...plantea su igual necesidad. La comisión, modificando ligeramente el texto original en el aspecto estilístico, las considera «igualmente necesarias». La palabra «igualmente» es tachada por la conferencia...

Al resolver la cuestión de las relaciones mutuas entre las organizaciones políticas, sindicales y cooperativas, debemos tener en cuenta las decisiones ya existentes al respecto: o nos adherimos a una de ellas, o debemos elaborar y fundamentar una nueva, propia...

Nosotros, los socialistas-revolucionarios, no estamos de acuerdo con ninguno de estos puntos de vista*. En contraposición a todos ellos, presentamos, si se puede decir así, un programa sintético de actividad de los trabajadores en la vía hacia la liberación. Ni la organización exclusivamente partidista, ni la sindical, ni la cooperativa, ni una, ni otra, ni tercera por separado, sino todas juntas, cada una por su camino, con ayuda de sus métodos, llevan adelante a la clase obrera. La combinación armónica de todas ellas, el desarrollo armónico, garantiza la victoria del socialismo integral...

En efecto. Las tres organizaciones son necesarias. Pero ¿acaso no suscribirían esto los socialdemócratas? ¿Acaso niegan la necesidad de los sindicatos o de las cooperativas? De ningún modo. Y su diferencia con nosotros no consiste sólo en que están en contra de su «desarrollo autónomo» o de su «igualdad de derechos». Lo esencial no es únicamente que exigen la hegemonía organizativa e ideológica del partido sobre el sindicato. Mucho más esencial es que sólo en el partido ven al luchador por el socialismo, sólo al partido le reconocen el papel educativo en el espíritu del socialismo...

...Que sea ella** simplemente el más extremo de los partidos democráticos, que en el marco de este régimen, y sólo aquí, intente ayudar, en lo que pueda, al movimiento socialista del proletariado, que ha desembocado en la única forma de organización adecuada al fin: el sindicato. Entonces el partido será útil, incluso en cierto sentido necesario...

Al terminar nuestra nota, quisiéramos llamar la atención sobre una circunstancia más, que pasó desapercibida en los muy breves, en general, debates sobre este tema en la conferencia. Los camaradas que defendían la enmienda estaban, por lo visto, especialmente escandalizados, como ya indicamos más arriba, por la colocación «en el mismo plano» del trabajo del partido y de las «tiendecitas cooperativas»... La cooperación constituye un eslabón necesario y extremadamente importante en nuestra concepción de la evolución económica del campesinado por la vía hacia el socialismo. Negando la posibilidad de la socialización mecánica de la agricultura, negando en esta esfera toda la concentración, diferenciación y proletarización, considerando que aquí el papel creador y positivo del capitalismo se reduce al mínimo, señalamos para la aldea un camino diferente de desarrollo de la época actual al socialismo: nos representamos una unificación productiva, que se produce, por así decirlo, de manera espontánea desde abajo, de los productores directos sobre la base del uso común de la tierra, construido sobre el principio laboral. Por eso, con la reforma agraria que proponemos —la socialización de la tierra— está inevitable e indisolublemente ligado, como segundo factor extremadamente importante de la socialización de la conciencia y de la producción, la cooperación en todas sus especies y formas. La socialización de la tierra proporcionará la base material para la edificación del trabajo solidario, quitará la posibilidad de la explotación productiva del productor directo, eliminará la posibilidad de la educación del instinto de propiedad...

N. D.

425 E

ARTÍCULO: «OTRA VEZ SOBRE EL MOMENTO ACTUAL Y LA TÁCTICA DEL PARTIDO».
«ZNAMIA TRUDA» N.º 13, NOVIEMBRE DE 1908.
[Noviembre — diciembre de 1908. Ginebra.]

OTRA VEZ SOBRE EL MOMENTO ACTUAL Y LA TÁCTICA DEL PARTIDO.

Ya más de una vez «Z. T.» ha tenido que pronunciarse sobre la cuestión de cómo entender el momento actual: ¿estamos viviendo el completo desmoronamiento de la revolución, al que seguirá un período de reacción de muchos años, quizás más prolongado que la reacción de los años 80 y 90, que sobrevino tras la derrota de «Naródnaya Volia», o estamos viviendo una crisis temporal, aunque penosa, de la revolución, a la que inevitablemente, a la primera ocasión favorable, debe seguir un nuevo auge del movimiento revolucionario? En la actualidad, es necesario volver a esta cuestión cardinal de la táctica revolucionaria, en relación con la conferencia de todo el partido recientemente finalizada.

... El pueblo ruso sigue estando ante un muro infranqueable... El primer embate del pueblo trabajador ha sido rechazado, pero el pueblo no puede dejar de renovar los ataques al orden existente...

Partiendo de este punto de vista, el Comité Central elaboró para la conferencia venidera su proyecto de resolución. En este proyecto, el Comité Central señalaba un «notable fortalecimiento de las posiciones del gobierno», gracias a la organización en torno a él de todas las fuerzas reaccionarias del país, atemorizadas por las aspiraciones sociales de la revolución rusa...

He aquí que este proyecto de resolución sirvió de base para amplios debates en la conferencia. Un camarada, que es el representante ideológico del grupo «Pensamiento Revolucionario» y que asistió a la conferencia por invitación del Comité Central, discrepó tajantemente del proyecto de resolución en la evaluación del momento actual. Reprochó al Comité Central por atenuar la seriedad de la situación, por hablar de manera demasiado blanda, incluso tierna, del «notable fortalecimiento de las posiciones del gobierno», cuando debería hablarse de catástrofe. No vivimos un episodio de la lucha revolucionaria, sino una catástrofe de la revolución, una catástrofe más penosa que la catástrofe de «Naródnaya Volia» a principios de los años 80. Los partidos revolucionarios están derrotados y el único medio de salvar la revolución y desviar del país una reacción de muchos años es el terror central y la revisión de toda la concepción del mundo del partido en el sentido de subrayar el papel de la minoría con iniciativa en la revolución, ya que, en opinión del camarada, el olvido de este papel y la excesiva pasión por la idea de la insurrección general fue la principal fuente de los errores cometidos por el partido en el curso de los últimos 2 años.

Así pues, ¿qué vivimos: un episodio o una catástrofe?...

... Las alternancias de catástrofes y anticatástrofes son buenas y apropiadas en los mitos antiguos y en la lucha de gigantes. Pero trasladar estas imágenes a la representación de la historia contemporánea es difícilmente científico, incluso para un teórico de la minoría con iniciativa.

[12]

El representante de «Pensamiento Revolucionario» ve una sola salvación para la revolución rusa: en que los eseristas revisen su concepción del mundo en el espíritu de subrayar el papel de la minoría con iniciativa y en el terror central. Por muy halagador que sea para el amor propio del partido ese papel de la concepción del mundo eserista en los destinos de la revolución rusa, no podemos reconocer a la revisión propuesta esa importancia tan decisiva. Ya hemos tenido que hablar de ello en el número anterior y no volveremos aquí sobre este tema... No se puede proponer reconocer la necesidad de la revisión a crédito, sólo por el hecho de que en nuestra concepción oficial del mundo se hayan mezclado mecánicamente, según se dice, elementos heterogéneos...

Sin embargo, de todos los factores que pueden cambiar la situación política en Rusia en una dirección favorable a la revolución, sólo uno se encuentra, en cierto grado, en poder del partido. Es el terror central...

