San Petersburgo, 1909

CAPÍTULO I
JUVENTUD DE CHERNYSHEVSKI. – LA UNIVERSIDAD. –
MATRIMONIO
[11] Como veremos más adelante, Chernyshevski reelaboró y transformó de manera original las tesis del socialismo utópico. Intentando unirlas con las conclusiones de la filosofía hegeliana, con la cosmovisión materialista y con la crítica de las relaciones económicas existentes, Chernyshevski emprendió de manera independiente un camino que lo aproximaba a la elaboración del sistema del socialismo científico. Pero no logró crear un sistema tan integral. Por un lado, se lo impidió la interrupción violenta de su actividad literaria, provocada por su arresto y destierro; por otro lado, el escaso desarrollo de las relaciones sociales en la Rusia de entonces pesaba sobre él como un lastre y no le daba la posibilidad de desarrollar sus concepciones hasta su conclusión lógica.
Karl Marx, que tres años antes que Chernyshevski comenzó el estudio de los sistemas sociales (1843), vivía en otro entorno y supo hacer lo que a Chernyshevski no le fue dado hacer. En cuanto a la fuerza de su inteligencia y a la diversidad de sus conocimientos, el «gran sabio y crítico ruso», como lo llamó Marx, difícilmente cedía al fundador del socialismo científico...
bien dit!*

* – ¡bien dicho! Ed.
+
225
OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»

Se acercaba la abolición de la servidumbre, y la cuestión campesina fue puesta a la orden del día. Los intereses de las clases superiores eran defendidos por el gobierno, las organizaciones nobiliarias y la mayoría de la literatura; sólo los intereses de las masas campesinas no encontraban defensores sinceros y desinteresados.
Y he aquí que Chernyshevski, de cabeza, se lanzó al combate tanto contra los defensores abiertos e hipócritas de los intereses de los señores feudales, como contra los representantes de las nacientes tendencias burguesas...
Con este fin Chernyshevski escribió una serie de artículos brillantes, de los cuales señalemos los artículos «Actividad económica y legislación», «Capital y trabajo»,
«La monarquía de Julio», «Cavaignac», etc. En estos mismos artículos y en toda una serie de otros,
Chernyshevski se esforzaba por desenmascarar el liberalismo burgués y mostrar que es incapaz incluso de llevar hasta el fin su propia lucha contra el absolutismo y las supervivencias del régimen feudal y que, en esencia, es el representante de los intereses de los grandes propietarios, siendo por principio hostil a los intereses de las masas trabajadoras democráticas...
Para poner los cimientos bajo la cosmovisión de la joven democracia rusa que se estaba formando, Chernyshevski aprovechó la aparición del folleto de Lavrov
«Ensayos sobre cuestiones de filosofía práctica» y escribió su brillante artículo
«El principio antropológico en la filosofía», en el cual exponía las tesis fundamentales del materialismo feuerbachiano y sometía a una crítica despiadada la cosmovisión idealista...
Se puede decir sin exageración que no hubo ni una sola cuestión política importante que interesara a la sociedad rusa, a la que Chernyshevski no se apresurara a responder con su palabra sensata y autorizada... Prometeo de la revolución rusa, como acertadamente lo llama Rusánov*, no se escatimaba, defendiendo la felicidad de su pueblo natal y despejando el camino para los futuros luchadores...
[37-38] Los reaccionarios, hostiles a la emancipación de la mujer, así como a la emancipación de la personalidad en general, insinuaban que Chernyshevski en «¿Qué hacer?»
NB
?
NB
NB
¡no del todo!

* N. Rusánov – Socialistas de Occidente y de Rusia, San Petersburgo, 1908, pág. 286.

predica el llamado «amor libre»*. Por supuesto, esto es una calumnia o una incapacidad orgánica para comprender la psicología de las nuevas personas libres...
Sabemos que Chernyshevski soñó en otro tiempo con una carrera académica. Pero pronto se convenció de que sería mucho más útil al pueblo ruso en otro campo. Este demócrata por convicción y luchador por temperamento no podía retirarse a las frías cumbres de la ciencia académica en un momento en que a su alrededor hervía la vida y se sentía la necesidad de esclarecer a amplios sectores de la sociedad rusa el sentido de los acontecimientos que se realizaban a su alrededor y se preparaban...
[42] Desde el comienzo de la actividad de Lessing hasta la muerte de Schiller, en el curso de 50 años, el desarrollo de una de las más grandes naciones europeas, el porvenir de los países desde el Báltico hasta el Mediterráneo, desde el Rin hasta el Oder, fue determinado por el movimiento literario.
Casi todos los demás factores sociales no favorecían el desarrollo del pueblo alemán. Sólo la literatura lo conducía adelante, luchando contra innumerables obstáculos.
Aquí en Chernyshevski habló el ilustrador, aquí la confianza en la potencia de la razón y la fuerza del conocimiento prevaleció en él sobre sus concepciones materialistas en sociología. El típico ilustrador Lessing era particularmente querido para Chernyshevski también porque le recordaba en muchos aspectos a Belinski, y la época de Lessing le recordaba los años 40 y 50 de la historia rusa. En uno y otro caso fue un «período de tormenta y empuje», y es plenamente disculpable el entusiasmo del ilustrador por otros ilustradores **...
NB
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NB
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* Ver, por ejemplo, el infame folleto del profesor de la universidad de Odesa P. P. Tsitóvich, aparecido en 1879 con el título «Qué hacían en la novela "¿Qué hacer?"». – La serie de libelos calumniosos de este difamador, dirigidos contra el «nihilismo», llamó la atención del gobierno, que en 1880 le dio una subvención para editar el periódico antirrevolucionario «Béreg» [La Orilla]. Este prototipo de «Rossiya» y «Rússkoye Znamia» [Bandera Rusa] no tuvo ningún éxito, y la edición pronto acabó en un lamentable fiasco y, al parecer, en una malversación. – Extractos de este folleto, por desgracia muy incompletos, ver en el libro de N. Denisiuk – «Literatura crítica sobre las obras de N. G. Chernyshevski». Moscú, 1908.
** En este respecto, Chernyshevski llega a veces a exageraciones no propias de su habitual realismo estricto. Así, el boicot de los funcionarios a la sobriedad popular lo explica porque «han sido mal educados y han estudiado demasiado poco» (Obras, IV, 396). Pero tales afirmaciones se encuentran raramente en él.

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[45] Para formarse una idea de la cosmovisión de Chernyshevski, es preciso (quizás de modo algo artificial) unir sus diferentes juicios y pensamientos, expresados en diversas ocasiones en artículos y notas dispersos y por ello a veces contradictorios entre sí o no pensados hasta su conclusión lógica. Y sin embargo, un estudio atento de las obras completas de Chernyshevski nos lleva a la profunda convicción de que poseía una cosmovisión materialista bastante integral, que se esforzaba por aplicar al discutir todas las cuestiones, tanto teóricas como prácticas...

CAPÍTULO III
LAS CONCEPCIONES FILOSÓFICAS DE CHERNYSHEVSKI. –
LA MORAL DEL EGOÍSMO RACIONAL
[47-50] En Occidente, la evolución del hegelianismo de izquierda condujo a Feuerbach, quien puso los fundamentos de la filosofía materialista. «Con ello, – dice Chernyshevski, – culminó el desarrollo de la filosofía alemana, que ahora por primera vez alcanzaba soluciones positivas, se despojaba de su anterior forma escolástica de trascendentalidad metafísica y, reconociendo la identidad de sus resultados con la doctrina de las ciencias naturales, se fundía con la teoría general de las ciencias naturales y la antropología» *.
Con estas palabras, Chernyshevski se adhiere de manera completamente definida al «principio antropológico» y al «humanismo» de Feuerbach.
La cuestión fundamental de la filosofía es la cuestión de la relación entre el pensamiento y el ser. El idealismo reconoce el primado del espíritu sobre la naturaleza; el materialismo afirma el primado de la naturaleza o la materia. En este sentido, Feuerbach iba al encuentro del materialismo, rechazando el idealismo de Hegel con su idea absoluta ***...
Feuerbach versus .... 226
NB
Cf. Engels ¡no exacto!
NB cf.
Feuerbach 227

* Ensayos sobre el período gogoliano. Obras, II, 162.
** Compárese Engels. Feuerbach en relación al balance general. Ed.
*** El intento de Lange de demostrar que Feuerbach no era materialista («Historia del materialismo», San Petersburgo, 1899, t. 2, págs. 394 y ss.), no resiste la crítica. Ver Plejánov – Cuestiones fundamentales del marxismo, San Petersburgo, 1908, págs. 7 y ss.; ídem – En veinte años, 3ª ed., San Petersburgo, 1909, págs. 271 y ss.

[53] Las teorías anteriores de las ciencias morales, dice Chernyshevski, carecían de toda
importancia científica debido al desprecio del principio antropológico. ¿Qué es, pues, este
principio antropológico? «La antropología, – responde Chernyshevski, – es aquella ciencia
que, de cualquier parte del proceso vital humano que hable, siempre recuerda que todo
este proceso y cada una de sus partes transcurre en el organismo humano, que este organismo
sirve de material que produce los fenómenos que ella examina, que las cualidades de los fenómenos
están condicionadas por las propiedades del material, y las leyes según las cuales surgen los fenómenos no son
sino casos particulares especiales de la acción de las leyes de la naturaleza» (cursiva nuestra)...
[58-60] Tal fue este célebre artículo, que por primera vez en la literatura rusa exponía de manera definida los principios básicos del materialismo feuerbachiano, llevado por Chernyshevski hasta
sus extremas conclusiones lógicas... Este artículo fue el manifiesto filosófico de los «hombres nuevos»,
de la intelectualidad de los raznochintsy – y así lo consideraron los enemigos de la democracia revolucionaria...
«Otéchestvennye Zapiski» [Anales Patrios] agruparon las objeciones hechas por Yurkévich contra Chernyshevski*. Se reducían a que: 1) Chernyshevski desconoce la filosofía; 2) que confundió la
aplicación del método de las ciencias naturales al estudio de los fenómenos psíquicos con la explicación misma de los fenómenos anímicos; 3) que no comprendió la importancia de la autoobservación como fuente especial
de conocimiento psicológico; 4) que «mezcló (?) la doctrina metafísica de la unidad de la materia»; 5) que admitió la posibilidad de transformación de diferencias cuantitativas en cualitativas; 6) finalmente, «usted ha admitido que toda concepción es ya un hecho de la ciencia,
y de ese modo ha perdido la diferencia entre la vida humana y la animal. Usted ha destruido la personalidad moral del hombre y admite sólo impulsos egoístas del animal»**.
A esto Chernyshevski responde que esos mismos pecados mortales que Yurkévich
descubre en él, los cuadernos de seminario los descubren en Aristóteles, Bacon, Gassendi, Locke y
etc., – es decir, en todos los filósofos que no tuvieron el honor de pertenecer al gremio de los idealistas...
NB
NB
NB

* Con su artículo contra Chernyshevski, el «modesto» profesor de la Academia Eclesiástica de Kiev, Yurkévich, hizo carrera: Katkov y Leóntiev pronto le consiguieron el traslado a la cátedra de filosofía en Moscú.
Al mismo tiempo, este desdichado hombre inmortalizó así su nombre. ¿Se puede acaso envidiar tal inmortalidad?
** Como veremos más abajo, un argumento análogo lo aduce casi cuarenta años después el Sr. Ivánov en su «Historia de la crítica rusa». ¿No está mal?

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[63] El idealismo es por su esencia contemplativo; el materialismo, en cambio, es un sistema activo, correspondiente a los períodos de ascenso social y a las clases de temple revolucionario. Junto con toda su generación, Chernyshevski se situó naturalmente en el punto de vista del monismo materialista...
[66] Chernyshevski, que vinculaba la cosmovisión filosófica con determinadas aspiraciones prácticas, comprendía que el materialismo más reciente es la filosofía de la clase obrera...
[71] La ética de Chernyshevski recuerda en mucho a la ética de Feuerbach; digamos, pues, algunas palabras sobre esta última. Como señala Engels*, la ética de Feuerbach es realista por su forma, pero por su esencia es completamente abstracta...
[74] Chernyshevski continúa su argumentación. Un hombre que pasa semanas enteras junto al lecho de un amigo enfermo, sacrifica su tiempo y su libertad a su sentimiento de amistad: este sentimiento «suyo» es en él tan fuerte que, al satisfacerlo, obtiene mayor placer que el que obtendría de cualesquiera otros placeres e incluso de la libertad; y al violarlo, dejándolo sin satisfacción, sentiría más desagrado que el que recibe de la momentánea restricción de su libertad. Lo mismo se puede decir de los sabios que renuncian a la vida personal en nombre de los intereses de la ciencia, o de los activistas políticos, «llamados habitualmente fanáticos», – explica Chernyshevski, es decir, de los revolucionarios...
[82] La teoría del egoísmo racional no debe inducirnos a error. Esta doctrina a primera vista individualista está en realidad impregnada de carácter social hasta la médula. Lo importante no es la forma, sino el contenido del «egoísmo racional» – y, como hemos visto más arriba, Chernyshevski y sus seguidores resolvían todas las cuestiones discutibles aquí referentes en un espíritu social, en el sentido de servicio a los intereses sociales y humano-universales.
En la base de la moral del egoísmo racional está la idea del deber, pero del deber libre, la idea de la elección correspondiente a la nobleza interior, orgánica. «Ser
?
?
NB
NB
«

* Engels. Del idealismo clásico, etc. 228, págs. 35 y ss. – Engels ridiculiza cáusticamente la ética
de Feuerbach, afirmando que según su moral la bolsa es el más alto templo de la moralidad, siempre que la especulación se haga con cálculo correcto. Esto es, por supuesto, un recurso polémico, pero pone al descubierto con acierto la abstracción y ahistoricidad de la moral feuerbachiana.

defensor de los oprimidos o defensor de las opresiones, la elección aquí no es difícil para un hombre honesto»*. La teoría del egoísmo racional es precisamente la moral de las personas honestas, la moral de la generación revolucionaria de los años 60...

CAPÍTULO IV
LA ESTÉTICA Y LA CRÍTICA DE CHERNYSHEVSKI
[93] Lleno de fuerzas y esperanzas, el representante de la democracia revolucionaria que inicia su carrera histórica se niega resueltamente a reconocer la concepción idealista que ve en lo trágico una ley del universo. Y aquí también intenta situarse en el punto de vista «antropológico»...
[104] Las cuestiones estéticas eran para él sólo un campo de batalla en el cual el joven revolucionario
del pensamiento libraba su primer combate contra el odioso viejo mundo, odioso con todas sus instituciones políticas y económicas y con toda su ideología y moral. En su disertación, «donde bajo una forma algo escolástica bulle la sed de vida, de trabajo, de felicidad terrenal»**, Chernyshevski se presentó como portavoz de las ideas y el estado de ánimo de la intelectualidad de los raznochintsy, que en ese tiempo (después de la Guerra de Crimea) salía audazmente a la escena histórica con la bandera desplegada de la protesta...

CAPÍTULO V
LA FILOSOFÍA DE LA HISTORIA DE CHERNYSHEVSKI
[135] Si recordamos que Chernyshevski vivió en la época de la sorda reacción europea sobrevenida tras la represión del movimiento revolucionario de 1848-49, que en Francia triunfaba Napoleón III, en Austria se había restablecido el absolutismo, Prusia desfallecía en las tenazas de la reacción feudal, Italia vanamente aspiraba a su liberación, Rusia apenas se disponía a acabar con la servidumbre; si recordamos que en Europa la animación política empezó a llegar sólo después de la guerra austro-italiana de 1859, y que Chernyshevski, como veremos más abajo, no creía en la existencia de fuerzas revolucionarias serias en Rusia, entonces comprenderemos que su objetivismo tenía que conducirlo a menudo a un pesimismo desolador. Y sin embargo, Chernyshevski consideraba un deber de honor no ocultarse a sí mismo ni a sus lectores toda la verdad,
?.
?

