Cuando el presente número de *Proletari* llegue a Rusia, la campaña electoral en San Petersburgo ya habrá terminado. Por eso es ahora de lo más oportuno conversar con los bolcheviques de Petersburgo –así como con todos los socialdemócratas rusos– sobre la lucha contra los ultimatistas, lucha que estuvo a punto de desembocar en una escisión completa en San Petersburgo durante las elecciones y que tiene una importancia gigantesca para todo el partido obrero socialdemócrata de Rusia.

Es necesario, ante todo, establecer con claridad las cuatro etapas de esta lucha, para luego detenernos en detalle en su significado y en ciertas discrepancias entre nosotros y una parte de los bolcheviques de Petersburgo. Dichas cuatro etapas son las siguientes: 1) En la Reunión en el Extranjero de la redacción ampliada de *Proletari* quedó definitivamente fijada la actitud de los bolcheviques respecto al otsovismo y al ultimatismo, y se constató asimismo la escisión del camarada Maxímov (n.º 46 de *Proletari* y su suplemento[12]). – 2) En una hoja especial, impresa y difundida también en el extranjero, bajo el título «Informe a los camaradas bolcheviques de los miembros eliminados de la redacción ampliada de *Proletari*», los camaradas Maxímov y Nikoláev (apoyados de manera condicional y parcial por los camaradas Marat y Domov) exponen sus opiniones sobre la línea de *Proletari* calificándola de «menchevique», etc., y defienden su ultimatismo. El análisis de esta hoja figura en un suplemento especial al n.º 47–48 de *Proletari*[13]. – 3) Al comienzo mismo de la campaña electoral en San Petersburgo, la Comisión Ejecutiva del Comité de Petersburgo de nuestro partido aprobó una resolución ultimatista sobre las elecciones. El texto de esta resolución se reproduce más abajo. – 4) La aprobación de dicha resolución provoca una verdadera tormenta en los círculos del partido entre los bolcheviques de Petersburgo. La tormenta sopla, si se permite la expresión, tanto desde arriba como desde abajo. «Desde arriba»: la indignación y las protestas de los representantes del Comité Central y de los miembros de la redacción ampliada de *Proletari*. «Desde abajo»: la convocatoria de una reunión interdistrital privada de obreros y militantes socialdemócratas en Petersburgo. La reunión aprobó una resolución (texto más abajo) de solidaridad con la redacción de *Proletari*, pero condenó enérgicamente los «pasos escisionistas» tanto de dicha redacción como de los otsovistas-ultimatistas. Después se celebró una nueva reunión del Comité de San Petersburgo y de la Comisión Ejecutiva, y la resolución ultimatista fue revocada. Se aprobó una nueva resolución en el espíritu de la línea de *Proletari*. El texto de esta resolución se publica íntegramente en la crónica del presente número.

Tal es la trama fundamental de los acontecimientos. El significado del famoso «ultimatismo» en nuestro partido ha quedado ahora iluminado en la práctica con la mayor claridad, y todos los socialdemócratas rusos deben reflexionar con atención sobre las cuestiones en disputa. Además, la condena de nuestra línea «escisionista» por una parte de nuestros correligionarios en Petersburgo nos brinda un motivo deseado para explicarnos de una vez con todos los bolcheviques también sobre este importante asunto. Mejor es ahora «explicarnos» hasta el final que generar nuevas fricciones y «malentendidos» a cada paso del trabajo práctico.

Ante todo, reconstruyamos con exactitud qué posición adoptamos sobre la cuestión de la escisión inmediatamente después de la Reunión de la redacción ampliada de *Proletari*. En la «Notificación» sobre dicha Reunión (suplemento al n.º 46 de *Proletari*[14]) se dice desde el comienzo mismo que el ultimatismo, como corriente que propone plantear un ultimátum a la fracción socialdemócrata de la Duma, oscila entre el otsovismo y el bolchevismo. Uno de nuestros ultimatistas del extranjero –se dice en la «Notificación»– «reconoce que la actividad de la fracción socialdemócrata de la Duma está mejorando considerablemente en el último tiempo y que ni siquiera piensa en plantearle un ultimátum ahora mismo, de inmediato».