Además del terror central, propuesto por el Comité Central en su proyecto de resolución, en la conferencia se propuso otra receta más para cambiar la coyuntura política en la dirección deseada por el partido, y fue propuesta también por un «pesimista», que reprochaba al Comité Central su excesivo optimismo.

En su opinión, seguimos rodando cuesta abajo hacia la reacción. Pero, incluso en opinión de este camarada..., la situación no es desesperada y puede ser fundamentalmente corregida. El medio es una guerra santa contra los terratenientes, que son en la actualidad los amos de la situación y los inspiradores de la reacción. El camarada no es un terrorista agrario; está en contra de los incendios provocados

NOTAS EN LIBROS, PERIÓDICOS Y OTROS MATERIALES

y de la destrucción de bienes. Pero sí está a favor del exterminio de personas. No el exterminio total de todos los terratenientes, — ¡oh, no! Así, unas 3 o 4 personas por distrito, — eso bastará para hacer entrar en razón a la nobleza terrateniente y encaminarla por la senda del progreso...

... La coacción física contra tales violentos no puede encontrar por nuestra parte ninguna objeción de principio. Pero convertir esta coacción en sistema, ver en ella un medio para cambiar la conducta política de toda una clase, eso ya es demasiado. El terror contra una clase puede conducir sólo al fortalecimiento de la reacción y de las represiones, pero de ningún modo a su debilitamiento...

Achantarse en una lucha tan puramente física significaría para él [el adversario] reconocer su causa como irremediablemente perdida, significaría dar paso a una transformación social. Y ese momento llegará, los explotadores tendrán que rendirse, pero a ello los obligará no un sistema de asesinatos, organizado por un partido relativamente poco numeroso, sino la lucha activa, ampliamente extendida, de todo el pueblo trabajador...

...Es indudable que en la Unión del Pueblo Ruso actúa la mano del «terrateniente salvaje». Pero es igualmente indudable que, junto con el «terrateniente salvaje», el estamento terrateniente también ha dado al terrateniente ilustrado, que formó el núcleo fundamental del kadetismo y de la «renovación pacífica». Y si tuviéramos una estadística de la composición clasista de los partidos políticos, aún sería una cuestión a dilucidar: si la media del estado de ánimo político de nuestra burguesía no resultaría ser más baja (más reaccionaria) que la media de la nobleza terrateniente. Por lo menos, toda la historia del autogobierno urbano y de los zemstvos habla a favor de esto.

La conferencia adoptó por una inmensa mayoría el punto de vista del Comité Central y la táctica que de él se deriva. Reconoció que el momento actual no es favorable para ninguna clase de intentos revolucionarios de masas... Gracias al exterminio de la prensa libre, gracias a la desarticulación de las organizaciones revolucionarias y a una cierta desilusión del pueblo trabajador respecto a los métodos revolucionarios de acción, el país se ha vuelto considerablemente más sordo a la influencia excitante de este tipo de estallidos parciales. En semejante ambiente, estos estallidos son un despilfarro infructuoso de fuerzas y deben ser prevenidos por nuestras organizaciones, en la medida de sus posibilidades. Nuestro trabajo entre las masas obreras debe, como antes, partir de la idea de la insurrección armada...

La cuestión de la preparación combativa provocó amplios y acalorados debates en la conferencia; dividió incluso al Comité Central. Los contendientes estaban de acuerdo en la evaluación general del momento. Pero mientras una parte de los camaradas insistía en llevar a cabo la preparación combativa de las masas, la otra parte exigía excluir la preparación combativa de las tareas inmediatas del partido, ya que —les parecía— todo intento de llevarla a cabo en dimensiones más o menos amplias, por la lógica misma de las cosas, empuja inevitablemente a las masas a acciones parciales, que
#
[13]
X

el partido considera para el momento actual como un despilfarro infructuoso de fuerzas. A algunos, la preparación combativa les atemorizaba directamente, evocando en ellos recuerdos penosos de las brigadas de combate, que hicieron del boevismo su especialidad y profesión exclusiva... Finalmente, contra la introducción de la preparación combativa en el círculo de tareas inmediatas del partido se aducía también la consideración de que ello privaría a las directrices del partido de toda orientación definida y daría a las organizaciones inmaduras del partido la posibilidad de construir su trabajo según sus inclinaciones; por ejemplo, abandonar completamente el trabajo socialista serio entre las masas y llevarlo a cabo en el espíritu del más descarado boevismo, que no da nada más que pompas de jabón... Cualquiera de estas tareas puede ser transformada en una deformidad unilateral, pero esta circunstancia no puede servir de objeción contra su reconocimiento. Ya hemos tenido que prevenir más de una vez a los camaradas de que la enseñanza de la técnica revolucionaria de combate a las masas del partido no debe en modo alguno vincularse a ningún plan determinado de acciones... Asimismo, hemos subrayado constantemente, conforme a la resolución del 3er consejo del partido, que la preparación combativa en modo alguno debe conducir a la división del partido en elementos específicamente civiles y militares, a la formación de brigadas de combate especiales, ajenas a cualquier otro trabajo del partido...

Tanto menos conveniente es tachar la preparación combativa de las masas del círculo de tareas inmediatas del partido cuanto que entre ellas ha sido introducido sin discusión alguna por la conferencia, y colocado en un lugar prominente, el terror central. En una atmósfera política excitada y tensa —y en la actualidad es indudablemente así—, todo acto de terror central fácilmente puede provocar tanto intentos revolucionarios como convulsiones contrarrevolucionarias y pogromos...

150 k

ARTÍCULO DE A-VOSH «¿QUÉ HACE FALTA AHORA?»
«IZVESTIA OBLASTNOGO ZAGRANICHNOGO KOMITETA» N.º 10, MARZO DE 1909*
[Marzo de 1909. París.]
[I]

¿QUÉ HACE FALTA AHORA?*

* Dando cabida en las columnas de su órgano de discusión a este artículo, que aborda una serie de cuestiones interesantes, la redacción considera necesario señalar que está en completo desacuerdo con los planteamientos fundamentales y las conclusiones del autor. Red. [de «Izvestia del Comité Regional en el Extranjero».]

[13]

¿Organización de la masa? ¿Acaso después de todo lo vivido, volver al sueño de amplias organizaciones con tareas combativas, repetir el cuento de nunca acabar? Además, la experiencia, al menos de la provincia de Vorónezh, mostró que crear tales organizaciones para lo porvenir, por si acaso, significa o bien provocar a los elementos más valiosos de la masa a estallidos sin sentido, o bien, al retenerlos de actuar, desmoralizarlos y, en última instancia, desilusionarlos y debilitarlos...

¿Lamentarse especialmente por la imposibilidad de las organizaciones de masas? Ya vimos en 1905 con qué rapidez se forman cuando se levanta la ola del movimiento.

Si se habla sólo de la organización de los cuadros del partido, habrá que constatar que este asunto, por todas las razones comprensibles, atraviesa ahora en todos los partidos una grave crisis.

Queda aún la cuestión de las organizaciones económicas. Pero no tienen gran importancia, en la medida en que se trata del aspecto destructivo de la revolución, y de ellas hablaremos más abajo.

................................................................................. [14—15]

Hemos llegado a la cuestión fatídica: ¿qué es capaz de provocar tal psicosis heroica?

La excitabilidad de los pueblos es diversa...

