Durante tres sesiones, los días 12, 15 y 17 de enero, se desarrollaron en la Duma Estatal los debates sobre la ampliación de sus derechos presupuestarios. El partido kadete, con la firma de 40 miembros de la Duma, presentó un proyecto de tal ampliación. Sobre este punto se pronunciaron representantes de todos los partidos. En nombre del gobierno, el ministro de Finanzas pronunció dos largos discursos. Se pronunció también el representante del partido obrero socialdemócrata. Y los debates concluyeron con la adopción unánime (el periódico *Stolichnaia Pochta* del 18 de enero lo dice así) de la propuesta de los octubristas: remitir el proyecto de ley sobre la ampliación de los derechos presupuestarios de la Duma Estatal a una comisión, «sin tocar el alcance de esta modificación», es decir, de las reglas del 8 de marzo, que restringen particularmente los derechos presupuestarios de la Duma Estatal.

¿Cómo pudo producirse un fenómeno tan extraño? ¿Cómo es posible que en la III Duma, en la Duma de los bisontes de las Centurias Negras, se aprobara por unanimidad la propuesta de los octubristas, que correspondía en esencia al deseo del gobierno y fue formulada después del primer discurso del ministro de Finanzas, quien señaló precisamente ese desenlace? En esencia, el proyecto kadete es inaceptable; en los detalles, ¿por qué no modificar la ley? Así lo declaró el ministro de las Centurias Negras. De acuerdo con esta declaración, los octubristas redactaron su propuesta, subrayando que no tocaban el alcance de las modificaciones de la ley.

Que los octubristas coincidieran con el ministro de las Centurias Negras no es sorprendente. Que los kadetes retirasen su propia redacción (en la cual, por supuesto, no había ni una palabra sobre que no tocaban el alcance de las modificaciones señaladas por ellos mismos) tampoco es sorprendente para todos los que conocen la naturaleza del partido k.-d. Pero que los socialdemócratas pudieran participar por unanimidad en algo semejante es increíble, y nos inclina a pensar que *Stolichnaia Pochta* no dijo la verdad, que los socialdemócratas no votaron la resolución de los octubristas.

Sin embargo, aquí hay una cuestión más importante que la de si los socialdemócratas votaron a favor de los octubristas o no, a saber, la cuestión del error cometido sin duda por el diputado socialdemócrata Pokrovski 2.º. En este error y en el verdadero significado político de los debates del 12, 15 y 17 de enero es en lo que pretendemos centrar la atención de los lectores.

La Duma Estatal rusa no tiene derechos presupuestarios, ya que el rechazo del presupuesto no impide «por ley» su ejecución. Esta ley, promulgada por el gobierno contrarrevolucionario después de la derrota del levantamiento de diciembre (el 20 de febrero de 1906, las célebres «leyes fundamentales»), es un escarnio a la representación popular por parte de las Centurias Negras, el zar y los terratenientes. Y las «reglas» del 8 de marzo de 1906 subrayan aún más este escarnio, creando un montón de restricciones mezquinas para el examen del presupuesto en la Duma y estableciendo incluso (en el art. 9) que «al discutirse el proyecto de presupuesto estatal no podrán ser excluidos ni modificados aquellos gastos e ingresos que figuren en el proyecto en virtud de las leyes vigentes, plantillas, relaciones, así como de las órdenes supremas dictadas en el orden de la administración suprema». ¿Acaso no es esto un escarnio? ¡No se puede cambiar nada que corresponda tanto a las leyes, como a las plantillas, como a las relaciones y simplemente a las órdenes supremas! ¿No es ridículo hablar después de esto de los derechos presupuestarios de la Duma Estatal rusa?

Cabe preguntar ahora: ¿cuáles eran las tareas de una democracia burguesa que realmente lucha por la libertad ante semejante estado de cosas? ¿Cuáles eran las tareas del partido obrero? –en este artículo hablamos solamente de las tareas de la lucha parlamentaria y de los representantes parlamentarios del partido correspondiente.

