Fíjense ahora en la composición del cuerpo de profesores, que predeterminó el carácter y la orientación de la escuela. Ustedes, camaradas, firmaron su carta dirigida a mí, pero la carta de ustedes al CC
(recibí copia de esta carta junto con el programa de la escuela) en nombre de los alumnos
y profesores de la escuela no contiene las firmas de los profesores. Por eso no puedo conocer la composición
del cuerpo de profesores con toda exactitud. Pero incluso lo que me es conocido resulta suficiente para juzgar sobre la composición de los profesores.

Desde Rusia nos escribían las organizaciones locales de la región industrial central
que el agitador más enérgico, si no el único, en favor de la escuela de Capri fue
el camarada Stanislav, a quien algunos círculos socialdemócratas que habían escuchado su informe ya habían elegido como profesor. Este camarada Stanislav es el más decidido otzovista
y «crítico» del marxismo en filosofía. Basta recordar (1) cómo demolió a Kautsky en su conocido librito filosófico; (2) cómo se destacó en la conferencia
del partido de diciembre de 1908 formando una fracción especial de otzovistas junto con el otzovista de San Petersburgo Vs.; (3) cómo el artículo del otzovista «El Obrero», editado por él en el n.º 5 de «La Bandera Obrera», fue reconocido por la propia «La Bandera Obrera» como impregnado de concepciones anarquistas.

Vean a continuación a los profesores que tienen ahora ante ustedes en Capri.

No hay bolcheviques entre ellos. En cambio, todos los partidarios de la nueva fracción (la fracción de los defensores
del otzovismo y de la construcción de Dios) están representados casi en su totalidad. Apenas me equivocaré en mucho
si digo que entre los profesores de Capri ven ustedes a los camaradas Maksímov, Lunacharski, Liádov, Aleksinski. Es precisamente el grupo de camaradas que desde la primavera
de 1908 formaron la oposición a «Proletari», realizaron agitación contra él en Rusia y
en el extranjero, se destacaron en una fracción especial (o la apoyaron) en la conferencia del partido de diciembre de 1908 y, por último, se separaron definitivamente en una fracción especial.

Negar que todo este grupo de camaradas realiza agitación contra «Proletari», apoyando y defendiendo a los otzovistas, significaría burlarse de hechos conocidos por todos en el partido. Negar que la isla de Capri ha alcanzado ya notoriedad incluso en la literatura rusa en general como centro literario de la construcción de Dios significaría mofarse
de los hechos. Toda la prensa rusa señaló hace ya tiempo que Lunacharski, desde la isla
de Capri, inició la prédica de la construcción de Dios. En Rusia lo ayudaba Bazárov. Bogdánov defendió concepciones filosóficas afines en una decena de libros y artículos legales rusos, en una decena de informes en el extranjero. Yo estuve en la isla de Capri en abril de 1908 y declaré
a los tres camaradas mencionados mi discrepancia absoluta con ellos en filosofía (a la vez
les propuse entonces emplear los medios y fuerzas comunes en una historia bolchevique de
la revolución, en contraposición a la historia menchevique-liquidacionista de la revolución, pero los
capriotas rechazaron mi propuesta, prefiriendo ocuparse no de una causa bolchevique común, sino de
la propaganda de sus concepciones filosóficas particulares). De su grupo de profesores de Capri, la mayoría son literatos, ¡y ninguno de estos literatos ha atacado ni una sola vez en
la prensa la propaganda de construcción de Dios de Lunacharski y Bazárov!

Si, a pesar de todo esto, ustedes me escriben, camaradas, que considerar la escuela vinculada a la
construcción de Dios y al otzovismo es un «malentendido», y además «completo» por mi
parte, pues «tales fines aquí en la escuela no solo no se plantearon, sino que no podía ni hablarse de ellos», entonces no me queda más que asombrarme de su extrema ingenuidad. Repito:
el carácter y la orientación reales de la escuela no los determinan los buenos deseos de las organizaciones locales, ni las decisiones del «Consejo» de alumnos, ni los «programas» y
cosas por el estilo, sino la composición de los profesores. Y si la composición de los profesores está y ha estado determinada por entero por el círculo de miembros de la nueva fracción, negar el carácter fraccional de la escuela es sencillamente
ridículo.