«Con semejantes ultimatistas –continúa textualmente la «Notificación»– la convivencia dentro de una misma fracción es, por supuesto, posible… Respecto a tales ultimatistas-bolcheviques no puede hablarse de escisión». Sería incluso ridículo hablar de ello.

Más adelante, en la segunda página de la «Notificación», leemos:

«Incurrirían en un profundo error aquellos militantes locales que interpretaran las resoluciones de la Reunión como un llamamiento a expulsar de las organizaciones a los obreros con inclinaciones otsovistas o, más aún, a escindir de inmediato las organizaciones allí donde existan elementos otsovistas. De la manera más terminante prevenimos a los militantes locales contra semejantes pasos».

Parecería que no se puede expresar con mayor claridad. La escisión del camarada Maxímov, que se niega a acatar las resoluciones de la Reunión, es inevitable. La escisión con elementos vacilantes, indefinidos, otsovista-ultimatistas, no solo no la hemos proclamado, sino que hemos prevenido terminantemente contra ella.

Fijaos ahora en la segunda etapa de la lucha. El camarada Maxímov y Cía. lanzan una hoja en el extranjero en la que, por una parte, se nos acusa de escisionistas y, por otra, se declara que la línea del nuevo *Proletari* (que supuestamente ha traicionado al viejo *Proletari*, al viejo bolchevismo) es menchevique, «dumista», etc. ¿No es ridículo quejarse de la escisión de una fracción, es decir, de una unión de correligionarios dentro del partido, si ellos mismos reconocen la ausencia de unidad de pensamiento? Defendiendo su ultimatismo, el camarada Maxímov y Cía. escribían en su hoja que «el partido no puede entonces (es decir, en las condiciones de reacción aguda y creciente que caracterizan el momento actual) llevar a cabo una campaña electoral amplia y brillante, no puede obtener una representación parlamentaria digna de sí», que «la cuestión de la utilidad misma de la participación en una institución pseudoparlamentaria se vuelve entonces dudosa y discutible», que *Proletari* «en esencia» está «pasando al punto de vista menchevique del parlamentarismo a toda costa». Estas frases van acompañadas de una defensa equívoca del otsovismo («¡los otsovistas nunca (!!!) se han pronunciado en el sentido de un antiparlamentarismo en general») y de una renuncia equívoca a él (nosotros no somos otsovistas; el partido no debe liquidar ahora la fracción socialdemócrata de la Duma; «el partido debe» «decidir si, en última instancia, toda esta empresa –la participación en la III Duma– no ha sido desventajosa para él», ¡como si el partido no hubiera decidido ya esta cuestión!).

Esta ambigüedad de Maxímov y Cía. ha engañado y sigue engañando a muchos; se dice: pues ¿qué daño pueden ocasionar al partido o incluso a la fracción personas que no se niegan en absoluto a cumplir las decisiones del partido y solo defienden con cautela su valoración algo diferente de la táctica?

Semejante opinión sobre la prédica de Maxímov y Cía. está muy extendida entre un público irreflexivo, que toma las palabras al pie de la letra, sin tener en cuenta el significado político concreto de las frases equívocas, cautelosas y diplomáticas en la situación dada del partido. Este público ha recibido ahora una excelente lección.

La hoja de Maxímov y Cía. lleva la fecha del 3/16 de julio de 1909. En agosto, la Comisión Ejecutiva del Comité de San Petersburgo, por tres votos ultimatistas contra dos, aprobó la siguiente resolución acerca de la campaña electoral que se avecinaba (ya concluida ahora) en Petersburgo:

«La Comisión Ejecutiva, en la cuestión de las elecciones, ha resuelto: no concediendo una importancia particular a la Duma de Estado y a nuestra fracción en ella, pero guiándose por la decisión general del partido, llevar a cabo las elecciones, sin invertir todas las fuerzas disponibles, presentando únicamente candidatos propios para captar los votos socialdemócratas y organizando una comisión electoral, subordinándola, a través de su representante, a la Comisión Ejecutiva del Comité de Petersburgo».