* Obras, IV, 475.
** Andréievich – Ensayo de filosofía de la literatura rusa, San Petersburgo, 1905, pág. 249.

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por amarga que fuera, y nunca reconoció el principio: «las tinieblas de las verdades bajas nos son más queridas que el engaño que nos eleva»...
[145-147] Así pues, Chernyshevski recomendaba una actitud optimista ante la vida
precisamente en base a que en nuestro tiempo la principal fuerza motriz de la historia es la orientación industrial... «... Las victorias de Napoleón en España y Alemania trajeron cierto provecho a estos países, ¡cómo no van a traer algún provecho las victorias de los fabricantes e ingenieros, comerciantes y tecnólogos! Cuando se desarrolla la industria, el progreso está asegurado. Desde este punto de vista nos alegramos sobre todo del fortalecimiento del movimiento industrial entre nosotros». Y más adelante Chernyshevski señala con entusiasmo varios hechos nuevos del desarrollo industrial: la fundación de una nueva sociedad de vapores en el Volga y sus afluentes, la exposición agrícola en Kiev, etc. *...
Después de lo dicho, por supuesto, no nos sorprenderá saber de Chernyshevski que en la base de la efervescencia política generalmente se encuentra el descontento social **. No nos asombrará su frase, como arrancada de los folletos de Marx de 1848-49,
de que «la sal y el vino participaron en la caída de Napoleón, de los Borbones y de la dinastía de Orleans» ***. Y no nos sorprenderá leer en él una reflexión sobre las causas de la caída de Roma, que explica, siguiendo a Plinio, por el cambio de las relaciones agrarias: «los latifundios perdieron a Italia – latifundia perdidere Italiam» ****...
[152] En el artículo «Capital y trabajo», Chernyshevski muestra que en la base de la historia antigua se encontraba la lucha de clases. En Atenas, a su juicio, en esta lucha predominaba un elemento puramente político: los eupátridas y el demos luchaban casi exclusivamente por o contra la extensión de los derechos políticos a la masa del demos*****. En Roma
NB
Cf.
Plejánov 229

* Revista contemporánea (noviembre de 1857). Obras, III, 561-2. Cf. «Notas sobre las revistas» (noviembre de 1856), donde Chernyshevski reconoce como «la más importante de todas las mejoras» después de la Guerra de Crimea «la adopción de medidas para construir una extensa red de ferrocarriles». Obras, II, pág. 653.
** La monarquía de Julio. Obras, VI, 63.
*** Cavaignac. Obras, IV, 33.
**** «Capital y trabajo». Obras, VI, 15.
***** Está absolutamente claro que Chernyshevski se equivoca aquí, pero es un error casual, ya que él mismo demuestra habitualmente que en la base de la lucha política se encuentra el choque de intereses económicos. – Por lo demás, también en Engels encontramos una frase semejante: «Al menos en la historia moderna, el Estado, el régimen político, es el elemento subordinado, y la sociedad civil,

aparece en primer plano con mucha más fuerza la lucha por los intereses económicos...
[154-155] Así pues, para Chernyshevski estaba claro que las clases sociales modernas se forman en el proceso de producción: a los tres elementos de la producción – tierra, capital y trabajo – corresponden las tres clases fundamentales de la sociedad moderna:
terratenientes, la burguesía y los obreros. En las notas a Mill indica de manera definida que, en general y en conjunto, las relaciones mutuas de estas tres clases están condicionadas por la división tripartita del producto en renta, ganancia y salario...
[157-160] Es cierto que en Chernyshevski se encuentra la expresión «la lacra del proletariado», pero él usa esta expresión propiamente durante la polémica con los burgueses occidentalistas, inclinados a ver en Europa occidental poco menos que el paraíso y que no desean referirse críticamente a los aspectos negativos de las relaciones europeo-occidentales*... Chernyshevski podía, en interés de una defensa más fiel de la propiedad comunal de la tierra, hacer ver a la sociedad rusa la proletarización que amenazaba al pueblo. Pero también los socialdemócratas, que objetan contra las medidas agrarias de Stolypin, recurren a un argumento análogo (no en la forma, por supuesto, sino en esencia)...
Pero ¿qué es un proletario? ¿Acaso Chernyshevski entendía por tal simplemente a un pobre o al mismo «hombre del pueblo»? Pues escuchemos al propio Chernyshevski. Burlándose de Vernadski por su frase de que en Francia «multitud de proletarios tienen propiedad inmueble», Chernyshevski escribe: «Nos atrevemos a preguntar, ¿cómo ha podido producirse tal extrañeza? Por lo que hemos leído de los economistas, proletario siempre significa para ellos una persona que no tiene propiedad; no es en absoluto lo mismo que un simple pobre; sí, los economistas distinguen rigurosamente este concepto: un pobre simplemente
»?
?
Cf. Marx «Das Kapital»
III, 7 230
¡falsedad!

la esfera de las relaciones económicas, tiene una importancia decisiva» (loc. cit., 57). ¿Acaso es así la situación sólo «en la historia moderna»? Esto es, por supuesto, un lapsus. No seamos demasiado severos con lapsus análogos de Chernyshevski.
* Notas sobre las revistas («Rússkaya Beseda» y el eslavofilismo), marzo, 1857, Obras, III, 151. – En aquel tiempo Chernyshevski aún esperaba que los «mejores representantes» del eslavofilismo, a los que el gobierno miraba con bastante recelo, fueran de la mano con los demócratas en algunas cuestiones (en particular, en la cuestión de la libertad política y el aseguramiento del bienestar del pueblo).
Pronto se desengañó de ello.

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es una persona cuyos medios de vida son escasos; y proletario, una persona que no tiene propiedad.
El pobre se contrapone al rico; el proletario, al propietario.
Un aldeano francés que tiene 5 hectáreas de tierra puede vivir muy pobremente si
su tierra es mala o su familia demasiado numerosa, pero aún así no es un proletario; por el contrario, un trabajador artesano de París o de Lyon
puede vivir en una habitación más cálida y confortable, puede comer más sabroso y vestirse mejor que este aldeano, pero aún así será un proletario si no tiene ni propiedad inmueble ni capital, y su suerte depende exclusivamente del salario»*. Estas palabras del fundador del populismo muestran hasta qué punto estaba por encima de tales epígonos del populismo, como por ejemplo V. Chérnov, que aún ahora no desea asimilar la diferencia entre pobre y proletario. Estas mismas palabras muestran
por qué él consideraba «el proletariado... como una lacra más grave para la vida del pueblo
que la simple pobreza». Chernyshevski tenía en cuenta la inseguridad de la existencia, que en caso de desempleo, enfermedad o vejez condenaba al proletario a la muerte por hambre... «No dudamos en absoluto, – dice, – de que estos
sufrimientos serán curados, de que esta enfermedad no es para la muerte, sino para la salud»**. Los proletarios
no se tranquilizarán hasta que consigan la satisfacción de sus reivindicaciones, y he aquí por qué a las naciones capitalistas les aguardan nuevas perturbaciones, más crueles que las anteriores. «Por otra parte, – dice Chernyshevski, – el número de proletarios crece constantemente, y lo principal es que crece su conciencia de sus fuerzas y se aclara su concepto de sus necesidades»***. Dígame con franqueza, lector, ¿esta frase no le recuerda nada del «Manifiesto Comunista»?
[174-176] La parte de nuestro público de talante populista se interesaba menos que nada por el análisis de las concepciones de Chernyshevski desde el punto de vista de su proximidad al socialismo científico; y es muy posible que el establecimiento de tal proximidad lo considere un insulto a la memoria del gran pensador.
Entre la mayoría de los marxistas, por el contrario, predomina la concepción de Chernyshevski como un escritor muy simpático, útil en su tiempo, pero muy lejano a la cosmovisión materialista contemporánea. Sobre su actitud hacia Chernyshevski influye en gran medida
NB
NB
NB

* Sobre la propiedad de la tierra. Obras, III, 418 (1857).
** Obras, III, 303 (1857).
*** Sobre la propiedad de la tierra. Obras, III, 455 (1857).

ese capricho de la historia en virtud del cual este objetivista y materialista se convirtió en
fundador del populismo. En general, la mayoría del público sabe de Chernyshevski
sólo que escribió una novela utópica «¿Qué hacer?» y que supuestamente soñaba con el paso de Rusia de la comuna directamente al socialismo mediante una conspiración de un pequeño grupo de intelectuales revolucionarios.
La verdadera fisonomía científica de Chernyshevski tiene muy poco en común con esta imagen fantástica...
Chernyshevski contemplaba la historia de la humanidad con ojos de un objetivista riguroso. Veía en ella un proceso dialéctico de desarrollo mediante contradicciones, mediante saltos que a su vez son resultado de cambios cuantitativos graduales. Como resultado de este proceso dialéctico ininterrumpido se produce el paso de las formas inferiores a las superiores. Los actores en la historia son las clases sociales, cuya lucha está condicionada por causas económicas. En la base del proceso histórico se encuentra el factor económico, que determina las relaciones políticas y jurídicas, así como la ideología de la sociedad.
¿Se puede negar que este punto de vista es próximo al materialismo histórico de Marx y Engels? Del sistema de los fundadores del socialismo científico contemporáneo, la cosmovisión de Chernyshevski se distingue sólo por la falta de sistematización y de precisión en algunos términos. La única laguna seria en las concepciones histórico-filosóficas de Chernyshevski consiste en que no señaló de manera definida la importancia decisiva del desarrollo de las fuerzas productivas como factor fundamental del proceso histórico...

CAPÍTULO VII
LA ECONOMÍA POLÍTICA Y EL SOCIALISMO
[275-280] En las reflexiones de Chernyshevski a este respecto tropezamos de nuevo con una mezcla caprichosa de geniales vislumbres y tendencias utópicas, mezcla explicable, como en todos los demás casos, por el carácter general de su sistema económico, del que hemos hablado repetidamente.
Él reprocha a Mill que «sobre la mercancía más importante – sobre el trabajo» él se limita a un par de observaciones, mientras que «el trabajo es la única o la más importante mercancía para la inmensa
NB
demasiado
NB

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
mayoría de las personas»*. Chernyshevski explica esta circunstancia porque todo el análisis se hace en
Mill desde el punto de vista del capitalista, porque «el punto de vista del que surge la idea del valor de producción es el punto de vista del productor, y en rigor sólo del productor que compra trabajo a los asalariados»**. Si no se plantea la cuestión de fondo sobre esta «mercancía extraña», nada especial se podrá decir sobre su valor de cambio: la mercancía como mercancía está sometida a la ecuación de la oferta y la demanda – eso es todo. «Pero la cuestión de fondo consiste en: ¿debe el trabajo ser mercancía, debe tener valor de cambio?»...
La compra de trabajo se diferencia de la compra de un esclavo sólo por la duración del tiempo por el que se realiza la venta, y por el grado de poder que otorga al comprador sobre quien se vende. El rasgo fundamental aquí es uno y el mismo: el poder de una persona privada sobre las fuerzas económicas de otra persona.
«El jurista y el administrador pueden interesarse por la diferencia entre la compra de trabajo y la esclavitud; pero el economista político no debe»...
«El trabajo no es un producto. Es todavía sólo una fuerza productiva, es sólo la fuente del producto. Se diferencia del producto como el músculo de la pesa que el músculo levanta, como el hombre del paño o del pan»***...
Siguiendo a la economía clásica, Chernyshevski distingue dos tipos de valor: interno y de cambio. Por valor interno él entiende el valor de uso****
– y a diferencia de la economía burguesa, concentra la atención principal precisamente en el análisis de este valor interno. Esto es completamente natural si se recuerda que Chernyshevski critica el régimen capitalista no tanto desde el punto de vista de sus tendencias
objetivas internas, como desde el punto de vista de su oposición a los intereses de la sociedad, del pueblo, de la masa...
«Vemos, – concluye, – que por la esencia de la cuestión el valor de cambio debe
coincidir con el interno y se desvía de él sólo a causa del erróneo reconocimiento del trabajo como mercancía, cosa que el trabajo de ningún modo debe
NB
NB

* Notas a Mill, págs. 436 y ss.
** Ibíd., pág. 492.
*** Notas a Mill, pág. 493.
**** «Para que un objeto tenga valor de cambio, es necesario... que sea útil para un uso conocido, – en opinión del comprador... En el lenguaje de la economía política esto se expresa así: tienen valor de cambio sólo aquellos objetos que tienen valor interno». Notas a Mill, pág. 420.

ser. Por eso la posibilidad de que el valor de cambio se distinga del interno testimonia únicamente la insatisfactoriedad económica del modo de vida en el cual existe una diferencia entre ellos. La teoría debe considerar la separación del valor de cambio del interno exactamente igual que considera la esclavitud, el monopolio, el proteccionismo. Puede y debe estudiar estos fenómenos con todo el detalle posible, pero no debe olvidar que describe desviaciones del orden natural. Puede encontrar que la eliminación de uno u otro de estos fenómenos de la vida económica requerirá mucho tiempo y esfuerzos muy significativos; pero por lejano que se le presente el plazo de curación de una u otra enfermedad económica, no debe por ello dejar de representar cómo debe ser la sana situación de las cosas»*.
La sana situación de las cosas es el régimen socialista, en el cual la producción está planificadamente organizada de acuerdo a las necesidades de la sociedad, el trabajo deja de ser mercancía, y «el valor de cambio coincide con el interno». La distribución de las fuerzas productivas entre las diferentes ocupaciones bajo el sistema de producción basado en el intercambio, o en la producción para la venta, se determina por la distribución del poder adquisitivo en la sociedad; bajo el sistema de producción basado «directamente en las necesidades del productor», se determina por estas necesidades. Así sucede en el estadio inferior de desarrollo, caracterizado por la existencia de una pequeña economía cerrada; pero de igual modo sucederá también en el estadio superior de desarrollo económico, en el que dominará la economía colectiva organizada **...
[282-283] En este sistema «el valor de cambio del producto se deja sin ninguna atención; el producto se subsume directamente bajo las necesidades del hombre, se examina únicamente su utilidad para su satisfacción – su valor interno; la adquisición de valor de cambio por el producto se supone como algo casual, excepcional, porque la masa de productos ni siquiera va a la venta o al intercambio, sino que sirve directamente para el
NB
NB
¡no!
NB

* Notas a Mill, 440-441.
** Notas a Mill, 449-450. – Ahora se entienden las adiciones que Chernyshevski hizo a las 17 tesis de Mill sobre el valor (ver arriba, pág. 232): en ellas contrapone los principios de la economía capitalista y socialista desde el punto de vista de la oposición entre los dos tipos de valor.

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consumo del productor; y si una parte de los productos va al intercambio con productos de otros
productores*, el valor de cambio no es algo diferente del interno, – el valor interno se convierte directamente en valor de cambio sin ningún aumento ni disminución»**...
[295-296] De la exposición precedente el lector ha podido formarse una idea del carácter del sistema económico de Chernyshevski, de su método y del objetivo de sus investigaciones. Este
objetivo consistía en, mediante la crítica de las relaciones económicas existentes, poner de manifiesto el daño del capitalismo para las amplias masas populares, subrayar su carácter transitorio y revelar los rasgos fundamentales del futuro régimen socialista. Con ello, el centro
de gravedad se trasladaba naturalmente al ámbito de la crítica de lo existente desde el punto de vista de lo venidero y al ámbito de la caracterización del régimen futuro – aunque fuera en los rasgos más generales. De
esto, el análisis de las relaciones económicas existentes sufrió un tanto y, como hemos visto más arriba, la definición de algunos conceptos fundamentales de la economía política en Chernyshevski resultó no ser consecuente desde el punto de vista histórico y dialéctico.
Pero si las insuficiencias del método aplicado por Chernyshevski repercutieron negativamente en la significación general de
su sistema y lo hicieron efímero, si este sistema jugó un conocido papel histórico, pero
en la actualidad debe ser reconocido como anticuado, estas carencias generales y la inexactitud de algunas definiciones
no impidieron a nuestro autor expresar toda una serie de profundas
¿sólo?***
NB
?

