El problema del «viraje a la izquierda» de la burguesía comercial e industrial no ha abandonado desde hace mucho tiempo las páginas de nuestra prensa legal. Se ha señalado y reconocido que la prensa octubrista se entrega de vez en cuando regularmente a rezongar contra la Duma «agraria» (léase: feudal-terrateniente) y contra la correspondiente política del zarismo. Se ha señalado y reconocido que toda una serie de organizaciones profesionales locales y nacionales de comerciantes e industriales –desde los comités provinciales de la bolsa hasta el «Consejo de Congresos de Representantes del Comercio y la Industria»– expresan precisamente en los últimos años, y sobre todo en el último tiempo, su descontento con la política de los terratenientes. Se ha descrito el «hermanamiento de los millones con la ciencia» de Moscú, es decir, las reuniones a puerta cerrada de los más grandes magnates moscovitas y petersburgueses: Krestóvnikov, Guzhón, Volski y otros, con profesores y escritores kadetes: Manuílov, Struve, Kizewetter y Cía. De más está decir que la prensa liberal, incluyendo los órganos mencheviques, saborea cada una de estas noticias y pregona a bombo y platillo el renacimiento y la renovación del liberalismo.

El afamado «viraje a la izquierda» de la burguesía ha encontrado su expresión en los pasos «políticos» del gobierno zarista y en las intervenciones en la Duma. La persona favorita del comercio ruso –y al mismo tiempo una vieja rata burócrata–, el señor Timiriázev, ha sido nombrado ministro de Comercio e Industria. El 13 de marzo pronunció en la Duma un gran discurso «programático»; discursos de este tipo son llamados programáticos en todos los parlamentos de las centurias negras burgueses y simplemente burgueses del mundo, únicamente «para dar importancia». En realidad, el ministro zarista no expuso programa alguno, sino que se limitó, como de costumbre, a unas amables reverencias a los capitalistas sin decir absolutamente nada, y a lanzar amenazas a la clase obrera, combinando, por supuesto, estas amenazas con una expresión oficial e hipócrita de «simpatía». El 19 de marzo, estos arrumacos del ministro con los líderes del capital se repitieron en Moscú, donde Timiriázev y Krestóvnikov intercambiaron discursos amables en la sesión de la Sociedad de la Bolsa moscovita. «Rusia está enferma, pero con los cuidados adecuados su enfermedad no es peligrosa y pasará pronto» –dijo Krestóvnikov, saludando al profundamente respetado Timiriázev. Y Timiriázev, agradeciendo al profundamente respetado Krestóvnikov, expresó en nombre del gobierno su benévola conformidad para «cuidar» a la enferma mediante los probados remedios stolipinistas del «período de transición».

Cabe preguntarse: ¿qué causas objetivas provocan este «viraje a la izquierda» de la burguesía y cuál es su significado de clase? En la revista «Vozrozhdenie»{155} (núms. 1-2), el camarada Mártov responde a estas preguntas con una franqueza y claridad no muy habitual en este escritor, en un artículo titulado «El “viraje a la izquierda” de la burguesía». «La vida ha demostrado –escribe– que si el desarrollo económico ha madurado precisamente para una transformación burguesa, y la burguesía no puede ser su fuerza motriz, esto sólo significa que la revolución social no puede completarse hasta que el desarrollo ulterior de dicha clase la convierta en fuerza motriz». Y en otro lugar: «Quienes creían que la constitución actualmente en vigor expresa una unión más o menos orgánica de la nobleza y la burguesía, como factores igualmente “contrarrevolucionarios”, pueden ver en fenómenos como los arriba señalados (es decir, en el “viraje a la izquierda” de la burguesía) únicamente episodios particulares, que no guardan una conexión necesaria con la dirección fundamental del desarrollo social... Estos fenómenos aislados pueden tener un significado sintomático sólo a los ojos de aquellos para quienes a priori[73] era indudable que la marcha del desarrollo social conduce inexorablemente a la burguesía rusa, como clase, a contraponerse tajantemente al régimen... del 3 de junio».