Para terminar con la cuestión de la composición de los profesores, les contaré otro hecho que
me relató el camarada Innokenti y que muestra hasta qué punto

A LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA DE CAPRI. 30 DE AGOSTO DE 1909

resulta evidente para todos en el partido aquello que ustedes intentan negar, a saber: el carácter fraccional especial de la escuela de Capri. Poco antes de la última reunión de la redacción ampliada
de «Proletari»,199 el camarada Maksímov se dirigió en París a Trotski, invitándolo
a ser profesor de la escuela de Capri. Trotski le contó esto al camarada Innokenti y le declaró:
si es una causa del partido, participaré con gusto; si es una empresa especial de los literatos de Capri, Maksímov, Lunacharski y Cía., entonces no participaré.

Innokenti respondió: espere las decisiones de la redacción de «Proletari»; yo le enviaré esas
decisiones. De este modo, también el camarada no fraccional Trotski comprendió en seguida (como lo comprenderá
cualquier trabajador del partido con alguna experiencia) que organizar una escuela en la isla de Capri significa esconder la escuela del partido, significa vincular de antemano la escuela con una fracción especial,
y precisamente con la nueva fracción.

Paso ahora a la cuestión de París. Yo les escribí que si a ustedes les interesan realmente mis lecciones y las de mis correligionarios, deben venir a París. Ustedes
me responden: «el viaje a París, teniendo en cuenta los gastos, será totalmente desproporcionado».

Veamos, pues, quién de nosotros dice realmente algo desproporcionado.

Ustedes llegaron a la isla de Capri vía Viena. Si regresan por el mismo camino, tendrán
que desviarse desde el norte de Italia hacia París, y de allí ir directamente a Viena. Esto
encarecerá el viaje, seguramente, no más de 60 francos por persona (juzgo por el hecho de
que desde Ginebra, donde viví largo tiempo, el billete a París cuesta 30 francos). La carta de ustedes está firmada por 8 nombres, de los cuales 1 declaró que «se abstenía de continuar la correspondencia»,
es decir, evidentemente, ni siquiera tiene deseos de escuchar mis charlas. Quedan 7 camaradas.

Gasto = 7 × 60 = 420 francos.

Ustedes invitaron a cuatro profesores desde París (Lev, yo, Grigori e Innokenti).

Gasto del viaje de París a Capri y vuelta: alrededor de 140 francos. Total: 4 × 140 = 560
francos.

Para 8 alumnos, pasar por París resulta más barato que enviar a 4 profesores a Capri.

Pero la cuestión financiera, como ya les escribí en mi carta anterior*, está lejos de ser la más
importante. Piensen: ¿a quién le es más fácil elegir el lugar, a los alumnos que llegan o a los profesores de aquí? Ustedes vinieron al extranjero especialmente para estudiar en la escuela. Por tanto, no pueden tener impedimentos para venir allí donde hay un gran número de profesores, donde es posible una organización verdaderamente partidista del asunto.

En cambio, los profesores no pueden viajar del centro del partido a la isla de Capri. Hablaré de mí mismo. Yo
no puedo abandonar la redacción de «Proletari», no puedo abandonar la redacción del Órgano Central, no puedo abandonar la comisión de apoyo a la fracción socialdemócrata de la Duma fundada en París, debo intervenir en el club «Proletari» en los barrios obreros de París, donde viven cientos y miles de obreros rusos, etc. El viaje de los literatos del partido desde París a la isla de Capri es una cosa absolutamente imposible.

Pero para la escuela, como causa del partido, no solo importan los profesores bolcheviques. París es el mayor centro de emigrados, donde constantemente se leen informes públicos de todas las fracciones, tienen lugar discusiones, se desarrollan diversos círculos,
hay 2 o 3 bibliotecas rusas nada malas, hay decenas de organizadores socialdemócratas que actuaron durante largo tiempo en
el partido, etc. En París se editan 3 periódicos socialdemócratas rusos. En una palabra, para cualquiera que esté aunque sea un poquito familiarizado con el extranjero, está claro, tan claro como el claro día de Dios: quien va a estudiar socialdemocracia a París, va a estudiar verdaderamente
socialdemocracia. Quien va a estudiar a Capri, va a estudiar una «ciencia» fraccional especial.

Quien organiza una escuela en París, organiza una escuela verdaderamente partidista.

Quien organiza una escuela en la isla de Capri, esconde la escuela del partido.