* Aquí, como vemos, Chernyshevski admite un intercambio parcial también en la sociedad futura. El caso es que, como veremos más abajo, admitía la posibilidad de un estadio intermedio entre el capitalismo y el socialismo.
** De todo lo expuesto se desprende claramente que si entre las concepciones sobre el valor de Chernyshevski y Proudhon es posible establecer cierta semejanza muy general, esta semejanza es de carácter puramente formal. A juicio de Proudhon, su «valor establecido (o constituido)» puede realizarse únicamente en una sociedad de pequeños productores independientes que intercambian libremente sus productos-mercancías; la «norma» de los valores de Chernyshevski supone, por el contrario, precisamente una sociedad organizada sobre los principios del trabajo colectivo y la posesión colectiva de los instrumentos de producción, que lanza al intercambio sólo una parte insignificante de sus productos. El punto de partida de Chernyshevski es socialista; el de Proudhon, pequeñoburgués, individualista. Allí donde comienza a actuar la «norma de los valores» del primero, no hay lugar para el «valor establecido» del segundo.
*** La palabra «¿sólo?» está escrita por Lenin en el ángulo superior izquierdo de la página. Ed.

observaciones críticas respecto al régimen capitalista en su conjunto. Y en este ámbito, el talento y la perspicacia de nuestro autor se manifestaron con pleno brillo...
[320] El socialismo de Chernyshevski, por supuesto, no estaba libre de algunos elementos
utópicos, pero reconocer sobre esta base a Chernyshevski sólo y simplemente como utopista, no nos
atrevemos. Como ya hemos dicho, Chernyshevski ocupa un estadio intermedio entre el socialismo utópico y el científico, estando en la mayoría de los casos más cerca del último...
[324] Repetimos, del utopismo de Chernyshevski hay que hablar cum grano salis [con reservas]. Riguroso realista,
tomaba de los sistemas utópicos, principalmente, su crítica de la propiedad privada y del régimen capitalista, así como los principios generales del régimen futuro, como, por ejemplo, la asociación, la unión
de la industria con la agricultura, la organización de la producción, etc.; pero veía perfectamente las insuficiencias
de los sistemas utópicos y criticaba brillantemente muchas de sus tesis...
[328-330] Pero ¿nos da todo esto el derecho de catalogar a Chernyshevski como utopista tout court [sin más]? No lo pensamos en absoluto.
Que a Chernyshevski no se le puede catalogar entre los representantes del «socialismo pequeñoburgués» está claro
de toda la exposición precedente...
Todos estos rasgos negativos del socialismo pequeñoburgués eran orgánicamente ajenos a nuestro Chernyshevski. De la idealización de la barbarie patriarcal estaba completamente libre; la viabilidad de la pequeña producción la negaba categóricamente; y su programa positivo no se reducía en modo alguno a la restauración del pequeño artesanado o la agricultura, sino a la planificada organización social de la producción sobre principios colectivistas.
Pero ¿hay fundamentos para catalogar a nuestro autor entre los representantes del socialismo crítico-utópico? Veamos...
Marx, que tan rigurosamente trató los escritos y la actividad de tales representantes del socialismo europeo como, por ejemplo, Proudhon y Lassalle (de ellos, el último era su propio discípulo), y de tales representantes del socialismo ruso como Herzen, Bakunin y Necháyev, trataba a Chernyshevski con el mayor respeto y profunda simpatía. Extremadamente reservado en elogios y parco en valoraciones lisonjeras, el creador del socialismo científico reconoció a nuestro autor como un gran sabio y crítico, que magistralmente había puesto al descubierto la bancarrota de la economía burguesa. Está claro
NB
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OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
que esta elogiosa valoración, casi la única en boca del severo Marx, tenía algunas bases serias, – especialmente si se la compara con las severas valoraciones de Marx sobre otros grandes
representantes del pensamiento socialista. Y tales bases, indudablemente, existían...
[332-336] Los rasgos de los utopistas eran completamente ajenos a Chernyshevski – excepto uno: él
también veía en la fundación de asociaciones productivas un medio de demostrar las ventajas de la economía cooperativa sobre la capitalista y un instrumento de propaganda de las nuevas ideas. ¡Pero qué colosal diferencia entre él y los utopistas en este aspecto! En primer lugar, nunca
declaró la fundación de asociaciones como el único medio de transformación social, no intentó imponer doctrinariamente a la clase obrera esta única forma ni la contrapuso a las formas históricas del movimiento obrero; en segundo lugar, no sólo no negaba la lucha
política y las tareas políticas del proletariado, sino que, por el contrario, como hemos visto más arriba (cap. V y VI),
reprochaba a los socialistas su timidez e inconsecuencia en la realización de estas tareas, en particular en la cuestión de la toma del poder político y la dictadura revolucionaria. El
indiferentismo político, la estrecha exclusividad del inventor de la piedra filosofal, del pensador
de gabinete, que sueña con hacer feliz a la estúpida humanidad con sus geniales invenciones y mira por encima del hombro el impotente chapoteo de las masas no ilustradas en los abismos del torbellino histórico, – en suma, la autosuficiencia sectaria y el pedantismo le eran absolutamente ajenos *.
Y si en el ámbito de la crítica científica del capitalismo Chernyshevski fue discípulo de Fourier, Owen y Saint-Simon, en el ámbito de las acciones prácticas y los métodos de lucha política se adhería más bien a los blanquistas y cartistas...
Sin embargo, en la próxima llegada del socialismo Chernyshevski no creía. En este aspecto miraba las
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* A los saint-simonianos los condena, entre otras cosas, también por su indiferentismo político, por su refugio sectario en la nueva Jerusalén: «La solemne entrada de los saint-simonianos en el nuevo orden de vida tuvo lugar el 6 de junio de 1832, el mismo día en que los barrios vecinos de París eran el teatro de la insurrección republicana, excitada por la procesión del entierro de Lamarque. Procediendo impertérritos a su organización interna entre el estruendo de los cañones que exterminaban los escasos destacamentos de insurgentes, los saint-simonianos parecían mostrar que no tenían nada que ver con los viejos partidos radicales que iban a la transformación de la sociedad por un camino que los saint-simonianos consideraban erróneo, y que ni siquiera comprendían qué reformas eran necesarias para la sociedad; renunciando al viejo mundo, renunciaban incluso a las personas que más que todas las demás en el viejo mundo querían el bien de los simples» (La monarquía de Julio, l. c., 146).

cosas de modo más realista que, por ejemplo, Marx y Engels a finales de los años 40. En el artículo
«Actividad económica y legislación» (1859) dice que aún estamos muy lejos del socialismo, «quizás no a mil años, pero probablemente a más de cien o ciento cincuenta»*. He aquí por qué las esperanzas de Chernyshevski en la comuna (mientras aún tenía estas esperanzas) no deben interpretarse en el sentido de que admitía la posibilidad de un salto repentino de la barbarie rusa con su analfabetismo y sus ruedas de madera directamente al milenio comunista. Probablemente, él suponía que si la historia, que «como una abuela, ama terriblemente a los nietos menores»**, se configuraba de manera especialmente favorable para el pueblo ruso, resultaría algo parecido a lo que en los últimos años se llamaba entre nosotros «república del trabajo», y en tal caso la conservación de la comuna daría la posibilidad de pasar gradualmente a una verdadera agricultura colectiva con empleo de máquinas.
Así pues, Chernyshevski no creía en la cercanía del socialismo, pero consideraba que ya entonces era necesario estudiar el régimen socialista en sus fundamentos, «de otro modo nos despistaremos»***. Pero si ahora es impensable la realización plena y definitiva del régimen socialista, sí es pensable la realización parcial del socialismo. «¿Acaso no ocurre, – dice Chernyshevski, – que un pensador, que desarrolla su idea con la única preocupación de la justicia y la coherencia del sistema en sus trabajos puramente teóricos, sabe limitar sus consejos en los asuntos prácticos del presente únicamente a una parte de su sistema, factible también para el presente?». He aquí por qué Chernyshevski considera no inútil, preservando la integridad de sus aspiraciones socialistas, «hablar también de lo posible para la realidad contemporánea». Y más adelante Chernyshevski repite su plan de asociaciones productivas, compuesto según Fourier y Louis Blanc, advirtiendo que esto es sólo una de las «hipótesis que tienen en cuenta los límites de lo posible para la época actual»****.
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NB
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¿«realismo»?

* Obras, IV, 450.
** Ibíd., 329.
*** Notas a Mill, 634 y ss.
**** En este aspecto, sobre Chernyshevski ejerció indudable influencia la doctrina de Fourier sobre el garantismo como estadio intermedio entre el régimen capitalista (civilización) y el socialista (régimen societario, armonía). El garantismo en Fourier es un modo social en el cual los intereses privados, dominantes en la civilización, estarán subordinados a las garantías del interés público. Se limitará el derecho absoluto de la propiedad privada; oficinas comunales por acciones organizarán la producción y el comercio sobre principios cooperativos; se introducirá un sistema de amplio seguro estatal

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
No lo juzguemos severamente por esto. Recordemos que también Kautsky en su folleto
«Al día siguiente de la revolución» habla de la realización gradual del socialismo, – ciertamente, después de la toma del poder por el proletariado. No olvidemos, además, si tomamos
una época más cercana a Chernyshevski, que los congresos de la Internacional, en cuyos trabajos influía
desde fuera el mismo Marx, también admitían tal realización parcial del socialismo aún dentro de los marcos del régimen burgués (donde incluían la nacionalización de la tierra, la nacionalización de los ferrocarriles, canales y minas y su transferencia a las asociaciones obreras, etc.).

CAPÍTULO VIII
CHERNYSHEVSKI Y LA SOCIEDAD RUSA
DE SU TIEMPO
[340-354] Chernyshevski miraba a la sociedad rusa de su tiempo de manera extremadamente pesimista; no veía en ella ni aspiración a una lucha decidida, ni fuerzas capaces de llevar esta lucha
hasta el fin. «¡Rehacer según nuestras convicciones la vida de la sociedad rusa! – dice el héroe del relato
«La voz silenciosa»: – en la juventud es natural pensar en toda clase de quimeras. Pero a mis años sería vergonzoso conservar la ingenuidad... Hace tiempo que me hice mayor de edad, hace tiempo que vi en qué sociedad vivo, de qué país, de qué nación soy hijo. Afanarme en aplicar mis convicciones a su vida significaría esforzarme en inculcar al buey mis conceptos sobre el yugo»*. Le parecía vivir en una época de «letargo sin esperanza de la sociedad»**...
Levitski transmite así la impresión de las conversaciones con Chernyshevski***.
De lo que decía, mucho parecía demasiado sombrío, demasiado desesperanzado. Sus palabras suscitaban
¡Oh!
El camarada Steklov se ha ido de la lengua
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de los ciudadanos contra toda clase de accidentes; se organizará una amplia ayuda social a los desempleados, etc. En suma, se eliminará el sistema de competencia ilimitada, y la intervención estatal en las relaciones económicas recibirá un desarrollo especial en interés de las masas trabajadoras, si es que a la humanidad no le es dado pasar de inmediato de la civilización a la armonía, saltándose el estadio del garantismo.
* «La voz silenciosa». Obras, X, parte 1, 63.
** Ibíd., 70.
*** «Diario de Levitski» (segunda parte, inconclusa, del «Prólogo»). Obras, X, parte 1, pág. 210 y ss.

en el oyente un profundo desprecio por el presente y por toda actividad en el presente. A un demócrata sincero no le vale la pena acalorarse porque todos nuestros asuntos sociales son minucias y disparates. Nuestra
sociedad no se ocupa más que de bagatelas. Ahora*, por ejemplo, se acalora exclusivamente por la abolición de la servidumbre. ¿Qué es la servidumbre? Una minucia. En América la esclavitud no es una minucia: la diferencia entre los derechos y el bienestar del trabajador negro en los estados del sur y del trabajador blanco en los del norte es inconmensurablemente grande; igualar al esclavo con el trabajador del norte es un gran
beneficio. Entre nosotros no es así. ¿Acaso viven mucho mejor que los siervos los campesinos libres? ¿Acaso es mucho más alta su significación social? La diferencia es tan microscópica que no vale la pena ni hablar de ella. La abolición
de la servidumbre es una minucia, si la tierra queda en posesión de la nobleza. De la reforma una centésima
parte de los campesinos ganará, la restante sólo puede perder. En esencia, todo esto es minucia y disparate. Todo
es disparate ante el carácter general del sistema nacional. Admitamos que esta reforma parcial
se realizará. ¿Qué sigue en el orden del día? ¿El juicio por jurados? «También es una cosa importante, cuando no se encuentra
bajo la influencia de un sistema nacional tal, bajo el cual ninguna forma judicial puede actuar mucho peor que el juicio por jurados». Dos minucias: he aquí todo el programa de afanes y entusiasmos de la sociedad rusa por un tiempo bastante largo, si no ocurre nada especial; y nada especial se vislumbra aún...
Levitski (Dobroliúbov) no podía estar de acuerdo con estas sombrías conclusiones de Volguin (Chernyshevski), aunque durante las conversaciones se sometía a la poderosa influencia de esta enorme y consecuente inteligencia. Él
reconoce a Volguin como un hombre entregado con toda el alma a los intereses del pueblo, pero también ve claramente sus defectos: no cree en el pueblo...
Traemos de este diario profundamente interesante (no olvidemos, escrito por el propio
Chernyshevski) aún otra conversación, característica del estado de ánimo de Chernyshevski en esa época (segunda mitad de los años 50). Viviendo en una remota provincia, Levitski recuerda las conversaciones con su maestro. «En la cabeza Petersburgo, el periodismo, nuestros liberales y Volguin, con lánguida burla diciendo: “¡Eh, vosotros! Bueno, ¿qué cerveza se puede hacer con esta canalla?” Y le replicas a Volguin: “¿Dónde, cuándo la sociedad no ha sido un montón de canalla? Y sin embargo, la gente decente siempre y en todas partes ha trabajado”. – “Naturalmente, por estupidez; siempre y en todas partes la gente inteligente ha sido estúpida, Vladímir Alekséevich. ¿Qué gusto hay en machacar agua? –

* Es decir, a finales de los años 50.