Pero hay una cuerda del alma que en todos los pueblos pertenece a las más sensibles. Es el sentimiento nacional. No es éste el lugar para hablar de las causas de este fenómeno ni para enjuiciarlo. No queda sino reconocer que una de las tareas más gratas es la propaganda sobre la base del nacionalismo, ya sea el chovinismo belicista o el nacionalismo que se defiende con la cultura...

Quizás se me objete que no debemos aspirar a una penetración tan semiconsciente de nuestras ideas, que calculamos conseguir algo más. Pues bien, en tal caso, tendremos que posponer nuestras esperanzas hasta el momento en que toda la masa alcance el nivel de desarrollo de sus destacamentos de vanguardia...

... ¿Acaso no fue la necesidad de la defensa nacional lo que llevó a la máxima tensión a la gran Revolución Francesa? Y entre nosotros, ¿acaso no fueron a la cabeza de la revolución, y a veces con un trágico desgarramiento de ella, los alógenos, en quienes el sentimiento de la protesta nacional caldeó con su ardor las consignas políticas y sociales? ¡Pues claro! Basta recordar la influencia revolucionaria de la guerra japonesa, no de sus dificultades, sino precisamente de sus fracasos nacionales.

... El sectarismo vive y busca a su manera. Todos los intentos de injertarle una ideología ajena desde fuera resultaron, en última instancia, infructuosos.

Observemos, entre otras cosas, que los elementos de la pequeña burguesía, del campesinado y de una parte considerable de los obreros, menos desarrollados religiosamente que los sectarios, y que permanecieron dentro de los límites de la iglesia dominante, de todos modos otorgan en su vida un lugar muy grande a la religión, mucho mayor de lo que estamos acostumbrados a pensar.

Aquí, nuevamente, atraviesa en lo profundo de la masa una cuerda que vibra con fuerza, aquí hay lugar para una gran excitabilidad. No es que yo quiera evaluar también este hecho, sino sólo mirarlo directamente a la cara, sin apartarlo con fórmulas dogmáticas.

Es hora de reconocer que hay una amplia corriente subterránea de la vida popular, que pasa de largo junto a nosotros, tocando sólo tangencialmente con nuestros riachuelos.

Pero la religión no está limitada en su contenido: podría abarcar, absorber también los ideales socio-políticos, podría renovarse con ellos y llevarlos sobre su cresta. Hablo, por supuesto, no de una elaboración artificial «bajo la religión» de algún programa de partido: para un partido, la mentira es un fundamento completamente inapropiado; para las capas obreras avanzadas, tal programa sería una violación innecesaria de los hábitos de pensamiento; para la amplia masa amorfa, sería el más artificial y difícilmente asimilable de los productos del pensamiento intelectual.

No, una religión que pudiera crear un amplio movimiento; que sirviera como centro de atracción, centro de fusión de todas las sectas rusas posibles; que fuera comprensible para toda la Rusia aturdida hasta el embrutecimiento; que hablara a la mente a través del sentimiento, y que, por tanto, poseyera la capacidad del contagio de masas, — tal religión debe crecer orgánicamente de las raíces de las creencias cristianas tradicionales; debe tener con ellas, en cierta medida, un terreno común, un lenguaje común; debe ser, desde el lado puramente religioso, tan revolucionaria y refrescante como desde el lado socio-político; debe, por último, ser predicada por personas de auténtica fe fanática.

¿Existen actualmente en Rusia las semillas de tal doctrina religiosa y son capaces de dar potentes brotes? No me atrevo a juzgarlo. Una parte de la intelectualidad socialista, cuya sinceridad es indudable, afirma que sí, que las ven en el pueblo y las sienten en sí mismas. En todo caso, es probable que se hagan intentos de una nueva propaganda religiosa.

Tal movimiento se sitúa en un plano completamente distinto al de la actividad del partido y, por esencia, a nosotros, como eseristas, no nos correspondería decir nuestra palabra en él. Pero es necesario aclarar de antemano cómo debemos relacionarnos con él.

La tradición ortodoxa ordena luchar contra tal desviación de la conciencia popular de los «caminos rectos». Pero los caminos rectos son inusitados, estrechos y severos. No pasará por ellos todo el pueblo trabajador. Ahora, por lo visto, él se volcará a sus caminos torcidos, llenos de baches, pero anchos, trillados. Tiene prisa.

¿Acaso nos pondremos a atravesarnos en su camino y gritar, agitando los brazos: «¡atrás, atrás! Aunque vayan en esa dirección, ¡no por ese camino! Nosotros les hemos trazado uno nuevo, según todas las reglas de la ciencia». Aún sería bueno que la masa simplemente nos aplastara y fuera hacia adelante —a salir de este infierno—. ¡Con tal que sea rápido, rápido! Si no, será tarde...

Una de dos: o nos es infinitamente querido el objetivo —la libertad—, o nos hemos enamorado de nuestros caminos «consagrados por el tiempo». ¿Acaso nos asustará más un auge religioso-social que la esclavitud arraigada, enquistada? Y sólo porque a la mayoría de nosotros nos es ajeno el sentimiento de fe... Así también algún mujik tacha de holgazanes y locos a los poetas, a los artistas.

Se me objetará, probablemente, que los caminos no son indiferentes: que el camino del entusiasmo religioso predeterminará en parte también el contenido de la cultura del futuro. Pero ¿qué? No tenemos nada que repartirnos, no somos competidores. El socialismo no se propone, no puede ni debe proponerse llenar con su contenido las nuevas formas libres de la sociedad solidaria. Ejercerá, sin duda, una influencia tonificante sobre la psique de la gente, pero no será él quien les ponga por delante nuevos valores espirituales, — el objetivo de nuevas aspiraciones y conquistas. Nosotros, como socialistas, somos sólo defensores y servidores del hombre, pero no sus profetas: le ayudaremos a quitarse las cadenas, a vestirse con un atuendo cómodo y hermoso, le pondremos en las manos flores y armas, — pero hacia dónde irá, a qué fiesta, a qué batalla, eso no lo sabemos...

Así pues, en caso de que surja tal movimiento religioso, no necesitamos competir con él, ni frenarlo, sino reconocer abiertamente su significado positivo, coordinar con él, en la medida de lo posible, nuestras acciones y, en caso necesario, prestarle servicios técnicos.

Pasemos a la última, al parecer, de las salidas imaginables del callejón sin salida de la reacción.

Hay algo capaz de dar alas a la masa, empujarla a la lucha, colmándola de fe en la posibilidad de la victoria y de desprecio hacia el enemigo. Es el éxito.

Aquí no se intensifica el estímulo, no se hace más vivo y cercano el ideal. Aquí se debilita la representación del obstáculo, cae el encanto de la fuerza enemiga. La mirada fija de los cañones enemigos, que paralizaba la voluntad del pueblo, comienza a empañarse y como a alejarse.

Pero, sin caer en contradicción con todo lo dicho anteriormente, no podemos esperar un gran éxito del movimiento de masas. Sólo puede hablarse de acciones combativas exitosas de pequeños grupos cerrados o de individuos solitarios. Aunque su victoria atestigüe sólo su propia fuerza y por sí misma no aumente las posibilidades de una victoria de masas; aunque sea incluso casual: da igual, — el éxito hipnotiza; el éxito se generaliza involuntariamente; el éxito es sentido por cada uno como propio. Y la parte contraria, que ha sufrido un golpe certero, también experimenta su acción psíquica, que dista mucho de ser proporcional al daño realmente infligido: la derrota paraliza su voluntad, la saca de su cauce.