Es evidente que la cuestión de los derechos presupuestarios de la Duma debía ser planteada en la Duma para poner plenamente de manifiesto, ante el pueblo ruso y ante Europa, el escarnio de las Centurias Negras por parte del zarismo, para mostrar toda la falta de derechos de la Duma. El objetivo práctico inmediato de tal esclarecimiento (por no hablar ya de la tarea fundamental de todo demócrata: revelar la verdad ante el pueblo, ilustrar su conciencia) venía determinado además por la cuestión del empréstito. El gobierno de las Centurias Negras del zar no pudo sostenerse después de diciembre de 1905, ni puede sostenerse ahora sin la ayuda del capital mundial, de la burguesía internacional, en forma de empréstitos. Y la burguesía de todo el mundo otorga empréstitos de miles de millones al zar, que está en manifiesta bancarrota, no solo porque, como a todo usurero, la seduce una elevada ganancia, sino también porque la burguesía es consciente de su propio interés en la victoria del viejo orden sobre la revolución en Rusia, pues al frente de esta revolución marcha el proletariado.

Por lo tanto, solo el esclarecimiento de toda la verdad podía ser el objetivo de plantear la cuestión y de los debates en la Duma. El reformismo práctico no podía ser, en este momento y en esta situación, el objetivo de un demócrata, porque, en primer lugar, es evidente la imposibilidad de reformas sobre la base de las leyes fundamentales vigentes acerca de los derechos presupuestarios de la Duma; en segundo lugar, sería absurdo proponer para una Duma de bisontes de las Centurias Negras y mercaderes moscovitas la ampliación de sus derechos, los derechos de tal Duma. Los kadetes rusos (a quienes solo ignorantes o ingenuos podían considerar demócratas), por supuesto, no comprendieron esta tarea. Al plantear la cuestión, la situaron de inmediato sobre el falso terreno de la reforma parcial. No negamos, por supuesto, la posibilidad y la necesidad de que a veces un demócrata y un socialdemócrata planteen la cuestión precisamente de una reforma parcial. Pero en una Duma como la III, en un momento como el actual, en una cuestión como los derechos presupuestarios, deformados hasta lo risible por unas leyes fundamentales intocables, esto era absurdo. Los kadetes pudieron plantear la cuestión en forma de reforma parcial –incluso estamos dispuestos a hacer esa concesión–, pero los demócratas no podían tratar esta cuestión como lo hicieron los kadetes.

Ellos hacían hincapié en el llamado aspecto práctico del asunto, en la incomodidad de las reglas del 8 de marzo, en su inconveniencia incluso para el gobierno, en la historia de cómo se redactaron distintas leyes idiotas contra la Duma en las idiotas cancillerías de Buliguin, Witte y demás pandilla. El espíritu del planteamiento kadete de la cuestión se refleja con el máximo relieve en las siguientes palabras del señor Shingariov: «No hay ningún atentado (contra la limitación de las prerrogativas del monarca) en el proyecto que hemos presentado, no hay en él ninguna segunda intención (!!). Solo hay en él el afán, en aras de la comodidad del trabajo de la Duma, en aras de su dignidad, en aras de la necesidad de realizar el trabajo al que estamos llamados» (subrayado nuestro; pág. 1263 de los informes taquigráficos oficiales, sesión del 15 de enero de 1908).

Un sujeto semejante, en vez de ilustrar la conciencia del pueblo, la oscurece, pues dice una mentira y un absurdo manifiestos. Y aunque este señor Shingariov, con toda su cáfila de politiqueros kadetes, creyera sinceramente en la «utilidad» de su «diplomacia», nosotros de ningún modo podemos cambiar esta conclusión inevitable. El demócrata debe revelar ante el pueblo el abismo entre los derechos del parlamento y las prerrogativas del monarca, y no adormecer su conciencia, no desvirtuar la lucha política reduciéndola a una corrección cancilleresca de las leyes. Al plantear así la cuestión, los kadetes demuestran de hecho que son competidores de los funcionarios del zar y de los octubristas, y no luchadores por la libertad, aunque fuera solo por la libertad de la gran burguesía. Así hablan únicamente los funcionarios de un liberalismo trivial, y no los representantes de la oposición parlamentaria.

En el discurso del representante de la socialdemocracia, Pokrovski 2.º, hemos de reconocer con satisfacción que se manifiesta claramente un espíritu distinto, se da un planteamiento de principio diferente de la cuestión. El socialdemócrata dijo directa y claramente que él reconoce que la representación popular en la III Duma está falsificada (citamos por *Stolichnaia Pochta* del 18 de enero, pues no disponemos aún de los informes taquigráficos de esta sesión). Él no subrayó las pequeñeces, la historia cancilleresca de la ley, sino el estado de ruina y opresión de las masas populares, de millones y decenas de millones. Declaró, acertadamente, que «de los derechos presupuestarios de la Duma Estatal no se puede hablar sin ironía», que nosotros exigimos no solo el derecho a rehacer todo el presupuesto (el funcionario con un cargo lucrativo, Kokovtsov, fue quien más discutió en la Duma contra los funcionarios sin cargo lucrativo, Shingariov y Adzhemov, sobre la admisibilidad y los límites de ese «rehacer»), sino también a reestructurar todo el sistema financiero, a votar el rechazo del presupuesto al gobierno. Concluyó con la exigencia, no menos correcta y obligatoria para un miembro del partido obrero, de la «plenitud del poder popular». En todos estos aspectos, Pokrovski defendió honesta y correctamente el punto de vista socialdemócrata.