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
continuaba Volguin sus lánguidos sarcasmos. – La historia no se mueve por eso, no por los pensamientos y el trabajo de la gente inteligente, sino por las estupideces de los tontos y los ignorantes. A la gente inteligente no le conviene meterse ahí; ¡es estúpido meterse en lo que no es asunto suyo, créame!” Le respondes también a esto: “La cuestión no es si es inteligente meterse, sino si puedes no meterte. ¿Es inteligente que mi cuerpo tiemble de frío, es inteligente que mi pecho sienta opresión en un gas sofocante? Es estúpido. Sería mejor para mí si fuera de otro modo; pero tal es mi naturaleza: tiemblo de frío, me indigno por la bajeza, y si no hay con qué derribar el muro de una cárcel sofocante, me golpearé la frente contra él, – que no se tambalee, pero al menos mi frente se romperá – de todos modos salgo ganando”. Veo la lánguida sonrisa, veo el movimiento negativo de cabeza: “Eh, Vladímir Alekséevich, naturalmente, en este sentido tiene usted razón, pero créame, no vale la pena tener tales sentimientos”. – “No se trata de si vale la pena tenerlos, sino de que los tienes”»*.
Trabajar para gentes que no entienden a quienes trabajan para ellos, – es muy incómodo para los que trabajan y desventajoso para el éxito del trabajo, – decía Chernyshevski en «Cartas sin dirección». He aquí la tragedia de Chernyshevski y de sus contemporáneos. Dada la correlación de fuerzas sociales de entonces, el curso de los acontecimientos se realizaba con fatal inflexibilidad, dirigiéndose contra los intereses populares...
¿Y los liberales? En ellos Chernyshevski era en quien menos esperanzas depositaba. La desconfianza hacia los liberales es necesaria para un revolucionario, pues los liberales son los que menos piensan en el bien del pueblo, sino que persiguen intereses puramente burgueses. Pero él les habría perdonado la mitad de sus pecados históricos, si hubieran mostrado aunque fuera un poco de decisión y perseverancia incluso en la persecución de sus objetivos de clase, si hubieran comprendido que ninguna reforma tiene significado alguno en Rusia mientras permanezcan intactos los rasgos fundamentales del viejo régimen...
En la sociedad rusa no hay hombres, dice Chernyshevski. Sin adquirir el hábito de la participación independiente en los asuntos públicos, sin adquirir sentimientos de ciudadano, un niño de sexo masculino, al crecer, se convierte en un ser de sexo masculino de mediana edad, y luego de edad avanzada, pero no se convierte en hombre o, al menos, no se convierte en un hombre de carácter noble.
La mezquindad de miras e intereses se refleja en el carácter y en la voluntad: «tal es la amplitud de las miras, tal es la amplitud de las decisiones». Esto determina el carácter de los héroes rusos, quienes, como señala Chernyshevski, actúan de idéntico modo en todos nuestros escritores. «Mientras no se trata de hechos, y sólo hace falta ocupar el tiempo ocioso, llenar
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* «Diario de Levitski» (segunda parte, inconclusa, del «Prólogo»). Obras, X, parte 1, 239.

la cabeza ociosa o el corazón ocioso con conversaciones y sueños, el héroe es muy enérgico; cuando el asunto llega al punto de expresar directa y precisamente sus sentimientos y deseos, la mayor parte de los héroes empieza ya a vacilar y a sentir torpeza en la lengua. Unos pocos, los más valientes, consiguen a duras penas reunir todas sus fuerzas y expresar con dificultad algo que da una idea vaga
de su pensamiento, pero si a alguien se le ocurre agarrarse a su deseo, decir: “Usted quiere esto y aquello; nosotros estamos muy contentos; empiece, pues, a actuar, y nosotros lo apoyaremos”, – ante tal réplica, una mitad de los héroes más valientes se desmaya, otros empiezan a reprocharle muy groseramente que usted los ha puesto en una situación embarazosa, empiezan a decir que no esperaban
de usted tales propuestas, que pierden completamente la cabeza, no pueden coordinar nada, porque “cómo es posible tan rápido”, y “además ellos son personas honestas”, y no sólo honestas, sino muy pacíficas, y no quieren causarle disgustos y que, en general, ¿acaso se puede en realidad afanarse por todo lo que se dice por no tener nada que hacer, y que lo mejor es no emprender nada,
porque todo está unido a afanes e incomodidades, y nada bueno puede haber por ahora, porque, como ya se ha dicho, ellos “de ningún modo lo esperaban ni se lo imaginaban”, etc.»*.
El artículo sobre «Asia» de Turguénev lo escribió Chernyshevski para desenmascarar las «ilusiones liberales». Contra estas mismas ilusiones luchaba sistemáticamente en todos sus escritos, desenmascarando de paso en ellas la estrechez y el carácter de clase de las aspiraciones liberales. De por sí se entiende, los liberales le pagaban su campaña con un odio profundo, lo comparaban con Grech, Bulgarin, Senkovski.
Pero Chernyshevski y su círculo no se turbaban por la calumnia liberal y continuaban desenmascarando sin piedad la bondadosidad liberal, la declamación solemnemente
ampulosa sobre el progreso ruso; ellos demostraban que la barca del progreso ruso no sólo no había avanzado a toda vela, sino que continuaba atascada felizmente en el viejo pantano histórico. Y en el suplemento satírico de «Sovreménnik» [El Contemporáneo], en el famoso «Svistok» [El Silbato], en el que el propio Chernyshevski escribía poco (allí trabajaba principalmente Dobroliúbov), pero sobre cuya orientación y contenido ejercía él una enorme influencia, se ridiculizaba sin piedad el entusiasmo liberal, la moderación, la puntualidad y la «glasnost» [transparencia] tan cara al corazón liberal.
La actitud de Chernyshevski hacia los liberales rusos se esclarece perfectamente en la novela «Prólogo». De los burócratas liberales no hay ni que hablar: Chernyshevski los despreciaba y odiaba con

* El hombre ruso en el rendez-vous. Obras, I, 90-91 (1858).

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
toda el alma, quizás incluso más que a los reaccionarios abiertos y convencidos...
En el número 44 de «Kólokol» [La Campana] de 1859 apareció un artículo de Herzen «Very dangerous!» [¡Muy peligroso!],
directamente dirigido contra el círculo de Chernyshevski. «Últimamente, – escribía Herzen, – en nuestro periodismo ha empezado a soplar una especie de corriente deletérea, una especie de corrupción del pensamiento». Herzen
se niega a aceptar las concepciones de Chernyshevski y Dobroliúbov como expresión de la opinión pública,
y expresa la suposición de que sus artículos les son sugeridos por el gobierno...
Este escandaloso artículo de Herzen, en el que Chernyshevski y Dobroliúbov eran presentados poco menos que como agentes provocadores y servidores de la reacción y en el que a las futuras víctimas del absolutismo se les prometía la condecoración de San Estanislao al cuello, produjo una impresión extremadamente desagradable en el círculo de «Sovreménnik». En junio de 1859, Chernyshevski viajó al extranjero, donde en Londres tuvo lugar entre él y Herzen una explicación al respecto. Como era de esperar, esta explicación no llevó a nada: en ese momento ambos interlocutores se encontraban en polos opuestos. Chernyshevski era el representante de la corriente democrático-revolucionaria del pensamiento social, mientras que Herzen se situaba aún en el punto de vista del liberalismo ilustrado, e incluso no estaba libre de ciertas esperanzas en la burocracia liberal...
Sobre el encuentro con Chernyshevski, Herzen relató en el artículo «Gente superflua y coléricos»* de manera extremadamente parcial y unilateral. Si se le escucha, toda la conversación de los representantes de las dos corrientes
del pensamiento social ruso giró supuestamente en torno a excursiones históricas a los años 30 y 40.
En realidad, no puede estar sujeto a duda que la disputa de Chernyshevski con Herzen debía
versar sobre la actitud ante el liberalismo ruso de entonces y ante las reformas de los años 60...
Después de la explicación con Chernyshevski, Herzen se ve obligado ya a renunciar a sus insinuaciones hacia los radicales, que actuaban supuestamente por inspiraciones del gobierno. Ahora
ya reconoce que ellos son personas bondadosísimas de corazón y nobilísimas por su orientación, pero
añade que con su tono pueden llevar a un ángel hasta la pelea y a un santo hasta la maldición **.
Además, ellos, según sus palabras, con tal aplomo exageran todo en el mundo, y no por broma, sino por amargura, que sacan de quicio a las personas bondadosas. A cada «con botellas y bien grandes» ellos tienen listo un sombrío «¡no, señor, con toneles de cuarenta!». Herzen se consuela con la esperanza de que el tipo de los coléricos no sea duradero. La vida,
NB
NB

* Obras de Herzen, t. V, págs. 241-248.
** Como es sabido, del tono del adversario se habla cuando no se es capaz de aducir contra él argumentos más serios.

dice, no puede soportar por mucho tiempo los rostros que infunden abatimiento de los Daníiles del Nevá, que sombríamente
reprochan a la gente que almuerza sin crujir de dientes y, admirando un cuadro o música, se olvida de todas las desgracias de este mundo. En sustitución de estos implacables negadores, a quienes consume un amor propio irritable y «reconcentrado», en sustitución de estos hipocondríacos, talentos no desarrollados y genios fracasados, debe venir una nueva generación alegre y
saludable, a la que los viejos a la Herzen tenderán, tal vez, la mano por encima de las cabezas de la generación física y moralmente enferma de los coléricos.
Como vemos, incluso un representante tan sincero e ilustrado del liberalismo como
Herzen, orgánicamente no podía comprender a la primera generación de demócratas revolucionarios rusos*. Por el tono no divisó la esencia de sus aspiraciones, por los árboles no vio el bosque.
Hasta tal punto, ya entonces, liberales y demócratas eran orgánicamente ajenos los unos a los otros. Pues aquí no se trataba del choque de dos generaciones o, más exactamente, no tanto del choque de dos generaciones, como del conflicto de dos corrientes sociales, de dos partidos que representaban intereses de clase esencialmente distintos y hostiles**. Los liberales representaban los inte-
NB
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* G. Bogucharski en su libro «Del pasado de la sociedad rusa» (pág. 250), después de exponer este conflicto de las dos corrientes, concluye: «está absolutamente claro que Chernyshevski, en esencia, no tenía razón». Cierto, se retracta y recuerda que «tenemos el testimonio a este respecto (la conversación en Londres) sólo de una parte», pero en primer lugar, había que haber recordado esto antes de sacar una conclusión tan tajante, y en segundo lugar, testimonios a este respecto son toda la actividad literaria y social de ambos grandes escritores. Chernyshevski se mantuvo fiel hasta el fin a sus concepciones – y la historia demostró la justeza de su actitud hacia el liberalismo ruso;
mientras que Herzen tuvo que renunciar pronto a su bondadosidad y en muchos aspectos adoptar el punto de vista de Chernyshevski. ¿Por qué, entonces, el Sr. Bogucharski considera de todas maneras a Chernyshevski «en esencia, sin razón»? ¿Según qué esencia y de qué asunto? ¿En su actitud hacia los liberales rusos, acaso? ¿O hacia la burocracia liberalizante? ¡He aquí lo que significa haber pasado por la escuela liberacionista-kadete!
** Es característico que Turguénev (por supuesto, hombre de los años 40), habiendo roto con la radical «Sovreménnik», se pasara al «Rússki Véstnik» [El Mensajero Ruso] de Katkov, quien para entonces ya había mostrado suficientemente sus verdaderas tendencias. La novela de Turguénev «Padres e hijos», la cual, dígase lo que se diga, estaba dirigida contra los «nihilistas» (aunque
gracias a la sinceridad artística del autor, el nihilista Bazárov resultó, a pesar de todo, más simpático que todos los demás personajes de la novela), fue publicada en «Rússki Véstnik» en 1862. Y mientras tanto, Katkov en su revista ya llevaba a cabo una campaña de denuncias contra los demócratas, y pronto se alzó también contra Herzen (amigo personal de Turguénev), bañándolo con cubos de inmundicia.

[595
Página del libro de Y. M. Steklov «N. G. Chernyshevski, su vida y actividad»
con observaciones de V. I. Lenin

Reducido

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
reses de la burguesía y de la nobleza progresista; Chernyshevski y su círculo defendían los intereses de los trabajadores o, hablando en su estilo, de la gente sencilla, en la cual, por las condiciones sociales de entonces, se mezclaban en uno la clase obrera y el campesinado. No hay que
perder de vista que el campesinado constituía entonces casi la única masa de trabajadores, de la cual el proletariado aún no había logrado destacarse lo suficiente como para entrar en los cálculos de los demócratas en calidad de factor histórico serio. Y he aquí por qué en
los cálculos de los socialistas de entonces, en general, y de Chernyshevski, en particular, el papel principal lo juega el campesinado, mientras que del proletariado se menciona sólo de manera vaga y con débiles alusiones
(por ejemplo, los talleres de costura en la novela «¿Qué hacer?»).
Precisamente porque en la base del régimen bajo el cual se sofocaba todo lo honesto y vivo en
Rusia, yacía la servidumbre, – precisamente por eso los hombres avanzados rusos de aquel tiempo acogieron con tal entusiasmo los primeros actos con que el gobierno anunciaba su decisión de proceder a la emancipación del campesinado. E incluso nuestro gran Chernyshevski cedió por un momento al entusiasmo general, y, en paralelo al herzeniano: «¡Has vencido, Galileo!», antepuso a su artículo «Sobre las nuevas condiciones de la vida rural»
(«Sovr.», 1858, núm. 2) un epígrafe dirigido a Alejandro II: «Has amado la justicia y odiado la iniquidad; por eso te ha ungido el Señor, tu Dios (Salmo XLV, versículo 8)»*...
La principal fuente de todos los defectos de la vida rusa es la servidumbre**. «Con la abolición de este mal fundamental de nuestra vida, cada otro mal perderá nueve décimas partes de su fuerza». Con la servidumbre se paralizaban «todas las preocupaciones del gobierno, todos los esfuerzos de las personas privadas por el bien de Rusia». Bajo ella eran imposibles tanto la justicia, como el funcionamiento normal del mecanismo estatal, una administración regular, un presupuesto racional, el desarrollo de las fuerzas productivas. El trabajo forzado de los campesinos era, en primer lugar, desventajoso para los propios terratenientes. La abolición de la servidumbre traerá beneficio a todo el pueblo, a todo el país, pero más que nada y ante todo ganará con ella la clase terrateniente, y luego los comerciantes e industriales: he aquí por qué los gastos de la emancipación de los campesinos debe soportarlos toda la nación ***.
NB
1858

* Obras, IV, 50 y 83.
** Posteriormente, como sabemos, Chernyshevski modificó un tanto su concepción; el fracaso de la reforma
campesina lo obligó a buscar esta causa fundamental más a fondo – y la encontró en el régimen político de Rusia, una de cuyas manifestaciones reconoció que era la servidumbre.
*** Obras, IV, 62, 66, 67, 94, 99, 112, 387.

Pero todos estos aspectos positivos se manifestarán sólo en el caso de que la reforma se lleve a cabo
profunda y seriamente, de que a los campesinos se les conceda toda la tierra necesaria y, además, por un pequeño rescate*. Y en el caso de una solución racional de la cuestión campesina, Rusia avanzaría a pasos agigantados, ayudándole la propiedad comunal de la tierra a pasar gradualmente y sin dolor a las formas superiores del trabajo organizado.
He aquí por qué los primeros pasos del gobierno en el ámbito de la reforma campesina llevaron a Chernyshevski
a tal entusiasmo, le dieron alas de tan halagüeñas esperanzas. Y he aquí por qué de su pluma salió un elogio a Alejandro II, tan discordante con la cosmovisión general del escritor. «La bendición prometida a los pacificadores y a los mansos corona a Alejandro II con una dicha como no fue coronado aún
nadie de los soberanos de Europa: la dicha de comenzar y llevar a cabo él solo la emancipación de sus súbditos». Pero pronto, ya en ese mismo año 1858, Chernyshevski cambió su actitud hacia el gobierno,
cuando vio que él tergiversa la gran reforma en interés de los terratenientes **.
[356-362] Con angustia e impotente ira contemplaba Chernyshevski cómo la reforma campesina, caída en manos de burócratas y señores feudales, se tergiversa sistemáticamente y se lleva a cabo en perjuicio
de los intereses populares. A nadie se preguntó la opinión del pueblo, y Chernyshevski toma sobre sí expresar
el punto de vista campesino. El pueblo, dice, espera de la reforma tierra y libertad, es decir, no sólo la emancipación personal, sino también la transferencia de todas las tierras que se hallan en su uso por un rescate moderado (de la emancipación sin rescate, por las condiciones de censura de entonces, como hemos indicado, no se podía ni siquiera mencionar). Advierte al gobierno que la conservación temporal de las relaciones obligatorias y el pesado rescate inspirarán al pueblo la idea de que ha sido engañado, y en tal caso, al país le aguardan las más
duras pruebas***. Bajo la influencia del sentimiento de indignación que se apoderó de Chernyshevski al ver
la tergiversación de la reforma campesina, empieza a inclinarse hacia la idea de que mejor sería que no hubiera habido ninguna reforma. «No deseo, – dice Volguin, – que
NB
pág. 357
1858
núm. 12

* En esencia, Chernyshevski era partidario de la expropiación total de los terratenientes y de la transferencia
a los campesinos de la tierra sin ningún rescate; pero hablar abiertamente de esto en sus artículos no
podía por las condiciones de la censura. Cf. el extracto que citamos más abajo en el texto de la novela «Prólogo»
(conversación con Sokolovski).
** El célebre artículo «Crítica de los prejuicios filosóficos contra la propiedad comunal de la tierra», en el que Chernyshevski se ríe de sí mismo por las esperanzas optimistas que temporalmente lo poseyeron, fue impreso en el núm. 12 de «Sovreménnik» de 1858.
*** La organización de la vida. Obras, IV, 545-47.