Que los lectores comparen esta resolución con la hoja de Maxímov en el extranjero. La comparación de estos dos documentos es el medio mejor y más seguro para abrir los ojos al público sobre el verdadero significado del grupo de Maxímov en el extranjero. Esta resolución, exactamente igual que la hoja de Maxímov, expresa acatamiento al partido y, exactamente igual que Maxímov, defiende por principio el ultimatismo. No queremos decir en absoluto que los ultimatistas de Petersburgo se guiaran directamente por la hoja de Maxímov; sobre esto no tenemos ningún dato. Y ni siquiera es importante. Afirmamos que la identidad ideológica de la posición política es aquí indudable. Afirmamos que en este ejemplo se ha manifestado de modo especialmente palmario la aplicación en la práctica del ultimatismo «cauteloso», «diplomático», táctico, equívoco –llámesele como se quiera–, aplicación bien conocida por toda persona cercana al trabajo del partido a partir de centenares de casos análogos, menos «llamativos», no fijados en documentos oficiales, relativos a aquello que un socialdemócrata no puede contar al público por razones conspirativas, etc. Por supuesto, la resolución de Petersburgo es menos hábil en el aspecto literario-técnico que la hoja de Maxímov. Pero en la práctica, las opiniones de Maxímov siempre (o en 999 casos de 1000) serán aplicadas en las organizaciones locales no por el propio Maxímov, sino por sus partidarios menos «hábiles». Al partido no le interesa quién es «más hábil» en borrar las huellas, sino cuál es el contenido real del trabajo partidario, cuál es la orientación real que imprimen al trabajo unos u otros dirigentes.

Y nosotros preguntamos a cualquier persona imparcial: ¿se puede trabajar en una misma fracción, es decir, en una misma unión de correligionarios del partido, con los partidarios de *Proletari* y con los autores de semejantes resoluciones? ¿Se puede hablar en serio de aplicar en la vida la decisión del partido sobre la utilización de la Duma y de la tribuna de la Duma con resoluciones de este tipo en los órganos superiores de los comités locales?

Que la resolución de la Comisión Ejecutiva, de hecho, pone palos en las ruedas de la campaña electoral incipiente, que esta resolución sabotea de hecho la campaña electoral, lo comprendieron de inmediato todos (salvo sus autores y salvo los ultimatistas, encantados con la «habilidad» de Maxímov en el arte de borrar las huellas). Ya hemos hablado de cómo reaccionaron ante esta resolución los bolcheviques de San Petersburgo y más abajo lo diremos. Por lo que respecta a nosotros, escribimos enseguida el artículo «Los esquirolés otsovista-ultimatistas»{53} –esquirolés porque con su posición los ultimatistas entregaban abiertamente la campaña electoral socialdemócrata a los kadetes–, describimos en él toda la vergüenza que para los socialdemócratas representaba semejante resolución e invitamos a la Comisión Ejecutiva que la había aprobado a retirar de inmediato de *Proletari* el subtítulo de «órgano del Comité de San Petersburgo», si esta Comisión Ejecutiva pretendía expresar las opiniones de los socialdemócratas de Petersburgo: nosotros no queremos ser hipócritas –se decía en este artículo–; no hemos sido ni seremos el órgano de semejantes... bautizados de bolcheviques.

El artículo estaba ya compuesto e incluso ajustado en páginas cuando recibimos una carta de Petersburgo sobre la revocación de la famosa resolución. Tuvimos que aplazar el número (el n.º 47–48 apareció, por este motivo, varios días más tarde de lo debido). De la resolución de los ultimatistas hay que hablar ahora, por suerte, no en relación con la campaña electoral en curso, sino en el esbozo de lo que fue... y que muy bien habría hecho si se hubiera «hundido en el olvido» por completo.

He aquí el texto de la resolución aprobada por los bolcheviques de Petersburgo en una reunión de carácter privado, convocada tras la aprobación de la famosa resolución:

«La reunión interdistrital privada de obreros y militantes socialdemócratas, habiendo discutido las resoluciones de la redacción ampliada de *Proletari*, expresa su plena solidaridad con la línea política expresada en las resoluciones: “Sobre las tareas de los bolcheviques en el partido”, “Sobre la actitud hacia la actividad en la Duma, etc.” y “Sobre el ultimatismo y el otsovismo”.

Al mismo tiempo, la reunión discrepa rotundamente de los métodos de lucha contra los camaradas ultimatistas empleados por la redacción en dichas resoluciones, considerando que tales métodos obstaculizan la resolución de las tareas fundamentales trazadas por la redacción de *Proletari*: la reconstitución del partido.