Pero todo esto — con la condición de que el golpe esté dirigido al nudo que tensa los hilos de innumerables asociaciones del sentimiento y el pensamiento popular, si adquiere de inmediato, sin comentarios, para todos el significado de un símbolo, y con una leyenda alada penetra la vida popular. Entonces la masa puede llegar a ese estado de elevada excitabilidad, cuando en la atmósfera previa a la tormenta pasan entre el ejército y el pueblo corrientes eléctricas de un contagio socio-psíquico irreemplazable. Entonces jugará su papel también la preparación de la conciencia popular, facilitando la comprensión mutua de sus diversas capas.

NB

Tal es el significado que, tal vez, tendría un golpe central. Digo — tal vez, porque en este caso todas las esperanzas se construyen sobre consideraciones de carácter socio-psicológico, y en este bosque seductor, pero oscuro, sólo se puede avanzar a tientas...

... Sólo añadiré que es mejor no incluir en el cálculo las esperanzas sobre la desorganización directa del gobierno causada por el golpe. Con la preparación actual de éste, se puede dudar mucho de tal efecto.

... La actividad combativa conspirativa absorbe naturalmente sólo una pequeña parte de las fuerzas del partido. ¿Qué debe hacer entonces todo el partido en su conjunto?

Ante todo, — no lo que ha hecho hasta ahora: no todo a la vez. Pues ahora la actividad de cada comité intenta abarcar todas las ramas: el trabajo obrero, en lo posible — con una sección para la lucha profesional; el campesino — en algunos lugares con una sección para la dirección de cooperativas; el trabajo intelectual, militar y de prensa... por los resultados, si se miran desde fuera, saliendo de la hipnosis del aturdidor giro en la rueda, toda esta actividad recuerda — que me perdonen los camaradas — una tormenta en un vaso de agua. Cuán poco hay que entender la complejidad de la vida, cuán poco respetar al pueblo, para esperar — con las fuerzas actuales del partido, bajo las condiciones del trabajo clandestino, en ausencia de datos objetivos para un auge revolucionario — dirigir en la dirección deseada el proceso histórico. Pues, si no lo esperaran, ¿en nombre de qué se esforzarían? ¿Acaso por costumbre e incapacidad de adaptarse a otra tarea...?

... mejor no nos ocupemos de la autocomplacencia y, en la esfera de la difusión de nuestras ideas, concentremos todos los esfuerzos en crear y conservar buena literatura. Hablo sólo de crear y conservar, porque, pienso, ha llegado el momento en que la masa misma busca y encuentra caminos para la difusión de la literatura. Y en verdad, no será una gran desgracia que la masa amorfa rara vez se tope con los eseristas; que incluso se desacostumbre de nosotros, como partido: ya hemos visto con qué facilidad en el momento del auge podemos conquistar su confianza. Sí, en fin de cuentas, con tal que nuestras ideas sean absorbidas por la masa: a nuestra «firma» entonces le será posible incluso perecer...

[19]

.............................................................................................................................................

Pero, por supuesto, la organización conspirativa no puede contener a la masa. Y no tiene nada que hacer allí: no aprenderemos autogobierno en una organización centralista (y en las condiciones actuales y con el planteamiento actual de las tareas del partido, ésta no puede ser de otra manera). La autoactividad de la masa podría desarrollarse en ella en parte, quizá sólo en la esfera de la defensa

NOTAS EN LIBROS, PERIÓDICOS Y OTROS MATERIALES

contra la policía. En cuanto a la educación moral e intelectual, no hay ni que pensar allí, donde las ponzoñosas emanaciones clandestinas del aventurerismo, el diletantismo y la provocación pueden envenenar, en lugar de fortalecer, las almas débiles. Aunque el partido fuera antes una hermandad de puros luchadores abnegados, y aunque ahora éstos todavía aparezcan en él, en la situación general de las cosas para el momento actual esto no cambia nada.

En cuanto a la cobertura por la organización del partido de los elementos avanzados de la masa, ésta
de hecho no se realiza: aquellos obreros y NB campesinos que conservan ahora un vínculo oficial con el partido, distan mucho de ser siempre los más revolucionarios, los más conscientes, los más queridos por la masa, los más orgánicamente eseristas. La sed de actividad incansable y de intervención creadora en la vida circundante, en esta época políticamente muerta, aleja a menudo a los mejores del exótico mundo del partido. Y a decir verdad, en la medida en que tales personas son arrastradas al torbellino de nuestro trabajo ficticiamente sintético, no queda sino lamentar que sean apartadas de esas pequeñas corrientes vitales con las que la vida popular se abre paso — fluye hacia adelante — de manera casi espontánea.

Y sí fluye. A pesar de todas las persecuciones, existe toda una serie de organizaciones económicas: sindicatos, sociedades de consumo, asociaciones para la compra, la venta, y, por último, arteles de producción... NB

Es cierto que sus tareas no son amplias. Pero son comprensibles y queridas para toda la masa del pueblo trabajador, los resultados son visibles para todos...

Es cierto que el trabajo de sus miembros no es heroico. Pero está ligado por multitud de hilos a su vida cotidiana, habitual, se funde con ella e introduce en ella nuevos hábitos sociales y psíquicos, nuevas necesidades culturales, reeduca a los que son atrapados en su círculo, mientras que la actividad político-partidista para la mayoría de los no profesionales siempre será más o menos exterior a la vida, aunque esté por encima de ella. Es algo así como la misa dominical y el ayuno del viernes para una persona tradicionalmente religiosa.

Es cierto que las organizaciones económicas son sometidas a todo tipo de restricciones por el gobierno. Pero en parte estas persecuciones son atraídas, al parecer, *honoris causa*, por los «dirigentes ideológicos» del movimiento económico mediante declaraciones y declamaciones sobre principios que hace tiempo se han vuelto para todos el abecé y que no necesitan en absoluto su defensa.

¿Llegará la transformación hasta los límites previstos por nuestro programa-mínimo, o entrará de golpe en la «república del trabajo» de los
[20]
maximalistas? En mayor o menor grado, la vida económica del país será reestructurada, y en su nuevo edificio corresponde a las organizaciones económicas de los trabajadores un enorme papel.

Recordaré de paso que desde nuestras filas se objetaba a los maximalistas no tanto contra la posibilidad de la toma de fábricas, sino contra la deseabilidad de ello. Pero la lógica del movimiento no siempre se atiene a la secuencia que le asigna la lógica de las ideas. Y esto se vuelve tanto más cierto cuanto más se prolonga el pleito de dos mundos...

... En lugar de lanzar al azar nuestras lazadas organizativas en la inmensidad de la masa amorfa, mejor nos sea afianzarnos en aquellos nudos donde ella se anuda espontáneamente, que prometen convertirse en centros de su cristalización...

Debemos servir a las organizaciones económicas con el conocimiento teórico de su causa, familiarizarlas con formas de asociación aún no probadas*.

Debemos luchar en los sindicatos contra la tendencia de los socialdemócratas a pegar a los sindicatos la etiqueta del partido y a limitar sus tareas por principio.

Debemos observar, esforzarnos por tomar conciencia de todos los matices del movimiento, debemos aprender en su corriente el sentido práctico, y lo principal: desarrollar en nosotros el *olfato para la vida*. Ah, qué don tan insustituible es el olfato para la vida. Y en todos nosotros, si no ha desaparecido, se ha embotado mucho por el encierro en la clandestinidad...