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
se hicieran reformas cuando no hay las condiciones necesarias para que las reformas se realicen de manera satisfactoria»*.
«Discursean: emancipemos a los campesinos, – observa en otro lugar. – ¿Dónde están las fuerzas para tal obra? Aún no hay fuerzas. Es absurdo emprender una obra cuando no hay fuerzas para ella. Y ya ven a qué va.
Se pondrán a emancipar. ¿Qué resultará? – júzguenlo ustedes mismos, lo que sale cuando se emprende una obra que no se puede hacer. Naturalmente: se estropeará la obra, saldrá una porquería... – Volguin
enmudeció, frunció las cejas y empezó a menear la cabeza. – ¡Eh, nuestros señores emancipadores, todos
esos Riazántsev y compañía! – ¡vaya fanfarrones; vaya charlatanes; vaya tontos! –
Meneó otra vez la cabeza». Convenciendo al revolucionario Sokolovski (Serakovski) de que no crea a nuestros liberales y trate con escepticismo las vanas habladurías sobre las serias reformas que se urden, Volguin afirma que, en su opinión, no habrá ningún mal si la obra de la emancipación
de los campesinos se entrega en manos del partido de los terratenientes. La diferencia no es colosal, sino insignificante.
Sería colosal si los campesinos recibieran la tierra sin rescate (he aquí donde Chernyshevski descubre sus cartas: en la novela escrita en Siberia; en los artículos, escritos con autorización de la censura, no podía ni siquiera mencionarlo). El plan del partido de los terratenientes se diferencia del plan de los progresistas sólo en que es más simple y breve, por eso es incluso mejor. Si se dice
la verdad, mejor que sean emancipados sin tierra. «La cuestión está planteada de tal modo que no encuentro razones para acalorarme de si serán o no emancipados los campesinos; menos todavía sobre quién los emancipará – si los liberales o los terratenientes. A mi juicio, da igual. O incluso los terratenientes son mejores» **.
¿Por qué Chernyshevski pensaba que la emancipación de los campesinos sin tierra era mejor? Porque, en su opinión, era el único medio de conmover a la inerte masa popular
y suscitar en ella un movimiento que barriera por entero el viejo régimen y diera al pueblo verdadera tierra y libertad. Todo este tiempo oscilaba entre el total desaliento y la esperanza en un estallido inminente de la revolución campesina. En el banquete liberal, Volguin
amenaza a los reaccionarios terratenientes con la revolución popular; pero al minuto siguiente se ríe de sí mismo. ¡Amenazar con la insurrección campesina, con la revolución campesina! «¿No sería incluso ridículo? ¿Quién lo creería, quién
NB
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* «Prólogo», loc. cit., 91, 116, 120, 121.
** Ibíd., 163-164.

no se echaría a reír? – Además, no es del todo honesto amenazar con aquello en lo que tú mismo eres el primero en creer menos que todos»*...
Chernyshevski se remite a los disturbios en Polonia, a las agitaciones campesinas dentro de Rusia, a la aparición de proclamas revolucionarias («Velikorús», «A la joven generación»), a la efervescencia entre la juventud universitaria en Petersburgo y al movimiento constitucional entre la nobleza**.
Así pues, a pesar de toda su actitud pesimista hacia la conciencia y la actividad del pueblo ruso, Chernyshevski a finales de 1861 comenzó, al parecer, a admitir la posibilidad de un amplio movimiento campesino. En este sentido es extremadamente característico su artículo
«¿No será el comienzo del cambio?», escrito a propósito de los relatos de N. V. Uspenski y publicado en el libro XI de «Sovreménnik» de 1861. Señalando que N. Uspenski escribe sobre el pueblo la verdad sin ningún adorno y que sus relatos están libres de la empalagosa idealización de la vida popular, Chernyshevski explica esta circunstancia por el hecho de que en la psique del campesinado ruso se ha producido un cambio a mejor...
«La decisión del Sr. Uspenski de describir al pueblo con un espíritu tan poco halagador para el pueblo atestigua un cambio significativo en las circunstancias, una gran diferencia de los tiempos actuales respecto a la época reciente, en que a nadie se le habría levantado la mano para poner en evidencia al pueblo...
En los grandes momentos históricos, cuando están en juego los intereses vitales y las aspiraciones de las masas,
el pueblo se transfigura. «Tomen al más vulgar, al más incoloro, de carácter débil y trivial de los hombres: por muy apática y mezquinamente que transcurra su vida, hay en ella momentos de matiz completamente distinto, momentos de enérgicos esfuerzos, de audaces decisiones. Lo mismo ocurre en la historia de cada pueblo».
Y Chernyshevski termina su artículo con un llamamiento a la intelectualidad a ir al pueblo, para cuyo acercamiento no se necesita ningún fantástico truco de magia en el espíritu eslavófilo, sino una simple y desenvuelta conversación sobre sus intereses***.
Hacer partícipe al pueblo de las ideas de la democracia y del socialismo – esta gran tarea histórica debía cumplirla la nueva
NB
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* «Prólogo», loc. cit., 181.
** «Cartas sin dirección», l. c., 304.
*** «¿No será el comienzo del cambio?». Obras, VIII, 339-359.

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joven generación, que entró en escena después de la derrota del viejo régimen durante la Guerra de Crimea. En esta animosa y audaz generación depositaba Chernyshevski todas sus esperanzas; para ella escribían él y Dobroliúbov sus artículos, a ella se dirigían con llamamientos a ir al pueblo. A la descripción de estos
hombres nuevos está dedicada la novela de Chernyshevski «¿Qué hacer?», escrita en la Fortaleza de Pedro y Pablo. «Bondadosos y fuertes, honestos y capaces, – se dirige a ellos Chernyshevski en el prefacio de la novela, – hace poco han comenzado a surgir entre nosotros, pero ya son no pocos y rápidamente son cada vez más». Y cuando sean muchísimos, entonces será muy bueno...
En estas personas, la aspiración al socialismo, al establecimiento del reino del trabajo, es una aspiración humana natural. Su novia, la reina de la libertad y la igualdad, les susurra
las mágicas palabras que atraen hacia ellos a todo ser apenado y ofendido.
Ellos influyen sobre quienes los rodean, los «desarrollan», es decir, les inculcan el sentimiento de la dignidad humana y el amor a los que sufren (es característico de Chernyshevski que Lopujov, desarrollando a Vera Pávlovna, le hace leer obras de Fourier y Feuerbach). Con los liberales divergen orgánicamente; ellos son propagandistas de las nuevas ideas democráticas y socialistas: Owen es para ellos «un santo viejo». Siguen atentamente la ciencia,
se interesan por la filosofía antropológica, por las teorías químicas de Liebig, por las leyes del progreso histórico y por las cuestiones de la política actual, organizan un círculo al que
entran un par de artesanos y pequeños comerciantes, un par de oficiales, maestros y estudiantes; montan talleres de costura sobre principios comunistas. Pero en esencia su ideal es la felicidad pequeñoburguesa; su actividad tiene un carácter predominantemente cultural; de la lucha política directa, de la participación en las empresas revolucionarias se abstienen por el momento e incluso las temen.
El verdadero representante de los hombres nuevos y precursor de los luchadores populares es Rajmétov,
«el hombre especial», como lo llama Chernyshevski. En Rajmétov se une la lógica implacable
del propio Chernyshevski con una vena de verdadero agitador revolucionario, de la cual Chernyshevski, al parecer, estaba privado. En este sentido Rajmétov recuerda al amigo de Chernyshevski, al famoso revolucionario polaco Serakovski, a quien Nikolái Gavrílovich
presentó en «Prólogo» bajo el nombre de Sokolovski; pero Rajmétov está libre de las aficiones liberales de Sokolovski. «Los agitadores me dan risa», – dice
NB
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Volguin, pero en realidad se inclina ante ellos, siente que en ellos hay el instinto de los verdaderos activistas políticos y la energía práctica de los luchadores por la causa popular*.
[365-375] Si los Lopujov y Kirsánov son un tipo nuevo, Rajmétov es un tipo, por así decirlo, novísimo, la última palabra del desarrollo social ruso. Tales personas, según palabras de Chernyshevski, hay pocas; hasta ahora él ha encontrado sólo 8 ejemplares de esta especie, entre ellos dos mujeres. «Son pocos – concluye Chernyshevski su descripción de Rajmétov –, pero con ellos florece la vida de todos; sin ellos se agostaría, se agriaría; son pocos, pero ellos permiten respirar a todos los hombres, sin ellos la gente se sofocaría. Grande es la masa de las personas honestas y buenas, y de tales personas hay pocas; pero ellos en ella son la teína en el té, el buqué en el vino generoso; de ellos proviene 

* Serakovski era una persona cercana al círculo de «Sovreménnik»; los datos biográficos sobre
él están incluidos en parte en la novela «Prólogo», en parte en el folleto de Shagánov «N. G. Chernyshevski en presidio y en el destierro», a partir de las palabras de Nikolái Gavrílovich. En 1848, Serakovski, que era entonces estudiante, llegó en las vacaciones de Navidad a su tierra natal en la provincia de Podolia. En ese tiempo,
entre la nobleza polaca local se preparaba una insurrección debido a los rumores sobre el movimiento comenzado
en Galitzia. Serakovski propuso a las cabezas calientes y entusiastas no apresurarse con las acciones decisivas hasta que él mismo fuera a la frontera y se enterara de qué se trataba. En el camino lo detuvieron y «bajo sospecha de la intención de viajar al extranjero» lo enviaron como soldado raso a los batallones de línea de Oremburgo, principalmente por sus conversaciones francas y audaces con los investigadores militares. Al comienzo del nuevo reinado fue ascendido a oficial, viajó a Petersburgo e ingresó en
la academia militar, la cual terminó con distinción, y luego fue enviado por el gobierno al extranjero con ciertas comisiones técnico-militares. En Inglaterra conoció a Palmerston, quien lo presentó a la reina Victoria. En 1863 se unió a la insurrección polaca,
fue jefe del destacamento revolucionario de Kovno, capturado y ahorcado por Muraviov. –
A este hombre notable lo presentó Chernyshevski bajo el nombre de Sokolovski en «Prólogo».
Implacable consigo mismo, en la novela se burla un tanto bondadosamente también del fogoso Sokolovski por su optimismo: «Somos graciosos Boleslav Ivánovich y yo... esperamos la tormenta en el pantano», –
dice. Pero por todo se ve que amaba y respetaba fervientemente a este pálido entusiasta de mirada llameante que penetraba en el alma, caballero sin miedo y sin tacha, agitador con vena práctica, corazón ardiente pero cabeza fría, que no se perdía en los momentos más peligrosos y siempre dispuesto a sacrificar su vida a la causa de la liberación popular. Las páginas dedicadas a la descripción de Sokolovski son las mejores de la novela y se distinguen por una asombrosa fuerza artística. –
En la novela, Volguin rechaza el acercamiento con Sokolovski en vista de que el último, como persona enérgica y abnegada, no permanecerá mucho tiempo bajo el poder de las ilusiones liberales y se enredará obligatoriamente en algunas empresas revolucionarias; mantener relaciones con tal persona no es seguro. En realidad, las cosas eran, por supuesto, de otro modo. Pero para Chernyshevski es característico que conspire incluso en la novela, escrita en el lejano destierro, mucho tiempo después de los eventos descritos en ella.

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su fuerza y aroma; ésta es la flor de la mejor gente, éstos son los motores de los motores, ésta es la sal de la sal de la tierra»*.
Así pues, hacia el final de su actividad literaria, Chernyshevski, a pesar de toda su actitud negativa
NB

* Se supone que en la persona de Rajmétov Chernyshevski presentó a un tal Bajmétiev, a quien
Herzen («El fondo común». Colección de artículos póstumos, Ginebra, 1874, págs. 181 y ss.) describe
de manera completamente distinta. Herzen se encontró con él en Londres en 1858: aproximadamente en ese tiempo, en
Chernyshevski, Rajmétov viaja al extranjero. En nuestro autor, Rajmétov en el extranjero se presenta
a Feuerbach para ofrecerle dinero para la edición de sus obras (de paso, esto demuestra una vez más
cuán alto valoraba Chernyshevski a Feuerbach, «el más grande de los pensadores europeos del siglo XIX, padre de la nueva filosofía». «¿Qué hacer?», l. c., 194); Bajmétiev, en cambio, llegó a
Londres a ver a Herzen para ofrecerle una parte de su capital para la causa de la propaganda rusa.
Así es como describe Herzen a Bajmétiev:
«Un joven con aspecto de cadete, tímido, muy poco alegre y con un exterior particular, bastante toscamente formado, de los séptimos u octavos hijos de los terratenientes de la estepa. Muy poco locuaz, casi todo el tiempo callaba; se veía que algo tenía en el alma, pero no había llegado a la posibilidad de expresarlo.
Me fui, invitándolo dos o tres días después a almorzar. Antes de eso me lo encontré en la calle.
– ¿Puedo ir con usted? – preguntó.
– Por supuesto, no es a mí a quien le es peligroso con usted, sino a usted conmigo. Pero Londres es grande.
– No tengo miedo, – y entonces, de repente, mordiendo el freno, dijo rápidamente; – Nunca volveré a Rusia, no, no, he decidido no volver a Rusia...
– ¡Por favor! Es usted tan joven.
– Yo amo a Rusia, la amo mucho; pero allí la gente... Allí no tengo vida. Quiero fundar una colonia sobre bases completamente sociales; todo esto lo he pensado y ahora viajo directamente allá.
– Es decir, ¿adónde?
– A las Islas Marquesas».
De los 50 000 francos que poseía, Bajmétiev tomó 30 mil consigo a las Islas Marquesas, atándolos en un pañuelo «como se atan una libra de grosellas o de nueces», y 20 mil
se los dejó a Herzen para la causa de la propaganda: éste fue el «fondo común», que posteriormente suscitó
tantas disensiones entre la emigración rusa. El destino posterior de Bajmétiev es completamente desconocido; desapareció sin dejar rastro. En la descripción de Herzen resulta una especie de excéntrico desquiciado, casi medio loco, que recuerda muy poco a la figura amenazante y severa de Rajmétov. Pero
también hay que decir: Herzen era orgánicamente incapaz de comprender a los revolucionarios rusos de aquel tiempo; sobre este terreno surgieron todos los malentendidos que envenenaron los últimos días de
su vida. Si Herzen pudo comprender tan falsamente a los escritores Chernyshevski y Dobroliúbov, ¿qué
tiene de sorprendente que no comprendiera en absoluto al anguloso y severo representante de la juventud revolucionaria? Pero, por otro lado, es muy posible una de otras dos hipótesis:
o bien Bajmétiev no sirvió en absoluto de prototipo para Rajmétov, o bien Chernyshevski lo
idealizó fuertemente, creando una imagen que nada tiene que ver con el original, o combinando
en él rasgos del carácter de Dobroliúbov (el severo sentimiento del deber cívico), de Bakunin (el recorrido por las tierras eslavas, cf. también a Kélsiev), de Serakovski (el acercamiento con todas las clases), etc.

hacia la sociedad rusa y de su desconfianza en la actividad de las masas populares, comenzó a admitir la posibilidad de un amplio movimiento revolucionario, provocado por el desengaño del campesinado con la reforma de 1861. Por otra parte, podía constatar la existencia de hombres nuevos, revolucionarios de la intelectualidad, dispuestos a ponerse al frente del pueblo en su lucha con el reino de la explotación y la opresión...
¿Por qué camino debía ir el movimiento revolucionario en Rusia desde el punto de vista de Chernyshevski?
Más arriba (en el capítulo VI) hemos visto que, por sus concepciones políticas generales, Chernyshevski estaba
cerca del blanquismo – del blanquismo no en el sentido que esta palabra recibió posteriormente y se usa hasta hoy en el lenguaje corriente*, sino más bien en el sentido en que lo entendía Marx, cuando
reconocía a los blanquistas como verdaderos representantes del proletariado revolucionario... Los blanquistas sostenían el punto de vista de que la minoría es fuerte sólo en la medida en que expresa fielmente, si no las aspiraciones, al menos los intereses de la mayoría trabajadora.
En este mismo punto de vista, el único posible para las épocas caracterizadas por la pasividad de la masa popular, al parecer, se situaba también Chernyshevski. Subrayaba de manera definida que sin la participación de las masas populares no se pueden alcanzar resultados prácticos serios; decía que sólo la simpatía de las amplias masas es capaz de asegurar el éxito de uno u otro programa político y que sin excitar el entusiasmo en las masas, los intentos revolucionarios
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* Un ejemplo de tal comprensión superficial del blanquismo son las disquisiciones del
señor Nikoláiev sobre las concepciones políticas de Chernyshevski. Después de relatar su conversación con
Chernyshevski en el presidio, durante la cual Nikolái Gavrílovich expresó la idea de que
hubiera sido mucho mejor si durante la reforma campesina hubiera vencido el partido abiertamente feudal de los terratenientes, y los campesinos hubieran sido emancipados sin tierra, ya que entonces
se habría producido inmediatamente una catástrofe, el señor Nikoláiev concluye: «Aquí, como ven, puro
blanquismo: cuanto peor, mejor (!). Esto no recuerda en nada a las teorías posteriores de nuestros
marxistas domésticos (a quienes, dicho sea de paso, los señores Nikoláiev en su tiempo
precisamente les atribuían el principio de “cuanto peor, mejor” y a quienes estos señores precisamente
acusaban de simpatizar con la expropiación de la tierra al campesinado. – Y. S.). No la evolución, no la emancipación gradual de los campesinos de los medios de producción, no la cocción del mujik en el caldero fabril,
no su transformación gradual en jornalero, sino la expropiación completa y realizada de golpe. No la evolución, a la cual, repito, N. G. trataba con indignación (?), sino la catástrofe. No el marxismo, sino el blanquismo» («Recuerdos personales», 21-22). – No hay más que decir, ¡qué buena idea de las concepciones de Chernyshevski se puede obtener de tal parrafada!