En igual medida, la reunión protesta contra los pasos escisionistas por parte de los camaradas ultimatistas y otsovistas».

Tras la aprobación de esta resolución se celebró una nueva reunión del Comité de Petersburgo, que revocó la resolución ultimatista y aprobó una nueva (véase la crónica). Esta nueva resolución termina así: «Considerando muy importante y necesaria la utilización de la campaña electoral en ciernes, el Comité de Petersburgo resuelve tomar parte activa en ella».

Antes de pasar a responder a los camaradas que no están de acuerdo con nuestra política supuestamente escisionista, citemos algunos fragmentos de la carta de uno de estos camaradas{54}:

«…Pero si entre los participantes de la reunión (la reunión interdistrital privada), compuesta en dos terceras partes por obreros, se observaba unanimidad sobre la valoración del momento y de los pasos tácticos nuestros que de él se derivan, no menos unánime se mostró en contra de los métodos de lucha propuestos por la redacción de *Proletari* contra nuestros adversarios tácticos, los ultimatistas. La reunión no estuvo de acuerdo con la necesidad, expresada en las resoluciones de *Proletari*, de deslindarse fraccionalmente de estos camaradas, viendo en tal deslinde un paso peligroso para la existencia del partido mismo… Estoy seguro de que expreso correctamente la opinión y el ánimo de la reunión si digo: nosotros no permitiremos la escisión. ¡Camaradas! Vosotros allí, en el extranjero, os habéis pintado un terrible diablo ultimatista que en realidad no existe entre nosotros. La composición casual del Comité de Petersburgo y de la Comisión Ejecutiva dio la mayoría a los ultimatistas, y como resultado se aprobó una resolución absurda, analfabeta, que asestó a estos ultimatistas un golpe moral del que difícilmente se repondrán… En la sesión del Comité de Petersburgo que aprobó esta resolución no había representantes de tres distritos, y según se ha aclarado ahora, el representante del cuarto distrito no tenía voto decisivo. De modo que faltaban, en realidad, representantes de cuatro distritos, y un voto que dio la mayoría a los ultimatistas resulta “aclarado”. Resulta que ni siquiera esta sesión incompleta del Comité de Petersburgo dio mayoría a los ultimatistas… Con respecto a la resolución del Comité de Petersburgo sobre las elecciones, la reunión resolvió pugnar por la revisión de la resolución, y sin falta en la primera sesión del Comité de Petersburgo, donde, como se ha aclarado ahora, tendremos mayoría, se aprobará otra resolución. Y los propios ultimatistas, avergonzados de su resolución, están de acuerdo con su revisión. Todos, sin excluir, al parecer, a su autor, concuerdan en que es absurda en todos los sentidos, pero –y esto lo subrayo– no es criminal. Los camaradas ultimatistas que votaron a favor de ella han manifestado su desacuerdo con el autor de la resolución, autor que efectivamente se atiene al refrán que recomienda obrar de modo que “tanto la inocencia se conserve como el capital se adquiera”…».

Así, pues, nuestro correligionario nos acusa de habernos pintado en el extranjero un terrible diablo ultimatista, de que con nuestra lucha escisionista contra los ultimatistas estamos dificultando (o arruinando) la causa de la reconstitución del partido.

La mejor respuesta a estas «acusaciones» es la historia de lo ocurrido en Petersburgo. Por eso hemos relatado tan detalladamente esta historia. Los hechos hablan por sí mismos.

Nosotros hemos reconocido como escindido de la fracción al camarada Maxímov, quien se negó a acatar las resoluciones de la redacción ampliada y organizó, bajo la apariencia de la famosa «escuela», un centro ideológico-organizativo de una nueva organización en el extranjero. Por esto nos acusan algunos de nuestros correligionarios, que en Petersburgo tuvieron que lograr, mediante las más urgentes medidas (¡una reunión privada especial de obreros influyentes y la revisión de una decisión ya adoptada!), la revocación de una resolución «absurda en todos los sentidos» ¡que reproducía las opiniones de Maxímov!