Compárese con esto la declaración de «Golos S.-D.» nº 12: ... «somos solidarios con la propuesta de los caucasianos (es decir, Dan, Axelrod y Semiónov en la última conferencia del POSDR) de hablar de la monarquía rusa no como “burguesa”, sino como “plutocrática”, pues esta enmienda niega de raíz la afirmación incorrecta de la resolución bolchevique de que el zarismo ruso empieza a expresar los intereses de clase de la burguesía».

Aquí se nos presenta toda la teoría política de nuestro menchevismo con todas sus conclusiones. Si nuestra revolución es burguesa, no puede completarse hasta que la burguesía se convierta en su fuerza motriz. El «viraje a la izquierda» de la burguesía demuestra que ésta se está convirtiendo en dicha fuerza motriz, y no puede hablarse de su carácter contrarrevolucionario. El zarismo en Rusia se vuelve plutocrático, no burgués. De suyo se comprende que de aquí se desprende la defensa de una táctica oportunista del partido obrero en nuestra revolución burguesa, la táctica de apoyo a los liberales por el proletariado, en contraposición a la táctica que asigna al proletariado, que atrae al campesinado, el papel dirigente en la revolución burguesa a pesar de las vacilaciones y traiciones del liberalismo.

La táctica menchevique se nos presenta como una falsificación del marxismo, como un encubrimiento del contenido antimarxista con frasecillas «marxistas». En la base de esta táctica yace un método de razonamiento no de marxistas, sino de liberales disfrazados de marxistas. Para convencerse de ello, basta echar una mirada general, por lo menos, a la historia y los resultados de la revolución burguesa en Alemania. En la «Nueva Gaceta Renana» Marx escribía sobre las causas de la derrota de la revolución de 1848: «La gran burguesía, antirrevolucionaria desde el principio, concertó una alianza defensiva y ofensiva con la reacción por miedo al pueblo, es decir, a los obreros y a la burguesía democrática»{156}. En este punto de vista se mantuvo Marx y se mantienen todos los marxistas alemanes al valorar 1848 y la táctica ulterior de la burguesía alemana. El carácter contrarrevolucionario de la gran burguesía no le impidió «virar a la izquierda», por ejemplo, en la época del conflicto constitucional de los años 60, pero, en la medida en que el proletariado no actuó de manera independiente y decidida, de ese «viraje a la izquierda» no resultó una revolución, sino sólo una tímida oposición que incitaba a la monarquía a hacerse cada vez más burguesa sin romper la alianza de la burguesía con los junkers, es decir, los terratenientes reaccionarios.

Así ven las cosas los marxistas. Por el contrario, los liberales consideran que los obreros, con sus exigencias desmesuradas, su insensata revolucionarismo, sus inoportunos ataques al liberalismo, entorpecieron el éxito de la causa de la libertad en Alemania, empujando a sus posibles aliados a los brazos de la reacción.

Es absolutamente evidente que nuestros mencheviques encubren con frasecillas marxistas la falsificación del marxismo, encubren su tránsito del marxismo al liberalismo.

Tanto en Francia después de 1789 como en Alemania después de 1848, la monarquía, indudablemente, daba «un paso más por el camino de su transformación en monarquía burguesa». Es igualmente indudable que la burguesía, después de ambas revoluciones, se volvía contrarrevolucionaria. ¿Significa esto que después de 1789 en Francia y después de 1848 en Alemania desapareció el terreno para el «viraje a la izquierda» de la burguesía y para la siguiente revolución burguesa? Por supuesto que no. La burguesía francesa, a pesar de su carácter contrarrevolucionario, «viró a la izquierda», digamos, en 1830; la alemana, en 1863-1864. En la medida en que el proletariado no actuó de manera independiente, en que no conquistó, aunque fuera por un corto tiempo, el poder político con ayuda de las capas revolucionarias de la burguesía, en esa medida el «viraje a la izquierda» de la burguesía no condujo a la revolución (Alemania), sino sólo a nuevos pasos en la transformación de la monarquía en monarquía burguesa. En la medida en que el proletariado actuó de manera independiente y conquistó, en alianza con las capas revolucionarias de la burguesía, el poder político, derrocando al viejo poder (como ocurrió en Francia repetidas veces en el siglo XIX), en esa medida el «viraje a la izquierda» de la burguesía resultó ser el prólogo de una nueva revolución burguesa.