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están inevitablemente condenados a un lamentable fiasco. En la actividad de las masas, en su capacidad para una amplia iniciativa política, como sabemos, creía poco. Pero pensaba que en aquellos períodos históricos en que están en juego los intereses vitales de estas masas – principalmente los intereses económicos, particularmente cercanos, sensibles y comprensibles para ellas –, las masas son capaces de ponerse en movimiento y, en todo caso, de servir de apoyo a una minoría consciente, inclinada a una iniciativa resuelta...
En una serie de brillantes artículos, dedicados a la defensa del principio comunal contra los ataques
de los economistas burgueses*, Chernyshevski desarrolló todos aquellos argumentos que posteriormente constituyeron el arsenal de los populistas, que asimilaron la letra, pero no el espíritu del gran maestro...
En Occidente, la realización del socialismo se ve dificultada por la mentalidad y los hábitos del campesinado, aunque empobrecido en su parcela, pero aferrado tenazmente a la propiedad privada; allí, para organizar la economía nacional sobre las bases del colectivismo
hay que «reeducar a pueblos enteros». En Rusia, apenas 1/15 o 1/20 parte
de las tierras se cultivan bajo el derecho de «propiedad plenipotenciaria», mientras que la abrumadora
masa de las tierras o bien se distribuye para el cultivo y el usufructo según el principio comunal, o pertenece al Estado, es decir, a toda la nación. La masa del pueblo hasta ahora mira la tierra como un bien comunal...
Al análisis de la posibilidad teórica de esta transición está dedicado uno de los más
brillantes artículos de Chernyshevski, a saber, «Crítica de los prejuicios filosóficos
contra la propiedad comunal de la tierra». En rigor, Chernyshevski, cuando escribía
este artículo, ya estaba fuertemente desengañado de la posibilidad de realizar esta transición en
la práctica – en vista del sesgo que había tomado la reforma campesina...
Pero cuando Chernyshevski se convenció de que ninguna de las garantías «inferiores» que él
consideraba premisas necesarias para el ulterior desarrollo
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.1858, 12

* Mencionemos los principales de estos artículos: 1) Reseña de «Panorama del desarrollo histórico de la comuna rural en Rusia» de Chicherin, «Sovr.», 1856, 4; 2) Los eslavófilos y la cuestión de la comuna, «Sovr.», 1857, 5; 3)
«Studien» de Haxthausen, «Sovr.», 1857, 7; 4) Sobre la propiedad de la tierra, «Sovr.», 1857, 9 y 11; 5) Crítica de los prejuicios filosóficos contra la propiedad comunal de la tierra, «Sovr.», 1858, 12; 6) Superstición y
reglas de la lógica, «Sovr.», 1859, 10.

del principio comunal se había realizado, cuando vio que el viejo régimen
político había quedado en plena intangibilidad, que la realización de la reforma campesina
se había entregado en manos de la burocracia y la nobleza, que el pueblo no sólo no recibió toda la tierra, sino que incluso fue privado de una parte significativa de sus antiguos lotes, y que por la tierra puesta a su disposición se le impuso un alto rescate, – en una
palabra, cuando comprendió que la «gran reforma» amenazaba con empeorar más bien que mejorar la situación de las masas populares, no emanciparlas, no dar pleno campo a sus fuerzas creadoras, sino encadenarlas con grillos aún más pesados, entonces reconoció que sus esperanzas carecían de fundamento, que sus construcciones eran abstractas y que toda la campaña en favor de la comuna, como posible germen del régimen socialista, había sido un puro malentendido. Y por su honestidad, se apresuró a reconocerlo abiertamente.
«Supongamos – dice con ayuda de su “método favorito de explicaciones” –, que yo estaba interesado en que se tomaran medidas para conservar las provisiones de cuyas reservas se compone su almuerzo. De suyo se entiende que si lo hacía por disposición hacia ustedes propiamente, mi celo se basaba en la suposición de que las provisiones les pertenecen a ustedes y que el almuerzo preparado con ellas es sano y provechoso para ustedes. Imagínense ahora mis sentimientos cuando me entero de que las provisiones no les pertenecen a ustedes en absoluto y
que por cada almuerzo preparado con ellas se les saca un dinero que no sólo no vale el
almuerzo mismo, sino que ustedes, en general, no pueden pagar sin extrema estrechez. ¿Qué pensamientos me vienen a la cabeza ante estos descubrimientos tan extraños? “El hombre es orgulloso”, y el primer pensamiento que nace en mí se refiere a mí mismo. “¡Qué estúpido fui al afanarme por un asunto para cuya utilidad no están aseguradas las condiciones! ¿Quién, sino un estúpido, puede afanarse por conservar una propiedad en determinadas manos, sin haberse cerciorado antes de que la propiedad llegará a esas manos y llegará en condiciones ventajosas?”
Mi segundo pensamiento es sobre ustedes, objeto de mis desvelos, y sobre el asunto de una de cuyas circunstancias yo me interesaba tanto: “¡Mejor que se pierda toda esta provisión que sólo perjudica a la persona que yo amo!
¡Mejor que se pierda todo el asunto que no les trae a ustedes más que ruina!” ¡Enojo por ustedes, vergüenza por mi estupidez: he aquí mis sentimientos!» *...
 
* El sentido de esta parábola es claro: una solución ventajosa para la masa de la cuestión agraria supone
la realización previa de un vuelco político. Después de la reforma de 1861, esta idea
se hizo patrimonio común de todos los elementos de talante democrático. NB

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
¿Puede la comuna rusa, bajo ciertas condiciones, pasar directamente al estadio superior, saltándose el estadio intermedio del capitalismo?
Tal era la «maldita cuestión» de la vida rusa de entonces, que atormentaba a Chernyshevski y a la generación de socialistas y demócratas contemporáneos...
[378-392] Obligados a construir su edificio teórico con los materiales y sobre los cimientos que les ofrecía la realidad de entonces, los socialistas de los años sesenta, en sus aspiraciones y esperanzas de una inminente insurrección campesina, reflejaban en esencia las aspiraciones y anhelos confusos de la masa campesina de muchos millones, y les daban solamente, por así decirlo, una expresión generalizada...
A finales de 1861, tal insurrección de la masa campesina se consideraba probable, y
tales esperanzas no las abrigaban únicamente cabezas jóvenes y ardientes. Las condiciones en las que se produjo la emancipación de los siervos creaban, al parecer, un terreno favorable
para tal explosión espontánea, y, según el testimonio de los contemporáneos, una insurrección general del campesinado contra el orden estatal de entonces y las clases dominantes se admitía entonces por todos, desde el gobierno hasta los revolucionarios, los «nihilistas». Herzen escribe: «B. (Bakunin) creía en la posibilidad de una insurrección militar-campesina en Rusia; creíamos en parte también nosotros; y también lo creía el propio gobierno, como resultó después por una serie de medidas, artículos por encargo oficial y ejecuciones por
orden oficial. La tensión de los espíritus, la efervescencia de los espíritus era incontestable; nadie
preveía entonces que la desviarían hacia un patrioterismo feroz»*. De este mismo estado de ánimo testimonia también un participante del movimiento revolucionario de entonces, L. Panteleev:
«El estado de ánimo de la sociedad (a fines de 1861) era extremadamente exaltado; adondequiera que se fuera,
por todas partes ruido, conversación, discusiones animadas y, lo principal, una espera general de algo grande e incluso en el futuro más próximo»**.
NB
NB
no sólo
NB

* Colección de artículos póstumos, pág. 212. – Herzen se refiere al estallido de chovinismo que se apoderó de la sociedad rusa durante la insurrección polaca ante los intentos de la diplomacia europea de intervenir en este asunto.
** «De los recuerdos del pasado», parte 1. San Petersburgo, 1905, 188, 228.

Y aquí actuaban no sólo condiciones puramente rusas. En toda Europa, el aire estaba saturado de electricidad. Garibaldi, ídolo de los radicales rusos de entonces, se preparaba para su cruzada sobre Roma. En Prusia se desarrollaba un conflicto constitucional que, según parecía, debía
conducir a una explosión revolucionaria. En Austria, el absolutismo, después de su derrota durante la guerra italiana de 1859, no había logrado aún reponerse, y de nuevo comenzaba la efervescencia
revolucionaria en Hungría. En la misma Francia, a la que Chernyshevski llamaba «el volcán de Europa»,
el gobierno se vio obligado a aflojar las riendas, se fortaleció el partido liberal y aparecieron
los primeros síntomas de una agitación republicana renaciente. Polonia se agitaba, preparándose de nuevo a levantarse por su ser nacional. En una palabra, parecía que la pesada noche de la reacción,
caída sobre Europa después de la represión de la revolución de 1848, comenzaba a ceder paso a un nuevo
amanecer.
A pesar de todo su escepticismo, Chernyshevski se distinguía por un sentimiento demasiado sano como para no admitir la posibilidad de una refrescante tormenta, que esta vez debía alcanzar también a Rusia. Si todas las revoluciones europeas anteriores se estrellaban contra la frontera rusa y sólo conducían al
fortalecimiento de la reacción dentro de Rusia, ahora, cuando en la propia Rusia aparecieron algunos elementos revolucionarios activos y – principalmente – cuando las mismas capas bajas del pueblo comenzaron, al parecer, a manifestar descontento por su situación, la cosa debía cambiar. No se podía decir esto con certeza, pero existía cierta probabilidad*. Había a mano: un
gobierno fuerte, que no quería compartir con nadie el poder y educado en las tradiciones de la época de Nicolás – por un lado; la efervescencia general en Occidente, el sordo descontento de la masa campesina
y de la sociedad liberal en Rusia y, finalmente, los primeros gérmenes del partido revolucionario ruso – por el otro. En vista de tales condiciones, era necesario hacer un intento. Su desenlace
dependería en medida significativa «de la diferente agrupación de los elementos del poder»**. Si el partido revolucionario lograba aprovechar la confusión del gobierno y el descontento de las amplias masas, entonces, con una revolución europea general, que en mayor o menor medida
NB

* El señor Nikoláiev intenta caracterizar el estado de ánimo de Chernyshevski de entonces en los siguientes términos: «La catástrofe es impensable en breve (más exacto sería decir: poco probable.
– Y. S.), pero el deber de un hombre pensante y consecuente es aspirar a ella y hacer todo lo posible por su aproximación. Menos frases y teorías y más acción (l. c., 23). –
Sólo que en lo de las “teorías” dudamos un poco: el teórico Chernyshevski difícilmente trataba las “teorías” con tanto menosprecio como el señor Nikoláiev. Pero la energía efectivamente la recomendaba... una vez que hay que emprender la obra.
** Shagánov – Chernyshevski en presidio y en el destierro, pág. 8.

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estará teñida de color socialista, y con la existencia de la propiedad comunal de la tierra, Rusia lograría,
tal vez, aproximarse fuertemente al socialismo. Si el partido revolucionario no lograba alcanzar su objetivo, si el resultado de la revolución era únicamente la conquista de la libertad política, aún en tal caso la ganancia sería grande *.
Así pues, el movimiento popular es posible; su consigna es tierra y libertad; el camino es la toma
del poder por los revolucionarios con el apoyo activo y la simpatía de las masas populares; el resultado es una república del trabajo, y en caso de derrota de los revolucio-
NB

* A fines de 1871, Chernyshevski, despidiéndose de sus jóvenes compañeros de presidio, les expuso algo así como su [382] profession de foi [profesión de fe] política, que Shagánov transmite así: «Él nos decía
que desde los tiempos de Rousseau, en Francia y luego también en otros países europeos, los partidos democráticos
se habían acostumbrado a idealizar al pueblo, a depositar en él tales esperanzas que nunca se realizaban, sino que conducían a una decepción aún peor. La autocracia del pueblo sólo conducía a la transferencia
de esta autocracia, aunque fuera a Napoleón I, y, no corregida de este error, se la transfería repetidas veces mediante
plebiscitos a Napoleón III. Todo partido que tiene de su lado la fuerza militar puede monopolizar en su provecho los derechos soberanos del pueblo y, gracias a una hábil superchería, convertirse en supuesto representante exclusivo y defensor de las necesidades del pueblo, en el partido de los populistas por excelencia. Él, Chernyshevski, sabe que el centro de gravedad reside precisamente en el pueblo, en sus necesidades, cuyo ignorar conduce a la perdición del pueblo mismo, como nación o como Estado. Pero es que ningún pueblo hasta
ahora se ha salvado a sí mismo (una idea semejante expresó poco antes de su muerte también Belinski. – Y. S.) e
incluso, en los casos felices, al adquirir para sí la autocracia, se la transfería al primer pillo. Esta –
transferida o no transferida, sino ancestralmente adquirida – autocracia ya no pasa tan fácilmente a ningún otro. Convertida en albacea de su pueblo, precisamente dispone
de él como de un muerto, y de los bienes del pueblo procede según su propio arbitrio. Y ¡ay entonces de aquel
que quisiera despertar a este supuesto muerto, – entrometerse en sus asuntos económicos! Por el camino se ahoga tanto la palabra como la conciencia, pues de estas cosas salen diversas maldades para el poder... Y como un preso en la cárcel, ¿cómo burlar a su carcelero? ¿No es ante todo con él únicamente con quien debe habérselas? ¿Qué carcelero, por su buena voluntad, permitirá al preso hacer un llamamiento a la destrucción de la cárcel? Por supuesto, las formas son una cosa insegura. Se puede, bajo cualquier forma, construir una sólida prisión para
el laborioso agricultor. Por otro lado, tal vez sea bueno que las formas sean inseguras. Con
ellas siempre es posible la lucha de los partidos y la victoria de un partido sobre otro, – y en la práctica la victoria es siempre progresiva. Lo más terrible es el monstruo sin forma, el Leviatán que todo lo devora. Chernyshevski ya antes decía que no habría ido la historia de nuestra patria por donde fue si, al subir al trono Ana,
hubiera triunfado el partido de los verjóvniki [miembros del Consejo Privado Supremo]. Ningún partido puede dejar de compartir el poder en aras de su propia salvación... Bajo el poder de los partidos, siempre hay más probabilidad de hacer algo en favor
del pueblo que en ausencia de toda forma política, y por consiguiente, de toda posibilidad de emprender algo en la dirección señalada» (Shagánov, l. c., 28-29). – Esto no se parece mucho al
populismo con su indiferentismo político y su desprecio por las formas constitucionales.