* A modo de ejemplo mencionaré las organizaciones de paisanos, destinadas a establecer el intercambio de servicios entre la ciudad y el campo, cuya idea fue lanzada, pero, al parecer, no fue recogida en absoluto en nuestro medio.

[22]

...Me dirán, por supuesto, que las fuerzas no pueden acumularse en la inacción.
NB
Y dar vueltas alrededor de un lugar vacío — ¿acaso es un quehacer?...

Esta liquidación natural de la organización, provocada por el cambio de táctica, representará para nosotros una ocasión insustituible para limpiar simple y radicalmente nuestras filas de aventureros y provocadores.
NB NB

Hago la salvedad: no hay aquí una negación de principio de un partido político conspirativo con tareas integrales. Hay aquí sólo el reconocimiento de su inoportunidad en las circunstancias dadas, para el momento dado...

[23]

... objetivamente se presentan como posibles las siguientes salidas de la situación actual:

1) El gobierno, que ha salido hasta ahora de la lucha relativamente fortalecido, bajo la influencia de una conmoción social europea puede tambalearse, perdiendo su apoyo internacional — y entonces el pueblo trabajador lo rematará.
2) El pueblo trabajador, que ha salido de la lucha relativamente debilitado, bajo la influencia de nuevos estímulos, más estrechamente ligados a su sentimiento —nacional o religioso—, en un impulso espontáneo, arrastrando a las tropas, puede irrumpir como una tempestad y arrancar de raíz el árbol venenoso de la autocracia.
3)
Un golpe certero en el centro, rompiendo el hechizo del miedo, puede abrir una brecha en la muralla del zarismo y las olas del mar popular, que se derraman con inesperada facilidad a través de ella, lo inundarán, a él, aturdido.

Todo lo que sea favorable a estas posibilidades, debemos apoyarlo, rehuyendo todo dogmatismo.

En aras de la utilización más productiva de las pequeñas fuerzas de que disponemos, debemos en este período, para la comunicación con la masa amorfa, limitarnos a una sola literatura; y dirigir las fuerzas principales al trabajo entre los elementos ya organizados para la lucha económica y sobre la base de ésta.

... Indudablemente, habrá suficientes gritones y, en parte, muy sinceros y honestos, que nos acusarán de traición a nosotros mismos y a nuestra causa. ¡Qué le vamos a hacer,
ya vendrá el tiempo y mostrará si hemos olvidado nuestros objetivos, si hemos desaprendido a luchar!
¡Que incluso caiga temporalmente la popularidad del partido! ¿Acaso es esto más importante que los intereses de aquella causa a la que el partido siempre ha servido?

... No persigo la novedad de las ideas, pues no propongo una teoría, sino una línea de conducta. Y no reniego de las influencias. En la medida en que se puede rastrear imparcialmente el proceso del propio pensamiento, creo que ninguna de estas grandes corrientes de los últimos años ha pasado sin dejar huella en mí. Pero no me lo reprocho. Malo es aquel que no tiene nada que aprender, nada con qué completar su concepción del mundo, y mala es la concepción del mundo que aísla a su portador de la corriente del pensamiento cultural general, recelando de su propia falta de solidez...

I
Sobre la relig[ión] — p. 46, 428 K artículo: «LA CRISIS DEL BOLCHEVISMO».
«ZNAMIA TRUDA» N.º 25—24, DICIEMBRE DE 1909.
[Diciembre de 1909 — enero de 1910. París.]

LA CRISIS DEL BOLCHEVISMO.

... Por doquier vemos recidivas de la vieja psicología prerrevolucionaria. Desde las tinieblas del tiempo amenaza con levantarse la húmeda bruma de las rencillas de fracciones en el extranjero, con sus mejores procedimientos de desparpajo a lo Jlestakov, que se hace pasar por agudeza, y de tosca procacidad, que se hace pasar por tajante rigor de principios. Como si de nuevo se hubiera roto algún dique... voló, giró en pequeños remolinos, saltó alegremente sobre la superficie... Y en verdad, ¡qué panorama tan consolador!
¡Cómo viene todo esto al caso con la trágica seriedad del momento que vivimos!...

... No queremos en absoluto negar el gran papel que Lenin desempeñó en la creación y desarrollo del «bolchevismo»; tampoco negaremos que las personalidades y las cuentas personales han jugado siempre un papel no pequeño en la historia de las escisiones socialdemócratas. ¡Qué se le va a hacer! Son enfermedades infantiles corrientes de todo partido. Pero reducirlo todo a las personalidades con sus caprichos, antojos y pretensiones — eso, al parecer, ya es demasiado.

Es cierto, por supuesto, que en el origen inicial del bolchevismo el papel del elemento personal fue predominante. Pero en la historia de los partidos siempre ocurre así, que las discordias y la formación de centros puramente personales son sólo la forma en la que luego la vida va vertiendo gradualmente un contenido más impersonal. Los líderes pueden reñir entre sí por lo que sea, pero el agrupamiento en torno a ellos se hará según la afinidad química de los elementos, la cristalización una vez comenzada proseguirá, y el séquito, la escuela, el auditorio creados, al cabo de un tiempo, conducirán a sus líderes. Los «maestros» y «líderes», si comprenden su posición, deberán recordar las palabras de Mefistófeles: «Du glaubst zu schieben, und du wirst geschoben»*...

[3]

Los acontecimientos de finales de 1905 sorprendieron a ambas fracciones ya definidas...

... Los bolcheviques se manifestaron por el acercamiento a los eseristas y a los elementos populistas contra los kadetes, mientras que los mencheviques rechazaban tal acercamiento y deseaban apoyar a los kadetes...

... Todo esto no prueba nada, excepto que los elementos «blandos», oportunistas de todos los tiempos y pueblos resultan ser especialmente sensibles a los cambios de circunstancias...

[4]

... No puede decirse, por supuesto, que las cualidades personales de estos líderes no tuvieran nada que ver en el desarrollo de las divergencias y escisiones. Pero estas cualidades, en un grado aún mayor, eran educadas, cultivadas en los líderes por el auditorio, en lugar de determinar por sí mismas al auditorio y su composición. En particular, la devoción desmedida por parte de los suyos y la actitud igualmente desmedida, subrayada, exageradamente despectiva y burlona de los otros no podían menos que desarrollar un amor propio enfermizo, que se reviste de la toga de la arrogancia olímpica y al mismo tiempo es sensible a los más pequeños pinchazos de alfiler. Sólo por eso y en esa medida resultaban estas personas líderes, porque sus cualidades personales estaban al unísono con la psicología del grupo, correspondían a sus necesidades particulares hasta la fusión completa. Los bolcheviques necesitaban a un «ortodoxo revolucionario» autoritario, aunque fuera testarudo y tosco, pero en cambio absolutamente redondo, monolíticamente íntegro; los mencheviques necesitaban igualmente a un abogado del «amplio practicismo», elástico y flexible, aunque fuera hasta la falta de carácter, hasta el impresionismo. Si Lenin y Mártov no existieran, habría que inventarlos...