¡Y este abecé de la historia lo han olvidado y tergiversado nuestros mencheviques, pasándose al punto de vista de los liberales: no habrá revolución burguesa en Rusia hasta que la burguesía no se convierta en la fuerza motriz! Esto es una incomprensión total de la dialéctica histórica y de las lecciones del siglo XIX. Al contrario: no habrá revolución burguesa en Rusia hasta que el proletariado, en alianza con los elementos revolucionarios de la burguesía (es decir, en nuestro caso, con el campesinado), no se convierta en una fuerza motriz independiente, a pesar de las vacilaciones y traiciones de la burguesía vacilante y contrarrevolucionaria.

No bajo Nicolás II, queridos camaradas mencheviques, sino bajo Alejandro II, el zarismo ruso empezaba a transformarse en una monarquía «plutocrática», «empezaba a expresar los intereses de clase de la burguesía». Pero no podía expresarlos sin una organización clasista independiente de la burguesía. La revolución de 1905 nos elevó a un peldaño superior, y la vieja lucha se reanuda en un plano de relaciones políticas más desarrolladas. La III Duma es una unión nacional, políticamente formalizada, de las organizaciones políticas de los terratenientes y de la gran burguesía. El zarismo intenta resolver las tareas históricas objetivamente necesarias con ayuda de las organizaciones de estas dos clases. ¿Tendrá éxito este intento?

No. Resulta que una tarea así no puede ser resuelta no sólo por el zarismo plutocrático, que no conoció una organización de representación nacional de las clases «superiores», sino tampoco por el zarismo semiburgués con ayuda de la Duma de las centurias negras burguesas. La Duma le ayuda a resolver esta tarea. Pero esta ayuda resulta ser insuficiente. El «viraje a la izquierda» de la burguesía es provocado precisamente por el hecho objetivo de que, a pesar de la renovación stolipinista del zarismo, no se consigue asegurar la evolución burguesa. De la misma manera que antes de 1905, en la época del zarismo que no conocía ninguna institución representativa, el «viraje a la izquierda» de los terratenientes y de los mariscales de la nobleza era un síntoma de la crisis en maduración, así también en 1909, en la época del zarismo que ha dado representación nacional a los Krestóvnikov, el «viraje a la izquierda» de estos magnates es un síntoma de que «las tareas objetivas de la revolución democrático-burguesa en Rusia siguen sin resolverse», de que «los factores fundamentales que provocaron la revolución de 1905 continúan actuando» (resolución de la conferencia sobre el momento actual).

Los mencheviques limitan su razonamiento a que nuestra revolución es burguesa y a que nuestra burguesía «vira a la izquierda». Pero limitarse a esto significa convertir el marxismo de «guía para la acción» en letra muerta, significa falsificar el marxismo, pasarse de hecho al punto de vista del liberalismo. Es posible una revolución burguesa sin una sola victoria completa del proletariado, y como resultado: la lenta transformación de la vieja monarquía en una monarquía burguesa e imperialista burguesa (ejemplo: Alemania). Es posible una revolución burguesa con una serie de actuaciones independientes del proletariado, que den tanto victorias completas como graves derrotas, y como resultado: una república burguesa (ejemplo: Francia).