narios – en todo caso un mejoramiento significativo de la situación del pueblo. He aquí el programa que Chernyshevski desarrollaba ante sus contemporáneos, he aquí el camino
por el que los invitaba a emprender o, más exactamente, al que los empujaba con sus
escritos. Pero ¿tomaba él personalmente alguna participación en las empresas
revolucionarias de aquel tiempo? Es una cuestión extremadamente discutible, a la cual tampoco en la actualidad podemos dar una respuesta positiva. Su secreto, si aquí hubo algún secreto, Chernyshevski lo llevó a la tumba. Y en tal caso, efectivamente hay que
reconocerlo como un gran conspirador. N. Rusánov, a partir de las palabras de Shelgunov, cuenta que Chernyshevski, después de largas vacilaciones y de sopesar cuidadosamente los argumentos a favor y en contra, decidió intervenir activamente en el curso de los acontecimientos, reconociendo que no había
otra salida a la colisión histórica, y que existían algunas posibilidades de triunfo de la causa popular*. Pero en qué se expresó concretamente la participación de Chernyshevski en los asuntos revolucionarios, Rusánov no lo dice de manera definida, si no se cuentan sus indicaciones sobre la probable autoría de Chernyshevski en la redacción de la proclama «A los campesinos señoriales»...
Es dudoso que Chernyshevski participara en «Zemliá i Volia» [Tierra y Libertad]; al menos, no hay de ello ninguna indicación directa. Como se sabe, esta sociedad surgió a fines de 1861 o a principios de 1862. Cuál fue
la composición inicial de sus fundadores, hasta ahora no lo sabemos; es posible que uno de ellos fuera N.
Serno-Soloviévich. En 1862 ingresaron en ella varios estudiantes, entre ellos N. Utin y L. Panteleev,
autor de memorias bastante incompletas sobre esta organización. Por lo demás, es muy posible que la sociedad
«Zemliá i Volia», como organización definida, surgiera precisamente después de la reunión que tuvo lugar en el apartamento de Utin en la primavera de 1862 y sobre la cual relata Panteleev **. El iniciador de la reunión, un buen conocido de Chernyshevski («el señor de los quevedos»), informó a los novicios de la existencia de un comité central, pero es muy probable que fuera simplemente un mito, inventado para dar más importancia, y que tal comité no existiera. En todo caso, es muy característico que cuando Utin, al
terminar la reunión, le hizo a Panteleev la pregunta: «¿Qué piensas tú: Nikolái Gavrílovich es miembro del comité?», Panteleev respondió sin vacilaciones: «No lo creo,

* «Socialistas de Occidente y de Rusia», pág. 294.
** «De los recuerdos del pasado», parte I, pág., 252 y ss.

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es demasiado hombre de gabinete». Algún tiempo después, ambos jóvenes prosélitos de la revolución
decidieron sondear al propio Chernyshevski. Sin declararle abiertamente su ingreso en la
sociedad, llevaban la conversación con distintos rodeos, hablaban de la necesidad de organizar círculos
entre la juventud, y además círculos con orientación social. Pero Chernyshevski, aunque
expresaba su aprobación a estos planes, se mantenía impenetrable; habló bien del «señor de los quevedos» y contó la fábula de Esopo del oso que rompió su amistad con
el hombre porque éste en un caso soplaba sobre el fuego para que ardiera bien, y en
otro – con el fin de apagarlo*.
En todo caso, aunque la idea de un posible papel dirigente de Chernyshevski en «Zemliá i
Volia» «animaba» mucho a sus jóvenes miembros, ni en aquel tiempo ni en el posterior tuvo Panteleev, uno de los miembros más activos de la sociedad, ningún dato para admitir con certeza la participación de Nikolái Gavrílovich en esta organización.
Es igualmente dudoso que Chernyshevski fuera uno de los autores de la clandestina hoja constitucional
«Velikorús». En total salieron tres números de este periódico entre julio y septiembre de 1861. ... Los partidarios de la opinión de que Nikolái Gavrílovich era casi el editor de «Velikorús», deberían haber aducido al menos alguna prueba fáctica
de su afirmación, pero hasta ahora no se ha hecho, y sus disquisiciones no salen del ámbito de las conjeturas**...

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NB
NB

* Panteleev no explica qué sentido tenía entonces esta parábola. Tal vez, Chernyshevski quería dar a entender a la juventud que si antes él la retenía de las conspiraciones revolucionarias, en lo sucesivo no pensaba hacerlo.
** Lemke en el artículo «El proceso de los velikorustsy» («Býloe» [El Pasado], 1906, núm. 7) se remite al testimonio de Stajévich, deportado a principios de los años 60 por otra causa política y que vivió con Chernyshevski varios años en Siberia. «Advertí – informa
Stajévich («Zakaspíyskoye Obozrenie» [Revista Transcaspiana], 1905, núm. 143) –, que Chernyshevski trata con manifiesta simpatía las hojas que aparecían a intervalos indeterminados con el título “Velikorús”; salieron, si mal no recuerdo, tres números.
Escuchando las conversaciones de Nikolái Gavrílovich, a veces notaba que tanto el contenido de los pensamientos como el modo de expresarlos
me recuerdan de manera potentísima la hoja “Velikorús”, y para mis adentros decidí que él era el autor o, al menos, el coautor de estas hojas que predicaban la necesidad de transformaciones constitucionales». Panteleev sobre este particular se expresa con bastante cautela. Mencionando a un tal Zajarin, quien «según algunas indicaciones tomaba parte directa, al parecer, en “Velikorús”», añade en nota: «La cercanía de Zajarin con Chernyshevski me da fundamento para pensar que Nik. Gavr. no era, tal vez, del todo ajeno a la causa de “Velikorús”. Además, la manera de hablar al público, el estilo de “Velikorús” recuerda mucho al de N. G. En los años 90, el difunto A. A. Ríjter me decía que, según sus informes, uno de los principales miembros del círculo que publicó “Velikorús” era el hace mucho fallecido Luguinin.

Al círculo moscovita de los «jacobinos», Zaichnevski y Argiropulo, que publicó con la firma de
«Comité Revolucionario Central» la proclama «La joven Rusia»*, Chernyshevski la trató directamente de manera negativa. A pesar del contenido antiburgués de esta proclama, que armó en
su tiempo tanto ruido, del desenmascaramiento que hacía de las ilusiones liberales de Herzen y «Velikorús», de su renuncia a todo tipo de compromisos con el régimen político y económico existente,
de su carácter definidamente revolucionario e incluso socialista, a Chernyshevski decididamente no le gustó. Probablemente, estaba descontento de su falta de seriedad, de su tono declamatorio y sanguinario, tanto más cuanto que, habiendo aparecido simultáneamente con los incendios de Petersburgo, dio a los enemigos de la democracia pretexto para acusar a los revolucionarios de provocar incendios con el fin de causar disturbios. Chernyshevski recibió de manera extremadamente seca al delegado del círculo moscovita que fue a verlo, y se negó a tomar los ejemplares de la proclama que le entregaban para su difusión. Pero luego pareció empezar a
lamentar haber rechazado a personas, quizás expansivas y exaltadas, pero ardientemente
entregadas a los intereses populares, resueltas y, en el plano ideológico, cercanas a él. Decidió sacar la proclama «A nuestros mejores amigos», que debía disipar los malentendidos entre él y los moscovitas; pero el rápido arresto le impidió cumplir esta intención. Así lo cuenta Panteleev según las palabras de N. Utin**. Y Lemke, según las palabras de S. Yuzhakov, que oyó este relato de I.
Golts-Miller, miembro del círculo moscovita, informa que Chernyshevski realizó en parte su
intención. A saber, envió a Moscú a un destacado militante revolucionario de aquel tiempo y uno de los
fundadores de «Zemliá i Volia», A. A. Sleptsov***, con el fin de persuadir al comité de suavizar de algún modo la impresión extremadamente desfavorable.
Al parecer, es presentado por Chernyshevski en el «Prólogo del prólogo» bajo el nombre de Nivelzin»
(«De los recuerdos», parte I, 327). V. Óbruchev, un joven oficial condenado por el caso
de «Velikorús» a presidio, era muy cercano a Chernyshevski; según palabras de Panteleev, era incluso el favorito de Nikolái Gavrílovich. Sobre la base de los hechos arriba mencionados, el señor Kulchitski afirma resueltamente que «el iniciador, redactor y dirigente de “Velikorús” no era otro que Chernyshevski» (Hist. del mov. rev.,
pág. 256). Una afirmación demasiado audaz y arriesgada...
NB

* Esta proclama está impresa en el 2º apéndice de las colecciones «Crímenes de Estado en Rusia», ed. en el extranjero por V. Bazilevski (Bogucharski), «Materiales para la historia del movimiento revolucionario en Rusia en los años 60», París. 1905, págs. 56-63; en parte en Lemke «Procesos políticos», 94-104.
** «De los recuerdos», parte I, 269-270.
*** ¿No será a él a quien retrata el señor Panteleev bajo el nombre de «el señor de los quevedos»? Ver «De los recuerdos», parte 1, cap. XXIV: «Zemliá i Volia».

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producida en la sociedad por «La joven Rusia». Si el enviado tuvo éxito en su misión no se sabe con exactitud, pero es posible que las persuasiones de Chernyshevski influyeran en los moscovitas. Al menos, durante
el registro a Bállod se encontró un manuscrito de una proclama con el título «Advertencia», que es como la satisfacción del deseo de Chernyshevski. Pero si esta proclama pertenecía efectivamente a los militantes del Comité Revolucionario Central, hasta ahora no se puede establecer con precisión*.
Igualmente oscura sigue la cuestión de la actitud de Chernyshevski hacia M. Mijáilov y, en particular, hacia
su empresa revolucionaria, es decir, a la difusión de la conocida proclama «A la joven generación». El texto de esta proclama fue escrito por N. Shelgunov, y Mijáilov la imprimió en Londres en casa de Herzen y la llevó a Rusia pegada al fondo de una maleta. Si Chernyshevski sabía de la empresa de Shelgunov y Mijáilov, se desconoce; pero que al llegar a Petersburgo fue puesto al tanto de este asunto, Panteleev
lo afirma categóricamente...
... En todo caso, una cosa está clara: si Chernyshevski mismo no tomó una participación activa en las diversas manifestaciones del movimiento revolucionario que entonces comenzaba, sí se interesaba vivamente por todas, de muchas sabía**, y por algunas incluso guiaba ideológicamente.
¿Fue Chernyshevski el autor de la proclama «A los campesinos señoriales»? Lemke y Rusánov piensan que
sí***. Nosotros diremos: ¡tú, Señor, lo sabes! Panteleev informa, según palabras de Mijáilovski, quien oyó
este relato de Shelgunov, que en el invierno de 1861 Chernyshevski escribió una proclama «Al pueblo»;
esta proclama la copió Shelgunov con letra alterada y se la dio a M. Mijáilov, quien la transmitió a Vsévolod Kostomárov (sobre él más abajo) para su impresión****. Evidentemente, se trata de la proclama «A los campesinos señoriales». Incluso si se admite que su primera mitad la escribió Chernyshevski
(aunque indicaciones directas de esto ni Lemke ni Rusánov aducen ninguna; la semejanza de estilo y contenido no prueba nada, como ya hemos dicho más arriba), – así pues, incluso si se admite que la primera mitad de la proclama fue redactada por Chernyshevski, la segunda mitad con seguridad fue escrita
NB

* Lemke. «Procesos políticos», págs. 109 y ss.
** De la amplia información de Chernyshevski en esta esfera testimonia el siguiente hecho, pequeño de por sí, comunicado por Panteleev: «A mí una vez me sorprendió en extremo cómo, debió de ser en abril (1862), se dirigió a mí con la pregunta: ¿por qué consideraciones me opuse en septiembre de 1861 en el comité estudiantil a algunas propuestas demasiado tajantes?» («De los rec.», parte 2, 179).
*** Lemke. «Procesos políticos», 194, 335-6; R u s á n o v, loc. cit., 327.
**** Panteleev. «De los recuerdos», parte 2, 181.

no por él. Nunca Chernyshevski se habría permitido contar al pueblo que en Francia e Inglaterra (en
1861) coroneles y generales se quitaban la gorra ante el alcalde rural y que el pueblo destituía a los zares que no le gustaban; no habría dicho que los ingleses y franceses viven bien, que allí la justicia es recta
e igual para todos, etc.*. Por lo demás, también Rusánov, probablemente por estas mismas consideraciones, supone que
la proclama «A los campesinos señoriales» no salió de la pluma de Chernyshevski en su totalidad.
Comparando todo lo que sabemos sobre la vida de Chernyshevski, sobre su carácter y sus concepciones,
al fin y al cabo no nos decidimos a responder categóricamente a la cuestión de su participación directa
en el movimiento revolucionario. Lo más probable es que directamente no participara en él; pero que él sabía de todas las manifestaciones esenciales del movimiento revolucionario de entonces, que los participantes directos de este último consultaban con él y tenían en cuenta sus
indicaciones, que, en todo caso, extraían de las conversaciones con él y de sus escritos la convicción en la necesidad de intentos prácticos para los cuales el propio Chernyshevski, por el carácter indeciso y lánguido de su temple, por su falta de sentido práctico y su libresquismo, tal
vez no era capaz**, esto difícilmente está sujeto a duda... Lo quisiera Chernyshevski
o no, se abstuviera de cualquier incitación, como cuenta Panteleev, y aprovechara cada ocasión propicia para subrayar las dificultades que aguardan a los revolucionarios y la fuerza y astucia de los enemigos, sus escritos despertaban la conciencia e imperiosamente
empujaban a la lucha por la liberación del pueblo.
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1)
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3)
4)
NB

* El texto de la proclama ver en Lemke, l. c., págs. 336-346. – Comienza con las palabras: «A los campesinos señoriales de parte de sus bienquerientes, salutación. Esperabais que el zar os diera la libertad, – y he aquí que del zar os ha salido la libertad». Sigue una crítica demoledora de la reforma de 1861 desde el punto de vista de los intereses campesinos, y gradualmente
se prepara al lector para la crítica del régimen autocrático como factor fundamental de las desgracias populares.
El autor de la proclama se esfuerza, operando con hechos, por minar la «leyenda del zar». Se esclarece la importancia
de la libertad política y la necesidad de luchar por ella. Luego se demuestra la solidaridad de intereses de todas
las capas del campesinado, en particular de los antiguos campesinos señoriales y los campesinos estatales, y la solidaridad de intereses del pueblo y de los soldados, que deben ganar mucho con la revolución. Se señala la necesidad de
organización en las masas populares: «es necesario que todos los mujiks tengan acuerdo entre sí, para estar unidos cuando llegue el momento». Y mientras este momento no ha llegado, hay que abstenerse de acciones parciales y del gasto inútil de fuerzas...
** A Chernyshevski le son, tal vez, aplicables las palabras que él dijo sobre Necker: «Se mostró tanto más
indeciso y turbado cuanto más previsora era su mirada: la indecisión es el punto débil de la perspicacia» («Turgot», l. c., 231).

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En este sentido se puede decir que Chernyshevski fue el jefe ideológico e inspirador del entonces
movimiento revolucionario. El gobierno hubiera podido, quizás, acusarlo además de conocimiento y no denuncia. Y él sabía, por supuesto, mucho, probablemente todo.

CAPÍTULO IX
ARRESTO, JUICIO Y DESTIERRO DE CHERNYSHEVSKI
No digas: «Olvidó la prudencia,

Él mismo será culpable de su suerte».