No, camaradas, al acusarnos de escisionismo y de «pintar al diablo», nos habéis demostrado una y otra vez la imperiosa necesidad de reconocer a Maxímov como escindido de la fracción; nos habéis demostrado únicamente que habríamos deshonrado irremediablemente al bolchevismo y habríamos asestado un golpe irreparable a la causa del partido si no nos hubiéramos deslindado de Maxímov en vísperas de las elecciones en Petersburgo. Vuestros hechos –camaradas que nos acusáis de escisionistas– refutan vuestras palabras.

Vosotros «discrepáis solamente» con nuestros métodos de lucha contra los ultimatistas. Nosotros no discrepamos en absoluto con vuestros métodos de lucha contra los ultimatistas, saludamos plena e incondicionalmente tanto vuestros métodos de lucha como vuestra victoria, pero al mismo tiempo estamos profundamente convencidos de que vuestros métodos no son otra cosa que la aplicación en la práctica de «nuestros» métodos a un medio partidario determinado.

¿En qué consisten nuestros «malos» métodos? En que hemos llamado al deslinde respecto a Maxímov y Cía. ¿En qué consisten vuestros buenos métodos? En que habéis reconocido que la resolución, que aplica cabalmente las opiniones de Maxímov, es «absurda en todos los sentidos», habéis convocado una reunión especial, habéis lanzado una campaña contra esa resolución, habéis logrado que sus propios autores se avergonzaran, habéis conseguido su revocación y su sustitución por una resolución no ultimatista, sino bolchevique.

Vuestra «campaña», camaradas, es una continuación de la nuestra, no su refutación.

Pero nosotros no hemos reconocido a nadie como escindido, diréis vosotros. Muy bien. Para «refutar» nuestro mal método, intentad hacer en el extranjero lo que habéis hecho en Petersburgo. Intentad lograr que Maxímov y sus partidarios (aunque sea en el lugar donde se encuentra la famosa escuela de Yeroguin) reconozcan que la hoja de Maxímov («Informe a los camaradas bolcheviques») es, por su contenido ideológico, «absurda en todos los sentidos» sin reservas; lograd que Maxímov y su compañía «se avergüencen» de esta hoja, que la famosa «escuela» cree una hoja de contenido ideológico diametralmente opuesto[15]. Si lo conseguís, entonces refutaréis de veras nuestros métodos de lucha, y nosotros reconoceremos gustosos que «vuestros» métodos son mejores.

En Petersburgo hay una causa partidaria viva, perentoria, general: las elecciones. En Petersburgo, el proletariado socialdemócrata llamó de inmediato al orden a los ultimatistas, y lo hizo de tal manera que estos obedecieron en el acto: el sentimiento de partido prevaleció, la cercanía de la masa proletaria ejerció una influencia beneficiosa; de inmediato quedó claro para todos que con una resolución ultimatista no se podía trabajar. Al instante se planteó un ultimátum a los ultimatistas, y los ultimatistas de Petersburgo (hay que decirlo en honor suyo) respondieron al ultimátum de los bolcheviques con el acatamiento al partido, con el acatamiento a los bolcheviques, y no con la lucha contra los bolcheviques (al menos en las elecciones: aún no sabemos si cesarán la lucha también después de las elecciones).

Maxímov y Cía. son ultimatistas no solo por su estado de ánimo. Ellos se esfuerzan por hacer del ultimatismo toda una línea. Construyen todo un sistema de política ultimatista (por no hablar de su amistad con los constructores de dios, de lo cual probablemente no son culpables los ultimatistas peterburgueses), crean sobre esta base una nueva corriente, han iniciado una guerra sistemática contra el bolchevismo. Por supuesto, también estos inspiradores de los otsovistas sufrirán (y ya sufren) una derrota, pero para librar más pronto a nuestra fracción y al partido de la enfermedad otsovista-ultimatista, hicieron falta aquí medidas más decididas, y tanto más rápido libraremos al partido de esta enfermedad cuanto con mayor resolución llevemos nuestra lucha contra los otsovistas declarados y encubiertos.