Cabe preguntarse: ¿ha resuelto la historia rusa la cuestión de uno u otro camino? Los mencheviques no comprenden esta cuestión, temen plantearla, la eluden, sin darse cuenta de que eludir esta cuestión significa de hecho ir a remolque de la burguesía liberal en su política. Nosotros pensamos que la historia rusa aún no ha resuelto esta cuestión, que la resolverá la lucha de clases en el curso de los próximos años, que la primera campaña de nuestra revolución burguesa (1905-1907) ha demostrado irrefutablemente la completa inconsistencia y el carácter contrarrevolucionario de nuestra burguesía, ha demostrado la capacidad de nuestro proletariado para ser el jefe de una revolución victoriosa, ha demostrado la capacidad de las masas democráticas del campesinado para ayudar al proletariado a hacer victoriosa esta revolución. Y aquí nos encontramos de nuevo con el punto de vista puramente liberal de los mencheviques sobre nuestro campesinado trudovique. Los trudoviques están llenos de utopías pequeñoburguesas, su lucha por la tierra se desarrolla en nombre de consignas absurdas y reaccionarias de socialización de la tierra o de usufructo igualitario –dicen los mencheviques–; «por consiguiente», la lucha trudovique por la tierra debilita la lucha por la libertad, la victoria de los trudoviques sería una victoria reaccionaria del campo sobre la ciudad: a esto se reducen las disertaciones de Martínov en los números 10-11 de «Golos S.-D.» y las disertaciones de Mártov en el compendio «El movimiento social en Rusia a principios del siglo XX».

Una valoración semejante del campesinado trudovique es una tergiversación del marxismo no menos monstruosa que los razonamientos arriba citados sobre la revolución burguesa. Es el peor doctrinariismo, cuando un marxista no sabe discernir el significado real de la lucha revolucionaria contra toda la propiedad terrateniente actual bajo la envoltura de la doctrina populista, realmente absurda, soñadora y reaccionaria, al evaluarla como doctrina socialista. Los mencheviques manifiestan una ceguera asombrosa y una incomprensión de la dialéctica del marxismo, al no ver que, en las condiciones de vida del campesinado ruso, su revolucionarismo democrático-burgués no pudo expresarse ideológicamente de otro modo que en forma de «fe» en la acción salvífica universal del reparto igualitario de la tierra. «Lo que es falso en el sentido económico-formal, puede ser verdadero en el sentido histórico-universal»{157}: estas palabras de Engels nunca pudieron comprenderlas nuestros mencheviques. Desenmascarando la falsedad de la doctrina populista, ellos, como pedantes, cerraban los ojos ante la verdad de la lucha actual en la revolución burguesa contemporánea, expresada por estas doctrinas quasi[74] socialistas.

Nosotros decimos: lucha decidida contra las doctrinas quasi socialistas de los trudoviques, socialistas revolucionarios, socialistas populares y Cía, y reconocimiento directo y firme de la alianza del proletariado con el campesinado revolucionario en la revolución burguesa. La victoria de esta revolución disipará como el humo la doctrina de la acción salvífica universal del reparto igualitario de la tierra, pero las masas del campesinado, en la lucha actual, expresan con esta doctrina precisamente la amplitud, la fuerza, la audacia, el entusiasmo, la sinceridad y la invencibilidad de su acción histórica, que conduce a limpiar a Rusia de todos y cada uno de los residuos del feudalismo.

La burguesía vira a la izquierda, abajo el utopismo trudovique, viva el apoyo a la burguesía: razonan los mencheviques. La burguesía vira a la izquierda –diremos nosotros–, significa que se acumula pólvora nueva en el polvorín de la revolución rusa. Si hoy los Krestóvnikov dicen: «Rusia está enferma» –esto significa que mañana se alzará el proletariado socialista, llevando tras de sí al campesinado democrático, y dirá: «¡nosotros la curaremos!».

«Proletari» nº 44, 8 (21) de abril de 1909.

Se publica según el texto del periódico «Proletari».