... Cuando ante las elecciones a la tercera Duma los bolcheviques intentaron defender la posición boicotista, el desmarque de Lenin y su paso, en esta cuestión particular, al lado de los mencheviques, por supuesto, fueron una sorpresa desagradable para su fracción... Pero no hay por qué hipnotizarse con esta apariencia externa de «traición del líder»; eso significaría deslizarse por la superficie y no advertir una correspondencia más profunda. Para el tiempo de las elecciones a la tercera Duma, los bolcheviques ya habían aceptado toda una serie de premisas del abandono del boicot; Lenin fue el primero en sacar de estas premisas la conclusión lógica. El mantenimiento de la posición boicotista habría tenido sentido sólo en la medida en que los bolcheviques llevaran o se dispusieran a llevar una táctica ofensiva. Pero ¿en qué habría podido expresarse ésta? Nunca reconocieron el terror, y las formas del boevismo de masas habían sido casi completamente liquidadas por ellos para el tiempo de la tercera Duma... Pero entonces, ¿por qué mantener un solo boicotismo? A la masa de los bolcheviques, por supuesto, le era difícil renunciar de golpe a esta consigna habitual; él salvaba la apariencia del revolucionarismo sin resucitar su esencia. Con la tercera Duma y su fracción, la masa de los bolcheviques sólo podía reconciliarse lentamente. Esto se está realizando, — en grado considerable ya se ha realizado, — ante nuestros ojos. Toda la influencia personal de Lenin resultó insuficiente para hacer que su fracción «saltara por encima de las fases naturales de su desarrollo» directamente al resultado final. Lo mismo es cierto también en relación con la cuestión de la creación de un «centro del partido» socialdemócrata, la cuestión de la que tanto se habla y cuya resolución se espera del acercamiento, que parece esbozarse, de Lenin con Plejánov. Pero aunque ambos lo desearan apasionadamente, en lugar de recordar el proverbio: «dos osos no viven en la misma guarida», de esto no podría resultar absolutamente nada.
Si ahora aparecen serias posibilidades de creación de un «centro», es sólo porque el bolchevismo ha vivido una crisis interna, se ha sometido a un proceso de muda y con ello se ha desplazado hacia el «centro» (antes Lenin, en lugar de la palabra extranjera «centro», empleaba una palabreja más pintoresca, puramente rusa, «pantano»).

Los «ultimatistas» y los «otzovistas» (no hablo de la «construcción de Dios», pues esta revolución verbal de Lunacharski tiene muy poca relación con la revolución real) querrían nadar contra corriente e impedir la degeneración del bolchevismo. Pero para ello deberían, ante todo, despojarse de la idea de esta degeneración como una «intriga de Lenin». Es un mal procedimiento polémico, que difícilmente puede cegar a nadie, excepto a aquellos que lo utilizan desmedidamente. El estudio de las causas profundas de la degeneración del bolchevismo llevaría a los socialdemócratas de izquierda a la clara comprensión de que el revolucionarismo negativo del boicotismo es estéril si no está vinculado con otro revolucionarismo positivo de táctica combativa. Por lo visto, aún no tienen esta clara comprensión; sólo hay un vago sentimiento instintivo. En el manifiesto de los «apartados» de la fracción bolchevique esto se reflejó en algunas notas boevistas. Pero son tan vagas e indeterminadas que Lenin no carecía en absoluto de razón al ridiculizarlas en su respuesta.
Si los otzovistas pretenden resucitar a la socialdemocracia «de izquierda», les es poco demostrar que el bolchevismo oficial actual, vagando en la sorda época de la reacción por todo tipo de estrechos senderos tortuosos, ha perdido todos los puntos esenciales de diferencia con los mencheviques no-liquidadores. Les es poco también aferrarse al revolucionarismo negativo de la táctica del boicot. Necesitan esclarecer de manera completamente concreta en qué consiste su revolucionarismo positivo, qué línea combativa concreta de conducta tienen que proponer. De lo contrario, sus días están contados.


Un síntoma curioso de la crisis del bolchevismo es también aquella «crítica de las posiciones políticas de la socialdemocracia rusa contemporánea» que emana del campo otzovista y a la que damos cabida más abajo en las páginas de «Znamia Truda». Su autor, N. Garri, que escribía antes en «Proletari», sigue siendo marxista por los puntos de partida de su concepción del mundo, pero su marxismo es sólo a medias marxismo socialdemócrata; la otra, la buena mitad, es marxismo sindicalista. Damos cabida a este artículo en nuestro órgano, en primer lugar porque en algunas cuestiones de táctica las opiniones expresadas en él coinciden con las nuestras, y en segundo lugar porque este artículo, que no carece de interés, difícilmente podría contar con ser publicado en los órganos de fracción existentes de la prensa socialdemócrata. Pero nos parece que este artículo es instructivo también en sus errores, sobre los cuales nos permitiremos decir por ahora sólo unas pocas palabras.

El carácter lamentable de la actual Duma de Estado, esta quinta rueda del carro del régimen de Stolypin, sirve como uno de los mayores ases en la manga del otzovismo...

... Es comprensible que las monstruosidades, de las que tan a menudo es escenario la tercera Duma, hayan obligado ya más de una vez a la oposición — ¡incluidos incluso los kadetes! — en señal de protesta a abandonar la sala de sesiones. Y no es de extrañar que la parte menos paciente de la clase obrera, que, sometiéndose a la disciplina del partido, había elegido a sus diputados a la Duma, no se satisfaga con este simbolismo de la protesta, que no gana en fuerza de impresión al repetirse. El otzovismo generaliza este estado de ánimo, poniendo en lugar del abandono simbólico de la Duma — el abandono real, poniendo en lugar de un aspecto reiterado — un aspecto perfecto, y considerando que salir por una puerta para entrar inmediatamente por otra — es una ocupación demasiado inocente y que corresponde muy poco a la seriedad de la situación.

Para parar este argumento más «as en la manga» del otzovismo — la indicación del carácter reaccionario de la tercera Duma — Lenin y sus partidarios, según su costumbre, se elevaron a las más altas cumbres de la fraseología revolucionaria. Para el super-revolucionarismo, ¿qué significa el carácter reaccionario de una Duma nobiliaria? Todos los parlamentos del mundo son reaccionarios, todos son instrumentos de la dominación de clase.

Poniéndose en un punto de vista tan super-revolucionario, Guesde llegó en su tiempo a declarar que para el proletariado era indiferente la forma monárquica o republicana de gobierno en el país...

... Esta gran y compleja cuestión del parlamentarismo tiene, sin embargo, poca relación con la cuestión de la tercera Duma de Estado, pues por muy alto que trepen los socialdemócratas anti-otzovistas y anti-boicotistas a las cumbres de su Olimpo teórico, incluso desde la más hermosa lejanía, la distancia entre nuestra Duma y el más modesto parlamento burgués no resultará ser tan pequeña como para que pueda ser ignorada impunemente. El resultado de todo esto es uno: se embrolla no sólo la cuestión de la actitud hacia la Duma de Estado rusa, sino también la cuestión general del parlamentarismo. Este embrollo es uno de los fenómenos característicos que acompañan a la crisis del bolchevismo. Se puede, cuanto se quiera, y no sin razón, acusar a ciertos otzovistas de «pecados» sindicalistas. Pero el pecado «original» hay que buscarlo en el bolchevismo radical. Este pecado le es dictado al bolchevismo por la lógica de su posición; el bolchevismo no podía dejar de caer en él cuando intentaba salir de la situación deplorable del cautiverio de la socialdemocracia en la tercera Duma, encaramándose a tales alturas del revolucionarismo desde las cuales «todo da igual». Muchos otzovistas se esfuerzan aquí, por desgracia, en seguir las huellas de los antiguos maestros. Y con ello, ellos mismos se enredan en contradicciones que debilitan su «crítica de las posiciones políticas de la socialdemocracia rusa contemporánea».
Deseémosles, pues, salir de estos caminos... Pues, sin librarse de los vaivenes en esta cuestión fundamental de la táctica socialista internacional, no se puede tener una línea política de conducta firme. Y ella es tanto más necesaria para una fracción que desea resucitar el ala revolucionaria en la socialdemocracia rusa.