* Véase el presente tomo, págs. 183-184. N. de la Red.

A LOS ALUMNOS DE LA ESCUELA DE CAPRI. 30 DE AGOSTO DE 1909

La escuela de Capri es una escuela adrede escondida del partido.

Ningún control, ninguna «dirección ideológica» con respecto a la escuela de Capri
son absolutamente posibles, ni por parte del CC, al que ustedes se dirigen hoy,
ni por parte de la redacción de «Proletari», a la que se dirigían ayer. Hablar aquí de
control y de dirección ideológica son palabras vacías. A nadie se le ocurrirá la absurda idea de enviar a Capri «inspectores» del partido para la escuela; nunca podrá realizarse el envío de profesores verdaderamente partidistas a Capri (salvo contadísimas excepciones). Si esto no lo sabían las organizaciones rusas locales, lo sabían perfectamente los organizadores de la escuela. Precisamente por eso organizaron la escuela
en Capri, para encubrir su carácter fraccional, para esconder la escuela del partido.

Tomen a los socialdemócratas rusos no fraccionales, destacados por su conocimiento del movimiento
de la clase obrera en el extranjero: Parvus y Rosa Luxemburgo (Alemania), Ch. Rappoport
(Francia), Rothstein (Inglaterra). Tomen a literatos socialdemócratas no fraccionales, como Riazánov, y verán en seguida (si no quieren cerrar los ojos para no ver) que en
París, en la mayoría de los casos, con algunos esfuerzos por parte del partido, podrán leer lecciones, mientras que a Capri estarán en la absoluta imposibilidad de viajar. El dinero
que los organizadores de la escuela han despilfarrado para enviar a alumnos y profesores al
punto más remoto del extranjero (Capri) habría sido ya suficiente para organizar
lecturas, aunque fuera de algunos de estos profesores, en París.

Tomen, además, las nuevas reagrupaciones en el seno de la socialdemocracia, reagrupaciones con las que tan importante
es que se familiaricen los camaradas rusos (la lucha de los elementos partidistas y liquidacionistas en
el Bund; la lucha de la parte bolchevique de los letones con la menchevique; el PSD* con el ala izquierda
del PPS**; la escisión en el menchevismo, la aparición de Plejánov

* PSD: Partido Socialdemócrata de Polonia. N. de la Red.
** PPS: Partido Socialista Polaco. N. de la Red.

con su «Diario», que desenmascara el liquidacionismo de Potrésov y de los mencheviques oficiales; los intentos de crear un «menchevismo revolucionario», etc.). En Capri no se puede uno
familiarizar como es debido con estos fenómenos de importancia para el partido. En París hay plena
posibilidad de conocer la situación de primera mano, y no solo de oídas.

Tomen, por último, el programa de estudios de la escuela de Capri. De sus cuatro secciones, una
(III) se titula: «filosofía de la lucha proletaria». En la socialdemocracia internacional hay decenas y cientos (si no miles) de programas de estudios de propaganda
de tipo similar. Pero en ninguna parte encontrarán ustedes la «filosofía de la lucha proletaria». Existe
el materialismo filosófico de Marx y Engels, pero en ninguna parte existe la «filosofía de la lucha proletaria». Y ningún socialdemócrata europeo entenderá lo que esto significa. Lo entenderán solo aquellos
que están familiarizados con las obras de los filósofos Stanislav (A. Volski), Bogdánov, Lunacharski, Bazárov. Antes de enseñar la «filosofía de la lucha proletaria», hay que inventar semejante filosofía. Y de la invención de esta filosofía especial, que tanto más jura por la palabra «proletaria» cuanto más lejos está de la concepción proletaria del mundo, se ha ocupado y se ocupa únicamente el mencionado grupo de miembros de la nueva fracción.

Concluyo: si ustedes, camaradas, insisten en su negativa a venir a
París (asegurando al mismo tiempo su deseo de escuchar mis lecciones), demostrarán con ello de manera definitiva que la política estrecha de círculo de la nueva fracción de la construcción de Dios y del otzovismo ha contagiado no solo a los profesores, sino también a algunos alumnos de la escuela de Capri.

Con saludos socialdemócratas, N. Lenin

---

Enviado desde Bombon (Francia)

a la isla de Capri (Italia)

Publicado por primera vez en 1926

en la revista

«La Revolución Proletaria» n.º 2

Se publica según el manuscrito