«Mayoría casual» de los ultimatistas, dicen los de Petersburgo. Profundamente equivocados estáis, camaradas. Veis ahora entre vosotros una pequeña partícula de un fenómeno general y declaréis «casualidad» aquello cuyo vínculo con el todo no os resulta claro. Recordad los hechos. En la primavera de 1908, el otsovismo aflora en la Región Central y reúne 14 votos (de 32) en la Conferencia general de la ciudad de Moscú. En el verano y el otoño de 1908, campaña otsovista en Moscú: *La Bandera Obrera* abre la discusión y refuta el otsovismo. Se inicia la discusión desde agosto de 1908 también en *Proletari*. Otoño de 1908: constitución de los otsovistas como «corriente» en la Conferencia de todo el partido de toda Rusia. Primavera de 1909: campaña de los otsovistas en Moscú (véase el n.º 47–48 de *Proletari*, «Conferencia de la organización regional de Moscú»). Verano de 1909: resolución ultimatista de la Comisión Ejecutiva del Comité de Petersburgo.

Ante estos hechos, hablar de «casualidad» de la mayoría ultimatista es sencillamente ingenuo. En distintas localidades son inevitables las oscilaciones más bruscas en la composición de las organizaciones, mientras la reacción sea tan fuerte, mientras el personal de las organizaciones socialdemócratas sea tan débil como ahora. Hoy los bolcheviques declaran «casual» la mayoría ultimatista en tal lugar, mañana los ultimatistas declaran «casual» la mayoría bolchevique en tal otro. Hay un montón de aficionados a las rencillas por este motivo; nosotros no somos de esos. Hay que comprender que estas rencillas y disputas son producto de una profunda divergencia ideológica. Solo comprendiendo esto ayudaremos a los socialdemócratas a sustituir las rencillas estériles y humillantes (por la mayoría «casual», por uno u otro conflicto organizativo, por dinero, por conexiones, etc.) por el esclarecimiento de las causas ideológicas de la divergencia. Sabemos perfectamente que en muchas ciudades la lucha de los ultimatistas contra los bolcheviques se ha extendido a las más diversas ramas de la labor, ha introducido discordia y dispersión también en la actividad en los sindicatos legales, sociedades, congresos, reuniones. Tenemos cartas «del campo de batalla» sobre esta discordia y dispersión; por desgracia, las exigencias de la conspiración nos permiten publicar en este terreno solo una décima parte, si no una centésima, de lo que recibimos. Afirmamos de la manera más categórica que la lucha contra los ultimatistas en San Petersburgo durante las elecciones no es una casualidad, sino una de las incontables manifestaciones de una enfermedad general.

Por eso repetimos una y otra vez a todos los camaradas bolcheviques, a todos los obreros que aprecian la causa de la socialdemocracia revolucionaria: no hay nada más erróneo y perjudicial que los intentos de encubrir esta enfermedad. Hay que poner al descubierto con la mayor nitidez las causas, el carácter y el significado de nuestra divergencia con los partidarios del otsovismo, del ultimatismo, de la construcción de dios. Hay que separar con claridad, deslindar la fracción de los bolcheviques, es decir, la unión de correligionarios bolcheviques que desean conducir al partido en la orientación, por todos conocida, de *Proletari*, de la nueva fracción que conduce inevitablemente a sus partidarios hoy a frases anarquistas «casuales» en las plataformas otsovistas de Moscú y Petersburgo, mañana a un bolchevismo caricaturesco «casual» en la hoja de Maxímov, pasado mañana a una resolución «absurda» «casual» de Petersburgo. Hay que comprender esta enfermedad y emprender mancomunadamente su curación. Allí donde es posible la curación con los métodos de los peterburgueses, es decir, con una apelación inmediata y exitosa a la conciencia socialdemócrata de los obreros de vanguardia, allí dicha curación es la mejor, allí nadie ha predicado jamás la escisión y el deslinde a toda costa. Pero allí donde, en virtud de diversas condiciones, se constituyen centros o círculos más o menos estables que hacen propaganda de las ideas de la nueva fracción, el deslinde es necesario. Allí, el deslinde respecto a la nueva fracción es la garantía de la unidad práctica en el trabajo dentro de las filas del partido, pues la imposibilidad de tal trabajo bajo la bandera del ultimatismo acaba de ser reconocida por los propios prácticos de Petersburgo.

*Proletari* n.º 49, 3 (16) de octubre de 1909

Se imprime según el texto del diario *Proletari*