Pero al hacerlo cometió un penoso error, —según las noticias de la prensa, lo cometió toda la fracción socialdemócrata—, al dar a su orador una directriz semejante. Pokrovski declaró: «Apoyamos la proposición de los 40, por tender a ampliar los derechos presupuestarios de la representación popular».

¿A qué venía esa declaración de apoyo a una proposición a todas luces insostenible en sus principios, evidentemente incompleta, firmada por personas carentes de principios e incapaces de mostrar la más mínima firmeza, una proposición a todas luces inútil en la práctica? No fue un apoyo a la burguesía en lucha (fórmula con la que a muchos les gusta justificar su falta de carácter político), sino un apoyo a la volubilidad de la burguesía liberal-octubrista. Y que esto es así, lo demostraron los hechos de inmediato. Los propios kadetes lo demostraron al retirar de votación su proposición y sumarse a la de los octubristas: «pasar a comisión sin tocar el alcance de las modificaciones de la ley» (!). Por centésima y milésima vez, el «apoyo» a los kadetes llevó a engañar a quienes los apoyaban. Por centésima y milésima vez, los hechos pusieron al descubierto toda la miseria, todo lo inadmisible de la táctica de apoyo a las proposiciones liberales, kadetes, que van en ese sentido, etc.[145]

Si en lugar de sumarse a los octubristas, los kadetes hubiesen sometido a votación una declaración en la que se hablara clara y precisamente de la impotencia de la Duma en las cuestiones financieras, del falseamiento de la representación popular, de la ruina del país por la autocracia y de la quiebra financiera inevitable, de la negativa de los representantes de la democracia a avalar empréstitos en semejantes condiciones, habría sido un paso honrado por parte de los demócratas burgueses, un acto de lucha y no un acto de estúpido servilismo. Un acto así habríamos tenido la obligación de apoyarlo, sin olvidar precisar por separado y de manera independiente nuestros objetivos socialdemócratas. Y un acto así habría beneficiado la causa de la ilustración del pueblo y del desenmascaramiento de la autocracia.

El fracaso de semejante declaración en la Duma, el furioso escándalo de las centurias negras contra una proposición así habría sido un mérito histórico de la democracia y una probable etapa hacia una nueva lucha por la libertad. Pero ahora los kadetes se han desprestigiado una y otra vez. ¡Camaradas socialdemócratas en la Duma! ¡Cuidado con el honor del partido obrero socialista, no os dejéis desprestigiar apoyando semejante liberalismo!

Un diputado de la derecha desbocada se apartó en la Duma de la táctica de los octubristas —embadurnar las discrepancias, atraer a los kadetes a acuerdos—. Kovalenko, un centurión negro, se pronunció directamente en la Duma Estatal el 12 de enero a favor de no llevar tampoco a comisión el proyecto de los kadetes (pág. 1192 de las actas taquigráficas). Pero este héroe votó, por lo visto, con los octubristas: fue valiente solo de palabra. En su discurso ilustró a la perfección la situación real de las cosas, aduciendo como prueba de la necesidad de poderes especiales un ejemplo como este: «Pongamos, llamémoslo, la insurrección en Moscú, el envío de destacamentos punitivos. ¿Acaso tuvo entonces el gobierno tiempo para observar el procedimiento habitual…?» (pág. 1193). Lástima que los socialdemócratas no capten estas chispas de verdad de las centurias negras. Tiene usted razón, colega diputado —habría que haberle dicho—. Aquí no cabe el procedimiento habitual. Dejemos entonces la hipocresía y reconozcamos que estamos pasando no por un «procedimiento habitual», sino por una guerra civil; que el gobierno no gobierna, sino que combate; que el estado de Rusia es el de una insurrección apenas contenida. ¡Eso será la verdad, y esa verdad es útil recordársela al pueblo con más frecuencia!{133}

«Socialdemócrata» núm. 1, febrero de 1908. Firma: N. Lenin

Se imprime según el texto del periódico «Socialdemócrata».