428 k

ARTÍCULO DE NIKOLAI GARRI: «FANTASMAS»
«ZNAMIA TRUDA» N.º 23—24, DICIEMBRE DE 1909.
[Diciembre de 1909 — enero de 1910. París.]

[13—14]

FANTASMAS*
Crítica de las posiciones políticas de la socialdemocracia rusa contemporánea.

I.

La formación de un centro del partido es cosa habitual en la vida de toda organización ideológica; pero en ninguna parte hasta ahora fue acompañada de la amputación violenta del ala izquierda, indeseable para este centro, como ha ocurrido entre nosotros...

* El autor de este artículo es un socialdemócrata, que hasta hace poco escribía en «Proletari» en defensa del «otzovismo». No obstante, damos cabida a su artículo en las páginas de nuestro órgano, ya que el matiz del pensamiento socialista, del cual el autor es representante, no tiene por ahora su propio órgano y no puede encontrar lugar en la prensa socialdemócrata. Mientras tanto, en algunos puntos (particularmente en su actitud hacia la III Duma) esta corriente ha coincidido con la posición táctica de nuestro partido. Sobre su actitud hacia las cuestiones abordadas por el autor, la redacción se pronuncia en el artículo editorial del presente número.

RECOPILACIÓN LENINISTA

Es completamente superfluo detenerse aquí en lo esencial de las disquisiciones de la reunión sobre los mencheviques-liquidadores: difícilmente a alguien se le ocurrirá tomar «en serio» todo lo que se ha dicho a este respecto. Cada cual comprende claramente que esto se dice sólo «por ahora», que, en esencia, nuestros oportunistas encontrarán muy pronto un lugar muy calentito bajo el ala derecha del partido «renovado», hasta ahora cuidadosamente oculta, pero que pronto se desplegará ampliamente. Cortar el ala izquierda, y la derecha esconderla de momento, tal es la consigna y la verdadera línea de conducta de la redacción de «Proletari». Y Gueorgui Plejánov, este reconocido líder de nuestros «políticos reales», con la sensibilidad que le caracteriza, al determinar que el vientecillo «proletario» quiere, por lo visto, soplar hacia su lado, rápidamente se guardó en el bolsillo varios dedos de su mano derecha, sacó del otro bolsillo toda la izquierda y «de corazón» se la tiende al ahora manco Lenin. Lenin va a su encuentro: él, verán ustedes, desde hace tiempo se esforzaba por desprenderse de su mano izquierda e incluso reconoce que este empeño suyo «en el último tiempo provoca no pocos ataques entre camaradas que se consideran bolcheviques». Y resulta que el bolchevismo de estos camaradas se determina por la ubicación de la á espalda: estaba con ellos el bolchevique Lenin, y ellos eran también bolcheviques; se apartó de ellos el «bolchevique» Lenin a posiciones mencheviques, y ellos no le siguieron, se quedaron en los lugares anteriores, por consiguiente, ya no son más bolcheviques. Del Lenin, indudable bolchevique que se fue a la derecha, ellos quedaron en el lado izquierdo. Y ¿qué hay, pues, a la izquierda del bolchevismo? Bueno, — ¿quién no lo sabe? — ¡por supuesto, el anarquismo! El nombre está encontrado y todo vuelve a estar en perfecto orden. Demostración por el contrario: a la izquierda de Lenin — los otzovistas; los otzovistas — anarquistas; por lo tanto, Lenin — bolchevique.

Tan obvia y simplemente, habiendo encontrado la solución, Lenin se tranquiliza. Pero nosotros nos esforzaremos en demostrar que los otzovistas no son anarquistas, y Lenin no es bolchevique, sino menchevique.

La piedra de toque en la solución de la cuestión de la pertenencia al anarquismo o a la socialdemocracia estaba destinada a ser nuestra fracción de la Duma...

He aquí que en estas palabras sobre la duración del trabajo sobre la fracción de la Duma está enterrado el perro: significan que la fracción puede no mejorar, pero el partido intentará todo el tiempo mejorarla. Se ejercerá sobre ella toda clase de presión, luego un ultimátum, luego otra vez presión, etc. El cuento de nunca acabar. Y llaman a esta prolongada inutilidad — trabajo prolongado del partido sobre la fracción de la Duma, educación de la fracción de la Duma...

Sobre el plazo límite fijado para la educación del niño fracasado, se guarda prudentemente silencio. Pero de la propia naturaleza de este original «ultimatismo» se deduce que el plazo límite es el plazo de existencia de la fracción de la Duma o bien... de la propia Duma. Con ello se olvida que el proletariado revolucionario y el campesinado hambriento por la falta de tierra no están en absoluto interesados ni en la fracción de la Duma, ni en el politiqueo partidista-constructivo de la redacción ampliada de «Proletari», a la que por eso, probablemente, muy pronto tendrá que ser ella misma su propio escritor y lector...

... la resolución dispone: a los ultimatistas de este tipo, en particular al camarada Máximov*, en vista de la falta de unidad de pensamiento fraccional, declararlos fuera de la fracción. Bueno, y ¿cómo actuar con los obreros, en los que también hay falta de unidad de pensamiento fraccional? Pues lean el siguiente párrafo del mismo «acuerdo»:
«En un profundo error caerían aquellos trabajadores locales que entendieran las resoluciones de la reunión como un llamamiento a expulsar de las organizaciones a los obreros de talante otzovista o, más aún, a escindir las organizaciones allí donde hay elementos otzovistas. De la manera más decidida prevenimos a los obreros locales contra semejantes pasos».
¿No es esto sabiduría maquiavélica? Los obreros, vean ustedes, son necesarios, e inofensivos. Necesarios para las organizaciones («¡no escindir las organizaciones!»), e inofensivos porque todas las opiniones de los representantes elegidos por los obreros para las instituciones del partido en las conferencias y congresos pueden ser siempre paralizadas por las opiniones diametralmente opuestas de las personas cooptadas en estas instituciones al margen de los obreros. Para esto se organizan «reuniones del colegio en composición ampliada», y luego las resoluciones adoptadas en ellas (debe leerse: «democráticas», — honny soit qui mal y pense**) se despachan en forma de decisiones obligatorias a los comités locales para su ejecución. Después de la manifestación de semejante «democratismo» ya resulta incómodo de alguna manera gritar demasiado fuerte, como se hacía antes, sobre «el golpe de estado del 3 de junio», y hay que replegarse orgullosamente hacia la «utilización revolucionaria del parlamento (la Duma)». Ya no es posible seguir considerando a la III Duma simplemente como una cancillería ministerial, y hay que presentarla como resultado de la victoria sobre la autocracia, para justificar de algún modo la recolección de los frutos de esta «victoria».

... El régimen autocrático es calificado de «representativo», la Duma nobiliaria-centenarista — de parlamento. Y de aquí ya se concluye: la socialdemocracia es un partido parlamentario, por consiguiente, debe participar en la Duma; y quien no desea participar en la Duma, está contra el parlamento, por consiguiente, es anarquista y no tiene lugar en el partido socialdemócrata. ¡Asombrosamente breve y claro!