Él no ve peor que nosotros la imposibilidad

De servir al bien sin sacrificarse.
Pero ama él de modo más sublime y amplio,

En su alma no hay pensamientos mundanos,

Vivir para sí sólo es posible en el mundo,

Pero morir por otros sí es posible.
Así piensa él, y la muerte le es amada.

No dirá que la vida le es necesaria,

No dirá que la ruina es inútil:

Su destino hace tiempo le es claro...
Aún no lo han crucificado,

Pero la hora llegará – estará en la cruz.

Lo envió el dios de la ira y la tristeza

Para recordar a los esclavos de la tierra a Cristo.
Nekrásov *.
[393-396] El gobierno veía a Chernyshevski como al principal dirigente ideológico, y tal vez también material, de la incipiente efervescencia revolucionaria. Él tuvo la imprudencia de tocar
los intereses materiales de las clases dominantes, y desde ese momento se le podía considerar condenado a la perdición. La cuestión estaba únicamente en cuándo le pluguiera al gobierno echar mano
al fundador del socialismo ruso. Después de los disturbios estudiantiles de 1861, de la naciente
efervescencia en Polonia y de los famosos incendios de Petersburgo, el gobierno consideró conveniente proceder a
la acción, y el 12 de junio de 1862 Chernyshevski fue arrestado.
A este arresto precedió una enconada campaña de difamación contra Chernyshevski en la prensa reaccionaria y liberal, que desataba al gobierno las manos para acciones decisivas y lo incitaba a medidas represivas contra el líder espiritual de los «nihilistas». Katkov denunciaba a
«Sovreménnik» como un nido de revolución, y «Moskovskiye Védomosti» [Gaceta de Moscú], después del incendio del mercado de Shchúkin, afirmaban que el incendio había sido provocado por polacos y nihilistas rusos que actuaban por encargo de
Chernyshevski. Después de los incendios de mayo,
NB

* Esta poesía, a la que Nekrásov, para la censura, le dio el título de «El profeta» (de Barbier), originalmente (1874) se titulaba simplemente: «N. G. Chernyshevski». Ver Lemke, l. c., 195.

Petersburgo se vio presa de una especie de paroxismo de furor reaccionario. Personas que ayer aún se entusiasmaban con los artículos de Chernyshevski en favor de los campesinos, renegaban de él, sumándose al general clamor reaccionario: «¡Crucifícalo!»...
A Chernyshevski todos lo consideraban un hombre que goza de una enorme influencia en los círculos revolucionarios. Dostoievski en su «Diario de un escritor» relata que en 1862 él mismo fue a ver a
Chernyshevski y lo exhortó a influir sobre los redactores de la proclama «A la joven generación» y a
retenerlos de los extremismos revolucionarios. En la novela «Prólogo del prólogo», Chernyshevski, con bondadosa ironía, él mismo relata cómo su acto más corriente era interpretado por los chismosos
liberales (Riazántsev-Kavelin) en el sentido de una importante empresa revolucionaria (el supuesto envío de un emisario a Herzen). Del mismo modo veía a Chernyshevski la administración...
[395-396] Aparte de las denuncias literarias, Chernyshevski recibía también cartas anónimas amenazantes. Una de ellas, enviada por un tal terrateniente, está llena de rabiosos insultos y
amenazas contra el predicador de la «sucia democracia» y del «socialismo, reconocido por la ciencia como desdichada producción de una mente enferma». Al cerebro inflamado del asustado señor feudal,
Chernyshevski se le representa nada menos que con un cuchillo en la mano, en sangre hasta el codo, y la carta termina con la siguiente significativa declaración: «Consideramos no superfluo hacerle notar, Sr. Chernyshevski, que no deseamos ver en el trono a ningún Antón Petrov, y si realmente se produce una sangrienta agitación, nosotros lo encontraremos a usted, a Iskander o a alguien
de su familia, y, probablemente, no tendrá usted tiempo de pertrecharse de guardaespaldas»*.
De suyo se entiende que, además de las denuncias literarias y las cartas amenazantes, sobre Chernyshevski llegaba aún una serie de denuncias a la Tercera Sección. El 5 de junio de 1862, llegó allí una tal denuncia anónima, que no dejó, probablemente, de influir en el arresto de Chernyshevski. Citamos algunos extractos de este curioso documento histórico. «¿Qué hacen ustedes? ¡Tengan piedad de Rusia, tengan piedad
del zar! He aquí la conversación que oí ayer en una reunión de profesores. El gobierno prohíbe cualquier disparate imprimir, pero no ve qué ideas propaga Chernyshevski; éste es el cabecilla de los jóvenes; la orientación de los jóvenes de los cuerpos de cadetes se la ha dado él; es un astuto socialista; él mismo me dijo (dice un prof.) que “soy tan inteligente que nunca me pillarán”. Por minucias han desterrado a Pávlov y otros muchos yerros cometen, y a este dañino
NB ¡sic!

* Lemke. «Procesos políticos», 198-99. Hay que señalar que los auténticos materiales del caso Chernyshevski los publicó por primera vez el señor Lemke, que trabajó en los archivos.

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
agitador lo toleran. ¿Acaso no encontrarán medios para salvarnos de tan maléfico individuo!.. Ahora, viendo sus tendencias ya no en palabras, sino en hechos, todas las personas muy liberales, tan
sensatas que reconocen la necesidad de la existencia entre nosotros del monarquismo, se han apartado de él
y están convencidas de que si ustedes no lo eliminan, habrá una desgracia – correrá sangre; para él no hay lugar en Rusia – en todas partes es peligroso, salvo en Beriózovo o Guizhiguinsk; no soy yo quien lo dice, – lo dijeron personas doctas, eficientes, que
con toda el alma desean la constitución*... Y de la sangre no se librarán y a todos nos perderán – es una banda de furiosos demagogos, cabezas desesperadas, – esto se lo ha mostrado a ustedes “La joven Rusia” en su prospecto con todas sus
bestiales inclinaciones; tal vez, los maten, pero ¡cuánta sangre inocente se derramará por ellos! Allí
mismo oí que en Vorónezh, en Sarátov, en Tambov, – por doquier hay comités de semejantes socialistas,
y por doquier inflaman a la juventud... La sociedad está en peligro; los golfozuelos sin hogar están dispuestos a todo, y ustedes
no pueden dormitar; un pecado caerá sobre ustedes si permiten que lleguen a la matanza, y la habrá en cuanto ustedes se duerman o se contenten con medidas a medias... Esta banda furiosa está sedienta de sangre y horrores y avanzará a tumba abierta,
– no la menosprecien. Líberennos de Chernyshevski – por la tranquilidad general».
Esta denuncia recordaba una vez más al gobierno a Chernyshevski, sobre el cual la Tercera Sección hacía ya
tiempo que había fijado su benévola atención...
[398-400] Por una denuncia telegráfica de un espía, uno de los visitantes de Herzen, Vetoshnikov fue
arrestado en la frontera, y entre sus papeles se encontraron todas las cartas de Herzen. Para la Tercera Sección, la mencionada posdata en la carta a Serno-Soloviévich fue suficiente para que al día siguiente,
7 de julio, arrestaran a Chernyshevski. Todos los papeles y parte de los libros de Chernyshevski fueron confiscados, y
él mismo conducido al revellín Alekséev...
El arresto de Chernyshevski produjo una impresión inusitadamente fuerte en la intelectualidad democrática... La juventud revolucionaria quedó, por supuesto, conmocionada por el arresto de su líder ideológico. Los reaccionarios triunfaban, regocijándose de que su enemigo más peligroso estuviera neutralizado, según esperaban, para siempre. Pero también los liberales en el alma se alegraban de la perdición de Chernyshevski, que los despreciaba profundamente
y desenmascaraba sin piedad su verdadera naturaleza. Así, uno de los jefes de entonces del
liberalismo y buen conocido de Chernyshevski, Kavelin, en una carta a Herzen no ocultaba su verdadero sentimiento: «Las noticias de Rusia, desde mi punto de vista,
NB

* Por supuesto, esto lo dice un vil delator, y no es cosa de fiar en la exactitud fáctica de sus informaciones.
Pero él captó acertadamente la actitud hostil de los liberales hacia el gran socialista.

no son tan malas... Los arrestos no me sorprenden y, te confieso, no me parecen indignantes... A Chernyshevski yo lo quiero mucho, mucho, pero nunca he visto a un individuo tan informal, falto de tacto y presuntuoso. ¡Y haber por qué perecer! Que los incendios están en conexión con las proclamas, en esto no hay ahora la menor duda»*.
Tal fue el beso de Judas del liberal, hasta ahora rodeado de una aureola de esplendor a los ojos
de nuestros burgueses «constitucional-democráticos». Repitiendo la vil habladuría policíaca
sobre la conexión de los incendios de Petersburgo con las proclamas revolucionarias, estos señores
daban una justificación moral al desenfreno de las represalias con que la reacción se abatió sobre los demócratas. Mientras que, si se puede relacionar la epidemia de incendios de entonces con algunos
afanes políticos, en todo caso no es con la actividad de los revolucionarios. El senador Zhdánov, enviado dos años después a la región del Volga para investigar
los incendios que tuvieron lugar en Sarátov, Simbirsk, etc., estableció que estaban relacionados con las maquinaciones de los entonces reaccionarios y señores feudales, que aspiraban a atemorizar al gobierno,
aterrorizar a la sociedad y de ese modo impedir la obra de las reformas...
La Tercera Sección no quería soltar a su víctima de las garras. El 1 de agosto, Potápov presentó a la comisión una nota redactada según los informes de los agentes de policía (de esta nota, de paso, se desprende que desde el otoño de 1861 Chernyshevski estuvo bajo incesante
vigilancia de espionaje)...
A Chernyshevski no lo interrogaban. Él, pacientemente, permanecía en la fortaleza, esperando de día en día su liberación, pues estaba firmemente convencido de que ninguna prueba seria tenía el gobierno contra él.
Trabajaba con ahínco y se carteaba con su esposa. En una carta del 5 de octubre, que la comisión no consideró posible transmitir a su esposa, sino que adjuntó al sumario, se contenía la siguiente frase terrible, a juicio de los sabuesos:
«Nuestra vida contigo pertenece a la historia; pasarán cientos de años, y nuestros nombres aún serán queridos por la gente; y nos recordarán con gratitud cuando ya hayan olvidado a casi todos los que vivieron en nuestro mismo tiempo. Así que debemos no desmerecer en firmeza y carácter ante las personas que estudiarán nuestra vida» (a continuación sigue un plan de futuros trabajos sobre los cuales hablamos en el capítulo I). En estas palabras de Chernyshevski la comisión vio una inusitada
!
NB
NB

* Rusánov, l. c., pág. 276.

OBSERVACIONES SOBRE EL LIBRO DE Y. M. STEKLOV «N. G. CHERNYSHEVSKI...»
presunción y un orgullo criminal. En el aspecto intelectual y moral, los miembros de la comisión investigadora, según se ve, no cedían al liberal Kavelin...
[402] Kostomárov se sienta a escribir cartas a sus parientes. Chulkov nota en él una carta muy gruesa,
la lee y – ¡qué sorpresa! – resulta que esta carta tiene una relación directa con
Chernyshevski. La carta se envía inmediatamente a Potápov, y éste telegrafía al instante a Chulkov para que regrese sin demora con Kostomárov a Petersburgo. La comedia se desarrolla como sobre ruedas.
En esta carta, que constituye todo un folleto de un tamaño mayor que un pliego impreso, salpicada de citas en todos los idiomas posibles, atiborrada de chanzas forzadas y de repugnante charlatanería, se contenía todo lo que necesitaba la Tercera Sección para perder a
Chernyshevski. Kostomárov escribe a su mítico destinatario que en su momento le contará sobre la actividad literaria de Chernyshevski, «la secreta y la manifiesta, para mostrarle a usted
de dónde sopló aquel viento que condujo tantas víctimas lastimosas a los calabozos de las fortalezas rusas y a aquellos lugares de verdor adonde se envía por acuerdo del ministro del Interior con el jefe
de los gendarmes,... entonces verá usted de dónde apareció en la santa bandera de la libertad aquel inmundo lema en nombre del cual actúan nuestros agitadores domésticos, se escriben todos esos “Velikorús” y “Jóvenes Rusias”, todas esas inútiles proclamas con sellos rojos y azules»...
[405-406] Pero todos los documentos que había en el sumario eran, evidentemente, pocos, y la Tercera Sección decidió poner en juego el último recurso. El 2 de julio, el ministro de Justicia Zamiátin envió al Senado una extensa nota «Sobre
la actividad literaria de Chernyshevski», de evidente origen de espionaje. En esta nota, que
debía ejercer sobre los jueces cierta presión, Chernyshevski aparece como el principal predicador del materialismo y del comunismo, se da un análisis tendencioso de sus obras y se establece una semejanza externa entre sus trabajos literarios y el contenido de las proclamas revolucionarias que salían en aquel tiempo. La nota termina con las siguientes palabras: «Las proclamas son como la conclusión de los artículos
de Chernyshevski, y los artículos suyos, un detallado comentario a ellas»...
Stajévich, que conoció a Chernyshevski en Siberia, cuenta en sus memorias que mucho antes del arresto de Chernyshevski, Serakovski le transmitió su conversación con el general Káufman, entonces director de la cancillería del ministerio de la Guerra. El bravo general encontraba que Chernyshevski debía ser deportado por su influencia perniciosa sobre la juventud: es lo que el gobierno hizo después,
NB
NB

deportando a Chernyshevski a presidio exclusivamente por su «influencia perniciosa». El mismo Stajévich cuenta que poco antes del arresto de Chernyshevski lo visitó el ayudante del príncipe Suvórov y, en nombre de este último, le aconsejó que se fuera inmediatamente al extranjero.
A la pregunta de Chernyshevski de por qué el príncipe se preocupaba tanto por él, el ayudante respondió: «Si a usted lo arrestan, eso significa que lo deportarán; lo deportarán, en esencia, sin culpa alguna, por sus artículos, aunque hayan sido autorizados por la censura. El príncipe desea que sobre el soberano, su amigo personal, no recaiga esta mancha: deportar a un escritor sin culpa». Pero Chernyshevski se negó categóricamente a ir al extranjero, yendo orgullosamente al encuentro de su suerte y, en parte, no admitiendo la idea de la posibilidad de tal ilegalidad, como la deportación de un escritor por artículos autorizados por la censura...
[411] Herzen respondió a la indignante sentencia contra Chernyshevski maldiciendo a sus verdugos de todos los rangos y grados y estigmatizó con la vergüenza a la venal prensa liberal y conservadora, que con sus denuncias y hostigamiento había provocado las bárbaras persecuciones del gobierno contra los progresistas y revolucionarios.
Citamos del libro de Lemke extractos del artículo publicado por Herzen en el núm. 186 de «Kólokol» de 1864:
«Chernyshevski está condenado a siete años de trabajos forzados y a establecimiento perpetuo. ¡Que caiga en maldición este desmedido crimen sobre el gobierno, sobre la sociedad, sobre la vil, sobornada prensa que provocó esta persecución, que la infló con personalismos!
Ella acostumbró al gobierno a los asesinatos de prisioneros de guerra en Polonia, y en Rusia a ratificar las sentencias de salvajes ignorantes del Senado y de viejos malvados del Consejo de Estado... ¡Y aquí, gentes miserables, gentes-hierba, gentes-babosas, dicen que no se debe insultar a esta banda de salteadores y canallas que nos gobierna!.. ¡Chernyshevski fue expuesto por vosotros a la picota por un cuarto de hora..., y vosotros, y Rusia, por cuántos años quedaréis atados a ella! ¡Maldición sobre vosotros, maldición – y, si es posible, venganza!»...
NB
Observaciones escritas no antes de octubre de 1909 – no después
de abril de 1911.
Publicado por primera vez en 1959
en “Literatúrnoye Nasledstvo” [La Herencia Literaria], tomo 67
Se imprime según el original