del Ordnungspartei**. Y hasta este giro en Rusia, ¡todavía está, ay-ay, cuán lejos! No podemos negar la posibilidad de una solución «alemana», es decir, «podrida», de los problemas «democráticos generales», pero estamos obligados a todos

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* — del conflicto constitucional. Ed.
** — partido del orden. Ed.