Pero aquí nuestros «bolcheviques» de nueva formación tropiezan con una pequeña contrariedad: pues exactamente lo mismo dicen también los mencheviques-liquidadores, y los kadetes, y — ¡oh, horror! — incluso los octubristas...

El bolchevismo, pues, al igual que el menchevismo, en la cuestión de la Duma consiste enteramente en la utilización del material de agitación que proporciona la III Duma. Pero basta recordar todo lo que decían y escribían los mencheviques contra el boicot en el período de la primera Duma, y veremos que ésta es una consigna puramente menchevique. Con ello salta a la vista que los mencheviques de entonces eran bolcheviques mucho más sinceros que nuestros actuales «bolcheviques» de «Proletari», porque esta consigna, en vista de la situación más libre de la prensa en el período de la primera Duma, entonces podía ser cumplida, mientras que ahora, en relación con la situación actual de la prensa, nadie creerá siquiera en esa ficción de revolucionarismo de la que conscientemente se esfuerzan por revestirla los socialdemócratas «revolucionarios» contemporáneos.

# Más adelante: en el pasaje citado se habla de la utilización del material de agitación que es suministrado no por la fracción socialdemócrata de la Duma, sino por la... III Duma. Entonces, ¿a qué viene la «importancia» de la fracción de la Duma?... Admitamos incluso que en su composición cualitativa, la fracción de la Duma estuviera representada por toda la plana mayor de la redacción ampliada de «Proletari»; más aún: que fuera consecuentemente revolucionaria. Admitámoslo y preguntémonos: ¿está en condiciones tal fracción de la Duma de cumplir la tarea que le encomienda el grupo de «Proletari»: convertirse en una base legal para la propaganda de ideas ilegales?
Para cualquiera es claro hasta la evidencia que no. En la situación actual de la prensa, esto está absolutamente excluido. A todo el marxismo, revolucionarismo y demás altas cualidades, hasta cuya posesión se propone educar a la fracción de la Duma nuestro periódico oficioso «bolchevique», en vista del mencionado estado de la prensa, en el mejor de los casos, le tocaría quedarse entre las paredes del Palacio Táuride; en el peor de los casos, — que parece más probable, — incluso las paredes del Palacio Táuride se verían privadas del placer de escuchar las efusiones de la fracción socialdemócrata educada en el espíritu de «Proletari», porque tales efusiones, bajo el actual orden jurídico parlamentario en Rusia, necesitan la graciosa autorización del octubrista Jomiakov o del abiertamente centenarista Volkonski**.

¿Qué queda, pues, de las bases legales en toda esta bufonada parlamentaria? ¿Acaso la comunicación legal de los diputados socialdemócratas de la Duma con el proletariado? Sobre esto ya no hay ni que pensar. ¿La divulgación legal de la actividad de la Duma mediante la prensa? Tampoco. Entonces ¿qué, finalmente? ¡Absolutamente nada por vía legal! ¿A qué deberá reducirse _eo ipso_*** toda la «actividad» de la fracción socialdemócrata de la Duma como tal? En el mejor de los casos, proporcionará abundantísimo material para la difusión ilegal de literatura ilegal sobre el tema del comportamiento injusto, «inconstitucional», de la mayoría centenarista de la Duma respecto a los diputados socialdemócratas. El mismo material que la III Duma por sí misma está en condiciones de dar para la agitación socialdemócrata ilegal, ella lo daría también sin la representación obrera en ella. Entonces, ¿a qué viene la fracción socialdemócrata de la Duma como institución legal en relación con la actividad ilegal? Y además, ¡una fracción a la que primero hay que educar en el espíritu de la socialdemocracia para quitarle la desagradable costumbre de ir a remolque de los kadetes!

* Por cierto, el ultimatismo del camarada Máximov no me parece en absoluto tan de alta ley como le parece a Lenin. En todo caso, yo no lo confundiría con el boicotismo-otzovismo.
** Este artículo ya estaba escrito cuando los periódicos informaron sobre el incidente con Belousov y Gulkin en la Duma. ¿Hacen falta más pruebas?
*** por eso mismo. Red

Precisamente en esto consiste el asunto: en que aquí no hay ni puede haber ningún vínculo real. Este vínculo es sólo ficticio, inventado por la redacción de «Proletari*» para conservar la apariencia de su inocencia bolchevique, perdida hace tiempo. Y en absoluto fue la cuestión de la utilización de las posibilidades legales lo que sirvió de motivo para el deslinde de los «bolcheviques» de «Proletari» de los bolcheviques-otzovistas, sino una divergencia de principio sobre la cuestión del papel de la III Duma y el significado de la representación socialdemócrata en ella. Por eso tenía razón el camarada Máximov al lanzar a la reunión el reproche (¡como se expresa suavemente la red. de «Proletari»!) de traicionar las consignas del bolchevismo revolucionario y pasar al punto de vista menchevique.

En otro tiempo nos separaban de los mencheviques divergencias no sólo en cuestiones de táctica, sino — y principalmente — de principio. Evaluábamos de manera distinta la correlación de fuerzas, el desarrollo de la revolución, el significado y el papel del campesinado, etc. ¿Adónde han ido a parar estas divergencias ahora? Sobre esto se guarda silencio. Sólo está claro que estas divergencias ya no existen. Y la propia redacción ampliada de «Proletari» lo confirma con las siguientes palabras: «¿Cuáles son, pues, las tareas de los bolcheviques respecto a esta parte, por ahora pequeña, de mencheviques que libran la lucha contra el liquidacionismo de derecha? Los bolcheviques deben, sin duda, aspirar al acercamiento con esta parte de los partidistas, una parte marxista y partidista. No se trata aquí, en ningún caso, de liquidar nuestras divergencias tácticas* con los mencheviques...» y más adelante: «...en el presente momento difícil, sería por nuestra parte un crimen no tender la mano a los partidistas de otras fracciones que se pronuncian en defensa del marxismo...»

Esto ya es poner el dedo en la llaga. Si aún se complementan estas efusiones con las proféticas palabras de Plejánov, dichas por él hace poco en una reunión en Ginebra, de que «también entre los bolcheviques hay elementos que piensan marxistamente»**, entonces... todo se hace claro de inmediato. Evidentemente, estamos en vísperas de la reconciliación completa.

II.

... Todas éstas son viejas canciones, trilladas desde hace tiempo, enteramente tomadas prestadas de los «políticos reales» del oportunismo de Europa Occidental, que conocemos desde hace mucho. Su parentesco con estos últimos no lo niegan los propios políticos de «Proletari», declarando directamente que ha llegado la hora de aprender a «hablar en alemán», es decir, dejar de introducir en el movimiento el máximo de consignas que empujan hacia adelante y empezar a actuar lentamente... Por lo demás, hay que suponer que los proletarios rusos sabrán fácilmente dar la debida valoración a la nueva línea «revolucionaria» del «Proletari» parisino, sopesando también la circunstancia...

* ¡Qué menos que mencionar, al menos por decoro, las divergencias de principio!
** Un descubrimiento, por cierto, digno de tan gran pensador. Siempre supe que estas sentencias de Plejánov tienen un significado sintomático. Pero cuando oí esta frase, confieso que no adiviné de inmediato de qué se trataba, y pensé: ¿De quién habla: de Bogdánov o de Lunacharski?